La Historia en la Historia: La Caverna de José Saramago
ponencia de Aída Nadi Gambetta Chuk

Benemérita Universidad de Puebla

"Hacia la hora del mediodía, con la marea,

La Isla Desconocida se hizo por fin a la mar, a la búsqueda de si misma".

José Saramago

El cuento de la Isla Desconocida

Introducción

A partir de su primera edición en portugués (Editorial Caminho, Lisboa, S.A., 2000) y la edición en español (Alfaguara, 2000), en traducción de Pilar del Río, La caverna de José Saramago, ha sido homenajeada y multipresentada en muchísimos lugares. En la ciudad de México el 1º de marzo de este 2001 tuvo dos presentaciones singularmente significativas: en un elegante centro comercial, Saramago ponía su firma en los ejemplares comprados por los futuros lectores que encontrarían un centro comercial ficcional centralizando la crítica del autor sobre la hiperglobalización; nada menos que en el Zócalo de la ciudad de México, espacio histórico que ha visto tantos hechos históricos de relevancia política, Saramago presentó esa noche La caverna, donde jamás había sido presentado un libro. Invitados a leer La caverna, incluso los que nunca lo hagan, no olvidaran al escritor portugués que ha expresado su adhesión al neozapatismo reiteradamente, sobre todo porque llegó a todos los corazones de los cuatro mil asistentes, al decir que el miedo más moderno y más paralizante es el miedo a perder el empleo y que La caverna es una alegoría sobre este nuevo miedo compartido.

Acostumbrados, como lectores, a que los escritores, entre 1950 y 1970 dieran fe, en su obra y en sus declaraciones, de la responsabilidad por ellos asumida y acostumbrados también a que entre los ochentas y los noventas algunos cambiaran sus posiciones ideológicas o se autosilenciaran, José Saramago nos conmueve gratamente en el ejercicio de sus palabras orales y escritas, donde laten la libertad y el humanismo, el sentimiento de lo histórico y la imaginación histórica, siempre al servicio de la transformación social meliorativa.

De la novela histórica a la novela alegórica

De Leuntado de chao (1980) a La caverna (2000) hay vaivenes continuos de la novela histórica a la novela alegórica, acentuándose, la alegoría en los últimos libros. El mismo Saramago ha admitido que después de El Evangelio según Jesucristo (1991), quizá su novela más polémica, considerada herética por la Iglesia Católica, con Todos los nombres (1997) él inaugura otra etapa novelística.

Es cierto que Todos los nombres, Ensayo sobre la cegueraensayo sedare la agüera (1996) y La caverna conforman un tríptico que condensa la visión del mundo actual de Saramago, en base a la alegoría, fundamentalmente, pero en las historias que estas novelas cuentan pervive la Historia de manera indeleble e irrenunciable. En las tres novelas, como en casi todas las demás, hay predominio de la biografía personal o familiar ilustrativas de un entorno social más amplio y manifiestan, todas, la denodada lucha de los seres humanos por vivir y amar en medio de la miseria y del dolor, tal cual lo venían afirmando las novelas saramaguianas de la década del ochenta.

Cuatro libros de José Saramago, publicados en los ochentas, conjuntan innovaciones narrativas, culminación intelectual y finísima y profunda sensibilidad sociohistórica:  Memorial del convento (1982), O Ano da Morte de Ricardo Reis (1984), A Jangada De Pedra (1986) e História do Cerco de Lisboa (1989).

Memorial del convento revela el intento de fundir la temporalidad historiográfica y la ficcional en una novela histórica próxima al concepto de arqueología de Foucault, en cuanto imagina un pasado posible antes que recrearlo, describiendo más que el monumento, la sociedad que lo erigió. En História do Cerco de Lisboa se juzgan las falsedades de la historiografía portuguesa oficial, suponiendo otro pasado posible, en la huella de la gran literatura lusitana: La Ilustre Casa De Ramires de Eca de Queirós y Caetés de Graciliano Ramos. La balsa de piedra es una reflexión novelística sobre la condición ibérica, compartida por españoles y portugueses.

Pero es El año de la muerte de Ricardo Reis la novela que enlaza este especial tratamiento de sujetos históricos y plasmación de tiempo histórico en la ficción con una biografía literaria “sui generas”, la de Fernando Pessoa (1888-1935).

En toda obra de Saramago, pero, particularmente en estas cuatro novelas es necesario señalar, gracias a Horacio Costa, su inserción en la tradición de la novela histórica portuguesa: de Almeida Garret, Saramago heredaría el uso estilístico de la digresión; de Herculano, el enfoque ideológico sobre la Historia nacional portuguesa yde Eca de Queirós, la génesis formal y la preferencia por el revisionismo crítico de la novela histórica como género, amén del recurso de la ironía.

Pensando en la Historia y en la novela portuguesas y, en general, en las universales, creo que no hay novela histórica que no participe, en cierto grado, de lo alegórico, así como toda alegoría transita por el discurso histórico ineluctablemente aunque en diferentes grados. Aprecio en las novelas de Saramago de los ochentas un mayor énfasis en el espesor histórico y en las de los noventas en el espesor alegórico, quizá porque las de los ochentas son referidas al pasado y las de los noventas al presente, de ahí, entonces que el tiempo esté implicitado, ya que apunta a la actualidad vivida por los lectores, pero la alegoría en todas está presente.

Las cavernas de La Caverna

La realidad representada en La caverna constituye una sociedad innominada, globalizada en su estructura de ciudad, campo y Centro (comercial) (sic., en singular), una sociedad postindustrial, burocrática y despolitizada, sin embargo fácilmente reconocible por cualquiera y adjudicable a casi todas las conocidas hoy. Antitéticos son el campo, donde habitan los protagonistas y trabajan en su alfarería y el Centro, donde van a vivir una temporada infernal y regresan a la alfarería, que también abandonarán porque han bebido el agua del Leteo, en busca de otra tierra, aunque no haya sido prometida, donde nacerá el nieto de Cipriano Algor Apocalíptica ha sido la estancia en el Centro, y aún cuando la previsibilidad de los lectores pudo imaginar un fin también apocalíptico, sorpresiva y afortunadamente, los personajes terminan instalados en la utopía, gracias a la rebeldía de Cipriano, patriarca que salva a toda su familia, retomando su destino humano laborioso. En el campo está la casa y la alfarería de varias generaciones de Algor. Cipriano y su hija Marta producen las últimas vajillas de cerámica y, a imitación divina, figuras humanas sin éxito comercial. El Centro, en cambio, es una miniciudad excéntrica de la ciudad, uno de “los no lugares” de Marc Augé, la aldea global de la ciencia ficción, aislada e hipercomunicada, un espacio irrepresentable para sus habitantes, sujetos fragmentados e inmersos en lo inmediato, dominados por las necesidades impuestas de todo tipo de servicios, habitantes cuyas capacidades de actuar están neutralizadas por la automatización moderna que cambia el paisaje y hasta el aire que se respira, bajo el signo del confort y del consumo, propuestos por los intereses económicos de las multinacionales. Los seres humanos son arrebatados a la Naturaleza y a ellos le es arrebatada la Naturaleza y en sustitución se les otorgan simulacros de vida: un flujo de imágenes auditivas y visuales producidas por máquinas que ya no producen bienes de consumo imprescindibles, sino que reproducen simulaciones, desde aparatos electrodomésticos, microcomputadoras y robots hasta la sofisticada alta tecnología que ofrece virtualidad y comunicación inmediata a distancia, en toda la red global descentralizada de la apoteosis del postcapitalismo cada día más amenazante.

Junto al simultaneísmo del espacio, el valor de cambio que ha sustituido al de uso, el historicismo en lugar de la Historia y la moda “rétro”, las sociedades modernas promueven una “cultura del simulacro” en el sentido platónico, cree Frederic Jameson, bajo la cual queda confinada toda actividad cultural, condenada a trazar imágenes mentales en los mirtos que limitan la caverna de Platón.

Paradigmáticamente, en la novela de Saramago, espacio escriturario previsto por Jameson, hay dos cavernas: la del homo de la alfarería que produce objetos de uso cotidiano y la suasoriamente parodizada e ironizada “caverna de Platón” que reproduce imágenes, anunciada como atracción de juego virtual para los habitantes del Centro. Esta última que así funcionara para los asiduos a los parques de diversiones, en el futuro; aún no terminada, a Cipriano Algor le ha servido como iluminadora experiencia cognoscitiva, tal como el mismo Platón hubiera querido para sus discípulos: discernir entre lo sensible y lo inteligible, o sea, el mito se resiste a la banalización, por su carácter alegórico-filosófico poderoso y longevo en la cultura occidental.

Lo que en el mito de la caverna es alegórico, es decir, descubrir el mundo de las ideas a partir de que cambiamos apariencia por realidad como prisioneros encadenados, de espaldas a la entrada de la caverna y que tomamos las sombras proyectadas sobre el muro del fondo como cosas reales, en la novela de Saramago se convierte en realidad representada de manera realista, que desemboca en re-ficcionalización. Gpriano Algor discierne entre apariencia engañosa y “eidos” (formas ideales), cuya cúspide es el Bien y regresa para desengañar a los engañados, según la doctrina platónica. Así, la intertextualidad conserva en estado latente lo que la representación exhibirá por medio de las estrategias retóricas: de la catacresis a la expresión literal y nuevamente a la realegorización: “Esas personas son como nosotros, dijo Cipriano Algor, Qué quiere decir, Que son como nosotros, yo, tú, Marcial, el Centro todo, probablemente el mundo,...”

La experiencia de Algor en la caverna es una copia y para los espectadores será un simulacro de efectos perversos. Utilizo aquí simulacro en oposición a copia en la obra platónica; como Gilles Delleuze: la copia debe parecerse a la Idea; el simulacro no está sujeto a esa prescripción; la copia se legitima con el modelo, en cambio, el simulacro, con la disimilaridad. El simulacro ni siquiera es copia de copia, es algo que no se parece al modelo.

Con esta parodia lúdica, Saramago homenajea a Platón, remitiendo al epígrafe por él elegido: “Qué extraña escena describes y qué extraños prisioneros. Son iguales a nosotros. “Platón, República, Libro VII”.

Para los lectores, el texto palimpséstico de esta novela es un espejo donde opera el discernimiento entre lo ficcional y sus experiencias vitales, en una puesta en abismo infinita donde narrar es siempre delegar, vicariamente.

Los emblemas de La Caverna

La caverna alcanza su máximo esplendor narrativo simbólico en torno a la biografía ejemplar de Cipriano, heterónimo de Saramago por ser ambos artífices y el máximo de abstracción ya que la novela ilustra la historia económico-política del capitalismo en la hiperglobalízación de fin del siglo XX e inicio del siglo XXI. Reflejando en la representación la innegable inserción de la novela en la histriografía, “in parvus”, la evocación de una vida personal y familiar en medio de la economía mundializada es elaborada con la generalización, la abstracción, los personajes emblemáticos y la parodia, logrando meridiana claridad en la comprensión histórica de los sujetos históricos emergentes de la densidad ficcional.

Emblemáticos son los personajes y sus acciones en el cronotopo de una sociedad anémica, deslizándose en una prosa tersa, de andadura clásica que mantiene las peculiaridades estilísticas saramaguianas ya acendradas en otras novelas: empleo del discurso directo, con tono coloquial y omisión del marco temporal de lo narrado, intervención del autor ficcionalizado que hace guiños de complicidad a los lectores, justificando comportamientos de personajes y logrando coincidencias de sentido común, filosóficas, ideológicas y culturales, amén de la heterográfica puntuación, rasgo de su estilo (aún traducido al español) y su preferencia por las comas antes de las mayúsculas, experimentación estética inspirada en la prosodia antigua del portugués, de dos siglos atrás, cuando aún no se acataban las normas de puntuación diacrítica, que favorece los largos ritmos narrativos y que en La caverna permite un ritmo envolvente del monólogo de Algor que incluye los diálogos -con Marta, con Marcial, con Isaura y hasta con el perro Encontrado-, sin que se produzcan fracturas en la prosa de respiración rítmica, entre arcaizante y moderna.

Mientras la ciudad y el país carecen de nombre por su carácter generalizador (tal como en Ensayo sobre la ceguera), en cambio los personajes son nominalmente emblemáticos: Algor: fuego, fulgor, Marta, la bíblica, hermana de Lázaro, tan hacendosa; Marcial: relativo a Marte, dios de la guerra; Isaura Estudiosa: relativo a la reflexión...muy próximos a los nombres de Todos los nombres o a la emblemática familia Mautempo (Maltiempo) de Levantado de chao.

Las parejas saramaguianas de La caverna -Cipriano y su hija Marta, Marta y Marcial, Cipriano e Isaura- remiten a otras: Raimundo y María Sara en Manual de pintura y caligrafía (1977), Baltasar y Blimunda en Memorial del convento, Reis y Lidia, Reis y Marcenda en O anno da morte de Ricardo Reis, la esposa y el médico ciego en Ensayo sobre la ceguera...

El amor del hombre maduro rodeado de entrañables presencias femeninas, tan bien logrado en Algor remite a Ricardo Reis en O anno da morte de Ricardo Reis, al José de Todos los nombres, y, sobre todo, al médico de Ensayo sobre la ceguera, caviloso y capaz de pequeños heroísmos, todos en novelas urbanas donde siempre se asoma la ruralidad, aunque el tema amoroso en el hombre mayor es recurrente y está en La balsa de piedra y en sus obras teatrales A noite (1979) y Que fazes con este libro? (1980).

En La caverna se repristina el omnipresente tema saramaguiano del viaje, de honda raíz portuguesa, pero amplificado en el traslado migratorio, que se inscribe en el actualísimo fenómeno de los migrantes que pagan con sufrimiento y hasta con su vida la búsqueda del trabajo, suerte de premio en que ha devenido el castigo del Génesis, en el perverso capitalismo mundializado. Bajo la lógica globalizadora del mercado y la desertización política, los seres humanos aceptan cada día su prescindibilidad social, a la vez que mantienen una secreta espera de redención en la crecientemente abstracta realidad representada de la novela.

En conclusión, el entramado textual de relaciones diegéticas, paradigmáticas, emblemáticas y parodizadas de La caverna constituye una ficción que reficcionaliza la alegoría de la caverna dentro de un presente que será objeto de análisis de la Historia, a diferencia de sus neonovelas históricas de los ochenta que reficcionalizan un pasado ya historiado y legitimado. La caverna, como A jangada de piedra y El cuento de la isla descornada desestiman la teleología apocalíptica y ofrecen el refugio de una utopía humanista que se propone rehumanizar un mundo deshumanizado. La salvación del artesano Algor, en el nivel ficcional, se proyecta en la recepción: el artista comprometido con la sociedad civil promete la única promesa realizable: la salvación por el arte.

Notas

1 José Saramago dijo: “el miedo más moderno que existe: el miedo a perder el empleo, ese que paraliza, porque sabemos que estamos a merced de las decisiones arbitrarias de un poder económico ante el que no tenemos ninguna influencia. Cuando votamos sabemos que podemos quitar un gobierno, pero, que yo sepa las multinacionales no se han presentado nunca a Las elecciones de un país.’’, La Jornada, 2 de marzo de 2001, p.16.

2 “Entrevista con José Saramago”, en Lanzarote por Tununa Mercado, en 1998. La Jornada, México D.E, 18 de octubre de 1998. Tomado de Pagina 12. (p.8-9).

3 Cfr. “La novela portuguesa en los años ochentas” y “José Saramago y la tradición de la novela histórica" en MAR ABIERTO ENSAYOS SOBRE LITERATURA BRASILEÑA PORTUGUESA E HISPANOAMERICANA por Horacio Costa, México, 1995, Fondo de Cultura Económica, p. 111-164.

4 Cfr. Marj Auge LOS NO LUGARES, Gedisa, Barcelona, 1999.

5 Frederic Jameson ENSAYOS SOBRE EL POSMODERNISMO, Imago Mundi, Bs. As., 1991, p.37.

6 Frederic Jameson ENSAYOS SOBRE EL POSMODERNISMO, Imago Mundi, Bs.As., 1991, p.46.

7 José Saramago, LA CAVERNA Aguilar, Atea, Taurus, Alfaguara S. A de CV, México, 2000, p.436.

8 Cfr. Gilíes Deleuze LÓGICA del SENTIDO, Piados, Barcelona, 1989.

9 Nota. José Saramago ha dicho: “Tengo una tesis, impracticable, claro, como casi todas: el epígrafe...y la tesis es, entonces, que lo más importante de una novela que tiene epígrafe es el epígrafe mismo, y el resto es un intento, a veces fracasado de redondear lo que la cita ya decía” (Conferencia de Saramago en el Auditorio Che Guevara de la Facultad de Filosofía de La UNAM,, el 8 de octubre de 1998. Fuente: La Jornada, México, 9 de octubre de 1998).

10 José Saramago, LA CAVERNA op. Cit., p.l 1.

Bibliografía

AUGE, Marc, 1999. Los no lugares. Gedisa, Barcelona.

COSTA Horacio,1998. “La novela portuguesa en los años ochentas” y José Saramago y la tradición de La novela histórica” en Mar abierto: ensayos sobre la literatura brasileña, portuguesa e hispanoamericana. Fondo de Cultura Económica, México.

JAMESON, Frederic, 1998. Ensayos sobre el posmodernismo. Imago Mundi, Buenos Adres. MERCADO, Tununa, 1998, “Entrevista con José Saramago, Lanzarote, 1998. La Jomada, México, 256

D.F., 1998. (Tomada de Página 12)

SARAMAGO, José, 2000. La caverna, Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, México, D.F.

 

ponencia de Aída Nadi Gambetta Chuk

Benemérita Universidad de Puebla


Publicado, originalmente, en:  Hispanismo en la Argentina En los portales del siglo XXI Tomo VI

Editado por Asociación Argentina de Hispanistas . Instituto de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas Manuel Alvar
Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes .  Universidad Nacional de San Juan - Editorial UNSJ - San Juan, 2002 (Argentina)

 

Ver, además:

 

                     José Saramago en Letras Uruguay

                    

Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce   

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