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De la Loba Romana al Águila estadounidense; Césares, conquistadores y la tragedia del poder en el siglo XXI Prof. Dr. Guillermo Cortés Lutz
Profesor
de Historia y Geografía
Quisiera comenzar con una pregunta: ¿qué ocurre cuando el poder político, encarnado en determinados liderazgos, vuelve a invocar, de manera vociferante, a Ares, dios de la guerra, como si la violencia fuese nuevamente el lenguaje y la respuesta del poder ante los problemas de nuestro mundo? Desde la amenaza contemporánea de Donald Trump de hacer desaparecer una civilización, podemos volver la mirada hacia la historia del mundo y encontrar una constante inquietante: la violencia, el militarismo, los imperialismos, los nacionalismos y las doctrinas de supremacía se han convertido, una y otra vez, en una maquinaria maligna capaz de producir devastación, miedo, horror y sufrimiento para la humanidad. ¿Cuántas veces la humanidad ha visto levantarse a los hijos de Ares en nombre del poder, de la conquista o de la grandeza de su nación? ¿Cuántas veces lo han hecho movidos por la codicia y por un desmesurado afán de controlar territorios, riquezas y pueblos, para terminar, dejando tras de sí muerte, destrucción y tragedia? Desde Darío I de Persia (c. 550–486 a. C.) y Jerjes I (c. 519–465 a. C.), reyes de Persia que intentaron someter al mundo griego, hasta Julio César (100–44 a. C.), que desafió las instituciones de la República; desde Trajano (53–117 d. C.), bajo cuyo gobierno Roma alcanzó su máxima extensión territorial, hasta Atila (c. 406–453), que desafió al Imperio romano; desde Gengis Kan (c. 1162–1227), que convirtió la conquista en un gigantesco sistema imperial, hasta Napoleón Bonaparte (1769–1821), que paradójicamente transformó la revolución francesa en imperio; y finalmente, Benito Mussolini, un dictador de opereta, pero un megalómano, admirador de la fuerza bruta, hasta Adolf Hitler (1889–1945), que convirtió la expansión territorial buscando su Lebensraum ( espacio vital del tercer Reich), el nacionalismo extremo y las doctrinas de supremacía racial en una maquinaria de guerra, persecución y exterminio, la historia está poblada de hombres que hicieron del poder militar un instrumento de expansión y dominación. Este largo camino del poder nos conduce por distintas formas de conquista y dominación. Julio César (100–44 a. C.) desafió las instituciones de la República y abrió el camino hacia una nueva concepción del poder político, el Imperio. Trajano (53–117 d. C.) llevó a Roma hasta su máxima extensión territorial, usando sus legiones y sometiendo territorios. Roma tránsito de la monarquía a la republica y de la república al impero, las legiones de la loba romana conquistaron a sangre y fuego parte de Europa, Asia y África, como no recordar que civilizaciones importantes como Cartago, fueron destruidas, sus mujeres y niños hechos esclavos, y sobre sus ruinas pasaron el arado y luego vertieron sal, para que nunca más renaciera en el 146 a.C. , o los 6.000 prisioneros derrotados de la rebelión de Espartaco que fueron crucificados a lo largo de la Vía Apia, desde Capua hasta Roma, en el 71 a.C. recordar las destrucciones de ; Numancia, Lusitania, Corintio, entre otros. La loba imperial romana era implacable y mortal. Atila (c. 406–453) encarnó la amenaza de los pueblos que desafiaron al Imperio, y usaron la guerra y la violencia, contra todo aquel que estaba al frente, donde pasaba Atila, no volvía a crecer el pasto. Gengis Kan (c. 1162–1227) convirtió la conquista en un gigantesco sistema imperial que se extendió por buena parte de Eurasia. Napoleón Bonaparte (1769–1821) transformó y deformó los ideales liberales de la Revolución Francesa en un proyecto imperial propio, y para ello llevó la guerra por Europa. El Fascismo de Benito Mussolini (1922), una doctrina totalitaria, autoritaria, y ultra nacionalista, que acepta el uso de la violencia y la exaltación de la fuerza. El Historiador Dr. José Luis Romero, la definió como antidemocrática y anti comunista. El fascismo fue apoyado por los terratenientes y clases más acomodados, su acción política agrego elementos que beneficiaron a las oligarquías en desmedro de los trabajadores. Ballús y Villacampa, escribieron en 1999, que el fascismo permitió que los empresarios mantuvieran sus beneficios a costa de los trabajadores. - Adolf Hitler (1889–1945), Doctrina totalitaria más extrema en cuanto a violencias qué el fascismo, y también más extrema en cuanto a los beneficios que podían obtener los grandes empresarios, los ejemplos son claros; Krupp — Acero y armamento, Thyssen — Siderurgia y carbón, IG Farben — Industria química, Siemens — Electricidad e ingeniería, Mercedes-Benz, BMW, Volkswagen, Opel y Porsche, — Automóviles y transportes. Incluso los empresarios de la moda como Hugo Boss, quien obtuvo los contratos para los uniformes de casi todas las tropas del ejército. Y por último añadió a todos los males anteriores, el racismo biológico radical y un antisemitismo central en su proyecto político. Hitler, finalmente, convirtió la expansión territorial, el nacionalismo extremo y las doctrinas de supremacía racial en una maquinaria de guerra, persecución y exterminio. Y después llegaron Hiroshima y Nagasaki, en 1945, cuando Estados Unidos alcanzó una capacidad de destrucción y de asesinatos desconocida hasta entonces. 140 mil personas, niños, mujeres, ancianos, mueren directamente en Hiroshima y 74 mil en Nagasaki, entre el 6 y el 9 de agosto. El águila calva entró como un rayo implacable y destructor en la era nuclear. Finalmente, llegamos al siglo XXI, a Donald Trump (1946– 2026), en un mundo que ya conoce las consecuencias de la guerra total y que posee armas capaces de poner en riesgo la supervivencia de millones de seres humanos. Y es precisamente aquí donde la historia parece devolvernos, inquietantemente, a algunas de las antiguas formas de entender el poder. Durante su segundo mandato, Trump ha formulado diversas amenazas y propuestas de carácter territorial y militar que han generado una fuerte controversia internacional. Ha planteado la incorporación de Canadá como el estado número 51 de Estados Unidos y ha insistido en la posibilidad de que Estados Unidos adquiera o controle Groenlandia, sin descartar inicialmente el uso de la fuerza. Realizó el secuestro del mandatario venezolano, dejando un reguero de muertes, violado todos los pactos civilizatorios del derecho internacional. En relación con Gaza, Trump propuso en febrero de 2025 que Estados Unidos asumiera el control del territorio y planteó su transformación, al mismo tiempo que habló del desplazamiento de la población palestina que allí reside. La propuesta provocó una amplia reacción internacional. Hoy en día las cifras oficiales entregadas por el ministerio de salud de Caza, calcula en aproximadamente 74.022 palestinos muertos y 175.980 heridos desde el inicio de la ofensiva israelí, el 7 de octubre de 2023. Pero es en relación con Irán donde la retórica de Trump ha adquirido una dimensión particularmente extrema. En abril de 2026, durante el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, Trump amenazó con destruir infraestructura iraní y llegó a advertir que “toda una civilización” moriría si sus exigencias no eran cumplidas. Horas después anunció un cese del fuego de dos semanas. Y nuevamente aquí las palabras estuvieron acompañadas por la fuerza militar. En 2026 se produjo una guerra directa entre Estados Unidos, Israel e Irán, con ataques estadounidenses e israelíes contra objetivos iraníes. Ya en junio de 2025, además, Israel había atacado instalaciones nucleares iraníes, incluida la planta subterránea de enriquecimiento de Natanz, según informó el Organismo Internacional de Energía Atómica. - Al mismo tiempo, la administración Trump ha mantenido un fuerte respaldo político y militar a Israel durante el conflicto de Gaza. Esta relación constituye uno de los elementos centrales de su política hacia Oriente Medio y ha sido objeto de un intenso debate internacional. En América Latina, la concepción del poder estadounidense también ha adquirido una dimensión particularmente peligrosa. Comenzando por la intervención en los procesos eleccionarios, la ya mencionada acción de Venezuela, y la prepotente declaración de invasión a Cuba, al respecto hay que recordar que USA, ha mantenido un bloqueó inhumano a la isla. La administración Trump ha reivindicado una mayor primacía de Estados Unidos en el hemisferio occidental y ha recuperado explícitamente elementos de la tradición de la Doctrina Monroe; “América para los estadounidenses “. En septiembre de 2026, Trump habló ante la Asamblea General de Naciones Unidas de recuperar la influencia estadounidense en el hemisferio y presentó una política belicista que algunos medios han denominado “Donroe Doctrine”, en referencia a la Doctrina Monroe, de carácter supremacista; América, para los estadounidenses. Evidentemente no tratamos de afirmar que estos hombres sean iguales. Se trata de seguir una pregunta que atraviesa los siglos: ¿Hasta dónde puede llegar el poder cuando la fuerza deja de estar contenida por la razón, las instituciones y la conciencia humana? Hoy, en pleno siglo XXI, el águila estadounidense vuelve a aparecer en nuestro horizonte histórico. Y nos preguntamos: ¿Estamos ante una nueva expresión de aquella antigua lógica del poder militar e imperial? ¿Las instituciones contemporáneas serán capaces de contenerla? ¿Los pueblos del mundo podrán mantenerse dignos y defender su soberanía y libertad? En un mundo desgarrado por conflictos, donde los poderosos pretenden, una y otra vez, sojuzgar a los más pequeños, la humanidad no puede resignarse a contemplar nuevamente el triunfo de la fuerza sobre la razón. Para preservar la libertad, la equidad, la democracia y la fraternidad entre los pueblos, necesitamos herramientas capaces de contener a los nuevos hijos de Ares. Y la primera de ellas, sin duda, es la educación. Pero no basta con enseñar conocimientos. Necesitamos también una verdadera educación política y ciudadana: enseñar a comprender la democracia, a defenderla, a ejercerla y, sobre todo, a vivirla. Porque la democracia no puede reducirse a depositar un voto cada cierto número de años. Debe convertirse en una forma de convivencia, en una cultura de respeto, justicia, libertad y progreso compartido. Segundo, sin duda es el fortalecimiento de una buena democracia, con participación real de las personas y comunidades, como también la mantención y profundización del multilateralismo, la cooperación entre naciones. Tercero; debemos detener esta locura de un crecimiento sin límites que consume la Tierra, contamina los cielos, enferma los mares, destruye los bosques y amenaza la extraordinaria diversidad de la vida. Ningún imperio, ninguna potencia y ningún proyecto económico pueden tener como precio la destrucción del planeta que habitamos. Cuarto; tampoco habrá verdadera democracia mientras la riqueza y las oportunidades permanezcan concentradas en unas pocas manos. Necesitamos construir una economía del bienestar, una economía al servicio del ser humano y no un ser humano arrodillado ante la economía. Una economía capaz de generar riqueza, pero también de distribuir con mayor justicia sus frutos; que permita que las naciones pequeñas defiendan su soberanía y que ningún pueblo tenga que inclinarse ante el poder de las grandes corporaciones, de las transnacionales o del capital. Porque la historia nos ha enseñado, una y otra vez, que cuando la desigualdad se vuelve insoportable, cuando la dignidad es reemplazada por la subordinación y cuando el miedo ocupa el lugar de la esperanza, los hijos de Ares encuentran nuevamente un terreno fértil para crecer y atacar a la humanidad. |
Prof. Dr. Guillermo Cortés Lutz
Profesor de
Historia y Geografía
Doctor en Historia / Post Doctorado en Estudios Iberoamericanos
Director Revista de Historia de Atacama
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