Sarmiento y Henry Miller, paralelo insólito |
Escribe allí el autor
de los controvertidos “Trópicos” que
este Hombre es el individuo “con grandeza que se iguala a las
luchas sublimes de los hombres a quienes consideramos tipos superiores”.
“Tiene cualidades heroicas”, “lucha a brazo partido con el destino,
desafiándolo y burlándose de él al mismo tiempo”. Ese “tipo” de
soldado de la Civilización fue evidentemente el autor del “Facundo”.
“Un ejemplo de la maravillosa naturaleza humana”, elevado “por encima
del patrón establecido, del individuo ordinario”. Estos valiosos
conceptos aluden a la carácterística medular del polémico sanjuanino:
la conciencia de su misión de Supremo Hacedor Argentino. Con su fe insobornable
en sí mismo. Con la fuerza torrencial de su genio combativo. “por su
propia cuenta se comprometió a darlo todo”, “con el tremendo apetito
de vida”.
“Los
auténticos conductores del mundo son los Visionarios, los que despiertan
a los demás”. Los Iluminadores, los que “tienen el Espíritu Santo en
los intestinos”. La misión sarmientina consistió, empleando palabras
millerianas, en “levantar del fango a su gente”, sacudiéndola “del
estupor en que vegetaban como armiños o babosas”. “Mi
propósito, aun desde joven, era constituir una república. Así es que no
he seguido la opinión pública, sino escrito, trabajado para dirigirla en
una nueva senda” manifiesta Sarmiento en carta a Mary Mann (en 1866).
Jamás
rindieron culto a la mediocridad ni al conformismo. Solieron destacarse en
el insulto procaz, la virulencia de sus ataques y hasta la soberbia. Olímpicos
desdeñosos de intereses y prejuicios. Con su verbo frecuentemente áspero
y violento. Nos deslumbran porque su Grandeza radica en que inducen a
confiar en la propia fuerza y voluntad, en la individual inteligencia y
valor. “El
único modo en que alguien puede dirigirnos –medita el autor de “Sexus”-
es restableciéndonos la fe en nuestra propia guía. Los hombres más
grandes han reafirmado siempre este pensamiento”. Por ello el
“hombre-guía” que encarnó el Presidente-Maestro, se inmoló en aras
de la empresa consagratoria de
toda su vida: Educar al Soberano, dignificar la Vida Ciudadana.
Ambos representaron íntegramente – según palabras del yanqui- “como semáforos en los períodos de oscuridad en que parecemos ir directamente a nuestra destrucción”. |
Guillermo
Gagliardi
Gentileza del blog "Sarmientísimo"
http://blogcindario.miarroba.com/info/95993-sarmientisimo/
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