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Carpentier: Novelista y Musicólogo Crónica de Jorge Oscar Pickenhayn Suplemento dominical del Diario El Día Año XLVII Nº 2363 (Montevideo, 28 de enero de 1979) Hace algunos meses, el 14 de abril de 1978, se realizó en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, un acto de gran trascendencia, durante el cual el rey de España, Juan Carlos I, hizo entrega al escritor cubano Alejo Carpentier del premio literario "Miguel de Cervantes", que es el galardón máximo concedido, en la Península Ibérica, a los escritores de habla española. Varias novelas y algunos relatos breves La obra narrativa de Carpentier comprende, hasta el momento, siete novelas y varios cuentos. El primer trabajo de importancia fue ¡Ecué-Yamba-O! (1933), donde el novelista presentaba la historia de un muchacho negro, desde su llegada al mundo —en una paupérrima cabaña cercana al ingenio azucarero donde trabajaba el padre—, hasta su muerte, en la gran ciudad. Hay pasajes bien logrados, como aquéllos que describen el ambiente proletario y el mundo insólito de los niños; la fuerza incomparable de un ciclón que arrasa y destruye; el ritmo penetrante de ciertas danzas nativas; las ceremonias rituales, de carácter mágico, regidas por extrañas fórmulas de encantamiento; el despertar amoroso, favorecido —también— por sortilegios de brujería; las prácticas secretas del ñañiguismo (especie de masonería, popular entre los negros) y el enfervorizado ruego, muchas veces repetido, del "¡Ecué-Yamba-O!”, voz lucuml que significa: "¡Dios, loado seas!”. Recién quince años más tarde, el 16 de marzo de 1948, terminó de escribir Carpentier. en Caracas El Reino de este mundo, su segunda novela, publicada en México un año después. El titulo corresponde a una reflexión del autor sobre uno de los protagonistas, el esclavo Ti Noel, que dejará esta vida sabiendo que "el hombre sólo puede hallar su grandeza, su máxima medida, en el Reino de este mundo" (op. cit.. cap. IV, 4). Este relato va precedido por un Prólogo que se hizo famoso dentro de la novelística hispanoamericana, al definir lo "real maravilloso" que asoma en los relatos de varios escritores del Nuevo Mundo. La novela más personal que escribió Carpentier fue Los pasos perdidos (1953), especie de narración autobiográfica, donde quedaron plasmadas las referencias de un viaje que su autor hizo por el interior de Venezuela, por la cuenca del Orinoco, y que relató, previamente, en los cuatro extensos artículos de un reportaje publicado a fines de 1947, en el diario El Nacional de Caracas. Además de las correspondientes descripciones geográficas —ornadas por un maravilloso estilo literario—, presentó allí un argumento interesantísimo, que plantea la oposición entre formas de vida primitivas y civilizadas. Tres años después, en 1956, apareció El acoso, novela corta con monólogos interiores, flash-backs, asociaciones libres de ideas y descripciones superpuestas, a la manera de William Faulkner. Su originalidad consiste en haber establecido un parangón entre las secuencias del tema literario —la persecución de un joven estudiante por ciertos fanáticos subversivos— y la estructura musical de la Tercera Sinfonía, de Beethoven. En un artículo que publiqué, en noviembre de 1977, en La Prensa de Buenos Aires, titulado "La música en tres novelas de Alejo Carpentier”, señalé la forma cómo fueron desarrollados los elementos correspondientes al arte de Euterpe, en Los pasos perdidos, El acoso y Concierto barroco. Una verdadera obra maestra dentro de la producción carpentiriana es El siglo de las luces, publicada inicialmente en París, por Gallimard ("Le siecle des lumieres”) y, casi simultáneamente, en México, también en 1962. Es una tremenda sátira sobre los errores de la Revolución Francesa, con la imposición de calendarios extraños, la sustitución de sistemas (inclusive el de pesas y medidas) y la exhibición de alguna "ciudadana despechugada", disfrazada como Diosa Razón. Señala uno de los protagonistas que aquella Revolución “habla forjado hombres sublimes, ciertamente; pero había dado alas, también a una multitud de fracasados y de resentidos, explotadores del Terror que, para dar muestras de alto civismo, hacían encuadernar textos de la Constitución en piel humana. No eran leyendas. El había visto esos terribles libritos, cubiertos de un cuero pardo, demasiado poroso —con algo de pétalo marchito, de papel de estraza, de gamuza y de lagarto— que las manos asqueadas se negaban a tocar” (op. cit., cap. II, 16). Y, en tren de sarcasmos, después de abolirse la esclavitud —ejemplificando los alcances del triple lema "Libertad, Igualdad, Fraternidad"—, cundió, tiempo después, la triste noticia; "promulgada era la Ley del 30 Floreal del Año X por la cual se restablecía la esclavitud en las colonias francesas de América, quedando sin efecto el Decreto del 16 Pluvioso del Año II" (op. cit.. cap. VI. 45). Junto a los pretendidos anhelos humanitarios, una realidad distinta. Y, como telón de fondo: la tétrica guillotina, que trajeron, hasta América, los émulos de Robespierre. El recurso del método (1974), obra terminada en París, un año antes, alude —desdibujándolo— al famoso Discours sur la Méthode, de Renato Descartes, ensayo que conmovió hondamente, el pensamiento filosófico del siglo XVII. en una época difícil y asaz contradictoria. Carpentier enfrentó, nuevamente, en esta novela, dos formas distintas de entender la vida: razonada, por un lado; espontánea, por otro. Las frecuentes citas de algunos principios cartesianos, juegan en torno a la figura de un caudillo político, cuya existencia, por extraña paradoja, se desarrolla en ambos mundos: en el Viejo y en el Nuevo; en Europa y América. Concierto Barroco, refinada novela que terminó de imprimirse el 4 de noviembre de 1974 en México, con motivo del septuagésimo aniversario de su autor (que ocurriría poco después: el 26 de diciembre), comenta el estreno ocurrido en el teatro Sant’Angelo de Venecia, durante el otoño de 1733, de un drama per música compuesto por Antonio Vivaldi, sobre un libreto de Alvise Giusti, que se refiere al emperador Moctezuma. Esta ópera de tema americano, prácticamente desconocida en la actualidad, se anticipó en dos años a Las Indias galantes, de Rameau, cuyo argumento transcurría en el Perú. Dicho acontecimiento musical le sirvió a Carpentier como motivo para desarrollar un curioso relato, cuyos personajes nada tienen que ver, al principio, con aquel evento, pero que terminan disfrutándolo. Hay escenas caricaturescas, narradas con desbordante gracia, en medio de un estilo saturado de recursos extraordinarios. A estas novelas de Carpentier cabe agregar La consagración de la primavera, no difundida aún. Y varios cuentos. Destacaré, entre ellos, los siguientes: Viaje a la semilla (1944), Oficio de tinieblas (1944), Los fugitivos (1946), El camino de Santiago 1958, Semejante a la noche (1958), El derecho de asilo 1967) y Los advertidos (1968). Algunos de ellos aparecieron en un solo volumen, bajo el título global Guerra del tiempo (1958); se han hecho, también, otras ediciones —en castellano, francés, inglés y otros idiomas agrupando— estos relatos de distintas maneras. Como trabajos sueltos, se divulgaron El año 59 y Los convidados de plata, partes de una trilogía inédita que su autor tiene, hace tiempo, en preparación. Carpentier y la música Al margen de su obra como narrador, trascendieron los aportes de Carpentier como ensayista, algunos de los cuales, más allá de su repercusión momentánea, se concentrarían en tres libros La música en Cuba (1946), la antología titulada Tientos y diferencias (1964) y la selección, hecha por Alexis Márquez Rodríguez, de los artículos publicados en El Nacional de Caracas, durante catorce años, bajo la sugestiva denominación Letra y Solfa 1975. Se destaca, en todos los casos, la enorme afición de Carpentier por la música, arte que que cultivó desde niño, llevado por el ejemplo de su padre, que habla aprendido a tocar el violoncello nada menos que con Pablo Casals. El muchacho, discreto pianista, terminaría siendo un excelente musicólogo. La música en Cuba, libro editado en 1946 por el Fondo de Cultura Económica de México, es un valioso estudio, basado en autorizada bibliografía. Carpentier copió personalmente, en los archivos algunas partituras de músicos olvidados (como Esteban Salas y Juan París), para después analizarlas y comentarlas. Relacionó la música de su país con la de otros del continente y trató, como él mismo dijo, "de situar siempre el hecho musical en su medio histórico, sin perder nunca de vista el factor social, económico y demográfico" (op cit., p. 10). Pasó revista a los aportes de los siglos XVI, XVII y XVIII, para determinar, posteriormente, los hechos musicales del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX. La contribución brindada por los compositores e intérpretes más ilustres, incluyendo muchos contemporáneos, desfila en lograda síntesis. De este trabajo, documentado y erudito, extraerla Carpentier algunas ideas para sus cuentos y novelas. Así, podemos reconocer en el músico flamenco Juan de Emberas que, en La Habana, "tocaba el tambor, cuando habla un navio a la vista (año 1557)", a Juan de Amberes, el protagonista de El camino de Santiago. Los elementos musicales que forman parte de los ritos de iniciación ñañiga, evocados en ¡Ecué-Yamba-O!, también figuran entre el material folklórico que se analiza en La música en Cuba. Y aparecen citados, en este libro, algunos de los instrumentos musicales sudamericanos que el personaje central de Los pasos perdidos buscaba en el fondo de la selva venezolana Hasta la figura del compositor Esteban Salas, sumida, durante años, en la más completa oscuridad y que Carpentier rescató, tras acuciosa labor, sería proyectada históricamente en El Reino de este mundo. Toda esta afición musicológica se combinó, pues, con la más destacada y conocida del otro Carpentier: el que acaba de recibir en España, de manos del rey Juan Carlos I, el premio máximo "Miguel de Cervantes" que se otorga, en dicho país, al mejor escritor de habla española. |
Crónica de Jorge Oscar Pickenhayn
Suplemento dominical del Diario El Día
Año XLVII Nº 2363 (Montevideo, 28 de enero de 1979)
Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación
Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)
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Alejo Carpentier en Letras Uruguay
Jorge Oscar Pickenhayn en Letras Uruguay
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