Reflexiones que atañen no solo a los intelectuales cubanos,
sino a todos los cubanos. A los de ambas orillas.

Parte I

Gentileza de Luis D. Gutiérrez Espinoza (Perú)

Parte Uno

En los textos que siguen se ha respetado lo dicho por cada cual. Ojalà puedan llegar a todos, al albañil o al mecánico, al recogedor de basura o al sepulturero. Y a los intelectuales desde luego que no gozan o no pueden gozar del privilegio de un correo electronico personal en Cuba. Que todos son de dignos oficios y tan cubanos como el que más.

Preocupaciones compartidas

  El viernes 7 de enero, y en un horario casi estelar, en el programa Impronta del canal Cubavisión, dedicado, como indica su título, a aquellos creadores que han dejado una “impronta” en la cultura nacional, tanto en las artes como en la ciencia y el deporte, se presentó uno dedicado a la exaltación mediática de Luis Pavón Tamayo. Fotos con altos dirigentes del país, portadas de sus escasos libros, paneo sobre una multitud ostentosa de medallas, y una entrevista acerca de su presente, de la  labor que realiza en la actualidad. Con voz casi inaudible y manos vacilantes, el televidente creyó oír que “asesoraba” no supo bien qué institución o qué editorial.

  Terminada la emisión de este programa, la inmensa ciudad de sus víctimas, cientos de ellas felizmente todavía vivientes, comenzaron a llamarse por teléfono horrorizadas de que la actual Televisión Cubana, más de treinta años después de aquellos oprobiosos acontecimientos, dirigidos por el hoy inmaculado Luis Pavón Tamayo, dedicara parte de su precioso tiempo y espacio a uno de los personajes más execrables, incluidos los tiempos coloniales y neocoloniales, de la historia de la cultura cubana.

    Allí estaba, sin duda, quien durante cinco largos y estériles años, presidió la institución rectora de nuestra cultura, desde su alta torre del palacio del Segundo Cabo, frente a la Plaza de Armas. Allí estaba hablando como si nada hubiera ocurrido, lavado por arte del ocultamiento, de toda responsabilidad con su conducta de aquellos años. Ni el texto encomiástico que un locutor leía, en el que las víctimas televidentes se enteraron por primera vez de su importancia como poeta,  ni las incoherencias musitadas del entrevistado realizaron alguna referencia, ni por un segundo, al pasado ominoso de quien presidió durante esos cinco años el Consejo Nacional de Cultura.

    Es decir que todos habían tomado el agua  del Leteo, que da el olvido, y que esperaban que las víctimas, por el contrario, recordaran a su verdugo. Alli estaba, vestido de blanco, el gran parametrador de importantes artistas, ahora si de verdad, el que los persiguió y expulsó de sus trabajos, el que los llevó ante los tribunales laborales, los despojó de sus salarios y de sus puestos, quien los condenó al ostracismo y al vilipendio social,  quien pobló sus sueños con las más atroces pesadillas, el que anuló la danza nacional, mutiló funciones del guiñol, quien llevó al exilio a artistas dispuestos a trabajar en su país y dentro de su cultura, quien persiguió a pintores y escultores despojándolos de sus cátedras y de la posibilidad de exponer sus obras, el gran censor de músicos y trovadores, allí estaba quien enseñó a los artistas cubanos un ejercicio apenas practicado en nuestra historia, el de la autocensura, inventor y propiciador de la mediocridad que llenó todo su período con obras que hoy felizmente a nadie le interesa recordar, sabiduría crítica que los dirigentes de la televisión y sus responsables ideológicos no han sabido imitar.

    Allí estaba alguien que, con una vocecita en apariencia inofensiva, creó e inculcó en el trabajo cultural, como observa con justicia Desiderio Navarro: “estilos y mecanismos de dirección que ha costado décadas erradicar”.

   Estos hechos históricos, escamoteados por decisión de alguien, sin embargo debieron ser conocidos por los televidentes -- las víctimas los conocen en carne propia--, principalmente las nuevas generaciones que carecen de información sobre tal período. Así la impronta de Luis Pavón Tamayo en la cultura nacional podría ser juzgada con justicia por todos.

     Por supuesto no es el único cadáver insepulto que la Televisión Cubana trata de poner en circulación, sin que se sepa hasta hoy con justeza el porqué. Hace poco las víctimas de Jorge Serguera, antiguo Presidente del ICRT, lo vieron gesticular entre las velas de una especie de capilla ardiente, sin que se le moviera un músculo de la cara, sobre sus años de dirigente persecutor. Este tampoco pidió excusas, y muy por el contrario exclamó envanecido que no se “arrepentía de nada”. Sus víctimas, en otro sentido, tampoco tienen nada de que arrepentirse. No obstante estos dos insepultos no son los únicos. Hace unos meses en un programa del Canal 2, Diálogo abierto, por igual en horas de alta audiencia, fue entrevistado uno de los ranchadores de la administración de Pavón, Armando Quesada, a quien encargó que se ocupara con esmero de “limpiar” el movimiento teatral cubano. Así lo hizo, claro, por el tiempo en que su mayoral estuvo en el poder.

     La única “medalla”  que se le puede acreditar a Luis Pavón Tamayo no figura en la  vanidosa colección que las cámaras, desplazadas hasta su propia casa, con luminotécnicos y maquillistas acompañantes, tomaron inclinadas sobre una mesa dispuesta como para una puesta teatral. Esta "medalla” es la que se ganó en justa lid cuando el Tribunal Supremo fallara en su contra por “abuso de poder”  y por medidas “inconstitucionales” contra los trabajadores de la cultura. Es su mayor mérito, y el más original:  es casi el único dirigente de la Revolución que lo ha obtenido. Ahí están las Gacetas Oficiales con los diversos fallos, varios en total, que provocaron, en gran medida,  su destitución.

    Quizá para un filósofo determinista, Pavón no es responsable absoluto de sus acciones al frente del Consejo. Es en cierta y oscura medida una víctima posterior  del pavonato, que él mismo instrumentó. En tal observación se encuentra una parte de verdad. Como en la teología católica las estrellas inclinan pero no fuerzan el albedrío, en las modernas doctrinas sociales las circunstancias, el complicado tejido de la sociedad  de una época, inclinan también, como nuevas estrellas terrenales, pero no fuerzan el albedrío. De acuerdo con la libertad humana, aún en las condiciones más férreas, puede el hombre negarse, discutir, proponer soluciones diversas, influir, o al menos no excederse en la violencia. Tal vez el hecho de que Pavón se excediera, propicia en sus víctimas explicaciones ya de carácter  sicológico.  Hay deseos, placeres, fobias, envidias que contaminan cualquier decisión en apariencia imposible de no cumplir.

    Cuando comenzó la rehabilitación de los artistas y escritores que Luis Pavón Tamayo intentó aniquilar para siempre, y la política cultural entró en el período de las revolucionarias rectificaciones, y las víctimas del pavonato fueron reconocidas en su valor como creadores, el viejo Ex-presidente se acercó a uno de sus amigos para advertirle, con parecidas palabras a éstas, no te comprometas demasiado con esos que ahora son Premios nacionales, pronto a todo esto se le dará marcha atrás. Extraño pensamiento en un marxista declarado: concebir el tiempo histórico como un eterno retorno.   

 Antón Arrufat. 

 

Querido Abelardo, quizás estés informado del movimiento que se ha formado en repudio al programa Impronta del viernes pasado, dedicado a exaltar a Luis Pavón soslayando su pasado por el consejo nacional de cultura y cuanto de terrible significó para la cultura cubana, las vidas de sus protagonistas, incluidas las muertes de algunos y el exilio de muchos. Estamos promoviendo una adhesión a la protesta. En el dossier que te envío incluyo la mayor cantidad de información. Estará en la mesa ministerial, en una reunión que cinco de nosotros tendremos con el ministro mañana martes. Será una primera, para encausar mejor el asunto. Se han adherido ya casi todos los premios nacionales y no deben quedar fuera los de teatro, quienes más  sufrieron las andanadas del pavonato. En este dossier faltan mensajes, recepcionados por Desiderio, o Arango, o Jorge Ángel. Te incluyo lo que poseo. Entre hoy y mañana tendremos el conjunto, donde te pido que esté tu adhesión si lo consideras pertinente. Un Abrazo, Reynaldo González

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Queridos amigos: Envío esta propuesta sólo a ustedes cuatro. Me parece que, dada la enérgica reacción de tantos escritores y artistas cubanos contra la aparición en pantalla de Pavón, Serguera y, ahora me entero, Quesada, estamos en condiciones de solicitar a la UNEAC que exija al ICRT una disculpa pública sobre lo acontecido. Creo que hay razones y fuerzas para intentarlo. No pienso que la disculpa se haga, pero sería una manera de presionar más.

Abrazos
aa
 
Ps. Hoy estaré todo el día en San Antonio de los Baños. Si no respondo alguna llamada o mensaje, no es abandono o pereza.

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Desiderio (8 de enero)

Y, además de lo de Quesada, de lo que yo también me entero ahora, hubo hace unos dos o tres meses, todo un programa del Canal Educativo dedicado exclusivamente a exaltar la trascendental importancia del Congreso Nacional de Educación y Cultura para la cultura cubana, pero lo vi sólo como una solitaria golondrina, indignante pero aislada. Ahora veo que no.
Hablemos de esa propuesta hoy por la noche (yo estoy saliendo ahora en sentido contrario, de Los Naranjos hacia La Habana). Aunque el ICRT no la aceptara, los obligaría a quitarse la careta de la "imparcialidad" como medio masivo de la nación y quedaría muy en claro que abusan de ese instrumento informativo del Estado para propugnar una política cultural contraria a la del Ministerio de Cultura --cabría decir con propiedad, si no con mucha exactitud cuantitativa, la política cultural de un "grupúsculo".

 Un abrazo,

 Desiderio 
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8 de enero

LLAMADA DE MIGUEL BARNET A REYNALDO:

Se adhiere al repudio al programa exaltando la figura de Pavón, que considera un error político, además de cultural.

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LA RESURRECCIÓN DE LUIS PAVON POR MILAGRO INTERPÓSITO DEL ICRT o EL JUSTO ENCOJONAMIENTO DE LOS OFENDIDOS Y VAPUELADOS

Respuesta de Reynaldo:

Cualquiera diría que al refrescar la imagen nada constructiva de Luis Pavón se trata de una reivindicación de sus ímprobas bondades. No creo que sea pura coincidencia. Existe una tendencia en pensar que las víctimas de un atropello --en este caso un error histórico, aunque la palabra se haya banalizado-- aumentan el crimen padecido. Se ve así desde los que cometieron el crimen y desde el silencio de indolentes acuñados en sus posiciones. Ocurre con el holoacusto de los hebreos por el nazismo. Al homenajear al culpable --directo o instrumentalizado-- de un error enorme, de los que no se curan con timonazos, se está sancionando favorablemente sus hechos, su culpa. La televisión y sus responsables --los que residen en L y 23 y los distantes-- han dado un paso alevoso, despectivo hacia el padecimiento de los protagonistas de la cultura cubana que fueron sumergidos en el desprecio y condenados al ostracismo en un período cuyas torceduras todavía no se han curado. Se silencia la voz de los ofendidos y se le devuelve la voz a la cara mostrable de los hechos. Su reivindicación es nuestro escarnecimiento. Tienes razón, Jorge Ángel, en todo eso hay algo más que torpeza e insensibilidad, o inadvertencia. ¿Demoraremos en ver a Carlos Aldana nuevamente dictando "orientaciones" a  "las partes blandas de la sociedad"? ¿Vuelven "los duros"? ¿Cuántos creadores de verdad, que aportan a la cultura cubana, no han sido reconocidos todavía por la televisión mientras reciclan sus "protagonistas", sacados de un troquel tiránico, siempre agazapados a la espera del turno del revanchismo? ¿Es la televisión un ente aparte de la cultura cubana?

Te autorizo a utilizar estas opiniones, Reynaldo González

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From: Reynaldo Gonzalez

To: CANDido@cubarte.cult.cu

Sent: Saturday, January 06, 2007 1:43 PM

Subject: ESTRATEGIAS

NO SE PUEDE AGUANTAR. PERO LA PASIVIDAD Y LA QUEjA SON MALAS CONSEJERAS Y ALIMENTAN EL OLVIDO. SI NOS QUEDAMOS CALLADOS EL ASUNTO QUEDA COMO HECHO CONSUMADO, GLORIFICACIÓN CONSUMADA

1. BUSCAR EL DOCUMENTO DE LA GACETA DE CUBA EN QUE SE DICE QUE PAVÓN COMETIO ABUSO DE PODER. SE TRATA DE LA RESOLUCIÓN QUE CONCLUÍA EL ASUNTO DE LOS TEATRISTAS EXPULSADOS. NO LO TENGO, PERO ALGUIEN LO HABRÁ GUARDADO
2. MANDÁRSELO AL ICRT Y A MEDIO MUNDO, SIEMPRE DENTRO DE CUBA
3. AMPLIAR EL CÍRCULO DE COMUNICACIÓN POR LAS LISTAS QUE CADA UNO TIENE, SIEMPRE DENTRO DE CUBA. ESTO ÚLTIMO ES IMPRESCINDIBLE
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Salta Arturo Arango, combativo y ecuánime

¿Dice algo la UNEAC? ¿Hablará el Ministerio (el nuestro)?

Desiderio: Esta mañana te reenvié el breve correo de alerta que circuló Jorge Ángel Pérez porque estaba seguro de que reaccionarías con tanto enojo como lucidez al desconcierto que él planteaba. Concuerdo plenamente con tu análisis y, como a ti, me cuesta creer en las casualidades. Aunque sea obra de un aparente azar, la presencia en la televisión cubana, a pocos días de diferencia, de Jorge Serguera y Luis Pavón Tamayo debe ser interpretada como un síntoma, y cometeríamos el gravísimo error del silencio si no realizamos, de inmediato y por cualquier vía, la labor simultánea de denuncia y análisis. Porque la denuncia sin que se piense a fondo, como tú haces, ese pasado cuyas cicatrices aún perviven en la cultura cubana, puede ser inútil, como lo sería también el pensamiento neutro, que no sitúe posiciones y enfrente perspectivas.
Vivimos un momento tan difícil como intenso, y estoy convencido de que el rumbo que el país tome en un futuro más o menos inmediato es responsabilidad de todos. El campo intelectual cubano, a mi juicio, se ha complejizado en los años más recientes, y, al lado de un evidente pensamiento de derechas, dentro y fuera de Cuba, coexiste una posición complaciente (¿una derecha pragmática?) en la que se mezclan las oportunidades del mercado con la preferencia oficial por actitudes de obediencia y silencio. "Si me dejan ganar dinero en paz, me quedo callado o aplaudo sin reservas", parecería ser un lema frecuente en estos días, alimentado por la difusión de que disfrutan esos que siempre asienten y el usual ninguneo para quienes, desde la izquierda y la revolución, prefieren pensar (y, con frecuencia, discrepar).

Ambas vertientes, la derecha beligerante y la pasiva o pragmática, pueden ser un terreno propicio para el resurgimiento no ya de figuras cuyo capital político, incluso por razones de edad, está muy desgastado, sino de un tipo de pensamiento que persiste en nuestra cultura.

Gracias por la provocación. Me gustaría que, de inmediato, este mensaje tuyo desencadenara una reacción realmente productiva, donde se debatan asuntos más interesantes que el número de velas en un set televisivo.

Con un abrazo,

Arturo Arango

 
6 de enero,

Reynaldo envía a Desiderio:

Querido, sé que puede resultar diverso, pero desearía que muchos se sensibilizaran para hacer notar un error. No más, pero en grande. Y pienso que uniendo ideas y expresiones de tu carta, de la reflexión de Arango y de mi breve respuesta a Jorge Ángel, pudiéramos armar un documento, recabar firmas y entregarlo al ICRT y a nuestras fuentes gestoras. Dime algo sobre esto. Reynaldo

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6 de enero, tarde.

Mensaje de Jorge Ángel:

Rey, sigo conectado con esta historia y creo que no debemos dejarlo de la mano, los días pueden seguir pasando y en unos días tendremos a Ana lasalle como Premio Nac de TV y luego, a Aldana de presidente del ICRT

Un abrazo

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6 de enero, tarde.

Mensaje de Desiderio y respuesta de Reynaldo:

Querido Rey:

Puedes contar conmigo para la elaboración colectiva de ese documento, pero me parece que deberíamos esperar otras reacciones como las de nosotros tres en las próximas horas o días, que podrían revelar otros ángulos del problema y enriquecer mucho ese documento (y, de paso, darnos un índice de la sensibilidad y actitudes actuales de la intelectualidad al respecto). Te hablo de "días", porque tengo en cuenta que muchas personas sólo tienen acceso al correo electrónico desde su centro de trabajo, o sea, a partir del lunes.

¿Estás de acuerdo, o crees que hay razones para apresurarse?

Un abrazo

Desiderio
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Reynaldo:
Coincido contigo. Como Arturo, otros nos enviarán opiniones, o podremos provocarlas. Y buscar un tono, lo más difícil, que no atropelle las ideas, porque tenemos la razón. Y que no parezca rencoroso, sino justiciero. Obviamente, el asunto fue elaborado, documentado. Cuando aprendo que no se le mencionó en su trabajo como funcionario, veo que quisieron salvarlo de lo que lo podía revelar, pero le dan la categoría de poeta. Poeta sin entorno poético. Debe habérsele visto junto a Guillén, por supuesto, pero subrayaron su trayectoria no literaria y sus vínculos extraculturales. Es lo que me cuentan. Yo solamente vi un desfile de condecoraciones y cartulinas, que constituyen su herencia. Inmediatamente él, que hablaba con una voz de vieja fatigada. Nada más. Tuve una información más detenida por Antón. Bueno, pero estemos al tanto. Ya sé que este asunto constituirá un impacto, una incisión en el cotarro. No porque alguien dude de su hijoputez, sino por las mismas razones que apuntas en relación con el pasado. En la actualidad hay intereses cruzados, más intereses. Veamos, pero no creo que debamos esperar demasiado, porque se enfría. El trópico indolente, el trópico.

Hasta mañana. Rey

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Querido Jorge Ángel:

¿De verdad que  alguien ha convocado en televisión, de cuerpo presente, al fantasma de Luis Pavón, mano verduga del peor periodo que ha atravesado la cultura de este país? Si fuera hoy el día de los Santos Inocentes no me hubiera extrañado recibir esta noticia, inconcebible por más de una razón: no se puede entender esta exhumación en el medio de comunicación más influyente y masivo -lisonja ha recibido, dices-  tras tantos congresos, encuentros públicos, y todo tipo de reuniones a todas luces oficiales que han examinado aquellos oscuros días y han enjuiciado muy negativamente su dirigencia. Queda claro que el ICRT -sobre todo la instancia política que vigila y a la larga diseña sus programaciones- no recuerda aquella larga estación, el pavonato, como lo que fue, una durable vergüenza que abrió heridas no restañadas todavía, si es que son restañables.
Espero que esto no sea un signo de revalidar el estalinismo vulgar, cacerías de brujas, prejuicios, negaciones y límites de los años 70, Dios no lo quiera. En todo caso será un nuevo intento por restituir el dudoso relieve intelectual que nadie sabe por qué mérito artístico alguna vez gozó este personaje . Yo recuerdo que en los primeros años 80 apareció -para escarnio de Letras Cubanas, en edición lujosa en cartoné- una muestra de su "poesía" junto a otras antologías de intelectuales verdaderos que hacía muchos años no (Lezama dixit) hacían gemir las prensas: Fayad Jamís, Dulce María Loynaz, Fina García Marruz, Rafael Alcides y otros poetas que regresaban a la vida editorial: Pablo Armando, Díaz Martínez, Arrufat... ¿Por qué estaba Pavón en el selecto grupo? Que respondan los dirigentes editoriales de entonces, si quieren, aunque no vale la pena.

En los años que vinieron después no se volvió a escuchar aquel nombre sino para deplorar públicamente su gestión al frente del Consejo Nacional de Cultura y así lo evocan con frecuencia siempre que pueden muchos de los que sufrieron el silencio obligado, el no existir, la acusación de éste u otro estigma y a quienes Pavón y sus colaboradores dedicaron variadas formas de humillación. Se trata de un tema delicado del que nadie debe hablar por boca de ganso y yo no lo haré, por supuesto. Creo que a algunos de los hoy respetados escritores y artistas que han recibido Premios Nacionales en los últimos diez o veinte años les toca opinar sobre la nueva resurrección de su victimario. Podría esta inesperada aparición abrir un nuevo diálogo, ojalá que manteniendo a raya extremos y rencores. A nosotros, que no vivimos el pavonato en sí, que recibimos apenas ramalazos de su agónica resaca, nos tocaría escuchar, prestar atención y atar cabos. A propósito, ¿viste tú el programa? 
Un abrazo

Sigfredo Ariel 

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Y YA LLEGÓ EL ASUNTO A LA OTRA ORILLA

Escribe Amir, Valle creo que a  Desiderio:

En octubre del 2005 dije en la Feria de Frankfurt que desde hacía un par de años la intelectualidad cubana estaba observando un regreso sigiloso a los tristes años grises (que no fueron un quinquenio, bien se sabe ya). Un periodista preguntó: ¿y qué han hecho los intelectuales? Me hice un jubo para no responder esa pregunta porque la realidad arrastra hacia ese silencio al que se refiere Desiderio y que, en unos casos, es puro conformismo; en otros, puro miedo; y en unos cuantos, oportunismo de la peor clase y hasta complicidad. Hoy, por desgracia, y bien lo sabemos todos, hay unos cuantos Pavones operando en la cultura nacional.

Ojalá, como bien dice Arturo, este escándalillo trascienda, haga reflexionar y plantee un espacio abierto (y libre, sobre todo) donde se puedan esclarecer muchas cosas que han sucedido en nuestra Cultura (especialmente en la última década), cosas que, por cierto, no han tenido ni siquiera la debida reflexión intelectual por quienes debíamos hacerlo (y otra vez la reflexión y la crítica, cuando tuvo lugar, se hizo desde la sombra).

Espero que allí, en ese debate, dejemos de usar eufemismos, palabritas bonitas y frasecillas intelectualoides que complican la necesaria claridad y aprendamos a llamar a las cosas por su nombre. Muchas pruebas hay ya de que los llamados "errores" no fueron tales, pues respondieron a una estrategia de poder bien trazada para mantener a raya a una intelectualidad que, espero recordemos todos, tuvo un papel esencial en los más importantes movimientos revolucionarios del siglo XX y desde 1959 (a cocotazos) fue perdiendo su real protagonismo, incluso, a nivel de generación de un pensamiento social independiente y plural.  Como espero llegue el momento de que no se intente librar de culpa, "pasar la mano", o "echar agua al dominó" a quien haya sido culpable de aquellos desastres y de muchos que se han cometido (y aún se cometen), y esa culpa, lo dejo bien claro, empieza en Fidel y llega hasta esos muchos Pavones que hoy conocemos. Eso, entre otras muchas razones que deben dilucidarse, hablando claro y sin medias tintas.

Amir Valle

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La cosa está caliente... De verdad, creo que no se debe uno permitir el silencio ante esas cosas. Aplaudo de corazón a Desiderio Navarro y a todos los que honestamente ponen su nombre al dar sus palabras.

No viví en la televisión ni recuerdo "El quinquenio gris", pero lo que me han contado es suficiente: tantas voces inteligentes no pueden estar equivocadas al mismo tiempo y sobre un mismo tema.

Un abrazo

Marcos García

el hijo de Teresa

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Me escribe Cira Romero:

AMIGO QUERIDO: TU Y YO SIEMPRE EN FRECUENCIA. QUÉ DISPARATE LO DEL LUIS PAVON EN LA TV. ¡CUÁNTAS HERIDAS DE NUEVO ABIERTAS ANTE ESA IMAGEN DEPLORABLE.! HAY RAZÓN. LO DE ALFREDITO ES DE NIÑO DE TETA COMPARADO CON LO QUE PUDIMOS VER. ADMIRO TU VALENTÍA POLÍTICA AL PERMITIR QUE JORGE ANGEL DIVULGUE TU COMENTARIO. TE QUIERO MUCHO, MUCHO, MUCHO

CIRA
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Amigos y compañeros: Las señales, los síntomas, siempre son complicados y diversos, y creo que hacemos mal si sólo vemos (y condenamos) unos y pasamos por alto otros. Mientras en la televisión ocurrían estas dos apariciones, en otra zona de la realidad le fue concedido el Premio Nacional de las Ciencias Sociales a Fernando Martínez Heredia, el guevarista, el fidelista, el marxista, uno de los intelectuales que con más lucidez ha analizado la historia cubana del siglo XX, de los fundadores, y el director, de la más importante revista cubana de Ciencias Sociales, un ser consecuente hasta el dolor con sus ideas, que siempre está colocando su pensamiento en términos de acción hacia un futuro que comenzó a imaginar desde que aún estaba en Yaguajay y en que aún sigue confiando.

Hay que leer también esta señal, y acompañar a Fernando en sus empeños. Acompañarlo como él siempre ha querido que sean las compañías intelectuales: atendiéndolo y discrepando con él, escuchándolo y discutiéndolo. Y si todo ello ocurre frente a una botella (no de agua), mucho mejor.

Arturo Arango

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Reynaldo la ira ha sido contenida mucho tiempo. Es hora de  que se alcen las  voces. Yo misma  vi  el programa  de Papito Serguera y me pregunté por qué  habían sacado ese  fósil de lo peor que nos ha pasado dándole  un protagonismo que desvirtúa la realidad. Aquellos eran años de oscuridad y  represión implacables. Los jóvenes no podíamos estar en grupo en una esquina. Ni hablar de las sayas, con las directoras en las puertas con las tijeras, los pelados a los varones que usaban  cerquillo, la "fiana" en la puerta si nos veían con una placa conseguida a los Beatles. Mucho Mozambique… porque el Jazz, era la música del enemigo. Se me revuelven las  tripas!!!

un beso, Zenaida

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Reynaldo, he puesto a circular las opiniones que me enviaste. Me parece que el silencio aquí resulta demasiado peligroso. Aunque no creo que tales hechos respondan a una "estrategia", sí pienso que hay quienes consideran llegado el momento de revivir, por otras vías y tal vez con otros protagonistas, aquellos métodos. Tenemos suficiente inteligencia y autoridad moral e intelectual, cimentada en un compromiso inviolable con las esencias de la nación, para evitar un renacimiento de tales prácticas. Repito, no creo que la presencia en TV de Serguera y Pavón responda a una estrategia de la dirección política o cultural del país, pero si no detenemos estas manifestaciones, la unidad, que con tanto cuidado, sacrificio personal y entrega hemos logrado en estos años, puede naufragar y una pérdida de esa naturaleza, en estos momentos, sí sería irreversible.

un abrazo

Waldo
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RESPUESTA DE REYNALDO:

Tienes razón Waldo. Y algo haremos, con prontitud, para ponerlo en manos de quienes dirigen la cultura desde el ministerio correspondiente y desde el Partido. El montaje de la "entrevista" fue muy elaborado, las imágenes, que como se ha dicho, "dicen más que mil palabras", colocaban a Pavón en un altar patriótico. Quienes orquestaron esto quizás pasan por alto los sufrimientos, las desapariciones, el horror de un período cruel, ensañado, que no se ha ventilado en su virulencia y en sus consecuencias ulteriores. Cada cual ve la feria como le fue en ella. Siempre he pensado que Pavón cumplió órdenes, pero con un placer de torturador nazi, en el afán de situarse como "poeta" --ya conocemos a otro "poeta", Aldana, quien nos vio y trató como a blandengues y manejables, y que fue demasiado lejos--, y otros, de aquella época, incluidos los que ahora, con la misma furia, desde la otra orilla agreden a la revolución y no cesan en demeritarla. Pudiéramos sacar cuentas de cuántos de los privilegiados de la época aldánica o del pavonato están hoy en la trinchera opuesta: sencillamente, los más connotados. Lo que ahora ocurre es un ultraje a la memoria de Virgilio Piñera y Lezama Lima y otros que murieron sin ser reivindicados. Véanse las fechas, algo que echa abajo la teoría de un período breve. El reconocimiento a este hombre, que ahora como la vieja dama de la pieza teatral "enseña sus medallas", ha soslayado, con un truco demasiado explícito, el período en que él manicheó como un dictadorzuelo colonial la cultura cubana y los destinos de sus hacedores. Las fotos en que se exhibe con los líderes de la revolución se han puesto como una rehabilitación, una sacralización. A él, que a tantos demonizó. Aceptarlo es padecer una vez más el escarnio. Ha sido, por la latencia de esta posibilidad, quizás como gato escaldado, que durante años he alegado por una revisión ecuánime y fuerte de lo sucedido en aquellos años negros y su secuela. No quiero pensar que la ocasión regrese. Y creo que rápidamente debemos impedirlo. La insensibilidad e insolencia con que el ICRT, siguiendo mecanismos de la época comercial --Guastela, Sabatés, Crusellas--, que siguen siendo sus patrones formales en cuanto al manejo de las inteligencias --con cuanto de banalización de ideas fundamentales arrastra el método--, lleva demasiado lejos sus compromisos, de la clase que sean. Evidentemente, no son los compromisos y las ideas de la actual política cultural. Debo entenderlo como intento de revivir la más nefasta época que ha vivido la cultura cubana.

Me alegra tenerte firme en estos momentos.

Abrazos, Reynaldo.

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Respuesta de Jorge Ángel a Sigfredo:

Por supuesto, querido, vi, con estos ojitos que la tierra tragará, el programa Impronta donde aparecía ese viejo que nadie podía podría pensar, si miraba su figurita, había dejado alguna impronta. Y como sabemos si dejo huella, pero aciaga. Coincido contigo en que son los premios nacionales o quienes sufrieron del Pavo-Nato los que deben poner la gran piedra, testificar, exigir, pero no creo, Sigfre, que debamos ser solo espectadores, en todo caso observadores críticos o para seguir en la televisión, espectadores. Es cierto, como dices, que no vivimos esos años, pero tu, yo, y muchos otros de nuestra generación, sabemos, como bien me dices, lo terrible que para ellos fue pero también lo que sería para todos otro Pavón.

Un beso

Jorge Ángel 

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Querido Jorge Ángel:

Estoy de acuerdo con la respuesta que le das a Sigfredo. Hoy mismo me llamó Rebeca Chávez. Piensa que esto implica a toda la cultura, incluidos los cineastas y todos. Me escribió Zenaida Castro Romeu, y Cira Romero. Y considero que tienen razón. Encabezaremos los premios nacionales, ofendidos o no, con los que se quieran unir. Y todos. Pero ahora, con la citación para el martes, de Abel y Carlos Martí, me preocupa que nos quieran parar la jaca. Cualquier cosa que hiciéramos, no tendría el alcance multitudinario de la tv. Debemos dejar constancia, alguna vez, de que ese mal llamado quinquenio gris fue un cáncer. La operación ha sido buena, pero no se ha divulgado directamente y por eso ocurren estos atrevimientos. Una parte de la cultura, y de la para-cultura, y de otras disciplinas, no tienen una comprensión del verdadero drama, del corte al sesgo que se le dio a la vida cultural, terreno donde las cosas no se subsanan con decretos, con los cuales sí se les hizo enorme daño. Estas cosas debemos dejarlas muy bien sentadas en la reunión del martes y persistir en que queden explicitadas.

Abrazos, continuamos en la brega, Reynaldo

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Arturo y Desiderio, mis queridos y respetados amigos:

Como saben, estoy en Argentina. Me impresiona la lucidez del análisis de Arturo sobre la situación actual en nuestro país. No conozco el documento de Jorge Ángel Pérez. ¿Me lo podrían enviar?

 Ahora les voy a decir una idea quizá ingenua:

Fuera de Cuba hay  intelectuales  revolucionarios que optaron por emigrar cuando no fue posible hacer público su pensamiento. Sutilmente se fue cerrando el aceso a las edioriales  y a las  aulas universitarias. También hay una generación de jóvenes profesionales que tiene ahora entre  30 a 40 años y se educaron en principios revolucionarios. Se fueron por razones económicas pero también por desilusión y hartos de ser obligados a la obsecuencia. Conozco a muchos, porque es la generación de mis hijos. Son gente pensante y culta. Pero estamos dispersos por el mundo. Si fuéramos convocados, si alguien nos convocara a regresar a Cuba, muchos regresaríamos a hacer valer el derecho de todo cubano revolucionario, EN ESTE MOMENTO, a pensar el futuro del país.

Bueno, amigos, si pueden envíenme el mensaje de referencia, que no conozco.
Un abrazo para ambos.

Magaly Muguercia

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NUEVO MENSAJE DE MAGALY MUGUERCIA A DESIDERIO 

Gracias Desi. Ya te habrá llegado mi respuesta a Arango y a ti, creyendo que no tenía un mensaje tuyo.

Reitero lo que dije antes: momento de convocar a los que estamos fuera para que regresemos a pensar el país que queremos y a decirlo, porque es evidente que la convalececia de Fidel está abriendo puertas indeseables. Esas puertas suelen abrirse hacia la represión interna del pensaminto y hacia la recepción externa de modelos seudosocialistas: capitalismo con estado represor.

Bueno, a mí solo hay que decirme cuándo hacer las maletas de regreso.
 Un abrazo,
Magaly

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Querido Reynaldo, querido Desiderio:

Recibimos tus mensaje y los de otros compañeros, compartimos tus puntos de vista y esperamos la ocasión inmediata de actuar con firmeza y dar respuesta rápida y enérgica a esta acción. Muy útiles y movilizativos estos mensajes, pero hay que pasar ahora mismo a una acción más concreta y frontal.

senel y rebeca 

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Amigos y compañeros:

La recomendación que nos hace Arturo Arango de prestar atención también al Premio Nacional de Ciencias Sociales otorgado a Fernando Martínez Heredia, es tan pertinente que la seguí siete días antes de que nos la formulara en su mensaje de hoy, y, por ende, varios días antes del "lavado de biografía" televisivo que nos ocupa. A continuación reproduzco el mensaje que le dirigí a Fernando el pasado día 31, tan pronto supe de la buena nueva. Allí, como se verá, además de celebrar el valor intrínseco de la obra y luchas de Fernando, se leía el Premio como síntoma de fecundas posibilidades.
Lamentablemente,  los dos sucesos que yuxtapone Arturo en su mensaje --el Premio de Fernando y la Epifanía de Pavón-- hay que considerarlos signos antagónicos, y no contradictorios, pues tienen orígenes institucionales y político-culturales bien diversos y no un mismo origen que estuviera contradiciéndose voluble e irreflexivamente o tratando ingenuamente de conciliar lo inconciliable.

Y, ahora, a compartir esa botella y los tozudos sueños revolucionarios con Fernando!
Un abrazo.

Desiderio
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Querido Fernando:

Acabo de enterarme, por el magnífico texto de Guanche en La Jiribilla, que te han conferido el Premio Nacional de Ciencias Sociales. Sinceramente, es una de las pocas grandes alegrías que he tenido este año. En la cultura, y aún más en la política cultural, la justicia tarda...  eppur si muove y finalmente llega. Para decirlo con palabras de aquel Althusser de nuestra juventud, ese premio honra al Aparato Ideológico del Estado y abre nuevas esperanzas en estos tiempos preñados de fecundas posibilidades e insidiosos peligros.
Los que vieron en el parecido semántico-lexical una relación de familia entre los nombres de Criterios y Pensamiento Crítico, no se equivocaron. Los que vieron una relación de catálisis en la irrupción de Criterios tan sólo siete meses después de la desaparición de Pensamiento Crítico, tampoco se equivocaron.  En la historia de las luchas culturales de la Revolución Cubana, a ambos empeños editoriales los unirá siempre el afán de practicar y predicar el ethos martiano del injerto del mundo en el tronco de nuestras repúblicas y el ethos marxista de la crítica radical. Como le dije a Abel hará unos tres años, en una reunión con Fowler y Reina María en su despacho, no pierdo la esperanza de que aparezca una revista cubana de pensamiento social que sea hoy, mutatis mutandis, lo que fue Pensamiento Crítico, que incluso lleve su nombre y que sea dirigida por tí. ¡Qué síntoma más alentador sería de salud, fortaleza y renovada juventud ideológica y cultural para una Revolución socialista, qué anuncio sería de ese socialismo crítico y creativo que con lucidez y pasión tu obra ensayística propugna y prefigura! Déjame soñar.

Querido Fernando, es una dicha tener la certeza de que no serás absorbido por ningún Canon y emplearás todo el capital simbólico que te da este premio en tus permanentes esfuerzos por hacer lo que realmente haría Marx ahora.

Un fraterno abrazo y los deseos de un 2007 lleno de nuevos logros para tí y para Esther.

Desiderio 
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8 de enero

Mensaje de ENRIQUE PINEDA BARNET

Querido rey:

Sabes que estoy filmando y eso me encierra y  desinforma. He recibido con pavor, todo cuanto se resucita de Pavon.

He vuelto a tener insomnios. Estoy entre pesadillas de amigos vapuleados, del Guignol asesinado, de los perseguidos, los huidos,  los aterrados, de los teléfonos con frases entrecortadas, documentos inocentes quemados u ocultados, poemas perdidos y sueños mutilados. reaparecen palabras, signos, como quemaduras marcadas en la piel: parametración, Umap, censura, condena, consejo, brujas, pavon, quesada, y sus herencias en los mitines de repudio o sus consecuencias  congresos ....y etceteras.
Te ruego me mantengas informado con estas documentaciones , por ser una procedencia confiable y segura.

con mi cariño siempre

Enrique 
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 Mensaje de MARIO COYULA

Desiderio, Arturo

El llamado de ustedes me parece muy oportuno en un momento en que ya algunos personajes lamentables, o sus fantasmas, parece que se están reposicionando. Pero más que de personas, se trata de una manera recurrente de ver al mundo, que a lo largo del tiempo ha recibido muchos nombres diferentes, siempre ominosos. Es mejor pasar por paranoico que por bobo, y adelantarse al palo. Ojalá que todo solo sea una casualidad.
Admiro a Mandela, quien renunció al poder que se había ganado y unió al que posiblemente era el país más dividido del mundo, con rencores tremendos que venían de muy atrás. Como él, estoy por no escarbar en el pasado, por feo que haya sido. Pero si otros lo hacen, buscando regresar a lo que ya sufrimos, es bueno que sepan que no se les dejará pasar. Después de todo, involución es lo contrario de revolución.

Saludos,
Mayito
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PEDRO PÉREZ SARDUY desde Londres

Querido Desidero. Un abrazo por la valentia y brillantez de la cual has hecho gala nuevamente. Apoyo tu mensaje,  incondicionalmente 100% , pues yo fui uno de los que sufrió las consecuencias de ese período y del antes, pues fui empleado del Consejo Provincial de Cultura, en Sta. Clara, mi ciudad natal, luego de haberme graduado en el primer curso de instructores de arte en el Hotel Habana Libre, en 1962 -Curso de Asesores Litearios. Luego me fui para La Habana.

Me alegro, pues, de que hayas salido al paso por lo que pueda venir. 

Saludos desde Londres.

Pedro Perez Sarduy

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OMAR VALIÑA – 8 de enero

Querido Reynaldo:

Yo respondí de inmediato a Jorge Ángel, con el mismo asombro e indignación que los otros. He estado siguiendo en detalle el justo y oportuno intercambio de mensajes. Por supuesto que puedes seguir contando conmigo en primera fila para lo que sea. Me mantienes informado, por favor.

Abrazos,
OV.

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Un nuevo desacierto de la televisión cubana acaba de ocurrir: Luis Pavón, uno de los personajes más espantosos y temibles en la historia de la cultura cubana acaba de recibir  lisonja en el programa Impronta de cubavisión. En estos días en que tantos la emprendieron contra La diferencia, supongo, espero, que también ahora apunten sobre este dislate tan absurdo, y, por favor, permítanme el pleonasmo.

Jorge Ángel Pérez

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De acuerdo totalmente contigo, Arturo. Y para evitar equívocos, debido a que considero mi posición un poco incómoda y a que creo haber dicho con transparencia lo que pienso sobre este asunto, paso a ser alguien que se limita a "escuchar" desde el email. Confío en que, entre todos, se busque una solución adecuada a las muchas cosas que aquí se plantean y que, aunque no querramos, sobrepasan el asunto que le dio origen, aunque todo esté relacionado con ese ámbito amplio (y obligatoriamente plural aunque algunos parezcan olvidarlo) que es la Cultura. Y confío en que me sigan llegando estos debates y, espero, sus resultados.

Gracias, además, por señalar algo muy importante: hay muchos jóvenes escritores (y otros ya no tan jóvenes como yo) que, también, tienen derecho a opinar, apoyar, disentir. Yo mismo, en estos dos días he recibido varios mensajes personales de algunos de ellos que deben ser escuchados (Angel Santiesteban y Ena Lucía Portela, por ejemplo, por citar sólo a los más conocidos).

Un abrazo desde la fría Berlín

 Amir Valle

Desiderio, Reynaldo: Dirijo esta carta a ustedes (aunque la remito a todos los que, de una forma u otra, se han involucrado en esta reacción), porque me resulta más cómodo pensar que converso con dos a imaginar que hablo frente a una multitud.

El debate, como era de esperarse, ha desbordado sus fronteras iniciales. Yo mismo lo hice, al añadir la lectura del Premio a Fernando Martínez Heredia. Anoche Desiderio me habló de un asunto sobre el que, en un compendio que acabo de recibir, y donde encuentro muchos textos que no me habían llegado, también se trata. De manera más explícita, en las cartas de Magaly Muguercia y de Amir Valle. Me refiero a la pregunta: ¿Quiénes deben participar en el debate? o ¿Quiénes tiene derecho a participar en el debate? Trato de dar algunas ideas, quizás inconexas:

- Aunque no estamos estrenando esta vía, sí, hasta donde recuerdo, es la primera vez que un diálogo tan importante y con tantas voces tiene lugar mediante correos electrónicos. Esa condición, en sí misma, lo hace que ruede como una bola de nieve. Los dos textos que he enviado han llegado a personas que no están siquiera en mi lista de direcciones. No me parece mal. Es algo dictado por las circunstancias y debemos tomarlo en consideración.

- Quienes viven fuera de Cuba, ¿no pertenecen ya al corpus de la cultura cubana? Esa posible exclusión, ¿no contradice el espíritu de todo lo que se ha hecho por reinsertar aquí todo cuanto de Cuba y su cultura andan dispersos por el mundo? Si decidiéramos que este es un debate sólo "entre revolucionarios", ¿estaríamos diciendo que quienes vivimos dentro de la Isla lo somos, y los que están fuera dejaron de serlo, automáticamente? Un escritor como Abilio Estévez, que sufrió como pocos las consecuencias del pavonato, ¿no tiene derecho a participar?

- Considerar que este problema atañe sólo a quienes, por edad, lo vivieron, ¿no es pensar que se trata de algo pasado, que no involucra o amenaza el presente y el futuro? Les confieso que si algo me alarma en este minuto es que muy pocos jóvenes han opinado. Supongo que nos miran como pensando: ¿en qué andan esos viejitos?

- Aunque quienes estamos participando pertenecemos al campo de la cultura artística y literaria, la época de dogmatización que estamos llamando pavonato afectó a todo el país. Aunque mi mamá, mi suegra, mis vecinos, no conozcan a Luis Pavón, también fueron dañados por él.

- Por supuesto, sé que en un debate de estas características no se forman dos bandos: los que denuncian y los denunciados. Entre unos y otros hay posiciones diversas. En este caso en particular, el hecho de que alguien crea, como yo, que el programa dedicado a Pavón fue un error, no implica que ambos pensemos de la misma manera. Incluso, podemos estar de acuerdo sólo en ese punto.

- También estoy conciente de que la inclusividad arrastra las malas yerbas. Siempre habrá un oportunista que se sume, alguien que en los 70 estuvo en el bando de los represores y ahora se lleva las manos a la cabeza, escandalizado; también quienes, desde posiciones cómodas, enturbian el debate, lo enrarecen, y no podemos descartar la presencia de algún que otro provocador. Pero, insisto, que todo ello ocurra es inevitable, y quizás no sea del todo malo.

- Claro está, siempre y cuando hablemos, como hasta ahora lo ha hecho la enorme mayoría de quienes participamos, con transparencia, y seamos capaces de apartar la paja del grano para que el final de todo esto aporte alguna utilidad. Es decir, debemos cuidar que la bola de nieve siga el camino que nosotros elegimos, y no dejar que la desvíen, y que, en lugar de desbrozar los espacios, destruya con su peso lo que ya hemos alcanzado.

Los abraza

Arturo A. 

 

 LAS CRISIS DE LA BAJA CULTURA (corregida)

 

(Anoche, apurado, pasionado, escribí en pocos minutos esto y lo circulé. Se los reenvío con correcciones necesarias, y agrego un poquito más. Disculpen. Gracias) 

Arturo Arango se pregunta por qué los jóvenes no entran en esta polémica. Voy. Nací el mismo año del Congreso de Educación y Cultura en que Fornet cifra el inicio del "periodo gris". No sé si aún soy joven, no sé de qué forma el desencadenamiento de este “susto” me pertenece, y si es principio, mitad o final de tragedia, novelón o comedia... ¡Sí me duele esta intelectualidad cubana de la que soy parte, lo que va quedando de nosotros! Es deprimente.

Amir lo ha sugerido con aprensión, lo tengo advertido hace rato: vivimos en lo fundamental fuera de la historia, nos fueron poniendo —y nos acomodamos— al margen, hasta  esta posición de cada día, amnésica, inofensivamente al margen. Habrá círculos del infierno más inclementes, celdas de castigo peores, por estrechas, y circunstancias de humillación y ostracismos tal vez más crueles para los huesitos humanos que pueden repartirse los cangrejos, como lo que vivió un Delfín Prats sin derecho incluso a ejercer lenguaje de mudos, o aquel calvario (?) que pudo significar para algún escritor tener que trabajar en las sombras de la biblioteca nacional, cuando no de alguna municipal. Pero no debe de haber al cabo, en nuestra historia, un campo de acción intelectual tan estrecho, asfixiante y por eso tan ridículo, como este del que hemos hecho folclor los escritores e intelectuales cubanos en general durante las últimas décadas

Veo normal que se tema por el regreso de esas “torturas”. Pero a mí, entre finales de los ochenta y buena parte de los noventa, nadie me condenó a vender tapitas de litro de leche puerta por puerta, ni a cambiar ropa vieja por libras de arroz en las arroceras del fin del mundo —una parte del fin que queda cerca de la costa sur de Sancti Spíritus—, y nunca tuve la suerte de contar con un verdugo en la esquina contraria —como decía aquel boxeador de un filme: "en el ring al menos sé de dónde vienen los golpes"—, que una "parametración" me obligase a cortar hierba en los naranjales para venderle a los cocheros. De todo eso hice, también temo tener que volverlo a hacer, digo, y no sé a quién temerle. ¿Pobre de mí que ni Pavón tengo? Vuestro barullo es bastante habanero, así vuestras referencias tienen el don extenso de la mercancía con valor simbólico nacional e internacional. Las desgracias humanas arrastran la característica de padecerse siempre demasiado concretas, con fecha, lugar, rostros exactos, pero cuando se vive en un cuartón de provincias el marco contextual de la queja o la comunicación se nos hace polvo en las manos, nuestra sangre como “evidencia” se confunde rápido con la tierra que pisamos, y esas exactitudes difícilmente llegan a hacerse visibles más allá de “la pocilga” (como le decía Arzola al hato de Ciego de Ávila). Si Arzola hubiera escrito que yo y Adrián fuimos a sacarlo de aquel cuartel de Jatibonico donde le habían dado buena tanda de patadas, nuestros nombres no ilustrarían nada. Si yo contara aquí ahora mi calvario vivido —hace muchísimo menos que lo que dista de los años 70, nací ese año— en una oscura editorial provincial para publicar un libro de cuentos, por tener un nombre sospechoso el libro y yo detrás más de un agente en busca de sospechas, agentes con nombres que no dirían nada a nadie —nunca tronados, siempre promovidos—,  poco aportaría a esta tragicomedia cuyo tablado central es capitalino. Hay muchas islas dentro de la Isla, historias dentro de nuestra historia, las edades geológicas —claro, quiero decir ideológicas— en esos lugares no coinciden obligatoriamente con aquellos periodos que parecen empezar y terminar por decreto en un perímetro habanero, también existen muchos niveles de amnesia y mediocridad en nuestro vacío, que van desde la fragmentación de la suerte nacional hasta el desinterés y la indolencia por el otro.

Si jugáramos a otra cosa que no fuera la ingenuidad y el miedo a cogernos con la puerta el dedo de escribir, temeríamos algo peor que estos “crímenes” intelectuales, estos “verdugos” gremiales, jugaríamos a ser menos “intelectuales de farándula”, esta versión carnavalesca del "artista de capilla", pues en esa otra dirección es como me imagino que debió continuar en serio el juego de aquella línea ascensional de lo mejor de la intelectualidad cubana del siglo XIX, con Martí a la cabeza, y no menos cívica, comprometida y abierta en el XX, con Varona, Fernando Ortiz, Mañach, Villena y tantos. Para esa tradición que nos juzga desde los genes, los acicates, las necesidades, los problemas culturales siempre estuvieron en el pellejo de todos los cubanos. Es patético este circuito cerrado que  hemos aceptado como el nicho ecológico donde debemos vivir y desarrollarnos en lo literario y extraliterario, sin cámara de ecos posible, al margen de los tantos y tan cruciales dilemas de la vida, sin pertenencia a un cuerpo y una fluencia vital que rebase nuestra suerte, preocupados no más que del ciclo de nuestra subsistencia cultural. Circuito que construimos a diario, donde transmitimos y retransmitimos una imagen de nosotros mismos tan ñoña, caricaturesca o reducida.

¿A correr y juntarnos porque salió Pavón en la televisión? ¿Salió caminando una cucaracha que creíamos muerta? Me parece algo divertido en medio de la casa en que vivo, que es tan grande y tiene pendientes problemas y sustos tan graves.  Por supuesto, estoy de acuerdo puntualmente con los criterios de Desiderio, sobre todo en esa parte en que subraya la capacidad de desentendernos del destino de los demás que hemos instrumentado, entre unos y otros, casi todos. De las diferencias que tenemos y por las que hay que abogar en el complejo ejercicio de la solidaridad —ateos-católicos, negros-blancos y otras por el estilo refiere Desiderio—, eludimos a veces decir con sus letras la principal, la perentoria: entre revolucionarios y no revolucionarios. Vara de medir que también se guarda el político confuso o desinformado como último recurso. ¿De esa no debemos ocuparnos nosotros sino única y exclusivamente quienes administran el poder y consultan sus oráculos? ¿Hasta ahí llegamos? Es la combinación que traspasa verticalmente todas las demás, y, en el punto decisivo de la vida o la muerte, ante la cual otras parecen coyunturales para estar o no estar, ser o no ser. Entre las filas de marxistas, ateos y religiosos pueden, en distintas circunstancias, haber indistintamente quienes “están” y “no están” con “esto”: fue y es la fuente de trabajo de Pavón y sus iguales.

Nuestro hogar y la familia y su agenda de problemas, decía, es tan grande. Por poner un ejemplo: ¿algún intelectual o grupo se ha pronunciado sobre el “plan carretera”? “Plan imagen” creo que le dicen también. Vas mirando por la ventanilla de un ómnibus y crees que te enteras: a lo largo de la carretera todos construyen, todos cambian paredes de tablas y ladrillos por gruesos muros de bloques, echan techos de placa, sustituyen bohíos y casas regulares por casas buenas, etc. Yo me enteré mejor: a mi tía, que vivía al final de un terraplén por donde sólo pasa algún que otro tractor, se le quemó su casa con todo dentro. Así, sin nada, mi tía lleva ya casi dos años, porque están priorizadas las construcciones de aquellos que viven donde puedas verlos cuando pasas en auto. Me parece indecencia mayúscula que en mi hogar, mi país, con un déficit habitacional tan grande, se juegue de esta manera con una necesidad así, al punto de definir el problema, la respuesta y la economía de los recursos básicos como cuestión de “imagen” pública. ¿No puede ser esto síntoma de un mal gravísimo? ¿Cuándo, en la historia de Cuba, este dejó de ser el tipo de problemas de sus intelectuales? Desgraciadamente para todas esas personas que viven lejos de las carreteras y fuera, muy fuera de los foros públicos y especializados —ni imaginar que tengan dirección de correo electrónico—, desgraciadamente para el devenir de una nación cuyas necesidades entroncarían siempre con los valores éticos, para la identidad y el sentido de la dignidad del cubano, tales imágenes no entran en nuestros circuitos cerrados, no escribimos de eso, nuestros debates no desbordan nuestros eventos culturales y no escapan a la demanda ministerial, nuestras revistas especializadas no tienen secciones para eso.

¿Pavón creó el Congreso de Educación y Cultura? ¿Allí los documentos rectores se aprobaron sólo con su voto? ¿Él llenó las calles de la isla con lemas como “La calle es de los revolucionarios”? ¿Es tan difícil imaginar a quién pedirle cuentas en una sociedad tan centralizada y con tanta concentración de poderes? Pareciera que el largo proceso de evolución de los escritores cubanos, con nuestro profundo complejo de supervivientes sociales en medio de los traumas políticos, pasando entre francotiradores y simples choteadores, nos ha llevado a adaptarnos a lo que en algún momento consideramos malformación: saber exactamente en cada momento y lugar cómo mirar para el “otro” lado. La valentía me parece algo peor que un despilfarro cuando los golpes van a parar al chiquito. Es muy lindo, glamoroso casi, recibir un nombre al pie de una vitrina, viniendo de una época así, al parecer cerradita: “periodo gris”, y tener hasta “verdugo” condenado por un tribunal y que concede entrevistas a la televisión. Pero, víctimas de entonces, sobrevivientes, incluso si quisiéramos ocuparnos apenas del pisotón al escritor o al artista, queda mucho por ver aún aquí, ahora, todos los días. Y me abstendré de llevar nota de cada joven o menos joven trastocado en “apestado” por determinados periodos o perpetuamente, no solo en La Habana, también en lugares intrincados de la geografía nacional, como Holguín, quizás por ser un criticón, o por pasarse de determinadas rayas, algunos tan jodidos que ni nombres tienen para que un alguien se cuide de borrarlos u otro alguien se afane en rescatarlos.

Pediré que se atienda a un síntoma peor, de consecuencias más nefastas para la cultura, que no es el "martirio", ni la inclemencia asumida, algo en definitiva consustancial al destino del hombre de alta cultura al menos en nuestra tradición idealista, sino el decadente síntoma de la simulación y el vasallaje, la carrera por ser un intelectual en tono “correcto”. La televisión en estos días, a propósito del cumpleaños de Fidel, nos ha traído a determinados personajes tan o más preocupantes que Pavón. Parecen nuevos, desconocidos, pero tienen nombres y rostros de escritores —muchos jóvenes, algunos muy jóvenes— que creíamos conocer desde hacía tiempo, veníamos compartiendo ideas con ellos, creyéndoles lo que escribían, y de pronto están ahí, trajeados, interpretando discursos y papeles tan distintos, de un oficialismo ramplón. Muy muy valientes, muy muy iconoclastas y profundos sólo en el análisis de la situación internacional. La AHS los aúpa como la nueva “vanguardia”. ¿Por qué los necesitan a ellos en esa postura? ¿Por qué ellos necesitan montarse esos personajes? ¿No será síntoma de una fragilidad gravísima? ¿Será que, según la idea que tienen de sus vidas, y de acuerdo con las aperturas que la sociedad se permite, no les queda otra salida para que los acepten e “imponerse”? Verbalizan su nivel de comprometimiento provechoso, entonces es cuando la vida les empieza a cambiar. Ya están en la televisión, ganarán más premios, recibirán condecoraciones, ocuparán puestos académicos, integrarán delegaciones oficiales al extranjero: son confiables. Es como funciona un sistema decantador que a veces ni se pule y agota en el cerco a la oveja negra, sino precisamente en la promoción y calidad de vida del intelectual que actúa en falso u oportunamente conforme.

La oficialidad refrenda a ese tipo de intelectual, que evita un comportamiento problemático, capaz de convertirse en vocero coyuntural, o de prestarse para confundirse entre la masa coral, dando la imagen de que las consignas y los discursos gastados, impersonales, también provienen de los cauces por donde se van armando las calidades artísticas de estos creadores. Intentamos, aprendemos a sobrevivir en las grietas del pedazo de espacio al aire libre que nos tocó. Este efecto camaleón es, también, aceptémoslo, herencia de nuestros periodos grises, legado de nuestro afán de supervivencia y nuestro endémico instinto de adaptación. Lo peor es que vida pública y oficialidad en Cuba llenan el mismo espacio, y las grietas que la política deja en la realidad pueden hacerse tan pequeñas que —ay, Borges— finalmente ni Dios habite en ellas. Entre ese miedo que nos sube la adrenalina, miedo a otros “fantasmas”, como a un decrépito Pavón, debíamos dejarle lugar a un poquito de vergüenza por nosotros mismos.

 Francis Sánchez

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Queridos colegas:

Efectivamente escribo "desde la otra orilla" (aunque debo aclarar que estoy acá esperando desde hace casi un año un permiso de entrada a Cuba que no llega a los consulados de España y Alemania, a pesar de todas mis gestiones oficiales en Cuba y en los consulados cubanos en estos países). Para ganar en salud y ahuyentar los odios prefiero decir que estoy en Berlín en una beca del PEN Internacional.

Pero no es ese el asunto. No sé precisar ahora quién me incluyó en estos intercambios (pero se lo agradezco), y como fui convocado, así he respondido, diciendo en este espacio lo mismo que he venido diciendo en otros espacios EN CUBA hace más de cinco años desde que algunos colegas de mi generación y yo empezamos a ver la aparición de fenómenos que nos preocupaban. Con algunas personas de este listado comentamos muchas veces de esos asuntos y siempre me pregunté dónde estaba la voz independiente del intelectual. Me alegra saber que al menos para esto se han unido, aunque quisiera preguntar: ¿no creen ustedes que si en otros momentos hubiéramos tenido esa misma posición se hubiera podido evitar tantos descalabros, tantos exilios y tantos silenciamientos sucedidos en las últimas dos décadas? Espero que este suceso no quede en una unidad temporal de la intelectualidad para oponer su voz y criterio a un fenómeno del pasado que hizo daño y que esa unidad sirva para revisar otros fenómenos que han sucedido y suceden.

Lo más importante es esto: creo que las víctimas del período siniestro que representan Pavón, Serguera y Quesada tienen derecho a opinar, y cuando digo esto, me refiero a TODAS LAS VICTIMAS, incluso (y con mucha importancia) aquellas que tuvieron que irse de Cuba (aún cuando tengan odios o hayan logrado perdonar). Ninguno de nosotros tiene derecho a excluir a ninguna de esas personas. Por eso, me sumo a la justa propuesta de Magaly Muguercia cuando dice que debemos contar con todas las voces y yo agrego: debemos contar con todas las voces, incluso aquellas que piensen distinto o estén llenas de odio (que bien sabemos muchos pueden ser justificados), siempre y cuando sea para esclarecer de una vez por todas un período que, también, han intentando silenciar como "cosa del pasado" pero que ha tenido muchas resonancias y presencias en el resto de la historia cultural del país hasta hoy. Por favor, colegas, piensen en eso. No creo que sea justo hacer una unidad ante un fenómeno como este excluyendo a otros que también tienen derecho y cosas que decir. 

Amir Valle

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PAVÓN Y SU PAVONEO

6 de diciembre

DESIDERIO circula una carta:

Estimados amigos y compañeros:

De repente, al cabo de más de treinta años de su destitución, reaparece en la esfera pública Luis Pavón, ex-Presidente del Consejo Nacional de Cultura durante el eufemísticamente llamado "quinquenio gris", ni más ni menos que en todo un programa de la Televisión Nacional dedicado a "su impronta cultural en la cultura cubana".

Ahora bien, ¿es lo que ayer vimos y oímos la impronta de Luis Pavón en la cultura cubana?

¿O es otra que dañó irreversiblemente las vidas de grandes y menos grandes creadores de la cultura cubana, "parametrados" de uno u otro modo? ¿Qué impidió la creación de muchos espectáculos artísticos y la divulgación de muchas obras literarias y plásticas en Cuba y en el extranjero? ¿Qué nos privó para siempre de innumerables obras a causa de la casi inevitable autocensura forzada que siguió a los ubérrimos 60? ¿Qué llenó todo un período con una pésima producción literaria y artística nacional hoy justamente olvidada hasta por sus propios ensalzadores y premiadores de antaño? ¿Qué nos inundó con lo peor de las culturas contemporáneas de los países de la Europa del Este, privándonos del conocimiento de lo más creativo y profundo de éstas? ¿Qué a la corta o a la larga condicionó el resentimiento y hasta la emigración de muchos de aquellos creadores no revolucionarios, pero no contrarrevolucionarios, cuya alarma había tratado de disipar Fidel en Palabras a los intelectuales? ¿Qué creó e inculcó estilos y mecanismos de dirección y trabajo cultural neozhdanovianos que ha costado décadas erradicar, de tan "normales" que llegaron a hacerse? ¿Acaso somos realmente un país de tan poca memoria que no recordamos ya la penosa situación a la que fueron reducidas nuestras instituciones culturales por obra del Consejo Nacional de Cultura, situación que el humor cubano captó por entonces en aquel trío de refranes parodiados: "El que no oye al Consejo, no llega a viejo", "En la Unión no está la fuerza" y "En Casa de las Américas, cuchillo de palo"?

Cierto es que Pavón no fue en todo momento el primer motor, pero tampoco fue un mero ejecutor por obediencia debida. Porque hasta el día de hoy ha quedado sin plantear y despejar una importante incógnita: ¿cuántas decisiones erróneas fueron tomadas "más arriba" sobre la base de las informaciones, interpretaciones y valoraciones de obras, creadores y sucesos suministradas por Pavón y sus allegados de la época, sobre la base de sus diagnósticos y pronósticos de supuestas graves amenazas y peligros provenientes del medio cultural?

Si de improntas culturales valiosas en el periodismo cubano se trata, habría que mostrar aquellas como las de ese hombre de letras que fue Agustín Pí, quien, en ese mismo período, desde su modesto puesto en el periódico Granma, ayudó a cuantos "mal vistos" de valía pudo y logró que las páginas culturales de Granma fueran lo menos cerradas posibles en cada momento y no se convirtieran del todo, como tantas otras publicaciones cubanas de la época, en un erial de mediocridad y oportunismo.

En mi artículo "In medias res publicas" he hablado de la responsabilidad de los políticos en las limitaciones del papel crítico del intelectual --sobre todo en los años en que la cultura fue conducida por Luis Pavón--,  pero ésa es sólo la mitad del problema. La otra mitad --merecedora de un simétrico artículo-- es la responsabilidad de los intelectuales: sin el silencio y la pasividad de la casi totalidad de ellos (por no mencionar la complicidad y el oportunismo de no pocos) el "quinquenio gris" o el "pavonato", como ya entonces lo llamaron muchos, no hubiera sido posible, o, en todo caso, no hubiera sido posible con toda la destructividad que tuvo. Con contadas excepciones, entre los intelectuales, los heterosexuales (incluidos los no-homófobos) se desentendieron del destino de los gays; los blancos (incluidos los no-racistas), de la suerte de los negros reivindicadores; los tradicionalistas, del destino de los vanguardistas; los ateos (incluidos los tolerantes), de las vicisitudes de los católicos y demás creyentes; los prosoviéticos, de la suerte de los antirrealistasocialistas y de los marxistas ajenos a la filosofía de Moscú, y así sucesivamente. Cabe preguntarse si esa falta de responsabilidad moral individual podría repetirse hoy entre la intelectualidad cubana.

Se impone, pues, preguntarse responsablemente sin dilación: ¿por qué justamente en este singular momento de la historia de nuestro país en que todo nuestro pueblo está pendiente de la convalecencia del Comandante en Jefe se produce esa repentina gloriosa resurrección mediática de Luis Pavón con un generoso despliegue iconográfico de selectas viejas escenas con los más altos dirigentes políticos, y ello tan sólo días después de la no menos repentina reaparición televisiva de Jorge Serguera, quien desde la presidencia del ICRT hizo un perfecto tándem político-cultural con el CNC durante el "quinquenio gris"?

 "Feliz el hombre aquel que llega a conocer las causas de las cosas."

 Desiderio Navarro

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 Estimado Reynaldo González:

 En medio de la avalanchita de e-mails que ha suscitado la vuelta al proscenio de Luis Pavón, he leído sus opiniones al respecto. Le escribo sólo para hacerle saber que estoy plenamente de acuerdo con usted, con cada una de las palabras que dice ahí. Sólo que en algún sitio donde usted pone "errores", entiendo que por elegancia, por no ser obvio, yo pondría "actos criminales", que desde luego siguen y seguirán siéndolo en tanto no se los reconozca abierta y públicamente como tales, con absoluta transparencia, algo que mucho me temo no va a ocurrir en las actuales circunstancias de nuestro país.

Aprovecho la oportunidad para comentarle que me llamó la atención --aunque no mucho, a decir verdad-- que en el programa Este día de Cubavisión del pasado 19 de diciembre no incluyeran entre las efemérides importantes nada más y nada menos que el natalicio de José Lezama Lima. ¿Será también casualidad? No lo creo.

Como tampoco creo que nuestra lamentable televisión (esa misma que exhibió versiones mutiladas de Philadelphia y de El beso de la mujer araña, y aquel glorioso spot para alertarnos sobre el peligro de las drogas como sustancias nocivas que hacen que los jóvenes se vuelvan homosexuales, esa misma que jamás ha transmitido una sola imagen de las manifestaciones de orgullo gay que tienen lugar en otras partes del mundo, esa misma que se complace a cada rato en chistes, o más bien pujos homofóbicos de la peor calaña, entre otras lindezas), sea un ente aparte de nuestra cultura. No, no lo es. Vamos, que a estas alturas de la vida tendríamos que ser demasiado ingenuos para suponer eso. Como bien dice nuestro Desiderio en su magnífico y muy oportuno artículo ¿Síntoma de qué? Preguntémonos por las causas de las cosas, estas bellaquerías, por decirlo suave, son signos de... algo. Y no de algo bueno precisamente.

Estimado RG, pensé primero en enviarle este mensajito en forma privada, sólo para usted, en parte porque no acostumbro a dar gritos en el ágora y en parte porque usted y yo, si la memoria no me falla, no nos conocemos personalmente y... Bueno, temí que usted pudiera tal vez malinterpretarme. Pero luego pensé que si uno va a manifestarle apoyo y solidaridad a alguien que ha gritado, no debe hacerlo en voz baja. Así que estoy enviando copias a otras personas. Espero que no le moleste.

            Un cordial saludo,

Ena Lucía Portela

Querido hermano Amir, me alegro mucho que se despertara el debate  y todas las opiniones que suscita, pues pienso que en estos momentos, la cultura es la que saca ventaja, y se deja bien claro, que las generaciones que ya lo soportaron ni la nuestra, se quedará callada. Lo que me molesta es que se hable en pasado, cuando se sabe, como bien dices tú, que los pavones aún existen y quiénes los lideran; ellos no fueron más que instrumentos, al final, quizá se ganen la lástima, pues de una forma u otra, en un lado o del otro, los verdugos también son victimas. Ojalá que el escarnio sirva para actualizar y desenmascarar a los actuales sicarios de la cultura, lo que ahora sucede lo mismo que en aquella época, nadie quiere meterse contra el poder, los pavones actuales aún están vigentes y obligan a respetarlos hasta que los verdaderos dirigentes den la señal de que los leones pueden comer. A Pavón y sus secuaces los dejaron solos después de ser utilizados. Al menos ésa sería una buena lectura para los que son utilizados ahora razonen, y antes de censurar y perseguir, sepan que después también serán echados a las jaulas para que los devoren.

Abrazos, Ángel Santiesteban Prats

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OTROS EMAILS

Desde Miami me encuentro a una enorme distancia de Cuba. Sin embargo me llama la atención la ingenuidad de este debate. Con la enfermedad de Fidel Castro y el traspaso de poder a su hermano Raul, Cuba se encuentra en un momento de atrincheramiento político. Teniendo en cuenta el enorme control del gobierno cubano sobre los medios masivos de comunicación, la aparición de Pavón en un programa de la television cubana y el realce público de su "labor en el campo cultural de los 70", es una señal clara de que a la actual dirección política e ideológica del país comulga con estos métodos. No todo será igual, pero será parecido.

Carmen Duarte. 

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Querida Marilyn: gracias por enviarme los tres correos.

Estoy de acuerdo por completo con Desiderio y con Arturo.

En realidad, ya yo me había empezado a preocupar desde hace unos meses cuando leí la incoherente carta de Guillermo Rodríguez Rivera sobre el tema de "El Puente" que, por lo patético de algunos fragmentos, se podría desdeñar, y de hecho la desdeñé.

En esa carta se pretendía justificar algunas nefastas acciones de aquellos años bajo, efectivamente, la aludida "obediencia debida". Y Guillermo afirmaba, tenebrosa y algo desvergonzadamente, que en "esas aguas" había que navegar. Muchos no rindieron sus principios éticos ni tampoco aceptaron "navegar", y bien caro que les costó. Algunos de ellos no pueden estar junto a nosotros (ni siquiera para sentir nauseas como me pasó a mí) como Ezequiel Vieta, por ejemplo. Sí, creo que ese nefasto pensamiento oportunista y represor sigue latente, y busca cualquier oportunidad para asomarse.

Fueron tantas las paletadas de cal, y tanto se perdió bajo ellas, que los granos de arena todavía se sienten aislados, aunque alegren el corazon. Mantengamos la esperanza de que las arenas cubran todas las heridas de la cal. Y alcancemos a vivir para celebrarlo.

Mirta Yáñez

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El texto adjunto de Anton Arrufat. sumado a los anteriores de Arturo Arango, Reynaldo González, y una significativa lista de valiosos intelectuales cubanos, me expresan de modo tal que ahorran mis palabras. Agradezco a la Historia que, en dias como estos, podamos declarar de esa manera nuestra dignidad con memoria.

ESTO NO QUIERE DECIR QUE NO SEA CAPAZ DE DECIR LAS MISMAS COSAS CON LA MISMA ENERGÍA, es que estoy filmando.

Enrique Pineda Barnet

Enero 8 del 2007

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Estimados amigos: Con enorme interés he seguido el debate. Es posible que no conozca todos los criterios expuestos, pero suscribo firmemente la preocupación demostrada y la denuncia de la irresponsabilidad televisiva. Creo que los artículos de Desiderio y de Arturo recogen, con mesura y profundidad, las aspectos más sobresalientes. Sin embargo, hay otro que me parece sumamente inquietante y que no he visto reflejado con toda transparencia: ¿Por qué ahora, precisamente, esta muestra de lo que pudiera entenderse como un oportunismo, ahora que el Comandante Fidel Castro delegó el mando en el Segundo Secretario del Partido y Ministro de las Fuerzas Armadas? Creo que es algo más grave que un oportunismo político manifiesto. Creo que resucitar esos fantasmas en estos momentos resulta profundamente contrarrevolucionario, pues -como en el juego de las carambolas- las figuras resucitadas (o mejor,  las tendencias que ellas representan,  que están ahí, que siempre han estado y que nunca han desaparecido, sobre todo en la educación) se han querido identificar, a través de los discursos televisivos incluyendo los recursos iconográficos, con la máxima dirección de la Revolución, lo cual resulta nocivo no sólo para la imagen de la misma, dentro y fuera del país, sino también porque pone exhuma cicatrices no del todo curadas (imposible en tan poco tiempo; un error de esta índole en la cultura y en la educación se subsana sólo con el suceder de las generaciones) y ello conspira en contra de la unidad que se necesita en estos tiempos y agrieta la confianza reclamada. Es más grave, creo yo, que simples tentativas oportunistas, tal vez revanchistas.

Dr. Rogelio Rodríguez Coronel

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Queridos Reynaldo,  Antón, Senel y Rebeca, Jorge Ángel, Arturo, Angelito
Santiesteban,  Eduardo, Waldo, Amir, queridos todos:

Acabo de  leer una buena compilación de correos intercambiados por ustedes en Cuba. Uhmm, se me pone la carne de gallina con todo esto.

Les sorprenderá un poco este correo, porque a la mayoría de ustedes no los veo desde hace muchos años y a los otros casi ni les escribo...,  pero la verdad es que se me ha calentado la sangre. Ahora bien: Como yo no soy un revolucionario, y como nunca lo fuí, y como además por edad no padecí el Pavorato, y encima como desde hace ya cinco años vivo en el exilio más puro y duro, parece que no tengo mucho que aportar a este debate; pero,  aparte de reiterarles mi cariño y apoyo incondicional (si es que lo aceptan de este  guajiro refunfuñón echado por el Destino(como Barry Lyndon) en la extraña Germania), a pesar de todo me gustaría sumar unas pocas palabras a lo ya dicho.

Está claro que los Pavones y los Sergueras, como los zombies, son bestias fáciles de resucitar porque nunca fueron enterradas, y porque, esta vez como los vampiros, pertenecen a un vampiro mayor o al mismísimo Señor de las Tinieblas, que es en definitiva quien manda o quien hace que corra la sangre de los inocentes. Pero ya esto lo ha dicho alguien más, y encima todos los sabemos muy bien.

Como muchos de ustedes no olvidarán quizá, fueron innumerables las ocasiones en que las fauces de la Seguridad del Estado y sus compinches del Partido(o viceversa) se abrieron para tragarme, tal vez aprovechando la circunstancia de que todos ustedes, en la Habana, estaban demasiado lejos como para escuchar mis pataleos, allá en aquella pocilga de Ciego de Avila. Me dieron de patadas en los calabozos, me amenazaron y vejaron, y muchos en el “ámbito cultural” me menospreciaron y ningunearon durante años. Nadie, nunca, me quiso dar trabajo en Ciego de Avila, ni siquiera de almacenero en una Casa de cultura.

¿Y cuándo ocurrió todo esto? Por supuesto que no fue durante el famoso Pavonato, durante el cual yo no tenía más de cuatro años, sino en un período de tiempo que va desde mediados de los años 80s, todos los años 90s y casi hasta el mismísimo 2002, cuando casi por puro milagro de Abel y creo que de Barnet me dejaron salir del país hacia Berlín, después de haberme acosado hasta el último minuto a nivel de los recientemente reverdecidos CDRs, como parte de la Batalla de Ideas y con el consentimiento de Cultura, del Partido y de todos. A propósito, les cuento: mis sabuesos avileños estaban envalentonados,  porque, según me contó alguno de ellos, los dientes afilados y la lengua babeante de rabia,  después de que Abel interviniera en mi defensa la último vez,  Sacha(quien también tantas veces tuvo que correr a causa de mi pellejo, gracias viejo) y otros funcionarios declararan a quien quisiera oírlos, que “la próxima ” nadie me iba a defender. Servido en bandeja de plata!

Aparte de eso, yo estaba servido en bandeja de Plata por la Asociación Hermanos Saíz y por Alpidio Alonso, sencillamente porque en una de las reuniones preparatorias del Congreso de ésta (al cual me habían elegido
delegado directo o algo así, ya no recuerdo bien, y al cual en definitiva nunca asistí), y ante el servilismo generalizado, me había atrevido a decir que no debíamos hacer un Congreso para complacer a Aquél(Fidel Castro) que había decretado por años la suspensión de tal evento, desde los tiempos de la AHS de Eloisa Carreras, cuando los artistas jóvenes todavía se atrevían a decir unas cuantas cosas a ese mismo poder que ahora los amenaza a ustedes, y que ya a mi no me puede tocar, gracias a la mediación de Dios y del Océano Atlántico.

Ya sé, ya sé, no crean que olvido que gracias a muchos de ustedes y a unos cuantos más y al hecho de que nunca cometí otro delito que llamar las cosas por su nombre y tener la lengua larga, no pasé nunca más de dos semanas en los calabozos. Gracias a eso y a que la máxima autoridad de la cultura no era entonces PaVoR, sino Abel Prieto. Pero es que en cierto sentido yo era un privilegiado, porque era un escritor joven (ya no tanto, que horror!) conocido y  porque encima tenía el apoyo de algunos de ustedes, con influencias allaaaaá, en La Habana. Pero ¿y qué pasó con los que no tenían tales privilegios? Pues se pudrieron en la cárcel, y después al exilio, siempre al exilio. Y hablo de escritores: los otros, sean inocentes  o no, que se jodan, aunque se trate de “no revolucionarios no contrarrevolucionarios”, esa categoría tan rara o zombi ideológico que parece existir en Cuba. Lo que quiero decir es que el Monstruo siempre estuvo y está ahí, listo para dar el zarpazo, porque no existen contrapesos que estabilicen la política del país; no existe la Razón, sino la caprichosa y a veces antagónica voluntad de unos pocos y la sumisión del rebaño.

Queridos míos, yo estaré rezando por ustedes en los tres idiomas en que pudiera hacerlo, por si Dios entiende alguno de ellos. Temo por todos ustedes. Creo que necesitan de mucha suerte y de la ayuda de Dios.

Un fuerte abrazo, desde Colonia, Alemania

Jorge Luis Arzola

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A Desiderio, a Arturo (Amir incluido) y a mi amigo el pintor Ulises Bretaña que me ha mantenido hasta ahora como lector "pasivo" (la decisión de pasar estas ideas a otros se las dejo a uds.):

Tengo 35 años, soy periodista y hace más de 10 años trabajo en los proyectos de Pedro Pablo Oliva. No viví nada de lo que uds. sufrieron en carne propia o vieron sufrir, pero creo que, efectivamente, los actos de los hombres y sus consecuencias trascienden generaciones. Consideré que las últimas reflexiones de Arturo me daban la oportunidad de sumarme, pues lo que Desiderio llama "síntoma" hace un tiempo yo lo considero un “síndrome” dentro de los medios cubanos y en especial dentro de la TV.  La entrevista a Serguera (del que sí tenía referencias) en un programa tan, aparentemente, light como el de Alfredito reafirmó mis ideas. Al asunto entonces. 

No reaccionar contra la aparición de Pavón en un programa con semejante eslogan hubiese sido una cobardía intelectual y un desplante moral, quizás por eso las críticas y la magnitud alcanzada en el debate (lo mejor de Internet es que nadie puede limitar el alcance de nuestra palabra, por eso nos limitan Internet ¿no?). Lo curioso sería saber  no tanto quién permitió la emisión del programa, sino de quién fue la idea de entrevistarlo y con qué objetivo. ¿Desconoce esta persona las consecuencias del “Quinquenio Gris”? ¿Es su amigo y quiere ensalzarlo en su retiro dorado de ex-funcionario oscuro? ¿O es una política editorial deliberada con el fin de “justificar” ciertas historias?  

Desde la aparición de los nuevos canales educativos* hay una tendencia en todo el medio a divulgar momentos de la historia reciente de Cuba que eran tabú y entrevistar a personajes y personalidades que los protagonizaron.  La idea original me alegraba porque esas lagunas profundas yo no encontraba manera de llenarlas fuera del cotidiano cotilleo de las redacciones y las reuniones con amigos.  Pero la tendencia ha comenzado a ser sospechosa desde el momento en que el recuento casi siempre es laudatorio o solo toca pequeñas aristas del tema.  Muchos de estos programas están escritos y dirigidos por gente joven que quiere saber y divulgar.  El choque entre la visión del “victimario” y las “víctimas” demuestra que el mediador desconoce casi por completo la realidad que intenta historiar y, en el mejor de los casos, ha cumplido la orientación de entrevistar a personas sin investigar (cosa común en nuestros medios) la opinión de quienes le conocieron.  Esa “historia” está siendo deliberadamente lavada y algunas veces sobrevalorada para las nuevas generaciones en un proceso de edulcoración idílica dónde los tragos amargos y los errores garrafales no aparecen para dar una visión de Proceso Perfecto el que ha vivido la Revolución Cubana desde 1959.  Si le sumamos que otra buena parte de los implicados y que sufrieron las consecuencias de esas políticas ahora son premiados, homenajeados, publicados, repatriados (a favor o en contra), reivindicados y resucitados; entonces el plan está consumado de una manera casi natural.   

Hay una realidad: la mayoría de los actores de la historia cubana reciente ya son personas mayores, muchas están enfermas o han muerto y es lógico pensar en escribir libros, hacer documentales o invitarlos a este tipo de programas.  Pero la selección y programación debe ser cuidadosa y seguir no solo los elementos históricos, también los éticos y el alcance de sus obras, pues la otra opción posible (una verdadera entrevista) no está disponible aún.  De lo contrario podríamos ver desfilar por esos espacios a todo tipo de truhanes e incapaces que tristemente han ocupado altos puestos en las instituciones civiles, militares, administrativas y políticas de nuestro país.   Al menos Alfredo Rodríguez intentó acorralar a Serguera con preguntas tan capciosas como la televisión le permitía, a las que este respondió con inteligencia y notable honestidad, pero no soñemos: nadie se hace un seppuko público en estos días y Alfredito es un sagitario con dardos de goma.

Si en algo podrían ayudar las opiniones de uds. y todo este debate es justamente a acercarnos a esa parte de la historia que sigue enterrada, de la que no hay información alguna y solo poseemos impresiones formadas por algún gesto, un desvío de la atención, un comentario sin argumentos… Es casi seguro que nadie pueda acusar directamente a Pavón y a Serguera de todos los desmanes y descalabros de la Cultura Nacional y el ICRT, aunque sin dudas tienen responsabilidades. Pero divulgar (aún no es posible publicar) aquellos hechos en los que realmente estuvieron involucrados sería muy bueno para alertar a otros que presumen de posible regreso a los viejos tiempos. Entiendo los temores y la necesaria felicidad que nos traería conocer las causas de todas las cosas.  Aunque tampoco es una ilusión de tontos soñar la vuelta de un quinquenio gris en Cuba; porque en verdad la historia de la humanidad ha demostrado que, incluso, puede llegar a ser negro si personajillos mediocres y barbilampiños con buenas relaciones y habilidades aprovechan las circunstancias y se entronan en el poder (a río revuelto, ganancia de pescadores).

Ah! Y creo sinceramente que todos tienen derecho a participar, de lo contrario estaríamos creando el Segundo Pavonato.

* A los programas de corte histórico se suman algunas Mesas Redondas Informativas y numerosas series cortas dedicadas a efemérides y sucesos históricos importantes que se han puesto de moda.

             Saludos a todos,

 OSCAR LLANES

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Amigas y amigos:

Para todas y todos los que me preguntan por que no entro a moderar el debate sobre "el post pavonado" aquí van algunas ideas:

1- Me parece exagerado que alguien vea "síntomas" de postpavonato en la aparición de Papito Serguera y Luis Pavón en la TV porque quienes así piensan olvidan que la institucionalización de este país comenzó en 1975 y después de eso ha llovido tanto como un sexto congreso de la UNEAC que sacudió a la sociedad cubana. Tenemos deficiencias, problemas que resolver pero ¿un post pavonato ahora?. No tiene sentido desde la logica histórica.

2- Transitamos la  primera década del siglo XXI, a más de cinco lustros del derrumbe del campo socialista de donde se copiaron –para desgracia de la cultura cubana- los métodos que llevaron al "quinquenio gris". La mayoría de los impulsores de aquel pensamiento, integrantes de una ultra izquierda, hoy se dan algo más que la mano con la derecha cubana.

3- A pesar de ciertas deficiencias, la política cultural cubana ha crecido y se ha consolidado de tal suerte que no permitiría un retroceso a esos años grises de nuestra historia.

4- Creo que llevar a la pantalla a esas dos personas fueron actos irresponsables, como otros que se cometen en ese poderoso medio.

5- Que este intercambio de ideas camine tan rápido hace evidente la necesidad de un espacio de diálogo entre los artistas cubanos. La UNEAC dejó de ser lo que era y ahora no hay un lugar donde decir lo que se piensa.

6- Y aunque me juzguen de autocensurada: no creo, por el momento en el que vivimos, que sean días para entablar un debate sobre este tema vía electrónica. Sobre este asunto habría que volver una y otra vez pero como se ha hecho en La gaceta de Cuba o en entrevistas a prominentes intelectuales que padecieron el quinquenio gris. Al enemigo no hay que darle –como decía el Che- ni un tantito así, y el enemigo es real, está al acecho para cada vez limitar más nuestras posibilidades de expansión en todos los terrenos, incluido el cultural. Y ver fantasmas de terror donde solo hay atisbos de irresponsabilidad, es propiciar tela por donde cortar a quienes escriben miles de cuartillas sobre nuestro futuro, futuro por demás que quieren ellos dirigir.
No más, amigas y amigos. Hasta aquí opino en este asunto

Paquita Armas Fonseca.

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 UN RECLAMO ARQUEOLOGICO ((ANONIMO))

Confieso que tras la lectura de casi todas las cartas iracundas que conforman el actual “affaire Pavón 2da parte”  he llegado a casa con cierto olor a guardado, como cuando husmeamos en las gavetas de la abuela muerta o salimos de una librería de uso o del almacén de un anticuario.

Fundada es esta ira  --seamos justos--, pero infundados otros silencios.

Se pregunta Desiderio Navarro: “¿cuántas decisiones erróneas fueron tomadas más arriba sobre la base de las informaciones, interpretaciones y valoraciones de obras, creadores y sucesos suministrados por Pavón y sus allegados de la época...?”, al tiempo que Antón Arrufat fustiga al “gran parametrador de importantes artistas, (...) el que los persiguió y expulsó de sus trabajos, el que los llevó ante los tribunales laborales, (...) quien pobló sus sueños con las más atroces pesadillas, (...) quien llevó al exilio a artistas dispuestos a trabajar en su país y dentro de su cultura...”

Fundada es la ira de este reclamo, pero visibles a la vez sus costurones, el modo en que lo convierten en un asunto de arqueología sin lazos evidentes con el presente, único en la historia de nuestra cultura, único e irrepetible pues la sabiduría y el humanismo de la Revolución se impusieron en la hora nefasta para reivindicar a los excluidos por el Pavonato, como si los tiempos de censuras y autocensuras  --no obligatoriamente ligados al mercado actual de las editoriales y al dinero--  ya fueran parte del pasado, como si la esencia de este y de tantos otros sucesos no estuviera en el carácter robespierreano de un Estado Total al que siempre le han incomodado los intelectuales preguntones, los que no se ajustan al canon y al pensamiento rector.

Ahora resulta que el teniente Pavón  --¿acaso se le ascenderá post-mortem?--, si seguimos lo expuesto por Antón Arrufat, “llevó al exilio a artistas dispuestos a trabajar dentro de su cultura”. ¿Acaso trabajaron FUERA de su cultura Gastón Baquero, Severo Sarduy, Benítez Rojo, Guillermo Cabrera Infante, todos merecedores de ese Premio Nacional de Literatura que Antón Arrufat ostenta?   ¿Negarles semejante distinción a quienes decidieron vivir fuera del país o a quienes discreparon sobre el camino político tomado por la nación habrá sido una decisión del cancerbero Pavón justo antes de colocarse el pijama? ¿Acaso la verdadera impronta de este poeta-policía?

Algo sí queda claro: todos estos intelectuales indignados de hoy terminan exculpando a ese ente abstracto que han dado en llamar Revolución de las atrocidades de un horrible censor llamado Luis Pavón, la exculpan a la vez que focalizan la envergadura del mal en lo que Desiderio Navarro llama “los ubérrimos 60” y los años grises que le siguieron, como si en los confortables 80, los supuestamente aperturistas 90 y los “incertidúmbricos” años 00 no se hubieran producido sutiles, inteligentes, barnizadas manipulaciones y acallamientos en el campo de la cultura nacional, como pretendiendo ignorar que Pavón, Serguera, Quevedo, como en justa carrera de relevo, no olvidaron pasarle el baluarte a Pedro de la Hoz, Iroel Sánchez, Fernando Rojas...

Si Luis Pavón no fue más que un Pinocho eficaz de mala madera, ¿quien asumirá entonces el papel de Geppetto, su bondadoso creador?

El simple   --y grave--  hecho de que estas líneas deban parapetarse tras el anonimato es ya un marcador visible de que la real y nefasta impronta de Luis Pavón se respira, puede palparse.

 11 de enero de 2007

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Deseo felicitar al autor del artículo Peor que olvidar el pasado es tener amnesia del presente por su honestidad y transparencia de crítica. Una vez más me pregunto cómo es posible que a estas alturas de la vida de algunos de los "indignados" (después de tanta catástrofe y represión de años), todavía pretendan justificar a Castro y hasta hacer referencia del marxismo (por sentido democrático, lo del marxismo lo puedo respetar).

No obstante, considero que es bueno que le salgan al paso a la resurrección pavonista y a lo que se esconde detrás de ella, indudablemente que sí, pero que lo hagan con argumentos más consecuentes con las verdades esenciales que están detrás de todo el proceso represivo que ha azotado Cuba desde hace 48 años; que le pongan nombre a las cosas de una vez, como pidió uno de los escritores; porque ya hay muchos muertos, muchos torturados, muchos presos políticos y muchos cubanos desperdigados por el mundo; que se respeten todas las ideas y credos, y que todos los credos e ideas se unan de una vez para lograr, de una manera profunda y auténtica, una real transición.

Los que tienen y tendrán una reconocida voz en aras de sustentar la cultura nacional son los presos políticos, la disidencia interna que todavía no está encarcelada y los exiliados. Todos los intelectuales, aún activos en la Isla, deben unir su voz a la auténtica disidencia para que, definitivamente, haya una verdadera libertad de expresión en Cuba.

Manuel Gayol Mecías, Los Ángeles

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jueves 11 de enero de 2007

¡Qué justa es la indignación de los intelectuales cubanos ante la reaparición mediática y vergonzosa de los que fueron verdugos de la cultura!

Sé que los que hablan hoy sufrieron o supieron de la humillación, el estigma, la expulsión, el desprecio, la marginación, la burla, el infierno interno de entonces. Algunos pasaron hasta hambre, fueron ridiculizados, tuvieron que acallar todo impulso creador, meter las almas en las gavetas, gastar las horas en archivos grises, en salas de traducción anónimas, en revistas menores o consumirse en las provincias como parias. Algunos se vieron forzados al exilio. No podían zafarse de la letra escarlata que les colgaron. Aún hoy llevan sus huellas y hay pedazos de la letra. Pero entonces era vivir en el puro miedo cercenador.

No puede olvidarse que los "Pavones" destruyeron un brillante y reconocido movimiento de teatro y danza, que descabezaron los muñecos geniales de los hermanos Camejo, que quemaron libros, que enmohecieron las aulas con los dogmas, que mutilaron el pensamiento, que escupieron a los poetas, que forzaron a usar los inquisitoriales cinturones de castidad a personas y personajes.

No podemos engañarnos: la aparición, en estos momentos, de Pavón, Serguera y Quesada, no es fortuita ni inocente. Sus medallas son reconocimientos a la infamia. Sus presencias, ahora, pueden estar anunciando noches de cuchillos.

Rebeca Montero, México

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miércoles 10 de enero de 2007

He leído con amarga sonrisa el supuesto debate en torno a la figura de Luis Pavón. ¿Pero acaso fue el gris funcionario del Consejo Nacional de Cultura el siniestro creador de la parametración, de la persecución de los homosexuales, de la represión y encarcelamiento de todo aquel que no obedecía la fórmula del hombre nuevo?

En Cuba no se hacía nada sin que viniera de Fidel Castro. Si el tirano no hubiera ordenado ejecutar estos horrores y colocado sus "capos" al frente de la maquinaria represiva, la parametración no hubiera existido. Pavón es sólo un instrumento cómplice.

¿Por qué Anton Arrufat y Reynaldo González, víctimas en su tiempo, exonerados y canonizados después, no atacan al verdadero culpable? ¿Por qué recibieron el Premio Nacional de Literatura de las mismas manos que ordenaron la construcción de los campos de concentración de la UMAP?

El que no tiene vergüenza para denunciar un crimen, por lo menos que se calle. Esta parodia de la libertad de expresión, mientras disidentes presos se pudren en las cárceles por el único delito de comunicarle al mundo que sucede en la Isla-cárcel, es insultante.

Armando López

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Queridos humanos; los asuntos de la "cultura" son asuntos del pueblo..., y al pueblo pertenecemos todos y no sólo ése "nuestro pueblo" que tanto llevan y traen en sus bocas en los medios de difusión masiva los voceros de las tantas verdades a medias que cotidianamente se pregonan hasta el aturdimiento y la confusión de tanta gente en nuestro país acerca de los "logros y las conquistas sociales que únicamente en cuba tenemos los cubanos el privilegio de disfrutar mientras el mundo se está hundiendo en la más profunda de las mierdas..." y simultáneamente se deja fuera de los medios toda la "porquería" social que vivimos los cubanos en nuestra cotidianidad que tanto nos afecta, todas las trabas burocráticas que le joden la vida a millones de personas aquí en la "llave del golfo" al hacer la más elemental de las gestiones -incluso sus trabajos-, y se deja fuera por supuesto entonces la posibilidad a gran escala de enfrentarnos con nuestros "propios problemas" por resolver -para por lo menos reconocerlos (primer paso para la solución de cualquier dificultad: reconocerla), mientras la historia nos demuestra que las realidades que no enfrentamos en el momento que se presentan nos golpearán en el rostro de repente al doblar de cualquier día una esquina cualquiera...

Todos los días escucho muchas veces en la radio y la televisión cubanas -no sin sonrojarme- cómo se le llama "cultura" a cosas que tienen que ver con el mundo de las manifestaciones artísticas

 -Y en el mejor de los casos con las artes- cuando sabido es que la cultura es la forma en la que claramente vive un pueblo en un espacio y un tiempo específicos, y la tal cultura abarca desde la forma en que caminan las personas, qué comen, cómo gesticulan, y hasta la manera en que se limpian el culo cuando cagan; siendo las artes y las manifestaciones artísticas dos granos de arena acaso perdidos y a veces brillantes en la playa infinita de la intríngulis de la historia de la cultura de cualquier pueblo...

Todos los días escucho y veo un sinnúmero de burradas y estupideces y faltas de ortografía en nuestros medios masivos de comunicación mientras escucho y veo a personas en esos mismos medios desmesuradamente haciendo apología sobre lo que simplemente es un deber para el estado revolucionario cubano -deber por el cual muchos seres humanos en la historia de nuestro país ofrendaron sus vidas- y se nos "vende" o nos "regala" a nosotros mismos una imagen nuestra que no existe; llena de demagogia y falacia y de hipocresía y de famas y de repudios y de aplausos...

Siempre me he preguntado porqué no se les llama a muchas cosas por sus nombres en el país donde nací y en el que vivo por voluntad propia...

Nací en el año 1969 y al tal pavón de cierto lo escuché mentar en una época, y luego con el tiempo aquí y allá alguien dijo su nombre no sin desprecio pero no me consta nada de lo que tanto se habla..., soy un artista de mi pueblo -cuba- y de la humanidad, he dirigido y producido la película "mañana" que actualmente se exhibe en los cines de este país, soy miembro de la uneac y soy de las calles de cuba y digo: si el tal pavón fué tan hijo de puta como dicen que le den en la madre a él, a su imagen, y a su huella en la tierra...., pero también me digo: que salga tanto hablar sobre el pavón y su quinquenio de mierda de los correos electrónicos pues la mayoría de los habitantes de cuba no poseen este instrumento y merecen saber y opinar sobre lo que sucede tras las cortinas de su "cultura"..., me pregunto como cubano y hombre de este planeta qué propósito tienen las acciones propuestas acerca del caso pavón mientras este país está lleno de pavones hoy mismo y de pequeños burgueses ocupando oficinas en donde se "decide" el destino inmediato de millones de cosas que tratan de abrirse paso limpiamente,y tenemos enormes problemas que resolver y nombrar, problemas que dan parto a mil pavones por segundo y a otros miles de seres sin nombre y sin moral que ejecutarán las directivas de pavones a nombre de la revolución y sus jefes cuando un millón de veces estos pavones de ahora apuñalan la simple mención de la palabra revolución y abiertamente viven en el capitalismo mientras pregonan una cuba socialsta..., me pregunto porqué "esconderse" y que no salga de cuba este asunto como si nuestros problemas no fuesen parte de la cochina y brutal e injusta y cruel aldea global en la que vivimos y que hemos construido nosotros los humanos permitiendo que existan en el mundo millones y millones de pavones -soy de los que piensan que reconecer nuestros errores y asumirlos es señal de fuerza y valor y no nos debilita de ninguna manera-, me pregunto porqué no decir claramente -y aquí lo digo- que nuestra televisión es una porquería y que los que en ella mandan actúan en nombre del mismo ser humano que emitió las palabras a los intelectuales, y aquí hay una contradicción enorme entre la imagen infinita del che guevara -símbolo de la revolución social del mundo y de nosotros-y los que hoy de cuello y corbata  y casi todos con sobrepeso se rompen el cuello y desgañitan preconizando una revolución que nada tiene que ver con esa imagen aburguesada y estrecha y que tanto hace mella en el altruísmo y el propósito de los que realmente ejercen el poder con respeto por el pueblo que ahí los colocó..., me pregunto porqué le permitimos a pavón nosotros los cubanos emprender tanta mierda en aquel tiempo y si no hubo una masa acrítica e indolente y permisiva de personas en nuestro país ejecutando cómo ahora mismo tanta mierda que nada tiene que ver con el espíritu abierto y libre y desprendido de los que fundaron con su sangre nuestra patria..., me digo si no es hora ya de no poner tanta curita y hacer la vista gorda ante el mal verdadero que es para empezar económico -como sabemos todos- y de distribución de la "riqueza" nacional,y si vamos a pedir cuentas por la aparición en la tv del tal  pavón y del que era jefe del icr cuando botaron a mi padre y a silvio rodríguez de ese instituto, y cuentas por la aparición del otro quesada porqué mejor no coger el toro por los cuernos y exigir que se deje de lado tanta mierda y pongamos a ocupar "cargos" en el mundo de la "cultura" sólamente a aquellos que no piensen solamente en su barriga o en sus calzoncillos o en sus blúmers y que únicamente personas decentes y capaces

-que los hay también "al bate y en la pelea"- ocupen los puestos de jefatura a todos los niveles y no sean autómatas que le hablen a uno todo el tiempo de que están cumpliendo con una tarea de arriba mientras se cagan en los que somos el pueblo trabajador y nos postergan indefinidamente hasta que un día muchos de ellos dan con su familia y "riquezas" en el territorio al que tanto se estaban oponiendo: eua -estados unidos de américa-...

Me pregunto quién le va a devolver los amigos perdidos por el tal quinquenio gris a quienes amigos perdieron, quién le devolverá la juventud a los que ya se les fue comiendo mierda y callándose la boca ante gente como pavón, cómo si realmente los pavones de este mundo fueran  importantes -yo ni siquiera recordaba al tal pavón- cuando en realidad nosotros hacemos valer a los cretinos como pavón y a los que por la tele lo "sacan", y los hacemos valer con nuestro silencio, con nuestra "vista gorda", con nuestro pensamiento sólo en nuestros mendrugos sin darnos cuenta que otros están despilfarrándose banquetes que también nos pertenecen, con nuestro "ahora no es el momento oportuno" y tanta hipocresía y tanta mierda que con dolor he vivido en mi país, no sin que hayan los otros que han estado con sus vidas y sus artes y sus trabajos del lado de acá luchando sin miedo para que se acaben los pavones y los serviles que sin nombre en masa tanta mierda ejecutan y se viran a quejarse con el vecino en voz baja por tanta porquería que ellos mismos provocan!!!!!!!!!!!!!!!!!!

No votemos el sofá!!!!!

No restrinjamos nuestros males sociales -porque sin dudas el evento pavón es un mal social muy de nosotros- a dos o tres centímetros de espacio nacional!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Vayamos a las causas que engendran tanta mierda y enfrentémoslas para que no sigan con nosotros bajo otras formas y otros disfraces jodiéndonos tanto la vida!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

 Y que viva la revolución verdadera,

carajo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Iskánder.

 Y que no me pongan ahora como uno que quiere encender la candela con todo ni cosa parecida ni que estoy diciendo lo que no digo, no he dicho aquí que todos los jefes son corruptos ni un carajo ni que todas las personas son cobardes, ok?????????????!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

EN HOMENAJE A LUIS PAVÓN TAMAYO

Adhesiones llegadas en los tres primeros días:

Jorge Ángel Pérez, Desiderio Navarro, Arturo Arango, Reynaldo González, Antón Arrufat, César López, Leonardo Acosta, Norge Espinosa, Abelardo Estorino, Ramiro Guerra, Jaime Sarusky, Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, Nancy Morejón, Ambrosio Fornet, Luciano Castillo, Sigfredo Ariel, Marta Valdés, Zenaida Castro Romeu, Ena Lucía Portela, Waldo Leyva, Enrique Pineda Barnet, Jorge Luis Sánchez, Senel Paz, Rebeca Chávez, Reina María Rodríguez, Luisa Campuzano, Carlos Celdrán, Pancho García, Adelaida Fernández de Juan, Aries Morales, Eliseo Alberto, Tomás González, Magaly Muguercia, Amir Valle, Pedro Pérez Sarduy.

CESAR LÓPEZ:

En momentos de rabia en los que casi echaba espuma por la boca y quizá por el resto de los nueve orificios del cuerpo humano, luego de alguna que otra conversación telefónica con compañeros igualmente irritados, iracundos, desconcertados y llenos de vergüenza por el disparate mediático, ¡Ojalá que sea sólo eso y así!, recibí tu profunda y valiente reflexión como un estado de advertencia cultural, histórica, ética y desde luego política.  Gracias, amigo, por pensar y actuar. Cuenta conmigo y mis atisbos de pensamiento en actitud firme y dispuesta para desfacer el entuerto que parece avanzar peligrosamente... pero te comunico, con José Martí, que: "Yo soy honrado y tengo miedo." Abrazos de reconocimiento y alerta. 

LEONARDO ACOSTA:

Desde 1959 a nuestra fecha, el ICRT se ha caracterizado por ser el organismo mediático y cultural (????) que ha gozado, o más bien que ha sufrido el castigo de tener los dirigentes más mediocres y/o más descarnadamente abusivos e irresponsables del país, casi siempre ajenos al periodismo y la cultura, o indiferentes hacia ambas profesiones. El caso "Papito" Serguera tuvo el raro privilegio de aunar todas y cada una de estas "cualidades", sumadas a su anti histórica actuación como diplomático que desdichadamente ha sido olvidada, y que estuvo a punto de enajenarnos la amistad con uno de los países del Tercer Mundo más entrañablemente unido a Cuba a través de los procesos revolucionarios de ambos países y la primera misión internacionalista cubana de gran envergadura frente a la artera invasión imperialista contra esos hermanos.

En el caso de Luis Pavón hay tantos cómplices abiertos o encubiertos que no vale la pena citarlos aquí, pero es indiscutible que su permanencia al frente del CNC durante mucho más que un "quinquenio" sólo sirvió para engendrar o al menos prolongar un estado de "Sangre, Sudor y Lágrimas" en la cultura nacional.

Pero el elogio de ambos personajes, sumado ahora al del frustrado, resentido y vengativo Torquesada, y al nefasto Congreso de Educación y Cultura de 1971 es sencillamente una infamia y un insulto a la memoria de José Martí, Félix Varela y todos nuestros próceres e intelectuales. Esto me hace pensar que hay personajes siniestros detrás de esta verdadera campaña por la rehabilitación de sicarios que han hecho tanto daño en nuestro país y al prestigio mundial indiscutible de la Revolución. ¿A quién hay que emplazar por estos desmanes? Estimo que, en primer lugar, al ICRT. Creo que todos los periodistas, escritores, artistas, científicos y por supuesto las mentes políticas claras que abundan en nuestro país, tenemos el deber de unirnos para que se nos explique cómo es posible que se permita esta falta de tacto, de respeto y de sensibilidad que nos sitúa en el plano de ciertos países del Cono Sur bajo personajes como el nefasto Menem campeón del neoliberalismo, con sus leyes llamando al perdón y el olvido hacia los torturadores.

Actuar rápido y con tacto e inteligencia.

NORGE ESPINOSA:

La resurrección de otros cadáveres

Como si la memoria cultural y política del país fuera una esencia inconsistente, capaz de adaptarse como líquido manso a cualquier recipiente sin asomo de incomodidad, los cubanos que nos preciamos de formar parte de esa misma memoria hemos sido convidados al olvido. A través de la televisión cubana, nuestro medio de legitimación público más poderoso, dos figuras a las cuales suponíamos en el bien de sus silencios, han resucitado para demostrar de qué manera puede tomársenos a menos, y sobre todo, inducir en espectadores poco enterados una imagen que, por acrítica, acaba siendo intensamente peligrosa.

Ya se sabe lo que le ocurre al que no quiere caldo. Pareció no bastar con la presencia de Jorge Serguera en uno de los programas de mayor audiencia y en el cual más recursos y riesgos entrega nuestra televisión, tan cauta a la hora de transmitir en vivo. Ahora, apenas el pasado viernes, en un horario no menos estelar, irrumpió en la programación televisiva un espacio titulado Impronta cuyo objetivo pareciera ser dignificar y destacar la obra y vida de importantes figuras de nuestra cultura. Cosa que no está mal, recordados a medias como son casi siempre las figuras verdaderamente vivas de las artes cubanas, casi nunca localizables en las primeras filas de lo que nuestra televisión difunde con insistencia al transmitir ciertos actos públicos. Pero si eso era lo que esperábamos del repentino programa, el error es crecido y doble, pues a falta de creadores con mejor currículum y trayectoria, el invitado a este improntu fue no otro que el camarada Luis Pavón.

Podrá decírseme que exagero, pues al autor de El tiempo y sus banderas desplegadas se le dedicaron apenas cinco minutos de fama televisiva. A Serguera, apropiadamente entrevistado en el set sombrío y tenebroso de algo que pretende llamarse La diferencia, se le regalaron treinta minutos de diálogo, donde cantó, bromeó (si Alfredito Rodríguez canta mal, hace que sus invitados canten peor: oh, milagro), eligió entre yuca y caviar, y reconoció haber cometido algunos errores. “Como todos”, subrayó, lavándose unas manos que Livio Delgado fotografiaba, al tiempo que recordaba a Enrique Arredondo y Carlos Moctezuma, actores de la vieja escuela vernácula, capaces de salirse de la rigidez de los guiones para poner en vilo con sus morcillas el control cuasi militar que la televisión obtuvo bajo su mando. Pero Serguera no presumió en exceso de sus contactos con el orden político: sus gestos, su voz, siguen identificándolo como un hombre de recia extracción militar. Sin embargo, los cinco breves minutos dedicados a Pavón hicieron de ese costado el pilar de todo su espacio.

Esta emisión de Impronta gozó de una dramaturgia singular, que comenzaba citando la dedicatoria de Ernesto Guevara a Luis Pavón. Algún distraído podría pensar que el Che pudo en verdad dedicarle todo un volumen al ex presidente del CNC, cuando en verdad lo que se leía eran las palabras estampadas en un ejemplar de Pasajes de la guerra revolucionaria. La maniobra no es ingenua: emplear líneas de una figura sacralizada, que se nos presenta en la historia y la mitología de la Revolución como una imagen sin tacha, para ofrecer una referencia sobre este otro personaje, de historial francamente funesto en nuestra memoria cultural y las otras, denuncia una labor de limpieza que, lejos de obrar con eficacia, ensucia y empaña muchas otras cosas. Pavón, que en su entrevista parecía el buen señor mayor de la puerta de al lado, repasó sin detallar su carrera política al frente de un mundo cultural que por poco deshizo, obrando como un buen soldado bajo las órdenes de otros personajes a los cuales representó con mano dura. Al final de su programa, la voz de la locutora insistía en destacarlo como una figura a la que se le recordará por su condición de intelectual de infinito compromiso revolucionario. Si esa es la tónica que tendrá el programa, si esa es la línea de selección por la cual podremos saber o no quiénes merecen o no ser elegidos para alzarse ante el público televisivo como figuras de referencia, vale preguntarse por qué el organismo que produce esa clase de espacios no prefirió entrevistar a Roberto Fernández Retamar o Graciela Pogolotti, por poner solo dos ejemplos de intelectuales que no solo poseen una obra de muchísima mayor firmeza, merecedora del Premio Nacional de Literatura, y para los cuales el compromiso con la Revolución ha sabido resolverse en formas mucho más pródigas de lo que entendemos como cultura y diálogo. Claro que también valdría preguntarse por qué no pueden ser otros los invitados a Impronta. Por qué la selección, entre nosotros, para esos espacios, trae consigo una resaca que, a la vez que elige a unos, evidentemente impone a otros una cuota de silencio o invisibilidad rampante.

La resurrección de estos cadáveres es un síntoma que, leído en secuencia, puede y debe provocar reflexiones e inquietud. Si la cultura cubana es consciente de su pasado y su tradición, si en verdad está apta para revisitarse y comprender lo que es, por encima de sus logros reales, no los triunfalistas, y los errores que la han traspasado; estas presencias no deben ser recibidas con indiferencia. Las víctimas de lo que, como mando de censura y parametración organizaron Serguera y Pavón, debieran sacudirse el polvo y el lodo que este regreso les echa encima, y levantarse con voz de alerta. Lo que implica el que tales nombres ocupen espacios principales de la televisión, ganen una atención y una promoción que otros de mucha mayor valía y trascendencia no poseen, es un signo grave que puede desatar otras preocupaciones. Repasar sin asomo de respeto el pasado cultural cubano, sin la debida delicadeza ni la conciencia real de lo que ahí se acumula; es lo que parecen introducir entre nosotros, como penosa actitud, estos acontecimientos. Espero que la vergüenza propia de quienes sufrieron esos desmanes se alce y no acalle la indignación que ha corrido por las calles habaneras, por la discreta ciudad letrada cubana, tras estas fantasmagorías que hemos debido ver, sintiendo el golpe de lo que se llama “pena ajena”. Sería una actitud que dignificaría y nos recordaría el modo en que la cultura, para ser manipulada, debe ser ante todo un valor moral y de dignidad regeneradora. Teniendo en cuenta, sobre todo, que muchos de esos que fueron alejados de su quehacer durante el quinquenio gris bajo el mando de Serguera y Pavón, aún esperan una disculpa real y palpable por lo que debieron padecer.

Mi generación no tuvo que sufrir a ninguno de estos personajes. Sufrió a otros, copias de menor poder, a los que hemos visto entrar en el rango de no-personas, cuando poco a poco comenzó a flexibilizarse el diálogo que ellos mismos negaban. Tal vez podría argumentarse que exagero al reaccionar con un horror que es más justificado en quienes sí se vieron frente a frente con estos personajes cuando eran algo más que estos fantasmas televisivos del presente. Pero sí he sabido que el hombre repite con más gozo sus errores que sus aciertos, y es demasiada la coincidencia, y demasiado el desasosiego que hechos como estos nos ofrecen como lectura. Cuba vive un instante de particular cuidado, atraviesa un momento en el que las preguntas sobre el futuro inmediato deben hacerse con una dosis de respeto hacia el otro, hacia todos, que nos permitan creen que en ese futuro podremos respondernos mutuamente sin fanatismos ni miopías. En ese estado de hipersensibilidad, los signos pueden generar otros signos, la vida puede prefigurar otras formas de la vida. No creo que a esa vida le sean provechosas esta clase de resurrecciones. Pero respiremos, todavía puede que encendamos el televisor una de estas noches y aparezca en pantalla, sonriente y desmemoriado, buen señor de la puerta vecina, el fantasma de Armando Quesada.

ABELARDO ESTORINO:

Una noche  pasé frente al TV y vi la imagen de un anciano sentado  con cara agriada pero conocida aun, el locutor dijo su nombre y me quede sorprendido. No sabia  si existía o había muerto, hacia mucho tiempo que nadie  pronunciaba su nombre, todos lo habíamos olvidado. Fue una cura de salud olvidar  sus momentos de poder  cuando puso en peligro todo el trabajo que se hacia  por construir una cultura diferente, con aliento renovador. Si ha muerto, ni siquiera debemos recordarlo  y para suerte nuestra no volveremos  a oír  su voz, ni firmara nuevos edictos; si vive, permitir que su voz vuelva a oírse, será sufrir otra vez  las persecuciones, el miedo, la mentira. Por estas y muchas más razones que otros compañeros han esgrimido me adhiero a sus planteamientos.

ABILIO ESTEVEZ

Queridos, creo que el hecho de que viva en Barcelona no me salva. Recuerden que lo viví de primera mano, porque acompañé a Virgilio Piñera en el peor período de su vida. Y su muerte no fue una muerte cualquiera, sino un lento asesinato. Así que sé lo que fue el "pavonato", y más de una vez he dicho que eso de "quinquenio gris" es, como bien dice Desiderio, un eufemismo (o una burla). Ni quinquenio ni gris. Una década de horror. En mi ingenuidad, pensé que esas fantasmonas (no por tristes menos peligrosas) no reaparecerían nunca más. 

Imaginarme a las abominables, Pavón et al, homenajeados en la televisión, me provocan deseos de mudarme un poco más lejos, a Wellington, por ejemplo, capital de Nueva Zelanda. Muy bien el texto de Desiderio. Muy bien y contundente, el de Arrufat. No sé si pueda yo servirles de algo, creo que no, puesto que hace años que me cansé (o fatigué) y volví la espalda. Pero en todo caso, aquí estoy, muy bien acompañado porque vivo justo al lado de la Sagrada Familia.

RAMIRO GUERRA

Acabo de recibir tu mensaje sobre la insólita aparición de Pavón en la tv nacional días pasados, de la cual vi el anuncio, el cual no me permití injustificadamente molestarme en ver por la repulsion que tengo hacia el personaje. Él acostumbra a salir como los muertos fantasmales de vez en cuando, en lugares importantes para después desaparecer.

Hace unos años apareció por los pasillos de la uneac y yo le hice saber a Aurora Bosch que entonces era presidente de la Sseccion de Danza que no contara con mi presencia por allá mientras esa personaje pisara las losetas de la uneac.

Pasado un tiempo que he olvidado ahora, ella me hizo saber que ya él había desaparecido y que podía devolver mi presencia a la institución.

No  me ocupé de buscar el programa en que debía aparecer  el personaje inconscientemente parece que rechazando la posibilidad que ahora tú  haces patente de que "un revival" pueda ocurrir al tambien aparecer el bien olvidado Serguera, compinche del colosal descalabro cultural de los 70. Solamente queda por aparecer aquel, cuyo nombre he olvidado,  tomó las riendas de las artes escénicas en aquella triste oportunidad y que barrió con el movimiento teatral surgido a la sombra de la revolución.

La danza bien sufrió el descalabro al hacerme desaparecer, aunque insólitamente, creo que  yo fui uno de los pocos que mantuvo un sueldo que debía ir a cobrar a una bolsa fantasmal que se creó y se mantuvo viva por varios años en lugares también fantasmales  del área del Consejo Nacional de Cultura .

Nombres importantes del movimiento teatral fueron "parametradamente" enviados al Ministerio del Trabajo, donde solo  encontraron el bacheo de calle y el sepultureo en el cementerio como opciones de trabajo.

El teatro guiñol fue inmisericordemente desvastado y sus  hermosos muñecos fueron enviados al Cayo Cruz de la basura, que aun existía en la bahía. y los Camejos perseguidos de forma especial, borrados de la cultura nacional.

Mientras, fue suspendido  el Decálogo del Apocalipsis, obra mía que debía de estrenarse  según   invitación  impresa en bello rojo vivo con fecha para el 15 de abril de 1971 después de un trabajo arduo de un año y un enorme gasto de vestuario y escenografita  y que debió marcar un hito importante  en el desarrollo de la danza contemporánea en Cuba, y cuya falta han lamentado las generaciones surgidas después de mí en esa área por los  graduados de las escuelas de arte, quienes perdieron las referencias danzarias promovidas por mí en 12 años y que marcaron el desarrollo exitoso de un movimiento de danza enraizados en una identidad nacional pero  bien informados de las vanguardias de la época.

Mucho se ha escrito sobre ese fenómeno por los coreógrafos que me siguieron, especialmente Marianela Boan, heredera de mi quehacer creativo con su grupo Danzabierta.

Lo que has dicho en el mensaje que he recibido me ha abierto los ojos ante un peligro que parece  estar fundamentado en estos días de posibles cambios  en los rumbos de la política cultural del país al aparecer esos fantasmas del pasado que quieren volver en búsqueda de nuevos lauros en oportunista situación.

El hecho que la tv nacional los saque de la sepultura del olvido puede anunciar una nueva tempestad.

JAIME SARUSKY

Ruego quede estampada mi firma en la protesta de los escritores y artistas cubanos frente a la torpe pretensión que en el programa de televisión Impronta se ha tratado de  revivir y reivindicar a un nada deseable funcionario de una etapa de lamentable intolerancia en nuestra cultura.

LUCIANO CASTILLO:

Ante esta ignominiosa "política de resurrección" habría que recordar aquella frase tan recurrente en Cocteau que a Carpentier le gustaba citar: «Los hombres de verdadero talento nunca molestan a los demás, quienes envenenan el aire que los envuelve, son los mediocres y los malogrados». (…) El veneno que destilaban por sus poros esos gendarmes de la cultura salpicó a no pocos intelectuales y artistas.

ENRIQUE PINEDA BARNET

he recibido con pavor todo cuanto se resucita de Pavon. He vuelto a tener insomnios. Estoy entre pesadillas de amigos vapuleados, del Guignol asesinado, de los perseguidos, los huidos,  los aterrados, de los teléfonos con frases entrecortadas, documentos inocentes quemados u ocultados, poemas perdidos y sueños mutilados. reaparecen palabras, signos, como quemaduras marcadas en la piel: parametración, Umap, censura, condena, consejo, brujas, pavon, quesada, y sus herencias en los mítines de repudio o sus consecuencias  congresos ....y etceterás.

SENEL PAZ Y REBECA CHÁVEZ:

Compartimos tus puntos de vista y esperamos la ocasión inmediata de actuar con firmeza y dar respuesta rápida y enérgica a esta acción. Muy útiles y movilizativos estos mensajes, pero hay que pasar ahora mismo a una acción más concreta y frontal.

JUAN CARLOS TABÍO

Estoy de acuerdo absolutamente en todo lo que dices.

CIRA ROMERO (síntesis de dos mensajes):

Qué disparate lo del Luis Pavón en la tv. ¡Cuántas heridas de nuevo abiertas ante esa imagen deplorable! (…) Cuando vi el programa sabía perfectamente que lo que está sucediendo iba a pasar. Las voces tienen que levantarse airadas. No queda otra alternativa. Felicito a los que lo han hecho de manera pública. Lástima que nada de eso se publique.

REINALDO MONTERO:

Según la dialéctica que me gusta, la casualidad no es más que una expresión de la necesidad. La necesidad, por si fuera poco, es tan feraz que rápido se  expande, enraiza, florece, es decir, va dejando mucha huella y hace mucho. Quiero dar noticia, para quien aún no lo sepa, de un florecimiento, de una censura reciente. La dirección de la televisión cubana prohibió trasmitir la obra teatral Marx en el Soho (texto de Howard Zinn, actuada y dirigida por Michaelis Cué), anunciada para el 25 de diciembre, según el spot que la estuvo promoviendo. Por supuesto que no la prohibieron por razones estéticas, o en la televisión no quedaría ni el noticiero. Marx en el Soho se estrenó hace dos años, fue vista por miles de espectadores, donde se incluyen el propio Howard Zinn, Ricardo Alarcón, Abel Prieto. La puesta viajó a muchos países, y regresó. El trabajo de Michaelis fue premiado por la crítica cubana, la que hay. Pavón De Venus coincide con Cisne De Juno en el cristal sonoro. Casualidad que obedece a alguna necesidad, al menos en la dialéctica que me gusta. En función de la concreta necesidad a que obedezca mostrar hoy en día al Pavón y al Cisne, la prohibición de Marx en el Soho ratifica el alcance del doble disparate, o del doble acierto.
De lo que se trata, siguiendo la dialéctica que me gusta, no es de escandalizarse por estos hechos escandalosos, sino de prepararse y pronto para lo que vendrá.

IVETTE VIAN:

Yo tenía 23 años. Y estuve 12 parametrada, congelada. Me quitaron mi carnet de la UNEAC y de la UPEC. Trabajé 4 años como asistente en el círculo infantil Kásper y 8 años en la construcción. En ambos lugares conocí gente formidable, aprendí mucho y encontré la felicidad, a pesar de todo. Nunca pensé que podría publicar nada más, pero me inquietaba la idea. No entendía bien qué me había pasado ni qué pasaba en el gobierno de mi país. Pero no guardaba rencor (aunque nunca pude volver a saludar a Ricardo García Pampín, ni pude volver a ser amiga de David García Gonce, ambos altos traidores) y siempre estuve y estoy dispuesta al perdón. Pero, me horroriza que vuelvan aquellos tiempos y ahora que estamos abocados a cambios, la aparición ante un receptor masivo (y que posiblemente no sabe "la historia" o como dicen, la olvidó caribeñamente) de los recién resucitados verdugos Serguera, Pavón y Quesada (agregándole otras señales como la prohibición de la obra de teatro Marx en el Soho, o la salida   del programa sobre aquel Consejo de Cultura...) de pronto fue como un golpe de sospecha y de miedo: ¿acaso nos espera otra prueba mayor, después de 40 años?... ¿acaso regresa la tortura espiritual?... De modo que estoy de acuerdo con la voz que se levanta en protesta y para conjurar cualquier "casualidad". Por si acaso. Por si pretenden volver. Por si viene algún cambio acompañado de algo peor.

Me quedé en Cuba por puro amor. Toda mi familia se ha ido. Los he perdido a casi todos. Sobre todo por esta razón me uno a los que quieren impedir un regreso a las sombras. "Que siempre brille el sol" en esta isla. No queremos verdugos (ellos solo merecen el olvido). Con amor para todos los cubanos, que esperamos compasión y piedad.

JORGE LUIS SÁNCHEZ

Este debate me parece mucho más serio e interesante, que las velas alimentando las penumbras de un estudio, en eso coincido con Arturo Arango. Yo, que no tengo tiempo para sentarme a ver la televisión, vi el programita. Y dudé, pues cuando el pavonato, era un niño y no lo padecí directamente. Me tocaron otros, más recientes, en los ochenta. Pero a este señor de los setenta, no le había visto su rostro. Me llamó la atención que quién hizo el reportaje escamoteó olímpicamente que Pavón fue el presidente del Consejo Nacional de Cultura. ¡Ni en off la voz del narrador se atrevió a nombrar el cargo! ¿Tal vez para que ante las nuevas generaciones, una palabra tan indeseable como parametrado no nos perturbara más la memoria?  Esto lo escribí, y lo circulé en la noche del 6 luego de leer a Desiderio y a Arturo, ahora te agrego que me sumo a todo este fecundo debate. Que no debe incumbir solamente a los afectados. Ni a los que vivieron el disparate. Que no debe incumbir solamente a los afectados. Ni a los que vivieron el disparate. Mi abuela decía este refrán: Si me viste fue jugando, si no me viste; te jodiste. ¡Cuando la ignorancia y la malicia se unen...! Cuenta conmigo para lo que sea.

OMAR VALIÑO :

Con el mismo asombro e indignación que los otros  he estado siguiendo en detalle el justo y oportuno intercambio de mensajes. Por supuesto que puedes seguir contando conmigo en primera fila para lo que sea.

FRANK PADRÓN:

Estoy tan indignado como cualquier intelectual cubano honesto que conozca un poquito la historia y, de un modo u otro, la haya padecido. Ahora: si no tomamos medidas urgentes (…) se corre el riesgo de que todo esto no pase de las ya habituales polémicas en la red estilo La diferencia. También opino que la "salida al aire" casi seguidas de dos figuras así de tenebrosas no es una simple coincidencia ni una mera torpeza ("para variar") de nuestro querido Instituto de TV.

GERARDO FULLEDA LEÓN:

(…) Me indigné cuando me relataron lo que el había dicho: hay que ser descarado para mentir asi públicamente y para hacer las confesiones que el hizo. Lo del otro si lo vi, (…) fue muy grande el subio que cogimos mi amigo y yo, que padecimos aquel momento, donde todos fuimos parametrados, o sea cercenados moralmente, psíquicamente y, porque no, económicamente, aunque nuestro nombre no hubiera aparecido en las listas oficiales de los parámetros. Por todo ello me sumo, como uno mas, a todo lo que pueda impedir que días como aquellos resurjan y que mentalidades que causaron tanto daño se pavoneen como mansos corderos o orgullosos cumplidores de “lo dispuesto”, ante nuestros televidentes. Bastante mal nos hicieron aquí y a la propia Revolución, que decían defender con sus abominables hechos, ante la opinión pública internacional por los desmanes de entonces. No es hora de temor, o de silencio sino de unidad para evitar cualquier intento de retrotraer los tiempos y que la historia intente repetirse. La caja de Pandora la abrieron ellos y son quienes deben temer a nuestro dolor, excusarse ante nuestras cicatrices y callar.

MARCOS GARCIA:

Creo que no se debe uno permitir el silencio ante esas cosas. Aplaudo de corazón a Desiderio Navarro y a todos los que honestamente ponen su nombre al dar sus palabras. No viví en la televisión ni recuerdo el "quinquenio gris", pero lo que me han contado es suficiente: tantas voces inteligentes no pueden estar equivocadas al mismo tiempo y sobre un mismo tema.

CESAR LEAL

(…) Recordemos también que José Llanusa y Pavón fueron la punta visible del iceberg de una política cultural instrumentada conscientemente para "controlar" –perdonen el eufemismo– el desarrollo de la cultura cubana durante aquel llamado "Período Gris"; durante el cual, dicho sea de paso, también sobresalieron artistas y escritores que –al menos formalmente– disentían (¡palabra peligrosa!) del realismo socialista que se trataba de imponer. Creo que se precisa una revisión más amplia de aquel período artístico, en todos los sentidos, para conocer las causas y justificaciones para que figuras como Pavón fueran colocadas en el más alto cargo en la "dirección" del desarrollo –o involución– de la cultura cubana; lo que dió como resultado que muchos artistas y escritores, fueran o no homosexuales, tuvieran que optar por el exilio en el exterior, mientras otros fueron "inxiliados". Fue una vergüenza que Pavón fuera redimido y exaltado en la televisión cubana, pero no ha sido ni será él sólo el único: El fantasma de los 70 recorre hace rato el país, ¡ver para creer, hermano!  Pero, tengamos mente positiva, y esperemos que no se repita el disparate.  

ABELARDO MENA

Al pasado no debemos regresar jamas. Que "No pasaran", como decían los republicanos españoles, depende de nuestra voz alta. Es curioso ver como las nuevas tecnologias ayudan a polarizar un sentimiento común. ¿Será el icrt la imagen visible de un retorno al pasado deseado por algunos? Hay que seguir gritando.....

VIRGILIO LÓPEZ LEMUS:

Debes saber que me adhiero sin titubeos a los planteamientos de esencia que ustedes hacen, y que van más allá de cualquier agresión de tipo personal, de "revancha", o de innecesarios "ajustes de cuenta".

ALBERTO ACOSTA:

Fueron errores e injusticias muy dolorosas y muy perjudiciales para la cultura cubana y sus creadores. Que no se pueden perdonar. Ninguna impronta más infeliz. Ojalá que haya sido por distracción y no por intención.

CARLOS REPILADO

He leído algunos de los documentos sobre la presencia de Luis Pavón Tamayo en nuestra tv y sin realmente analizar a fondo cada uno de ellos, solo por principio me adhiero al sentimiento de repulsa por la presencia de semejante personaje en nuestra tv. Él mismo por un mínimo de dignidad y vergüenza si es que alguna vez la tuvo debería haberse negado a mostrarnos su nefasta imagen y pensamiento que solo logra ofendernos y traernos recuerdos que siempre será mejor olvidar. Olvidar ahora solo después de una rectificación ante tamaño error.

CARLOS CELDRÁN

Desde que supe de lo de Pavón en tv y leí las reacciones que esto ha provocado he estado por escribirte. Si en algo vale mi opinión y lo poco que he hecho en el teatro para detener y esclarecer semejante agravio, cuenta con mi apoyo y mi solidaridad. Los que hacemos teatro en Cuba sabemos lo peligroso de la situación. Es un deber.

PANCHO GARCÍA

He estado al tanto de la polémica desatada a raíz de la inusitada,  inesperada e incomprensible aparición en el programa impronta de la tv  de Luis Pavón, aborrecible personaje de esa década que ojalá olvidar  pudiésemos, como bien sabes yo fui uno de esos que no reunían los  parámetros para pertenecer a  la cultura cubana. Me siento conmovido  por la reacción de ustedes ante tal hecho y por supuesto siéntanme parte de  esa protesta. De mas esta que te diga que puedes usar mi opinión para  lo que desees.

JUAN PIN:

Como sabes el argumento más utilizado para cualquier debate cultural público o privado cubano, divide los pulsos de los diferentes criterios en dos corrientes fundamentales, izquierda y derecha, a la larga términos que en realidad, y a mi modo de ver, circunscriben la discusión a criterios específicamente intelectuales, de un asunto que tiene mucho que ver con la naturaleza misma de la formación de la elite revolucionaria en el poder, que no ha sido la misma durante cincuenta años. Muy poco conocemos sobre los debates ideológicos a los que se enfrentaron los diferentes integrantes de la elite, menos de sus alianzas políticas internas. El justo temor a la fragmentación de esa elite, por una parte, propició que hayamos permanecido “compartimentados” todos estos años de un debate que hoy se expresa con abundante curiosidad entre los más jóvenes, confundidos por libros de historia, panfletos, nombramientos, fotografías y biografías autorizadas, revisadas y escritas tan insulsamente, como cualquiera de los libros aprobados durante el pavonato. Dentro de esa madeja de intereses políticos, insurreccionales y no insurreccionales, algunos anteriores a la caída del batistato, están los embriones de Pavón, o de los que como él fungieron como victimarios. Nada los disculpa. No los asiste razón alguna para tan arbitrario e inmoral comportamiento, pero sí contaron –y cuentan– con la autorización y la delegación de poderes. No fueron políticas aisladas y son fácilmente identificables en aquellos debates iniciales del triunfo revolucionario. Lo que ocurre desde hace mucho tiempo en la televisión, y ocurrirán cosas peores, estoy seguro que expresa más que una tendencia, la enorme ignorancia que hoy campea por su respeto en el ICRT, aunque pienso que en momentos de crisis, homenajear a los victimarios es también una manera de sacarlos del debate y evitar que a través de ellos se evidencien aquellas fisuras mayores. No voy a escribir un rosario de argumentos sobre esta última idea, que haría palidecer a la mayoría de los integrantes del debate y retirarse a una buena parte de ellos por miedo, desinformación o ignorancia. He pasado los últimos tres años de mi vida recogiendo testimonios, no solo de las víctimas, también de los victimarios, para articular un cuerpo verbal que regalarle a mi hija, de solo cinco años, cuando tenga edad para hacerse un juicio de los acontecimientos que pasaron. Aspiro a que se interese por los problemas que entorpezcan la vida y el porvenir del tiempo que le toque, pero muy pocas herramientas le están legando las instituciones, mucho menos ustedes los sobrevivientes. Cuando quieras, en las circunstancias que quieras, de la forma que elijas que sea en beneficio del amor, mi patria, lo mejor de la revolución y la cordura, cuenta conmigo para el debate. Pero Rey, bien sabes que jamás me invitarán.

MARITZA CORRALES

No es posible aceptar este tipo de "desliz e ingenuidad", por denominarlo eufemísticamente, en tiempos como los que estamos viviendo. Sé que, como siempre, serás profundo, certero, demoledor y  –como Martí lo fue– sin odios. Ténme como uno más de los cruzados. La paciente y muy dolorosa reconstrucción de los estragos culturales, pero sobre todo humanos, que nos vimos forzados a vivir e intentar restañar, no puede haber sido en vano. Para atrás, hermano, como reza uno de nuestros lemas revolucionarios, ni para coger impulso. De aceptarlo estaríamos, al decir de Mayito, involucionando y esto, por lo que hemos dado lo mejor de cada uno de nosotros, es una Revolución basada y concebida sobre dos sencillas y raigales palabras: dignidad y justicia y debemos seguir luchando porque así sea.

MAGALY SÁNCHEZ:

Pienso que crear un clima de preocupación y disgusto entre la intelectualidad cubana en estos momentos es el mejor servicio que se le ha podido prestar al enemigo ideológico. Creo con ustedes que hay que salirle al paso a esa tendencia de desagraviar y distinguir a personas que, orientadas no sé por quien y con evidente mucho gusto, dejaron tan dolorosa huella y no solo dentro del ámbito de la cultura.

RICARDO REIMENA

La rutilante reaparición orquestada en la tv, del más que incalificable tipo nombrado Luis Pavón; punta del iceberg oscuro de una época..., y valga la contradicción entre el iceberg y la oscuridad. (…) No importa, que se bloqueen los servidores, como pretenden los delincuentes de la globalización digital cuando solicitan a los ingenuos, reenvíos de oraciones o de tontas historietas sobre la suerte. Ahora sucedería por la grave culpa del peor delincuente de la Cultura y el Arte.

ANTONIO DESQUIRON:

La amnesia conveniente es tan común.... ¡Ahora el fulano es prócer! Y mira. No me sorprende tanto la impronta. A lo mejor me crees un resentido. Puede. Después de haber  visto y vivido en carne propia tanta basura, que me asombra poco el pavo real. Y claro que siento y resiento aquellos años tan presentes en mi
propia vida. No te niego que me preocupa –en el '71 yo tenía 25 años y ahora tengo 60–, claro que me Preocupa.

De intelectuales cubanos en el exterior:

TOMÁS GONZÁLEZ

Queridos seres que alumbran el camino de nuestra selva oscura. Lo que estamos viendo era de esperar; pero no es todo, faltan otros que están detrás de estas "erinias". Seres que saben odiar, porque han puesto su odio, que es su único talento, al servicio de una nefasta utopía que es la de poner bajo control todo lo que es hermosamente humano en una sociedad. La verdadera utopía que merece todo nuestro empuje es la de que se termine la ecuación del hombre lobo del hombre. Ellos son de tal mediocridad que dependen de nosotros; pero como ellos saben que sin nosotros, toda la intelectualidad y el arte de talento, ellos no pueden hacer nada. Pero todo estos, cuidado, son los hijos de Manuel Sanguily; y recuerden por que muere Placido. Esto es un avance de lo que viene. Pero recuerden que lo que se acaba de ejecutar es la apertura de la "caja de Pandora". No hay que precipitarse. Faltan nombres. Una vez una bailarina de cabaret, por supuesto que no era una buena bailarina; aunque muy hermosa. Le pregunta a su amante: "Oye, Papi, tu que andas por allá arriba. Dime por que Torquemada puede hacer y deshacer? El anciano funcionario le contesto: "Lo ampara el poder divino". Esperar a que se descubran el rostro todos los que están enmascarados. Recuerden que estamos cerca del Triangulo de las Bermudas. Y lo que hemos dado por fenecido, esta en realidad enmascarado. ¨Que chambones podemos llegar a ser.

ELISEO ALBERTO

Hasta mi azotea en Ciudad México, llegan desde La Habana las palomas mensajeras con los informes, o partes, de la cólera que ha desatado en la isla la resurrección televisiva de Pavón. Oigo, emocionado, el coro de los dignos. Cuenta con mi voz, mis cicatrices y mi palabra: suma mi ira al coraje de los amigos. Ojalá las aguas retomen su nivel, y que juicios desbocados no alboroten el avispero –aunque, si nos pican la memoria, al pan le llamemos pan y, al vino, por supuesto vino–. Me siento, estoy, en la isla y junto a ustedes, como siempre.

Peor que olvidar el pasado es tener amnesia del presente

Jorge Luis Arcos

Los últimos acontecimientos desencadenados en Cuba tras la resurrección de Pavón-Quesada-Serguera, es decir, por ahora, multitud de gritos de diversa índole por correo electrónico, articulación de un frente común doméstico para protestar por el intento raulista de limpiar a sus antiguos instrumentos represores, lavar la memoria histórica, y, de paso, humillar una vez más a sus víctimas, y, en general, a todos los intelectuales, cuando no también, de paso, advertir que la pesadilla puede regresar de nuevo, etc., no es sino un episodio más dentro de una realidad devastada. Muchas de las reacciones en contra, así lo demuestran a pesar suyo. Unas, abogan porque el problema se resuelva dentro de casa, como si una parte considerable de las víctimas no estuviera fuera de Cuba; otras, tratan de negar lo evidente: que todo ello responda a una estrategia del poder, como lo fue en el pasado, y como lo es en el presente incluso; muchas, critican lo sucedido, abogan por una reparación pública, pero, por supuesto, sin nombrar –ni antes ni ahora- a los verdaderos responsables. Es sencillamente increíble. Tal parece que una parte considerable de los intelectuales cubanos dan por hecho que el régimen actual va a continuar existiendo, y ellos, dentro del mismo, con su variada gama de complicidad, silencio, oportunismo o, incluso, alegre aprobación. Porque aun cuando se rectifique públicamente –y eso está por ver todavía y sobre todo cómo- lo sucedido recientemente, ello no constituiría sino un leve reacomodo dentro de una política cultural en esencia subordinada a un poder totalitario. Pues está muy bien protestar por la resurrección de la imagen de aquel pasado ominoso, pero ¿cómo convivir en el presente con un régimen que coarta diariamente todas las libertades elementales? Peor que olvidar el pasado, es tener amnesia del presente. Aun los más honestos críticos de lo sucedido, demuestran que en el presente ellos mismos continúan sometidos a cierta censura, a un miedo modelado por décadas de represión. Como si lo terrible sólo aconteciera en el pasado, como si el presente no pudiera ser cuestionado… En todo caso, impera una buena dosis de conformismo: que no regresen aquellos tiempos tan tenebrosos (para ellos), pues el presente, terrible también, al menos no es tan tenebroso (para ellos). El poder a la larga ha ganado: ha logrado que una buena parte de la intelectualidad, sobre todo aquella minoría selecta que tiene voz pública dentro del país, viva en un limbo metafísico con respecto al resto de la población, no levante su voz –como ahora- contra los que organizan mítines de repudio contra los disidentes pacíficos, contra los que fusilan sumariamente a tres delincuentes comunes en una oprobiosa madrugada, encarcelan a periodistas, y, para colmo, firman cartas de aprobación de tales actos vandálicos. Tienen, pues, un civismo relativo, selectivo, pragmático, oportunista o conservador. Tienen miedo, en definitiva. Y no está mal que lo tengan, pues todos lo tenemos, pero sí que lo esgriman solamente cuando ven la posibilidad de ser ellos afectados nuevamente más de lo que lo han estado siempre. Uno de ellos dictamina sobre quienes son de derecha dentro y fuera de Cuba, dando por sentado que él es de izquierda. Pero ¿qué izquierda es esa que no quiere reconocer que la derecha ha estado siempre en el poder? Bien, yo también tuve miedo, yo también padecí la censura y sobre todo la autocensura. Tuve que irme de mi país para disfrutar del triste privilegio de poder escribir este mismo artículo sin esperar represalias, para poder poner en blanco y negro lo que pienso realmente sin el temor de perder mi trabajo, ser expulsado de la vida civil o, incluso, ir a la cárcel. Según mi propia experiencia, sé que es casi imposible (por suicida) un enfrentamiento directo. Pero, al menos, respetemos a quienes dentro de Cuba sufren una represión directa por el simple pecado de decir lo que piensan, e, incluso, respetemos también a quienes hemos tenido que renunciar a nuestra patria física para poder dormir al menos con la conciencia un poco más tranquila, si es que ello es ya posible. Ustedes, los que viven en Cuba, también merecen ser respetados, pero tendrán que ganarse –como todos- ese respeto ya sea con actos o incluso con silencios y sacrificios significativos, pues cómo siquiera intentar ser respetados por el mismo régimen que los humilla día a día con su variopinta colaboración o amnesia selectiva u oportuna. A estas alturas del juego ¿se puede jugar sinceramente a ser reformista? ¿Reformas, para qué, para mantener el estado actual de cosas? Esta es la encrucijada. Es sencillamente increíble que después de casi medio siglo de represiones, desconfianzas, paternalismos y manipulaciones de toda índole, alguien todavía pueda tener la esperanza que bajo el mismo régimen que ha instrumentado todo eso pueda haber ilusiones reales de democracia cultural. El mismo error perverso que se acaba de cometer, es una buena prueba de ello. En un instante, todo lo ganado -precariamente, por lo demás- en casi tres décadas de difícil, delicado o coyuntural pacto o compromiso con el poder, ha sido barrido por un gesto prepotente, ciego para con su propio futuro (¿será acaso porque apenas lo tiene ya?). Un gesto político chambón para con su propia política cultural -¿por qué noto en este instante como un turbio deja vu?-, como el gesto de quitarse la máscara o, en última instancia, ese que puede justificarse por una ética de barrio, o de piña machista: soy amigo de mis amigos… ¿Acaso se conformarán con que les digan que todo ha sido un error de unos despistados y oscuros funcionarios? En fin…

Sé todo lo que me pueden decir mis colegas insulares: que es muy fácil escribir con cierto tono admonitorio desde donde yo escribo, que por qué no escribí nunca estas cosas cuando estaba dentro de Cuba, etc. Y tendrían razón. Como me decía un amigo, nadie tiene el derecho de exigir a los demás lo que no haya sido capaz de exigirse a sí mismo. Correcto. Pero también es cierto que si me atengo a esas razones, nunca podría escribir lo que pienso realmente y, además, ¿para qué entonces decidí renunciar a vivir en mi país, para continuar callado o autocensurado? ¿Ese sacrificio, esa renuncia, entonces para qué? ¿Es realmente fácil escribir desde el exilio de sí mismo? Como le decía Ciorán en su famosa carta desde París a su colega rumano: unos sueñan con la libertad que no tienen, otros con la justicia que no ven por ninguna parte. En definitiva, amigos escritores, no quiero entrar en una discusión bizantina o sofística que a la postre rehuye el centro del problema. Si los actuales sucesos no les hacen ver lo evidente: que el régimen ha sido en esencia siempre el mismo, entonces muy poco se puede esperar de un futuro “con todos y para el bien de todos”, que, por cierto, lamentablemente, tal vez sea una utopía más, pero ¿cómo vivir sin ella? Es muy cómodo, por ejemplo, abogar porque la cultura cubana sea una sola y de repente olvidar a las víctimas tanto de dentro como de fuera del país. En muchos casos, sería como olvidarse de sí mismos. Ninguna cultura se funda con esas premisas. Amigos intelectuales cubanos, así no se juega.

Carta para no ser un espíritu prisionero

Hará unos cuatro años leí un libro que bajo el título “Un espíritu prisionero” publicado por Galaxia Gutenberg y traducido del ruso por Selma Ancira, recopila textos de Marina Tsvietáieva, fragmentos de su diario, relatos y poemas. También aparecen hacia el final de este libro, documentos extraídos de los archivos de la KGB. “Un espíritu prisionero” trae una introducción que dice:“los escritores rusos, crecidos en espacios donde la libertad no ha abundado, siempre se han sentido portadores de esta libertad; por eso su suerte casi siempre ha sido aciaga. La muerte temprana de Pushkin y Lérmontov, la locura de Gógol, el cautiverio de Dostoievski, la censura –fiel compañera de todos ellos que tuteló con especial celo la obra de Tólstoi y Chéjov, son algunos ejemplos del pasado.” Y prosigue...“esta tradición se ha visto perfeccionada en la época soviética: años de loas, de cantatas y también de silencios, prisiones y exterminios...”

Recordemos, pienso ahora, a Mandelshtam, a Pasternak, a la Ajmátova que ni siquiera tuvo un cementerio. No puedo, después de haber leído a estos autores y conocer cómo vivieron y murieron (Mayakovski, por ejemplo, y Marina que se ahorcó en Yelábuga), quedarme con los brazos cruzados ante algo que me parece, a la distancia de aquellos hechos, y en esta isla en el centro del Caribe, una tragedia para la nación cubana que ya vivió expulsiones y censuras por los años setenta y aún sigue viviéndolas.

“¿Unas condiciones favorables? –escribe Marina– se sabe que para el artista éstas no existen...La vida misma es una condición desfavorable...”Pero las condiciones pueden endurecerse aún más, y esto es lo que he sentido durante los últimos días. Cuando me reuní en Estocolmo en el año 1994 con escritores del exilio, comprendí que la tragedia de la separación no se resolvía con eventos ni diálogos. Aquel mal (abierto y sin cicatrizar) estaba allí, donde la venganza y los remordimientos habían hecho una yaga purulenta que confiscaba toda posibilidad de cura. Los participantes de un lado y del otro, se insultaban primero dentro de la reunión, y se abrazaban después en los pasillos, como si las dos orillas se unieran en aquellos abrazos efímeros. Mi ingenuidad sirvió de puente para entregar a Heberto Padilla unos poemas de autores jóvenes desconocidos por él(entre ellos, los de Antonio José Ponte) que Heberto usó después para una ponencia sobre poesía cubana que leyó en Madrid ese mismo año durante el encuentro “La Isla entera”.

Pensé que sólo cosas como los afectos y la poesía podrían borrar el odio y los resentimientos, porque siempre he creído en la escritura como un modo de salvación o terapia. Pues, ya que todos estábamos enfermos de paranoia (incluso, los que por ser muy jóvenes no participamos directamente de las tensiones y rupturas de los años setenta, cargábamos con ese fantasma y el complejo de culpa de “no parecer revolucionarios” cuando opinábamos o hacíamos algo diferente). Teníamos que poner la pomada contra el dolor, la letra en cursiva de la experiencia vivida y los ejemplos (a la que se refieren ahora tantas cartas de estos últimos días), como una parte de la sanación: no puede volver aquella época “dura” pero, ¿cómo eliminar hoy las secuelas que todavía subsisten? ¿Cómo enfrentar sus causas sin examinar a fondo los motivos?

Al entregar aquellos poemas de jóvenes desconocidos a Heberto Padilla (que quiso venir de visita a Cuba y siempre le fue negado “el permiso” hasta que la muerte se lo otorgó), hacía un acto de limpieza personal tratando de comunicarme, de entendernos, porque  no podía suceder con alguien de esta época, lo que sucedió en el pasado, porque nosotros, creía, éramos diferentes.

Con los acontecimientos de febrero del 2003, después de discusiones que tomaron un año en el seno del ejecutivo de la Unión de Escritores y la final, pero rápida desactivación (“muerte por silenciador”, la llamo, sin derecho a tener un papel por escrito ni una apelación) de Antonio José Ponte, poeta, narrador y ensayista, escritor de la generación que precede a la mía, la desesperación no me ha dejado tranquila. Muy pocos no aceptaron aquella medida y la mayoría calló. Si silencio esto ahora, sentiría una vergüenza que no me dejaría vivir en paz. Si he trabajado por la cultura es pensando que cualquier desviación hacia zonas de mutilaciones, censuras y métodos represivos para los artistas serían abolidos con la confianza en el trabajo creador que es la primera fuente de cultura que permite la proliferación de voces, matices, estilos, ideas, todo en un haz diverso.

Cuando recuerdo las palabras de Lutero que Marina pone en su boca:“¡No me he de someter! ¡Nada ni nadie me ha de atar, porque el bien que más estimo es mi propia y libre voluntad de elegir, pues sin ella muere el espíritu!” pienso, que eso es por destino, el único objetivo que tiene un escritor. Sé que ninguna literatura tiene valor si nos plegamos a las facilidades o vanidades que de ella provienen sin sacrificios del espíritu, sin opinión, sin carácter, y si soportamos cualquier herida hecha a un escritor, porque, ¿qué es la obra de un artista, sino un pequeño peldaño en la escalera construida por tantos otros? ¿Qué es un escritor, sino un pez hambriento que devora de otra carne, la sustancia? Un hueso de la misma vértebra, su juicio; ese verbo de su inconformidad, de la ruptura entre cuerda floja y abismo. Entre poder y realidad. Entre realidad y deseo.

“Desactivar” es una palabra ajena. Un escritor vive siempre de otros; se activa con otros, y no se desactiva, sin desactivar también al conjunto con los que se formó, compró libros, discutió autores, sus vidas. Para el arte no existe ese término que no pertenece al rango de lo estético. Un escritor que ha emprendido esa tarea con su destino no se desactiva ni después de muerto, pero al hacerlo por decreto, nos desactivan en espíritu con él; en espíritu con los que habitan los libros que él nos prestó, las ideas y las historias que compartimos juntos. Pues, no hay reglamento ni código que ponga en práctica esa palabra que no puede existir más que para las bombas, las maquinarias, los artefactos, no para las voces de una nación. Porque estaríamos desactivando toda la literatura acumulada con él (en él) y desmontando todo ese engranaje de pasado y sabiduría.

Escribo esta carta para recordar otras escenas en las que no participaron Pavón y sus acólitos, pero donde estuvieron presentes también. Sé es cómplice de manera retroactiva. Sé es cómplice (hasta sin querer) en la futuridad. Hay imágenes pirograbadas en el interior de nuestras mentes que son modelos que debemos vencer. “Vigilar y castigar” son modelos que debemos vencer; miedos que debemos vencer para acercarnos al riesgo de la verdad. Horrores que debemos vencer y que no se vencen con formalidades, con compromisos, decretos, desactivaciones. La salida fácil y abrupta del ahora, será un hueco negro en nuestras cabezas, una oscuridad más, y toda dureza pone a relieve la fragilidad de otro acto oscuro y tenebroso. Sólo redes extendidas con flexibilidad harán posible un tejido sin grietas.

Odio esta grieta en mi escritura, en mi vida. La grieta de la pérdida de la confianza; de la vida que otro está viviendo sin mí, en algún libro, en cualquier pasado que ahora recuerdo. Mi silencio determinaría también la atrocidad cometida, el dolor. Obedezco sólo a los muertos ilustres de los anaqueles, a sus voces que dicen: “todo lo que ha sido relatado es –infinito. Así, un crimen no confesado, por ejemplo –continúa.” No quiero tener mi espíritu prisionero, no hay prisión peor que esa, la del espíritu. Uno está preso en uno mismo, incapacitado para decir o hacer, sentir o pensar. Uno se convierte en un títere, en un zombi, en un mendigo. Un escritor no vale dos fragmentos de un periódico cualquiera. No hay expulsión para una obra; para cada detalle logrado de un oficio que cuesta la vida. Cuidar la página, el poema, la opinión, los desafíos a la realidad, las posturas y la ambigüedad, incluso, las equivocaciones, las diferencias políticas y los “No”. Ese “non rifutto”, del poema de Cavafis.

He obtenido algunos premios literarios, pido el premio mayor para un artista: el del respeto por uno, en todos y por las diferencias. La patria de un escritor es la misma, pero a la vez, doble y distinta por ser una patria también mental. Sacarlo de esa primera patria no cuesta mucho: visas, permisos, pasaportes es fácil. Sacarlo de la patria del escritor, no sostenerlo en ella, divorciarlo de su contexto es un crimen contra esa legión que vigila desde los anaqueles y por ellos, por los que de sus libros no se podrán sacar ¡jamás!; por todos esos muertos que ya no juzgamos más que por sus obras, hay que sostenerlo, a uno, en muchos, a todos, en alguno, aunque cueste toneladas de diferencias y sutilezas.

Durante noches de desvelos ha quedado claro dentro de mí, el lugar de una mancha que no me pertenece. ¡No quiero esa mancha!, la discutí con todos los argumentos que tuve en cada oportunidad, pero no quiero ser cómplice de ella aún sin quererlo. Tampoco hubo reuniones posteriores donde pudiera tratar ese tema, porque no hubo más reuniones desde entonces y ¡pasaron cuatro años! que decidieron mi separación afectiva del conjunto que decidió aquella sanción y asesinato: y el No. Hoy, mientras leo correos y correos llegados de diferentes partes pidiendo una sanación (y para curar hay que raspar primero y duele), pienso en lo que sintió Antonio José Ponte cuando ninguna de sus cartas a los escritores del gremio fue respondida. Pienso en Heberto Padilla que no pudo volver físicamente a la Isla cuando ya estaba muy enfermo.

La poesía tiene una libertad que no le está conferida más que a ella. En nombre de esa libertad (utópica) que da la poesía a un artista, condeno la medida tomada con el creador de “Corazón de Skitalietz”, de “Cuentos de todas partes del Imperio”, de “Contrabando de sombras”, de “Las comidas profundas”, de “Asiento en las ruinas”, de “Un seguidor de Montaigne mira La Habana”,  de “In the cold of the Malecón”, de “El libro perdido de los origenistas”, de “La fiesta vigilada” y apelo hoy (en el 2007), como si no hubiera pasado un segundo (porque este tiempo está medido por el destino del arte y los artistas trabajan “para la eternidad”), al espacio de reflexión pequeño todavía, incipiente, creado a partir de la crítica al pavonato reactivada por un grupo de escritores y artistas cubanos, para devolverlo a él (simbólicamente), y a otros, a la única patria de los escritores de todos los tiempos y lugares: la patria de la página de la cultura a la que pertenecen.

Si no existe un espacio público para la defensa de los artistas; para sus ideas; el lugar para una amplia polémica del espíritu, las diferencias, la crítica y la confrontación del pensamiento reactivado a cada momento, entonces, ¿qué nos guarece?

Y lo que me pregunto cuando otros ejemplos salen a flote y tantos silencios se rompen por una vía inusual (ya que carecemos de otras vías para nombrarnos intelectuales) es qué cosa somos. No es un problema de este nombre hoy o de aquel otro de ayer; de los rostros que detentan el poder por un tiempo, sino del mecanismo de los relojes que dicen: detener, expulsar, reprimir. De la legalidad con la que el artista pueda defender sus utopías y hasta sus negaciones. Aunque no son problemas que atañen solo a los artistas y escritores: es un problema de todos. Porque mientras quede una paja o basura en el ojo de alguno, no habrá visión para construir esa cabaña de “Derzú Urzala”, si antes no limpiamos bien la montaña que hay que escalar juntos, sin límites geográficos, mentales o políticos (los de adentro, los de afuera); si no pensamos en qué vamos a legarles a los que vendrán y con qué hojas prenderán ese fuego de la cultura, nos quedará solo el vacío estéril del silencio por juez.

Reina María Rodríguez

Azotea, 11 de enero del 2007

La Habana, Cuba.

La casualidad no es, ni puede ser, más que una causa ignorada de un efecto desconocido.  
Voltaire  

La verdad nunca daña una causa que es justa.  
Mahatma Gandhi  

Hay que afinar, o ampliar, la mirada para estar en condiciones de realizar lecturas del suceso en un espacio global; proponer que la práctica se dirija en direcciones que, por lo común, arrojan resultados contradictorios tanto como complementarios. Trabajar hacia adentro del país, su Historia, devenir cultural, sistema social, dispositivos ideológicos, estructuras de control, espacios de circulación de opinión o negociación, sistema educativo (por todo lo que tiene de creación de tradiciones, canonización de hechos o figuras), problemáticas locales o de cualquiera de las muchas capas humanas que conforman la totalidad. Desplazarnos hacia la relación con el afuera, en tanto los países son parte de entramados regionales al mismo tiempo que del espacio mundial de las naciones, pertenecen a organismos de todo tipo, defienden allí su autonomía e identidad, sus políticas internas y proyectos con vecinos o países distantes, enfrentan conflictos o enconadas enemistades.  

Durante varias semanas la televisión cubana ha estado transmitiendo las sesiones del coloquio titulado Fidel: memoria y futuro (ya va por el fragmento número 22 de esa celebración, que tuvo lugar durante el mes de diciembre pasado y duró varios días). Una reunión sorprendente, pues –en vida- se realiza sin la presencia de la figura a cuyo alrededor tiene lugar la asistencia; desde meses antes Fidel Castro se encuentra en período de recuperación de una enfermedad grave y, pese a todo tipo de especulación durante los días previos al coloquio, terminará por no asistir al evento, aunque bien puede decirse que lo preside desde lejos. Vale la pena recordar que el Coloquio, con una asistencia de más de 3, 000 personalidades, constituyó una manera de razonar el devenir del socialismo cubano así como de establecer la necesidad y deseo de su continuidad. A reserva de que haya sucedido otra cosa en los salones, las sesiones transmitidas por la televisión hablan de un país estable, homogéneo alrededor de su historia, inmerso en luchas de supervivencia y desarrollo, una sociedad sin heridas o fracturas que elabora un futuro de ideales compartidos y donde, por encima de las diarias dificultades de la vida, la felicidad es estandarte común.

En otro escenario de esa misma televisión, y justo por los mismos días de la transmisión del coloquio, un olvidado ex-funcionario del mundo de la cultura, es invitado a ser la figura central de un programa (titulado Impronta y con una duración de cinco minutos) cuyo objeto, como el nombre indica, es hacer un rápido homenaje (casi un recordatorio) a aquellas personas que han dejado una huella importante en la cultura nacional. El funcionario se llama Luis Pavón Tamayo y, aparte de libros de poemas de escasa relevancia y su obra periodística, hace su verdadera contribución en términos administrativos durante los años que dirigió el Consejo Nacional de Cultura (1971-1975). Al día siguiente, aparece un breve correo electrónico donde un escritor joven comunica su indignación por el homenaje, ya que ese antiguo funcionario es exactamente quien, al frente del organismo que entonces dirigía, instrumentó la política represiva que, en el sector de escritores y artistas, es comúnmente identificada bajo la denominación “quinquenio gris”. Después de esto, y durante ya más de una semana, decenas de mensajes electrónicos son enviados dentro de la comunidad de los escritores cubanos; al inicio en el interior de Cuba, pasados pocos días con la participación de otros que ya no residen en el país.

II  

En realidad, lo sucedido es una suerte de avalancha caótica cuya mejor explicación es un estado de ira exaltada: una persona comienza con el envío de un mensaje a varios destinatarios; un pequeño grupo responde con rapidez y la comunidad de lectores los identifica como una suerte de líderes a quienes mandar, a su vez, nuevos mensajes de apoyo; finalmente, un nuevo grupo, esta vez de cubanos viviendo fuera del país, se suma al conjunto. Las primeras firmas indican que la mayoría de los integrantes del circuito son escritores, sobre todo aquellos que hoy tienen más de 60 años y que padecieron en carne propia aquellos desmanes de los que acusan al ex-funcionario Pavón; esto se puede comprobar en el mensaje donde Arturo Arango, uno de los más rápido suma su voz al rechazo, se pregunta si acaso los más jóvenes (él mismo pasa de los 50 años) no van a participar del intercambio. Cuando, finalmente, comiencen a participar integrantes de dicho grupo interpelado, las consecuencias se tornarán dramáticas; personas que eran niños cuando tienen lugar los hechos de los cuales se hace responsable a Pavón, resulta que pueden relatar iguales, parecidos o emparentados sucesos en sus vidas de adultos. Dicho de otro modo, establecen una sólida línea de continuidad entre el ayer que alguien trató de limpiar, con el frustrado homenaje al ex-funcionario, nuestras vidas presentes e incluso hay quien extiende la conexión hasta la vida que a nuestros hijos les espera. Para colmo, en el transcurso del intercambio, van siendo descubiertos hilos que conectan el “affaire Pavón” con otras acciones que, en semanas o meses anteriores, han tenido lugar en la televisión cubana: la invitación a Francisco Serguera, antiguo director del organismo, a una entrevista donde asegura no arrepentirse de nada; la entrevista (en otro programa) a Armando Quesada (quien fuera subordinado de Pavón, a cargo del mundo teatral cubano, y a quien se acusa de haber ejecutado la política de “parametración”) e incluso la mención (como una fecha histórica digna de recordar) del Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura, del año 1971, de donde brotaron las directivas políticas para el tratamiento de la presencia de homosexuales en los predios educativos y en la vida cultural cubana a lo largo de la década, todavía con profundas consecuencias hasta hoy.

El grupo de los cubanos viviendo fuera de su país merece destaque aparte. Son más agresivos, emplean la ironía y la burla (contra la comunidad de escritores a la que, en fecha todavía bien reciente, pertenecían), algunos –al tiempo que se asombran y critican silencios anteriores- felicitan que haya ocurrido una repulsa tan unánime y, sobre todo, exigen responsabilidades políticas. No se conforman con una crítica al ex- funcionario Pavón, sino que piden seguir los hilos del poder y rastrear, hasta sus últimas consecuencias, las conexiones de Pavón en el entramado político cubano de la época. Dado que, además, extienden la atmósfera de esos setenta hasta el presente, la aceptación de sus planteos prácticamente implica la necesidad de una revisión de la historia de la cultura nacional en el período revolucionario.

III  

Es difícil extraer reglas de algo que no es sino un intercambio caótico donde nadie es el centro y en el que el principal interpelado no ha respondido, así como tampoco cualquiera de quienes puedan compartir sus ideas acerca de cómo tratar los problemas de la cultura cubana (desde el punto de viste de alguien que la dirige y administra). En realidad, más allá de una conversación que alguien contó, ni siquiera sabemos qué puede pensar Pavón de sus años de funcionario en el terreno de la cultura o sus actuales valoraciones sobre el estado global de esa cultura (de la cual, al menos como periodista, poeta e investigador, continúa siendo parte). Ahora bien, puesto que en un momento de los intercambios uno de los participantes (Arturo Arango) introduce una digresión en el argumento central (llama a tener una mirada balanceada, pues la televisión también celebra la concesión del Premio Nacional de Ciencias Sociales al ensayista marxista Fernando Martínez) y puesto que otro de los participantes (Desiderio Navarro) se siente aludido y responde dando continuidad a la digresión, es justo precisar que tanto digresiones como respuestas –entre los participantes y ya no en dirección a Pavón- son posibles.

Si esta regla mínima es cierta, junto con el catálogo de prácticas de violencia cultural que han salido a escena, como en una erupción, igual es cierto que nadie de entre los participantes las ha contestado; dicho de otro modo, si bien es factible que no conozcan la realidad última de los episodios narrados o que los hayan escuchado mencionar siquiera, tal parece que –mediante la permanente actualización de un saber y una memoria compartidos- los aceptan como verosímiles. Atenuadas o activadas, según se les necesite, las prácticas de violencia son componente estructural del universo en el cual estas personas desenvuelven su cotidianeidad, son parte del “juego”. Por otra parte, aunque los participantes del intercambio son escritores y artistas, no pocos de los episodios que exponen se refieren a la vida de cualquiera (demonización de un tipo de música, prohibición de llevar pelo largo, pantalones cortados por la policía, internamiento u hostigamiento a homosexuales sólo por su identidad sexual, etc.); otros episodios (censura de libros, de concursos, autocensura a la hora de realizar la obra artística, etc.) son ya propios del campo cultural.

Lo interesante aquí es unir ambos catálogos y hacer que la figura resultante intersecte (podemos considerar que esta figura es la del saber y memoria compartida) con el retrato de nación que brinda el coloquio al inicio mencionado, ya que –luego de cumplir con la tarea- el último más bien resulta una fantasía política compuesta con destino a una determinada audiencia externa al país. Por una elemental demanda de coherencia, es necesario que la audiencia del tal discurso sea externa, pues ¿cómo imaginar que un sector de la sociedad (en sentido amplio, y dada la extensión del catálogo, la sociedad completa) celebre y se felicite de su propia herida?  

IV  

Es importante, en este punto, plantear una operación delirante (hablar en abstracto cuando ya casi parecía que íbamos a concretar responsabilidades y nombres) y colocar aparte dos cosas que el coloquio unifica: los liderazgos de la Nación y el retrato que de ella se brinda. Si esto es así, entonces hay que aceptar que es no sólo un retrato edulcorado, sino falso en no poco grado y bastaría para demostrarlo la cantidad de dolor que ha fluído en apenas una semana de intercambios electrónicos entre un pequeño grupo de escritores y artistas que, después de todo, no alcanza el medio centenar de personas. Visto desde otro ángulo (el de las posibilidades), no podemos siquiera imaginar lo que sucedería, lo que subiría a la superficie si, en lugar del estrecho circuito de estos intercambios, el proceso de revisión de este dolor es realizado, de modo abierto, en los más diversos medios de comunicación, centros de enseñanza, organizaciones políticas o sociales, si creciera hasta convertirse en un “tema” de debate en la sociedad cubana actual.  

Claro que esto nos obliga a plantear el tema de la responsabilidad. ¿Qué hacer con Pavón, el funcionario que estructura un dispositivo de control y represión de la diferencia a nivel de todo un país, pero de quien no queda otra huella? No existen libros que recopilen sus discursos, ni tampoco sus ensayos sobre el tema que sea; su periodismo está lo bastante disperso como para  dificultar su seguimiento o contiene tan pocas ideas que, en general, no existe su pensamiento, sino que es, desde el punto cualquiera que se le juzgue, un ejecutor. En términos históricos, un esquema hace tiempo planteado por Hannah Arendt en su célebre estudio sobre el juicio a Adolf Eichmann (de donde nació la idea sobre la “banalidad del mal”): el funcionario modesto que es modelo de dedicación y honestidad; que jamás se opone a ordenanza alguna de la superioridad, sino que más bien se adelanta a desplegar las acciones que satisfacen aquello que él interpreta como los deseos de un abstracto “mando” (que, aunque tiene su figura mayor en un líder concreto también está fragmentado en disímiles figuras colocadas en un nivel superior) y cuyo único defecto es que pone el absoluto de su energía al servicio de una idea horrible.  

Pero, incluso dando por hecho que la idea haya podido surgir unicamente en la mente del funcionario (con lo cual sólo serían sus cómplices quienes, a lo largo y ancho del país, están dispuestos a cumplirla, con fervor en no pocas ocasiones), ¿qué hacer con sus pares o superiores jerárquicos en el aparato y cómo evaluarlos? Y, esta vez a mayor profundidad, ¿dónde están las ideas que se opusieron a aquella que tomaba carne en el funcionario ejemplar? No sólo dentro del “mundo de la cultura” (que, en un primerísimo lugar, padecía la arremetida), sino muy especialmente fuera de él y, sobre todo, en el interior del aparato de administración y político. Dicho de otro modo, ¿qué estamentos de la sociedad (e insisto en que, sobre todo, del aparato de administración y político) se opusieron al despliegue de control y represivo? ¿Cuáles personalidades sociales, “cuadros” de dirección, departamentos u oficinas y en qué nivel jerárquico se encontraban? ¿Cuáles fueron sus destinos? ¿Cuáles los de quienes padecieron los efectos del dispositivo?

Dada la extensión del dispositivo (medios de comunicación, centros de enseñanza y mundo de la cultura, como mínimo) hasta abarcar el país entero, es natural suponer que los efectos fueron padecidos por toda la población, sólo que aquí se impone considerar la presencia de gradaciones, pues la consecuencia tiene que ser más grave en tanto mayor sea la desviación respecto a aquello que se supone norma; o sea, que habrá personas (muchas) que consideren que o bien los hechos del catálogo no existieron o ni siquiera los rozaron en sus vidas particulares. Esto, matemáticamente aceptable, conduce -sin embargo- a un razonamiento todavía más grave y de complejo entretejido, pues obliga a imaginar sujetos que “ignoraban”, a quienes pareció normal la no existencia en Cuba de jóvenes con pelo largo y vestidos a la moda occidental, que escucharan música cantada en idioma inglés (sobre todo el rock), que leyeran a autores no santificados por la porción más “oficialista” de la institución literatura, que manifestasen orgullo de sus creencias religiosas o que viviesen sin conflictos en el espacio público identidades sexuales alternativas. Dicho de otro modo, si el conflicto existió (y existió), la única forma de apelar al beneficio de la ignorancia es haber sido parte del dispositivo represivo, ya sea por ser uno de sus diversos eslabones (aquellos que aplicaban las directivas o vigilaban su cumplimiento) o por manifestar entonces una sustancial falta de solidaridad con los castigados (bien por compartir el despliegue del dispositivo, bien por simple miedo a también terminar siendo parte o acomodamiento por estimar que no es el problema de uno). Puesto que, pensando estadísticamente, los individuos-eslabones deben de hacer sido en puridad una cantidad menor, hay que haber ido reduciendo la relación con el entorno hasta prácticamente la relación con uno mismo para así uno poder estar seguro de que realmente ignora; es decir, hay que haber callado ante el problema del vecino de barrio, familiar cercano o lejano, compañero de trabajo o simple conocido. Esta marca ejemplar de insolidaridad es uno de los efectos más dañinos de tiempos como los aquí comentados. Tampoco olvido que, para cualificar a quienes padecieron, es imprescindible sumar un elemento más en el análisis: el hecho de que la legislación cubana impida que cualquier ciudadano abandone el país si antes no dispone de un “permiso de salida”; no es un dato gratuito, pues implica que los parias del universo diseñado por el ex-funcionario estaban imposibilitados (como opción para no sufrir) incluso de abandonar el país si así lo deseaban: eran, en toda la extensión de la palabra, víctimas.  

Cultura (publicaciones, sistemas de premio, espectáculos, eventos y exhibiciones artísticas de todo tipo), Enseñanza (programas de estudio, libros de texto, condiciones para la permanencia o acceso a este o aquel nivel), Medios de Comunicación (temas tratados, circulación y –más que nada- la posibilidad de plantear no ya opiniones alternativas, sino simplemente matizadas alrededor de los elementos básicos que conformarían el núcleo ideológico de la estructura represiva), Aparato Político-Administrativo (directivas, decretos, leyes o modificaciones de la ley, rutinas de funcionamiento durante la resolución de problemas, prácticas de interacción respecto a planteos o demandas de la ciudadanía) y Espacio Público (condiciones para su uso, conductas estigmatizadas o estimuladas, introducción de nuevos sentidos o reformulación de tradiciones) son la llave. Lo principal aquí es elucidar si el período, bajo cualquiera de sus denominaciones (“pavonato”, “quinquenio gris”, “época represiva”, etc.), fue el resultado de la enunciación y puesta en práctica de políticas enunciadas por un hombre (archi-responsable) o si (como los datos –la universalización de determinadas prácticas de control y represivas- permiten sospechar) se trató más bien de la puesta en práctica de una política de Estado, de un proyecto de Nación e ingeniería humana propio del contexto de la Guerra Fría. Aquí es fundamental analizar y develar el tejido de relaciones de esa particular área de la vida cubana dirigida por el ex-funcionario con el resto de las áreas que conforman el aparato administrativo, político y, en general, de dirección del país; un análisis que no puede sino abarcar la refracción y efectos de las ordenanzas en los niveles más bajos, así como el modo en que la “superioridad”, las cumbres del aparato, sabían de ellas, las controlaban, estimulaban o rechazaban. Hasta tanto la investigación (en particular, la realizada en Cuba) no se proponga (o le sea posible) avanzar en todos estos campos, permanecerá siendo un agujero negro el entorno del ex-funcionario, cada vez menos importante como él mismo; esto es verdad, en tanto gana en importancia la necesidad de comprender el diseño global del dispositivo y su manejo desde escalones superiores (al punto de que cualquier búsqueda de culpables palidece ante lo formidable del dispositivo mismo y sus consecuencias hasta hoy). Señalo esto último porque la pretensión de encontrar culpabilidades exactas, también puede funcionar como la trampa que obligue a una movilidad infinita en la telaraña de la administración y los estamentos y estructuras políticas; es decir, que junto con la pregunta en un sentido positivo (¿quién fue, enunció, definió, aceptó, estimuló, premió o hizo?) habría que también plantear lo contrario (¿quién concedió, calló, disuadió, falseó, ocultó?). Aún borrando nombres, por piedad o con el deseo de proteger, el proponer ambas series de preguntas en un sentido meramente operacional (¿cómo fue que se…?) puede generar respuestas de interés. En caso contrario, para que las preguntas terminen en Pavón, tendríamos que aceptar la ridícula premisa de que él consiguió dirigir el sector de “la cultura” como cabeza de una suerte de gobierno paralelo del país e incluso en este caso debiéramos de preguntar cómo pudo hacerlo y dónde estaba el gobierno real.  

Ahora bien, eso a lo que hemos denominado el “catálogo” abarca mucho más que el particular período de Pavón y, en realidad, amenaza con convertirse en una cantidad temporal tan larga como el tiempo de vida de la Revolución cubana hasta el presente (vuelvo a insistir en el hecho de que ninguno de los “hechos” ha sido, al menos hasta ahora y dentro del intercambio de mensajes, refutado). Se ha hablado de represión por motivos de identidad sexual (lo cual, entre nosotros, abre el camino hacia los años de la UMAP (1965-1968); “Quinquenio gris” (1971-1975, aunque algunos proponen iniciar el período desde antes y extenderlo hasta comienzos de los 80) y luego una larga cadena de “hechos” que llega justo hasta los días que corren. Dando como una realidad la aceptación, por parte de los participantes, de la existencia del citado “catálogo” (que, igualmente repito, parece reunir momentos lo suficientemente verosímiles como para que nadie los haya descartado con rapidez), entonces tenemos que agregar un nuevo y mucho más agrio elemento a los análisis a realizar: la continuidad de las prácticas del denominado “pavonato”, que incluso anteceden a la aparición del propio Pavón; cosa ésta última que significa, en realidad, el carácter constitutivo de dicha práctica a la cotidianeidad del socialismo cubano.  

V  

Condenar la aparición televisiva de Pavón (como una figura digna de elogio por su trabajo dentro del campo cultural) en un intercambio de correos electrónicos es simple e incluso elemental, aunque no implica que no sea imprescindible también. Enlazada su presencia a la de otros personajes que fueron dirigentes durante la misma época, por más que pueda ser efecto de casualidad o imprevisión, es también un mensaje o un guiño en varias direcciones; a la Historia pasada y futura, a la ciudadanía que ve regresar –de modo subrepticio e incluso sin poder, por desconocimiento, identificarla- una de sus pesadillas y, finalmente, a la alta dirección del país. Sería pecar de ingenuo hasta la idiotez si se desconoce la extraña situación que vive Cuba, ahora, cuando su figura líder falta de la vida pública hace más de medio año por motivos de salud; contexto donde, de pronto, empiezan a reaparecer antiguos funcionarios que parecían olvidados, gente a cuyo alrededor había una especie de pacto de silencio. Estaban, pero tan poco se hablaba de ellos que hasta ha habido quien ahora, en mitad del intercambio, se sorprende de que continúen trabajando en puestos de responsabilidad e incluso que estén vivos.

La tremenda frase de Voltaire (“La casualidad no es, ni puede ser, más que una causa ignorada de un efecto desconocido”), nos convoca, sin embargo, a continuar todavía más hondo. ¿Qué puede significar la aparición de este grupo de cuadros de mando de un ejército desaparecido? Por más que haya mensajes del intercambio que intentan convencernos de que “todo es igual”, es una verdad auto- evidente que la vida del país ha cambiado (y mucho) con respecto a la atmósfera represiva de aquellos setenta; claro que se me puede responder que el cambio sólo sirve para introducir la continuación, bajo nuevas formas, de la misma e idéntica atmósfera represiva anterior, más aunque sea se puede conceder que los signos exteriores cambiaron. Puesto que con la anterior directiva del país parecía haber el acuerdo de que “lo Pavón” viviera, hasta fisicamente desaparecer, en una suerte de “perfil bajo”, ¿cuál otro destinatario puede tener el mensaje que no sea la directiva actual? Como recientemente escuché, imaginando un muy turbio escenario, habría la posibilidad de un juego posicional de poder o pequeño clamor traducible a un marcial: “¡las tropas están listas!” (claro que para un presunto regreso). Siguiendo la broma, y dentro de un alcance mayor, quedaría entonces como tarea lo más interesante, localizar aquel sector que nunca dejó de cepillar los caballos y planchar con almidón el traje con entorchado guardado en el escaparate para el instante del retorno; no sólo los “viejos”, sino la fusión de esta ala dura con los nuevos de hoy que, en el fondo, comparten idénticas ideas sobre los modos de gobernar (en verdad, disciplinar) una Nación y la vida de sus habitantes (que, por esencia, dejan de ser ciudadanos dentro de proyectos semejantes).

VI  

Conviene ahora imaginar una posibilidad bien distante, viajar al otro lado del globo y que alguien -que no nos conozca- despierte de su sueño y nos lea; es un aborigen australiano que está aprendiendo el idioma español, tal vez ni siquiera sepa muy bien dónde, con exactitud, se encuentra Cuba, no tiene emoción particular alguna respecto a nuestras vidas. Simplemente nos lee, somos texto ante sus ojos, debe de enfrentar dos series de significado que corren en paralelo e intentará formar una opinión sobre eso; en una carrilera va el país de la celebración oficial, en otra el de la queja de sus intelectuales y hay varias preguntas: ¿qué es aquél (este nuestro) mundo? ¿cuáles sus leyes de funcionamiento? ¿qué vale o no de él? ¿puede ser cambiado lo que no vale y cómo? Si supongo esta posibilidad medio disparatada es para que el traspaso de un límite nos revele lo que realmente está en juego con esta “rebelión” de los intelectuales, esta puesta en escena del dolor que –por primera vez en muchísimo tiempo- no sólo ha tenido lugar, sino que se ha ido abriendo, cada vez más, a campos en los que tal vez no se pensó durante los primeros mensajes; en este punto llamo la atención sobre que alguno de los mensajes llama a controlar el ámbito geográfico que debiera de abarcar el circuito (sólo dentro de Cuba) y que otro explica la no participación de quien lo escribe con el argumento de no dar armas al enemigo externo. Más allá del particular período del denominado “pavonato” o sus efectos, lo que se encuentra en juego es el juicio sobre la vida (cultural y social) en el universo de la Revolución cubana, desde sus orígenes y hasta hoy. Pudiera parecer un acercamiento sumamente extremo, pero si una de las series opera como negación tácita del esplendor u opacidad de la otra, ¿cuál visión tener finalmente? (por ejemplo, ¿qué preguntas esperar de nuestro aborigen australiano el día que nos conozcamos personalmente?)  

Si bien la indignación ante el homenaje al ex-funcionario Pavón es justa, la aspiración a impedir cualquiera otro episodio semejante en el escenario de la televisión cubana (y, por extensión, medios de difusión masiva del país) deja el raro regusto de los sabores ambiguos; uno se siente incómodo aplicando, al antiguo funcionario, las mismas directivas que éste, en el pasado, promulgaba. A fin de cuentas, por mucho dolor que haya podido ocasionar, no se trata de Adolf Eichmann organizando la “solución final” dentro de la cual murieron millones de judíos y seres humanos de otras nacionalidades durante la Segunda Guerra Mundial (en este punto, y esto es importante para el ser humano, corresponde pedir perdón a Pavón por el uso excesivo de su nombre, ya que sólo fue una pequeña figura dentro de la marea que contribuyó a desatar y administrar); dicho de otro modo, imaginando una posible tabla de gradación del dolor, la sociedad puede permitirse el lujo de que estos ex- funcionarios aparezcan, pero también tiene que tener y estimular (sobre todo lo último) espacios donde las actuaciones dañinas para la comunidad sean criticadas. En este sentido, el episodio recién sucedido, es ejemplo de la inmadurez del sistema institucional cubano (sus medios masivos de comunicación y, muy especialmente, su aparato político) en lo que toca a la mera existencia de la crítica (que no sólo es señalar si un producto artístico es “bueno” o “malo”) y del debate público sobre temas sensibles para la vida nacional (en verdad, casi sobre cualquier tipo de tema). Es sabido que aquí, justo en este punto, va a surgir el argumento de que “no es el momento”, “no están creadas las condiciones” o cualquiera otro semejante (que, por demás, los de mi edad venimos escuchando desde la niñez y ya durante casi medio siglo), pero entonces vale la pena revisar la idea que nos propuso Gandhi cuando afirmó que “La verdad nunca daña una causa que es justa”. De las demandas iniciales de los que enviaron mensajes va a quedar muy poco: no va a haber disculpa pública de la televisión (o sea, de sus directivos) y sólo la UNEAC va a emitir una declaración dirigida a sus miembros (como si el “pavonato” y sus consecuencias hubiesen sido sólo cosa de escritores y artistas); a ninguno de los afectados (que con tanta vehemencia enviaron mensajes electrónicos) le va a ser concedida la más grande tribuna nacional para explicarse. La ofensa es enorme y la satisfacción diminuta. Las revisiones posibles a la historia nacional (incluso a ese pequeño período del “pavonato”) van a permanecer confinadas a ámbitos académicos, asambleas de gremios o publicaciones sectoriales. El llamado a un nuevo silencio viene junto con la promesa de no repetir viejos errores (para los cuales, también, existe el cómodo expediente de más tarde denominarlos “deformaciones”) y el dolor va a seguir guardado como resultado de la renovación del pacto social. A resultas de ello, el problema falso (la aparición del ex-funcionario en las pantallas televisivas nacionales) va a sepultar el problema real (la forma de solidaridad y activismo que este intercambio de mensajes propone, la necesidad de que los problemas medulares de la vida nacional sean objeto de debate público y, sobre todo, el contenido mismo de los mensajes: el catálogo).  

VII  

Para el final dejo una opinión más personal. Creo que todos hemos padecido eso que en Pavón apenas encontró su nombre, somos sus hijos y sus víctimas. El mismo hecho de que un asunto de tanto tamaño quedara confinado al intercambio entre menos de cincuenta personas (cuando lo que dirimen es uno de nuestros más dañinos pasados y legados nacionales) es tan buena como cualquiera otra prueba donde se le quiera analizar; lo mismo el hecho de haber optado por mantener el silencio cuando tan sencillo (y justo) era ofrecer una disculpa y, mejorando las cosas, aunque sea pedir perdón. Pavonato no es sino uno de los tantos nombres que toman el autoritarismo, la violencia, el miedo, la hipocresía, la doblez, la emocionalidad y otras cualidades dañinas cuando se trata de dirigir masas humanas. Policía cortando cabellos largos y zafando pantalones demasiado estrechos, gente dispuesta a vigilar si escuchabas “música americana” y “emisoras extranjeras”, si en el techo de la casa tenías una antena capaz de sintonizar las televisoras “del Norte”, hostilidad contra los creyentes religiosos de cualquier denominación, contra la homosexualidad masculina o femenina, contra las escrituras “raras” fueron el alimento de mi niñez y juventud. No poco de ello está igual de vivo hoy, a veces bajo nuevas y sutiles formas, además de que, al crecer, continuamos aprendiendo y sumando elementos a ese catálogo oscuro (censuras, autocensuras, visitas indeseables, abierto miedo).  

           Muchas demandas de las planteadas en los mensajes permanecen sin respuesta dada la solución por la cual se optó; por tal motivo quiero manifestar mi total solidaridad con el bello mensaje enviado por Reina María Rodríguez a propósito de la “desactivación” de Antonio José Ponte como miembro de la UNEAC. Igual me interesa aplaudir la honestidad de Francis Sánchez quien planteó una pregunta medular, que hasta ahora tampoco nadie ha respondido: ¿cuándo, en qué momento de la historia cubana fue que a los intelectuales les dejaron de interesar las cuestiones sociales? ¿cuándo fue que no opinaron acerca de problemas colocados más allá de la estética? ¿cuándo, desde la posición que fuera, dejaron de participar en los conflictos más graves de sus respectivas épocas? (a lo que, en rigor, debiera de agregarse una más: ¿dónde está el espacio para que lo hagan?). A pesar de su magro resultado, si de algo sirve este intercambio de mensajes es para comprobar que la opinión, la conexión y la solidaridad son necesarias y posibles. Tenemos, después de todo, que volver a conocernos, interesarnos y aprender a responder los unos por los otros, muy especialmente esto último. Tenemos familia, amigos, tenemos hijos, no estamos discutiendo un asunto puntual, sino nada menos que el destino de todos ellos; en el caso de los hijos, el país que les vamos a entregar y el horizonte de vida que pueden esperar, dentro del cual van a ser personas con esperanza y sueños o sofocados por nuevos miedos. La intolerancia, la renuncia al diálogo, la neutralización de la diferencia en el espacio público, la autocensura, la intocabilidad del funcionario, la sacralización de la directiva, la simulación, la adulación son todos componentes del “efecto Pavón”. Porque hay que entender lo cultural en una dimensión más profunda que la pertinente al objeto artístico, como ámbito donde la especie humana desarrolla su vida y la transforma; en este sentido, el despliegue de un catálogo de prohibiciones es, también, una forma de fabricar cultura, pero de la obediencia y la pasividad. Aquí vale la pena volver a las historias personales –por ejemplo, de los de mi edad- y recordar que no es que un grupo de prohibición/sanciones fueran diseñadas y aplicadas para un determinado grupo social que se apartaba de una supuesta norma, sino que los como yo nacíamos dentro de un universo de prohibición y miedo. ¿O acaso alguien imagino que, porque éramos dulces pioneros de escuela, no teníamos vecinos, amigos, familiares envueltos o arrollados de uno u otro modo por aquello, que tratando de “limpiarnos” (desde un punto de vista metodológico, el superobjetivo tradicional de estas prácticas es construir “futuros luminosos”) no nos iban también a contaminar? De este modo, ni siquiera la justificación de que tales no hayan sido los objetivos primarios de tales políticas exculpan de sus efectos y todavía, al parecer durante más tiempo aún, vamos a seguir viviendo dentro del “efecto Pavón”, puesto que cada nuevo fallo de dirección y renuncia a la crítica abierta lo actualiza. El espacio público es la clave de todo. Lo fascinante de una Revolución es que libera fuerzas que superan cualquier idea inicial que se tuviera de ella, pero si no puede  soportar la discusión de sus problemas, entonces no merece ese nombre.  

Gentileza de Luis D. Gutiérrez Espinoza (Perú)

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