Narrativa cubana

El virus llegó a la isla 

UNA CANCIÓN DEL cantautor cubano Carlos Valera (n. 1963) llamada "Cicatriz", dice entre otras cosas: "Yo soy de los que nunca fueron a la guerra /de los que nacieron con la cicatriz/de esta ciudad/y el asfalto en los pies / y unas ganas de ver el mundo/un día (...)//Los viejos me apuntan con la mano izquierda / dictan lo que debo hacer y lo que no". Esos versos también resumen el sentir de "los novísimos", la más reciente promoción de escritores cubanos.

 

GENERACIONES Y PARADOJAS. Quienes pertenecen a esta generación nacieron después de 1959. O sea: fueron educados bajo las virtudes y defectos del proyecto revolucionario. Ninguno de ellos alcanza los cuarenta años de edad, pero sí han publicado más de un libro y recibieron premios nacionales o internacionales. "Los novísimos" son el producto desconsolado del "hombre nuevo" que el socialismo cubano quiso construir, y que hasta el momento sólo ha dejado como saldo una áspera mirada de la realidad. Siempre desde Cuba, siempre acogiéndose a los límites confusos de las mismas paradojas: a) son fruto de la Revolución pero la critican sin pelos en la lengua y sin muchas posibilidades de comparación; b) el gobierno les impide cualquier tipo de actividad de oposición a través de los medios de comunicación; sin embargo, premia muchos de sus libros, los publica y los difunde dentro de una política cultural donde abundan las acotaciones; c) tanto "los novísimos" como el gobierno se cuidan de no transgredir esa línea ambigua que los separa, y donde también se mezclan la marginalidad, la automarginación, la censura, la disidencia y el oficialismo enmascarado.

Los escritores novísimos se apoyan básicamente en cierta tradición realista que ha perdurado a lo largo y ancho de la literatura cubana (Ramón Mesa, Miguel del Carrión,  Hernández Catá, L. Felipe Rodríguez, Onelio Jorge Cardoso, Heras León, Soler Puig), tradición a la cual "los novísimos" agregaron otros ingredientes sociales de los últimos años. Viejos temas como la prostitución, la violencia, la miseria desmedida y la corrupción de gobernantes y dictadores —temas que se consideraban superados y sepultados después del triunfo revolucionario de 1959— vuelven a reflotar, a ser considerados "papa caliente".

Desde la década del '80, "esos males del pasado" comenzaron a tener otra connotación. Ya no se trata de la legitimidad de un pasado azaroso, sino de la cicatriz actual y creciente de una generación que creció en una supuesta libertad, que era y es condicionada por "la mano izquierda de los viejos". En la otra mano, mientras tanto, con otra perspectiva de la realidad, quedaron a la sombra grandes zonas de silencio como el exilio creciente, el rock, el homosexualismo sin alegorías, el miedo y las drogas a una escala mayor y mucho más consciente del escapismo y el ostracismo.

"Los novísimos" han apuntado, básicamente, hacia dos géneros: la poesía y el cuento. Parte de esa afinidad se debe a la brevedad que se espera de dichos géneros y a una mayor posibilidad de publicación. Es prudente pensar también en otros motivos, como ejemplo la propia edad de los autores, pues (quiérase o no; ellos están en un proceso de aprendizaje, además de la evidente relación temática y formal con los grupos anteriores, surgidos en torno a las dos etapas de la revista El Caimán Barbudo. Finalmente, queda una hipótesis más arriesgada pero igual de probable: el cuento en Cuba progresivamente fue supliendo la inercia y el vacío dejado por el periodismo; la gente, el público lector (que en Cuba es muy interesado y numeroso) ha buscado en la narrativa breve una refracción más rápida y directa de los procesos sociales. Otra peculiaridad de "los novísimos" (quizás su talón de Aquiles) es ese afán de hacer de sus obras una constante aventura posmodernista y con ciertos ribetes estructuralistas que muchas veces sobrepasan lo lúdico y lo kitsch y caen en la ingenuidad intelectual y el ridículo.

 

EL SIDA EN CUBA. La recopilación Toda esa gente solitaria es una suerte de visión parcial o de caricatura de tres antologías anteriores que sí merecen ser tenidas en cuenta para un conocimiento general de la literatura cubana reciente: Los últimos serán los primeros (Editorial Letras Cubanas, 1993); El submarino amarillo (Ediciones Coyoacán, 1994) y Fábula de ángeles (Editorial Letras Cubanas, 1994). El criterio de selección de los compiladores de Toda esa gente solitaria estuvo determinado por un motivo extra-literario: los 18 cuentos seleccionados tratan sobre el SIDA, enfermedad que comenzó a ser reconocida públicamente por el gobierno de la isla a partir de 1986.

Según los datos que aparecen en el prólogo del libro, en Cuba toda persona infectada por HIV recibe atención médica y alimentación de forma gratuita, pero también es internada (de forma gratuita, pero obligatoria) en uno de los sanatorios que fueron habilitados en todo el país. Sólo a partir de 1994 —y a una cifra reducida de enfermos— se les permite una reinserción laboral, siempre con el compromiso de asistir a chequeos ambulatorios.

El primero de estos sanatorios fue inaugurado el 30 de abril de 1986 en las afueras de La Habana. Su nombre oficial es Sanatorio de Santiago de Las Vegas, popularmente conocido como "Los Cocos". El lugar elegido está cercano al poblado de Bejucal, famoso por sus fiestas tradicionales o "charangas", y más cerca aún (apenas a una milla) del caserío El Rincón, donde se encuentra un leprosario anexo a la Iglesia de San Lorenzo [Babalú Ayé en los ritos de la santería afrocubana y santo patrón de los enfermos). Según los prologuistas, "el sanatorio —en escala reducida— resultó ser una suerte de maqueta de la sociedad, pero sin las diferentes válvulas de escape que la vida al 'aire libre' oferta bajo los consabidos pretextos de opciones o deslindes". Allí funciona, desde 1992, el taller literario "La linterna mágica", un espacio que los enfermos internados encontraron para expresarse, a través de la escritura, y para confrontar con autores novísimos dispuestos a mirarlos un poco más y mejor en sus cuentos.

 

LA ANTOLOGÍA. De los 18 cuentos, un poco más de la mitad son aceptables; el resto son malos, y tres o cuatro muy buenos. El saldo general es mediocre. Hay un uso excesivo de la misma seguidilla anecdótica: relación amorosa, contagio, internación, lamento existencia!. Sólo muy pocos autores están representados con textos de calidad literaria evidente. Son los casos de Ronaldo Meléndez. (La Habana, 1970, Premio Casa de las Américas, 1997, por su libro de cuentos El derecho a patalear de los ahorcados) y José Miguel Sánchez (La Habana, 1969). Una de las razones que debilitó la muestra es que no todos los incluidos son escritores, ni todos los enfermos escriben bien.

El cuento de Meléndez. "La moneda, la bóveda, yo sólo trato de alcanzar", es un texto breve que amenaza desde el título con cierta influencia de Salinger, pero a medida que avanza deja una estela de angustia muy diferente a "Levantad, carpinteros, la viga del tejado". En el cuento de Sánchez, "En la diversidad", el SIDA y la inminencia de la muerte encuentran un buen muro de contención, pues el autor prefiere burlarse de lo sombrío del asunto y contar una historia de amor que renace después del resultado positivo de un examen médico. Valiéndose de un estilo directo y cargado de humor, Sánchez utiliza con el mismo acierto los diálogos, las descripciones, los cambios de punto de vista y de tiempos verbales. Pero sobre todas las cosas, logra una cierta "comodidad" al no apurar el desenlace del cuento ni tampoco descuidar la atención del lector.

Toda esa gente solitaria no es un libro llamado a trascender como pieza única, pero entre la hojarasca hay algunos textos donde prevalece una voz generacional. Jóvenes que comúnmente se sientan en un parque de provincia o en el Malecón a mirar el horizonte con toda clase de sentimientos a cuestas, inclusive un poco de rabia.                      

TODA ESA GENTE SOLITARIA. Selección y prólogo de Lourdes Zayon y J Ramón Fajardo. Ediciones La Palma. Madrid. 1997. 192 págs.

Rene Fuentes Gómez
El País Cultural N° 497
14 de mayo de 1999

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