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Miércoles, 26 de marzo de 2014

Teatro › Hoy se celebra el Día Mundial del Teatro

Una mística que traspasa fronteras

El Teatro Nacional Cervantes será escenario de los festejos a partir de las 20. Con entrada gratuita, el público podrá ver fragmentos de algunas puestas recientes: Tierra del Fuego, Manzi, la vida en orsai, Para mí sos hermosa y Venimos de muy lejos.

 Por Hilda Cabrera

 

Francisco Javier, personalidad histórica de la sede argentina del Instituto Internacional del Teatro.
Imagen: Pablo Piovano

Al director, profesor, traductor e investigador Francisco Javier le atraen las expresiones artísticas que transparentan una atmósfera de “libertad sin límites”, sea una puesta o un texto, una actuación, un espacio escénico o una celebración, como la que ha ideado para el siempre renovado festejo del Día Mundial del Teatro que tendrá lugar hoy, a las 20, en la Sala María Guerrero del Teatro Nacional Cervantes, con entrada gratuita. Una fiesta que año a año organizan las sedes del Instituto Internacional del Teatro (fundado en el seno de la Unesco e inaugurado en 1948, durante el primer Congreso Mundial en Praga), del cual Argentina es socia desde 1958. A esa iniciativa prestigiada por los entonces hacedores de la escena local, Javier ha dedicado talento y representatividad en los cargos que le tocó ocupar, incluso en circunstancias sociales y económicas difíciles y etapas en las que, como hoy, debe superar problemas de salud. Entrevistado en la casa de su sobrina, la médica pediatra Graciela Lurati, agradece la “existencia del teatro” que lo invita a plantearse “cómo seguir” y la colaboración “excepcional” –dice– recibida para este festejo de la periodista e investigadora Ana Seoane, del coordinador Damián Rovner y el escenógrafo Carlos Di Pasquo.

“Lo difícil de estas celebraciones en las que se muestran obras es adaptar en tiempo y forma las distintas escenas de los elencos que participan y hallar un hilo conductor.” Para esta fecha se tomaron fragmentos de algunas puestas recientes: Tierra del Fuego, de Mario Diament; Manzi, la vida en orsai, de Betty Gambartes, Diego Vila y Bernardo Carey; Para mí sos hermosa, de Paula Ransenberg, y Venimos de muy lejos, por el Grupo Catalinas Sur. Javier menciona estos títulos y se le ilumina el rostro, tal vez porque redescubrió en estos trabajos el anhelo de libertad creativa que a él lo sostiene: “Quiero una velada alegre, porque es importante celebrar el trabajo y comprobar que los teatros siguen funcionando, proponen ámbitos poéticos y atraen espectadores. Quiero agradecer también a Tony Lestingi y Claudio Gallardou (actor y subdirector del TNC) que acompañarán al público hasta la sala, creando un clima de júbilo”, puntualiza este director y régisseur premiado, con formación teatral en la Sorbonne de París y profesor en el Instituto de Artes del Espectáculo de la Facultad de Filosofía de la UBA. Adaptador y traductor del francés de numerosas obras, incluidas las de autores franceses contemporáneos, ha dirigido, entre otras piezas, Dibujo sobre un vidrio empañado y Sangre huesos piel alma (presentada en un ciclo de Teatro por la Identidad), de Pedro Sedlinsky; Novecento, de Alessandro Baricco; Cuestión de estilo, sobre textos del uruguayo Carlos Liscano; El otro y su sombra, de Eduardo Rovner, y Asesino sin salario, del rumano-francés Eugéne Ionesco. Entre los trabajos más cercanos se encuentran El especulador, de Honoré de Balzac; Sol de noche, de Cristina Escofet; y las traducciones de Final de partida, de Samuel Beckett, que interpretó y dirigió Alfredo Alcón; y Los justos, de Albert Camus, una puesta de Agustín Alezzo.

–El programa incorpora dos mensajes, uno nacional y otro internacional. ¿Cuál es el significado de este rito? El primero internacional fue en 1962, escrito por Jean Cocteau; en 2013, el autor fue Dario Fo, y este año el sudafricano Brett Bailey.

–Esos dos mensajes o lecturas prueban que, a la distancia y en contextos sociales y geográficos muy distintos, todos estamos en el mismo festejo.

–¿Qué países tienen mayor peso dentro del ITI?

–En este momento, integran el Instituto 96 países, y está muy volcado hacia las zonas que, desde un punto de vista europeo, denominamos Extremo Oriente. El año pasado el congreso se hizo en Beijing, adonde no pude ir. El pasaje es muy caro, pero nos representó Beatriz Durante, que es la delegada de Danza del Centro Argentino del ITI. A China fueron 300 delegados. Acá no podríamos pensar en un congreso. El gasto en alojamiento es enorme. Hace años, el músico y compositor José Luis Castiñeira de Dios me preguntó si podíamos proponer a la Argentina como candidata. Algo hablamos, pero el gasto era millonario, y ahí quedó. En un congreso anterior en España surgieron problemas. Una pena, porque la funcionaria que lo había organizado es una luchadora. En el encuentro de Manila, Filipinas, al que sí asistí, un delegado de los Emiratos Arabes, en plena discusión por los dineros –que nadie tiene, tampoco el ITI y la Unesco–, se adelantó para decir que los Emiratos ofrecían poner un billón de dólares a nombre del ITI para que durante un año el ITI gozara de las comisiones. En los últimos tiempos, algunos Estados asiáticos y africanos adquirieron peso dentro del Instituto mientras los europeos pasaron a otro plano. Recuerdo que, en el 2000, Francia organizó el congreso en Marsella. Fue maravilloso, pero se gastó una enormidad y el centro francés perdió fuerza.

–¿Aún siendo uno de los países pioneros?

–Sí, aunque antes de la inauguración de 1948, las personalidades que apoyaron la creación del ITI provenían de distintos países. El inglés Julián Huxley, biólogo y filósofo, hermano mayor del escritor Aldous Huxley, fue uno de ellos. Huxley, que participó en la creación de la Unesco, creía que las dificultades políticas podían ser superadas a través de la actividad cultural. Y así lo creíamos también acá, cuando en 1958 se hicieron las primeras reuniones del Centro. Teníamos a Saulo Benavente, Edmundo Guibourg y Alfredo de la Guardia integrando cargos centrales en el primer comité ejecutivo. Otro gran colaborador fue el director Orestes Caviglia. La historia del ITI y la de nuestro Centro son fascinantes.

–¿Cómo se financia el Centro?

–Nuestro único subsidio proviene del Fondo Nacional de las Artes, que nos paga la cuota ante la Unesco, porque en la estructura, el ITI es semejante a un club. No tenemos otra ayuda institucional. En 2008 estuve muy mal, pero el hecho de que no quedara memoria de todo esto me llevó a financiar la publicación de la historia del Centro. Propuse la edición a Damián Rovner y reuní el material. Los gastos los pagué yo, íntegramente, y estoy feliz. ¡Qué mejor inversión que dejar memoria de tanto esfuerzo! Ahora me toca superar esta convalecencia, asumir que debo utilizar la silla de ruedas, porque no tengo fuerzas para caminar. Me han afectado tanto la muerte de Alberto Segado, la de Elena Tasisto... Ella, ¡tan frágil! Estuvimos muy cerca, trabajando en la obra de Balzac. Elena era una persona y una artista extraordinarias. Yo no estaba bien en los ensayos y ella me animaba y protegía.

–¿Y qué le pasa con su fragilidad? ¿Se atreve a proyectar?

–Le propuse una obra al director Alberto Ligaluppi (del CTBA), Amadeo, o cómo quitárnoslo de encima, de Ionesco, que estrené en 1961. Pienso que puede interesar. Mi idea es reeditar la escenografía que entonces creó Saulo Benavente. Sin duda, extraordinaria. Amadeo... requiere la puesta de una gran maquinaria teatral. Eso es lo que propuso Ionesco, pero en los ’60 yo estaba en las filas del teatro independiente y sin ningún dinero. Entonces Saulo resolvió el problema de manera ingeniosa y artesanal y el público nos acompañó. Hice también una propuesta a las autoridades del Teatro Cervantes. Me gustaría llevar a escena ¡Despertate Cipriano!, de Defilippis Novoa. Para mí, una obra originalísima y única en la literatura dramática argentina. Como ves, sigo hallando fuerzas en proyectos lejanos. En 2012, Sol de noche pudo parecer un proyecto imposible; sin embargo, se estrenó y esta temporada sigue en gira con Ingrid Pelicori y Rita Terranova. La propuse con Di Pasquo, porque me encantó la escenografía que había presentado en la instalación Escenas iluminadas de la memoria, que dirigió Javier Margulis en coordinación con el escenógrafo Marcelo Valiente (en el CCM Haroldo Conti). Entonces me dije, ése es el espacio escénico de Sol..., obra de Cristina Escofet. Ya ves, como decimos vulgarmente, me doy manija con proyectos locos. No hay otra.

 

Por Hilda Cabrera
Diario Página12 (Argentina)
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/10-31704-2014-03-26.html

Miércoles, 26 de marzo de 2014
Autorizado por la autora

 

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