Continúa el debate entre algunos intelectuales cubanos
Parte Quinta

Gentileza de Luis D. Gutiérrez Espinoza (Perú)

Continúan sumándose intelectuales al debate a pesar del silencio de los principales cuestionados

Parte Quinta

Con el paso de los días, ha ido disminuyendo la frecuencia de los mensajes, pero a la vez se ha ido profundizando en los asuntos de fondo. Esperamos que todo no quede encerrado en el espacio electrónico. Aspiramos a que al igual que el periódico Granma publicó la críptica declaración del Secretariado de la UNEAC, un día los lectores de ese mismo diario puedan conocer también estos y los demás criterios. De momento, siguen confinados en este “pequeño espacio en que en realidad no están” al alcance de aquellos a quienes también debe importarles.

Subject: Fw: de Enrique Colina para Desiderio Navarro

Sent: Thursday, January 25, 2007 11:18 PM

Hola Desiderio,

He decidido inscribirme en el debate con estas líneas que espero remuevan un poco la memoria de esta inquietud que nos moviliza esta vez refiriéndome a mi experiencia relacionada con el cine. De paso, quiero expresarte mi reconocimiento por la oportuna y valiente denuncia que has hecho y que ha servido para sacudirnos y recordarnos nuestra responsabilidad cívica. Te ruego acuses recibo.

Un abrazo,

Enrique Colina

Dirigí para la TV Cubana el programa de cine "24 por Segundo" durante 32 años. El programa lo concebía en el ICAIC, se producía técnicamente en el ICRT y allí se sometía a su aprobación para ser trasmitido cada semana nacionalmente. Existía pues en la frontera de dos organismos con disímiles enfoques de la cultura, la política y la ideología, es decir, con una interpretación distinta del precepto que presidió y rige hasta hoy la política cultural revolucionaria: "Con la Revolución todo, contra la Revolución nada".  Afirmación que analizada con rigor y no con la idolatría que da valor de artículo de fe a las declaraciones descontextualizadas y les hace perder la relatividad histórica de su significado, evidencia la siniestra perennidad que avala y le da su carácter de dogma al sobreentendido, sólo aparentemente ambiguo, de a quien corresponde decidir lo que es o no revolucionario, lo que es oportuno o no decir o discutir, la información que se puede o no recibir, el derecho o no que se tiene para discrepar de tal o más cual decisión, lo que corresponde o no a una moral revolucionaria y así hasta el infinito.... Mi participación en este debate quisiera dirigirlo a refrescar con mi modesta experiencia la memoria histórica que subyace en las causas de estos lodos...

Esquematizando, y sin entrar en los aspectos contradictorios que cualquier política sufre por la naturaleza humana imperfecta de sus hacedores y por las coordenadas históricas en las que tiene que expresarse y operar, ICAIC quiso decir en este país, durante muchos años, una política cultural más abierta, tolerante y antidogmática, que permitió una variada oferta cultural y recreativa en su programación cinematográfica. Significó también una producción de cine nacional que ha intentado testimoniar su tiempo, con mayor o menor rigor en la profundidad conceptual y expresión artística de sus realizadores, aunque siempre dentro del marco de las coordenadas impuestas por una censura que ha marcado sus tabúes no escritos a través de un código silencioso, pero por todos conocido y, hasta ahora y con contadas excepciones, con más resignación sufrido que combatido.

ICAIC significó, sobre todo –aunque no siempre- la resistencia y la recuperación contra los "errores" de esa intolerancia y ese dogmatismo, signados por la otra política que, abierta o solapadamente, según la coyuntura y la conveniencia táctica del momento, ha ejercido el control de los medios de comunicación siguiendo las orientaciones directas del aparato ideológico del Partido -que, contra la voluntad mistificadora de ciertos burócratas que se escudan en su invisibilidad,  no es un ente abstracto y sí una asociación humana depositaria de virtudes y defectos de hombres con nombres y apellidos que toman decisiones correctas o equivocadas. Tendencia que históricamente se ha manifestado agresivamente contra la cultura y sus creadores y ha representando durante ciertos períodos la expresión de una política oficial concreta y poderosa contra la cual ha tenido que luchar para sobrevivir esta otra concepción tachada de hipercrítica, floja y blandengue, elitista,  perestroikista, y, en círculos más cerrados, reconocida como antipatriótica y contrarrevolucionaria. Tendencia que también, y para desdicha de los inquisidores, forma parte de esa corriente de pensamiento ético integrado a un proceso auténticamente revolucionario que ha pretendido no convertir en una paradoja negacionista la voluntad de ofrecer educación y cultura a su pueblo para después negarle participación intelectual activa en el reconocimiento y transformación de su realidad, no sólo obedeciendo o siguiendo orientaciones, sino opinando, coincidiendo o discrepando como conciencia crítica de su propia condición ciudadana.

Inmerso en este contexto, simplificado por la necesidad de síntesis de estas líneas y porque todos sabemos de lo que estamos hablando, “24 por Segundo” pasó por la confluencia de todos los períodos albos, grises y negros, todos marcados por la desconfianza sistemática a la espontaneidad de una opinión, al lenguaje directo que llama las cosas por su nombre, a la referencia crítica que se aparta de un diktat oficial y que analiza un fenómeno en su complejidad ideológica. En un afán velado por hacerlo desaparecer, el programa cambió de horario y canal infinidad de veces. Muchas veces tuve que discutir acaloradamente para defender su concepción y no pocas protestar por su suspensión. De lo sublime a lo ridículo y por las más disímiles causas, el programa no salía al aire ya fuera por la aparición de un desnudo o escena de sexo justificados dramáticamente en el fragmento de un filme que servía para ilustrar un tema más significativo; por la imagen de un actor extranjero o la mención a algún director que en algún lugar  hubiera firmado una oscura declaración contra la Revolución -sin que esto lo supiera, como es lógico, el público espectador-; por una mala palabra dicha en tiempo y forma, pero que "per se" contradecía el principio de que el medio debía promover la buena educación; por la afirmación, herética en los días de la hermandad con los países socialistas, de que la mayoría de los filmes exhibidos provenientes de estas cinematografías no establecían una comunicación con el gran público; y claro, por otras múltiples consideraciones que ahora no recuerdo. Ahora bien, el área más conflictual del programa eran los comentarios sobre temas referidos al cine nacional que abordaban aspectos controvertidos de la realidad, en contradicción con la imagen aséptica difundida históricamente por los medios de información. Así pues, el contenido del programa fue muchas veces censurado y prohibida su difusión ante mi negativa de cortar aquello que incomodaba a los pequeños y grandes censores que aplicaban la reglamentación de lo que se podía o no decir públicamente, siempre con el pretexto de velar por el carácter educativo e ideológico del medio. Vale decir, subvalorando el tan predicado alto nivel cultural de nuestro pueblo que, según los patrones de estos veladores de la ortodoxia revolucionaria, debía ser "orientado". Razón que explica la deformación de darle a la población las cosas digeridas, la interpretación confiada al especialista, el análisis realizado por el que sabe y esta avalado para decirle a la gente cómo tiene que pensar, aunque demagógicamente se le invite a que se forme su propia opinión. El especialista, sea crítico de arte, periodista, historiador, sociólogo, científico, artista, político o lo que sea, es necesario como instrumento de revelación y no en su mediación deformada como sordina de las contradicciones, encubridor de la realidad o sustituto del necesario debate y de la participación del que lo escucha.

Así también muchas películas cubanas estuvieron y están prohibidas en la TV porque no se ajustan al patrón de encartonamiento ideológico preconizado por una visión unívoca que rechaza, como juez y parte, el principio esencial que mantiene a una Revolución viva y perdurable: la dialéctica, el reconocimiento de las contradicciones y la necesidad del cambio. Un breve recuento hecho sin mucho rigor y sólo a modo de ejemplo arroja más de 20 filmes cubanos producidos en diferentes décadas,  sobre todo los producidos a partir de la crisis de los '90, que nunca han sido exhibidos por la TV. Considerando la cantidad de cines cerrados por el deterioro de sus instalaciones y otros que pugnan por mantenerse abiertos a pesar de la mala calidad de sus proyecciones, la falta de aire acondicionado y el pésimo estado de sus butacas y condiciones higiénicas, amén de la dificultad del transporte que también ha afectado la frecuentación a los mismos, cabe preguntarse cuántos espectadores potenciales pierde nuestra cinematografía por esta prohibición no escrita ni reconocida oficialmente que enajena su producción, concebida por y para su público nacional.  La lista puede incluir otros y quizás algunos más recientes que olvido involuntariamente. No menciono los filmes por su calidad artística o su rigor conceptual, los hay buenos, malos y regulares y no creo que se deba a consideraciones estéticas la razón por la cual no son exhibidos. Sobran los referentes de  filmes extranjeros de pésima calidad exhibidos por la TV.

Sin embargo, hay películas prohibidas que merecen una consideración aparte y justifican por qué considero que el debate abierto con esta aparición del fantasma del “pavonato” y de su otro ejecutor, al que se le reconocía entre los “parametrados” como “Torquesada” (y que, según he sabido, ha estado fungiendo como secretario del núcleo del PCC y asesor en el área para la programación televisiva desde hace varios años, ¡sorpresa que una persona vinculada a tan graves errores reconocidos por el Partido como los cometidos durante ese período pudiera ocupar un cargo de tanta responsabilidad en el medio de comunicación más importante de este país y en un área que decide y vela sobre el contenido de su programación!)... Repito, pues, con este paréntesis bien asimilado, por qué considero que este debate debe abrirse a una reflexión más profunda sobre las raíces ideológicas que alimentan esta tendencia latente y manifiesta como una constante en la experiencia histórica de todos los regímenes socialistas del siglo XX, que ha marcado, una y otra vez, con sus deformaciones y desviaciones sectarias y represivas, la expresión sana del profundo humanismo al que aspiran todos los que sustentamos esta convicción.  Un verticalismo ideológico autoritario abierto o apañado sólo genera apatía, simulación o rechazo, y creo que como avestruces no sacaremos ningún provecho de esta coyuntura si esto no se discute.

Para empezar quisiera particularizar el filme que marcó un cisma en las relaciones entre los cineastas cubanos, el ICAIC y la dirección política de nuestro país. “Alicia en el pueblo de maravillas”, realizada por Daniel Díaz Torres, director que junto con Rolando Díaz y Fernando Pérez trabajó durante años en el Noticiero ICAIC Latinoamericano, bajo la dirección de Santiago Álvarez. Allí, entre los años 1977 y l979, en esos períodos de apertura crítica contra lo mal hecho que de manera regular marca los ciclos de rectificación oficial de políticas también oficiales, se realizaron innumerables noticieros monotemáticos críticos sobre la actualidad nacional, en los que se recogían manifestaciones de desorganización institucional, descuidos, irresponsabilidades, despilfarros económicos, corrupción, etc...hasta que vino de nuevo la orden de parar este tipo de crítica marcada por una ironía cada vez más amarga por la persistencia y dimensión de los problemas, cuyas consecuencias económicas, sociales y políticas explotaron en el 81 con el éxodo del Mariel. Vistos ahora, estos noticieros golpean por su actualidad, la recurrencia de muchos de sus temas aún persiste a pesar de que han pasado ya 30 años de su señalamiento y que fueron y son el producto más de disfuncionalidades sistémicas que de la ineficiencia individual de administradores inconscientes. En las aguas infestadas de este pozo turbio, mantenidas en la década del '80, antes y después de la política de rectificación de errores y tendencias negativas, en el absurdo, en lo irracional de las manifestaciones aberradas que se pretendía cambiar con inculpaciones a funcionarios supuestamente responsables individuales de esos errores, manifestaciones que no erradicadas en su médula causal contribuyeron a acentuar y a preparar el camino de carencias que culminaron con la terrible década del Período Especial, heroica por la resistencia y la nobleza de este pueblo, pero también trágica para la vida de muchos. En esta fuente bebieron los realizadores del filme para volver a advertir, amonestar, criticar lo que debía someterse a un debate impostergable.

Recordar que ya por la época existía una Asociación de Hmnos. Saíz con una generación de jóvenes cineastas que en su mayoría emigró del país en la década del ‘90 ante la frustración de insertar sus documentales en un debate público que cuestionara lo que achacaban como carencias en el cine oficial y que, una vez que intentaron asimilarse a las estructuras creadas, chocaron con la censura procedente de la misma fuente que los había alentado para enfrentar la supuesta pasividad de los directores más viejos del ICAIC, aparentemente ya domesticados y amaestrados. Otra historia de manipulación de esta tendencia que terminó torcida para su hacedor pero no modificó la pérdida de esa generación...

La consecuencia de la aparición de Alicia... , su prohibición y consecuente demonización contrarrevolucionaria y quinta columnista, generó el más explosivo conflicto cultural que hubiera tenido que enfrentar el proceso revolucionario, interior e internacionalmente,  en el momento de su más alta vulnerabilidad económica y política, si no hubiera primado por encima de la pasión soberbia la actitud discreta, decidida y consecuente de cineastas cubanos que nos opusimos, sin dirigentes que nos guiaran y sí movidos por nuestras convicciones éticas, a lo que ya era una medida del Consejo de Estado que llevó a la decisión de desmantelar el ICAIC y convertirlo en dependencia del ICRT y, por carácter transitivo, en apéndice del aparato ideológico del Partido, entonces dirigido por el tristemente célebre Carlos Aldana, hoy anatemizado, pero ayer comisario arrogante y ambicioso que nos trataba como enemigos de la Revolución. Acompañada de una mesura que impidió una manipulación exterior, los cineastas evitamos la consumación de este entuerto a puertas cerradas. Luego se produjo la reivindicación política del filme y de su realizador, se exhibió en un festival de cine y se cerró el capítulo. Antes de la prohibición, el filme sólo se había proyectado públicamente durante 4 días en unos pocos cines de la capital, con la movilización hecha a través de los municipios del PCC de sus militantes para que fueran al cine y reaccionaran ante aquellos espectadores que manifestaran su aprobación al filme. 

Inspirada en hechos reales, documentados hasta la saciedad en los noticieros semanales ICAIC de los setenta y en su segunda ronda de los ochenta y sin que su hipérbole satírica sobrepasara el absurdo de la cotidianidad social vivida por el cubano de la calle, la experiencia de Alicia... puso en entredicho la infalibilidad de un juicio único que decide lo que es o no revolucionario. . "Con la Revolución todo, contra la Revolución nada" surgió como un compromiso salomónico proclamado en circunstancias históricas diferentes, cuando la Revolución no se había consolidado y era objeto de invasiones y sabotajes que amenazaban con frustrar el intento de crear un estado de justicia social, cuando se hacía necesario mantener la unión y la participación creadora de los intelectuales en un marco de confianza en la vanguardia política que había creado un espacio cultural multiforme, cuando todavía era un sueño el proyecto revolucionario y la trasformación no se había consumado en el plano de la realidad. Bueno, ¿y ahora? Ahora ha pasado casi medio siglo y ahí se pueden apreciar las cicatrices no cerradas de los errores cometidos por los que han interpretado este artículo de fe ejerciendo una intolerancia y una represión contra los que también se escudan en esta divisa protéica para tener el derecho a expresar su interpretación de cómo es su Revolución, la que tienen en el corazón, en el pensamiento y lo que queda de valioso y recuperable en lo construido, que no lo que necesita moverse y cambiar para entrar en esta época de cambios, en este socialismo del siglo XXI tan pregonado y necesario que supone sacudirnos los criterios estrechos, polvorientos y sectarios que pretenden tener la verdad agarrada por los cuernos.

Luego vino “Fresa y Chocolate” más guarnecida por la sombrilla del error político que se había cometido con Alicia..., con el aval de la personalidad artística de Titón y con el apoyo inteligente de Alfredo Guevara para maniobrar en un mar agitado por los espasmos del Período Especial. Fresa..., codirigida por el también reconocido cineasta Juan Carlos Tabío, tuvo su trayectoria internacional exitosa, refrendando favorablemente para prestigio político de la Revolución su capacidad para mantener abiertos los canales de cuestionamientos críticos a pesar de las circunstancias difíciles en que vivía el país. En Cuba, la acogida del público nacional que pudo verla demostró que compartía su mensaje de tolerancia y de solidaridad humana ajeno al revanchismo de aquellos que replegados tuvieron que soportarla. Sin embargo, Fresa... sólo se exhibió en los cines y nunca se ha mostrado por la televisión. Cabe extrañarse si no sería porque denuncia directamente la problemática del período de “parametración” homofóbica y algunos de sus ejecutores todavía hoy se mantienen con un poder de decisión en la programación de este medio, que pertenece al pueblo y no a ninguna tendencia reaccionaria que envilece los valores humanistas que han sido y son inspiradores de esta Revolución, al menos, como yo la entiendo.

Aquí también podría detenerme en lo acontecido con “Guantanamera”, última obra de Tomás Gutiérrez Alea, codirigida con Juan Carlos Tabío, que fue tildada de contrarrevolucionaria por el rencor y la desconfianza de intrigantes especializados en sembrar discordias con el sector artístico al más alto nivel  y sólo reivindicada por la postura de intelectuales que salieron en defensa de la memoria de Titón,  el mejor y más alto exponente del cine revolucionario cubano.

He hecho este recuento, sin dudas plagado de insuficiencias y quizás de inquietudes mal expresadas y a riesgo de parecer incendiario para unos y contemporizador para otros, porque siento que el objeto último de este debate es volcar el análisis del pasado en la retorta del presente donde se está cocinando el futuro de nuestro país. Habrá una reunión que necesita romper el aislamiento público de este debate. Es inaceptable que el comunicado publicado en Granma por el Secretariado de la UNEAC resulte tan parco y burocrático utilizando la misma jerga politiquera que nos habla de anexionistas que pretenden apropiarse de este debate y excluyen la referencia a las causas del mismo haciendo como siempre el escamoteo de la esencia del problema, lo mismo que alguien mencionó jocosamente como "...y yo me cago en la tuya!". Creo que estos emilios, firmados son ya una clara señal política de que se impone una apertura que vaya más allá de constatar y ratificar lo que todos sabemos que ha sido un insulto y una agresión a nuestra cultura. El ciudadano necesita saber y hay muchas cosas que impiden a los ciudadanos enterarse de lo que se cocina a sus espaldas y que repercute sin embargo en sus vidas. El “síndrome del misterio” que se cuestionaba en un Congreso de Periodistas hace 20 años, ¿seguirá activado?

Sin repercusión pública la rectificación también seria inconsecuente e hipócrita. Es el Partido quien controla la política informativa y la programación de la TV nacional, el que controla su órgano oficial, el periódico Granma y también fiscaliza a través de su aparato ideológico todo el resto de las publicaciones y emisoras de este país, es a través de algunos de sus altos funcionarios que se han cometido dislates históricos y no basta con una sucinta nota que siempre encuentra un chivo expiatorio. Existe la inveterada y malsana costumbre del que bota el sofa en la práctica de muchas rectificaciones que se han producido a lo largo de nuestra historia. No se trata, insisto, en pedirle cuentas humillantes o justificativas a nadie, pero una institución que ejerce un poder político en nombre de lo que para nosotros ha sido un ideal y ha configurado el sentido y la elección política de nuestras cortas vidas, debe asumir con transparencia la permanencia en sus filas de esta tendencia que se permite en un momento como el actual encender una chispa provocadora cuya única virtud ha sido la de avivar una toma de conciencia de que hay que combatirla en la esencia que le da vida. De esa transparencia hacia este y otros temas depende el futuro de la confianza. Del horizonte de apertura de esa información histórica y presente depende el legado asimilable de lo que vamos a incorporar como experiencia enriquecedora al futuro de nuestro pueblo que tiene ese derecho inalienable por encima de cualquier coyunturalidad.

Por ello, propongo que ese debate sea trasmitido por la TV y, si no es en vivo, que sea editado bajo la supervisión de tres miembros, sin representación oficial ni cargos públicos, y que sean elegidos por votación en esa reunión.

Creo que también deberían publicarse estos emilios y quien quiera cuestionarlos que también responda por escrito. Sería un signo no de debilidad sino de confianza en una verdadera rectificación y que daría un vigor inusitado a una batalla de ideas hacia adentro y sobre los problemas que se omiten en la TV. Mesas redondas o cuadradas o rectangulares verdaderamente polémicas que miraran hacia dentro con el mismo rigor crítico con el que se analizan los problemas del mundo imperfecto y torcido fuera Cuba: con puntos de vista discrepantes y discusiones animadas por la voluntad de llamar las cosas por su nombre, frente a dirigentes que respondan públicamente ante periodistas que les hagan preguntas incómodas sobre esos temas acuciantes cuya solución no sólo depende del bloqueo imperialista ni de la buena fe sino de decisiones acertadas que demuestren su eficiencia no sólo en el plano ideológico sino en la solución práctica de los problemas y en el mejoramiento del nivel, la calidad de vida y en el reconocimiento del derecho ciudadano inalienable de exigir cuentas de sus representantes. No soy inocente y comprendo que si hay voluntad de cambios estos resultaran de un progresivo, delicado y complicado reajuste en la correlación de fuerzas internas, dentro y fuera del Partido, que necesitará obligatoriamente de una contribución honesta y valiente de sus intelectuales. Y no hablo sólo de los artistas, pero el deshielo tiene que empezar por algo y considero esta situación adecuada, aunque algunos puedan considerarla peligrosa y explosiva porque las válvulas están cargadas, como resulta obvio,  y bajo una presión acumulada de años. 

También propongo que se pongan nuestros filmes por la TV Nacional y si quienes los prohíben estiman que no son apropiados políticamente que lo digan públicamente. Si esto se sigue postergando, si se sigue considerando que la luz que irradiamos continuará brillando eternamente sólo por el humanismo de nuestros médicos o por el resplandor de nuestra educación, de lo que me enorgullezco y sé muy bien que no es poco, pero se soslayan contradicciones que socavan el sentido democrático del sistema, su eficiencia económica, que exige a gritos reformas y cambios internos, porque la esperanza en el futuro no es un barril sin fondo y para sostener y preservar  todo el andamiaje de justicia social hacen falta recursos y para que la gente produzca y cree riquezas hay que estimularla materialmente y abrirle las puertas a su creatividad e iniciativa, si seguimos asumiendo un estado que controla y se ocupa de todo sin poder ocuparse de todo ni controlarlo todo, si no enfrentamos las deformaciones por todos reconocidas yendo a la médula de los problemas, y ese es el tema esencial que está en el tintero de estas inquietudes, creo sinceramente que el faro y guía, más tarde o más temprano, se apagará y sólo quedaremos como referente histórico de hidalguía, resistencia y dignidad, pero perderemos la plaza.

Enrique Colina

A continuación una lista de las películas no exhibidas por la TV Nacional.

ALICIA EN EL PUEBLO DE MARAVILLAS

ADORABLES MENTIRAS

FRESA Y CHOCOLATE

EL ELEFANTE Y LA BICICLETA

MADAGASCAR

LA VIDA ES SILBAR

SUITE HABANA

PON TU PENSAMIENTO EN MI

AMOR VERTICAL

LA OLA

NADA

TRES VECES DOS

VIDEO DE FAMILIA

HACERSE EL SUECO

PERFECTO AMOR EQUIVOCADO

GUANTANAMERA

LISTA DE ESPERA

DIARIO DE MAURICIO

AUNQUE ESTES LEJOS

ENTRE CICLONES

MARIA ANTONIA

PAPELES SECUNDARIOS

LEJANIA

TECHO DE VIDRIO

UN DIA DE NOVIEMBRE

HASTA CIERTO PUNTO

LA VIDA EN ROSA

BARRIO CUBA

MIEL PARA OCHUN

LAS NOCHES DE CONSTANTINOPLA

Cabría hacer una lista de documentales hechos por jóvenes cineastas que también sufren esta censura no escrita. Sería triste que sus esfuerzos e inquietudes, y hablo de algunos filmes verdaderamente significativos, quedaran relegados al consuelo de presentarlos una sola vez en una Muestra anual – esfuerzo meritorio que debería omitir cualquier tipo de censura-,  para luego circular en discos o cassettes de mano a mano o por este espacio virtual compensatorio, pero restringido e insuficiente.

Sent: Sunday, January 28, 2007 8:58 AM

Subject: Fw: carta a enrique colina

Estimado Enrique:

Tu mensaje a Desiderio me ha animado a sumar algunas ideas a este debate que, para mi gusto, nos ha dejado un exceso de palabras en medio de un desierto de acciones. Comparado con la riqueza de las reflexiones que se han escuchado, esa declaración final de la UNEAC roza con lo escandaloso por su grisura y superficialidad. Por otro lado, creo que eres el único del gremio de críticos que parece haberse sentido públicamente sensibilizado con la polémica de marras, por lo que agradezco que en tu escrito quede claro que eso que llamas “responsabilidad cívica” también atañe a quienes intentamos pensar el cine cubano.

De tu reflexión me interesa retener un par de cosas. Aquellas que tienen que ver no con la anécdota, sino con ese modo de asumir la vida que se nos ha convertido en algo natural. Creo que así pasen cien años, al cubano (lo mismo el de La Habana que el de Miami, el de Camaguey que el de Madrid) le costará Dios y esfuerzo dejar a un lado esa visión hollywoodense de la existencia, en la cual los que no piensan exactamente como yo, son los villanos, y solo los que tienen un pensamiento milimétricamente exacto al mío, resultan confiables. Sabemos que eso es un disparate, pero nos hemos hecho incondicionales a ese desatino. Es casi una adicción.

Quisiera hablar, como tú, de cine cubano. Creo que es un terreno aún virgen para la discusión. Por lo general hemos discutido con más vehemencia la pertinencia de que “Forrest Gump” tenga tantos premios Oscar, que la efectividad misma de nuestro cine. Lo cual no quiere decir que no sea importante hablar sobre el Oscar, siempre que se examine con un sentido crítico en tanto fenómeno cultural. La Oscarofobia gratuita es tan nociva y petulante como la Oscaromanía.

Sigo insistiendo en que el cine cubano se estudia mucho mejor fuera de Cuba (ejemplo: Francia y Estados Unidos), que en nuestro país. Eso se debe a que hablar críticamente sobre la historia del cine cubano significa someter a fiscalización la relación que esa expresión artística ha mantenido a lo largo de casi cinco décadas con la vanguardia política. Y desde Cuba, eso es bastante complejo de realizar, pues puede molestar a esa vanguardia. Tú mencionas el caso de “Alicia en el pueblo de Maravillas”, pero habría que remontarse a “PM”, y también se tendría que tener en cuenta la recepción en su momento de “Memorias del subdesarrollo”, y la reacción de ciertos comisarios políticos cuando, en pleno “pavonato” se realizó “Un día de noviembre”, solo estrenada seis años después. O se tendría que hablar igualmente de “Techo de vidrio”. O de “El encanto del regreso”, nunca exhibida a pesar de ganar hasta un premio Caracol o algo así.

Lo del cine cubano durante el llamado “quinquenio gris” no deja de ser paradójico. Es verdad que una película como “Un día de noviembre” fue retenida durante seis o siete años sin estrenarse, pues se terminó en esa época en que la política cultural representada por Pavón (no inventada por él) se hacía ley natural, y todavía estaba sonando el encargo que desde el “Primer Congreso de Educación y Cultura” le asignaron al ICAIC, que es el incremento de películas históricas que ayudaran a legitimar esos cien años de lucha por la independencia nacional.

Una historia como la de Solás, con todo y su final más bien edificante, parecía condenada a no entrar dentro de los parámetros permisibles de los censores, quienes estaban más atentos a las protestas de los intelectuales por lo del caso Padilla, que a las posibles críticas que podían llegar de dentro. Solo que Titón fue lo suficientemente sagaz como para convertir el relato de “Una pelea cubana contra los demonios”  en un análisis siempre contemporáneo de lo que puede ser la intolerancia ideológica, y lo mismo con “La última cena”, donde es posible percibir el retrato de algo que nunca nos ha abandonado: la doble moral. El propio Titón comentaría en una de sus últimas entrevistas que la Iglesia y el Partido tienen tantas cosas en común que la historia de “La última cena” se puede extrapolar sin mucho esfuerzo.

Creo que la responsabilidad alrededor de esta ausencia de debate en torno al cine cubano en el país es compartida. Y aquí podré parecer incendiario. Pero no se trata solo de los que censuran en la televisión, aún cuando la responsabilidad de estos sea decisiva. Hay mucho también de responsabilidad en los críticos y cineastas, quienes tal vez hemos preferido asegurar nuestro próximo libro o rodaje antes de discutir hasta la saciedad lo que, evidentemente, resulta un atropello: las censuras de las películas nacionales en la propia televisión nacional.

Recuerdo que una vez participé como delegado en uno de los Congresos de la UNEAC, y el punto que quería plantear era precisamente ese: la no presencia del cine cubano en la televisión.  La funcionaria que en aquel momento coordinaba el evento me dijo que había cosas más importantes que discutir, y sugirió “otros problemas” a plantear. También recuerdo que en ese mismo evento Rolando Pérez Betancourt planteó lo mismo, argumentando con pelos y señales y de manera muy inteligente cada una de esas cuestiones que ahora esbozas. Y no sucedió nada. “Fresa y chocolate” sigue sin pasar en la televisión de dentro, aunque por Cubavisión Internacional sí se proyecta sistemáticamente. Alguien ha decidido que el televidente cubano (el de dentro) tiene minoría de edad intelectual, y que a pesar de tanta instrucción y nivel de escolaridad, no es competente para ver un filme así. Esa manera de pensar me hace recordar una frase genial de Julio García Espinosa, cuando habla de “la doble moral del cine”.

Sin embargo, mi pregunta va más allá: en medio de todo esto, ¿dónde están los cineastas cubanos?. Ya sabemos que los críticos no podrán programar en televisión a “Fresa y chocolate” porque las reglas son las reglas, y las tienen que cumplir. Ellos no mandan, aunque desde luego, tienen voz, y ese privilegio de enunciación pública que le han concedido debería ser aprovechado en función de reflexionar sobre lo que realmente hace falta a la sociedad, y no sobre los que mandan en el medio esperan que se hable. Bien mirado, la existencia del cine cubano dentro del marco televisivo tal parece un disparate, pues es como si se estuviera hablando en dos idiomas: por un lado la televisión con su inveterada tradición celebrativa, y por el otro el cine cubano, con su tendencia a mostrar una visión más compleja de la realidad, y hacer más humana la imagen de un país que, como todos los que conozco, tiene mucho de dolor y de risas.

De que los cineastas no tienen una influencia real en los medios cubanos eso está claro. Lo que no me queda claro es hasta qué punto los cineastas parecen decididos a denunciar esa situación. A oponerse a esta, y no convertirse en cómplices del dislate.   He defendido una tesis que me ha prodigado un sinnúmero de detractores. Algún tiempo atrás publiqué un ensayito que titulé “La utopía confiscada” (De la gravedad del sueño a la ligereza del realismo), y que a las claras buscaba promover entre cineastas y críticos una discusión “ilustrada”. El ensayo apenas fue replicado (pensado) por un par de realizadores (Arturo Sotto, Jorge Luis Sánchez) si bien abundaron los rumores o réplicas orales de pasillo, escritas como siempre digo, en papel de fumar. A mí juicio fue esta una prueba de que la organicidad intelectual había sido confiscada dentro del cine cubano. Y no hablo del intelectual orgánico al uso, sino del artista que, siendo hereje por naturaleza, opta por el silencio, lo cual no es una condición natural, sino impuesta.

La tesis de “La utopía confiscada” también hablaba de la necesidad de dejar a un lado esas falsas divisiones en las cuales creadores y críticos se observan como antagonistas irreconciliables. Hasta donde sé, el pensamiento no es exclusivo de los críticos, y la crítica puede ser creadora. Pero ese pensamiento creador empieza desde casa, y quizás no deja de ser una impresión apresurada, pero los cineastas en Cuba en algún momento renunciaron a esa meta colectiva en las cuales se reconocían un Titón, un García Espinosa o un Solás, para enfrentarse a la supervivencia más dura.

El ansia de sobrevivir nos hace egoístas, porque lo que se impone es el “sálvese quien pueda”, y el pensamiento mesurado queda en la cuneta. Sigo insistiendo en la tesis, pues, hasta tanto se demuestre lo contrario: no existió un cine cubano de los noventa, sino cineastas intentando hacer su cine. Cineastas que pensaron para sí mismos, porque la circunstancia los obligaba. De allí que una decisión tan absurda como es esa de desterrar al cine cubano de la televisión nacional esté contando con el apoyo casi unánime e involuntario de todos. De burócratas y cineastas. De críticos y de público. El que calla otorga, diría el refrán. 

Admito que esto que digo no deja de ser una impresión personal. Lo grave está en ver que a casi nadie le importa discutir esto en Cuba. En nuestro imaginario colectivo, el ICAIC sigue siendo una isla dentro de la isla, lo cual influye hasta en el modo en que conciben los cineastas sus películas. No pocas de esas cintas siguen utilizando el mismo modelo de representación puesto en boga en los inicios de los sesenta. Como si el tiempo no hubiese transcurrido. Como si fuera Robinson Crusoe el que se filmara a sí mismo. O como si 1959 estuviese a la vuelta de la esquina.

Tampoco se trata de intentar hacer otra “Memorias del subdesarrollo” o “Lucía”, sino de nutrirse de ese mismo ánimo herético que movilizaba a la producción de aquella década, esa que superó el encargo ideológico, para transformarse en paradigma de un fenómeno cultural (el nuevo cine latinoamericano) que todavía sobrevive en la memoria. Fuera del país muchos atacan al ICAIC al considerarlo una mera maquinaria de propaganda del sistema, pero la demanda de un cine nacional ya estaba presente en los cincuenta, y fue esa combinación de ansiedades (estéticas e ideológicas) lo que permitió su rápido liderazgo en el continente. Hoy ese liderazgo no existe.  Baste comparar el grueso de las películas cubanas más recientes con películas latinoamericanas que ahora mismo encabezan determinados movimientos renovadores, y se verá hasta qué punto nos hemos quedado aislados también en ese campo. Ni buen cine político (como lo era el documental de Santiago Alvarez) ni cine renovador en el plano estético.

La única manera de recuperar ese ánimo creador de antaño es discutiendo hasta la saciedad, actualizando el arsenal narrativo, convirtiendo a los pasillos del ICAIC en una cinemateca ambulante donde la gente viva el cine, y no del cine.  Y sobre todo aprendiendo a discutir, porque entre nosotros (cineastas y críticos) todavía predomina ese sentimiento primitivo que nos hace pensar que cualquier discrepancia es un problema personal, cuando no político.

Aunque me interesa la cultura de la polémica, no me gusta la réplica gratuita. Creo que hay mucha gente viviendo de esa herramienta antiquísima que es el insulto a ese que no piensa como tú. No es nuestro caso. Tu escrito me ha hecho pensar, y eso es lo que importa. Lamentablemente las polémicas alrededor del cine cubano han girado en torno a otros intereses ajenos al cine mismo. Y casi siempre han terminado silenciadas por coyunturas que mañana no existirán, si bien influyen demasiado en la vida concreta de los cineastas. Nadie devuelve a Daniel Díaz Torres (no el cineasta, sino el ser humano) el sosiego robado en aquellos malos ratos de “Alicia”, como tampoco nadie reintegra a Titón y Tabío la tranquilidad después de aquella crítica pública de Fidel a “Guantanamera”. O a Solás por sus desencuentros a raíz de “Un día de noviembre” o “Cecilia”. Eso es tal vez lo más triste que sucede con esas “políticas culturales” diseñadas con aparente buena voluntad, políticas que hablan mucho de principios colectivos, y muy poco de los seres de carne y hueso. Son políticas que, como todas, terminan por deshumanizar al arte y su recepción.

Como todavía me interesa apoyar la idea de un pensamiento crítico desde dentro (lo cual, para algunos, es un síntoma de la ingenuidad más decadente) pues quiero aplaudir tu texto como uno de los más lúcidos que, vinculados al cine cubano, he leído en largo tiempo. Y me alegra que provenga de alguien que trabaja dentro del ICAIC, es decir, de un artista que piensa. Ojala sea este el preludio de esa fecha donde el debate en Cuba (entendida como nación, y no solo como una isla física) sea lo que verdaderamente debe ser: el camino para nuestra común mejoría.

Un abrazo,

Juan Antonio García Borrero

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Sent: Sunday, January 28, 2007 6:23 AM

Subject: ESTO NO ES BROMA... AUNQUE IRONICE

COMO MI STASTUS ECONOMICO ME OBLIGA A HACER ECONOMIAS COMO AQUEL NONO DE UNA TELENOVELA BRASILERA, HE OPTADO POR NO COMPRAR MAS PAPEL SANITARIO Y ME LIMPIO EL “FORIFAI” CON PAPEL PERIODICO.

DE AHÍ QUE MIENTRAS ME OCUPO DE ESTA NECESIDAD FISIOLOGICA, ME VEO OBLIGADO PARA ENTRETENERME (PADEZCO DE ENTRENIMIENTO CONGENITO) A LEER LO QUE TENGO EN EL “GANCHO”.

HE AQUÍ LO QUE ENCONTRE EN EL CURSO DE ETICA Y SOCIEDAD DEL CURSO UNIVERSIDAD PARA TODOS EN SU PAGINA 14 (CITO TEXTUAL):

“Sistema de principios de la moral socialista cubana

Fidelidad a la causa socialista Intransigencia ante todo tipo de dominación extranjera, antimperialismo, colectivismo, actitud socialista ante el trabajo, humanismo socialista, internacionalismo proletario.

En este sentido la moral actúa como un factor de perfeccionamiento de la personalidad y del organismo social en el cual actúa el individuo, tendiendo hacia la búsqueda de las vías y métodos cada vez más efectivos de una participación democrática y de verdaderos sujetos del proceso histórico, con lo cual la ética de la Revolución con un sentido autocrítico y crítico, se renueva permanentemente y posibilita tener la flexibilidad que se requiere para afrontar las transformaciones necesarias que garanticen la viabilidad del proyecto y la obra social socialista de la Revolución, aún en las condiciones más difíciles”. (LOS SUBRAYADOS PARA DESTACAR IDEAS SON MIOS).

CABRIA PREGUNTARNOS, AMIGOS EN DEBATE, DONDE ESTAN LOS IDEOLOGOS DE NUESTRA REVOLUCION, POR QUE NO RESPONDEN CON HECHOS A ESTE DEBATE MULTITUDINARIO POR LA RED (¿SERA QUE SUS MECANISMOS DE INVESTIGACION CIENTIFICA SE ENCUENTRAN TAN DAÑADOS POR LA CAIDA DEL CAMPO SOCIALISTRA EUROPEO QUE YA NO TIENEN “PILAS” PARA “ESCUCHARNOS”?). PORQUE EVALUANDO LO QUE SE DICE AHÍ EN ESTE CURSO TAN PROMOVIDO A TODA HORA DEL DIA Y DE LA NOCHE POR LA TV CUBANA, ¿DÓNDE ESTAN LOS MECANISMOS PARTICIPATIVOS DEMOCRATICOS REALES PARA TODA LA POBLACION CUBANA TAL COMO DICE LA CONSTITUCION SOCIALISTA SIN EXCLUSION POR MOTIVOS DE RAZA, SEXO U ORIGEN NACIONAL? PORQUE SEGÚN NUESTRA LEY DE LEYES, “LA DISCRIMINACION POR MOTIVO DE RAZA, COLOR, SEXO U ORIGEN NACIONAL ESTA PROSCRITA Y ES SANCIONADA POR LAS LEY” (ARTICULO 41).

ME PREGUNTO DE NUEVO: ¿HABRA QUE CONDENAR A ESOS IDEOLOGOS A QUE SE LIMPIEN EL “FORIFAI” CON PAPEL PERIODICO PARA OBLIGARLOS A LEER LO QUE ELLOS PROCLAMAN EN SUS DISCURSOS Y SE HA VUELTO LETRA MUERTA EN LA VIDA PRACTICA?

PERO POR FAVOR: QUE NOS TRAIGAN UN ARGUMENTO MENOS GASTADO COMO ESE DE QUE PARA ESTO TENEMOS LAS ASAMBLEAS DE RENDICION DE CUENTAS DE LOS DELEGADOS DE CIRCUNSCRIPCIONES. QUE BIEN SABEMOS QUE ESOS POBRES SERES HUMANOS TIENEN MENOS AUTORIDAD QUE UN MOSQUITO ENCERRADO EN UNA CAJA DE ZAPATOS.

Francisco Cedrón Vallejo

Sent: Sunday, January 28, 2007 6:28 PM

Subject: Reflexiones

Hola Desiderio,

He estado dándole vueltas en la cabeza a estas reflexiones desde hace dos o tres días y decididamente quiero compartirlas con ustedes.

Un abrazo,

Belkis Vega

Reflexiones

Mirar al pasado desde el presente. Creo que éste ha sido un principio para la mayor parte de las y los cubanos que hemos venido participando en este debate.

Desde que recuerdo tener uso de razón he estado oyendo una misma frase paralizante repetida una y otra vez: “Este no es el momento; éste no es el lugar”…

Cuántos de nosotros, los que defendemos que ser revolucionario es ser transformador, inconforme, crítico, nos hemos también dejado postergar a la espera de ese momento y lugar que nunca llega. Y siempre por el supuestamente noble fin unificador pero también paralizante de no dar armas al enemigo; sin darnos cuenta de que el estaticismo paralizante es un arma bien eficiente.

Me ocurrió una vez más la pasada semana cuando traté -¿ingenuamente?- de llevar algunas de las preocupaciones que estamos intercambiando, al debate teórico que se estaba desarrollando en el Festival de la Televisión.

Sucedió que tampoco era ni el momento ni el lugar.

Creo que ya muchos no estamos dispuestos a esperar más. Pienso que hemos perdido muchas cosas en esta espera, la vida se nos ha ido en esta espera.

Recuerdo que durante los años más críticos del período especial un amigo me dijo que habría que preguntarle a cada cubano y cubana si quería continuar viviendo en Cuba y si la respuesta era afirmativa, entregarles directamente el carnet del partido. Me pareció una idea muy acertada.

Pienso que la mayor parte de los que seguimos aquí hemos probado y vuelto a probar que nos interesa el proyecto social de la Revolución, así, en su sentido más amplio; en tanto que proyecto humanista que pretende rescatar y defender la dignidad humana y desarrollar una sociedad que satisfaga las crecientes necesidades de sus hombres y mujeres. Esto parece elemental pero a much@s se les ha olvidado. Ni nuestra sociedad es perfecta ni tampoco ningun@ de nosotr@s lo somos. Es imprescindible hablar de errores, asumirlos, reflexionar sobre ellos y tratar de que no se repitan.

Siempre me he cuestionado quién o quiénes tienen el derecho a decidir que ellos son los garantes, los censores o los clasificadores de lo que es o no revolucionario.

Es muy sencillo buscar un diccionario y recordar cuál es la definición de revolucionario. Las ovejas no son revolucionarias. Hombres y mujeres con vocación de ovejas nunca hubieran asaltado el cuartel Moncada. Para proponerse esto, había que querer transformar el mundo. Era necesario soñar a lo grande para asaltar el cielo.

Leía el escrito de Colina y repasaba la lista que hace de los filmes cubanos no exhibidos en la TV. Recordaba también cuántos de los cineastas que comenzaron a dirigir en los Talleres de la Asociación Hermanos Saíz de los años 80 ya no están aquí. Y recordaba mis recientes noches en vela cuando trataba de encontrar una propuesta para que las obras analíticas, reflexivas y críticas de algunos de los jóvenes cineastas cubanos no se quedaran en el espacio de una muestra; para que estos jóvenes encuentren su espacio en nuestra Cuba

_la de todas y todos los cubanos- y no tengan que buscarlo en otras latitudes como tantas y tantos.

Me duele, me lacera, no entiendo las políticas excluyentes.

Conocer los errores, analizarlos, aprender de ellos. Estar inconformes, querer ser mejores, criticar lo mal hecho para enmendarlo, respetar y tener en cuenta las diferencias. ¿Suena algo de esto a “no revolucionario”?

Hace unos meses un canal de TV de Miami exhibió incompleto el documental “De buzos, leones y tanqueros” realizado por jóvenes cineastas cubanos que estudian en el ISA . Este documental había sido reconocido en algunos festivales en nuestro país y seleccionado por la crítica especializada entre los más significativos realizados en el 2005. El canal 41 de la TV de Miami hizo un debate manipulador del contenido del mismo. El director del documental escribió al canal manifestando que consideraba una violación de sus derechos  esta manipulación. Muchas personas en Cuba se enteraron por comentarios de esa  exhibición en Miami que existía ese documental y han tratado de verlo pero el documental no se exhibe públicamente, circula "underground". Algo similar ocurrió con el corto de ficción de Eduardo del Llano “Monte Rouge”. Y con otras obras; esto son sólo dos ejemplos.

Y siempre me pregunto si no es mucho más beneficioso  llevar estas obras a un debate público.  Exhibirlas en la TV, hacer un panel donde los creadores de las obras puedan debatir opiniones con periodistas y otras personas. En fin, ¿vamos a seguir prorrogando la polémica sobre nuestra realidad, la que vivimos cada día, a que nos llegue un momento justo y un lugar adecuado que no aparecen nunca?

Hay muchas obras que están hechas dentro de la revolución por artistas y escritores cubanos que están AQUÍ y que tienen todo el derecho a tener voz propia y a llamar la atención sobre aspectos de nuestra realidad a los que DEBE buscársele una solución.

Crítica, autocrítica; saltos de lo cuantitativo a lo cualitativo, unidad y lucha de contrarios, parecen ahora palabras y frases marcianas para muchos en nuestro país.

¿A dónde han ido los principios del materialismo dialéctico? El que ya ni siquiera nuestros jóvenes estudian.

Ni la caída del socialismo en Europa me ha hecho pensar que Marx se equivocó en sus formulaciones. La historia ha probado que es mucho más complejo aplicar el marxismo a la vida cotidiana que teorizarlo. Pero por curiosidad me gustaría mucho saber cuántas personas en nuestro país conocen hoy qué caracteriza a una sociedad como socialista.

Cualquiera de nosotr@s en cualquier momento puede exponerse a ser cuestionado como revolucionarios por algunos funcionarios que pretenden ostentar el derecho a catalogar lo revolucionario y lo no revolucionario y que confunden lo dogmático con lo revolucionario.

Para nadie es un secreto que todo esto genera autocensura y creo que todos y todas nos hemos autocensurado mucho. Hay batallas que hemos ganado cuando hemos defendido nuestras obras y nuestras posiciones de una manera valiente, enérgica y con argumentos sólidos. Los ejemplos que Colina expone referentes al filme "Alicia en el pueblo de maravillas" o la negativa de los cineastas del ICAIC a la decisión de ser unificados con el ICRT son una prueba de ello.

La polémica debe salir de nuestros correos electrónicos. Creo que es fundamental encontrar una vía para que se difundan estos debates y se abra la participación. Pienso que este análisis sobre el quinquenio gris que ha comenzado aquí y se profundizará con la conferencia de Ambrosio Fornet y el intercambio posterior nos debe servir de punto de partida para reapropiarnos de nuestra propia historia, ir hacia delante y encontrar muchos aquí y ahora donde los cubanos y cubanas logremos reflexionar sobre nuestra realidad para transformarla. 

Gentileza de Luis D. Gutiérrez Espinoza (Perú)

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