Intelectuales en debate en este 2007
Parte III

Gentileza de Luis D. Gutiérrez Espinoza (Perú)

La declaracion del secretarado de la UNEAC ha originado estos criterios en el debate de la intelectualidad cubana

Parte tres

Al final de estos textos que alguien ha llamado Palabras de los intelectuales se agregan las Palabras a los intelectuales tomadas con toda rigurosidad de

http://www.min.cult.cu/historia/palabrasalosintelectuales.html

Sería conveniente que nuestros más esclarecidos pensadores las evaluaran con sumo cuidado a la luz de los años, porque quizás, aventuro yo que nada conozco del tema por razón de mi edad (apenas caminaba cuando aquello) en ellas estén los orígenes del Serguerato y del Pavonato.

Declaración del Secretariado de la UNEAC (Publicado sin fecha ni firma el jueves 18 de enero de  2007)

El Secretariado de la UNEAC comparte la justa indignación de un grupo de nuestros más importantes escritores y artistas como consecuencia de recientes emisiones de tres programas de la Televisión Cubana: Diálogo abierto, La diferencia y en particular Impronta.

A partir de las mismas, se generó un intenso intercambio de opiniones. Desde fuera de Cuba, algunos intervinieron con honestidad en la polémica; otros, trabajando obviamente al servicio del enemigo, han querido manipularla y sacar provecho de la situación creada. Quedarán definitivamente frustrados, una vez más, aquellos que pretenden ver en el debate entre revolucionarios posiciones ambiguas, fisuras u oportunidades para su agenda anexionista.

El pasado 9 de enero se convocó una reunión del Secretariado de la UNEAC con los creadores que habían participado inicialmente en ese intercambio para evaluar los hechos y consensuar una respuesta. La preocupación fundamental de los compañeros allí reunidos, consistía en que los mencionados programas pudieran responder a una intencionalidad y expresar una tendencia ajena a la política cultural que ha garantizado y garantiza nuestra unidad. Fue de la mayor importancia contar desde el primer momento con el más absoluto respaldo de la dirección del Partido.

El 12 de enero la Presidencia del ICRT nos ofreció una explicación detallada sobre los resultados iniciales de un análisis acerca de estos programas. Se puso de manifiesto que no respondían a una política del organismo y que en su gestación y realización se habían cometido graves errores. En la discusión, se hizo evidente la necesidad de trabajar de conjunto, el ICRT, la UNEAC y las instituciones culturales, en la promoción a través de los medios de obras y creadores que expresen las auténticas jerarquías intelectuales y artísticas de la cultura cubana.

No nos dividirán ni las torpezas ni los que quieren aprovecharse de ellas para dañar a la Revolución. La política cultural martiana, antidogmática, creadora y participativa, de Fidel y Raúl, fundada con "Palabras a los intelectuales ", es irreversible.

Secretariado de la UNEAC

Antón  Arrufat dice que la reunión para analizar el caso Pavón 'fue una farsa'

Selección diaria de la prensa internacional.

viernes 19 de enero de 2007

Cuba: el fantasma de la censura

"Alarmados  por  la  aparente reivindicación de la censura que privó  en  Cuba  en los años setenta, decenas de intelectuales  repudiaron  la reaparición abierta de los comisarios políticos de  esa época y abrieron un debate único en su tipo en décadas (...) Una lluvia de airadas reclamaciones empezó a circular en correos  electrónicos  hasta formar un dossier, con el cual se presentó  la  semana  pasada  un grupo de los inconformes ante Abel  Prieto,  ministro  de  Cultura  e  integrante  del  Buró Político  del  Partido  Comunista  de  Cuba  (PCC). Esa fue la primera  de  al  menos  tres  reuniones  que  ha  sostenido el funcionario con intelectuales interesados en el caso".

"La  cita  fue  'puramente  informativa', dijo a La Jornada el dramaturgo, poeta y narrador Antón Arrufat (...) 'Fue más bien preparatoria'  de  la  segunda  reunión,  en  la  cual  estuvo presente el actual presidente del ICRT, Ernesto López, también procedente de las fuerzas armadas, y algunos encargados de las emisiones   impugnadas.  Los  funcionarios  de  la  televisión explicaron  la  factura  de  los  programas,  de tal forma que 'nadie  parece ser responsable de nada', señaló el dramaturgo.

'Fue  una  farsa,  porque  hablaron de mecanismos burocráticos para concluir que tienen que seguir investigando'".

"En la tercera reunión, celebrada el pasado martes, se informó que  el  asunto  había  llegado  a  las manos de Esteban Lazo, encargado  de  los  medios  de  comunicación  dentro  del Buró Político   del  PCC,  de  acuerdo  con  versiones  de  algunos asistentes.  Lazo  habría  pedido  al  ICRT  que se disculpara frente a la comunidad intelectual, según esas versiones...".

"...Un debate con el alcance del que ahora está en curso nunca se  había producido en Cuba por lo menos en dos décadas, según Arrufat,   quien   recordó  como  antecedente  una  "violenta" discusión  a  principios  de  los años 80, originalmente sobre poesía,  pero  que  también  puso  en  el  tapete  la política cultural en la isla. Otros autores creen que la discusión sólo se compara  con la protesta que derivó en 1969 en la clausura de las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), las granjas  de  reclusión  y  trabajo  forzado  para quienes eran catalogados  de  'inadaptados  sociales',  como homosexuales o Testigos de Jehová".

 

La Jornada, México

19 de enero de 2007

Queridos amigos.  He  quedado mal impresionada ante el  escrito sin nombre  del  "secretariado". Está  tan torpe y mediocremente  escrito ante otros tantos  buenos  que hemos  estado leyendo que me pareció inadmisible que  no tuviera ni siquiera una firma pues todos  nos  hemos  pronunciado con nombres y apellidos.

Es por  eso que ayer he solicitado que ese enunciado  carta  dictamen decreto, o como se le pueda llamar a  eso que  recibí, sea  acompañada  por la firma  del que lo redactó. Para  mí es una cuestión de principios.  Esta  ha  sido  una tribuna  abierta y creo que  la  respuesta debe reflexiva, inteligente y que  contenga una  declaración que muestre la personalidad  de una institución que representa a lo mejor  del pensamiento de la sociedad cubana  contemporánea.

Zenaida Romeu

 Querida Zenaida Romero,

Al igual que usted he seguido, atentamente, el debate sobre el "affaire Pavón" y me parece deleznable dicha Declaracion del "Secratariado", siento como un insulto a la inteligencia reducir las diferencias políticas solo a "lo revolucionario", es de una ignominiosa responsabilidad intelectual, tanto para cubanos de adentro como de afuera del país, por muy extremas y contradictorias que sean esas "diferencias".

Jorge Miralles

Escritor y traductor

Azotea, La Habana, Cuba

Estimada Zenaida:

No  nos  conocemos  personalmente, pero conozco, por supuesto, todo tu hermoso trabajo.

Me   reenviaron   tu  carta  y  quería  decirte  que  comparto totalmente  lo  que planteas. No soy miembro de la UNEAC, pero quería  expresarte  mi  opinión,  de todas formas. No me gustó para   nada   la   declaración   de  la  UNEAC.  ¡Qué  "agenda anexionista", ni "trabajos al servicio del enemigo", le dan la razón  a  los  extremistas!  La  declaración  ha  defraudado y molestado, con razón, a mucha gente. Ojalá no sea ésa la única respuesta oficial.

Recibe un saludo muy afectuoso de

Josefina de Diego (Fefé)

 

querida Zenaida, me da un gran malestar y sabor agrio, que la nota enviada por esta vía y publicada hoy en la prensa por el secretariado de la UNEAC esté tan lejos de reflejar el espíritu y la tensión que todos hemos tenido por estos días, durante este debate abierto e inusual que podría beneficiar y resolver tantas oscuridades y dilemas no resueltos, si saliéramos de nuestros resentimientos personales, cocbardía y oportunismos hacia un terreno donde las cosas que nos afectan a todos, de una manera u otra, y que podrían afectar también a nuestros hijos en una cadena interminable y mortal, pudieran discutirse ampliamente y sin que, el lenguaje fuera sustraído por unos en detrimento de los otros. Esa nota de hoy es un tapón y tiene, a mi juicio, el mismo sabor que cualquiera escrita hace muchos años, de cualquier época que no quisiéramos volver a vivir. Un saludo,

Reina María Rodríguez 

Carta a Carlos Martí, Presidente de la UNEAC.

 

Hola Carlos:

 

En  casa  hemos  recibido  la  declaración  de  la  UNEAC  que comprende  opiniones colectivas sobre el asunto en debate. Del mismo  modo  nuestro  teléfono no para en llamadas de disgusto sobre dicho "concilio".

Si contara mi episodio personal desde los 70as cuando nací, al 2007  en  que  vivimos,  ese viaje mío por guiñoles de toda la isla,  emisoras  de  radio  locales con mis padres y mi propio trabajo   dentro  en  la  TV  cubana,  sería  interminable  el recuento.  Todos  tenemos  algo para decir. Pido entonces, con todo  respeto, que sea abierto un libro de firmas o un espacio colectivo para que los que firmemos o hablemos nuestros puntos estemos  seguros  de  que es, propiamente nuestro tono, modo y opinión. Este libro es algo semejante a los que la institución acostumbra a realizar en casos de emergencia.

No  se  trata  como dice la carta "de un grupo de nuestros más importantes  escritores  y  artistas",  en  realidad existe un enorme   conjunto   de   mejores,   regulares,   desconocidos, brillantes  o  simples personas que desean ser escuchados. Son más de los que nos imaginamos. Les solicito tomen en cuenta mi opinión. Es el momento.

Todo  este  tiempo he pensado en aquella canción que reza: "La palabra es de ustedes, me callo por pudor". Yo prefiero hablar con  mi  trabajo pero, por favor, esto de ahora nos compete al presente  continuo  en  que  vivimos. Necesitamos ver viva esa misma carta que enviaron a nuestros buzones.

Que el lenguaje y los acuerdos suenen a uno mismo, que no sea: "Las mismas frases y las mismas palabras".

Ernán López-Nussa, mi esposo, se adhiere a esta petición.

Saludos y suerte,

 Wendy Guerra

Estimada Zenaida:

Estoy  de  acuerdo  contigo  y te agradezco mucho que me hayas incluido entre los destinatarios de tu carta.

Ahora bien, en el texto de la Declaración se afirma que en las dos  reuniones  se buscó una respuesta consensuada con algunos de  los  autores  de  protestas  (de  hecho,  con los primeros cronológicamente),  lo  cual  es total y absolutamente cierto.

Pero  ni  yo  ni Arturo Arango, ni otros autores de protestas, participamos  en  la  posterior  formulación  escrita  de  esa respuesta,  ni  en  su  revisión  y  aprobación final, lo cual explica  que, como es debido, la firme sólo el Secretariado de la UNEAC, y no ninguno de los autores de protestas, ninguno de los  cuales  es  miembro del Secretariado. Lamentablemente, la redacción  da  la  impresión  de  que  somos  cofirmantes  del documento,  a  pesar  de que algunos de nosotros --que yo sepa hasta  ahora,  por  lo  menos  Arturo  Arango  y  yo-- tenemos numerosas   objeciones   que  hacerle  al  texto  mismo,  cuya formulación no refleja la franqueza, profundidad y firmeza con que,   con   nombres   y   apellidos,  hechos,  fechas  y  los correspondientes  calificativos,  se  debatieron esos temas en esas  dos  reuniones,  reuniones  de las que la UNEAC, nuestra UNEAC,  puede  estar  muy  orgullosa  y  no  tendría  nada que ocultar.

Como  miembro  del Consejo Nacional de la UNEAC y como miembro de filas, confío en que se subsanará lo ocurrido.

Con saludos cordiales

Desiderio Navarro

P.D. Acabo de leerle esta carta a Arturo Arango y esá totalmente de acuerdo con su contenido. Frente a la insurgencia beligerante de la ignorancia y la mediocridad
  
Nada hace más fuerte a una Revolución y a sus protagonistas, los revolucionarios, que ser justos, que no admitir jamás un acto injusto. La Unión de Escritores y Artistas de Cuba interpreta y asume esa lección ética, martiana y fidelista de impedir, con el ejercicio de su autoridad y prestigio, la impunidad de ese abuso del poder que llevó a un nivel de nuestra Televisión a pisotear sus obligaciones éticas desarrollando o pretendiendo promover un diseño que entra en contradicción con el de la política cultural de la Revolución, política de respeto y exaltación de la libertad de creación y del trabajo intelectual, y de la intelectualidad que lo hace posible. Es cierto que ese mismo medio de comunicación ha sido en estos años instrumento eficaz para llevar a todo nuestro pueblo, y a otros ámbitos, el mensaje político-pedagógico de quien ha sido nuestro gran comunicador; pero es cierto también que desde algún nivel de esa institución, probablemente por ignorancia beligerante y usurpadora, se lastima a fondo el afán apasionado que encabeza Fidel de elevar el nivel cultural y para ello intelectual de nuestro pueblo, potenciado por los altos logros de la Revolución en el campo de la instrucción.

Un pueblo de poco más de doce millones de habitantes, con más de ochocientos mil universitarios y cientos de miles de personas educadas en nivel superior al medio, pueblo sin analfabetos y en el que se ha generalizado la enseñanza hasta el noveno grado; es el pueblo que merece ser y es y tiene que ser el protagonista real de la batalla de ideas, si, paralelamente, no se desarrollara desde un instrumento que ha terminado por ser usurpado en ciertos niveles, otra campaña de exaltación de la vulgaridad, el mimetismo de lo peor de la programación que promueve el Imperio, y que favorece la destrucción del idioma, reflejo de la claridad, estructura y ejercicio y expresión del pensamiento. ¿Por qué, a partir de qué premisas? No lo sabemos.
  
Ratifico más que suscribo la Declaración que acaba de hacer la UNEAC y espero y llamo a evitar que la usurpación y desnaturalización de los derechos de la Revolución y su diseño cultural pueda continuar. Lo hago desde la serenidad pero subrayando urgencia. Donde la batalla de ideas debiese tener su primer bastión no tendrá lógica alguna que aparezcan sepultureros. La ignorancia y la mediocridad beligerantes son el peor enemigo interno de la Revolución.
  
Conocen las más altas autoridades de nuestra dirección, así como el Ministerio de Cultura y el Partido, desde el primer instante el rechazo indignado que he expresado directamente, es decir, como me corresponde, ante la vejación reiterada de que ha sido objeto la intelectualidad cubana y, en la práctica, esa inteligencia que la Revolución ha despertado, formándola desde la educación, para que fuese, como comienza a ser, el activo más importante de nuestra sociedad en la época, el primer siglo en el que el saber deviene la mayor riqueza espiritual, social y económica. El pilar del futuro.
  
Cuanto ha pasado en estos días no es sólo una afrenta a la intelectualidad cubana, a nuestra cultura en su expresión artística, ha sido, es, una trampa tendida desde esa mediocridad e ignorancia beligerantes, a Fidel y Raúl; un juego de intereses empeñado en confundir y dividir. Saludo el esfuerzo ahora centrado en la Declaración de la UNEAC, dirigido a impedirlo.
  
Repetiré con esa Declaración "La política cultural martiana, antidogmática, creadora y participativa de Fidel y Raúl, con 'Palabras a los intelectuales' es irreversible".
  
Alfredo Guevara
  
Humor
   
UNA OSCURA PROTESTA ME CONVIDA (contra Luis Pavón)
  
¿Quién es ese cuyos cinco minutos de gloria televisiva han bastado para desencadenar la repulsa de nuestros aguerridos (pero serenos) intelectuales?
  
Enrisco , Nueva Jersey

viernes 19 de enero de 2007
  
"Lento es el mulo. Su misión no siente (...) Paso es el paso del mulo en el abismo" (José Lezama Lima).
  
Al parecer, los intelectuales cubanos se han levantado en armas. Es una metáfora, por supuesto. Desde Martí para acá los intelectuales cubanos han tenido buen cuidado en que su relación con las armas sea estrictamente metafórica. Desde el experimento martiano, armas han sido las plumas, los bolígrafos, las máquinas de escribir, las computadoras, en fin, nada que exceda en poder mortífero a una presilladora.
  
Uno los entiende porque luego de que al apóstol lo pusieran fuera de combate en su primer ídem, a nuestros intelectuales se les deben haber quitado las ganas de tomarse la lucha armada con demasiada literalidad. Pues decía que buena parte de lo más granado de la UNEAC (como se sabe, los que no son de la UNEAC, o no son intelectuales o no existen) se ha alzado computadoras en ristre en las densas selvas de internet. Han levantado la voz, como no lo hacían desde que en el Coppelia vendían 25 sabores de helados. (La correspondencia entre la disminución de los sabores de helado y la de los deseos de levantar la voz de nuestros intelectuales, es un tema digno de analizar en futuras investigaciones).
  
Durante las décadas que duró el llamado quinquenio gris, el instinto de conservación parecía haber anulado el de conversación, para no hablar del de protesta. Y no se puede decir que durante todos estos años las autoridades de la Isla no hayan dado motivos de queja a los intelectuales, pero estos, tras años de entrenamiento zen, no se habían dejado provocar justo hasta la aparición durante cinco minutos en la televisión cubana del ex presidente del Consejo Nacional de Cultura, Luis Pavón.
  
¿Quién es ese Luis  Pavón cuyos cinco minutos de gloria televisiva han bastado para desencadenar tan inusual repulsa entre nuestros aguerridos (pero serenos) intelectuales?, preguntarán algunos.
  
Pavón fue un oscuro teniente, director de la revista Verde Olivo (órgano de las Fuerzas Armadas), que en el quinquenio gris (como su nombre indica, fue negro) ascendiera a presidente del Consejo Nacional de Cultura. Desde ese puesto, persiguió todo lo perseguible en el campo de la cultura: bastaba que un escritor se hiciera la raya del pelo del lado equivocado para que terminara cargando cajas en algún almacén.
  
Teniendo en cuenta que muchos intelectuales cubanos cuando se refieren al mencionado quinquenio gris (no confundir con los noventa, "la década de los apagones", cuando ya el gris no se notaba a causa de la oscuridad) hablan de "pequeños problemas resultado de las lógicas contradicciones del proceso revolucionario", uno puede pensar que los rebeldes de ahora tienen muy poco de qué quejarse. Pero la reciente vehemencia de nuestros intelectuales permite suponer que se trata de algo más que de una reacción contra cinco de los últimos 48 años.
  
Uno empieza a sospechar que han descubierto que el oscuro teniente es, en realidad, el subcomandante Luis Pavón, siguiendo la fórmula zapatista de que donde manda subcomandante no manda comandante.
  
Así, el subcomandante Pavón vendría a ser la eminencia gris del poder en Cuba desde 1959, el que desde la sombra sería el instigador de cuanta "lógica contradicción" haya aparecido en el último medio siglo. De esta forma, se le podría achacar no sólo la marginación de Lezama Lima y Virgilio Piñera, o la imposición del realismo socialista y los muñequitos rusos, sino hasta los exilios de Mañach o Cabrera Infante, las UMAP, los encarcelamientos de Raúl Rivero y María Elena Cruz Varela, la marginación de Antonio José Ponte, la elevación del transporte público al rango de leyenda urbana y la brutal censura que ha sufrido en las últimas décadas la gastronomía criolla.
  
De ser así, el subcomandante Pavón se ha valido de sus maléficas artes no sólo para controlar el país y provocar desastre tras desastre, sino para conseguir que estos le fueran achacados una y otra vez al otro Comandante, quien últimamente, cuando sale a la luz pública, lo hace con un mono Adidas y la mirada perdida en lontananza, que es por donde casi siempre aparece el enemigo.
  
Un sólo error habría cometido el subcomandante Pavón y es haberse convertido en una figura pública en el quinquenio gris, y, de paso, en el personaje más odiado en el bar de la UNEAC y alrededores. Aun así debemos ser comprensivos con este error, porque ¿a quién no le gusta tener su quinquenio de fama, aunque sea gris? Pavón aprendió la lección y desde aquel momento de (mala) fama decidió proseguir su maquiavélica labor desde las sombras.
  
Un mito inventado por el enemigo
  
Mucho ha cambiado la situación desde entonces. Buena parte de los intelectuales marginados durante los años de gloria de Pavón volvieron a la luz en los años noventa. Cierto que ese regreso fue un tanto oscurecido por los apagones de aquellos años, provocados sin duda por Pavón para opacar la rehabilitación de sus víctimas, que no obstante comenzaron a recibir premios y algún que otro viajecito, aunque fuera a Venezuela.
  
A partir de ahí se convirtió en firme tradición que cuando a los rehabilitados les preguntaran por el "quinquenio gris" cambiaran de tema (el uso de la pena de muerte en Texas, por ejemplo) o dijeran que no era para tanto, que aquellas persecuciones eran sólo un mito inventado por el enemigo. Pero ha bastado que Pavón apareciera cinco minutos en pantalla enseñando sus medallitas para que nuestros ex represaliados intelectuales reaccionaran como si hubieran visto a la rubia de Atracción fatal salir de la bañadera cuchillo en mano. Una rubia capaz de arrebatarles la amplia libertad (de desplazamiento) de que ahora disfrutan, y volverlos a poner a cargar cajas en un almacén. Si dura habrá sido la estiba hace 35 años, más dura será ya entrados en la tercera edad.
  
Entonces, resulta natural que nuestros escritores se hayan lanzado al monte cibernético pidiendo justicia contra represiones que algunos llaman "errores" y otros las comparen con el Holocausto. En lo que todos parecen estar de acuerdo es que la protesta debe estar dirigida contra el subcomandante Pavón y nunca contra el Comandante Adidas. Y hay una lógica en eso: si se han indignado tanto por los cinco minutos del subcomandante Pavón, ¿acudirán a un método más radical por los millones de minutos que el Comandante Adidas ha consumido frente a las cámaras de televisión?
  
Hay críticos de esta reciente rebeldía que afirman que nuestros intelectuales se guían por el sabio principio de meterse con   la cadena y dejar al mono tranquilo. Personalmente, no veo nada de malo en luchar contra las cadenas, nada más liberador. Afortunadamente, nuestros intelectuales no han seguido el ejemplo de la multitud de madrileños que ante la restauración del rey Fernando VII gritaba: "¡Vivan las cadenas!". No, nuestros rebeldes de hoy, mucho más ilustrados, andan gritando: "¡Mueran las cadenas!", para acto seguido dar vivas al mono, lo cual parece el perfecto equilibrio entre rebeldía y cautela.
  
Mucho más atrevidos en ese sentido se muestran aquellos que hablan mal del mono tomando como única medida de precaución mudarse a otro país. Pienso en aquellos que en Cuba encubrían su oposicionismo ultraclandestino con enérgicos vivas al mono y ahora se desgañitan pidiendo su muerte, lo que, dado su actual estado (de congelación), viene a ser una redundancia.
  
Incluso, algunos de los observadores políticos de Miami han llegado más lejos al decir que la protesta está orquestada por el mismísimo mono, con el objetivo de confundir a todos y, de paso, darle material de estudio a los observadores políticos de Miami. Eso no es de extrañar si se tiene en cuenta que el día que aparezca un vídeo del Comandante Adidas en el reparto bocarriba, declararán que el Comandante no está muerto, sino que se trata de una de sus tantas estratagemas para engañar al exilio e inducirlo al alcoholismo.
  
Y es que los expertos políticos en Miami tienen un coeficiente de inteligencia que alcanza la altísima cifra de 200 puntos, en total, a razón de dos puntos por cabeza, los mismos que dan en el test de inteligencia por  escribir el nombre correctamente.
  
Desde su nevera favorita
  
De cualquier forma, recomiendo a nuestros intelectuales en la Isla que se tomen las cosas con calma. Si se fijan, la aparición del subcomandante Pavón coincide con la desaparición del Comandante Adidas, y eso no debe ser casual.
  
Sospecho que el Comandante, hastiado de la agobiante presión de estar siempre dando la cara, ha adoptado la misma estrategia del subcomandante Pavón, pero en sentido contrario. Desde su oscura (y fría) condición actual, el Comandante se sentirá con las manos libres (es un decir) para hacer lo que siempre soñó: dar libertad y prosperidad a su pueblo. Lo que no consiguió desde la tribuna, lo alcanzará desde su nevera favorita. Y eso no lo podrá impedir el subcomandante Pavón con sus aviesas maniobras, enredado como está en el vértigo mediático en que se encuentra.
  
Más que preocupados, nuestros intelectuales deberían estar eufóricos si piensan que finalmente tendrán la oportunidad de pensar y escribir libremente. Ahora sólo les queda por delante un único (e intimidante) obstáculo: la falta de costumbre. Aunque suene extraño, hay cierta lógica en que el deshielo cubano comience desde un congelador.
  
Nota: Luego de terminar este artículo ha aparecido en el periódico Granma una declaración de la UNEAC, en la cual se resuelve, de una vez y por todas, la principal preocupación de los intelectuales cubanos: si van a tener que ir a cargar cajas en un almacén por ser homosexuales. Para despejar las dudas en la declaración se dice que "la política cultural martiana, antidogmática, creadora y participativa, de Fidel y Raúl, fundada con Palabras a los intelectuales, es irreversible".
  
Esto, traducido, viene a actualizar la famosa frase del Comandante en sus Palabras a los intelectuales: "contra la cadena, algo; contra el mono, nada". Al parecer, se elimina totalmente la posibilidad que se use mano de obra intelectual para trabajar en los almacenes, sobre todo teniendo en cuenta que trabajar en un almacén en estos tiempos es mucho más rentable que escribir novelas para consumo nacional.
  
A los intelectuales de la UNEAC les estarán reservados rabajos mucho más dignos y para los que están mejor calificados, como el de hacer declaraciones como esta de Miguel Barnet: "La polémica no debe trascender a otras latitudes ni ser caldo de cultivo para quienes no quieren a la revolución cubana. Los que estamos aquí y hemos vivido estos años, somos los indicados para lavar nuestros trapos sean cuáles sean". Eso por si alguien tenía dudas de que lavar trapos sucios es mucho más elevado y espiritual que cargar cajas.
  
Lo que sí quedó bien claro fue que los intelectuales cubanos no se prestarían a los  perversos planes de los agentes enemigos, que interviniendo en la polémica querían anexar la UNEAC al PEN Club de Nueva York. No obstante, quedan algunas interrogantes, como por ejemplo: ¿qué pasará con aquellos intelectuales de la Isla que al calor de la polémica expresaron puntos de vista peligrosamente cercanos a los de los agentes enemigos? ¿Se puede entender de esta declaración que la UNEAC ha tomado el control del país (y de la nevera) y determina quién trabaja en un almacén y quién no?
  
Y la más importante: Cuando Miguelito Barnet y el resto de la comparsa de los componedores de batea comiencen a lavar los trapos sucios, ¿a quién le pedirán el detergente? ¿a los agentes enemigos?

LA QUEJA ES LA PROSTITUCION DEL CARÁCTER.

En días pasados me encontraba en una de las tantas colas que deben hacerse en nuestro país, y le escuché esta especie de refran moderno a un trabajador del lugar y le prometí reflexionar sobre el asunto y aquí estoy, porque como tengo acceso a internet me he enterado del debate de los intelectuales de nuestro pais y aunque yo en cierta medida no lo soy (no soy escritor como tal, aunque estudie periodismo y luego hice una carrera de informatica), me veo obligado a elaborar extensos informes burocráticos y he cogido cierto estilo digamos de escritorzuelo de poca monta, al que llaman cada vez que un jefe necesita responder una queja de alguien que le expone con claridad sus puntos debiles, sus inconsecuencias y su arribismo.

Pero bien, aclaro que nada se de Sergueras, Pavones ni Quesadillos. Tengo apenas 35 años, por lo que cuando nuestros ilustres y gloriosos premios nacionales de literatura andaban sacudiendo libros en las biliotecas y matando polillas como dijo alguien en este debate, yo como aquel que dice jugaba a la pelota en los solares y mas de una vez me busque un conflicto con mis padres por dar un batazo desatinado y romper una persiana de cristal. Pero jamas nadie me pavono.

Entonces, nada que vaya a hablar contra el pavonado ni contra la ceguera de Papito, y mucho menos contra la caca de Kagada. Voy a hablar de mi tiempo, simplemente.

Nuestro mal es consecuencia del Imperialismo Yanki, lo que vale a decir en el mas cerril dogmatismo que la culpa la tiene el bloqueo, lugar comun de los que reciben una queja y cuando se les acaban los argumentos acusan al quejoso de "tener desviaciones ideologicas".

Asi, de una dirigencia que fue heredera de lo mejor de nuestros hombres de la generacion del centenario, fuimos degenerando hacia las otras generaciones que se han degenerado a grado tal que ya no tienen un pensamiento pequeño burbues, sino netamente burgues. Lo que yo llamo "marxismo de derecha" y lo que otro en este debate dijo asi: "No es que la izquierda ya no esta en el poder. Sino que nunca lo estuvo". Y es que si bien los lideres que quedaron en el 59 de aquella pleyade (ah, Camilo Cienfuegos; ah Che Guevara, cuanta falta nos hubieras hecho en la epoca del derrumbe de los muros de los berlines) no dan abasto para controlarlo todo y tienen que delegar. Y han delegado en jefes, no en lideres. En jefes que no desean este debate entre ustedes, escritores e intelectuales, y que si no les  han aplicado ya el pavonado e incluso los convocan a una conferencia a impartir por Ambrosio Fornet sobre el "quinquenio negro" como dijo alguno, es porque saben que ya estamos en otros tiempos, un siglo XXI unipolar donde la correlacion de fuerzas no les resulta favorable. Pero tenganlo por seguro: si se les hubiera ocurrido este debate apenas 10 años atrás, les aseguro que estarian ya acusados de disidentes y sus libros se estuvieran quemando en una enorme hoguera. Porque esos jefes (no los lideres de la Revolucion, los verdaderos herederos de Jose Antonio y de Frank, de Abel Santamaria y de Carlos Rafael Rodriguez, por solo citar unos escasos nombres) quisieran imitar a Goebels, y cuando oyen la palabra cultura quisieran que se les permitiese todavia sacar la pistola.

Porque a los lideres les convoca el contacto con el pueblo. Pero a los jefes les gusta tener una masa amorfa que los siga sin chistar, sin criticar, sin quejarse, sin pensar. Porque tropicalizados como estan, han aprendido que en lugar de sacar la pistola cuando alguien hace cultura o ejerce el oficio de la critica, es adoptar una pose cameleonica. Primero, ignorar a los criticones para que se mueran de rabia, y esa es la razon por la que no aparece la firma de ninguno de ellos en este debate (aunque quizas sea porque no saben debatir, sino solo gobernar) y lo segundo, cuando el silencio no les da ya resultado (porque el tiempo para cerrar los oidos se les esta agotando) entonces acusan de diversionistas a los que debaten. Y amenazan incluso con excomulgar y con prohibir, porque son de los que piensan que la critica revolucionaria (y conste que para mi la palabra no tiene ningun matiz politico; se puede ser de derechas o de izquierda, y ser revolucionario, como no serlo) es dañina. Y realmente lo es: porque demuestra que ellos, los jefes que no los lideres, son unos ineptos. Y de ahi a perder sus cargos no va mas que un paso.

Ahhhh... no se queje nunca por nada ni de nadie. Porque los jefes entienden que la queja es la prostitución del carácter. Y desde luego, también opinan que la critica es la jinetera del diversionista. Desde luego, esos jefes adoran acostarse con las jineteras.

 Esteban Salmeron Nieves

Esteban Salmeron Nieves
EL PERIODISTA REINALDO ESCOBAR SE SUMA AL DEBATE

Domingo 21 de enero de 2007

"Guerrita de emailes", "glasnosita", "rebelión de los intelectuales" o "la situación creada", han sido algunos nombres con los que se ha bautizado este fenómeno que yo prefiero nombrar como "palabras de los intelectuales" y el "de", en negrita y subrayado.

Evidentemente se le abrió un agujero a esta caja de Pandora (que era un regalo del propio Zeus), donde se escondían no ya los males que ahora pueblan el mundo, sino los atropellos cometidos contra la libertad de expresión.

Prometo no usar este espacio para quejas personales, en primer lugar porque siento un profundo agradecimiento a quienes en diciembre de 1988 me prohibieron practicar la profesión de periodista. A ellos debo mi libertad, la que ejerzo desde Cuba, aunque lamentablemente no en los medios permitidos en Cuba.

Como no es posible responder, polemizar o solidarizarse con cada una de las ideas que lo merecen, pues eso implicaría escribir un libro, me voy a limitar a dar mi opinión sobre lo que creo fundamental en este asunto, que desde luego no es, ni remotamente, la aparición en la pantalla chica de quienes una vez fueron los obedientes cumplidores de una política.

Lo que parece estar claro para todos es que hay heridas sin cerrar, autocríticas por hacer y discusiones que fomentar.

Puedo comprender el horror de los revindicados frente a la reivindicación de sus verdugos, lo que no alcanzo a entender del todo es la simplicidad de confundir lo sistémico con lo casuístico.

Como en esos ómnibus repletos, algunos de los que logran subir al primer peldaño de esta discusión piden que se cierre la puerta porque ya no cabe más nadie, pero los que quedan abajo, los que estamos aquí abajo, pensamos diferente.

Creo que en el fondo de todos los males ocurridos está la intolerancia a la diferencia, que no se limita a la casi derrotada intolerancia frente a la diferencia de credo religioso ni a esa otra en vías de superación, que repudia diferentes preferencias sexuales. Hablo sobre la invicta intolerancia a la diferencia en opiniones políticas. Me gustaría saber sobre cuál principio general se puede erigir la tolerancia a una diferencia en particular, que no sea también aplicable para aceptar las otras.

Desde aquel aciago día en que la política cultural de la Revolución cubana se sometió a una frase sectaria: "Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada.", se abrió el abismo, porque a partir de ese momento un grupo de personas se confirió o le confirieron el derecho de decidir dónde estaban las fronteras de lo que podía catalogarse de revolucionario, que significaba lo que podía publicarse, mostrarse y difundirse. Como los creadores de literatura, pintura, música o cine suelen realizarse cuando su obra se objetiva en algo palpable para el público, empezaron a crear en esa dirección y allí comenzó la autocensura, porque hay una sola forma de estar seguros de que lo que hacemos no pueda calificarse como "fuera de la revolución" y es hacer sólo lo que está claramente con y dentro de la Revolución.

Aquel quinquenio gris sólo fue el acto de trazar la franja divisoria unos metros más acá de la frontera. El pecado original fue concebir la frontera.

Algunos de los que participan en esta polémica no discuten el derecho que tiene el gobierno a decidir la publicación de una obra atendiendo a su filiación política. Lo único que contienden es que ellos y su obra sí deben ser considerados como afiliados inclaudicables a la línea de la Revolución. Otros quieren llegar más lejos, por eso en este debate se están discutiendo muchas cosas al mismo tiempo.

Víctor Fowler, con su habitual lucidez, introduce la idea de un "catálogo de prácticas de violencia cultural". En ese catálogo caben todas las anécdotas: la prisión del que tradujo las profecías de Nostradamus, el famoso caso Padilla, la defenestración de Eduardo Heras, las sanciones a Norberto Fuentes, el ostracismo de tantos nombres ilustres: Cintio, Eliseo, Lezama, más la interminable lista de los desconocidos de siempre, que en oscuros municipios del país osaron leer un poema conflictivo en una sesión de los talleres literarios o que en una emisora de provincia se atrevieron a introducir una incómoda canción de Frank Delgado. La pregunta es hasta donde llevar la lista y si hacemos caso a los que ya se montaron, que piden a gritos que cierren de una vez la puerta para poder continuar el viaje, o si seguimos dejando entrar gente hasta que reviente la guagua.

¿Quién ordenó cerrar las exposiciones del grupo Arte Calle? ¿Cómo se llamó la década o el trieno en que prohibieron a Pedro Luís Ferrer? ¿De qué color era el quinquenio en que Antonio José Ponte fue expulsado de la UNEAC? ¿Quién era Ministro de Cultura cuando a la película Monte Rouge se le impidió participar en el Festival de Cine? ¿Cómo, si no "Primavera Negra del 2003", se llama ese momento en que encarcelaron al poeta Raúl Rivero?

El propio Esteban Morales, ex decano de la Facultad de Humanidades califica de "Saturnos devoradores de hijos de la Revolución" no precisamente a subordinados de Luís Pavón, sino a militantes del Partido Comunista que en los años setenta protagonizaron depuraciones implacables en la escuela de periodismo y que hoy publican en el diario Granma y a los que nadie perturba.

Y todo esto se discute hoy tal vez porque unos asesores que en el ICRT se ocupan del programa Impronta sólo son historiadores duchos en el siglo XIX y no sabían quién dirigió hace 30 años el Consejo Nacional de Cultura. Me pregunto qué pasaría si en el espacio "50 años de Victorias" alguien contara las proezas de Hubert Matos en la toma de Santiago de Cuba o si uno que no conoce las versiones secretas de la historia, hablando sobre los hechos de Granada, mencionara al coronel Tortoló como un émulo del Titán de Bronce. Apuesto que nadie se equivocará nunca haciendo una Impronta a la doctora Hilda Molina, y bien que se la merece.

Lo que realmente ha ocurrido no es que un día se haya mencionado a alguien que merecía estar sepultado en el silencio, sino todo lo contrario; es que se ha callado demasiado, durante un tiempo desmedido y no solamente en el sector de la cultura. Como ha señalado valientemente el crítico Orlando Hernández "sería muy triste que todo esto cayera dentro del ridículo buzón de quejas y sugerencias del Ministerio de Cultura, o se convirtiera en la catarsis colectiva de una minoría." Creo que la crítica o la autocrítica quedan pendientes no solo en el caso de aquel Primer Congreso de Cultura, que cambió de nombre en su segunda sesión para convertirse en Congreso de Educación y Cultura.

Las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, La Ofensiva Revolucionaria del 68, los mítines de repudio de 1980, el incumplido plan alimentario de los 90, el hundimiento del remolcador 13 de marzo y los infinitos catálogos que con tanto derecho pueden abrir tantas víctimas, están necesitando también una autocrítica, de lo contrario será muy difícil homenajear a alguien en la televisión sin tropezar con el riesgo de que el entrevistado tenga otra impronta oculta en su ilustre biografía.

No solo las revoluciones, sino la historia en su conjunto está protagonizada por hombres que al participar en los proyectos que se proponen, tienen aciertos y errores, grandezas y bajezas, noblezas y vilezas. La de Cuba, dista mucho de ser la historia celestial, aunque muchos se hayan empeñado en edulcorarla. Parece como si otra vez alguien haya pretendido casarnos con la mentira y obligarnos a vivir con ella, pero afortunadamente, también alguien nos enseñó que vale la pena que se derrumbe el mundo antes que vivir en la mentira.

No quiero terminar esta intervención sin referirme a la críptica Declaración del Secretariado de la UNEAC publicada el jueves 18 de enero.

Decir que la política cultural de la Revolución, fundada con Palabras a los intelectuales, es irreversible, es afirmar que Luís Pavón no logró revertirla y por lo tanto sólo fue consecuente con ella en grado extremo. En eso estamos de acuerdo. Con lo que no puedo estar de acuerdo es con el elemento de terror que introduce el texto al mencionar una supuesta agenda anexionista en quienes han querido sacar provecho de la situación creada. Exijo que señalen un solo párrafo del debate que tenga tufo anexionista. Aunque se sugiere que ésta es la respuesta consensuada con los iniciadores del debate, evidentemente es un texto que orgullosamente firmaría Leopoldo Ávila. Propongo un debate amplio sobre todos estos asuntos.

Ya que la UNEAC no se decide a realizar su congreso, ya que el Partido Comunista de Cuba tampoco realiza el suyo, hagámoslo nosotros en un teatro, en un terreno de pelota o en medio de un potrero, sin que las brigadas de respuesta rápida impidan su celebración y donde hable todo el mundo, el comunista, el socialdemócrata, el democratacristiano y el liberal y si el anexionista tiene algo que decir, vamos a escucharlo también.

Finalmente me parece saludable que quienes participamos en esta discusión no tengamos una posición común. No vamos a repetir el esquema afirmando que "éste no es el momento de tener divergencias entre nosotros porque debemos unirnos frente al enemigo común". Mucho menos proclamaremos algo como: "Contra el pavonato todo, a favor del pavonato nada." Por favor, no empecemos con lo mismo. Por suerte, como en la mítica caja de Pandora, la única que no ha escapado es la esperanza.

Es irreversible la política cultural de la Revolución

Por Pedro Campos Santos

La UNEAC, Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, acaba de publicar su comunicado sobre el caso Pavón, en que refrenda:   La política cultural martiana, antidogmática, creadora y participativa, de Fidel y Raúl, fundada con "Palabras a los intelectuales", es irreversible”.

La Revolución y su movimiento cultural salen fortalecidos de este debate provocado por programas televisivos en cuya gestación se habían “cometido graves errores”.  Ciertamente la cohesión de las fuerzas revolucionarias, pudo haber sido afectada, de no enfrentarse a tiempo. Es también una derrota de los enemigos históricos que trataron de utilizar  este incidente.

Esa cohesión, se ha dicho, es uno de los pilares garantes de todos los triunfos revolucionarios, cuidarla y preservarla es tareas de todos. Por ello es necesario que tales desvaríos no se repitan en ese, ni en otros ámbitos. Las medidas de fondo que lo garanticen siguen pendientes. Este incidente ha recibido respuesta, otras preocupaciones han quedado en el aire, como esa insistencia en identificar a la indisciplina laboral de lo trabajadores como la causa principal del desastre existente, o la persistente ignorancia de la demanda de la militancia para celebrar el VI Congreso del Partido.

En realidad el debate Pavón,  es  parte inseparable de otra discusión más general que no debe seguir siendo postergada, la cual tiene lugar en todas partes en Cuba, en todos los hogares, centros de trabajo, parques y que se refiere al futuro del país: ¿Qué nuevo vamos a hacer para responder a las interrogantes del discursos de Fidel en noviembre del 2005, cuando habló de la reversibilidad de la Revolución?

A esta pregunta, la enfermedad de Fidel ha agregado otras ¿Hacia dónde vamos, ya con el Jefe enfermo y probablemente fuera de la dirección? ¿El nuevo camino es compartido, o se intentará imponer? ¿Cuál socialismo? ¿Cuál democracia? ¿Se habrán dado cuenta que  seguir con más de lo mismo, nos lleva a la autodestrucción presagiada por Fidel?

Un año y meses después de aquel histórico discurso de Fidel, y luego de la celebración de importantes eventos como el XIX Congreso de la CTC, el VII de la FEU y el 8vo Periodo de Sesiones de la Asamblea del Poder Popular, los problemas no se han resuelto, siguen sin abordarse sus causas profundas y sin tomarse las medidas necesarias.

La política cultural de la Revolución no es un ente independiente de ella, sino que está indisolublemente ligada a su historia y su futuro. La irreversibilidad de la Revolución es lo que haría irreversible su política cultural.

El pueblo de Cuba, los trabajadores, la intelectualidad, necesita estas respuestas y pasos concretos hacia la solución de los más perentorios problemas que afronta la sociedad cubana,  más relacionados  con enfoques políticos sobre las formas en que debe funcionar la sociedad y la economía, que  con  la escasez de índole material.

La enfermedad del Comandante en Jefe, el período que estamos atravesando, es un momento oportuno para los intentos tradicionales enemigos de sembrar la división y trabajar por los fines de destruir  la Revolución y el Socialismo y restaurar el capitalismo, y con él la anexión. Los errores ahora se pueden pagar  muy caros.

Raúl ha llamado al debate, a la discrepancia, también sabemos que ya lo había hecho cuando el IV Congreso. En 1991 el socialismo mundial se desmoronaba, el aislamiento internacional de Cuba aumentaba, nuestra retaguardia económica se perdía y todo aquello aconsejó a la dirección, la  postergación en la renovación socialista que las bases del Partido demandaban. El llamado de Fidel no ha tenido una clara respuesta. ¿Ocurrirá lo mismo con este de Raúl?

Hoy la situación en Cuba y el mundo es otra. El que está en crisis ahora es el Imperialismo con su estancamiento en Irak, mientras que  en América Latina se impone una izquierda revolucionaria que avanza hacia un nuevo tipo de socialismo, aliada de la Revolución Cubana, retaguardia y garantía que no teníamos antes. No existe condición alguna que aconseje –ahora- evitar el avance de lo criterios renovadores que se manejaron cuando el IV Congreso.

La gente se pregunta en qué dirección vamos, si seguiremos con más de lo mismo, si vamos hacia más estatismo, centrismo y autoritarismo, o en la natural y necesaria  tendencia contraria,  hacia una dirección mas colectiva, que tenga más en cuenta las opiniones de las bases, hacia un socialismo más participativo, más democrático, más  inclusivo, autogestionario. En este sentido,  son necesarias definiciones concretas.

La verdadera cohesión en torno al proyecto revolucionario socialista y martiano, se garantiza estableciendo claros fines y medios que sean compartidos concientemente por las grandes mayorías.

Ninguna discusión tipo glassnot que cuestione la historia de la Revolución, debe tener la más mínima oportunidad, pero se hace imprescindible la discusión democrática y colectiva que debe asumir el impostergable VI Congreso del Partido, a fin de establecer -entre todos- las líneas generales para  el futuro, evitar este de tipo incidente se repita y garantizar la cohesión en torno al programa de la Revolución en las nuevas condiciones.

Desde luego que en esta convocatoria  ningún papel   juegan  los enemigos históricos de la Revolución y el Socialismo, que desean su destrucción.

Para que la política cultural sea verdaderamente irreversible, hay que garantizar la irreversibilidad de la Revolución y el Socialismo.

La Habana, 18 de enero del 2007.

Perucho1949@yahoo.es

"TODO ESTÁ BAJO CONTROL"

Amir, como siempre, la misma mierda con la "Declaración del Secretariado de la UNEAC"; al final, no es más que una reafirmación de que podríamos soportar otros quinquenios grises.

Es evidente el guiño: luego de hacer un intento por calmar a la horda de intelectuales, el verdadero objetivo de la declaración es avisarle al poder que los "corderos" no están descarriados, que aún continúan ordenados por el sendero trazado que ellos habían indicado: un "todo está bajo control".

Y que nadie se haga el sorprendido porque, además de ser el "hecho" un lugar común en la historia cubana de los últimos cuarenta años, los que tengo de vida, se veía venir sin que se necesitaran muchas luces; todo estaba muy claro desde el comienzo con el primer email donde Jorge Ángel alertaba sobre la aparición en varios programas televisivos de tres connotados criminales (porque la cultura cubana también tiene a sus Posadas Carriles y sus Bin Ladeen).

Al menos hemos aprendido que el "optimismo" nos está vedado; precisamente por la ausencia de tantas libertades, nos hemos hecho escritores. Una vez más se comprueba que no existe dentro de la isla un gremio que responda netamente a los intereses de sus miembros numerarios; el último ejemplo fue en el Congreso de la CTC, sólo sirvió para culpar a los trabajadores y apretarles las clavijas.

Hasta que no hayamos perdido el miedo, otear en el pasado será una burla contra nosotros mismos. Muchos intelectuales que defienden (o justifican) el actual sistema imperante en la isla, expresan en voz baja, como una gran conspiración, que tenemos que aprovechar la oportunidad actual del debate para asegurar el futuro, pero ellos no comprenden que pensarlo ya es una traición a los que defienden, justifican o sirven de "compañeros de viaje", porque el reconocimiento de que la amenaza continúa, que existe la posibilidad latente de que el "quinquenio gris" regrese, es reconocer el miedo; entonces, ¿de qué estamos hablamos en este simulado debate?, ¿qué se aparenta discutir?, si todo parece una cantinflada. Hay que llegar a la triste conclusión de que desgraciadamente merecemos todo lo que nos hacen.        

Abrazos, á.  

Palabras a los Intelectuales

Fidel Castro, La Habana

En los días 16, 23 y 30 de junio de 1961 se efectuaron, en la Ciudad de La Habana, en el Salón de Actos de la Biblioteca Nacional, reuniones en las que participaron las figuras más representativas de la intelectualidad cubana. Artistas y escritores discutieron y expusieron ampliamente sus puntos de vista sobre distintos aspectos de la actividad cultural y sobre los problemas relacionados con sus posibilidades de creación, ante el Presidente de la República, Dr. Osvaldo Dorticós Torrado, el Primer Ministro, Dr. Fidel Castro, el Ministro de Educación, Dr. Armando Hart, los miembros del Consejo Nacional de Cultura y otras figuras representativas del Gobierno.

Compañeros y Compañeras:

Después de tres sesiones en las que se discutieron distintos problemas relacionados con la cultura y el trabajo creador; en las que se plantearon muchas cuestiones interesantes y se expresaron los diferentes criterios representados, nos toca a nosotros cubrir nuestro turno. No lo haremos como la persona más autorizada para hablar sobre la materia, pero sí, tratándose de una reunión de ustedes y nosotros, por la necesidad de que expresemos aquí algunos puntos de vista.

Teníamos mucho interés en estas discusiones, y creo que lo hemos demostrado con eso que podría llamarse «una gran paciencia». Pero en realidad no ha sido necesario realizar un esfuerzo heroico porque, para nosotros, ha sido una discusión instructiva y diría sinceramente que también ha resultado amena. Desde luego que en este tipo de discusión no somos nosotros, los hombres de Gobierno, los más aventajados para opinar sobre cuestiones en las cuales ustedes se han especializado. Por lo menos... este es mi caso.

El hecho de ser hombres de Gobierno y agentes de esta Revolución no quiere decir que estamos obligados (aunque acaso lo estemos) a ser peritos en todas las materias. Es posible que si hubiésemos llevado a muchos de los compañeros que han hablado aquí a alguna reunión del Consejo de Ministros a discutir los problemas con los cuales estamos más familiarizados, se habrían visto en una situación similar a la nuestra.

Nosotros hemos sido agentes de esta Revolución, de la Revolución económico-social que está teniendo lugar en Cuba. A su vez esa Revolución económica y social tiene que producir inevitablemente también una Revolución cultural en nuestro País.

Por nuestra parte hemos tratado de hacer algo (quizás en los primeros instantes de la Revolución había otros problemas más urgentes que atender). Podríamos hacernos también una autocrítica al afirmar que habíamos dejado un poco de lado la discusión de una cuestión tan importante como esta. No quiere decir que la habíamos olvidado del todo; esta discusión —que quizás el incidente a que se ha hecho referencia aquí reiteradamente contribuyó a acelerar—, ya estaba en la mente del Gobierno. Desde hacía meses teníamos el propósito de convocar a una reunión como esta para analizar el problema cultural. Los acontecimientos se han ido sucediendo y sobre todo los últimos fueron la causa de que no se hubiese efectuado con anterioridad. Sin embargo, el Gobierno Revolucionario había ido tomando algunas medidas que expresaban nuestra preocupación por ese problema. Algo se ha hecho y varios compañeros del Gobierno en más de una ocasión han insistido en la cuestión. Por lo pronto puede decirse que la Revolución en sí misma trajo ya algunos cambios en el ambiente cultural; las condiciones de trabajo de los artistas han variado.

Yo creo que aquí se ha insistido un poco en algunos aspectos pesimistas; creo que aquí ha habido una preocupación que se va más allá de cualquier justificación real sobre este problema. Casi no se ha insistido en la realidad de los cambios que han ocurrido con relación al ambiente y a las condiciones actuales de los artistas y de los escritores. Comparándolo con el pasado es incuestionable que los artistas y escritores cubanos no se pueden sentir como en el pasado y que las condiciones del pasado eran verdaderamente deprimentes en nuestro País para los artistas y escritores. Si la Revolución comenzó trayendo en sí misma un cambio profundo en el ambiente y en las condiciones, ¿por qué recelar de que la Revolución que nos trajo esas nuevas condiciones para trabajar pueda ahogar esas condiciones? ¿Por qué recelar de que la Revolución vaya precisamente a liquidar esas condiciones que ha traído consigo?

Es cierto que aquí se está discutiendo un problema que no es un problema sencillo. Es cierto que todos nosotros tenemos el deber de analizarlo cuidadosamente. Esto es una obligación tanto de ustedes como de nosotros. No es un problema sencillo puesto que es un problema que se ha planteado muchas veces y se ha planteado en todas las revoluciones. Es una madeja, pudiéramos decir, bastante enredada y nada fácil de desenredar. Es un problema que tampoco nosotros vamos fácilmente a resolver.

Los distintos compañeros que han hablado expresaron aquí un sinnúmero de puntos de vista y los expresaron con sus argumentos. El primer día había un poco de temor a entrar en el tema y por eso fue necesario que nosotros les pidiéramos a los compañeros que abordaran el tema; que aquí cada cual dijera lo que le inquietaba.

En el fondo, si no nos hemos equivocado, el problema fundamental que flotaba aquí en el ambiente era el problema de la libertad para la creación artística. También cuando han visitado a nuestro País distintos escritores, sobre todo escritores políticos abordaron esta cuestión más de una vez. Es indudable que ha sido un tema discutido en todos los países donde han tenido lugar evoluciones profundas como la nuestra.

Casualmente, un rato antes de volver a este salón, un compañero nos traía un folleto donde en la portada o al final aparece un pequeño diálogo sostenido por nosotros con Sartre y que el compañero Lisandro Otero recogió, en el libro que lleva por título Conversaciones en la Laguna (Revolución, martes 8 de marzo de 1960).

Una cuestión similar nos planteó en otra ocasión Wright Mills, el escritor norteamericano.

Debo confesar que en cierto sentido estas cuestiones nos agarraron un poco desprevenidos. Nosotros no tuvimos nuestra conferencia de Yenan con los artistas y escritores cubanos durante la Revolución. En realidad esta es una revolución que se gestó y llegó al Poder en un tiempo, puede decirse «record». Al revés de otras revoluciones, no tenía todos los principales problemas resueltos.

Una de las características de la Revolución ha sido, por eso, la necesidad de enfrentarse a muchos problemas apresuradamente. Y nosotros somos como la Revolución, es decir, que nos hemos improvisado bastante. Por eso no puede decirse que esta Revolución haya tenido ni la etapa de gestación que han tenido otras revoluciones, ni los dirigentes de la Revolución la madurez intelectual que han tenido los dirigentes de otras revoluciones. Nosotros creemos que hemos contribuido en la medida de nuestras fuerzas a los acontecimientos actuales de nuestro País. Nosotros creemos que con el esfuerzo de todos, estamos llevando adelante una verdadera Revolución y que esa Revolución se desarrolla y parece llamada a convertirse en uno de los acontecimientos importantes de este siglo. Sin embargo, a pesar de esa realidad, nosotros que hemos tenido una participación importante en esos acontecimientos, no nos creemos teóricos de las revoluciones ni intelectuales de las revoluciones. Si los hombres se juzgan por sus obras tal vez nosotros tendríamos derecho a considerarnos con el mérito de la obra que la Revolución en sí misma significa. Y sin embargo no pensamos así y creo que todos debiéramos tener una actitud similar, cualesquiera que hubiesen sido nuestras obras. Por meritorias que puedan parecer debemos empezar por situarnos en la posición honrada de no presumir que sabemos más que los demás, de no presumir que hemos alcanzado todo lo que se pueda aprender, de no presumir que nuestros puntos de vista son infalibles y que todos los que no piensen exactamente igual están equivocados. Es decir, que nosotros debemos situarnos en esa posición honrada; no de falsa modestia, sino de verdadera valoración de lo que nosotros conocemos porque si nos situamos en ese punto, creo que será más fácil marchar acertadamente hacia delante, y que si todos adoptamos esa actitud tanto ustedes como nosotros, desaparecerán actitudes personales y desaparecerá esa cierta dosis de personalismo que ponemos en el análisis de los problemas. En realidad, ¿qué sabemos nosotros? Nosotros todos estamos aprendiendo.

En realidad, todos tenemos mucho que aprender y no hemos venido aquí a enseñar; nosotros hemos venido también a aprender.

Había ciertos miedos en el ambiente y algunos compañeros han expresado esos temores.

Al escucharlos teníamos a veces la impresión de que estábamos soñando un poco. Teníamos la impresión de que nosotros no habíamos acabado de poner bien los pies sobre la tierra. Porque si alguna preocupación, si algún temor, nos embargan hoy, es con respecto a la Revolución misma. La gran preocupación que todos nosotros debemos tener es la Revolución en sí misma. ¿O es que nosotros creemos que hemos ganado ya todas las batallas revolucionarias? ¿Es que nosotros creemos que la Revolución no tiene peligros? ¿Cuál debe ser hoy la primera preocupación de todo ciudadano? ¿La preocupación de que la Revolución vaya a desbordar sus medidas, de que la Revolución vaya a asfixiar el arte, de que la Revolución vaya a asfixiar el genio creador de nuestros ciudadanos, o la preocupación de todos no ha de ser la Revolución misma? ¿Los peligros reales o imaginarios que puedan amenazar el espíritu creador o los peligros que puedan amenazar a la Revolución misma?... No se trata de que nosotros vayamos a invocar este peligro como un simple argumento; nosotros señalamos que el estado de ánimo de todos los ciudadanos del País y que el estado de ánimo de todos los escritores y artistas revolucionarios, o de todos los escritores y artistas que comprenden y justifican a la Revolución, debe ser: ¿qué peligros pueden amenazar a la Revolución y qué podemos hacer por ayudar a la Revolución? Nosotros creemos que la Revolución tiene todavía muchas batallas que librar, y nosotros creemos que nuestro primer pensamiento y nuestra primera preocupación deben ser: ¿qué hacemos para que la Revolución salga victoriosa? Porque lo primero es eso: lo primero es la Revolución misma y después, entonces, preocuparnos por las demás cuestiones. Esto no quiere decir que las demás cuestiones no deban preocuparnos, pero que en el ánimo nuestro, tal como es al menos el nuestro, nuestra preocupación fundamental ha de ser la Revolución.

El problema que aquí se ha estado discutiendo y vamos a abordar, es el problema de la libertad de los escritores y de los artistas para expresarse.

El temor que aquí ha inquietado es si la Revolución va a ahogar esa libertad; es si la Revolución va a sofocar el espíritu creador de los escritores y de los artistas. 

Se habló aquí de la libertad formal. Todo el mundo estuvo de acuerdo en que se respete la libertad formal. Creo que no hay duda acerca de este problema. 

La cuestión se hace más sutil y se convierte verdaderamente en el punto esencial de la discusión cuando se trata de la libertad de contenido. Es el punto más sutil porque es el que está expuesto a las más diversas interpretaciones. El punto más polémico de esta cuestión es: si debe haber o no una absoluta libertad de contenido en la expresión artística. Nos parece que algunos compañeros defienden ese punto de vista. Quizás por temor a eso que estimaron prohibiciones, regulaciones, limitaciones, reglas, autoridades, para decidir sobre la cuestión. 

Permítanme decirles en primer lugar que la Revolución defiende la libertad; que la Revolución ha traído al País una suma muy grande de libertades; que la Revolución no puede ser por esencia enemiga de las libertades; que si la preocupación de alguno es que la Revolución vaya a asfixiar su espíritu creador, que esa preocupación es innecesaria, que esa preocupación no tiene razón de ser.

¿Dónde puede estar la razón de ser de esa preocupación? Sólo puede preocuparse verdaderamente por este problema quien no esté seguro de sus convicciones revolucionarias. Puede preocuparse por este problema quien tenga desconfianza acerca de su propio arte; quien tenga desconfianza acerca de su verdadera capacidad para crear. Y cabe preguntarse si un revolucionario verdadero, si un artista o intelectual que sienta la Revolución y que esté seguro de que es capaz de servir a la Revolución, puede plantearse este problema; es decir, el si la duda cabe para los escritores y artistas verdaderamente revolucionarios. Yo considero que no; que el campo de la duda queda para los escritores y artistas que sin ser contrarrevolucionarios no se sienten tampoco revolucionarios. (APLAUSOS).

Y es correcto que un escritor y artista que no sienta verdaderamente como revolucionario se plantee ese problema; es decir, que un escritor y artista honesto, que sea capaz de comprender toda la razón de ser y la justicia de la Revolución sin incorporarse a ella se plantee este problema. Porque el revolucionario pone algo por encima de todas las demás cuestiones; el revolucionario pone algo por encima aun de su propio espíritu creador: pone la Revolución por encima de todo lo demás y el artista más revolucionario sería aquel que estuviera dispuesto a sacrificar hasta su propia vocación artística por la Revolución. (APLAUSOS).

Nadie ha supuesto nunca que todos los hombres, o todos los escritores, o todos los artistas tengan que ser revolucionarios, como nadie puede suponer que todos los hombres o todos los revolucionarios tengan que ser artistas, ni tampoco que todo hombre honesto, por el hecho de ser honesto, tenga que ser revolucionario. Ser revolucionario es también una actitud ante la vida, ser revolucionario es también una actitud ante la realidad existente, y hay hombres que se resignan a esa realidad, hay hombres que se adaptan a esa realidad y hay hombres que no se pueden resignar ni adaptar a esa realidad y tratan de cambiarla, por eso son revolucionarios. Pero puede haber hombres que se adapten a esa realidad y ser hombres honestos, sólo que su espíritu no es un espíritu revolucionario; sólo que su actitud ante la realidad no es una actitud revolucionaria. Y puede haber, por supuesto, artistas y buenos artistas, que no tengan ante la vida una actitud revolucionaria y es precisamente para ese grupo de artistas e intelectuales para quienes la Revolución en sí constituye un hecho imprevisto, un hecho nuevo, un hecho que incluso puede afectar su ánimo profundamente. Es precisamente para ese grupo de artistas y de intelectuales que la Revolución puede constituir un problema.

Para un artista o intelectual mercenario, para un artista o intelectual deshonesto, no sería nunca un problema; ese sabe lo que tiene que hacer, ese sabe lo que le interesa, ese sabe hacia dónde tiene que marchar. El problema existe verdaderamente para el artista o el intelectual que no tiene una actitud revolucionaria ante la vida y que, sin embargo, es una persona honesta. Claro está que quien tiene esa actitud ante la vida, sea o no sea revolucionario, sea o no sea artista, tiene sus fines, tiene sus objetivos y todos nosotros podemos preguntarnos sobre esos fines y esos objetivos. Para el revolucionario esos fines y objetivos se dirigen hacia el cambio de la realidad; esos fines y objetivos se dirigen hacia la redención del hombre. Es precisamente el hombre, el semejante, la redención de sus semejantes, lo que constituye el objetivo de los revolucionarios. Si a los revolucionarios nos preguntan qué es lo que más nos importa, nosotros diremos: el pueblo y siempre diremos el pueblo. El pueblo en su sentido real, es decir, esa mayoría del pueblo que ha tenido que vivir en la explotación y en el olvido más cruel. Nuestra preocupación fundamental siempre serán las grandes mayorías del pueblo, es decir, las clases oprimidas y explotadas del pueblo. El prisma a través del cual nosotros lo miramos todo, es ése: para nosotros será bueno lo que sea bueno para ellas; para nosotros será noble, será bello y será útil, todo lo que sea noble, sea útil y sea bello para ellas. Si no se piensa así, si no se piensa por el pueblo y para el pueblo, es decir, si no se piensa y no se actúa para esa gran masa explotada del pueblo, para esa gran masa a la que se desea redimir, entonces, sencillamente, no se tiene una actitud revolucionaria.

Al menos ése es el cristal a través del cual nosotros analizamos lo bueno, lo útil y lo bello de cada acción.

Comprendemos que debe ser una tragedia cuando alguien entienda esto y sin embargo tenga que reconocerse incapaz de luchar por ello.

Nosotros somos o creemos ser hombres revolucionarios. Quien sea más artista que revolucionario, no puede pensar exactamente igual que nosotros. Nosotros luchamos por el pueblo y no padecemos ningún conflicto porque luchamos por el pueblo y sabemos que podemos lograr los propósitos de nuestras luchas. El pueblo es la meta principal. En el pueblo hay que pensar primero que en nosotros mismos y esa es la única actitud que puede definirse como una actitud verdaderamente revolucionaria. Y para aquellos que no puedan tener o no tengan esa actitud, pero que son personas honradas, es para quienes existe el problema a que hacíamos referencia, y de la misma manera que para ellos la Revolución constituye un problema, ellos constituyen también para la Revolución un problema del cual la Revolución debe preocuparse.

Aquí se señaló, con acierto, el caso de muchos escritores y artistas que no eran revolucionarios, pero que sin embargo eran escritores y artistas honestos, que además querían ayudar a la Revolución, que además a la Revolución le interesaba su ayuda; que querían trabajar para la Revolución y que a su vez a la Revolución le interesaba que ellos aportaran sus conocimientos y su esfuerzo en beneficio de la misma.

Es más fácil apreciar esto cuando se analizan los casos peculiares y entre esos casos peculiares hay muchos que no es fácil analizar. Pero aquí habló un escritor católico. Planteó lo que a él le preocupaba y lo dijo con toda claridad. Él preguntó si podía hacer una interpretación desde su punto de vista idealista de un problema determinado o si él podía escribir una obra defendiendo esos puntos de vista. Él preguntó con toda franqueza si dentro de un régimen revolucionario él podía expresarse de acuerdo con esos sentimientos. Planteó el problema en una forma que puede verse como simbólica.

A él lo que le preocupaba era saber si podía escribir de acuerdo con esos sentimientos o de acuerdo con esa ideología que no era precisamente la ideología de la Revolución. Que él estaba de acuerdo con la Revolución en las cuestiones económicas o sociales, pero que tenía una posición filosófica distinta de la filosofía de la Revolución. Y ese es un caso digno de tenerse muy en cuenta, porque es precisamente un caso representativo del género de escritores y de artistas que muestran una disposición favorable hacia la Revolución y desean saber qué grado de libertad tienen dentro de las condiciones revolucionarias, para expresarse de acuerdo con sus sentimientos. Ese es el sector que constituye para la Revolución un problema, de la misma manera que la Revolución constituye para ellos un problema y es deber de la Revolución preocuparse por esos casos; es deber de la Revolución preocuparse por la situación de esos artistas y de esos escritores, porque la Revolución debe tener la aspiración de que no sólo marchen junto a ella todos los revolucionarios, todos los artistas e intelectuales revolucionarios. Es posible que los hombres y las mujeres que tengan una actitud realmente revolucionaria ante la realidad no constituyan el sector mayoritario de la población; los revolucionarios son la vanguardia del pueblo, pero los revolucionarios deben aspirar a que marche junto a ellos todo el pueblo; la Revolución no puede renunciar a que todos los hombres y mujeres honestos, sean o no escritores o artistas, marchen junto a ella; la Revolución debe aspirar a que todo el que tenga dudas se convierta en revolucionario. La Revolución debe tratar de ganar para sus ideas la mayor parte del pueblo; la Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo; a contar, no sólo con los revolucionarios, sino con todos los ciudadanos honestos que aunque no sean revolucionarios, es decir, que aunque no tengan una actitud revolucionaria ante la vida, estén con ella. La Revolución sólo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios. Y la Revolución tiene que tener una política para esa parte del pueblo; la Revolución tiene que tener una actitud para esa parte de los intelectuales y de los escritores. La Revolución tiene que comprender esa realidad y, por lo tanto, debe actuar de manera que todo ese sector de artistas y de intelectuales que no sean genuinamente revolucionarios, encuentre dentro de la Revolución un campo donde trabajar y crear y que su espíritu creador, aun cuando no sean escritores o artistas revolucionarios, tenga oportunidad y libertad para expresarse, dentro de la Revolución. Esto significa que dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución nada. Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie. Por cuanto la Revolución comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revolución significa los intereses de la Nación entera, nadie puede alegar con razón un derecho contra ella.

Creo que esto es bien claro. ¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución ningún derecho. (APLAUSOS).

Y esto no sería ninguna ley de excepción para los artistas y para los escritores. Este es un principio general para todos los ciudadanos. Es un principio fundamental de la Revolución. Los contrarrevolucionarios, es decir, los enemigos de la Revolución, no tienen ningún derecho contra la Revolución, porque la Revolución tiene un derecho: el derecho de existir, el derecho a desarrollarse y el derecho a vencer y ¿quién pudiera poner en duda ese derecho de un pueblo que ha dicho: PATRIA O MUERTE, es decir, la Revolución o la muerte?

La existencia de la Revolución o nada; de una Revolución que ha dicho: VENCEREMOS, es decir, que se ha planteado muy seriamente un propósito y por respetables que sean los razonamientos personales de un enemigo de la Revolución, mucho más respetables son los derechos y las razones de una Revolución tanto más cuanto una Revolución es un proceso histórico, cuanto una Revolución no es ni puede ser obra del capricho o de la voluntad de ningún hombre, cuanto una Revolución sólo puede ser obra de la necesidad y de la voluntad de un pueblo, y frente a los derechos de todo un pueblo, los derechos de los enemigos de ese pueblo no cuentan.

Cuando hablábamos de los casos extremos, nosotros lo hacíamos sencillamente para expresar con más claridad nuestras ideas. Ya dije que entre esos casos extremos hay una gran variedad de actitudes mentales y hay también una gran variedad de preocupaciones. No significa necesariamente que albergar alguna preocupación signifique no ser revolucionario. Nosotros hemos tratado de definir actitudes esenciales.

La Revolución no puede pretender asfixiar el arte o la cultura cuando una de las metas y uno de los propósitos fundamentales de la Revolución es desarrollar el arte y la cultura, precisamente para que el arte y la cultura lleguen a ser un real patrimonio del pueblo. Y al igual que nosotros hemos querido para el pueblo una vida mejor en el orden material, queremos para el pueblo una vida mejor también en todos los órdenes espirituales; queremos para el pueblo una vida mejor en el orden cultural. Y lo mismo que la Revolución se preocupa por el desarrollo de las condiciones y de las fuerzas que permitan al pueblo la satisfacción de todas sus necesidades materiales, nosotros queremos desarrollar también las condiciones que permitan al pueblo la satisfacción de todas sus necesidades culturales. ¿Que el pueblo tiene un nivel bajo de cultura? ¿Que un alto porcentaje del pueblo no sabe leer ni escribir? También un porcentaje alto del pueblo pasa hambre o al menos vive o vivía en condiciones duras. Vivía en condiciones de miseria. Una parte del pueblo carece de un gran número de bienes materiales que le son indispensables y nosotros tratamos de propiciar las condiciones necesarias para que todos esos bienes materiales lleguen al pueblo.

De la misma manera debemos propiciar las condiciones necesarias para que todos esos bienes culturales lleguen al pueblo. No quiere decir eso que el artista tenga que sacrificar el valor de sus creaciones, y que necesariamente tenga que sacrificar su calidad. Quiere decir que tenemos que luchar en todos los sentidos para que el creador produzca para el pueblo y el pueblo a su vez eleve su nivel cultural a fin de acercarse también a los creadores. No se puede señalar una regla de carácter general; todas las manifestaciones artísticas no son exactamente de la misma naturaleza, y a veces hemos planteado aquí las cosas como si todas las manifestaciones artísticas fuesen exactamente de la misma naturaleza. Hay expresiones del espíritu creador que por su propia naturaleza pueden ser mucho más asequibles al pueblo que otras manifestaciones del espíritu creador. Por eso no se puede señalar una regla general, porque ¿en qué expresión artística es que el artista tiene que ir al pueblo y en cuál el pueblo tiene que ir al artista?, ¿se puede hacer una afirmación de carácter general en ese sentido? No. Sería una regla demasiado simple. Hay que esforzarse en todas las manifestaciones por llegar al pueblo, pero a su vez hay que hacer todo lo que esté al alcance de nuestras manos para que el pueblo pueda comprender cada vez más y mejor. Creo que ese principio no contradice las aspiraciones de ningún artista; y mucho menos si se tiene en cuenta que los hombres deben crear para sus contemporáneos. 

No se diga que hay artistas que viven pensando en la posteridad, porque, desde luego, sin el propósito de considerar nuestro juicio infalible ni mucho menos, creo que quien así proceda se está autosugestionando. (APLAUSOS). 

Y eso no quiere decir que quien trabaje para sus contemporáneos tenga que renunciar a la posteridad de su obra porque, precisamente creando para sus contemporáneos, independientemente incluso de que sus contemporáneos lo hayan comprendido o no, es como las obras han adquirido un valor histórico y un valor universal. Nosotros no estamos haciendo una Revolución para las generaciones venideras, nosotros estamos haciendo una Revolución con esta generación y por esta generación, independientemente de que los beneficios de esta obra beneficien a las generaciones venideras y se convierta en un acontecimiento histórico. Nosotros no estamos haciendo una Revolución para la posteridad; esta Revolución pasará a la posteridad porque es una Revolución para ahora y para los hombres y las mujeres de ahora. (APLAUSOS).

¿Quién nos seguiría a nosotros si estuviésemos haciendo una Revolución para las generaciones venideras?

Trabajamos y creamos para nuestros contemporáneos sin que eso le quite a ninguna creación artística el mérito de aspirar a la eternidad.

Estas son verdades que todos debemos analizar con honradez. Y creo que hay que partir de ciertas verdades fundamentales para no sacar conclusiones erróneas. Y no vemos nosotros que haya motivo de preocupaciones para ningún artista o escritor honrado. Nosotros no somos enemigos de la libertad. Nadie aquí es enemigo de la libertad. ¿A quién tememos?, ¿qué autoridad es la que tememos que vaya a asfixiar nuestro espíritu creador? ¿O es que tememos a los compañeros del Consejo Nacional de Cultura? En las conversaciones tenidas con los compañeros del Consejo Nacional de Cultura, hemos observado puntos de vistas y sentimientos que son muy ajenos a las preocupaciones que aquí se plantearon acerca de limitaciones, dogales, y cosas por el estilo, impuestos al espíritu creador.

Nuestra conclusión es que los compañeros del Consejo Nacional están tan preocupados como todos ustedes por que se logren las mejores condiciones para que el espíritu creador de los artistas y de los intelectuales se desarrolle. Es un deber de la Revolución y del Gobierno Revolucionario contar con un órgano altamente calificado que estimule, fomente, desarrolle y oriente, sí, oriente ese espíritu creador; lo consideramos un deber y esto ¿acaso puede constituir un atentado al derecho de los escritores y de los artistas? ¿Esto puede constituir una amenaza al derecho de los escritores y de los artistas por el temor de que se cometa una arbitrariedad o un exceso de autoridad? De la misma manera podemos albergar el temor que al pasar por un semáforo el policía nos agreda. De la misma manera podemos albergar el temor a que el juez nos condene. De la misma manera podemos albergar el temor de que la fuerza existente en el Poder Revolucionario cometa un acto de violencia contra nosotros.

Es decir, que tendríamos entonces que preocuparnos de todas esas cosas y sin embargo, la actitud del ciudadano no es la de creer que el miliciano va a disparar contra él, de que el juez lo va a sancionar, de que el Poder va a ejercer la violencia contra su persona.

La existencia de una autoridad en el orden cultural no significa que haya una razón para preocuparse del abuso de esa autoridad, porque ¿quién es el que quiere o el que desea que esa autoridad cultural no exista? Por el mismo camino podría aspirar a que no existiera la Milicia, que no existiera la Policía, que no existiera el Poder del Estado y que incluso no existiera el Estado, y si a alguien le preocupa tanto que no exista la menor autoridad estatal, entonces, que no se preocupe, que tenga paciencia, que ya llegará el día en que el Estado tampoco exista. (APLAUSOS).

Tiene que existir un Consejo que oriente, que estimule, que desarrolle, que trabaje para crear las mejores condiciones para el trabajo de los artistas y de los intelectuales y ¿quién es el primer defensor de los intereses de los artistas y de los intelectuales si no ese mismo Consejo? ¿Quién es el que propone leyes y sugiere medidas de diferente carácter para elevar esas condiciones, sino el Consejo Nacional de Cultura? ¿Quién propone una Ley de Imprenta Nacional para subsanar esas deficiencias que se han señalado aquí? ¿Quién propone la creación del Instituto de Etnología y Folklore, sino precisamente el Consejo Nacional? ¿Quién aboga porque se dispongan de los presupuestos y de las divisas necesarias para traer libros que hace muchos meses que no entran en el país; para adquirir material para que los pintores y los artistas plásticos puedan trabajar? ¿Quién se preocupa por los problemas económicos, es decir, por las condiciones materiales de los artistas? ¿Qué organismo es el que se preocupa por toda una serie de necesidades actuales de los escritores y de los artistas? ¿Quién defiende en el seno del Gobierno los presupuestos, las edificaciones y los proyectos, precisamente encaminados a elevar el nivel de las condiciones en que ustedes vayan a trabajar? Es precisamente el Consejo Nacional de Cultura.

¿Por qué mirar a ese Consejo con reservas? ¿Por qué mirar a esa autoridad como una supuesta autoridad que va precisamente a hacer lo contrario, a limitar nuestras condiciones, a asfixiar nuestro espíritu creador?

Se concibe que se preocuparan de esa autoridad aquellos que no tuvieran problemas de ninguna clase; pero en realidad quienes puedan apreciar la necesidad de toda la gestión y de todo el trabajo que tiene que hacer el Consejo, no lo mirarían jamás con reserva, porque el Consejo tiene también una obligación con el pueblo y tiene una obligación con la Revolución y con el Gobierno Revolucionario, que es cumplir los objetivos para los cuales fue creado, y tiene tanto interés en el éxito de su trabajo como cada artista lo tiene en el éxito del suyo.

No sé si se me quedarán algunos de los problemas fundamentales que aquí se señalaron. Se discutió mucho el problema de la película. Yo no he visto la película, aunque tengo deseos de ver la película, tengo curiosidad por ver la película. ¿Que fue maltratada la película? En realidad creo que ninguna película ha recibido tantos honores y que ninguna película se ha discutido tanto.

Aunque nosotros no hemos visto esa película nos hemos remitido al criterio de compañeros que la han visto, entre ellos el criterio del compañero Presidente, el criterio de distintos compañeros del Consejo Nacional de Cultura. De más está decir que es un criterio y es una opinión que merece para nosotros todo el respeto; pero hay algo que creo que no se puede discutir y es el derecho establecido por la Ley a ejercer la función que en este caso desempeñó el Instituto del Cine o la Comisión Revisora. ¿Se discute acaso ese derecho del Gobierno? ¿Tiene o no tiene derecho el Gobierno a ejercer esa función? Para nosotros, en este caso, lo fundamental es, ante todo, precisar si existía o no existía ese derecho por parte del Gobierno, se podrá discutir la cuestión del procedimiento, como se hizo; determinando si no fue amigable, si pudo haber sido mejor un procedimiento de tipo amistoso; se puede discutir hasta si fue justa o no justa la decisión. Pero hay algo que yo no creo que discuta nadie y es el derecho del Gobierno a ejercer esa función, porque si impugnamos ese derecho entonces significaría que el Gobierno no tiene derecho a revisar las películas que vayan a exhibirse ante el pueblo.

Y creo que ese es un derecho que no se discute. Hay además algo que todos comprendemos perfectamente: que entre las manifestaciones de tipo intelectual o artístico hay algunas que tienen una importancia en cuanto a la educación del pueblo o a la formación ideológica del pueblo, superior a otros tipos de manifestaciones artísticas. Y no creo que nadie pueda discutir que uno de esos medios fundamentales e importantísimos es el cine como lo es la televisión. Y, en realidad, ¿pudiera discutirse en medio de la Revolución el derecho que tiene el Gobierno a regular, revisar y fiscalizar las películas que se exhiban al pueblo? ¿Es acaso eso lo que se está discutiendo?

Y ¿se puede considerar como una limitación o una fórmula prohibitiva el derecho del Gobierno Revolucionario a fiscalizar esos medios de divulgación que tanta influencia tienen en el pueblo?

Si nosotros impugnáramos ese derecho del Gobierno Revolucionario estaríamos incurriendo en un problema de principios porque negar esa facultad al Gobierno Revolucionario sería negarle al Gobierno su función y su responsabilidad, sobre todo en medio de una lucha revolucionaria, de dirigir al pueblo y de dirigir a la Revolución; y a veces ha parecido que se impugnaba ese derecho del Gobierno y en realidad si se impugna ese derecho del Gobierno nosotros opinamos que el Gobierno tiene ese derecho. Y si tiene ese derecho puede hacer uso de ese derecho. Lo puede hacer equivocadamente, no pretendemos que el Gobierno sea infalible. El Gobierno actuando en ejercicio de un derecho o de una función que le corresponda no tiene que ser necesariamente infalible. Pero ¿quién es el que tiene tantas reservas con respecto al Gobierno, quién es el que tiene tantas dudas, quién es el que tiene tantas sospechas, con respecto al Gobierno Revolucionario y quién es el que desconfía tanto del Gobierno Revolucionario que aun cuando estime que está equivocada una decisión suya, encuentra un verdadero motivo de terror en pensar que el Gobierno pueda siempre equivocarse? No estoy afirmando ni mucho menos que el Gobierno se haya equivocado en esa decisión; lo que estoy afirmando es que el Gobierno actuaba en uso de un derecho. Trato de situarme en el lugar de los que trabajaron en esa película; trato de situarme en el ánimo de los que hicieron la película y trato de comprender incluso su pena, su disgusto, su dolor, de que la película no se hubiese exhibido. Cualquiera puede comprender eso perfectamente, pero hay que comprender que se actuó en uso de un derecho. Y que fue criterio que contó con el respaldo de compañeros competentes y compañeros responsables del Gobierno y que en realidad no hay razón fundada para desconfiar del espíritu de justicia y de equidad de los hombres del Gobierno Revolucionario porque el Gobierno Revolucionario no ha dado razones para que alguien pueda poner en duda su espíritu de justicia y de equidad.

No podemos pensar que seamos perfectos, incluso no podemos pensar que seamos ajenos a pasiones. Pudieran algunos señalar que determinados compañeros del Gobierno sean apasionados o no sean ajenos a pasiones; y los que tal cosa crean ¿pueden verdaderamente asegurar que ellos tampoco sean ajenos a pasiones?

Y ¿se le pueden impugnar actitudes de tipo personal a algunos compañeros sin aceptar que las opiniones propias puedan estar inspiradas también en actitudes de tipo personal? Aquí podríamos decir aquello de que quien se sienta perfecto o se sienta ajeno a las pasiones tire la primera piedra.

Creo que ha habido personalismo y pasión en la discusión. ¿En estas discusiones no ha habido personalismo y no ha habido pasión? ¿Es que todos vinieron acá absolutamente despojados de pasiones y de personalismos? ¿Es que todos, absolutamente, hemos venido despojados de espíritu de grupo? ¿Es que no ha habido corrientes y tendencias dentro de esta discusión? Eso no se puede negar. Si un niño de seis años hubiese estado sentado aquí, se habría dado cuenta también de las distintas corrientes y de los distintos puntos de vista y de las distintas pasiones que se estaban confrontando.

Los compañeros han dicho muchas cosas. Han dicho cosas interesantes. Algunos han dicho cosas brillantes. Todos han sido muy «eruditos». Pero por encima de todo ha habido una realidad, la realidad misma de la discusión y la libertad con que todos han podido expresarse y defender sus puntos de vista. La libertad con que todos han podido hablar y exponer aquí sus criterios en el seno de una reunión amplia y que ha sido más amplia cada día; de una reunión que nosotros consideramos como una reunión positiva; una reunión donde pudimos disipar toda una serie de dudas y de preocupaciones. ¿Y que ha habido querellas? ¿Quién lo duda? ¿Y que ha habido guerras y guerritas aquí entre los escritores y artistas? ¿Quién lo duda? ¿Y que ha habido críticas y supercríticas? ¿Quién lo duda? ¿Y que algunos compañeros han ensayado sus armas y han probado sus armas a costa de otros compañeros? ¿Quién lo duda?

Aquí han hablado los heridos, expresando su sentida queja contra lo que consideraron como ataques injustos. Afortunadamente no han pasado los cadáveres, sino los heridos. Incluso compañeros todavía convalecientes de las heridas recibidas. Y algunos de ellos presentaban como una evidente injusticia el que se les hubiese atacado con cañones de grueso calibre sin poder siquiera ripostar el fuego. ¿Que se han producido críticas duras? ¡Quién lo duda! Y en cierto sentido aquí se planteó un problema que no vamos a tener la pretensión de dilucidar en dos palabras. Pero creo que de las cosas que se plantearon aquí, una de las más correctas es que el espíritu de la crítica debía ser constructivo, debía ser positivo y no destructor. Eso, hasta lo que nosotros entendemos. Pero esto, por lo general, no se tiene en cuenta. Por algo la palabra crítica ha venido a hacerse sinónimo de ataque, cuando realmente no significa semejante cosa. Cuando a alguien dicen: «Fulano te criticó», ese alguien se enoja antes de preguntar qué es lo que realmente se dijo de él. Es decir: piensa que se le destruyó. Si, en realidad, a cualquiera de nosotros que hemos estado un poco ajenos a esos problemas o a esas luchas —a esos ensayos y pruebas de armas— nos explican el caso de algunos compañeros que casi han estado al borde de una depresión insalvable a causa de críticas demoledoras contra ellos dirigidas, es posible que simpaticemos con las víctimas porque tenemos tendencia a simpatizar con las víctimas. Nosotros que, sinceramente, sólo deseamos contribuir a la comprensión y a la unión de todos, hemos tratado de evitar palabras que pudieran herir o desalentar a nadie; pero es incuestionable un hecho: que pueden darse casos de esas luchas o controversias en que no existan igualdad de condiciones para todos. Eso, desde el punto de vista de la Revolución, no puede ser justo. La Revolución no le puede dar armas a unos contra otros. La Revolución no le debe dar armas a unos contra otros y nosotros creemos que los escritores y artistas deben tener todos oportunidad de manifestarse. Nosotros creemos que los escritores y artistas a través de su Asociación deben tener un magazine cultural, amplio, al que todos tengan acceso. ¿No les parece que eso sería una solución justa? Pero la Revolución no puede poner esos recursos en manos de un grupo; la Revolución puede y debe movilizar esos recursos de manera que puedan ser ampliamente utilizados por todos los escritores y artistas. Ustedes van a constituir pronto la Asociación de Artistas, van a concurrir a un Congreso. Ese Congreso debe celebrarse con espíritu verdaderamente constructivo y tenemos confianza en que ustedes son capaces de realizarlo con ese espíritu. De él surgirá una fuerte Asociación de Artistas y Escritores a donde deben acudir todos con espíritu verdaderamente constructivo; porque si alguien piensa que se le quiere eliminar; si alguien piensa que se le quiere ahogar, nosotros podremos asegurarle que está absolutamente equivocado.

Ya es hora de que ustedes, organizadamente contribuyan con todo su entusiasmo a las tareas que les corresponden en la Revolución y constituyan un organismo amplio, de todos los escritores y artistas.

No sé si en el congreso se discutirán las cuestiones aquí planteadas; pero sabemos que el congreso se va a reunir, y que sus trabajos, así como los que haya de realizar la Asociación de Escritores y Artistas, serán buen tema de conversación para nuestras próximas reuniones. Creemos que debemos volvernos a reunir; por lo menos nosotros no quisiéramos privarnos del placer y de la utilidad de estas reuniones, que para nosotros han constituido también un motivo de atención sobre todos estos problemas. Tenemos que volvernos a reunir. ¿Qué significa eso? Que tenemos que seguir discutiendo estos problemas. Es decir que va a haber algo que debe ser motivo de tranquilidad para todos y es conocer el interés que tiene el Gobierno por los problemas y al mismo tiempo la oportunidad que va a haber en el futuro, de discutir en asambleas amplias todas las cuestiones. Nos parece que esto debe ser un motivo de satisfacción para los escritores y para los artistas y con ello nosotros también seguiremos tomando información y adquiriendo mejores conocimientos.

El Consejo Nacional de Cultura debe tener también otro órgano de divulgación. Creo que eso va situando las cosas en su lugar. Y eso no se puede llamar cultura dirigida, ni asfixia al espíritu creador artístico. ¿Quién que tenga los cinco sentidos y además sea artista de verdad puede pensar que esto constituya asfixia del espíritu creador? La Revolución quiere que los artistas pongan el máximo esfuerzo en favor del pueblo. Quiere que pongan el máximo de interés y de esfuerzo en la obra revolucionaria. Y creemos que es una aspiración justa de la Revolución.

¿Quiere decir que vamos a decir aquí a la gente lo que tiene que escribir? No. Que cada cual escriba lo que quiera, y si lo que escribe no sirve, allá él. Si lo que pinta no sirve, allá él. Nosotros no le prohibimos a nadie que escriba sobre el tema que prefiera. Al contrario. Y que cada cual se exprese en la forma que estime pertinente y que exprese libremente la idea que desea expresar. Nosotros apreciaremos siempre su creación a través del prisma del cristal revolucionario. Ese también es un derecho del Gobierno Revolucionario, tan respetable como el derecho de cada cual a expresar lo que quiera expresar.

Hay una serie de medidas que se están tomando, algunas de las cuales hemos señalado. Para los que se preocupaban por el problema de la Imprenta Nacional, les informamos que se está considerando una ley que regula su funcionamiento, creando diferentes editoriales que atenderán las diversas necesidades de ediciones, subsanando las deficiencias existentes en la actualidad. Efectivamente, la Imprenta Nacional, organismo recién creado, que tuvo que surgir en condiciones de trabajo difíciles, porque tuvo que empezar a trabajar en un periódico que de repente se cerraba (y nosotros estuvimos presentes el día en que ese periódico se convirtió en el primer taller de impresión del país, con todos sus obreros y redactores) y que además ha tenido que atender a la publicación de obras de urgencia, como fueron numerosas de tipo militar, tiene deficiencias que serán subsanadas. No habrá ya que formular las quejas que se han expuesto, en esta reunión, acerca de la Imprenta Nacional. También se están tomando los acuerdos pertinentes a los efectos de adquirir libros, de adquirir material para el trabajo, es decir, resolver todos los problemas que han preocupado a los escritores y a los artistas y en lo cual el Consejo Nacional de Cultura ha insistido mucho; porque ustedes saben que en el Estado hay distintos departamentos y distintas instituciones y que dentro del Estado cada cual reclama y aspira a poder contar con los recursos necesarios para satisfacer sus aspiraciones y cumplir sus funciones cabalmente. Nosotros queremos señalar algunos aspectos en los cuales se ha avanzado ya y que debe ser motivo de aliento para todos nosotros, como ha sido el éxito alcanzado, por ejemplo, con la Orquesta Sinfónica, que ha sido reconstruida, reintegrada totalmente y que no solamente ha alcanzado niveles elevados en el orden artístico, sino también en el orden revolucionario, porque hay ya 50 miembros de la Orquesta Sinfónica que son milicianos.

El Ballet de Cuba también se ha reconstruido y acaba de hacer una jira por el extranjero donde cosechó la admiración y el reconocimiento de todos los países visitados.

Está teniendo éxito el Conjunto de Danza Moderna y ha recibido también elogios valiosísimos en Europa.

La Biblioteca Nacional por su parte está desarrollando una política en favor de la cultura, empeñada en despertar el interés del pueblo por la música, por la pintura. Ha constituido un departamento de pintura con el objeto de dar a conocer las obras al pueblo. Un departamento de música, un departamento juvenil; una sección, también, para niños.

Nosotros, poco antes de pasar a este Salón, estuvimos visitando el departamento de la Biblioteca Nacional, para niños: vimos el número de niños que ya están asociados, el trabajo que se está allí desarrollando y los adelantos que ha logrado la Biblioteca Nacional constituye un motivo para que el Gobierno le facilite los recursos que necesite para seguir desarrollando esa labor. La Imprenta Nacional es ya una realidad y con las nuevas formas de organización que se le van a dar es también una conquista de la Revolución que contribuirá extraordinariamente a la preparación del pueblo.

El Instituto del Cine es también una realidad. Durante toda esta primera etapa fundamentalmente se han hecho las inversiones necesarias para dotarlo de los equipos y materiales que necesita para trabajar. Al menos la Revolución ha establecido las bases de la Industria del Cine, lo cual constituye un gran esfuerzo, si se tiene en cuenta que no se trata de un país industrializado el nuestro y ha significado sacrificios la adquisición de todos esos equipos. Además si en cuanto al cine no hay más facilidades, esto no obedece a una política restrictiva del Gobierno sino sencillamente a la escasez de los recursos económicos actuales para crear un movimiento de aficionados que permita el desarrollo de todos los talentos en el cine y que será puesto en práctica cuando se pueda contar con esos recursos. La política en el Instituto del Cine por su parte será objeto de discusión y además de emulación entre los distintos equipos de trabajo. No se puede juzgar todavía en sí la labor del ICAIC. El Instituto del Cine no ha podido todavía disponer de tiempo para realizar una obra que pueda ser juzgada, pero ha trabajado y nosotros sabemos que una serie de sus documentales ha contribuido grandemente a divulgar en el extranjero la obra de la Revolución. Pero lo que interesa destacar es que las bases para la industria del cine ya están establecidas.

Se ha realizado también una labor de publicidad, conferencias, etc., de extensión cultural a través de los distintos organismos; pero, en fin, esto no es nada comparado con lo que puede hacerse y con lo que la Revolución aspira a desarrollar.

Hay todavía una serie de cuestiones por resolver que interesan a los escritores y artistas. Hay problemas de orden material, es decir, hay problemas de orden económico. No existen actualmente las condiciones de antes. Hoy no existe aquel pequeño sector privilegiado que adquiría las obras de los artistas, aunque a precios de miseria, por cierto, ya que más de un artista terminó en la indigencia y en el olvido. Quedan por encarar y resolver esos problemas, que debe resolver el Gobierno Revolucionario y que deben ser preocupación del Consejo Nacional de Cultura, así como también el problema de los artistas que ya no producen y están completamente desamparados, garantizándole al artista no sólo las condiciones materiales adecuadas, al presente, sino también la seguridad para el futuro. En cierto sentido ya con la reorganización que se le dio al Instituto de los Derechos Autorales se ha logrado mejorar considerablemente las condiciones de vida de una serie de autores que eran miserablemente explotados y cuyos derechos eran burlados. Estos cuentan hoy con ingresos que ha permitido a muchos salir de la situación de pobreza extrema en que se encontraban.

Son pasos que ha dado la Revolución; pero que no significan sino algunos pasos que deben preceder a otros pasos que habrán de crear mejores condiciones aún.

Hay la idea también de organizar algún sitio de descanso y de trabajo para los artistas y los escritores. En cierta ocasión, cuando andábamos peregrinando por todo el territorio nacional, se nos ocurrió la idea en un lugar muy hermoso, de Isla de Pinos, de construir un barrio, una aldea en medio de los pinares para premiar (en ese tiempo estábamos pensando establecer algún tipo de premio para los mejores escritores y artistas progresistas del mundo) y homenajear a los escritores y artistas. Ese proyecto no tomó cuerpo, pero puede ser revivido para hacer un reparto o una aldea en un remanso de paz que invite a descansar, que invite a escribir, y yo creo que bien vale la pena que los artistas, entre ellos los arquitectos, comiencen a dibujar y a concebir el lugar de descanso ideal para un escritor o un artista y a ver si se ponen de acuerdo en eso. El Gobierno Revolucionario está dispuesto a poner de su parte los recursos en alguna parte del presupuesto, ahora que todo se está planificando. Y ¿será la planificación una limitación impuesta al espíritu creador, por nosotros los revolucionarios? Porque, en cierto sentido, no se olviden que nosotros, los revolucionarios, un poco por la libre, nos vemos ahora ante la realidad de la planificación; y eso también nos plantea, a nosotros, un problema, porque hasta ahora hemos sido espíritus creadores de iniciativas revolucionarias y de inversiones también revolucionarias que ahora hay que planificar. Así que no vayan a creer que estamos exentos de los problemas y que desde nuestro punto de vista pudiéramos también protestar contra eso. Es decir, que ya se sabe lo que se va a hacer el año que viene, el otro año y el otro año. ¿Quién va a discutir que hay que planificar la economía? Pero dentro de esa planificación cabe el construir un sitio de descanso para los escritores y artistas, y verdaderamente sería una satisfacción que la Revolución pudiera contar esa realización entre sus obras.

Nosotros hemos estado aquí preocupados por la situación actual de los escritores y artistas. Nos hemos olvidado un poco de las perspectivas del futuro. Y nosotros, que no tenemos por qué quejarnos de ustedes, también hemos dedicado un instante a pensar en los artistas y en los escritores del futuro y pensamos lo que será si se vuelven a reunir, como deben volverse a reunir los hombres del Gobierno en el futuro, dentro de cinco, dentro de diez años —no quiere decir esto que tengamos que ser nosotros exactamente—, con los escritores y los artistas, cuando haya adquirido la cultura el extraordinario desarrollo que aspiramos a que alcance cuando salgan los primeros frutos del plan de academias y de escuelas que hay actualmente.

Mucho antes de que se plantearan estas cuestiones, ya venía el Gobierno Revolucionario preocupándose por la extensión de la cultura al pueblo. Nosotros hemos sido siempre muy optimistas. Creo que sin ser optimistas no se puede ser revolucionario, porque las dificultades que una Revolución tiene que vencer son muy serias y hay que ser optimista. Un pesimista nunca podría ser revolucionario.

La Revolución ha tenido sus etapas. La Revolución tuvo una etapa en que una serie de iniciativas dimanaban de distintos organismos. Hasta el INRA estaba realizando actividades de extensión cultural. No dejamos de chocar con el Teatro Nacional incluso, porque allí se estaba haciendo un trabajo y nosotros de repente estábamos haciendo otro por nuestra cuenta. Ya todo eso va encuadrándose dentro de una organización, y así, en nuestros planes con respecto a los campesinos de las cooperativas y de las granjas, surgió la idea de llevar la cultura al campo, a las granjas y a las cooperativas.

¿Cómo? Pues trayendo compañeros para convertirlos en instructores de música, de baile, de teatro. Los optimistas solamente podemos lanzar iniciativas de ese tipo. Pues ¿cómo despertar en el campesino la afición por el teatro, por ejemplo? ¿Dónde estaban los instructores? ¿De dónde los sacábamos, para enviarlos más tarde por ejemplo a 3 000 granjas del pueblo y a 600 cooperativas? Todo esto ofrece dificultades pero estoy seguro que todos ustedes estarán de acuerdo en que si se logra es positivo, sobre todo para comenzar a descubrir en el pueblo los talentos y convertir al pueblo actor en creador, porque en definitiva el pueblo es el gran creador. No debemos olvidar esto y no debemos olvidarnos tampoco de los miles y miles de talentos que se habrán perdido en nuestros campos y en nuestras ciudades por falta de condiciones y de oportunidades para desarrollarse. En nuestros campos, de eso estamos todos seguros, a menos que nosotros presumamos de ser los más inteligentes que hayan nacido en este país y empiezo por decir que no presumo de tal cosa, se han perdido muchos talentos. Muchas veces he puesto como ejemplo el hecho de que en el lugar donde yo nací entre unos mil niños fui el único que pudo estudiar una carrera universitaria, mal estudiada por cierto, sin librarme de atravesar por una serie de colegios de curas, etc., etc. Yo no quiero lanzar ningún anatema contra nadie, aunque sí digo que tengo el mismo derecho que tuvo alguien aquí a decir lo que quería. A quejarse. Yo tengo derecho a quejarme; alguien habló de que fue formado por la sociedad burguesa y yo puedo decir que fui formado por algo peor todavía; que fui formado por lo peor de la reacción, y que una buena parte de los años de mi vida se perdieron en el obscurantismo, en la superstición, y en la mentira.

Era la época aquella en que no lo enseñaban a uno a pensar sino que lo obligaban a creer. Creo que cuando al hombre se le pretende truncar la capacidad de pensar y razonar se le convierte de un ser humano en un animal domesticado... No me sublevo contra los sentimientos religiosos del hombre: respetamos esos sentimientos, respetamos el derecho del hombre a la libertad de creencia y de culto. Pero eso no quiere decir que el mío me lo hayan respetado. Yo no tuve ninguna libertad de creencia ni de culto sino que me impusieron una creencia y culto y me estuvieron domesticando durante doce años.

Naturalmente que tengo que hablar con un poco de queja de los años que yo pude haber empleado, en esa época en que en los jóvenes existe la mayor dosis de interés y de curiosidad por las cosas, en el estudio sistemático que me hubiera permitido adquirir esa cultura que los niños, hoy, de Cuba, van a tener ampliamente la oportunidad de adquirir.

Es decir, que a pesar de todo eso el único que pudo entre mil, sacar un título universitario tuvo que pasar por ese molino de piedra donde de milagro no lo trituraron a uno mentalmente para siempre. Así que el único entre mil tuvo que pasar por todo eso.

¿Por qué? Ah, porque era el único entre mil a quien le podían pagar el colegio privado para que estudiara. Ahora ¿por eso me voy a creer que yo era el más apto y el más inteligente entre los mil? Yo creo que somos un producto de selección, pero no tanto natural como social. Socialmente fui seleccionado para ir a la Universidad y socialmente estoy hablando aquí ahora por un proceso de selección social, no natural. La selección natural dejó en la ignorancia a quién sabe cuántas decenas de miles de jóvenes superiores a todos nosotros. Esa es una verdad. Y el que se crea artista tiene que pensar que por ahí se pueden haber quedado sin ser artistas muchos mejores que él. Si no admitimos esto estaremos fuera de la realidad. Nosotros somos privilegiados entre otras cosas porque no nacimos hijos del carretero. Lo antes expuesto demuestra la cantidad enorme de inteligencias que se han perdido sencillamente por falta de oportunidad. Vamos a llevar la oportunidad a todas esas inteligencias; vamos a crear las condiciones que permitan que todo talento artístico o literario o científico o de cualquier orden, pueda desarrollarse. Y piensen lo que significa la Revolución que tal cosa permita y que ya desde ahora mismo, desde el próximo curso, habrá alfabetizado a todo el pueblo, y con escuelas en todos los lugares de Cuba, con campañas de superación y con la formación de los instructores podrá conocer y descubrir todos los talentos y esto nada más que para empezar. Es que todos esos instructores, en el campo, sabrán qué niño tiene vocación e indicarán a qué niño hay que becar para llevarlo a la Academia Nacional de Arte, pero al mismo tiempo van a despertar el gusto artístico y la afición cultural en los adultos, y algunos ensayos que se han hecho demuestran la capacidad que tiene el campesino y el hombre del pueblo para asimilar las cuestiones artísticas, asimilar la cultura y ponerse inmediatamente a producir. Hay compañeros que han estado en algunas cooperativas que han logrado ya que las cooperativas tengan su grupo teatral. Además ha quedado demostrado recientemente con las representaciones dadas en distintos lugares de la República y los trabajos artísticos que realizaron los hombres y las mujeres del pueblo el interés del campesino por todas estas cosas. Calculen, pues, lo que significará cuando tengamos instructores, de teatro, de música, de danza en cada cooperativa y en cada granja del pueblo.

En el curso sólo de dos años podremos enviar mil instructores, de cada uno de esos; más de mil, para teatro, para danza y para música.

Se han organizado las Escuelas. Ya están funcionando e imagínense cuando hayan mil grupos de baile, de música y de teatro en toda la Isla, en el campo —no estamos hablando de la ciudad, en la ciudad resulta un poco más fácil— lo que eso significará en extensión cultural, porque han hablado aquí algunos de que es necesario elevar el nivel del pueblo, pero ¿cómo? El Gobierno Revolucionario se ha preocupado de eso y el Gobierno Revolucionario está creando esas condiciones para que dentro de algunos años la cultura, el nivel de preparación cultural del pueblo, se haya elevado extraordinariamente.

Hemos escogido esas tres ramas, pero se pueden seguir escogiendo otras ramas y se puede seguir trabajando para desarrollar la cultura en todos sus aspectos.

Ya esa Escuela está funcionando y los compañeros que trabajan en la Escuela están satisfechos del adelanto de ese grupo de futuros instructores, pero además, ya se empezó a construir la Academia Nacional de Arte, aparte de la Academia Nacional de Artes Manuales. Por cierto, Cuba va a poder contar con la más hermosa Academia de Artes de todo el mundo. ¿Por qué? Porque esa Academia va situada en uno de los repartos residenciales más hermosos del mundo, donde vivía la burguesía más lujosa de Cuba: en el mejor reparto de la burguesía más ostentosa y más lujosa y más inculta, dicho sea de paso, porque si en ninguna de esas casas faltaba un bar, sus habitantes no se preocupaban, salvo excepciones, de los problemas culturales. Vivían de una manera increíblemente lujosa y vale la pena darse una vuelta por allí para que vean cómo vivía esa gente; pero lo que no sabían es qué extraordinaria Academia de Arte estaban construyendo y eso es lo que quedará de lo que hicieron, porque los alumnos van a vivir en las casas que eran residencias de millonarios. No vivirán enclaustrados, vivirán como en un hogar y asistirán a las clases en la Academia; la Academia va a estar situada en el medio del Country Club, donde un grupo de arquitectos-artistas han diseñado las construcciones que se van a realizar. Ya empezaron, y tienen el compromiso de terminarlas para el mes de diciembre. Ya tenemos 300 mil pies de caoba. Las escuelas de música, danza, ballet, teatro y artes plásticas estarán en el medio del campo de golf, en una naturaleza que es un sueño. Ahí va a estar situada la Academia de Arte, con 60 residencias, situadas alrededor, con el Círculo Social al lado, que a su vez tiene comedores, salones, piscinas y también una planta para visitantes, donde los profesores extranjeros que vengan a ayudarnos podrán albergarse. Esta Academia tendrá capacidad hasta para tres mil niños, es decir, tres mil becados y con la aspiración de que comience a funcionar en el próximo curso.

E inmediatamente también comenzará a funcionar la Academia Nacional de Artes Manuales con otras residencias y con otro campo de golf y con otra construcción similar. Es decir serán las Academias de tipo nacional. No quiere decir que sean las únicas escuelas ni mucho menos, pero a ellas irán becados aquellos jóvenes que demuestren mayor capacidad, sin que cueste a su familia absolutamente nada, jóvenes y niños que van a contar con condiciones ideales para desarrollarse. Cualquiera quisiera ser un muchacho, ahora, para ingresar en una de esas Academias. ¿Es o no cierto? Aquí se habló de pintores que sólo vivían de café con leche. Imagínense qué condiciones tan distintas habrá ahora, y digamos si el espíritu creador encontrará ahora las condiciones ideales para desarrollarse. Instrucción, vivienda, alimentación, cultura general... Habrá niños que comenzarán a estudiar en esas escuelas desde la edad de ocho años, y recibirán, junto con la preparación artística, una cultura general... ¿No podrán desarrollar plenamente, allí, sus talentos y sus personalidades?...

Esas son más que ideas o sueños: son ya realidad de la Revolución. Los instructores que se están preparando, las Escuelas Nacionales que se están preparando, las Escuelas para aficionados que también se fundarán. Esto es lo que significa la Revolución... por eso es importante la Revolución para la cultura. ¿Cómo pudiéramos hacer esto sin Revolución? Vamos a suponer que nosotros tenemos el temor que «se nos marchite nuestro espíritu creador estrujado por las manos despóticas de la Revolución Staliniana» (RISAS)... señores ¿no sería mejor pensar en el futuro? ¿Vamos a pensar en que nuestras flores se marchiten cuando estamos sembrando flores en todas partes? ¿Cuando estamos forjando esos espíritus creadores del futuro? ¿Y quién no cambiaría el presente, quién no cambiaría incluso su propio presente por ese futuro? ¿Quién no cambiaría lo suyo, quién no sacrificaría lo suyo por ese futuro? y ¿quién que tenga sensibilidad artística no tiene la disposición del combatiente que muere en una batalla, sabiendo que él muere, que él deja de existir físicamente para abonar con su sangre el camino del triunfo de sus semejantes, de su pueblo? Piensen en el combatiente que muere peleando, sacrifica todo lo que tiene; sacrifica su vida, sacrifica su familia, sacrifica su esposa, sacrifica sus hijos ¿para qué? Para que podamos hacer todas estas cosas. Y ¿quién que tenga sensibilidad humana, sensibilidad artística, no piensa que por hacer eso vale la pena hacer los sacrificios que sean necesarios? Mas la Revolución no pide sacrificios de genios creadores; al contrario, la Revolución dice: pongan ese espíritu creador al servicio de esta obra, sin temor de que su obra salga trunca. Pero si algún día usted piensa que su obra pueda salir trunca, diga: bien vale la pena que mi obra personal quede trunca para hacer una obra como esta que tenemos delante. (APLAUSOS).

Pedimos al artista que desarrolle hasta el máximo su esfuerzo creador; queremos crearle al artista y al intelectual las condiciones ideales para su creación porque si estamos creando para el futuro ¿cómo no vamos a querer lo mejor para los actuales artistas e intelectuales? Estamos pidiendo el máximo desarrollo en favor de la cultura y muy precisamente en función de la Revolución, porque la Revolución significa, precisamente, más cultura y más arte.

Pedimos que los intelectuales y artistas pongan su granito de arena en esa obra que al fin y al cabo será una obra de esta generación. La generación venidera será mejor que la nuestra, pero nosotros seremos los que habremos hecho posible esa generación mejor. Nosotros seremos forjadores de esa generación futura. Nosotros, los de esta generación sin edades en la que cabemos todos: tanto los barbudos como los lampiños, los que tienen abundante cabellera o no tienen ninguna o la tienen blanca. Esta es la obra de todos nosotros. Vamos a librar una guerra contra la incultura. Vamos a librar una batalla contra la incultura. Vamos a desatar una irreconciliable querella contra la incultura y vamos a batirnos contra ella y vamos a ensayar nuestras armas. ¿Que alguno no quiera colaborar? Y ¿qué mayor castigo que privarse de la satisfacción de lo que están haciendo otros? Nosotros hablábamos de que éramos privilegiados. ¡Ah!, porque habíamos aprendido a leer y a escribir en una escuela, a ir a un instituto, a ir a una universidad, o por lo menos a adquirir, los rudimentos de instrucción suficiente para poder hacer algo, y ¿no podemos llamarnos privilegiados por estar viviendo en medio de una Revolución? ¿Es que acaso no nos dedicábamos con extraordinario interés a leer acerca de las revoluciones? Y ¿quién no leyó con verdadera sed las historias de la Revolución Francesa o las historias de la Revolución Rusa? ¿Quién no soñó alguna vez en haber sido testigo presencial de aquellas revoluciones? A mí por ejemplo me pasaba algo: cuando leía algo acerca de la Guerra de Independencia sentía no haber nacido en aquella época y me sentía apenado de no haber sido un luchador por la independencia y no haber vivido aquella gesta, porque todos nosotros hemos leído las crónicas de nuestra Guerra de Independencia con verdadera pasión. Y envidiábamos a los intelectuales y a los artistas y a los guerreros y a los luchadores y a los jefes de aquella época. Sin embargo nos ha tocado el privilegio de vivir y ser testigos presenciales de una auténtica Revolución, de una Revolución cuya fuerza es ya una fuerza que se desarrolla, fuera de las fronteras de nuestro País, cuya influencia política y moral está haciendo estremecerse y tambalearse el Imperialismo en este continente (APLAUSOS), por lo que la Revolución Cubana se convierte en el acontecimiento más importante de este siglo para la América Latina, en el acontecimiento más importante después de las guerras de Independencia del siglo xix; verdadera era nueva de redención del hombre porque, ¿qué fueron aquellas guerras de Independencia sino la sustitución del dominio colonial por el dominio de las clases dominantes y explotadoras en todos esos países?

Y nos ha tocado vivir un gran acontecimiento histórico. Se puede decir que el segundo gran acontecimiento histórico ocurrido en los últimos tres siglos en la América Latina, del cual los cubanos hemos sido actores sabiendo que mientras más trabajemos más será la Revolución como una llama inapagable y más estará llamada a desempeñar un papel histórico trascendental. Y ustedes, escritores y artistas, han tenido el privilegio de ser testigos presenciales de esta Revolución, cuando una Revolución es un acontecimiento tan importante en la historia humana que bien vale la pena vivir una Revolución aunque sea sólo para ser testigo de ella.

Ese también es un privilegio. Por ello, los que no son capaces de comprender estas cosas, los que se dejan engañar, los que se dejan confundir, los que se dejan atolondrar por la mentira, son quienes renuncian a la Revolución. ¿Qué decir de los que han renunciado a ella y cómo pensar de ellos, sino con pena? ¿Abandonar este país, en plena efervescencia revolucionaria para ir a sumergirse en las entrañas del Monstruo Imperialista donde no puede tener vida ninguna expresión del espíritu? Y han abandonado la Revolución para ir allá. Han preferido ser prófugos y desertores de su Patria a ser aunque no fuera más que espectadores. Y ustedes tienen la oportunidad de ser más que espectadores, de ser actores de esa Revolución, de escribir sobre ella, de expresarse sobre ella. Y las generaciones venideras, ¿qué le pedirán a ustedes? Podrán realizar magníficas obras artísticas desde el punto de vista técnico, pero si a un hombre de la generación venidera, a un hombre de dentro de 100 años le dicen que un escritor, un intelectual de esta época vivió en la época de la Revolución fuera de ella y no expresó la Revolución y no fue parte de la Revolución, será difícil que lo comprenda, cuando en los años venideros habrá tantos y tantos que quieran pintar la Revolución y quieran escribir sobre la Revolución y quieran expresarse sobre la Revolución, recopilando datos e informaciones para saber cómo fue, qué pasó, cómo vivíamos... En días recientes nosotros tuvimos la experiencia de encontrarnos con una anciana de 106 años que había acabado de aprender a leer y escribir y nosotros le propusimos que escribiera un libro. Había sido esclava y nosotros queríamos saber cómo un esclavo vio el mundo cuando era esclavo, cuáles fueron sus primeras impresiones de la vida, de sus amos, de sus compañeros. Creo que esta vieja puede escribir una cosa tan interesante como ninguno de nosotros podríamos escribirla sobre su época y es posible que en un año se alfabetice y además escriba un libro a los 106 años. ¡Esas son las cosas de las revoluciones! ¿Quién puede escribir mejor que ella lo que vivió el esclavo y quién puede escribir mejor que ustedes el presente? Y ¿cuánta gente empezará a escribir en el futuro sin vivir esto, a distancia, recogiendo escritos? Por otra parte no nos apresuramos a juzgar la obra nuestra que ya tendremos jueces de sobra. A lo que hay que temerle no es a ese supuesto juez autoritario, verdugo de la cultura, imaginario, que hemos elaborado aquí. ¡Teman a otros jueces mucho más temibles, teman a los jueces de la posteridad, teman a las generaciones futuras que serán, al fin y al cabo, las encargadas de decir la última palabra!

Fidel Castro Ruz

Tomado de http://www.min.cult.cu/historia/palabrasalosintelectuales.html

Gentileza de Luis D. Gutiérrez Espinoza (Perú)

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