El imperio sobre el riachuelo

poema de Claudia Melnik

 

Tocaste mi pulsera metálica.
Supe.
Abajo, esa araña monstruosa y bella.
Rozaste mi brazo.
Supe más.
Máquina de registros ilimitados.

Pregunté: ¿Cuál el néctar que quedó en el tiempo?
La distancia y la falsa plenitud.

¿Habré estado allí de verdad, dejando mis diamantes como huellas de pan
Dormido y soñado con una corona de astas
Con la formita frágil de las patas de la araña de Bourgeois?
Delicado apoyo para semejante mole, comentamos.
Lo cierto es que yo amanecí con una corona de esas astas, puntitas
de pata de pollito araña.

Lo que me volvía reina, entonces, no era el portento o el veneno
Sino la fragilidad de mi apoyo

Edición príncipe de Trilce,
los Knicks juegan en New York,
el café es de Colombia y nuestro paisaje
íntimo
la Pietá del nuevo Berni.




¿Dónde insertar el tiempo ausente del que los estratos
no dan evidencia sedimentaria?
Era la felicidad del campo magnético, los océanos y la tierra firme.

Al fin y al cabo, el cuerpo de esa araña era una rosa.
Y la luna nunca estuvo más cerca de la Tierra.
Cesar e insistir, sábanas negras.
Y la mañana entró con el sol y todo el sistema solar.

Tenían 4567 años de vida.

¿Cuándo y cómo sabremos que no fuimos
actores de la luna?
Hay algo en su nobleza y humanidad,
material liviano y etéreo que, al fin, es lo que la forma.
Lo denso regresa a la tierra.
Y aquellos besos de transporte profundo,
Como viajar en un rayo cósmico o ser llevada por el viento solar.

El mundo de Trilce: paisajes naturales, un valle, un río, un árbol.
Y la entrega de un fruto prohibido, bíblico, tropical.
Somos la acronimia precisa:
El juego en la metrópolis más vivaz,
Lo pequeño inusual coleccionable.




Un encuentro es mantener la tensión por el ensamble perfecto
Y soportarlo.
Probar el néctar genuino y no huir.
Y los efectos lumínicos se disparan hacia otros ojos.
Voraces.
Hay que permanecer quieto, detener la maquinaria
Estrella distante que me trajo la luna más próxima.
Hoy.
Aquí.
No hay futuro no hay contrastes
Somos libres

Y todo se reduce a los besos,
esos barcos provistos de medios
de propulsión y gobierno.
Los fenicios fueron los primeros que navegaron
por alta mar al remo y a la vela,
guiándose por el sol durante el día,
y por la estrella polar durante la noche.
Los chinos nos darán
la misma brújula que le dieron a los árabes.
Y seré la reina de las aguas,
Quien te traiga sedas y cojines.
Nos instalaremos en el atardecer de la Tierra.
Y seremos los padres de nuestro devenir.

 

poema de Claudia Melnik
 

Publicado, originalmente, en: Periódico de Poesía No. 40 / Junio 2011

Periódico de Poesía es una publicación editada por la Universidad Nacional Autónoma de México, a través de la Dirección de Lteratura,

Link del texto: https://archivopdp.unam.mx/component/content/article/1873-040-ineditos-claudia-melnik?Itemid=1 

                       

Ver, además:

 

                   Claudia Melnik en Letras Uruguay

 

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