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Reflexiones que atañen no solo a los intelectuales cubanos, Gentileza de Luis D. Gutiérrez Espinoza (Perú) |
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Parte
Uno En
los textos que siguen se ha respetado lo dicho por cada cual. Ojalà
puedan llegar a todos, al albañil o al mecánico, al recogedor de basura
o al sepulturero. Y a los intelectuales desde luego que no gozan o no
pueden gozar del privilegio de un correo electronico personal en Cuba. Que
todos son de dignos oficios y tan cubanos como el que más. Preocupaciones
compartidas
El viernes 7 de enero, y en un
horario casi estelar, en el programa Impronta
del canal Cubavisión, dedicado, como indica su título, a aquellos
creadores que han dejado una “impronta” en la cultura nacional, tanto
en las artes como en la ciencia y el deporte, se presentó uno dedicado a
la exaltación mediática de Luis Pavón Tamayo. Fotos con altos
dirigentes del país, portadas de sus escasos libros, paneo sobre una
multitud ostentosa de medallas, y una entrevista acerca de su presente, de
la labor que realiza en la
actualidad. Con voz casi inaudible y manos vacilantes, el televidente creyó
oír que “asesoraba” no supo bien qué institución o qué editorial.
Terminada la emisión de este
programa, la inmensa ciudad de sus víctimas, cientos de ellas felizmente
todavía vivientes, comenzaron a llamarse por teléfono horrorizadas de
que la actual Televisión Cubana, más de treinta años después de
aquellos oprobiosos acontecimientos, dirigidos por el hoy inmaculado Luis
Pavón Tamayo, dedicara parte de su precioso tiempo y espacio a uno de los
personajes más execrables, incluidos los tiempos coloniales y
neocoloniales, de la historia de la cultura cubana.
Allí estaba, sin duda, quien
durante cinco largos y estériles años, presidió la institución rectora
de nuestra cultura, desde su alta torre del palacio del Segundo Cabo,
frente a la Plaza de Armas. Allí estaba hablando como si nada hubiera
ocurrido, lavado por arte del ocultamiento, de toda responsabilidad con su
conducta de aquellos años. Ni el texto encomiástico que un locutor leía,
en el que las víctimas televidentes se enteraron por primera vez de su
importancia como poeta, ni
las incoherencias musitadas del entrevistado realizaron alguna referencia,
ni por un segundo, al pasado ominoso de quien presidió durante esos cinco
años el Consejo Nacional de Cultura.
Es decir que todos habían
tomado el agua del Leteo, que
da el olvido, y que esperaban que las víctimas, por el contrario,
recordaran a su verdugo. Alli estaba, vestido de blanco, el gran
parametrador de importantes artistas, ahora si de verdad, el que los
persiguió y expulsó de sus trabajos, el que los llevó ante los
tribunales laborales, los despojó de sus salarios y de sus puestos, quien
los condenó al ostracismo y al vilipendio social,
quien pobló sus sueños con las más atroces pesadillas, el que
anuló la danza nacional, mutiló funciones del guiñol, quien llevó al
exilio a artistas dispuestos a trabajar en su país y dentro de su
cultura, quien persiguió a pintores y escultores despojándolos de sus cátedras
y de la posibilidad de exponer sus obras, el gran censor de músicos y
trovadores, allí estaba quien enseñó a los artistas cubanos un
ejercicio apenas practicado en nuestra historia, el de la autocensura,
inventor y propiciador de la mediocridad que llenó todo su período con
obras que hoy felizmente a nadie le interesa recordar, sabiduría crítica
que los dirigentes de la televisión y sus responsables ideológicos no
han sabido imitar.
Allí estaba alguien que, con
una vocecita en apariencia inofensiva, creó e inculcó en el trabajo
cultural, como observa con justicia Desiderio Navarro: “estilos y
mecanismos de dirección que ha costado décadas erradicar”.
Estos hechos históricos,
escamoteados por decisión de alguien, sin embargo debieron ser conocidos
por los televidentes -- las víctimas los conocen en carne propia--,
principalmente las nuevas generaciones que carecen de información sobre
tal período. Así la impronta de Luis Pavón Tamayo en la cultura
nacional podría ser juzgada con justicia por todos.
Por supuesto no es el único
cadáver insepulto que la Televisión Cubana trata de poner en circulación,
sin que se sepa hasta hoy con justeza el porqué. Hace poco las víctimas
de Jorge Serguera, antiguo Presidente del ICRT, lo vieron gesticular entre
las velas de una especie de capilla ardiente, sin que se le moviera un músculo
de la cara, sobre sus años de dirigente persecutor. Este tampoco pidió
excusas, y muy por el contrario exclamó envanecido que no se “arrepentía
de nada”. Sus víctimas, en otro sentido, tampoco tienen nada de que
arrepentirse. No obstante estos dos insepultos no son los únicos. Hace
unos meses en un programa del Canal 2, Diálogo
abierto, por igual en horas de alta audiencia, fue entrevistado uno de
los ranchadores de la administración de Pavón, Armando Quesada, a quien
encargó que se ocupara con esmero de “limpiar” el movimiento teatral
cubano. Así lo hizo, claro, por el tiempo en que su mayoral estuvo en el
poder.
La única “medalla”
que se le puede acreditar a Luis Pavón Tamayo no figura en la
vanidosa colección que las cámaras, desplazadas hasta su propia
casa, con luminotécnicos y maquillistas acompañantes, tomaron inclinadas
sobre una mesa dispuesta como para una puesta teatral. Esta
"medalla” es la que se ganó en justa lid cuando el Tribunal
Supremo fallara en su contra por “abuso de poder”
y por medidas “inconstitucionales” contra los trabajadores de
la cultura. Es su mayor mérito, y el más original:
es casi el único dirigente de la Revolución que lo ha obtenido.
Ahí están las Gacetas Oficiales con los diversos fallos, varios en
total, que provocaron, en gran medida, su destitución.
Quizá para un filósofo
determinista, Pavón no es responsable absoluto de sus acciones al frente
del Consejo. Es en cierta y oscura medida una víctima posterior
del pavonato, que él mismo instrumentó. En tal observación se
encuentra una parte de verdad. Como en la teología católica las
estrellas inclinan pero no fuerzan el albedrío, en las modernas doctrinas
sociales las circunstancias, el complicado tejido de la sociedad
de una época, inclinan también, como nuevas estrellas terrenales,
pero no fuerzan el albedrío. De acuerdo con la libertad humana, aún en
las condiciones más férreas, puede el hombre negarse, discutir, proponer
soluciones diversas, influir, o al menos no excederse en la violencia. Tal
vez el hecho de que Pavón se excediera, propicia en sus víctimas
explicaciones ya de carácter sicológico.
Hay deseos, placeres, fobias, envidias que contaminan cualquier
decisión en apariencia imposible de no cumplir.
Cuando comenzó la
rehabilitación de los artistas y escritores que Luis Pavón Tamayo intentó
aniquilar para siempre, y la política cultural entró en el período de
las revolucionarias rectificaciones, y las víctimas del pavonato fueron
reconocidas en su valor como creadores, el viejo Ex-presidente se acercó
a uno de sus amigos para advertirle, con parecidas palabras a éstas, no
te comprometas demasiado con esos que ahora son Premios nacionales, pronto
a todo esto se le dará marcha atrás. Extraño pensamiento en un marxista
declarado: concebir el tiempo histórico como un eterno retorno.
Antón
Arrufat. Querido
Abelardo, quizás estés informado del movimiento que se ha formado en
repudio al programa Impronta del viernes pasado, dedicado a exaltar a Luis
Pavón soslayando su pasado por el consejo nacional de cultura y cuanto de
terrible significó para la cultura cubana, las vidas de sus
protagonistas, incluidas las muertes de algunos y el exilio de muchos.
Estamos promoviendo una adhesión a la protesta. En el dossier que te envío
incluyo la mayor cantidad de información. Estará en la mesa ministerial,
en una reunión que cinco de nosotros tendremos con el ministro mañana
martes. Será una primera, para encausar mejor el asunto. Se han adherido
ya casi todos los premios nacionales y no deben quedar fuera los de
teatro, quienes más sufrieron las andanadas del pavonato. En
este dossier faltan mensajes, recepcionados por Desiderio, o Arango, o
Jorge Ángel. Te incluyo lo que poseo. Entre hoy y mañana tendremos el
conjunto, donde te pido que esté tu adhesión si lo consideras
pertinente. Un Abrazo, Reynaldo González -------------------------------- Queridos
amigos: Envío esta propuesta sólo a ustedes cuatro. Me parece que, dada
la enérgica reacción de tantos escritores y artistas cubanos contra la
aparición en pantalla de Pavón, Serguera y, ahora me entero, Quesada,
estamos en condiciones de solicitar a la UNEAC que exija al ICRT una
disculpa pública sobre lo acontecido. Creo que hay razones y fuerzas para
intentarlo. No pienso que la disculpa se haga, pero sería una manera de
presionar más. Abrazos ----------------- Y,
además de lo de Quesada, de lo que yo también me entero ahora, hubo hace
unos dos o tres meses, todo un programa del Canal Educativo dedicado
exclusivamente a exaltar la trascendental importancia del Congreso
Nacional de Educación y Cultura para la cultura cubana, pero lo vi sólo
como una solitaria golondrina, indignante pero aislada. Ahora veo que no. Un
abrazo, Desiderio LLAMADA
DE MIGUEL BARNET A REYNALDO: Se
adhiere al repudio al programa exaltando la figura de Pavón, que
considera un error político, además de cultural. ---------- Respuesta
de Reynaldo: Cualquiera
diría que al refrescar la imagen nada constructiva de Luis Pavón se
trata de una reivindicación de sus ímprobas bondades. No creo que sea
pura coincidencia. Existe una tendencia en pensar que las víctimas de un
atropello --en este caso un error histórico, aunque la palabra se haya
banalizado-- aumentan el crimen padecido. Se ve así desde los que
cometieron el crimen y desde el silencio de indolentes acuñados en sus
posiciones. Ocurre con el holoacusto de los hebreos por el nazismo. Al
homenajear al culpable --directo o instrumentalizado-- de un error enorme,
de los que no se curan con timonazos, se está sancionando favorablemente
sus hechos, su culpa. La televisión y sus responsables --los que
residen en L y 23 y los distantes-- han dado un paso alevoso, despectivo
hacia el padecimiento de los protagonistas de la cultura cubana que fueron
sumergidos en el desprecio y condenados al ostracismo en un período cuyas
torceduras todavía no se han curado. Se silencia la voz de los ofendidos
y se le devuelve la voz a la cara mostrable de los hechos. Su reivindicación
es nuestro escarnecimiento. Tienes razón, Jorge Ángel, en todo eso hay
algo más que torpeza e insensibilidad, o inadvertencia. ¿Demoraremos en
ver a Carlos Aldana nuevamente dictando "orientaciones" a "las
partes blandas de la sociedad"? ¿Vuelven "los duros"? ¿Cuántos
creadores de verdad, que aportan a la cultura cubana, no han sido
reconocidos todavía por la televisión mientras reciclan sus
"protagonistas", sacados de un troquel tiránico, siempre
agazapados a la espera del turno del revanchismo? ¿Es la televisión un
ente aparte de la cultura cubana? Te
autorizo a utilizar estas opiniones, Reynaldo González ----------- Sent:
Saturday, January 06, 2007 1:43 PM Subject:
ESTRATEGIAS NO
SE PUEDE AGUANTAR. PERO LA PASIVIDAD
Y LA QUEjA SON MALAS CONSEJERAS Y ALIMENTAN EL OLVIDO. SI NOS QUEDAMOS
CALLADOS EL ASUNTO QUEDA COMO HECHO CONSUMADO, GLORIFICACIÓN CONSUMADA 1.
BUSCAR EL DOCUMENTO DE LA GACETA DE CUBA EN QUE SE DICE QUE PAVÓN COMETIO
ABUSO DE PODER. SE TRATA DE LA RESOLUCIÓN QUE CONCLUÍA EL ASUNTO DE LOS
TEATRISTAS EXPULSADOS. NO LO TENGO, PERO ALGUIEN LO HABRÁ GUARDADO ¿Dice
algo la UNEAC? ¿Hablará el Ministerio (el nuestro)? Desiderio:
Esta mañana te reenvié el breve correo de alerta que circuló Jorge Ángel
Pérez porque estaba seguro de que reaccionarías con tanto enojo como
lucidez al desconcierto que él planteaba. Concuerdo plenamente con tu análisis
y, como a ti, me cuesta creer en las casualidades. Aunque sea obra de un
aparente azar, la presencia en la televisión cubana, a pocos días de
diferencia, de Jorge Serguera y Luis Pavón Tamayo debe ser interpretada
como un síntoma, y cometeríamos el gravísimo error del silencio si no
realizamos, de inmediato y por cualquier vía, la labor simultánea
de denuncia y análisis. Porque la denuncia sin que se piense a
fondo, como tú haces, ese pasado cuyas cicatrices aún perviven en
la cultura cubana, puede ser inútil, como lo sería también el
pensamiento neutro, que no sitúe posiciones y enfrente perspectivas. Ambas
vertientes, la derecha beligerante y la pasiva o pragmática, pueden
ser un terreno propicio para el resurgimiento no ya de figuras cuyo
capital político, incluso por razones de edad, está muy desgastado, sino
de un tipo de pensamiento que persiste en nuestra cultura. Gracias
por la provocación. Me gustaría que, de inmediato, este mensaje tuyo
desencadenara una reacción realmente productiva, donde se debatan asuntos
más interesantes que el número de velas en un set televisivo. Con
un abrazo, Arturo
Arango Reynaldo
envía a Desiderio: Querido,
sé que puede resultar diverso, pero desearía que muchos se
sensibilizaran para hacer notar un error. No más, pero en grande. Y
pienso que uniendo ideas y expresiones de tu carta, de la reflexión de
Arango y de mi breve respuesta a Jorge Ángel, pudiéramos armar un
documento, recabar firmas y entregarlo al ICRT y a nuestras fuentes
gestoras. Dime algo sobre esto. Reynaldo ----------- Mensaje
de Jorge Ángel: Rey,
sigo conectado con esta historia y creo que no debemos dejarlo de la mano,
los días pueden seguir pasando y en unos días tendremos a Ana lasalle
como Premio Nac de TV y luego, a Aldana de presidente del ICRT Un
abrazo --- Mensaje
de Desiderio y respuesta de Reynaldo: Querido
Rey: Puedes
contar conmigo para la elaboración colectiva de ese documento, pero me
parece que deberíamos esperar otras reacciones como las de nosotros
tres en las próximas horas o días, que podrían revelar otros ángulos
del problema y enriquecer mucho ese documento (y, de paso, darnos un índice
de la sensibilidad y actitudes actuales de la intelectualidad al
respecto). Te hablo de "días", porque tengo en cuenta que
muchas personas sólo tienen acceso al correo electrónico desde su centro
de trabajo, o sea, a partir del lunes. ¿Estás
de acuerdo, o crees que hay razones para apresurarse? Un
abrazo Desiderio Reynaldo: Hasta
mañana. Rey -------------------------- Querido
Jorge Ángel: ¿De
verdad que alguien ha convocado en televisión, de cuerpo presente, al
fantasma de Luis Pavón, mano verduga del peor periodo que ha
atravesado la cultura de este país? Si fuera hoy el día de los
Santos Inocentes no me hubiera extrañado recibir esta
noticia, inconcebible por más de una razón: no se puede entender esta
exhumación en el medio de comunicación más influyente y masivo -lisonja
ha recibido, dices- tras tantos congresos, encuentros públicos, y
todo tipo de reuniones a todas luces oficiales que han examinado aquellos
oscuros días y han enjuiciado muy negativamente su dirigencia. Queda
claro que el ICRT -sobre todo la instancia política que vigila y
a la larga diseña sus programaciones- no recuerda aquella larga
estación, el pavonato, como lo que fue, una durable vergüenza que abrió
heridas no restañadas todavía, si es que son restañables. En
los años que vinieron después no se volvió a escuchar aquel
nombre sino para deplorar públicamente su gestión al frente del Consejo
Nacional de Cultura y así lo evocan con frecuencia siempre que
pueden muchos de los que sufrieron el silencio obligado, el
no existir, la acusación de éste u otro estigma y a quienes Pavón y sus
colaboradores dedicaron variadas formas de humillación. Se trata de un
tema delicado del que nadie debe hablar por boca de ganso y yo no lo haré,
por supuesto. Creo que a algunos de los hoy respetados escritores y
artistas que han recibido Premios Nacionales en los últimos diez o veinte
años les toca opinar sobre la nueva resurrección de su
victimario. Podría esta inesperada aparición abrir un nuevo diálogo,
ojalá que manteniendo a raya extremos y rencores. A nosotros, que no
vivimos el pavonato en sí, que recibimos apenas ramalazos
de su agónica resaca, nos tocaría escuchar, prestar atención y atar
cabos. A propósito, ¿viste tú el programa? Sigfredo
Ariel ----------------- Escribe
Amir, Valle creo que a Desiderio: En
octubre del 2005 dije en la Feria de Frankfurt que desde hacía un par de
años la intelectualidad cubana estaba observando un regreso sigiloso a
los tristes años grises (que no fueron un quinquenio, bien se sabe ya).
Un periodista preguntó: ¿y qué han hecho los intelectuales? Me hice un
jubo para no responder esa pregunta porque la realidad arrastra hacia ese
silencio al que se refiere Desiderio y que, en unos casos, es puro
conformismo; en otros, puro miedo; y en unos cuantos, oportunismo de la
peor clase y hasta complicidad. Hoy, por desgracia, y bien lo sabemos
todos, hay unos cuantos Pavones operando en la cultura nacional. Ojalá,
como bien dice Arturo, este escándalillo trascienda, haga reflexionar y
plantee un espacio abierto (y libre, sobre todo) donde se puedan
esclarecer muchas cosas que han sucedido en nuestra Cultura (especialmente
en la última década), cosas que, por cierto, no han tenido ni siquiera
la debida reflexión intelectual por quienes debíamos hacerlo (y otra vez
la reflexión y la crítica, cuando tuvo lugar, se hizo desde la
sombra). Espero
que allí, en ese debate, dejemos de usar eufemismos, palabritas
bonitas y frasecillas intelectualoides que complican la necesaria
claridad y aprendamos a llamar a las cosas por su nombre. Muchas pruebas
hay ya de que los llamados "errores" no fueron tales, pues
respondieron a una estrategia de poder bien trazada para mantener a raya a
una intelectualidad que, espero recordemos todos, tuvo un papel esencial
en los más importantes movimientos revolucionarios del siglo XX y desde
1959 (a cocotazos) fue perdiendo su real protagonismo, incluso, a nivel de
generación de un pensamiento social independiente y plural. Como
espero llegue el momento de que no se intente librar de culpa, "pasar
la mano", o "echar agua al dominó" a quien haya sido
culpable de aquellos desastres y de muchos que se han cometido (y aún se
cometen), y esa culpa, lo dejo bien claro, empieza en Fidel y llega hasta
esos muchos Pavones que hoy conocemos. Eso, entre otras muchas razones que
deben dilucidarse, hablando claro y sin medias tintas. Amir
Valle ----------- La
cosa está caliente... De verdad, creo que no se debe uno permitir el
silencio ante esas cosas. Aplaudo de corazón a Desiderio Navarro y a
todos los que honestamente ponen su nombre al dar sus palabras. No
viví en la televisión ni recuerdo "El quinquenio gris", pero
lo que me han contado es suficiente: tantas voces inteligentes no pueden
estar equivocadas al mismo tiempo y sobre un mismo tema. Un
abrazo Marcos
García el
hijo de Teresa ----------------- AMIGO
QUERIDO: TU Y YO SIEMPRE EN FRECUENCIA. QUÉ DISPARATE LO DEL LUIS PAVON
EN LA TV. ¡CUÁNTAS HERIDAS DE NUEVO ABIERTAS ANTE ESA IMAGEN
DEPLORABLE.! HAY RAZÓN. LO DE ALFREDITO ES DE NIÑO DE TETA COMPARADO CON
LO QUE PUDIMOS VER. ADMIRO TU VALENTÍA POLÍTICA AL PERMITIR QUE JORGE
ANGEL DIVULGUE TU COMENTARIO. TE QUIERO MUCHO, MUCHO, MUCHO CIRA Hay
que leer también esta señal, y acompañar a Fernando en sus empeños.
Acompañarlo como él siempre ha querido que sean las compañías
intelectuales: atendiéndolo y discrepando con él, escuchándolo y
discutiéndolo. Y si todo ello ocurre frente a una botella (no de agua),
mucho mejor. Arturo
Arango ------------------ un
beso, Zenaida ---------- Reynaldo,
he puesto a circular las opiniones que me enviaste. Me parece que el
silencio aquí resulta demasiado peligroso. Aunque no creo que tales
hechos respondan a una "estrategia", sí pienso que hay quienes
consideran llegado el momento de revivir, por otras vías y tal vez con
otros protagonistas, aquellos métodos. Tenemos suficiente inteligencia y autoridad
moral e intelectual, cimentada en un compromiso inviolable con las
esencias de la nación, para evitar un renacimiento de tales prácticas.
Repito, no creo que la presencia en TV de Serguera y Pavón responda a una
estrategia de la dirección política o cultural del país, pero si no detenemos
estas manifestaciones, la unidad, que con tanto cuidado,
sacrificio personal y entrega hemos logrado en estos años, puede
naufragar y una pérdida de esa naturaleza, en estos momentos, sí sería
irreversible. un
abrazo Waldo Tienes
razón Waldo. Y algo haremos, con prontitud, para ponerlo en manos de
quienes dirigen la cultura desde el ministerio correspondiente y desde el
Partido. El montaje de la "entrevista" fue muy elaborado, las imágenes,
que como se ha dicho, "dicen más que mil palabras", colocaban a
Pavón en un altar patriótico. Quienes orquestaron esto quizás pasan por
alto los sufrimientos, las desapariciones, el horror de un período cruel,
ensañado, que no se ha ventilado en su virulencia y en sus
consecuencias ulteriores. Cada cual ve la feria como le fue en ella.
Siempre he pensado que Pavón cumplió órdenes, pero con un placer de
torturador nazi, en el afán de situarse como "poeta" --ya
conocemos a otro "poeta", Aldana, quien nos vio y trató
como a blandengues y manejables, y que fue demasiado lejos--, y otros, de
aquella época, incluidos los que ahora, con la misma furia, desde la otra
orilla agreden a la revolución y no cesan en demeritarla. Pudiéramos
sacar cuentas de cuántos de los privilegiados de la época aldánica o
del pavonato están hoy en la trinchera opuesta: sencillamente, los más
connotados. Lo que ahora ocurre es un ultraje a la memoria de Virgilio Piñera
y Lezama Lima y otros que murieron sin ser reivindicados. Véanse las
fechas, algo que echa abajo la teoría de un período breve. El
reconocimiento a este hombre, que ahora como la vieja dama de la
pieza teatral "enseña sus medallas", ha soslayado, con un truco
demasiado explícito, el período en que él manicheó como un
dictadorzuelo colonial la cultura cubana y los destinos de sus hacedores.
Las fotos en que se exhibe con los líderes de la revolución se han
puesto como una rehabilitación, una sacralización. A él, que a tantos
demonizó. Aceptarlo es padecer una vez más el escarnio. Ha sido, por la
latencia de esta posibilidad, quizás como gato escaldado, que
durante años he alegado por una revisión ecuánime y fuerte de lo
sucedido en aquellos años negros y su secuela. No quiero pensar que la
ocasión regrese. Y creo que rápidamente debemos impedirlo. La
insensibilidad e insolencia con que el ICRT, siguiendo mecanismos de la época
comercial --Guastela, Sabatés, Crusellas--, que siguen siendo sus
patrones formales en cuanto al manejo de las inteligencias --con cuanto de
banalización de ideas fundamentales arrastra el método--, lleva
demasiado lejos sus compromisos, de la clase que sean. Evidentemente, no
son los compromisos y las ideas de la actual política cultural. Debo
entenderlo como intento de revivir la más nefasta época que ha vivido la
cultura cubana. Me
alegra tenerte firme en estos momentos. Abrazos,
Reynaldo. ---------------- Por
supuesto, querido, vi, con estos ojitos que la tierra tragará, el
programa Impronta donde aparecía ese viejo que nadie podía podría
pensar, si miraba su figurita, había dejado alguna impronta. Y como
sabemos si dejo huella, pero aciaga. Coincido contigo en que son los
premios nacionales o quienes sufrieron del Pavo-Nato los que deben poner
la gran piedra, testificar, exigir, pero no creo, Sigfre, que debamos ser
solo espectadores, en todo caso observadores críticos o para seguir en la
televisión, espectadores. Es cierto, como dices, que no vivimos esos años,
pero tu, yo, y muchos otros de nuestra generación, sabemos, como bien me
dices, lo terrible que para ellos fue pero también lo que sería para
todos otro Pavón. Un
beso Jorge
Ángel ----- Estoy
de acuerdo con la respuesta que le das a Sigfredo. Hoy mismo me llamó
Rebeca Chávez. Piensa que esto implica a toda la cultura, incluidos los
cineastas y todos. Me escribió Zenaida Castro Romeu, y Cira Romero. Y
considero que tienen razón. Encabezaremos los premios nacionales,
ofendidos o no, con los que se quieran unir. Y todos. Pero ahora, con la
citación para el martes, de Abel y Carlos Martí, me preocupa que nos
quieran parar la jaca. Cualquier cosa que hiciéramos, no tendría el
alcance multitudinario de la tv. Debemos dejar constancia, alguna vez, de
que ese mal llamado quinquenio gris fue un cáncer. La operación ha sido
buena, pero no se ha divulgado directamente y por eso ocurren estos
atrevimientos. Una parte de la cultura, y de la para-cultura, y de otras
disciplinas, no tienen una comprensión del verdadero drama, del corte al
sesgo que se le dio a la vida cultural, terreno donde las cosas no se
subsanan con decretos, con los cuales sí se les hizo enorme daño. Estas
cosas debemos dejarlas muy bien sentadas en la reunión del martes y
persistir en que queden explicitadas. Abrazos,
continuamos en la brega, Reynaldo -------- Como
saben, estoy en Argentina. Me impresiona la lucidez del análisis de
Arturo sobre la situación actual en nuestro país. No conozco el
documento de Jorge Ángel Pérez. ¿Me lo podrían enviar? Ahora
les voy a decir una idea quizá ingenua: Fuera
de Cuba hay intelectuales revolucionarios que optaron por
emigrar cuando no fue posible hacer público su pensamiento.
Sutilmente se fue cerrando el aceso a las edioriales y a las
aulas universitarias. También hay una generación de jóvenes
profesionales que tiene ahora entre 30 a 40 años y se educaron en
principios revolucionarios. Se fueron por razones económicas pero también
por desilusión y hartos de ser obligados a la obsecuencia. Conozco a
muchos, porque es la generación de mis hijos. Son gente pensante y
culta. Pero estamos dispersos por el mundo. Si fuéramos convocados, si
alguien nos convocara a regresar a Cuba, muchos regresaríamos a hacer
valer el derecho de todo cubano revolucionario, EN ESTE MOMENTO, a
pensar el futuro del país. Bueno,
amigos, si pueden envíenme el mensaje de referencia, que no conozco. Magaly
Muguercia --------- Gracias
Desi. Ya te habrá llegado mi respuesta a Arango y a ti, creyendo que
no tenía un mensaje tuyo. Reitero
lo que dije antes: momento de convocar a los que estamos fuera para que
regresemos a pensar el país que queremos y a decirlo, porque es evidente
que la convalececia de Fidel está abriendo puertas indeseables. Esas
puertas suelen abrirse hacia la represión interna del pensaminto y hacia
la recepción externa de modelos seudosocialistas: capitalismo con estado
represor. Bueno,
a mí solo hay que decirme cuándo hacer las maletas de regreso. ------------------ Querido
Reynaldo, querido Desiderio: Recibimos
tus mensaje y los de otros compañeros, compartimos tus puntos de vista y
esperamos la ocasión inmediata de actuar con firmeza y dar respuesta rápida
y enérgica a esta acción. Muy útiles y movilizativos estos mensajes,
pero hay que pasar ahora mismo a una acción más concreta y frontal. senel
y rebeca --------- La recomendación que
nos hace Arturo Arango de prestar atención también al Premio
Nacional de Ciencias Sociales otorgado a Fernando Martínez Heredia, es
tan pertinente que la seguí siete días antes de que nos la formulara
en su mensaje de hoy, y, por ende, varios días antes del
"lavado de biografía" televisivo que nos ocupa. A continuación reproduzco
el mensaje que le dirigí a Fernando el pasado día 31, tan pronto supe de
la buena nueva. Allí, como se verá, además de celebrar el valor
intrínseco de la obra y luchas de Fernando, se leía el Premio como síntoma
de fecundas posibilidades. Y,
ahora, a compartir esa botella y los tozudos sueños revolucionarios con
Fernando! Desiderio Acabo
de enterarme, por el magnífico texto de Guanche en La Jiribilla,
que te han conferido el Premio Nacional de Ciencias Sociales.
Sinceramente, es una de las pocas grandes alegrías que he tenido este año.
En la cultura, y aún más en la política cultural, la justicia
tarda... eppur si muove y finalmente llega. Para decirlo
con palabras de aquel Althusser de nuestra juventud, ese premio honra al
Aparato Ideológico del Estado y abre nuevas esperanzas en estos tiempos
preñados de fecundas posibilidades e insidiosos peligros. Querido
Fernando, es una dicha tener la certeza de que no serás absorbido
por ningún Canon y emplearás todo el capital simbólico que te
da este premio en tus permanentes esfuerzos por hacer lo que
realmente haría Marx ahora. Un
fraterno abrazo y los deseos de un 2007 lleno de nuevos logros para tí
y para Esther. Desiderio Mensaje
de ENRIQUE PINEDA BARNET Querido
rey: Sabes
que estoy filmando y eso me encierra y desinforma. He recibido con
pavor, todo cuanto se resucita de Pavon. He
vuelto a tener insomnios. Estoy entre pesadillas de amigos vapuleados, del
Guignol asesinado, de los perseguidos, los huidos, los
aterrados, de los teléfonos con frases entrecortadas, documentos
inocentes quemados u ocultados, poemas perdidos y sueños mutilados.
reaparecen palabras, signos, como quemaduras marcadas en la piel:
parametración, Umap, censura, condena, consejo, brujas, pavon, quesada, y
sus herencias en los mitines de repudio o sus consecuencias
congresos ....y etceteras. con
mi cariño siempre Enrique Desiderio,
Arturo El
llamado de ustedes me parece muy oportuno en un momento en que ya algunos
personajes lamentables, o sus fantasmas, parece que se están
reposicionando. Pero más que de personas, se trata de una
manera recurrente de ver al mundo, que a lo largo del tiempo ha recibido
muchos nombres diferentes, siempre ominosos. Es mejor pasar por paranoico
que por bobo, y adelantarse al palo. Ojalá que todo solo sea una
casualidad. Saludos, Querido
Desidero. Un abrazo por la valentia y brillantez de la cual has hecho gala
nuevamente. Apoyo tu mensaje, incondicionalmente 100% , pues yo fui
uno de los que sufrió las consecuencias de ese período y del antes, pues
fui empleado del Consejo Provincial de Cultura, en Sta. Clara, mi ciudad
natal, luego de haberme graduado en el primer curso de instructores de
arte en el Hotel Habana Libre, en 1962 -Curso de Asesores Litearios. Luego
me fui para La Habana. Me
alegro, pues, de que hayas salido al paso por lo que pueda venir. Saludos
desde Londres. Pedro
Perez Sarduy --------------- Querido
Reynaldo: Yo
respondí de inmediato a Jorge Ángel, con el mismo asombro e indignación
que los otros. He estado siguiendo en detalle el justo y oportuno
intercambio de mensajes. Por supuesto que puedes seguir contando conmigo
en primera fila para lo que sea. Me mantienes informado, por favor. Abrazos, ----------------------- Un
nuevo desacierto de la televisión cubana acaba de ocurrir: Luis Pavón,
uno de los personajes más espantosos y temibles en la historia de la
cultura cubana acaba de recibir lisonja en el programa Impronta de cubavisión.
En estos días en que tantos la emprendieron contra La diferencia,
supongo, espero, que también ahora apunten sobre este dislate tan
absurdo, y, por favor, permítanme el pleonasmo. Jorge
Ángel Pérez ------------------------------- De
acuerdo totalmente contigo, Arturo. Y para evitar equívocos, debido a que
considero mi posición un poco incómoda y a que creo haber dicho con
transparencia lo que pienso sobre este asunto, paso a ser alguien que se
limita a "escuchar" desde el email. Confío en que, entre todos,
se busque una solución adecuada a las muchas cosas que aquí se plantean
y que, aunque no querramos, sobrepasan el asunto que le dio origen, aunque
todo esté relacionado con ese ámbito amplio (y obligatoriamente plural
aunque algunos parezcan olvidarlo) que es la Cultura. Y confío en
que me sigan llegando estos debates y, espero, sus resultados. Gracias,
además, por señalar algo muy importante: hay muchos jóvenes escritores
(y otros ya no tan jóvenes como yo) que, también, tienen derecho a
opinar, apoyar, disentir. Yo mismo, en estos dos días he recibido varios
mensajes personales de algunos de ellos que deben ser escuchados (Angel
Santiesteban y Ena Lucía Portela, por ejemplo, por citar sólo a los más
conocidos). Un
abrazo desde la fría Berlín Amir
Valle Desiderio,
Reynaldo: Dirijo esta carta a ustedes (aunque la remito a todos los que,
de una forma u otra, se han involucrado en esta reacción), porque me
resulta más cómodo pensar que converso con dos a imaginar que hablo
frente a una multitud. El
debate, como era de esperarse, ha desbordado sus fronteras iniciales. Yo
mismo lo hice, al añadir la lectura del Premio a Fernando Martínez
Heredia. Anoche Desiderio me habló de un asunto sobre el que, en un
compendio que acabo de recibir, y donde encuentro muchos textos que no me
habían llegado, también se trata. De manera más explícita, en las
cartas de Magaly Muguercia y de Amir Valle. Me refiero a la pregunta: ¿Quiénes
deben participar en el debate? o ¿Quiénes tiene derecho a participar en
el debate? Trato de dar algunas ideas, quizás inconexas: -
Aunque no estamos estrenando esta vía, sí, hasta donde recuerdo, es la
primera vez que un diálogo tan importante y con tantas voces tiene lugar
mediante correos electrónicos. Esa condición, en sí misma, lo hace que
ruede como una bola de nieve. Los dos textos que he enviado han llegado a
personas que no están siquiera en mi lista de direcciones. No me parece
mal. Es algo dictado por las circunstancias y debemos tomarlo en
consideración. -
Quienes viven fuera de Cuba, ¿no pertenecen ya al corpus de la cultura
cubana? Esa posible exclusión, ¿no contradice el espíritu de todo lo
que se ha hecho por reinsertar aquí todo cuanto de Cuba y su cultura
andan dispersos por el mundo? Si decidiéramos que este es un debate sólo
"entre revolucionarios", ¿estaríamos diciendo que quienes
vivimos dentro de la Isla lo somos, y los que están fuera
dejaron de serlo, automáticamente? Un escritor como Abilio Estévez, que
sufrió como pocos las consecuencias del pavonato, ¿no tiene derecho a
participar? - Considerar que este
problema atañe sólo a quienes, por edad, lo vivieron, ¿no es
pensar que se trata de algo pasado, que no involucra o amenaza el presente
y el futuro? Les confieso que si algo me alarma en este minuto es que muy
pocos jóvenes han opinado. Supongo que nos miran como pensando: ¿en qué
andan esos viejitos? -
Aunque quienes estamos participando pertenecemos al campo de la cultura
artística y literaria, la época de dogmatización que estamos llamando
pavonato afectó a todo el país. Aunque mi mamá, mi suegra, mis vecinos,
no conozcan a Luis Pavón, también fueron dañados por él. -
Por supuesto, sé que en un debate de estas características no se forman
dos bandos: los que denuncian y los denunciados. Entre unos y otros hay
posiciones diversas. En este caso en particular, el hecho de que alguien
crea, como yo, que el programa dedicado a Pavón fue un error, no implica
que ambos pensemos de la misma manera. Incluso, podemos estar de acuerdo sólo
en ese punto. -
También estoy conciente de que la inclusividad arrastra las malas yerbas.
Siempre habrá un oportunista que se sume, alguien que en los 70 estuvo en
el bando de los represores y ahora se lleva las manos a la cabeza,
escandalizado; también quienes, desde posiciones cómodas, enturbian el
debate, lo enrarecen, y no podemos descartar la presencia de algún que
otro provocador. Pero, insisto, que todo ello ocurra es inevitable, y quizás
no sea del todo malo. -
Claro está, siempre y cuando hablemos, como hasta ahora lo ha hecho la
enorme mayoría de quienes participamos, con transparencia, y seamos
capaces de apartar la paja del grano para que el final de todo esto aporte
alguna utilidad. Es decir, debemos cuidar que la bola de nieve siga el
camino que nosotros elegimos, y no dejar que la desvíen, y que, en lugar
de desbrozar los espacios, destruya con su peso lo que ya hemos alcanzado. Los
abraza Arturo
A. LAS
CRISIS DE LA BAJA CULTURA (corregida) (Anoche,
apurado, pasionado, escribí en pocos minutos esto y lo circulé. Se los
reenvío con correcciones necesarias, y agrego un poquito más. Disculpen.
Gracias) Arturo
Arango se pregunta por qué los jóvenes no entran en esta polémica. Voy.
Nací el mismo año del Congreso de Educación y Cultura en que
Fornet cifra el inicio del "periodo gris". No sé si aún soy
joven, no sé de qué forma el desencadenamiento de este “susto” me
pertenece, y si es principio, mitad o final de tragedia, novelón o
comedia... ¡Sí me duele esta intelectualidad cubana de la que soy parte,
lo que va quedando de nosotros! Es deprimente. Amir
lo ha sugerido con aprensión, lo tengo advertido hace rato: vivimos en lo
fundamental fuera de la historia, nos fueron poniendo —y nos
acomodamos— al margen, hasta esta posición de cada día, amnésica,
inofensivamente al margen. Habrá círculos del infierno más inclementes,
celdas de castigo peores, por estrechas, y circunstancias de humillación
y ostracismos tal vez más crueles para los huesitos humanos que
pueden repartirse los cangrejos, como lo que vivió un Delfín Prats sin
derecho incluso a ejercer lenguaje de mudos, o aquel calvario (?) que pudo
significar para algún escritor tener que trabajar en las sombras de la
biblioteca nacional, cuando no de alguna municipal. Pero no debe de haber
al cabo, en nuestra historia, un campo de acción intelectual tan
estrecho, asfixiante y por eso tan ridículo, como este del que hemos
hecho folclor los escritores e intelectuales cubanos en general durante
las últimas décadas Veo
normal que se tema por el regreso de esas “torturas”. Pero a mí,
entre finales de los ochenta y buena parte de los noventa, nadie me condenó
a vender tapitas de litro de leche puerta por puerta, ni a cambiar ropa
vieja por libras de arroz en las arroceras del fin del mundo —una parte
del fin que queda cerca de la costa sur de Sancti Spíritus—, y
nunca tuve la suerte de contar con un verdugo en la esquina contraria —como
decía aquel boxeador de un filme: "en el ring al menos sé de dónde
vienen los golpes"—, que una "parametración" me obligase
a cortar hierba en los naranjales para venderle a los cocheros. De todo
eso hice, también temo tener que volverlo a hacer, digo, y no sé a quién
temerle. ¿Pobre de mí que ni Pavón tengo? Vuestro barullo es bastante
habanero, así vuestras referencias tienen el don extenso de la mercancía
con valor simbólico nacional e internacional. Las desgracias humanas
arrastran la característica de padecerse siempre demasiado concretas, con
fecha, lugar, rostros exactos, pero cuando se vive en un cuartón de
provincias el marco contextual de la queja o la comunicación se nos hace
polvo en las manos, nuestra sangre como “evidencia” se confunde rápido
con la tierra que pisamos, y esas exactitudes difícilmente llegan a
hacerse visibles más allá de “la pocilga” (como le decía Arzola al
hato de Ciego de Ávila). Si Arzola hubiera escrito que yo y Adrián
fuimos a sacarlo de aquel cuartel de Jatibonico donde le habían dado
buena tanda de patadas, nuestros nombres no ilustrarían nada. Si yo
contara aquí ahora mi calvario vivido —hace muchísimo menos que lo que
dista de los años 70, nací ese año— en una oscura editorial
provincial para publicar un libro de cuentos, por tener un nombre
sospechoso el libro y yo detrás más de un agente en busca de sospechas,
agentes con nombres que no dirían nada a nadie —nunca tronados, siempre
promovidos—, poco aportaría
a esta tragicomedia cuyo tablado central es capitalino. Hay muchas islas
dentro de la Isla, historias dentro de nuestra historia, las edades geológicas
—claro, quiero decir ideológicas— en esos lugares no coinciden
obligatoriamente con aquellos periodos que parecen empezar y terminar por
decreto en un perímetro habanero, también existen muchos niveles de
amnesia y mediocridad en nuestro vacío, que van desde la fragmentación
de la suerte nacional hasta el desinterés y la indolencia por el otro. Si
jugáramos a otra cosa que no fuera la ingenuidad y el miedo a cogernos
con la puerta el dedo de escribir, temeríamos algo peor que estos “crímenes”
intelectuales, estos “verdugos” gremiales, jugaríamos a ser menos
“intelectuales de farándula”, esta versión carnavalesca del
"artista de capilla", pues en esa otra dirección es como
me imagino que debió continuar en serio el juego de aquella línea
ascensional de lo mejor de la intelectualidad cubana del siglo XIX, con
Martí a la cabeza, y no menos cívica, comprometida y abierta en el XX,
con Varona, Fernando Ortiz, Mañach, Villena y tantos. Para esa tradición
que nos juzga desde los genes, los acicates, las necesidades, los
problemas culturales siempre estuvieron en el pellejo de todos los
cubanos. Es patético este circuito cerrado que
hemos aceptado como el nicho ecológico donde debemos vivir y
desarrollarnos en lo literario y extraliterario, sin cámara de ecos
posible, al margen de los tantos y tan cruciales dilemas de la vida, sin
pertenencia a un cuerpo y una fluencia vital que rebase nuestra suerte,
preocupados no más que del ciclo de nuestra subsistencia cultural.
Circuito que construimos a diario, donde transmitimos y retransmitimos una
imagen de nosotros mismos tan ñoña, caricaturesca o reducida. ¿A
correr y juntarnos porque salió Pavón en la televisión? ¿Salió
caminando una cucaracha que creíamos muerta? Me parece algo divertido en
medio de la casa en que vivo, que es tan grande y tiene pendientes
problemas y sustos tan graves. Por
supuesto, estoy de acuerdo puntualmente con los criterios de Desiderio,
sobre todo en esa parte en que subraya la capacidad de desentendernos del
destino de los demás que hemos instrumentado, entre unos y otros, casi
todos. De las diferencias que tenemos y por las que hay que abogar en el
complejo ejercicio de la solidaridad —ateos-católicos, negros-blancos y
otras por el estilo refiere Desiderio—, eludimos a veces decir con sus
letras la principal, la perentoria: entre revolucionarios y no
revolucionarios. Vara de medir que también se guarda el político confuso
o desinformado como último recurso. ¿De esa no debemos ocuparnos
nosotros sino única y exclusivamente quienes administran el poder y
consultan sus oráculos? ¿Hasta ahí llegamos? Es la combinación que
traspasa verticalmente todas las demás, y, en el punto decisivo de la
vida o la muerte, ante la cual otras parecen coyunturales para estar o no
estar, ser o no ser. Entre las filas de marxistas, ateos y religiosos
pueden, en distintas circunstancias, haber indistintamente quienes “están”
y “no están” con “esto”: fue y es la fuente de trabajo de Pavón
y sus iguales. Nuestro
hogar y la familia y su agenda de problemas, decía, es tan grande. Por
poner un ejemplo: ¿algún intelectual o grupo se ha pronunciado sobre el
“plan carretera”? “Plan imagen” creo que le dicen también. Vas
mirando por la ventanilla de un ómnibus y crees que te enteras: a lo
largo de la carretera todos construyen, todos cambian paredes de tablas y
ladrillos por gruesos muros de bloques, echan techos de placa, sustituyen
bohíos y casas regulares por casas buenas, etc. Yo me enteré mejor: a mi
tía, que vivía al final de un terraplén por donde sólo pasa algún que
otro tractor, se le quemó su casa con todo dentro. Así, sin nada, mi tía
lleva ya casi dos años, porque están priorizadas las construcciones de
aquellos que viven donde puedas verlos cuando pasas en auto. Me parece
indecencia mayúscula que en mi hogar, mi país, con un déficit
habitacional tan grande, se juegue de esta manera con una necesidad así,
al punto de definir el problema, la respuesta y la economía de los
recursos básicos como cuestión de “imagen” pública. ¿No puede ser
esto síntoma de un mal gravísimo? ¿Cuándo, en la historia de Cuba,
este dejó de ser el tipo de problemas de sus intelectuales?
Desgraciadamente para todas esas personas que viven lejos de las
carreteras y fuera, muy fuera de los foros públicos y especializados
—ni imaginar que tengan dirección de correo electrónico—,
desgraciadamente para el devenir de una nación cuyas necesidades
entroncarían siempre con los valores éticos, para la identidad y el
sentido de la dignidad del cubano, tales imágenes no entran en nuestros
circuitos cerrados, no escribimos de eso, nuestros debates no desbordan
nuestros eventos culturales y no escapan a la demanda ministerial,
nuestras revistas especializadas no tienen secciones para eso. ¿Pavón
creó el Congreso de Educación y Cultura? ¿Allí los documentos rectores
se aprobaron sólo con su voto? ¿Él llenó las calles de la isla con
lemas como “La calle es de los revolucionarios”? ¿Es tan difícil
imaginar a quién pedirle cuentas en una sociedad tan centralizada y con
tanta concentración de poderes? Pareciera que el largo proceso de evolución
de los escritores cubanos, con nuestro profundo complejo de supervivientes
sociales en medio de los traumas políticos, pasando entre francotiradores
y simples choteadores, nos ha llevado a adaptarnos a lo que en algún
momento consideramos malformación: saber exactamente en cada momento y
lugar cómo mirar para el “otro” lado. La valentía me parece algo
peor que un despilfarro cuando los golpes van a parar al chiquito. Es muy
lindo, glamoroso casi, recibir un nombre al pie de una vitrina, viniendo
de una época así, al parecer cerradita: “periodo gris”, y tener
hasta “verdugo” condenado por un tribunal y que concede entrevistas a
la televisión. Pero, víctimas de entonces, sobrevivientes, incluso si
quisiéramos ocuparnos apenas del pisotón al escritor o al artista, queda
mucho por ver aún aquí, ahora, todos los días. Y me abstendré de
llevar nota de cada joven o menos joven trastocado en “apestado” por
determinados periodos o perpetuamente, no solo en La Habana, también en
lugares intrincados de la geografía nacional, como Holguín, quizás por
ser un criticón, o por pasarse de determinadas rayas, algunos tan jodidos
que ni nombres tienen para que un alguien se cuide de borrarlos u otro
alguien se afane en rescatarlos. Pediré
que se atienda a un síntoma peor, de consecuencias más nefastas para la
cultura, que no es el "martirio", ni la inclemencia asumida,
algo en definitiva consustancial al destino del hombre de alta cultura al
menos en nuestra tradición idealista, sino el decadente síntoma de la
simulación y el vasallaje, la carrera por ser un intelectual en tono
“correcto”. La televisión en estos días, a propósito del cumpleaños
de Fidel, nos ha traído a determinados personajes tan o más preocupantes
que Pavón. Parecen nuevos, desconocidos, pero tienen nombres y rostros de
escritores —muchos jóvenes, algunos muy jóvenes— que creíamos
conocer desde hacía tiempo, veníamos compartiendo ideas con ellos, creyéndoles
lo que escribían, y de pronto están ahí, trajeados, interpretando
discursos y papeles tan distintos, de un oficialismo ramplón. Muy muy
valientes, muy muy iconoclastas y profundos sólo en el análisis de la
situación internacional. La AHS los aúpa como la nueva “vanguardia”.
¿Por qué los necesitan a ellos en esa postura? ¿Por qué ellos
necesitan montarse esos personajes? ¿No será síntoma de una fragilidad
gravísima? ¿Será que, según la idea que tienen de sus vidas, y de
acuerdo con las aperturas que la sociedad se permite, no les queda otra
salida para que los acepten e “imponerse”? Verbalizan su nivel de
comprometimiento provechoso, entonces es cuando la vida les empieza a
cambiar. Ya están en la televisión, ganarán más premios, recibirán
condecoraciones, ocuparán puestos académicos, integrarán delegaciones
oficiales al extranjero: son confiables. Es como funciona un sistema
decantador que a veces ni se pule y agota en el cerco a la oveja negra,
sino precisamente en la promoción y calidad de vida del intelectual que
actúa en falso u oportunamente conforme. La
oficialidad refrenda a ese tipo de intelectual, que evita un
comportamiento problemático, capaz de convertirse en vocero coyuntural, o
de prestarse para confundirse entre la masa coral, dando la imagen de que
las consignas y los discursos gastados, impersonales, también provienen
de los cauces por donde se van armando las calidades artísticas de estos
creadores. Intentamos, aprendemos a sobrevivir en las grietas del pedazo
de espacio al aire libre que nos tocó. Este efecto camaleón es, también,
aceptémoslo, herencia de nuestros periodos grises, legado de
nuestro afán de supervivencia y nuestro endémico instinto de adaptación.
Lo peor es que vida pública y oficialidad en Cuba llenan el mismo
espacio, y las grietas que la política deja en la realidad pueden hacerse
tan pequeñas que —ay, Borges— finalmente ni Dios habite en ellas.
Entre ese miedo que nos sube la adrenalina, miedo a otros “fantasmas”,
como a un decrépito Pavón, debíamos dejarle lugar a un poquito de vergüenza
por nosotros mismos. Francis
Sánchez --------------------- Queridos colegas: Efectivamente escribo
"desde la otra orilla" (aunque debo aclarar que estoy acá
esperando desde hace casi un año un permiso de entrada a Cuba que no
llega a los consulados de España y Alemania, a pesar de todas mis
gestiones oficiales en Cuba y en los consulados cubanos en estos países).
Para ganar en salud y ahuyentar los odios prefiero decir que estoy en Berlín
en una beca del PEN Internacional. Pero no es ese el
asunto. No sé precisar ahora quién me incluyó en estos intercambios
(pero se lo agradezco), y como fui convocado, así he respondido, diciendo
en este espacio lo mismo que he venido diciendo en otros espacios EN CUBA
hace más de cinco años desde que algunos colegas de mi generación y yo
empezamos a ver la aparición de fenómenos que nos preocupaban. Con
algunas personas de este listado comentamos muchas veces de esos asuntos y
siempre me pregunté dónde estaba la voz independiente del intelectual.
Me alegra saber que al menos para esto se han unido, aunque quisiera
preguntar: ¿no creen ustedes que si en otros momentos hubiéramos tenido
esa misma posición se hubiera podido evitar tantos descalabros, tantos
exilios y tantos silenciamientos sucedidos en las últimas dos décadas?
Espero que este suceso no quede en una unidad temporal de la
intelectualidad para oponer su voz y criterio a un fenómeno del pasado
que hizo daño y que esa unidad sirva para revisar otros fenómenos que
han sucedido y suceden. Lo
más importante es esto: creo que las víctimas del período siniestro que
representan Pavón, Serguera y Quesada tienen derecho a opinar, y cuando
digo esto, me refiero a TODAS LAS VICTIMAS, incluso (y con mucha
importancia) aquellas que tuvieron que irse de Cuba (aún cuando tengan
odios o hayan logrado perdonar). Ninguno de nosotros tiene derecho a
excluir a ninguna de esas personas. Por eso, me sumo a la justa propuesta
de Magaly Muguercia cuando dice que debemos contar con todas las voces y
yo agrego: debemos contar con todas las voces, incluso aquellas que
piensen distinto o estén llenas de odio (que bien sabemos muchos pueden
ser justificados), siempre y cuando sea para esclarecer de una vez
por todas un período que, también, han intentando silenciar como
"cosa del pasado" pero que ha tenido muchas resonancias y
presencias en el resto de la historia cultural del país hasta hoy. Por
favor, colegas, piensen en eso. No creo que sea justo hacer una unidad
ante un fenómeno como este excluyendo a otros que también tienen derecho
y cosas que decir. Amir
Valle ----------------------------------------- PAVÓN
Y SU PAVONEO 6
de diciembre DESIDERIO
circula una carta: Estimados
amigos y compañeros: De
repente, al cabo de más de treinta años de su destitución, reaparece en
la esfera pública Luis Pavón, ex-Presidente del Consejo Nacional de
Cultura durante el eufemísticamente llamado "quinquenio gris",
ni más ni menos que en todo un programa de la Televisión Nacional dedicado
a "su impronta cultural en la cultura cubana". Ahora
bien, ¿es lo que ayer vimos y oímos la impronta de Luis Pavón en
la cultura cubana? ¿O
es otra que dañó irreversiblemente las vidas de grandes y menos
grandes creadores de la cultura cubana, "parametrados" de
uno u otro modo? ¿Qué impidió la creación de muchos espectáculos artísticos y la
divulgación de muchas obras literarias y plásticas en Cuba y en el
extranjero? ¿Qué nos privó para siempre de innumerables obras a causa
de la casi inevitable autocensura forzada que siguió a los ubérrimos
60? ¿Qué llenó todo un período con una pésima producción
literaria y artística nacional hoy justamente olvidada hasta por sus
propios ensalzadores y premiadores de antaño? ¿Qué nos inundó con
lo peor de las culturas contemporáneas de los países de la Europa del
Este, privándonos del conocimiento de lo más creativo y profundo de
éstas? ¿Qué a la corta o a la larga condicionó el resentimiento y
hasta la emigración de muchos de aquellos creadores no
revolucionarios, pero no contrarrevolucionarios, cuya alarma había
tratado de disipar Fidel en Palabras a los intelectuales? ¿Qué
creó e inculcó estilos y mecanismos de dirección y trabajo cultural
neozhdanovianos que ha costado décadas erradicar, de tan
"normales" que llegaron a hacerse? ¿Acaso somos realmente un país
de tan poca memoria que no recordamos ya la penosa situación a la que
fueron reducidas nuestras instituciones culturales por obra del
Consejo Nacional de Cultura, situación que el humor cubano captó por
entonces en aquel trío de refranes parodiados: "El que no oye
al Consejo, no llega a viejo", "En la Unión no está la
fuerza" y "En Casa de las Américas, cuchillo de palo"? Cierto
es que Pavón no fue en todo momento el primer motor, pero tampoco
fue un mero ejecutor por obediencia debida. Porque hasta el día de hoy ha
quedado sin plantear y despejar una importante incógnita: ¿cuántas
decisiones erróneas fueron tomadas "más arriba" sobre la
base de las informaciones, interpretaciones y valoraciones de obras,
creadores y sucesos suministradas por Pavón y sus allegados de
la época, sobre la base de sus diagnósticos y pronósticos de supuestas
graves amenazas y peligros provenientes del medio cultural? Si
de improntas culturales valiosas en el periodismo cubano se
trata, habría que mostrar aquellas como las de ese hombre de letras
que fue Agustín Pí, quien, en ese mismo período, desde su modesto
puesto en el periódico Granma, ayudó a cuantos "mal
vistos" de valía pudo y logró que las páginas culturales de Granma fueran
lo menos cerradas posibles en cada momento y no se convirtieran del todo,
como tantas otras publicaciones cubanas de la época, en un erial
de mediocridad y oportunismo. En
mi artículo "In medias res publicas" he hablado de la
responsabilidad de los políticos en las limitaciones del papel crítico
del intelectual --sobre todo en los años en que la cultura fue conducida
por Luis Pavón--, pero ésa es sólo la mitad del problema. La otra
mitad --merecedora de un simétrico artículo-- es la responsabilidad de
los intelectuales: sin el silencio y la pasividad de la casi totalidad de
ellos (por no mencionar la complicidad y el oportunismo de no pocos)
el "quinquenio gris" o el "pavonato", como ya entonces
lo llamaron muchos, no hubiera sido posible, o, en todo caso, no hubiera
sido posible con toda la destructividad que tuvo. Con contadas
excepciones, entre los intelectuales, los heterosexuales
(incluidos los no-homófobos) se desentendieron del destino de los gays;
los blancos (incluidos los no-racistas), de la suerte de los negros
reivindicadores; los tradicionalistas, del destino de los vanguardistas;
los ateos (incluidos los tolerantes), de las vicisitudes de los católicos
y demás creyentes; los prosoviéticos, de la suerte de los
antirrealistasocialistas y de los marxistas ajenos a la filosofía de Moscú,
y así sucesivamente. Cabe preguntarse si esa falta de responsabilidad
moral individual podría repetirse hoy entre la intelectualidad cubana. Se
impone, pues, preguntarse responsablemente sin dilación: ¿por qué
justamente en este singular momento de la historia de nuestro país
en que todo nuestro pueblo está pendiente de la convalecencia del
Comandante en Jefe se produce esa repentina gloriosa
resurrección mediática de Luis Pavón con un generoso despliegue iconográfico
de selectas viejas escenas con los más altos dirigentes
políticos, y ello tan sólo días después de la no menos repentina
reaparición televisiva de Jorge Serguera, quien desde la presidencia del
ICRT hizo un perfecto tándem político-cultural con el CNC durante
el "quinquenio gris"? "Feliz
el hombre aquel que llega a conocer las causas de las cosas." Desiderio
Navarro --------------------------------- Estimado
Reynaldo González: En
medio de la avalanchita de e-mails que ha suscitado la vuelta al proscenio
de Luis Pavón, he leído sus opiniones al respecto. Le escribo sólo para
hacerle saber que estoy plenamente de acuerdo con usted, con cada una de
las palabras que dice ahí. Sólo que en algún sitio donde usted pone
"errores", entiendo que por elegancia, por no ser obvio, yo
pondría "actos criminales", que desde luego siguen y seguirán
siéndolo en tanto no se los reconozca abierta y públicamente como tales,
con absoluta transparencia, algo que mucho me temo no va a ocurrir en
las actuales circunstancias de nuestro país. Aprovecho
la oportunidad para comentarle que me llamó la atención --aunque no
mucho, a decir verdad-- que en el programa Este día de Cubavisión
del pasado 19 de diciembre no incluyeran entre las
efemérides importantes nada más y nada menos que el natalicio de
José Lezama Lima. ¿Será también casualidad? No lo creo. Como
tampoco creo que nuestra lamentable televisión (esa misma que
exhibió versiones mutiladas de Philadelphia y de El beso de
la mujer araña, y aquel glorioso spot para alertarnos sobre el
peligro de las drogas como sustancias nocivas que hacen que los jóvenes
se vuelvan homosexuales, esa misma que jamás ha transmitido una sola
imagen de las manifestaciones de orgullo gay que tienen lugar en otras
partes del mundo, esa misma que se complace a cada rato en chistes, o más
bien pujos homofóbicos de la peor calaña, entre otras lindezas), sea un
ente aparte de nuestra cultura. No, no lo es. Vamos, que a estas
alturas de la vida tendríamos que ser demasiado ingenuos para suponer
eso. Como bien dice nuestro Desiderio en su magnífico y muy oportuno artículo
¿Síntoma de qué? Preguntémonos por las causas de las cosas,
estas bellaquerías, por decirlo suave, son signos de... algo. Y no de
algo bueno precisamente. Estimado
RG, pensé primero en enviarle este mensajito en forma privada, sólo para
usted, en parte porque no acostumbro a dar gritos en el ágora y en
parte porque usted y yo, si la memoria no me falla, no nos conocemos
personalmente y... Bueno, temí que usted pudiera tal vez
malinterpretarme. Pero luego pensé que si uno va a manifestarle
apoyo y solidaridad a alguien que ha gritado, no debe hacerlo en voz baja.
Así que estoy enviando copias a otras personas. Espero que no le moleste.
Un cordial saludo, Ena
Lucía Portela Querido
hermano Amir, me alegro mucho que se despertara el debate y todas
las opiniones que suscita, pues pienso que en estos momentos, la cultura
es la que saca ventaja, y se deja bien claro, que las generaciones que ya
lo soportaron ni la nuestra, se quedará callada. Lo que me molesta es que
se hable en pasado, cuando se sabe, como bien dices tú, que los pavones aún
existen y quiénes los lideran; ellos no fueron más que instrumentos, al
final, quizá se ganen la lástima, pues de una forma u otra, en un lado o
del otro, los verdugos también son victimas. Ojalá que el escarnio sirva
para actualizar y desenmascarar a los actuales sicarios de la cultura, lo
que ahora sucede lo mismo que en aquella época, nadie quiere meterse
contra el poder, los pavones actuales aún están vigentes y obligan a
respetarlos hasta que los verdaderos dirigentes den la señal de que los
leones pueden comer. A Pavón y sus secuaces los dejaron solos después de
ser utilizados. Al menos ésa sería una buena lectura para los que son
utilizados ahora razonen, y antes de censurar y perseguir, sepan que
después también serán echados a las jaulas para que los devoren. Abrazos,
Ángel Santiesteban Prats --------------------------- OTROS
EMAILS Desde
Miami me encuentro a una enorme distancia de Cuba. Sin embargo me llama la
atención la ingenuidad de este debate. Con la enfermedad de Fidel Castro
y el traspaso de poder a su hermano Raul, Cuba se encuentra en un momento
de atrincheramiento político. Teniendo en cuenta el enorme control del
gobierno cubano sobre los medios masivos de comunicación, la
aparición de Pavón en un programa de la television cubana y el
realce público de su "labor en el campo cultural de los
70", es una señal clara de que a la actual dirección política
e ideológica del país comulga con estos métodos. No todo será
igual, pero será parecido. Carmen
Duarte. --------------------------------------------- Querida
Marilyn: gracias por enviarme los tres correos. Estoy
de acuerdo por completo con Desiderio y con Arturo. En
realidad, ya yo me había empezado a preocupar desde hace unos meses
cuando leí la incoherente carta de Guillermo Rodríguez Rivera sobre el
tema de "El Puente" que, por lo patético de algunos
fragmentos, se podría desdeñar, y de hecho la desdeñé. En
esa carta se pretendía justificar algunas nefastas acciones de
aquellos años bajo, efectivamente, la aludida "obediencia
debida". Y Guillermo afirmaba, tenebrosa y algo desvergonzadamente, que
en "esas aguas" había que navegar. Muchos no rindieron sus
principios éticos ni tampoco aceptaron "navegar", y bien caro
que les costó. Algunos de ellos no pueden estar junto a nosotros (ni
siquiera para sentir nauseas como me pasó a mí) como Ezequiel Vieta, por
ejemplo. Sí, creo que ese nefasto pensamiento oportunista y represor
sigue latente, y busca cualquier oportunidad para asomarse. Fueron
tantas las paletadas de cal, y tanto se perdió bajo ellas, que los granos
de arena todavía se sienten aislados, aunque alegren el corazon.
Mantengamos la esperanza de que las arenas cubran todas las heridas de la
cal. Y alcancemos a vivir para celebrarlo. Mirta
Yáñez -------------------------------------------- El
texto adjunto de Anton Arrufat. sumado a los anteriores de Arturo
Arango, Reynaldo González, y una significativa lista de valiosos intelectuales
cubanos, me expresan de modo tal que ahorran mis palabras. Agradezco a
la Historia que, en dias como estos, podamos declarar de
esa manera nuestra dignidad con memoria. ESTO
NO QUIERE DECIR QUE NO SEA CAPAZ DE DECIR LAS MISMAS COSAS CON LA MISMA
ENERGÍA, es que estoy filmando. Enrique
Pineda Barnet Enero 8 del 2007 ----------------------------------- Estimados amigos: Con
enorme interés he seguido el debate. Es posible que no conozca todos los
criterios expuestos, pero suscribo firmemente la preocupación demostrada
y la denuncia de la irresponsabilidad televisiva. Creo que los artículos
de Desiderio y de Arturo recogen, con mesura y profundidad, las aspectos más
sobresalientes. Sin embargo, hay otro que me parece sumamente inquietante
y que no he visto reflejado con toda transparencia: ¿Por qué ahora,
precisamente, esta muestra de lo que pudiera entenderse como un
oportunismo, ahora que el Comandante Fidel Castro delegó el mando en el
Segundo Secretario del Partido y Ministro de las Fuerzas Armadas? Creo que
es algo más grave que un oportunismo político manifiesto. Creo que
resucitar esos fantasmas en estos momentos resulta profundamente
contrarrevolucionario, pues -como en el juego de las carambolas- las
figuras resucitadas (o mejor, las tendencias que ellas representan,
que están ahí, que siempre han estado y que nunca han
desaparecido, sobre todo en la educación) se han querido
identificar, a través de los discursos televisivos incluyendo los recursos
iconográficos, con la máxima dirección de la Revolución, lo cual
resulta nocivo no sólo para la imagen de la misma, dentro y fuera del país,
sino también porque pone exhuma cicatrices no del todo curadas (imposible
en tan poco tiempo; un error de esta índole en la cultura y en la educación
se subsana sólo con el suceder de las generaciones) y ello conspira
en contra de la unidad que se necesita en estos tiempos y agrieta la
confianza reclamada. Es más grave, creo yo, que simples tentativas
oportunistas, tal vez revanchistas. Dr. Rogelio Rodríguez
Coronel ----------------------- Queridos Reynaldo, Antón,
Senel y Rebeca, Jorge Ángel, Arturo, Angelito Acabo de leer una buena compilación de correos intercambiados por ustedes en Cuba. Uhmm, se me pone la carne de gallina con todo esto. Les
sorprenderá un poco este correo, porque a la mayoría de ustedes no los
veo desde hace muchos años y a los otros casi ni les escribo..., pero
la verdad es que se me ha calentado la sangre. Ahora bien: Como yo no soy
un revolucionario, y como nunca lo fuí, y como además por edad no padecí
el Pavorato, y encima como desde hace ya cinco años vivo en el exilio más
puro y duro, parece que no tengo mucho que aportar a este debate; pero, aparte
de reiterarles mi cariño y apoyo incondicional (si es que lo aceptan de
este guajiro refunfuñón
echado por el Destino(como Barry Lyndon) en la extraña Germania), a pesar
de todo me gustaría sumar unas pocas palabras a lo ya dicho. Está
claro que los Pavones y los Sergueras, como los zombies, son bestias fáciles
de resucitar porque nunca fueron enterradas, y porque, esta vez como los
vampiros, pertenecen a un vampiro mayor o al mismísimo Señor de las
Tinieblas, que es en definitiva quien manda o quien hace que corra la
sangre de los inocentes. Pero ya esto lo ha dicho alguien más, y encima
todos los sabemos muy bien. Como
muchos de ustedes no olvidarán quizá, fueron innumerables las ocasiones
en que las fauces de la Seguridad del Estado y sus compinches del
Partido(o viceversa) se abrieron para tragarme, tal vez aprovechando la
circunstancia de que todos ustedes, en la Habana, estaban demasiado lejos
como para escuchar mis pataleos, allá en aquella pocilga de Ciego de
Avila. Me dieron de patadas en los calabozos, me amenazaron y vejaron, y
muchos en el “ámbito cultural” me menospreciaron y ningunearon
durante años. Nadie, nunca, me quiso dar trabajo en Ciego de Avila, ni
siquiera de almacenero en una Casa de cultura. ¿Y
cuándo ocurrió todo esto? Por supuesto que no fue durante el famoso
Pavonato, durante el cual yo no tenía más de cuatro años, sino en un
período de tiempo que va desde mediados de los años 80s, todos los años
90s y casi hasta el mismísimo 2002, cuando casi por puro milagro de Abel
y creo que de Barnet me dejaron salir del país hacia Berlín, después de
haberme acosado hasta el último minuto a nivel de los recientemente
reverdecidos CDRs, como parte de la Batalla de Ideas y con el
consentimiento de Cultura, del Partido y de todos. A propósito, les
cuento: mis sabuesos avileños estaban envalentonados, porque,
según me contó alguno de ellos, los dientes afilados y la lengua
babeante de rabia, después de que Abel interviniera en mi
defensa la último vez, Sacha(quien también tantas veces tuvo
que correr a causa de mi pellejo, gracias viejo) y otros funcionarios
declararan a quien quisiera oírlos, que “la próxima ” nadie me iba a
defender. Servido en bandeja de plata! Aparte
de eso, yo estaba servido en bandeja de Plata por la Asociación Hermanos
Saíz y por Alpidio Alonso, sencillamente porque en una de las reuniones
preparatorias del Congreso de ésta (al cual me habían elegido Ya
sé, ya sé, no crean que olvido que gracias a muchos de ustedes y a unos
cuantos más y al hecho de que nunca cometí otro delito que llamar las
cosas por su nombre y tener la lengua larga, no pasé nunca más de dos
semanas en los calabozos. Gracias a eso y a que la máxima autoridad de la
cultura no era entonces PaVoR, sino Abel Prieto. Pero es que en cierto
sentido yo era un privilegiado, porque era un escritor joven (ya no tanto,
que horror!) conocido y porque encima tenía el apoyo de
algunos de ustedes, con influencias allaaaaá, en La Habana. Pero ¿y qué
pasó con los que no tenían tales privilegios? Pues se pudrieron en la cárcel,
y después al exilio, siempre al exilio. Y hablo de escritores: los otros,
sean inocentes o no, que se jodan, aunque se trate de “no
revolucionarios no contrarrevolucionarios”, esa categoría tan rara o
zombi ideológico que parece existir en Cuba. Lo que quiero decir es que
el Monstruo siempre estuvo y está ahí, listo para dar el zarpazo, porque
no existen contrapesos que estabilicen la política del país; no existe
la Razón, sino la caprichosa y a veces antagónica voluntad de unos pocos
y la sumisión del rebaño. Queridos míos, yo
estaré rezando por ustedes en los tres idiomas en que pudiera hacerlo,
por si Dios entiende alguno de ellos. Temo por todos ustedes. Creo que
necesitan de mucha suerte y de la ayuda de Dios. Un fuerte abrazo, desde
Colonia, Alemania Jorge Luis Arzola ---------------------------------- A
Desiderio, a Arturo (Amir incluido) y a mi amigo el pintor Ulises Bretaña
que me ha mantenido hasta ahora como lector "pasivo" (la decisión
de pasar estas ideas a otros se las dejo a uds.): Tengo
35 años, soy periodista y hace más de 10 años trabajo en los proyectos
de Pedro Pablo Oliva. No viví nada de lo que uds. sufrieron en carne
propia o vieron sufrir, pero creo que, efectivamente, los actos de los
hombres y sus consecuencias trascienden generaciones. Consideré que las
últimas reflexiones de Arturo me daban la oportunidad de sumarme, pues lo
que Desiderio llama "síntoma" hace un tiempo yo lo considero un
“síndrome” dentro de los medios cubanos y en especial dentro de la
TV. La entrevista a Serguera (del que sí tenía referencias)
en un programa tan, aparentemente, light como el de Alfredito
reafirmó mis ideas. Al asunto entonces. No
reaccionar contra la aparición de Pavón en un programa con semejante
eslogan hubiese sido una cobardía intelectual y un desplante moral, quizás
por eso las críticas y la magnitud alcanzada en el debate (lo mejor de
Internet es que nadie puede limitar el alcance de nuestra palabra, por eso
nos limitan Internet ¿no?). Lo curioso sería saber no tanto
quién permitió la emisión del programa, sino de quién fue la idea de
entrevistarlo y con qué objetivo. ¿Desconoce esta persona las
consecuencias del “Quinquenio Gris”? ¿Es su amigo y quiere ensalzarlo
en su retiro dorado de ex-funcionario oscuro? ¿O es una política
editorial deliberada con el fin de “justificar” ciertas historias? Desde
la aparición de los nuevos canales educativos* hay una tendencia en todo
el medio a divulgar momentos de la historia reciente de Cuba que eran tabú
y entrevistar a personajes y personalidades que los protagonizaron.
La idea original me alegraba porque esas lagunas profundas yo no
encontraba manera de llenarlas fuera del cotidiano cotilleo de las
redacciones y las reuniones con amigos. Pero la tendencia ha
comenzado a ser sospechosa desde el momento en que el recuento casi
siempre es laudatorio o solo toca pequeñas aristas del tema. Muchos
de estos programas están escritos y dirigidos por gente joven que quiere
saber y divulgar. El choque entre la visión del “victimario” y
las “víctimas” demuestra que el mediador desconoce casi por completo
la realidad que intenta historiar y, en el mejor de los casos, ha cumplido
la orientación de entrevistar a personas sin investigar (cosa común en
nuestros medios) la opinión de quienes le conocieron. Esa
“historia” está siendo deliberadamente lavada y algunas veces
sobrevalorada para las nuevas generaciones en un proceso de edulcoración
idílica dónde los tragos amargos y los errores garrafales no aparecen
para dar una visión de Proceso Perfecto el que ha vivido la Revolución
Cubana desde 1959. Si le sumamos que otra buena parte de los
implicados y que sufrieron las consecuencias de esas políticas ahora son
premiados, homenajeados, publicados, repatriados (a favor o en contra),
reivindicados y resucitados; entonces el plan está consumado de una
manera casi natural. Hay
una realidad: la mayoría de los actores de la historia cubana reciente ya
son personas mayores, muchas están enfermas o han muerto y es lógico
pensar en escribir libros, hacer documentales o invitarlos a este tipo de
programas. Pero la selección y programación debe ser cuidadosa y
seguir no solo los elementos históricos, también los éticos y el
alcance de sus obras, pues la otra opción posible (una verdadera
entrevista) no está disponible aún. De lo contrario podríamos ver
desfilar por esos espacios a todo tipo de truhanes e incapaces que
tristemente han ocupado altos puestos en las instituciones civiles,
militares, administrativas y políticas de nuestro país. Al
menos Alfredo Rodríguez intentó acorralar a Serguera con preguntas tan
capciosas como la televisión le permitía, a las que este respondió con
inteligencia y notable honestidad, pero no soñemos: nadie se hace un
seppuko público en estos días y Alfredito es un sagitario con dardos de
goma. Si
en algo podrían ayudar las opiniones de uds. y todo este debate es
justamente a acercarnos a esa parte de la historia que sigue enterrada, de
la que no hay información alguna y solo poseemos impresiones formadas por
algún gesto, un desvío de la atención, un comentario sin argumentos…
Es casi seguro que nadie pueda acusar directamente a Pavón y a Serguera
de todos los desmanes y descalabros de la Cultura Nacional y el ICRT,
aunque sin dudas tienen responsabilidades. Pero divulgar (aún no es
posible publicar) aquellos hechos en los que realmente estuvieron
involucrados sería muy bueno para alertar a otros que presumen de posible
regreso a los viejos tiempos. Entiendo los temores y la necesaria
felicidad que nos traería conocer las causas de todas las cosas.
Aunque tampoco es una ilusión de tontos soñar la vuelta de un quinquenio
gris en Cuba; porque en verdad la historia de la humanidad ha demostrado
que, incluso, puede llegar a ser negro si personajillos mediocres y
barbilampiños con buenas relaciones y habilidades aprovechan las
circunstancias y se entronan en el poder (a río revuelto, ganancia de
pescadores). Ah!
Y creo sinceramente que todos tienen derecho a participar, de lo contrario
estaríamos creando el Segundo Pavonato. *
A los programas de corte histórico se suman algunas Mesas Redondas
Informativas y numerosas series cortas dedicadas a efemérides y sucesos
históricos importantes que se han puesto de moda.
Saludos a todos, OSCAR
LLANES ---------------------------------- Amigas y amigos: Para todas y todos los
que me preguntan por que no entro a moderar el debate sobre "el post
pavonado" aquí van algunas ideas: 1- Me parece exagerado
que alguien vea "síntomas" de postpavonato en la aparición de
Papito Serguera y Luis Pavón en la TV porque quienes así piensan olvidan
que la institucionalización de este país comenzó en 1975 y después de
eso ha llovido tanto como un sexto congreso de la UNEAC que sacudió a la
sociedad cubana. Tenemos deficiencias, problemas que resolver pero ¿un
post pavonato ahora?. No tiene sentido desde la logica histórica. 2- Transitamos la primera
década del siglo XXI, a más de cinco lustros del derrumbe del campo
socialista de donde se copiaron –para desgracia de la cultura cubana-
los métodos que llevaron al "quinquenio gris". La mayoría de
los impulsores de aquel pensamiento, integrantes de una ultra izquierda,
hoy se dan algo más que la mano con la derecha cubana. 3- A pesar de ciertas
deficiencias, la política cultural cubana ha crecido y se ha consolidado
de tal suerte que no permitiría un retroceso a esos años grises de
nuestra historia. 4- Creo que llevar a la
pantalla a esas dos personas fueron actos irresponsables, como otros que
se cometen en ese poderoso medio. 5- Que este
intercambio de ideas camine tan rápido hace evidente la necesidad de un
espacio de diálogo entre los artistas cubanos. La UNEAC dejó de ser lo
que era y ahora no hay un lugar donde decir lo que se piensa. 6- Y aunque me juzguen
de autocensurada: no creo, por el momento en el que vivimos, que sean días
para entablar un debate sobre este tema vía electrónica. Sobre este
asunto habría que volver una y otra vez pero como se ha hecho en La
gaceta de Cuba o en entrevistas a prominentes intelectuales que padecieron
el quinquenio gris. Al enemigo no hay que darle –como decía el Che- ni
un tantito así, y el enemigo es real, está al acecho para cada vez
limitar más nuestras posibilidades de expansión en todos los terrenos,
incluido el cultural. Y ver fantasmas de terror donde solo hay atisbos de
irresponsabilidad, es propiciar tela por donde cortar a quienes escriben
miles de cuartillas sobre nuestro futuro, futuro por demás que quieren
ellos dirigir. Paquita Armas Fonseca. -------------------------- UN
RECLAMO ARQUEOLOGICO
((ANONIMO)) Confieso
que tras la lectura de casi todas las cartas iracundas que conforman el
actual “affaire Pavón 2da parte” he llegado a casa con
cierto olor a guardado, como cuando husmeamos en las gavetas de la abuela
muerta o salimos de una librería de uso o del almacén de un anticuario. Fundada
es esta ira --seamos justos--, pero infundados otros silencios. Se
pregunta Desiderio Navarro: “¿cuántas decisiones erróneas fueron
tomadas más arriba sobre la base de las informaciones,
interpretaciones y valoraciones de obras, creadores y sucesos
suministrados por Pavón y sus allegados de la época...?”, al tiempo
que Antón Arrufat fustiga al “gran parametrador de importantes
artistas, (...) el que los persiguió y expulsó de sus trabajos, el que
los llevó ante los tribunales laborales, (...) quien pobló sus sueños
con las más atroces pesadillas, (...) quien llevó al exilio a artistas
dispuestos a trabajar en su país y dentro de su cultura...” Fundada
es la ira de este reclamo, pero visibles a la vez sus costurones, el modo
en que lo convierten en un asunto de arqueología sin lazos evidentes con
el presente, único en la historia de nuestra cultura, único e
irrepetible pues la sabiduría y el humanismo de la Revolución se
impusieron en la hora nefasta para reivindicar a los excluidos por el
Pavonato, como si los tiempos de censuras y autocensuras --no
obligatoriamente ligados al mercado actual de las editoriales y al
dinero-- ya fueran parte del pasado, como si la esencia de este y de
tantos otros sucesos no estuviera en el carácter robespierreano de un
Estado Total al que siempre le han incomodado los intelectuales
preguntones, los que no se ajustan al canon y al pensamiento rector. Ahora
resulta que el teniente Pavón --¿acaso se le ascenderá post-mortem?--,
si seguimos lo expuesto por Antón Arrufat, “llevó al exilio a artistas
dispuestos a trabajar dentro de su cultura”. ¿Acaso trabajaron FUERA de
su cultura Gastón Baquero, Severo Sarduy, Benítez Rojo, Guillermo
Cabrera Infante, todos merecedores de ese Premio Nacional de Literatura
que Antón Arrufat ostenta? ¿Negarles semejante distinción a
quienes decidieron vivir fuera del país o a quienes discreparon sobre el
camino político tomado por la nación habrá sido una decisión del
cancerbero Pavón justo antes de colocarse el pijama? ¿Acaso la verdadera
impronta de este poeta-policía? Algo
sí queda claro: todos estos intelectuales indignados de hoy terminan
exculpando a ese ente abstracto que han dado en llamar Revolución de las
atrocidades de un horrible censor llamado Luis Pavón, la exculpan a la
vez que focalizan la envergadura del mal en lo que Desiderio Navarro llama
“los ubérrimos 60” y los años grises que le siguieron, como si en
los confortables 80, los supuestamente aperturistas 90 y los “incertidúmbricos”
años 00 no se hubieran producido sutiles, inteligentes, barnizadas
manipulaciones y acallamientos en el campo de la cultura nacional, como
pretendiendo ignorar que Pavón, Serguera, Quevedo, como en justa carrera
de relevo, no olvidaron pasarle el baluarte a Pedro de la Hoz, Iroel Sánchez,
Fernando Rojas... Si
Luis Pavón no fue más que un Pinocho eficaz de mala madera, ¿quien
asumirá entonces el papel de Geppetto, su bondadoso creador? El
simple --y grave-- hecho de que estas líneas deban
parapetarse tras el anonimato es ya un marcador visible de que la real y
nefasta impronta de Luis Pavón se respira, puede palparse. 11 de enero de
2007 ------------------------------------------- Deseo
felicitar al autor del artículo
Peor
que olvidar el pasado es tener amnesia del presente por su
honestidad y transparencia de crítica. Una vez más me pregunto cómo es
posible que a estas alturas de la vida de algunos de los
"indignados" (después de tanta catástrofe y represión de años),
todavía pretendan justificar a Castro y hasta hacer referencia del
marxismo (por sentido democrático, lo del marxismo lo puedo respetar). No
obstante, considero que es bueno que le salgan al paso a la resurrección
pavonista y a lo que se esconde detrás de ella, indudablemente que sí,
pero que lo hagan con argumentos más consecuentes con las verdades
esenciales que están detrás de todo el proceso represivo que ha azotado
Cuba desde hace 48 años; que le pongan nombre a las cosas de una vez,
como pidió uno de los escritores; porque ya hay muchos muertos, muchos
torturados, muchos presos políticos y muchos cubanos desperdigados por el
mundo; que se respeten todas las ideas y credos, y que todos los credos e
ideas se unan de una vez para lograr, de una manera profunda y auténtica,
una real transición. Los
que tienen y tendrán una reconocida voz en aras de sustentar la cultura
nacional son los presos políticos, la disidencia interna que todavía no
está encarcelada y los exiliados. Todos los intelectuales, aún activos
en la Isla, deben unir su voz a la auténtica disidencia para que,
definitivamente, haya una verdadera libertad de expresión en Cuba. Manuel
Gayol Mecías, Los Ángeles ------------------------------------------ jueves
11 de enero de 2007 ¡Qué
justa es
la indignación de los intelectuales cubanos ante la reaparición mediática
y vergonzosa de los que fueron verdugos de la cultura! Sé
que los que hablan hoy sufrieron o supieron de la humillación, el
estigma, la expulsión, el desprecio, la marginación, la burla, el
infierno interno de entonces. Algunos pasaron hasta hambre, fueron
ridiculizados, tuvieron que acallar todo impulso creador, meter las almas
en las gavetas, gastar las horas en archivos grises, en salas de traducción
anónimas, en revistas menores o consumirse en las provincias como parias.
Algunos se vieron forzados al exilio. No podían zafarse de la letra
escarlata que les colgaron. Aún hoy llevan sus huellas y hay pedazos de
la letra. Pero entonces era vivir en el puro miedo cercenador. No
puede olvidarse que los "Pavones" destruyeron un brillante y
reconocido movimiento de teatro y danza, que descabezaron los muñecos
geniales de los hermanos Camejo, que quemaron libros, que enmohecieron las
aulas con los dogmas, que mutilaron el pensamiento, que escupieron a los
poetas, que forzaron a usar los inquisitoriales cinturones de castidad a
personas y personajes. No
podemos engañarnos: la aparición, en estos momentos, de Pavón, Serguera
y Quesada, no es fortuita ni inocente. Sus medallas son reconocimientos a
la infamia. Sus presencias, ahora, pueden estar anunciando noches de
cuchillos. Rebeca
Montero, México ------------------------- miércoles
10 de enero de 2007 He
leído con amarga sonrisa el supuesto
debate en torno a la figura de Luis Pavón. ¿Pero acaso fue el
gris funcionario del Consejo Nacional de Cultura el siniestro creador de
la parametración, de la persecución de los homosexuales, de la represión
y encarcelamiento de todo aquel que no obedecía la fórmula del hombre
nuevo? En
Cuba no se hacía nada sin que viniera de Fidel Castro. Si el tirano no
hubiera ordenado ejecutar estos horrores y colocado sus "capos"
al frente de la maquinaria represiva, la parametración no hubiera
existido. Pavón es sólo un instrumento cómplice. ¿Por
qué Anton Arrufat y Reynaldo González, víctimas en su tiempo,
exonerados y canonizados después, no atacan al verdadero culpable? ¿Por
qué recibieron el Premio Nacional de Literatura de las mismas manos que
ordenaron la construcción de los campos de concentración de la UMAP? El
que no tiene vergüenza para denunciar un crimen, por lo menos que se
calle. Esta parodia de la libertad de expresión, mientras disidentes
presos se pudren en las cárceles por el único delito de comunicarle al
mundo que sucede en la Isla-cárcel, es insultante. Armando
López ------------------------ Queridos
humanos; los asuntos de la "cultura" son asuntos del
pueblo..., y al pueblo pertenecemos todos y no sólo ése "nuestro
pueblo" que tanto llevan y traen en sus bocas en los medios de
difusión masiva los voceros de las tantas verdades a medias que
cotidianamente se pregonan hasta el aturdimiento y la confusión de
tanta gente en nuestro país acerca de los "logros y las conquistas
sociales que únicamente en cuba tenemos los cubanos el privilegio de
disfrutar mientras el mundo se está hundiendo en la más profunda de
las mierdas..." y simultáneamente se deja fuera de los medios
toda la "porquería" social que vivimos los cubanos en nuestra
cotidianidad que tanto nos afecta, todas las trabas burocráticas que le
joden la vida a millones de personas aquí en la "llave del
golfo" al hacer la más elemental de las gestiones -incluso sus
trabajos-, y se deja fuera por supuesto entonces la posibilidad a gran
escala de enfrentarnos con nuestros "propios problemas" por
resolver -para por lo menos reconocerlos (primer paso para la solución
de cualquier dificultad: reconocerla), mientras la historia nos
demuestra que las realidades que no enfrentamos en el momento que se
presentan nos golpearán en el rostro de repente al doblar de cualquier
día una esquina cualquiera... Todos los días escucho muchas veces en la
radio y la televisión cubanas -no sin sonrojarme- cómo se le llama
"cultura" a cosas que tienen que ver con el mundo de las
manifestaciones artísticas -Y en el mejor de
los casos con las artes- cuando sabido es que la cultura es la forma en
la que claramente vive un pueblo en un espacio y un tiempo específicos,
y la tal cultura abarca desde la forma en que caminan las personas, qué
comen, cómo gesticulan, y hasta la manera en que se limpian el
culo cuando cagan; siendo las artes y las manifestaciones artísticas
dos granos de arena acaso perdidos y a veces brillantes en la playa
infinita de la intríngulis de la historia de la cultura de cualquier pueblo... Todos
los días escucho y veo un sinnúmero de burradas y estupideces y faltas
de ortografía en nuestros medios masivos de comunicación mientras
escucho y veo a personas en esos mismos medios desmesuradamente haciendo
apología sobre lo que simplemente es un deber para el estado
revolucionario cubano -deber por el cual muchos seres humanos
en la historia de nuestro país ofrendaron sus vidas- y se nos
"vende" o nos "regala" a nosotros mismos una imagen
nuestra que no existe; llena de demagogia y falacia y de hipocresía y
de famas y de repudios y de aplausos... Siempre
me he preguntado porqué no se les llama a muchas cosas por sus
nombres en el país donde nací y en el que vivo por voluntad propia... Nací
en el año 1969 y al tal pavón de cierto lo escuché mentar en una época,
y luego con el tiempo aquí y allá alguien dijo su nombre no sin
desprecio pero no me consta nada de lo que tanto se habla..., soy un
artista de mi pueblo -cuba- y de la humanidad, he dirigido y producido
la película "mañana" que actualmente se exhibe en los cines
de este país, soy miembro de la uneac y soy de las calles de cuba y
digo: si el tal pavón fué tan hijo de puta como dicen que le den en la
madre a él, a su imagen, y a su huella en la tierra...., pero también
me digo: que salga tanto hablar sobre el pavón y su quinquenio de
mierda de los correos electrónicos pues la mayoría de los habitantes
de cuba no poseen este instrumento y merecen saber y opinar sobre lo que
sucede tras las cortinas de su "cultura"..., me pregunto
como cubano y hombre de este planeta qué propósito tienen las acciones
propuestas acerca del caso pavón mientras este país está lleno de
pavones hoy mismo y de pequeños burgueses ocupando oficinas en donde se
"decide" el destino inmediato de millones de cosas que tratan
de abrirse paso limpiamente,y tenemos enormes problemas que resolver y
nombrar, problemas que dan parto a mil pavones por segundo y a otros
miles de seres sin nombre y sin moral que ejecutarán las directivas de
pavones a nombre de la revolución y sus jefes cuando un millón de
veces estos pavones de ahora apuñalan la simple mención de la palabra
revolución y abiertamente viven en el capitalismo mientras pregonan una
cuba socialsta..., me pregunto porqué "esconderse" y que no
salga de cuba este asunto como si nuestros problemas no fuesen parte de
la cochina y brutal e injusta y cruel aldea global en la que
vivimos y que hemos construido nosotros los humanos permitiendo que
existan en el mundo millones y millones de pavones -soy de los que
piensan que reconecer nuestros errores y asumirlos es señal de fuerza y
valor y no nos debilita de ninguna manera-, me pregunto porqué no decir
claramente -y aquí lo digo- que nuestra televisión es una porquería y
que los que en ella mandan actúan en nombre del mismo ser humano que
emitió las palabras a los intelectuales, y aquí hay una contradicción
enorme entre la imagen infinita del che guevara -símbolo de la revolución
social del mundo y de nosotros-y los que hoy de cuello y corbata y
casi todos con sobrepeso se rompen el cuello y desgañitan preconizando
una revolución que nada tiene que ver con esa imagen aburguesada y
estrecha y que tanto hace mella en el altruísmo y el propósito de los
que realmente ejercen el poder con respeto por el pueblo que ahí los
colocó..., me pregunto porqué le permitimos a pavón nosotros los
cubanos emprender tanta mierda en aquel tiempo y si no hubo una masa acrítica
e indolente y permisiva de personas en nuestro país ejecutando cómo
ahora mismo tanta mierda que nada tiene que ver con el espíritu abierto
y libre y desprendido de los que fundaron con su sangre nuestra
patria..., me digo si no es hora ya de no poner tanta curita y hacer la
vista gorda ante el mal verdadero que es para empezar económico -como
sabemos todos- y de distribución de la "riqueza" nacional,y
si vamos a pedir cuentas por la aparición en la tv del tal pavón
y del que era jefe del icr cuando botaron a mi padre y a silvio rodríguez
de ese instituto, y cuentas por la aparición del otro quesada porqué
mejor no coger el toro por los cuernos y exigir que se deje de lado
tanta mierda y pongamos a ocupar "cargos" en el mundo de la
"cultura" sólamente a aquellos que no piensen solamente
en su barriga o en sus calzoncillos o en sus blúmers y que únicamente
personas decentes y capaces -que
los hay también "al bate y en la pelea"-
ocupen los puestos de jefatura a todos los niveles y no sean autómatas
que le hablen a uno todo el tiempo de que están cumpliendo con una
tarea de arriba mientras se cagan en los que somos el pueblo trabajador
y nos postergan indefinidamente hasta que un día muchos de ellos dan
con su familia y "riquezas" en el territorio al que tanto se
estaban oponiendo: eua -estados unidos de américa-... Me
pregunto quién le va a devolver los amigos perdidos por el tal
quinquenio gris a quienes amigos perdieron, quién le devolverá la
juventud a los que ya se les fue comiendo mierda y callándose la boca
ante gente como pavón, cómo si realmente los pavones de este
mundo fueran importantes -yo ni siquiera recordaba al tal pavón-
cuando en realidad nosotros hacemos valer a los cretinos como pavón y a
los que por la tele lo "sacan", y los hacemos valer con
nuestro silencio, con nuestra "vista gorda", con nuestro
pensamiento sólo en nuestros mendrugos sin darnos cuenta que otros están
despilfarrándose banquetes que también nos pertenecen, con nuestro
"ahora no es el momento oportuno" y tanta hipocresía y tanta
mierda que con dolor he vivido en mi país, no
sin que hayan los otros que han estado con sus vidas y sus artes y sus
trabajos del lado de acá luchando sin miedo para que se acaben los
pavones y los serviles que sin nombre en masa tanta mierda ejecutan y se
viran a quejarse con el vecino en voz baja por tanta porquería que
ellos mismos provocan!!!!!!!!!!!!!!!!!! No
votemos el sofá!!!!! No
restrinjamos nuestros males sociales -porque sin dudas el evento pavón
es un mal social muy de nosotros- a dos o tres centímetros de espacio
nacional!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Vayamos
a las causas que engendran tanta mierda y enfrentémoslas para que no
sigan con nosotros bajo otras formas y otros disfraces jodiéndonos
tanto la vida!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Y
que viva la revolución verdadera, carajo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Iskánder. Y que no me pongan ahora como uno que quiere encender la candela con todo ni cosa parecida ni que estoy diciendo lo que no digo, no he dicho aquí que todos los jefes son corruptos ni un carajo ni que todas las personas son cobardes, ok?????????????!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! EN
HOMENAJE A LUIS PAVÓN TAMAYO Adhesiones
llegadas en los tres primeros días: Jorge
Ángel Pérez, Desiderio Navarro, Arturo Arango, Reynaldo González, Antón
Arrufat, César López, Leonardo Acosta, Norge Espinosa, Abelardo
Estorino, Ramiro Guerra, Jaime Sarusky, Monseñor Carlos Manuel de Céspedes,
Nancy Morejón, Ambrosio Fornet, Luciano Castillo, Sigfredo Ariel, Marta
Valdés, Zenaida Castro Romeu, Ena Lucía Portela, Waldo Leyva, Enrique
Pineda Barnet, Jorge Luis Sánchez, Senel Paz, Rebeca Chávez, Reina María
Rodríguez, Luisa Campuzano, Carlos Celdrán, Pancho García, Adelaida
Fernández de Juan, Aries Morales, Eliseo Alberto, Tomás González,
Magaly Muguercia, Amir Valle, Pedro Pérez Sarduy. CESAR
LÓPEZ: En
momentos de rabia en los que casi echaba espuma por la boca y quizá
por el resto de los nueve orificios del cuerpo humano, luego de alguna que
otra conversación telefónica con compañeros igualmente irritados,
iracundos, desconcertados y llenos de vergüenza por el disparate mediático,
¡Ojalá que sea sólo eso y así!, recibí tu profunda y valiente reflexión
como un estado de advertencia cultural, histórica, ética y desde luego
política. Gracias, amigo, por pensar y actuar. Cuenta conmigo y mis
atisbos de pensamiento en actitud firme y dispuesta para desfacer el
entuerto que parece avanzar peligrosamente... pero te comunico, con José
Martí, que: "Yo soy honrado y tengo miedo." Abrazos de
reconocimiento y alerta. LEONARDO
ACOSTA: Desde
1959 a nuestra fecha, el ICRT se ha caracterizado por ser el organismo
mediático y cultural (????) que ha gozado, o más bien que ha sufrido el
castigo de tener los dirigentes más mediocres y/o más descarnadamente
abusivos e irresponsables del país, casi siempre ajenos al periodismo y
la cultura, o indiferentes hacia ambas profesiones. El caso
"Papito" Serguera tuvo el raro privilegio de aunar todas y cada
una de estas "cualidades", sumadas a su anti histórica actuación
como diplomático que desdichadamente ha sido olvidada, y que estuvo a
punto de enajenarnos la amistad con uno de los países del Tercer Mundo más
entrañablemente unido a Cuba a través de los procesos revolucionarios de
ambos países y la primera misión internacionalista cubana de gran
envergadura frente a la artera invasión imperialista contra esos
hermanos. En
el caso de Luis Pavón hay tantos cómplices abiertos o encubiertos que no
vale la pena citarlos aquí, pero es indiscutible que su permanencia al
frente del CNC durante mucho más que un "quinquenio" sólo
sirvió para engendrar o al menos prolongar un estado de
"Sangre, Sudor y Lágrimas" en la cultura nacional. Pero
el elogio de ambos personajes, sumado ahora al del frustrado, resentido y
vengativo Torquesada, y al nefasto Congreso de Educación y Cultura de
1971 es sencillamente una infamia y un insulto a la memoria de José Martí,
Félix Varela y todos nuestros próceres e intelectuales. Esto me hace
pensar que hay personajes siniestros detrás de esta verdadera campaña
por la rehabilitación de sicarios que han hecho tanto daño en nuestro país
y al prestigio mundial indiscutible de la Revolución. ¿A quién hay que
emplazar por estos desmanes? Estimo que, en primer lugar, al ICRT. Creo
que todos los periodistas, escritores, artistas, científicos y por
supuesto las mentes políticas claras que abundan en nuestro país,
tenemos el deber de unirnos para que se nos explique cómo es posible que
se permita esta falta de tacto, de respeto y de sensibilidad que nos sitúa
en el plano de ciertos países del Cono Sur bajo personajes como el
nefasto Menem campeón del neoliberalismo, con sus leyes llamando al perdón
y el olvido hacia los torturadores. Actuar
rápido y con tacto e inteligencia. NORGE
ESPINOSA: La
resurrección de otros cadáveres Como
si la memoria cultural y política del país fuera una esencia
inconsistente, capaz de adaptarse como líquido manso a cualquier
recipiente sin asomo de incomodidad, los cubanos que nos preciamos de
formar parte de esa misma memoria hemos sido convidados al olvido. A través
de la televisión cubana, nuestro medio de legitimación público más
poderoso, dos figuras a las cuales suponíamos en el bien de sus
silencios, han resucitado para demostrar de qué manera puede tomársenos
a menos, y sobre todo, inducir en espectadores poco enterados una imagen
que, por acrítica, acaba siendo intensamente peligrosa. Ya
se sabe lo que le ocurre al que no quiere caldo. Pareció no bastar con la
presencia de Jorge Serguera en uno de los programas de mayor audiencia y
en el cual más recursos y riesgos entrega nuestra televisión, tan cauta
a la hora de transmitir en vivo. Ahora, apenas el pasado viernes, en un
horario no menos estelar, irrumpió en la programación televisiva un
espacio titulado Impronta cuyo objetivo pareciera ser dignificar y
destacar la obra y vida de importantes figuras de nuestra cultura. Cosa
que no está mal, recordados a medias como son casi siempre las figuras
verdaderamente vivas de las artes cubanas, casi nunca localizables
en las primeras filas de lo que nuestra televisión difunde con
insistencia al transmitir ciertos actos públicos. Pero si eso era lo que
esperábamos del repentino programa, el error es crecido y doble, pues a
falta de creadores con mejor currículum y trayectoria, el invitado a este
improntu fue no otro que el camarada Luis Pavón. Podrá
decírseme que exagero, pues al autor de El tiempo y sus banderas
desplegadas se le dedicaron apenas cinco minutos de fama televisiva. A
Serguera, apropiadamente entrevistado en el set sombrío y tenebroso de
algo que pretende llamarse La diferencia, se le regalaron treinta
minutos de diálogo, donde cantó, bromeó (si Alfredito Rodríguez canta
mal, hace que sus invitados canten peor: oh, milagro), eligió entre yuca
y caviar, y reconoció haber cometido algunos errores. “Como todos”,
subrayó, lavándose unas manos que Livio Delgado fotografiaba, al tiempo
que recordaba a Enrique Arredondo y Carlos Moctezuma, actores de la vieja
escuela vernácula, capaces de salirse de la rigidez de los guiones para
poner en vilo con sus morcillas el control cuasi militar que la televisión
obtuvo bajo su mando. Pero Serguera no presumió en exceso de sus
contactos con el orden político: sus gestos, su voz, siguen identificándolo
como un hombre de recia extracción militar. Sin embargo, los cinco breves
minutos dedicados a Pavón hicieron de ese costado el pilar de todo su
espacio. Esta
emisión de Impronta gozó de una dramaturgia singular, que
comenzaba citando la dedicatoria de Ernesto Guevara a Luis Pavón. Algún
distraído podría pensar que el Che pudo en verdad dedicarle todo un
volumen al ex presidente del CNC, cuando en verdad lo que se leía eran
las palabras estampadas en un ejemplar de Pasajes de la guerra
revolucionaria. La maniobra no es ingenua: emplear líneas de una
figura sacralizada, que se nos presenta en la historia y la mitología de
la Revolución como una imagen sin tacha, para ofrecer una referencia
sobre este otro personaje, de historial francamente funesto en nuestra
memoria cultural y las otras, denuncia una labor de limpieza que, lejos de
obrar con eficacia, ensucia y empaña muchas otras cosas. Pavón, que en
su entrevista parecía el buen señor mayor de la puerta de al lado, repasó
sin detallar su carrera política al frente de un mundo cultural que por
poco deshizo, obrando como un buen soldado bajo las órdenes de otros
personajes a los cuales representó con mano dura. Al final de su
programa, la voz de la locutora insistía en destacarlo como una figura a
la que se le recordará por su condición de intelectual de infinito
compromiso revolucionario. Si esa es la tónica que tendrá el programa,
si esa es la línea de selección por la cual podremos saber o no quiénes
merecen o no ser elegidos para alzarse ante el público televisivo como
figuras de referencia, vale preguntarse por qué el organismo que produce
esa clase de espacios no prefirió entrevistar a Roberto Fernández
Retamar o Graciela Pogolotti, por poner solo dos ejemplos de intelectuales
que no solo poseen una obra de muchísima mayor firmeza, merecedora del
Premio Nacional de Literatura, y para los cuales el compromiso con la
Revolución ha sabido resolverse en formas mucho más pródigas de lo que
entendemos como cultura y diálogo. Claro que también valdría
preguntarse por qué no pueden ser otros los invitados a Impronta.
Por qué la selección, entre nosotros, para esos espacios, trae consigo
una resaca que, a la vez que elige a unos, evidentemente impone a otros
una cuota de silencio o invisibilidad rampante. La
resurrección de estos cadáveres es un síntoma que, leído en secuencia,
puede y debe provocar reflexiones e inquietud. Si la cultura cubana es
consciente de su pasado y su tradición, si en verdad está apta para
revisitarse y comprender lo que es, por encima de sus logros reales, no
los triunfalistas, y los errores que la han traspasado; estas presencias
no deben ser recibidas con indiferencia. Las víctimas de lo que, como
mando de censura y parametración organizaron Serguera y Pavón, debieran
sacudirse el polvo y el lodo que este regreso les echa encima, y
levantarse con voz de alerta. Lo que implica el que tales nombres ocupen
espacios principales de la televisión, ganen una atención y una promoción
que otros de mucha mayor valía y trascendencia no poseen, es un signo
grave que puede desatar otras preocupaciones. Repasar sin asomo de respeto
el pasado cultural cubano, sin la debida delicadeza ni la conciencia real
de lo que ahí se acumula; es lo que parecen introducir entre nosotros,
como penosa actitud, estos acontecimientos. Espero que la vergüenza
propia de quienes sufrieron esos desmanes se alce y no acalle la indignación
que ha corrido por las calles habaneras, por la discreta ciudad letrada
cubana, tras estas fantasmagorías que hemos debido ver, sintiendo el
golpe de lo que se llama “pena ajena”. Sería una actitud que
dignificaría y nos recordaría el modo en que la cultura, para ser
manipulada, debe ser ante todo un valor moral y de dignidad regeneradora.
Teniendo en cuenta, sobre todo, que muchos de esos que fueron alejados de
su quehacer durante el quinquenio gris bajo el mando de Serguera y Pavón,
aún esperan una disculpa real y palpable por lo que debieron padecer. Mi
generación no tuvo que sufrir a ninguno de estos personajes. Sufrió a
otros, copias de menor poder, a los que hemos visto entrar en el rango de
no-personas, cuando poco a poco comenzó a flexibilizarse el diálogo que
ellos mismos negaban. Tal vez podría argumentarse que exagero al
reaccionar con un horror que es más justificado en quienes sí se vieron
frente a frente con estos personajes cuando eran algo más que estos
fantasmas televisivos del presente. Pero sí he sabido que el hombre
repite con más gozo sus errores que sus aciertos, y es demasiada la
coincidencia, y demasiado el desasosiego que hechos como estos nos ofrecen
como lectura. Cuba vive un instante de particular cuidado, atraviesa un
momento en el que las preguntas sobre el futuro inmediato deben hacerse
con una dosis de respeto hacia el otro, hacia todos, que nos permitan
creen que en ese futuro podremos respondernos mutuamente sin fanatismos ni
miopías. En ese estado de hipersensibilidad, los signos pueden generar
otros signos, la vida puede prefigurar otras formas de la vida. No creo
que a esa vida le sean provechosas esta clase de resurrecciones. Pero
respiremos, todavía puede que encendamos el televisor una de estas noches
y aparezca en pantalla, sonriente y desmemoriado, buen señor de la puerta
vecina, el fantasma de Armando Quesada. ABELARDO
ESTORINO: Una
noche pasé frente al TV y vi la imagen de un anciano sentado
con cara agriada pero conocida aun, el locutor dijo su nombre y me quede
sorprendido. No sabia si existía o había muerto, hacia mucho
tiempo que nadie pronunciaba su nombre, todos lo habíamos olvidado.
Fue una cura de salud olvidar sus momentos de poder cuando
puso en peligro todo el trabajo que se hacia por construir una
cultura diferente, con aliento renovador. Si ha muerto, ni siquiera
debemos recordarlo y para suerte nuestra no volveremos a oír
su voz, ni firmara nuevos edictos; si vive, permitir que su voz vuelva a oírse,
será sufrir otra vez las persecuciones, el miedo, la mentira.
Por estas y muchas más razones que otros compañeros han esgrimido me
adhiero a sus planteamientos. ABILIO
ESTEVEZ Queridos,
creo que el hecho de que viva en Barcelona no me salva. Recuerden que
lo viví de primera mano, porque acompañé a Virgilio Piñera en el
peor período de su vida. Y su muerte no fue una muerte
cualquiera, sino un lento asesinato. Así que sé lo que fue el
"pavonato", y más de una vez he dicho que eso de
"quinquenio gris" es, como bien dice Desiderio, un
eufemismo (o una burla). Ni quinquenio ni gris. Una década de horror. En
mi ingenuidad, pensé que esas fantasmonas (no por tristes menos
peligrosas) no reaparecerían nunca más. Imaginarme a las abominables,
Pavón et al, homenajeados en la televisión, me provocan deseos de mudarme
un poco más lejos, a Wellington, por ejemplo, capital de Nueva
Zelanda. Muy bien el texto de Desiderio. Muy bien y contundente, el
de Arrufat. No sé si pueda yo servirles de algo, creo que no, puesto
que hace años que me cansé (o fatigué) y volví la espalda. Pero
en todo caso, aquí estoy, muy bien acompañado porque vivo justo al lado
de la Sagrada Familia. RAMIRO
GUERRA Acabo
de recibir tu mensaje sobre la insólita aparición de Pavón en la tv
nacional días pasados, de la cual vi el anuncio, el cual no me permití
injustificadamente molestarme en ver por la repulsion que tengo hacia
el personaje. Él acostumbra a salir como los muertos fantasmales de vez
en cuando, en lugares importantes para después desaparecer. Hace
unos años apareció por los pasillos de la uneac
y yo le hice saber a Aurora Bosch que entonces era presidente de la
Sseccion de Danza que no contara con mi presencia por allá mientras esa
personaje pisara las losetas de la uneac. Pasado
un tiempo que he olvidado ahora, ella me hizo saber que ya él había
desaparecido y que podía devolver mi presencia a la institución. No
me ocupé de buscar el programa en que debía aparecer el personaje
inconscientemente parece que rechazando la posibilidad que ahora
tú haces patente de que "un revival" pueda ocurrir al
tambien aparecer el bien olvidado Serguera, compinche del colosal
descalabro cultural de los 70. Solamente queda por aparecer aquel, cuyo
nombre he olvidado, tomó las riendas de las artes escénicas en
aquella triste oportunidad y que barrió con el movimiento teatral surgido
a la sombra de la revolución. La
danza bien sufrió el descalabro al hacerme desaparecer, aunque insólitamente,
creo que yo fui uno de los pocos que mantuvo un sueldo que debía ir
a cobrar a una bolsa fantasmal que se creó y se mantuvo viva por varios años
en lugares también fantasmales del área del Consejo Nacional de
Cultura . Nombres
importantes del movimiento teatral fueron "parametradamente"
enviados al Ministerio del Trabajo, donde solo encontraron el bacheo
de calle y el sepultureo en el cementerio como opciones de trabajo. El
teatro guiñol fue inmisericordemente desvastado y sus hermosos muñecos
fueron enviados al Cayo Cruz de la basura, que aun existía en la bahía. y
los Camejos perseguidos de forma especial, borrados de la cultura
nacional. Mientras,
fue suspendido el Decálogo del Apocalipsis, obra mía que debía
de estrenarse según invitación impresa en bello
rojo vivo con fecha para el 15 de abril de 1971 después de un trabajo
arduo de un año y un enorme gasto de vestuario y escenografita y
que debió marcar un hito importante en el desarrollo de la danza
contemporánea en Cuba, y cuya falta han lamentado las generaciones
surgidas después de mí en esa área por los graduados de las
escuelas de arte, quienes perdieron las referencias danzarias promovidas
por mí en 12 años y que marcaron el desarrollo exitoso de un movimiento
de danza enraizados en una identidad nacional pero bien informados
de las vanguardias de la época. Mucho
se ha escrito sobre ese fenómeno por los coreógrafos que me siguieron,
especialmente Marianela Boan, heredera de mi quehacer creativo con su
grupo Danzabierta. Lo
que has dicho en el mensaje que he recibido me ha abierto los ojos ante un
peligro que parece estar fundamentado en estos días de posibles
cambios en los rumbos de la política cultural del país al aparecer
esos fantasmas del pasado que quieren volver en búsqueda de nuevos lauros
en oportunista situación. El
hecho que la tv nacional los
saque de la sepultura del olvido puede anunciar una nueva tempestad. JAIME
SARUSKY Ruego quede
estampada mi firma en la protesta de los escritores y artistas
cubanos frente a la torpe pretensión que en el programa de televisión
Impronta se ha tratado de revivir y reivindicar a un nada deseable
funcionario de una etapa de lamentable intolerancia en nuestra
cultura. LUCIANO
CASTILLO: Ante
esta ignominiosa "política de resurrección" habría que
recordar aquella frase tan recurrente en Cocteau que a Carpentier le
gustaba citar: «Los hombres de verdadero talento nunca molestan a los demás,
quienes envenenan el aire que los envuelve, son los mediocres y los
malogrados». (…) El veneno que destilaban por sus poros esos gendarmes
de la cultura salpicó a no pocos intelectuales y artistas. ENRIQUE
PINEDA BARNET he
recibido con pavor todo cuanto se resucita de Pavon. He vuelto a
tener insomnios. Estoy entre pesadillas de amigos vapuleados, del Guignol
asesinado, de los perseguidos, los huidos, los aterrados, de
los teléfonos con frases entrecortadas, documentos inocentes
quemados u ocultados, poemas perdidos y sueños mutilados. reaparecen
palabras, signos, como quemaduras marcadas en la piel: parametración,
Umap, censura, condena, consejo, brujas, pavon, quesada, y sus herencias
en los mítines de repudio o sus consecuencias congresos ....y
etceterás. SENEL
PAZ Y REBECA CHÁVEZ: Compartimos
tus puntos de vista y esperamos la ocasión inmediata de actuar con
firmeza y dar respuesta rápida y enérgica a esta acción. Muy útiles y
movilizativos estos mensajes, pero hay que pasar ahora mismo a una
acción más concreta y frontal. JUAN
CARLOS TABÍO Estoy
de acuerdo absolutamente en todo lo que dices. CIRA
ROMERO (síntesis de dos mensajes): Qué
disparate lo del Luis Pavón en la tv.
¡Cuántas heridas de nuevo abiertas ante esa imagen deplorable! (…)
Cuando vi el programa sabía perfectamente que lo que está sucediendo iba
a pasar. Las voces tienen que levantarse airadas. No queda otra
alternativa. Felicito a los que lo han hecho de manera pública. Lástima
que nada de eso se publique. REINALDO
MONTERO: Según
la dialéctica que me gusta, la casualidad no es más que una expresión
de la necesidad. La necesidad, por si fuera poco, es tan feraz que rápido
se expande, enraiza, florece, es decir, va dejando mucha huella y
hace mucho. Quiero dar noticia, para quien aún no lo sepa, de un
florecimiento, de una censura reciente. La dirección de la televisión
cubana prohibió trasmitir la obra teatral Marx en el Soho (texto de
Howard Zinn, actuada y dirigida por Michaelis Cué), anunciada para el 25
de diciembre, según el spot que la estuvo promoviendo. Por supuesto que
no la prohibieron por razones estéticas, o en la televisión no quedaría
ni el noticiero. Marx en el Soho se estrenó hace dos años, fue vista por
miles de espectadores, donde se incluyen el propio Howard Zinn, Ricardo
Alarcón, Abel Prieto. La puesta viajó a muchos países, y regresó. El
trabajo de Michaelis fue premiado por la crítica cubana, la que hay. Pavón
De Venus coincide con Cisne De Juno en el cristal sonoro. Casualidad que
obedece a alguna necesidad, al menos en la dialéctica que me gusta. En
función de la concreta necesidad a que obedezca mostrar hoy en día al
Pavón y al Cisne, la prohibición de Marx en el Soho ratifica el alcance
del doble disparate, o del doble acierto. IVETTE
VIAN: Yo
tenía 23 años. Y estuve 12 parametrada, congelada. Me quitaron mi carnet
de la UNEAC y de la UPEC. Trabajé 4 años como asistente en el círculo
infantil Kásper y 8 años en la construcción. En ambos lugares conocí
gente formidable, aprendí mucho y encontré la felicidad, a pesar de
todo. Nunca pensé que podría publicar nada más, pero me inquietaba
la idea. No entendía bien qué me había pasado ni qué pasaba en el
gobierno de mi país. Pero no guardaba rencor (aunque nunca pude volver a
saludar a Ricardo García Pampín, ni pude volver a ser amiga de David
García Gonce, ambos altos traidores) y siempre estuve y estoy dispuesta
al perdón. Pero, me horroriza que vuelvan aquellos tiempos y ahora que
estamos abocados a cambios, la aparición ante un receptor masivo (y que
posiblemente no sabe "la historia" o como dicen, la olvidó
caribeñamente) de los recién resucitados verdugos Serguera, Pavón y
Quesada (agregándole otras señales como la prohibición de la obra de
teatro Marx en el Soho, o la salida del programa sobre aquel
Consejo de Cultura...) de pronto fue como un golpe de sospecha y de miedo:
¿acaso nos espera otra prueba mayor, después de 40 años?... ¿acaso
regresa la tortura espiritual?... De modo que estoy de acuerdo con la voz
que se levanta en protesta y para conjurar cualquier
"casualidad". Por si acaso. Por si pretenden volver. Por si
viene algún cambio acompañado de algo peor. Me
quedé en Cuba por puro amor. Toda mi familia se ha ido. Los he perdido a
casi todos. Sobre todo por esta razón me uno a los que quieren impedir un
regreso a las sombras. "Que siempre brille el sol" en esta
isla. No queremos verdugos (ellos solo merecen el olvido). Con amor para
todos los cubanos, que esperamos compasión y piedad. JORGE
LUIS SÁNCHEZ Este
debate me parece mucho más serio e interesante, que las velas alimentando
las penumbras de un estudio, en eso coincido con Arturo Arango. Yo, que no
tengo tiempo para sentarme a ver la televisión, vi el programita. Y
dudé, pues cuando el pavonato, era un niño y no lo padecí
directamente. Me tocaron otros, más recientes, en los ochenta. Pero a
este señor de los setenta, no le había visto su rostro. Me llamó
la atención que quién hizo el reportaje escamoteó olímpicamente que
Pavón fue el presidente del Consejo Nacional de Cultura. ¡Ni en off
la voz del narrador se atrevió a nombrar el cargo! ¿Tal vez para
que ante las nuevas generaciones, una palabra tan indeseable como parametrado
no nos perturbara más la memoria? Esto lo escribí, y lo circulé
en la noche del 6 luego de leer a Desiderio y a Arturo, ahora te agrego
que me sumo a todo este fecundo debate. Que no debe incumbir solamente a
los afectados. Ni a los que vivieron el disparate. Que no debe incumbir
solamente a los afectados. Ni a los que vivieron el disparate. Mi abuela
decía este refrán: Si me viste fue jugando, si no me viste; te
jodiste. ¡Cuando la ignorancia y la malicia se unen...! Cuenta
conmigo para lo que sea. OMAR
VALIÑO : Con
el mismo asombro e indignación que los otros he estado siguiendo en
detalle el justo y oportuno intercambio de mensajes. Por supuesto que
puedes seguir contando conmigo en primera fila para lo que sea. FRANK
PADRÓN: Estoy
tan indignado como cualquier intelectual cubano honesto que conozca
un poquito la historia y, de un modo u otro, la haya padecido. Ahora: si
no tomamos medidas urgentes (…) se corre el riesgo de que todo esto no
pase de las ya habituales polémicas en la red estilo La diferencia. También
opino que la "salida al aire" casi seguidas de dos figuras así
de tenebrosas no es una simple coincidencia ni una mera torpeza
("para variar") de nuestro querido Instituto de TV. GERARDO
FULLEDA LEÓN: (…)
Me indigné cuando me relataron lo que el había dicho: hay que ser
descarado para mentir asi públicamente y para hacer las confesiones que
el hizo. Lo del otro si lo vi, (…) fue muy grande el subio que cogimos
mi amigo y yo, que padecimos aquel momento, donde todos
fuimos parametrados, o sea cercenados moralmente, psíquicamente y,
porque no, económicamente, aunque nuestro nombre no hubiera aparecido en
las listas oficiales de los parámetros. Por todo ello me sumo, como uno
mas, a todo lo que pueda impedir que días como aquellos resurjan y que
mentalidades que causaron tanto daño se pavoneen como mansos corderos o
orgullosos cumplidores de “lo dispuesto”, ante nuestros televidentes.
Bastante mal nos hicieron aquí y a la propia Revolución, que decían
defender con sus abominables hechos, ante la opinión pública
internacional por los desmanes de entonces. No es hora de temor, o de
silencio sino de unidad para evitar cualquier intento de retrotraer los
tiempos y que la historia intente repetirse. La caja de Pandora la
abrieron ellos y son quienes deben temer a nuestro dolor, excusarse ante
nuestras cicatrices y callar. MARCOS
GARCIA: Creo
que no se debe uno permitir el silencio ante esas cosas. Aplaudo de corazón
a Desiderio Navarro y a todos los que honestamente ponen su nombre al dar
sus palabras. No viví en la televisión ni recuerdo el "quinquenio
gris", pero lo que me han contado es suficiente: tantas voces
inteligentes no pueden estar equivocadas al mismo tiempo y sobre un mismo
tema. CESAR
LEAL (…)
Recordemos también que José Llanusa y Pavón fueron la punta
visible del iceberg de una política cultural instrumentada
conscientemente para "controlar" –perdonen el eufemismo– el
desarrollo de la cultura cubana durante aquel llamado "Período
Gris"; durante el cual, dicho sea de paso, también sobresalieron
artistas y escritores que –al menos formalmente– disentían (¡palabra
peligrosa!) del realismo socialista que se trataba de imponer. Creo
que se precisa una revisión más amplia de aquel período
artístico, en todos los sentidos, para conocer las causas y
justificaciones para que figuras como Pavón fueran colocadas en el
más alto cargo en la "dirección" del desarrollo –o
involución– de la cultura cubana; lo que dió como resultado que
muchos artistas y escritores, fueran o no homosexuales, tuvieran que
optar por el exilio en el exterior, mientras otros fueron
"inxiliados". Fue una vergüenza que Pavón fuera redimido y
exaltado en la televisión cubana, pero no ha sido ni será él sólo el
único: El fantasma de los 70 recorre hace rato el país, ¡ver para
creer, hermano! Pero, tengamos mente positiva, y esperemos que no se
repita el disparate. ABELARDO
MENA Al
pasado no debemos regresar jamas. Que "No pasaran", como decían
los republicanos españoles, depende de nuestra voz alta. Es curioso ver
como las nuevas tecnologias ayudan a polarizar un sentimiento común. ¿Será
el icrt la imagen visible de
un retorno al pasado deseado por algunos? Hay que seguir gritando..... VIRGILIO
LÓPEZ LEMUS: Debes
saber que me adhiero sin titubeos a los planteamientos de esencia que
ustedes hacen, y que van más allá de cualquier agresión de tipo personal,
de "revancha", o de innecesarios "ajustes de
cuenta". ALBERTO
ACOSTA: Fueron
errores e injusticias muy dolorosas y muy perjudiciales para la cultura
cubana y sus creadores. Que no se pueden perdonar. Ninguna impronta
más infeliz. Ojalá que haya sido por distracción y no por intención. CARLOS
REPILADO He
leído algunos de los documentos sobre la presencia de Luis Pavón Tamayo
en nuestra tv y sin realmente
analizar a fondo cada uno de ellos, solo por principio me adhiero al
sentimiento de repulsa por la presencia de semejante personaje en nuestra tv.
Él mismo por un mínimo de dignidad y vergüenza si es que alguna vez la
tuvo debería haberse negado a mostrarnos su nefasta imagen y pensamiento
que solo logra ofendernos y traernos recuerdos que siempre será mejor
olvidar. Olvidar ahora solo después de una rectificación ante tamaño
error. CARLOS
CELDRÁN Desde
que supe de lo de Pavón en tv
y leí las reacciones que esto ha provocado he estado por escribirte. Si
en algo vale mi opinión y lo poco que he hecho en el teatro para
detener y esclarecer semejante agravio, cuenta con mi apoyo y mi
solidaridad. Los que hacemos teatro en Cuba sabemos lo peligroso de la
situación. Es un deber. PANCHO
GARCÍA He
estado al tanto de la polémica desatada a raíz de la inusitada, inesperada
e incomprensible aparición en el programa impronta de la tv
de Luis Pavón, aborrecible personaje de esa década que ojalá
olvidar pudiésemos, como bien sabes yo fui uno de esos que no reunían
los parámetros para pertenecer a la cultura cubana. Me siento
conmovido por la reacción de ustedes ante tal hecho y por supuesto
siéntanme parte de esa protesta. De mas esta que te diga que puedes
usar mi opinión para lo que desees. JUAN
PIN: Como
sabes el argumento más utilizado para cualquier debate cultural público
o privado cubano, divide los pulsos de los diferentes criterios en dos
corrientes fundamentales, izquierda y derecha, a la larga términos que en
realidad, y a mi modo de ver, circunscriben la discusión a criterios
específicamente intelectuales, de un asunto que tiene mucho que ver con
la naturaleza misma de la formación de la elite revolucionaria en el
poder, que no ha sido la misma durante cincuenta años. Muy poco conocemos
sobre los debates ideológicos a los que se enfrentaron los diferentes
integrantes de la elite, menos de sus alianzas políticas internas. El
justo temor a la fragmentación de esa elite, por una parte, propició que
hayamos permanecido “compartimentados” todos estos años de un debate
que hoy se expresa con abundante curiosidad entre los más jóvenes,
confundidos por libros de historia, panfletos, nombramientos, fotografías
y biografías autorizadas, revisadas y escritas tan insulsamente, como
cualquiera de los libros aprobados durante el pavonato. Dentro de esa
madeja de intereses políticos, insurreccionales y no insurreccionales,
algunos anteriores a la caída del batistato, están los embriones de Pavón,
o de los que como él fungieron como victimarios. Nada los disculpa. No
los asiste razón alguna para tan arbitrario e inmoral comportamiento,
pero sí contaron –y cuentan– con la autorización y la delegación de
poderes. No fueron políticas aisladas y son fácilmente identificables en
aquellos debates iniciales del triunfo revolucionario. Lo que ocurre desde
hace mucho tiempo en la televisión, y ocurrirán cosas peores, estoy
seguro que expresa más que una tendencia, la enorme ignorancia que hoy
campea por su respeto en el ICRT, aunque pienso que en momentos de crisis,
homenajear a los victimarios es también una manera de sacarlos del debate
y evitar que a través de ellos se evidencien aquellas fisuras mayores. No
voy a escribir un rosario de argumentos sobre esta última idea, que haría
palidecer a la mayoría de los integrantes del debate y retirarse a una
buena parte de ellos por miedo, desinformación o ignorancia. He pasado
los últimos tres años de mi vida recogiendo testimonios, no solo de las
víctimas, también de los victimarios, para articular un cuerpo verbal
que regalarle a mi hija, de solo cinco años, cuando tenga edad para
hacerse un juicio de los acontecimientos que pasaron. Aspiro a que se
interese por los problemas que entorpezcan la vida y el porvenir del
tiempo que le toque, pero muy pocas herramientas le están legando las
instituciones, mucho menos ustedes los sobrevivientes. Cuando quieras, en
las circunstancias que quieras, de la forma que elijas que sea en
beneficio del amor, mi patria, lo mejor de la revolución y la cordura,
cuenta conmigo para el debate. Pero Rey, bien sabes que jamás me invitarán. MARITZA
CORRALES No
es posible aceptar este tipo de "desliz e ingenuidad", por denominarlo
eufemísticamente, en tiempos como los que estamos viviendo. Sé que, como
siempre, serás profundo, certero, demoledor y –como Martí lo
fue– sin odios. Ténme como uno más de los cruzados. La paciente y muy
dolorosa reconstrucción de los estragos culturales, pero sobre todo
humanos, que nos vimos forzados a vivir e intentar restañar, no puede
haber sido en vano. Para atrás, hermano, como reza uno de nuestros lemas
revolucionarios, ni para coger impulso. De aceptarlo estaríamos, al decir
de Mayito, involucionando y esto, por lo que hemos dado lo mejor de cada
uno de nosotros, es una Revolución basada y concebida sobre dos sencillas
y raigales palabras: dignidad y justicia y debemos seguir luchando
porque así sea. MAGALY
SÁNCHEZ: Pienso
que crear un clima de preocupación y disgusto entre la intelectualidad
cubana en estos momentos es el mejor servicio que se le ha podido prestar
al enemigo ideológico. Creo con ustedes que hay que salirle al paso a esa
tendencia de desagraviar y distinguir a personas que, orientadas no sé
por quien y con evidente mucho gusto, dejaron tan dolorosa huella y
no solo dentro del ámbito de la cultura. RICARDO
REIMENA La
rutilante reaparición orquestada en la tv,
del más que incalificable tipo nombrado Luis Pavón; punta del
iceberg oscuro de una época..., y valga la contradicción entre el
iceberg y la oscuridad. (…) No importa, que se bloqueen los servidores,
como pretenden los delincuentes de la globalización digital cuando
solicitan a los ingenuos, reenvíos de oraciones o de tontas historietas
sobre la suerte. Ahora sucedería por la grave culpa del peor
delincuente de la Cultura y el Arte. ANTONIO
DESQUIRON: La
amnesia conveniente es tan común.... ¡Ahora el fulano es prócer! Y
mira. No me sorprende tanto la impronta. A lo mejor me crees un resentido.
Puede. Después de haber visto y vivido en carne propia tanta
basura, que me asombra poco el pavo real. Y claro que siento y resiento
aquellos años tan presentes en mi De
intelectuales cubanos en el exterior: TOMÁS
GONZÁLEZ Queridos
seres que alumbran el camino de nuestra selva oscura. Lo que estamos
viendo era de esperar; pero no es todo, faltan otros que están detrás de
estas "erinias". Seres que saben odiar, porque han puesto su
odio, que es su único talento, al servicio de una nefasta utopía
que es la de poner bajo control todo lo que es hermosamente
humano en una sociedad. La verdadera utopía que merece todo nuestro
empuje es la de que se termine la ecuación del hombre lobo del hombre.
Ellos son de tal mediocridad que dependen de nosotros; pero como ellos
saben que sin nosotros, toda la intelectualidad y el arte de talento,
ellos no pueden hacer nada. Pero todo estos, cuidado, son los hijos de
Manuel Sanguily; y recuerden por que muere Placido. Esto es un avance de
lo que viene. Pero recuerden que lo que se acaba de ejecutar es la
apertura de la "caja de Pandora". No hay que precipitarse.
Faltan nombres. Una vez una bailarina de cabaret, por supuesto que no era
una buena bailarina; aunque muy hermosa. Le pregunta a su amante:
"Oye, Papi, tu que andas por allá arriba. Dime por que Torquemada
puede hacer y deshacer? El anciano funcionario le contesto: "Lo
ampara el poder divino". Esperar a que se descubran el rostro todos
los que están enmascarados. Recuerden que estamos cerca del Triangulo de
las Bermudas. Y lo que hemos dado por fenecido, esta en realidad
enmascarado. ¨Que chambones podemos llegar a ser. ELISEO
ALBERTO Hasta
mi azotea en Ciudad México, llegan desde La Habana las palomas mensajeras
con los informes, o partes, de la cólera que ha desatado en la isla la
resurrección televisiva de Pavón. Oigo, emocionado, el coro de los
dignos. Cuenta con mi voz, mis cicatrices y mi palabra: suma mi ira al
coraje de los amigos. Ojalá las aguas retomen su nivel, y que juicios
desbocados no alboroten el avispero –aunque, si nos pican la memoria, al
pan le llamemos pan y, al vino, por supuesto vino–. Me siento, estoy, en
la isla y junto a ustedes, como siempre. Peor que
olvidar el pasado es tener amnesia del presente Jorge Luis
Arcos Los
últimos acontecimientos desencadenados en Cuba tras la resurrección de
Pavón-Quesada-Serguera, es decir, por ahora, multitud de gritos de
diversa índole por correo electrónico, articulación de un frente común
doméstico para protestar por el intento raulista de limpiar a sus
antiguos instrumentos represores, lavar la memoria histórica, y, de paso,
humillar una vez más a sus víctimas, y, en general, a todos los
intelectuales, cuando no también, de paso, advertir que la pesadilla
puede regresar de nuevo, etc., no es sino un episodio más dentro de una
realidad devastada. Muchas de las reacciones en contra, así lo demuestran
a pesar suyo. Unas, abogan porque el problema se resuelva dentro de casa,
como si una parte considerable de las víctimas no estuviera fuera de
Cuba; otras, tratan de negar lo evidente: que todo ello responda a una
estrategia del poder, como lo fue en el pasado, y como lo es en el
presente incluso; muchas, critican lo sucedido, abogan por una reparación
pública, pero, por supuesto, sin nombrar –ni antes ni ahora- a los
verdaderos responsables. Es sencillamente increíble. Tal parece que una
parte considerable de los intelectuales cubanos dan por hecho que el régimen
actual va a continuar existiendo, y ellos, dentro del mismo, con su
variada gama de complicidad, silencio, oportunismo o, incluso, alegre
aprobación. Porque aun cuando se rectifique públicamente –y eso está
por ver todavía y sobre todo cómo- lo sucedido recientemente, ello no
constituiría sino un leve reacomodo dentro de una política cultural en
esencia subordinada a un poder totalitario. Pues está muy bien protestar
por la resurrección de la imagen de aquel pasado ominoso, pero ¿cómo
convivir en el presente con un régimen que coarta diariamente todas las
libertades elementales? Peor que olvidar el pasado, es tener amnesia del
presente. Aun los más honestos críticos de lo sucedido, demuestran que
en el presente ellos mismos continúan sometidos a cierta censura, a un
miedo modelado por décadas de
represión.
Como si lo terrible sólo aconteciera en el pasado, como si el presente no
pudiera ser cuestionado… En todo caso, impera una buena dosis de
conformismo: que no regresen aquellos tiempos tan tenebrosos (para ellos),
pues el presente, terrible también, al menos no es tan tenebroso (para
ellos). El poder a la larga ha ganado: ha logrado que una buena parte de
la intelectualidad, sobre todo aquella minoría selecta que tiene voz pública
dentro del país, viva en un limbo metafísico con respecto al resto de la
población, no levante su voz –como ahora- contra los que organizan mítines
de repudio contra los disidentes pacíficos, contra los que fusilan
sumariamente a tres delincuentes comunes en una oprobiosa madrugada,
encarcelan a periodistas, y, para colmo, firman cartas de aprobación de
tales actos vandálicos. Tienen, pues, un civismo relativo, selectivo,
pragmático, oportunista o conservador. Tienen miedo, en definitiva. Y no
está mal que lo tengan, pues todos lo tenemos, pero sí que lo esgriman
solamente cuando ven la posibilidad de ser ellos afectados nuevamente más
de lo que lo han estado siempre. Uno de ellos dictamina sobre quienes son
de derecha dentro y fuera de Cuba, dando por sentado que él es de
izquierda. Pero ¿qué izquierda es esa que no quiere reconocer que la
derecha ha estado siempre en el poder? Bien, yo también tuve miedo, yo
también padecí la censura y sobre todo la autocensura. Tuve que irme de
mi país para disfrutar del triste privilegio de poder escribir este mismo
artículo sin esperar represalias, para poder poner en blanco y negro lo
que pienso realmente sin el temor de perder mi trabajo, ser expulsado de
la vida civil o, incluso, ir a la cárcel. Según mi propia experiencia, sé
que es casi imposible (por suicida) un enfrentamiento directo. Pero, al
menos, respetemos a quienes dentro de Cuba sufren una represión directa
por el simple pecado de decir lo que piensan, e, incluso, respetemos también
a quienes hemos tenido que renunciar a nuestra patria física para poder
dormir al menos con la conciencia un poco más tranquila, si es que ello
es ya posible. Ustedes, los que viven en Cuba, también merecen ser
respetados, pero tendrán que ganarse –como todos- ese respeto ya sea
con actos o incluso con silencios y sacrificios significativos, pues cómo
siquiera intentar ser respetados por el mismo régimen que los humilla día
a día con su variopinta colaboración o amnesia selectiva u oportuna. A
estas alturas del juego ¿se puede jugar sinceramente a ser reformista? ¿Reformas,
para qué, para mantener el estado actual de cosas? Esta es la
encrucijada. Es sencillamente increíble que después de casi medio siglo
de represiones, desconfianzas, paternalismos y manipulaciones de toda índole,
alguien todavía pueda tener la esperanza que bajo el mismo régimen que
ha instrumentado todo eso pueda haber ilusiones reales de democracia
cultural. El mismo error perverso que se acaba de cometer, es una buena
prueba de ello. En un instante, todo lo ganado -precariamente, por lo demás-
en casi tres décadas de difícil, delicado o coyuntural pacto o
compromiso con el poder, ha sido barrido por un gesto prepotente, ciego
para con su propio futuro (¿será acaso porque apenas lo tiene ya?). Un
gesto político chambón para con su propia política cultural -¿por qué
noto en este instante como un turbio deja vu?-, como el gesto de quitarse la máscara o, en última
instancia, ese que puede justificarse por una ética de barrio, o de piña
machista: soy amigo de mis amigos… ¿Acaso se conformarán con que les
digan que todo ha sido un error de unos despistados y oscuros
funcionarios? En fin… Sé
todo lo que me pueden decir mis colegas insulares: que es muy fácil
escribir con cierto tono admonitorio desde donde yo escribo, que por qué
no escribí nunca estas cosas cuando estaba dentro de Cuba, etc. Y tendrían
razón. Como me decía un amigo, nadie tiene el derecho de exigir a los
demás lo que no haya sido capaz de exigirse a sí mismo. Correcto. Pero
también es cierto que si me atengo a esas razones, nunca podría escribir
lo que pienso realmente y, además, ¿para qué entonces decidí renunciar
a vivir en mi país, para continuar callado o autocensurado? ¿Ese
sacrificio, esa renuncia, entonces para qué? ¿Es realmente fácil
escribir desde el exilio de sí mismo? Como le decía Ciorán en su famosa
carta desde París a su colega rumano: unos sueñan con la libertad que no
tienen, otros con la justicia que no ven por ninguna parte. En definitiva,
amigos escritores, no quiero entrar en una discusión bizantina o sofística
que a la postre rehuye el centro del problema. Si los actuales sucesos no
les hacen ver lo evidente: que el régimen ha sido en esencia siempre el
mismo, entonces muy poco se puede esperar de un futuro “con todos y para
el bien de todos”, que, por cierto, lamentablemente, tal vez sea una
utopía más, pero ¿cómo vivir sin ella? Es muy cómodo, por ejemplo,
abogar porque la cultura cubana sea una sola y de repente olvidar a las víctimas
tanto de dentro como de fuera del país. En muchos casos, sería como
olvidarse de sí mismos. Ninguna cultura se funda con esas premisas.
Amigos intelectuales cubanos, así no se juega. Carta
para no ser un espíritu prisionero Hará
unos cuatro años leí un libro que bajo el título “Un espíritu
prisionero” publicado por Galaxia Gutenberg y traducido del ruso por
Selma Ancira, recopila textos de Marina Tsvietáieva, fragmentos de su
diario, relatos y poemas. También aparecen hacia el final de este libro,
documentos extraídos de los archivos de la KGB. “Un espíritu
prisionero” trae una introducción que dice:“los escritores rusos,
crecidos en espacios donde la libertad no ha abundado, siempre se han
sentido portadores de esta libertad; por eso su suerte casi siempre ha
sido aciaga. La muerte temprana de Pushkin y Lérmontov, la locura de Gógol,
el cautiverio de Dostoievski, la censura –fiel compañera de todos ellos
que tuteló con especial celo la obra de Tólstoi y Chéjov, son algunos
ejemplos del pasado.” Y prosigue...“esta tradición se ha visto
perfeccionada en la época soviética: años de loas, de cantatas y también
de silencios, prisiones y exterminios...” Recordemos,
pienso ahora, a Mandelshtam, a Pasternak, a la Ajmátova que ni siquiera
tuvo un cementerio. No puedo, después de haber leído a estos autores y
conocer cómo vivieron y murieron (Mayakovski, por ejemplo, y Marina que
se ahorcó en Yelábuga), quedarme con los brazos cruzados ante algo que
me parece, a la distancia de aquellos hechos, y en esta isla en el centro
del Caribe, una tragedia para la nación cubana que ya vivió expulsiones
y censuras por los años setenta y aún sigue viviéndolas. “¿Unas
condiciones favorables? –escribe Marina– se sabe que para el artista
éstas no existen...La vida misma es una condición desfavorable...”Pero
las condiciones pueden endurecerse aún más, y esto es lo que he sentido
durante los últimos días. Cuando me reuní en Estocolmo en el año 1994
con escritores del exilio, comprendí que la tragedia de la separación no
se resolvía con eventos ni diálogos. Aquel mal (abierto y sin
cicatrizar) estaba allí, donde la venganza y los remordimientos habían
hecho una yaga purulenta que confiscaba toda posibilidad de cura. Los
participantes de un lado y del otro, se insultaban primero dentro de la
reunión, y se abrazaban después en los pasillos, como si las dos orillas
se unieran en aquellos abrazos efímeros. Mi ingenuidad sirvió de puente
para entregar a Heberto Padilla unos poemas de autores jóvenes
desconocidos por él(entre ellos, los de Antonio José Ponte) que Heberto
usó después para una ponencia sobre poesía cubana que leyó en Madrid
ese mismo año durante el encuentro “La Isla entera”. Pensé
que sólo cosas como los afectos y la poesía podrían borrar el odio y
los resentimientos, porque siempre he creído en la escritura como un modo
de salvación o terapia. Pues, ya que todos estábamos enfermos de
paranoia (incluso, los que por ser muy jóvenes no participamos
directamente de las tensiones y rupturas de los años setenta, cargábamos
con ese fantasma y el complejo de culpa de “no parecer
revolucionarios” cuando opinábamos o hacíamos algo diferente). Teníamos
que poner la pomada contra el dolor, la letra en cursiva de la experiencia
vivida y los ejemplos (a la que se refieren ahora tantas cartas de estos
últimos días), como una parte de la sanación: no puede volver aquella
época “dura” pero, ¿cómo eliminar hoy las secuelas que todavía
subsisten? ¿Cómo enfrentar sus causas sin examinar a fondo los motivos? Al
entregar aquellos poemas de jóvenes desconocidos a Heberto Padilla (que
quiso venir de visita a Cuba y siempre le fue negado “el permiso”
hasta que la muerte se lo otorgó), hacía un acto de limpieza personal
tratando de comunicarme, de entendernos, porque no podía suceder con alguien de esta época, lo que sucedió
en el pasado, porque nosotros, creía, éramos diferentes. Con
los acontecimientos de febrero del 2003, después de discusiones que
tomaron un año en el seno del ejecutivo de la Unión de Escritores y la
final, pero rápida desactivación (“muerte por silenciador”, la
llamo, sin derecho a tener un papel por escrito ni una apelación) de
Antonio José Ponte, poeta, narrador y ensayista, escritor de la generación
que precede a la mía, la desesperación no me ha dejado tranquila. Muy
pocos no aceptaron aquella medida y la mayoría calló. Si silencio esto
ahora, sentiría una vergüenza que no me dejaría vivir en paz. Si he
trabajado por la cultura es pensando que cualquier desviación hacia zonas
de mutilaciones, censuras y métodos represivos para los artistas serían
abolidos con la confianza en el trabajo creador que es la primera fuente
de cultura que permite la proliferación de voces, matices, estilos,
ideas, todo en un haz diverso. Cuando
recuerdo las palabras de Lutero que Marina pone en su boca:“¡No me he
de someter! ¡Nada ni nadie me ha de atar, porque el bien que más estimo
es mi propia y libre voluntad de elegir, pues sin ella muere el espíritu!”
pienso, que eso es por destino, el único objetivo que tiene un escritor.
Sé que ninguna literatura tiene valor si nos plegamos a las facilidades o
vanidades que de ella provienen sin sacrificios del espíritu, sin opinión,
sin carácter, y si soportamos cualquier herida hecha a un escritor,
porque, ¿qué es la obra de un artista, sino un pequeño peldaño en la
escalera construida por tantos otros? ¿Qué es un escritor, sino un pez
hambriento que devora de otra carne, la sustancia? Un hueso de la misma vértebra,
su juicio; ese verbo de su inconformidad, de la ruptura entre cuerda floja
y abismo. Entre poder y realidad. Entre realidad y deseo. “Desactivar”
es una palabra ajena. Un escritor vive siempre de otros; se activa con
otros, y no se desactiva, sin desactivar también al conjunto con los que
se formó, compró libros, discutió autores, sus vidas. Para el arte no
existe ese término que no pertenece al rango de lo estético. Un escritor
que ha emprendido esa tarea con su destino no se desactiva ni después de
muerto, pero al hacerlo por decreto, nos desactivan en espíritu con él;
en espíritu con los que habitan los libros que él nos prestó, las ideas
y las historias que compartimos juntos. Pues, no hay reglamento ni código
que ponga en práctica esa palabra que no puede existir más que para las
bombas, las maquinarias, los artefactos, no para las voces de una nación.
Porque estaríamos desactivando toda la literatura acumulada con él (en
él) y desmontando todo ese engranaje de pasado y sabiduría. Escribo
esta carta para recordar otras escenas en las que no participaron Pavón y
sus acólitos, pero donde estuvieron presentes también. Sé es cómplice
de manera retroactiva. Sé es cómplice (hasta sin querer) en la
futuridad. Hay imágenes pirograbadas en el interior de nuestras mentes
que son modelos que debemos vencer. “Vigilar y castigar” son modelos
que debemos vencer; miedos que debemos vencer para acercarnos al riesgo de
la verdad. Horrores que debemos vencer y que no se vencen con
formalidades, con compromisos, decretos, desactivaciones. La salida fácil
y abrupta del ahora, será un hueco negro en nuestras cabezas, una
oscuridad más, y toda dureza pone a relieve la fragilidad de otro acto
oscuro y tenebroso. Sólo redes extendidas con flexibilidad harán posible
un tejido sin grietas. Odio
esta grieta en mi escritura, en mi vida. La grieta de la pérdida de la
confianza; de la vida que otro está viviendo sin mí, en algún libro, en
cualquier pasado que ahora recuerdo. Mi silencio determinaría también la
atrocidad cometida, el dolor. Obedezco sólo a los muertos ilustres de los
anaqueles, a sus voces que dicen: “todo lo que ha sido relatado es
–infinito. Así, un crimen no confesado, por ejemplo –continúa.” No
quiero tener mi espíritu prisionero, no hay prisión peor que esa, la del
espíritu. Uno está preso en uno mismo, incapacitado para decir o hacer,
sentir o pensar. Uno se convierte en un títere, en un zombi, en un
mendigo. Un escritor no vale dos fragmentos de un periódico cualquiera.
No hay expulsión para una obra; para cada detalle logrado de un oficio
que cuesta la vida. Cuidar la página, el poema, la opinión, los desafíos
a la realidad, las posturas y la ambigüedad, incluso, las equivocaciones,
las diferencias políticas y los “No”. Ese “non rifutto”, del
poema de Cavafis. He
obtenido algunos premios literarios, pido el premio mayor para
un artista: el del respeto por uno, en todos y por las
diferencias. La patria de un escritor es la misma, pero a la vez, doble y
distinta por ser una patria también mental. Sacarlo de esa primera patria
no cuesta mucho: visas, permisos, pasaportes es fácil. Sacarlo de la
patria del escritor, no sostenerlo en ella, divorciarlo de su contexto es
un crimen contra esa legión que vigila desde los anaqueles y por ellos,
por los que de sus libros no se podrán sacar ¡jamás!; por todos esos
muertos que ya no juzgamos más que por sus obras, hay que sostenerlo, a
uno, en muchos, a todos, en alguno, aunque cueste toneladas de diferencias
y sutilezas. Durante
noches de desvelos ha quedado claro dentro de mí, el lugar de una mancha
que no me pertenece. ¡No quiero esa mancha!, la discutí con todos los
argumentos que tuve en cada oportunidad, pero no quiero ser cómplice de
ella aún sin quererlo. Tampoco hubo reuniones posteriores donde pudiera
tratar ese tema, porque no hubo más reuniones desde entonces y ¡pasaron
cuatro años! que decidieron mi separación afectiva del conjunto que
decidió aquella sanción y asesinato: y el No. Hoy, mientras leo correos
y correos llegados de diferentes partes pidiendo una sanación (y para
curar hay que raspar primero y duele), pienso en lo que sintió Antonio
José Ponte cuando ninguna de sus cartas a los escritores del gremio fue
respondida. Pienso en Heberto Padilla que no pudo volver físicamente a la
Isla cuando ya estaba muy enfermo. La
poesía tiene una libertad que no le está conferida más que a ella. En
nombre de esa libertad (utópica) que da la poesía a un artista, condeno
la medida tomada con el creador de “Corazón de Skitalietz”, de
“Cuentos de todas partes del Imperio”, de “Contrabando de
sombras”, de “Las comidas profundas”, de “Asiento en las
ruinas”, de “Un seguidor de Montaigne mira La Habana”,
de “In the cold of the Malecón”, de “El libro perdido de los
origenistas”, de “La fiesta vigilada” y apelo hoy (en el 2007), como
si no hubiera pasado un segundo (porque este tiempo está medido por el
destino del arte y los artistas trabajan “para la eternidad”), al
espacio de reflexión pequeño todavía, incipiente, creado a partir de la
crítica al pavonato reactivada por un grupo de escritores y artistas
cubanos, para devolverlo a él (simbólicamente), y a otros, a la única
patria de los escritores de todos los tiempos y lugares: la patria de la página
de la cultura a la que pertenecen. Si
no existe un espacio público para la defensa de los artistas; para sus
ideas; el lugar para una amplia polémica del espíritu, las diferencias,
la crítica y la confrontación del pensamiento reactivado a cada momento,
entonces, ¿qué nos guarece? Y
lo que me pregunto cuando otros ejemplos salen a flote y tantos silencios
se rompen por una vía inusual (ya que carecemos de otras vías para
nombrarnos intelectuales) es qué cosa somos. No es un problema de este
nombre hoy o de aquel otro de ayer; de los rostros que detentan el poder
por un tiempo, sino del mecanismo de los relojes que dicen: detener,
expulsar, reprimir. De la legalidad con la que el artista pueda defender
sus utopías y hasta sus negaciones. Aunque no son problemas que atañen
solo a los artistas y escritores: es un problema de todos. Porque mientras
quede una paja o basura en el ojo de alguno, no habrá visión para
construir esa cabaña de “Derzú Urzala”, si antes no limpiamos bien
la montaña que hay que escalar juntos, sin límites geográficos,
mentales o políticos (los de adentro, los de afuera); si no pensamos en
qué vamos a legarles a los que vendrán y con qué hojas prenderán ese
fuego de la cultura, nos quedará solo el vacío estéril del silencio por
juez. Reina
María Rodríguez Azotea,
11 de enero del 2007 La
Habana, Cuba. La
casualidad no es, ni puede ser, más que una causa ignorada de un efecto
desconocido.
La
verdad nunca daña una causa que es justa.
Hay
que afinar, o ampliar, la mirada para estar en condiciones de realizar
lecturas del suceso en un espacio global; proponer que la práctica se
dirija en direcciones que, por lo común, arrojan resultados
contradictorios tanto como complementarios. Trabajar hacia adentro del país,
su Historia, devenir cultural, sistema social, dispositivos ideológicos,
estructuras de control, espacios de circulación de opinión o negociación,
sistema educativo (por todo lo que tiene de creación de tradiciones,
canonización de hechos o figuras), problemáticas locales o de cualquiera
de las muchas capas humanas que conforman la totalidad. Desplazarnos hacia
la relación con el afuera, en tanto los países son parte de entramados
regionales al mismo tiempo que del espacio mundial de las naciones,
pertenecen a organismos de todo tipo, defienden allí su autonomía e
identidad, sus políticas internas y proyectos con vecinos o países
distantes, enfrentan conflictos o enconadas enemistades.
Durante
varias semanas la televisión cubana ha estado transmitiendo las sesiones
del coloquio titulado Fidel: memoria y futuro (ya va por el
fragmento número 22 de esa celebración, que tuvo lugar durante el mes de
diciembre pasado y duró varios días). Una reunión sorprendente, pues
–en vida- se realiza sin la presencia de la figura a cuyo alrededor
tiene lugar la asistencia; desde meses antes Fidel Castro se encuentra en
período de recuperación de una enfermedad grave y, pese a todo tipo de
especulación durante los días previos al coloquio, terminará por no
asistir al evento, aunque bien puede decirse que lo preside desde lejos.
Vale la pena recordar que el Coloquio, con una asistencia de más de 3,
000 personalidades, constituyó una manera de razonar el devenir del
socialismo cubano así como de establecer la necesidad y deseo de su
continuidad. A reserva de que haya sucedido otra cosa en los salones, las
sesiones transmitidas por la televisión hablan de un país estable, homogéneo
alrededor de su historia, inmerso en luchas de supervivencia y desarrollo,
una sociedad sin heridas o fracturas que elabora un futuro de ideales
compartidos y donde, por encima de las diarias dificultades de la vida, la
felicidad es estandarte común. En
otro escenario de esa misma televisión, y justo por los mismos días de
la transmisión del coloquio, un olvidado ex-funcionario del mundo de la
cultura, es invitado a ser la figura central de un programa (titulado Impronta
y con una duración de cinco minutos) cuyo objeto, como el nombre
indica, es hacer un rápido homenaje (casi un recordatorio) a aquellas
personas que han dejado una huella importante en la cultura nacional. El
funcionario se llama Luis Pavón Tamayo y, aparte de libros de poemas de
escasa relevancia y su obra periodística, hace su verdadera contribución
en términos administrativos durante los años que dirigió el Consejo
Nacional de Cultura (1971-1975). Al día siguiente, aparece un breve
correo electrónico donde un escritor joven comunica su indignación por
el homenaje, ya que ese antiguo funcionario es exactamente quien, al
frente del organismo que entonces dirigía, instrumentó la política
represiva que, en el sector de escritores y artistas, es comúnmente
identificada bajo la denominación “quinquenio gris”. Después de
esto, y durante ya más de una semana, decenas de mensajes electrónicos
son enviados dentro de la comunidad de los escritores cubanos; al inicio
en el interior de Cuba, pasados pocos días con la participación de otros
que ya no residen en el país. II
En
realidad, lo sucedido es una suerte de avalancha caótica cuya mejor
explicación es un estado de ira exaltada: una persona comienza con el envío
de un mensaje a varios destinatarios; un pequeño grupo responde con
rapidez y la comunidad de lectores los identifica como una suerte de líderes
a quienes mandar, a su vez, nuevos mensajes de apoyo; finalmente, un nuevo
grupo, esta vez de cubanos viviendo fuera del país, se suma al conjunto.
Las primeras firmas indican que la mayoría de los integrantes del
circuito son escritores, sobre todo aquellos que hoy tienen más de 60 años
y que padecieron en carne propia aquellos desmanes de los que acusan al
ex-funcionario Pavón; esto se puede comprobar en el mensaje donde Arturo
Arango, uno de los más rápido suma su voz al rechazo, se pregunta si
acaso los más jóvenes (él mismo pasa de los 50 años) no van a
participar del intercambio. Cuando, finalmente, comiencen a participar
integrantes de dicho grupo interpelado, las consecuencias se tornarán
dramáticas; personas que eran niños cuando tienen lugar los hechos de
los cuales se hace responsable a Pavón, resulta que pueden relatar
iguales, parecidos o emparentados sucesos en sus vidas de adultos. Dicho
de otro modo, establecen una sólida línea de continuidad entre el ayer
que alguien trató de limpiar, con el frustrado homenaje al
ex-funcionario, nuestras vidas presentes e incluso hay quien extiende la
conexión hasta la vida que a nuestros hijos les espera. Para colmo, en el
transcurso del intercambio, van siendo descubiertos hilos que conectan el
“affaire Pavón” con otras acciones que, en semanas o meses
anteriores, han tenido lugar en la televisión cubana: la invitación a
Francisco Serguera, antiguo director del organismo, a una entrevista donde
asegura no arrepentirse de nada; la entrevista (en otro programa) a
Armando Quesada (quien fuera subordinado de Pavón, a cargo del mundo
teatral cubano, y a quien se acusa de haber ejecutado la política de
“parametración”) e incluso la mención (como una fecha histórica
digna de recordar) del Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura,
del año 1971, de donde brotaron las directivas políticas para el
tratamiento de la presencia de homosexuales en los predios educativos y en
la vida cultural cubana a lo largo de la década, todavía con profundas
consecuencias hasta hoy. El
grupo de los cubanos viviendo fuera de su país merece destaque aparte.
Son más agresivos, emplean la ironía y la burla (contra la comunidad de
escritores a la que, en fecha todavía bien reciente, pertenecían),
algunos –al tiempo que se asombran y critican silencios anteriores-
felicitan que haya ocurrido una repulsa tan unánime y, sobre todo, exigen
responsabilidades políticas. No se conforman con una crítica al ex-
funcionario Pavón, sino que piden seguir los hilos del poder y rastrear,
hasta sus últimas consecuencias, las conexiones de Pavón en el entramado
político cubano de la época. Dado que, además, extienden la atmósfera
de esos setenta hasta el presente, la aceptación de sus planteos prácticamente
implica la necesidad de una revisión de la historia de la cultura
nacional en el período revolucionario. III
Es
difícil extraer reglas de algo que no es sino un intercambio caótico
donde nadie es el centro y en el que el principal interpelado no ha
respondido, así como tampoco cualquiera de quienes puedan compartir sus
ideas acerca de cómo tratar los problemas de la cultura cubana (desde el
punto de viste de alguien que la dirige y administra). En realidad, más
allá de una conversación que alguien contó, ni siquiera sabemos qué
puede pensar Pavón de sus años de funcionario en el terreno de la
cultura o sus actuales valoraciones sobre el estado global de esa cultura
(de la cual, al menos como periodista, poeta e investigador, continúa
siendo parte). Ahora bien, puesto que en un momento de los intercambios
uno de los participantes (Arturo Arango) introduce una digresión en el
argumento central (llama a tener una mirada balanceada, pues la televisión
también celebra la concesión del Premio Nacional de Ciencias Sociales al
ensayista marxista Fernando Martínez) y puesto que otro de los
participantes (Desiderio Navarro) se siente aludido y responde dando
continuidad a la digresión, es justo precisar que tanto digresiones como
respuestas –entre los participantes y ya no en dirección a Pavón- son
posibles. Si
esta regla mínima es cierta, junto con el catálogo de prácticas de
violencia cultural que han salido a escena, como en una erupción, igual
es cierto que nadie de entre los participantes las ha contestado; dicho de
otro modo, si bien es factible que no conozcan la realidad última de los
episodios narrados o que los hayan escuchado mencionar siquiera, tal
parece que –mediante la permanente actualización de un saber y una
memoria compartidos- los aceptan como verosímiles. Atenuadas o activadas,
según se les necesite, las prácticas de violencia son componente
estructural del universo en el cual estas personas desenvuelven su
cotidianeidad, son parte del “juego”. Por otra parte, aunque los
participantes del intercambio son escritores y artistas, no pocos de los
episodios que exponen se refieren a la vida de cualquiera (demonización
de un tipo de música, prohibición de llevar pelo largo, pantalones
cortados por la policía, internamiento u hostigamiento a homosexuales sólo
por su identidad sexual, etc.); otros episodios (censura de libros, de
concursos, autocensura a la hora de realizar la obra artística, etc.) son
ya propios del campo cultural. Lo
interesante aquí es unir ambos catálogos y hacer que la figura
resultante intersecte (podemos considerar que esta figura es la del saber
y memoria compartida) con el retrato de nación que brinda el coloquio al
inicio mencionado, ya que –luego de cumplir con la tarea- el último más
bien resulta una fantasía política compuesta con destino a una
determinada audiencia externa al país. Por una elemental demanda de
coherencia, es necesario que la audiencia del tal discurso sea externa,
pues ¿cómo imaginar que un sector de la sociedad (en sentido amplio, y
dada la extensión del catálogo, la sociedad completa) celebre y se
felicite de su propia herida?
IV
Es
importante, en este punto, plantear una operación delirante (hablar en
abstracto cuando ya casi parecía que íbamos a concretar
responsabilidades y nombres) y colocar aparte dos cosas que el coloquio
unifica: los liderazgos de la Nación y el retrato que de ella se brinda.
Si esto es así, entonces hay que aceptar que es no sólo un retrato
edulcorado, sino falso en no poco grado y bastaría para demostrarlo la
cantidad de dolor que ha fluído en apenas una semana de intercambios
electrónicos entre un pequeño grupo de escritores y artistas que, después
de todo, no alcanza el medio centenar de personas. Visto desde otro ángulo
(el de las posibilidades), no podemos siquiera imaginar lo que sucedería,
lo que subiría a la superficie si, en lugar del estrecho circuito de
estos intercambios, el proceso de revisión de este dolor es realizado, de
modo abierto, en los más diversos medios de comunicación, centros de
enseñanza, organizaciones políticas o sociales, si creciera hasta
convertirse en un “tema” de debate en la sociedad cubana actual.
Claro
que esto nos obliga a plantear el tema de la responsabilidad. ¿Qué hacer
con Pavón, el funcionario que estructura un dispositivo de control y
represión de la diferencia a nivel de todo un país, pero de quien no
queda otra huella? No existen libros que recopilen sus discursos, ni
tampoco sus ensayos sobre el tema que sea; su periodismo está lo bastante
disperso como para dificultar su seguimiento o contiene tan pocas
ideas que, en general, no existe su pensamiento, sino que es, desde
el punto cualquiera que se le juzgue, un ejecutor. En términos históricos,
un esquema hace tiempo planteado por Hannah Arendt en su célebre estudio
sobre el juicio a Adolf Eichmann (de donde nació la idea sobre la
“banalidad del mal”): el funcionario modesto que es modelo de dedicación
y honestidad; que jamás se opone a ordenanza alguna de la superioridad,
sino que más bien se adelanta a desplegar las acciones que satisfacen
aquello que él interpreta como los deseos de un abstracto “mando”
(que, aunque tiene su figura mayor en un líder concreto también está
fragmentado en disímiles figuras colocadas en un nivel superior) y cuyo
único defecto es que pone el absoluto de su energía al servicio de una
idea horrible.
Pero,
incluso dando por hecho que la idea haya podido surgir unicamente
en la mente del funcionario (con lo cual sólo serían sus cómplices
quienes, a lo largo y ancho del país, están dispuestos a cumplirla, con
fervor en no pocas ocasiones), ¿qué hacer con sus pares o superiores jerárquicos
en el aparato y cómo evaluarlos? Y, esta vez a mayor profundidad, ¿dónde
están las ideas que se opusieron a aquella que tomaba carne en el
funcionario ejemplar? No sólo dentro del “mundo de la cultura” (que,
en un primerísimo lugar, padecía la arremetida), sino muy especialmente
fuera de él y, sobre todo, en el interior del aparato de administración
y político. Dicho de otro modo, ¿qué estamentos de la sociedad (e
insisto en que, sobre todo, del aparato de administración y político) se
opusieron al despliegue de control y represivo? ¿Cuáles personalidades
sociales, “cuadros” de dirección, departamentos u oficinas y en qué
nivel jerárquico se encontraban? ¿Cuáles fueron sus destinos? ¿Cuáles
los de quienes padecieron los efectos del dispositivo? Dada
la extensión del dispositivo (medios de comunicación, centros de enseñanza
y mundo de la cultura, como mínimo) hasta abarcar el país entero, es
natural suponer que los efectos fueron padecidos por toda la población, sólo
que aquí se impone considerar la presencia de gradaciones, pues la
consecuencia tiene que ser más grave en tanto mayor sea la desviación
respecto a aquello que se supone norma; o sea, que habrá personas
(muchas) que consideren que o bien los hechos del catálogo no existieron
o ni siquiera los rozaron en sus vidas particulares. Esto, matemáticamente
aceptable, conduce -sin embargo- a un razonamiento todavía más grave y
de complejo entretejido, pues obliga a imaginar sujetos que
“ignoraban”, a quienes pareció normal la no existencia en Cuba de jóvenes
con pelo largo y vestidos a la moda occidental, que escucharan música
cantada en idioma inglés (sobre todo el rock), que leyeran a autores no
santificados por la porción más “oficialista” de la institución
literatura, que manifestasen orgullo de sus creencias religiosas o que
viviesen sin conflictos en el espacio público identidades sexuales
alternativas. Dicho de otro modo, si el conflicto existió (y existió),
la única forma de apelar al beneficio de la ignorancia es haber sido
parte del dispositivo represivo, ya sea por ser uno de sus diversos
eslabones (aquellos que aplicaban las directivas o vigilaban su
cumplimiento) o por manifestar entonces una sustancial falta de
solidaridad con los castigados (bien por compartir el despliegue del
dispositivo, bien por simple miedo a también terminar siendo parte o
acomodamiento por estimar que no es el problema de uno). Puesto que,
pensando estadísticamente, los individuos-eslabones deben de hacer sido
en puridad una cantidad menor, hay que haber ido reduciendo la relación
con el entorno hasta prácticamente la relación con uno mismo para así
uno poder estar seguro de que realmente ignora; es decir, hay que haber callado
ante el problema del vecino de barrio, familiar cercano o lejano, compañero
de trabajo o simple conocido. Esta marca ejemplar de insolidaridad es uno
de los efectos más dañinos de tiempos como los aquí comentados. Tampoco
olvido que, para cualificar a quienes padecieron, es imprescindible sumar
un elemento más en el análisis: el hecho de que la legislación cubana
impida que cualquier ciudadano abandone el país si antes no dispone de un
“permiso de salida”; no es un dato gratuito, pues implica que los
parias del universo diseñado por el ex-funcionario estaban
imposibilitados (como opción para no sufrir) incluso de abandonar el país
si así lo deseaban: eran, en toda la extensión de la palabra, víctimas.
Cultura
(publicaciones, sistemas de premio, espectáculos, eventos y exhibiciones
artísticas de todo tipo), Enseñanza (programas de estudio, libros de
texto, condiciones para la permanencia o acceso a este o aquel nivel),
Medios de Comunicación (temas tratados, circulación y –más que nada-
la posibilidad de plantear no ya opiniones alternativas, sino simplemente
matizadas alrededor de los elementos básicos que conformarían el núcleo
ideológico de la estructura represiva), Aparato Político-Administrativo
(directivas, decretos, leyes o modificaciones de la ley, rutinas de
funcionamiento durante la resolución de problemas, prácticas de
interacción respecto a planteos o demandas de la ciudadanía) y Espacio Público
(condiciones para su uso, conductas estigmatizadas o estimuladas,
introducción de nuevos sentidos o reformulación de tradiciones) son la
llave. Lo principal aquí es elucidar si el período, bajo cualquiera de
sus denominaciones (“pavonato”, “quinquenio gris”, “época
represiva”, etc.), fue el resultado de la enunciación y puesta en práctica
de políticas enunciadas por un hombre (archi-responsable) o si
(como los datos –la universalización de determinadas prácticas de
control y represivas- permiten sospechar) se trató más bien de la puesta
en práctica de una política de Estado, de un proyecto de Nación e
ingeniería humana propio del contexto de la Guerra Fría. Aquí es
fundamental analizar y develar el tejido de relaciones de esa particular
área de la vida cubana dirigida por el ex-funcionario con el resto de las
áreas que conforman el aparato administrativo, político y, en general,
de dirección del país; un análisis que no puede sino abarcar la
refracción y efectos de las ordenanzas en los niveles más bajos, así
como el modo en que la “superioridad”, las cumbres del aparato, sabían
de ellas, las controlaban, estimulaban o rechazaban. Hasta tanto la
investigación (en particular, la realizada en Cuba) no se proponga (o le
sea posible) avanzar en todos estos campos, permanecerá siendo un agujero
negro el entorno del ex-funcionario, cada vez menos importante como él
mismo; esto es verdad, en tanto gana en importancia la necesidad de
comprender el diseño global del dispositivo y su manejo desde escalones
superiores (al punto de que cualquier búsqueda de culpables palidece ante
lo formidable del dispositivo mismo y sus consecuencias hasta hoy). Señalo
esto último porque la pretensión de encontrar culpabilidades exactas,
también puede funcionar como la trampa que obligue a una movilidad
infinita en la telaraña de la administración y los estamentos y
estructuras políticas; es decir, que junto con la pregunta en un sentido
positivo (¿quién fue, enunció, definió, aceptó, estimuló, premió o
hizo?) habría que también plantear lo contrario (¿quién concedió,
calló, disuadió, falseó, ocultó?). Aún borrando nombres, por piedad o
con el deseo de proteger, el proponer ambas series de preguntas en un
sentido meramente operacional (¿cómo fue que se…?) puede generar
respuestas de interés. En caso contrario, para que las preguntas terminen
en Pavón, tendríamos que aceptar la ridícula premisa de que él
consiguió dirigir el sector de “la cultura” como cabeza de una suerte
de gobierno paralelo del país e incluso en este caso debiéramos de
preguntar cómo pudo hacerlo y dónde estaba el gobierno real.
Ahora
bien, eso a lo que hemos denominado el “catálogo” abarca mucho más
que el particular período de Pavón y, en realidad, amenaza con
convertirse en una cantidad temporal tan larga como el tiempo de vida de
la Revolución cubana hasta el presente (vuelvo a insistir en el hecho de
que ninguno de los “hechos” ha sido, al menos hasta ahora y dentro del
intercambio de mensajes, refutado). Se ha hablado de represión por
motivos de identidad sexual (lo cual, entre nosotros, abre el camino hacia
los años de la UMAP (1965-1968); “Quinquenio gris” (1971-1975, aunque
algunos proponen iniciar el período desde antes y extenderlo hasta
comienzos de los 80) y luego una larga cadena de “hechos” que llega
justo hasta los días que corren. Dando como una realidad la aceptación,
por parte de los participantes, de la existencia del citado “catálogo”
(que, igualmente repito, parece reunir momentos lo suficientemente verosímiles
como para que nadie los haya descartado con rapidez), entonces tenemos que
agregar un nuevo y mucho más agrio elemento a los análisis a realizar:
la continuidad de las prácticas del denominado “pavonato”, que
incluso anteceden a la aparición del propio Pavón; cosa ésta última
que significa, en realidad, el carácter constitutivo de dicha práctica a
la cotidianeidad del socialismo cubano.
V
Condenar
la aparición televisiva de Pavón (como una figura digna de elogio por su
trabajo dentro del campo cultural) en un intercambio de correos electrónicos
es simple e incluso elemental, aunque no implica que no sea imprescindible
también. Enlazada su presencia a la de otros personajes que fueron
dirigentes durante la misma época, por más que pueda ser efecto de
casualidad o imprevisión, es también un mensaje o un guiño en varias
direcciones; a la Historia pasada y futura, a la ciudadanía que ve
regresar –de modo subrepticio e incluso sin poder, por desconocimiento,
identificarla- una de sus pesadillas y, finalmente, a la alta dirección
del país. Sería pecar de ingenuo hasta la idiotez si se desconoce la
extraña situación que vive Cuba, ahora, cuando su figura líder falta de
la vida pública hace más de medio año por motivos de salud; contexto
donde, de pronto, empiezan a reaparecer antiguos funcionarios que parecían
olvidados, gente a cuyo alrededor había una especie de pacto de silencio.
Estaban, pero tan poco se hablaba de ellos que hasta ha habido quien
ahora, en mitad del intercambio, se sorprende de que continúen trabajando
en puestos de responsabilidad e incluso que estén vivos. La
tremenda frase de Voltaire (“La casualidad no es, ni puede ser, más que
una causa ignorada de un efecto desconocido”), nos convoca, sin embargo,
a continuar todavía más hondo. ¿Qué puede significar la aparición de
este grupo de cuadros de mando de un ejército desaparecido? Por más que
haya mensajes del intercambio que intentan convencernos de que “todo es
igual”, es una verdad auto- evidente que la vida del país ha cambiado
(y mucho) con respecto a la atmósfera represiva de aquellos setenta;
claro que se me puede responder que el cambio sólo sirve para introducir
la continuación, bajo nuevas formas, de la misma e idéntica atmósfera
represiva anterior, más aunque sea se puede conceder que los signos
exteriores cambiaron. Puesto que con la anterior directiva del país parecía
haber el acuerdo de que “lo Pavón” viviera, hasta fisicamente
desaparecer, en una suerte de “perfil bajo”, ¿cuál otro destinatario
puede tener el mensaje que no sea la directiva actual? Como recientemente
escuché, imaginando un muy turbio escenario, habría la posibilidad de un
juego posicional de poder o pequeño clamor traducible a un marcial: “¡las
tropas están listas!” (claro que para un presunto regreso). Siguiendo
la broma, y dentro de un alcance mayor, quedaría entonces como tarea lo más
interesante, localizar aquel sector que nunca dejó de cepillar los
caballos y planchar con almidón el traje con entorchado guardado en el
escaparate para el instante del retorno; no sólo los “viejos”, sino
la fusión de esta ala dura con los nuevos de hoy que, en el fondo,
comparten idénticas ideas sobre los modos de gobernar (en verdad,
disciplinar) una Nación y la vida de sus habitantes (que, por esencia,
dejan de ser ciudadanos dentro de proyectos semejantes). VI
Conviene
ahora imaginar una posibilidad bien distante, viajar al otro lado del
globo y que alguien -que no nos conozca- despierte de su sueño y nos lea;
es un aborigen australiano que está aprendiendo el idioma español, tal
vez ni siquiera sepa muy bien dónde, con exactitud, se encuentra Cuba, no
tiene emoción particular alguna respecto a nuestras vidas. Simplemente
nos lee, somos texto ante sus ojos, debe de enfrentar dos series de
significado que corren en paralelo e intentará formar una opinión sobre eso;
en una carrilera va el país de la celebración oficial, en otra el de la
queja de sus intelectuales y hay varias preguntas: ¿qué es aquél (este
nuestro) mundo? ¿cuáles sus leyes de funcionamiento? ¿qué vale o no de
él? ¿puede ser cambiado lo que no vale y cómo? Si supongo esta
posibilidad medio disparatada es para que el traspaso de un límite nos
revele lo que realmente está en juego con esta “rebelión” de los
intelectuales, esta puesta en escena del dolor que –por primera vez en
muchísimo tiempo- no sólo ha tenido lugar, sino que se ha ido abriendo,
cada vez más, a campos en los que tal vez no se pensó durante los
primeros mensajes; en este punto llamo la atención sobre que alguno de
los mensajes llama a controlar el ámbito geográfico que debiera de
abarcar el circuito (sólo dentro de Cuba) y que otro explica la no
participación de quien lo escribe con el argumento de no dar armas al
enemigo externo. Más allá del particular período del denominado
“pavonato” o sus efectos, lo que se encuentra en juego es el juicio
sobre la vida (cultural y social) en el universo de la Revolución cubana,
desde sus orígenes y hasta hoy. Pudiera parecer un acercamiento sumamente
extremo, pero si una de las series opera como negación tácita del
esplendor u opacidad de la otra, ¿cuál visión tener finalmente? (por
ejemplo, ¿qué preguntas esperar de nuestro aborigen australiano el día
que nos conozcamos personalmente?)
Si
bien la indignación ante el homenaje al ex-funcionario Pavón es justa,
la aspiración a impedir cualquiera otro episodio semejante en el
escenario de la televisión cubana (y, por extensión, medios de difusión
masiva del país) deja el raro regusto de los sabores ambiguos; uno se
siente incómodo aplicando, al antiguo funcionario, las mismas directivas
que éste, en el pasado, promulgaba. A fin de cuentas, por mucho dolor que
haya podido ocasionar, no se trata de Adolf Eichmann organizando la
“solución final” dentro de la cual murieron millones de judíos y
seres humanos de otras nacionalidades durante la Segunda Guerra Mundial
(en este punto, y esto es importante para el ser humano, corresponde pedir
perdón a Pavón por el uso excesivo de su nombre, ya que sólo fue una
pequeña figura dentro de la marea que contribuyó a desatar y
administrar); dicho de otro modo, imaginando una posible tabla de gradación
del dolor, la sociedad puede permitirse el lujo de que estos ex-
funcionarios aparezcan, pero también tiene que tener y estimular (sobre
todo lo último) espacios donde las actuaciones dañinas para la comunidad
sean criticadas. En este sentido, el episodio recién sucedido, es ejemplo
de la inmadurez del sistema institucional cubano (sus medios masivos de
comunicación y, muy especialmente, su aparato político) en lo que toca a
la mera existencia de la crítica (que no sólo es señalar si un producto
artístico es “bueno” o “malo”) y del debate público sobre temas
sensibles para la vida nacional (en verdad, casi sobre cualquier tipo de
tema). Es sabido que aquí, justo en este punto, va a surgir el argumento
de que “no es el momento”, “no están creadas las condiciones” o
cualquiera otro semejante (que, por demás, los de mi edad venimos
escuchando desde la niñez y ya durante casi medio siglo), pero entonces
vale la pena revisar la idea que nos propuso Gandhi cuando afirmó que
“La verdad nunca daña una causa que es justa”. De las demandas
iniciales de los que enviaron mensajes va a quedar muy poco: no va a haber
disculpa pública de la televisión (o sea, de sus directivos) y sólo la
UNEAC va a emitir una declaración dirigida a sus miembros (como si el
“pavonato” y sus consecuencias hubiesen sido sólo cosa de escritores
y artistas); a ninguno de los afectados (que con tanta vehemencia enviaron
mensajes electrónicos) le va a ser concedida la más grande tribuna
nacional para explicarse. La ofensa es enorme y la satisfacción diminuta.
Las revisiones posibles a la historia nacional (incluso a ese pequeño período
del “pavonato”) van a permanecer confinadas a ámbitos académicos,
asambleas de gremios o publicaciones sectoriales. El llamado a un nuevo
silencio viene junto con la promesa de no repetir viejos errores (para los
cuales, también, existe el cómodo expediente de más tarde denominarlos
“deformaciones”) y el dolor va a seguir guardado como resultado de la
renovación del pacto social. A resultas de ello, el problema falso (la
aparición del ex-funcionario en las pantallas televisivas nacionales) va
a sepultar el problema real (la forma de solidaridad y activismo que este
intercambio de mensajes propone, la necesidad de que los problemas
medulares de la vida nacional sean objeto de debate público y, sobre
todo, el contenido mismo de los mensajes: el catálogo).
VII
Para
el final dejo una opinión más personal. Creo que todos hemos padecido
eso que en Pavón apenas encontró su nombre, somos sus hijos y sus víctimas.
El mismo hecho de que un asunto de tanto tamaño quedara confinado al
intercambio entre menos de cincuenta personas (cuando lo que dirimen es
uno de nuestros más dañinos pasados y legados nacionales) es tan buena
como cualquiera otra prueba donde se le quiera analizar; lo mismo el hecho
de haber optado por mantener el silencio cuando tan sencillo (y justo) era
ofrecer una disculpa y, mejorando las cosas, aunque sea pedir perdón.
Pavonato no es sino uno de los tantos nombres que toman el autoritarismo,
la violencia, el miedo, la hipocresía, la doblez, la emocionalidad y
otras cualidades dañinas cuando se trata de dirigir masas humanas. Policía
cortando cabellos largos y zafando pantalones demasiado estrechos, gente
dispuesta a vigilar si escuchabas “música americana” y “emisoras
extranjeras”, si en el techo de la casa tenías una antena capaz de
sintonizar las televisoras “del Norte”, hostilidad contra los
creyentes religiosos de cualquier denominación, contra la homosexualidad
masculina o femenina, contra las escrituras “raras” fueron el alimento
de mi niñez y juventud. No poco de ello está igual de vivo hoy, a veces
bajo nuevas y sutiles formas, además de que, al crecer, continuamos
aprendiendo y sumando elementos a ese catálogo oscuro (censuras,
autocensuras, visitas indeseables, abierto miedo).
Muchas demandas de las planteadas en los mensajes permanecen sin respuesta dada la solución por la cual se optó; por tal motivo quiero manifestar mi total solidaridad con el bello mensaje enviado por Reina María Rodríguez a propósito de la “desactivación” de Antonio José Ponte como miembro de la UNEAC. Igual me interesa aplaudir la honestidad de Francis Sánchez quien planteó una pregunta medular, que hasta ahora tampoco nadie ha respondido: ¿cuándo, en qué momento de la historia cubana fue que a los intelectuales les dejaron de interesar las cuestiones sociales? ¿cuándo fue que no opinaron acerca de problemas colocados más allá de la estética? ¿cuándo, desde la posición que fuera, dejaron de participar en los conflictos más graves de sus respectivas épocas? (a lo que, en rigor, debiera de agregarse una más: ¿dónde está el espacio para que lo hagan?). A pesar de su magro resultado, si de algo sirve este intercambio de mensajes es para comprobar que la opinión, la conexión y la solidaridad son necesarias y posibles. Tenemos, después de todo, que volver a conocernos, interesarnos y aprender a responder los unos por los otros, muy especialmente esto último. Tenemos familia, amigos, tenemos hijos, no estamos discutiendo un asunto puntual, sino nada menos que el destino de todos ellos; en el caso de los hijos, el país que les vamos a entregar y el horizonte de vida que pueden esperar, dentro del cual van a ser personas con esperanza y sueños o sofocados por nuevos miedos. La intolerancia, la renuncia al diálogo, la neutralización de la diferencia en el espacio público, la autocensura, la intocabilidad del funcionario, la sacralización de la directiva, la simulación, la adulación son todos componentes del “efecto Pavón”. Porque hay que entender lo cultural en una dimensión más profunda que la pertinente al objeto artístico, como ámbito donde la especie humana desarrolla su vida y la transforma; en este sentido, el despliegue de un catálogo de prohibiciones es, también, una forma de fabricar cultura, pero de la obediencia y la pasividad. Aquí vale la pena volver a las historias personales –por ejemplo, de los de mi edad- y recordar que no es que un grupo de prohibición/sanciones fueran diseñadas y aplicadas para un determinado grupo social que se apartaba de una supuesta norma, sino que los como yo nacíamos dentro de un universo de prohibición y miedo. ¿O acaso alguien imagino que, porque éramos dulces pioneros de escuela, no teníamos vecinos, amigos, familiares envueltos o arrollados de uno u otro modo por aquello, que tratando de “limpiarnos” (desde un punto de vista metodológico, el superobjetivo tradicional de estas prácticas es construir “futuros luminosos”) no nos iban también a contaminar? De este modo, ni siquiera la justificación de que tales no hayan sido los objetivos primarios de tales políticas exculpan de sus efectos y todavía, al parecer durante más tiempo aún, vamos a seguir viviendo dentro del “efecto Pavón”, puesto que cada nuevo fallo de dirección y renuncia a la crítica abierta lo actualiza. El espacio público es la clave de todo. Lo fascinante de una Revolución es que libera fuerzas que superan cualquier idea inicial que se tuviera de ella, pero si no puede soportar la discusión de sus problemas, entonces no merece ese nombre. |
Gentileza de Luis D. Gutiérrez Espinoza (Perú)
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