Enrique Amorim

(1900 - 1960)

por Miguel Ángel Asturias

No por esperada —adolecía de un mal incurable, el corazón- la muerte de Enrique Amorim nos conmueve menos. La noticia sacudió nuestro espíritu con una ráfaga helada.

EVOCARLO, es pensar en una personalidad, en un temperamento vigoroso, extraordinario. Sin intentar aquí un análisis de su obra, de su narrativa, de su poesía, de sus escritos políticos, hay que reconocer que Enrique Amorim dejó atrás el criollismo rioplatense tan del gusto de ciertos escritores, y sumó en sus libros las positivas cantidades de la naturaleza ambiente de su sensibilidad para captarla, y captar, como parte de esa misma naturaleza, las individualidades que circulan en El caballo y su sombra o en El paisano Aguilar, o La carreta.

De estas primeras obras realistas, dando a este término el sentido de su proyección en la nueva concepción de la novelística americana, arranca para el autor de La Luna se hizo con agua, Nueve lunas sobre Neuquén, Feria de farsantes, La victoria no viene sola, el concepto, que con el tiempo ha de irse depurando, de una novela en la que se mezclen lo doctrinario con el argumento, la política con el dinamismo literario, y si bien en estas obras citadas no logra su finalidad, su técnica alcanza una verdadera cima en El asesino desvelado y en el cuento poemático Los pájaros y los hombres. Y es que en Amorim, en la confluencia de su espíritu, más que las ideas políticas de hombre de poco de campesino, que en él se escondía.

Y para probarlo, bastaba verle, como le vimos varias veces nosotros, en las grandes urbes europeas o en Buenos Aires, donde parecía estar siempre de paso, como el paisano que llega de compras y ha de volver a sus campos lo antes posible.

Amorim no volvió a Buenos Aires: en la época de Perón alguna vez la policía pretendió detenerlo al bajar del avión, y lo detuvo, y esto bastó para que jamás intentara retornar, no obstante el entusiasmo que le despertaba esta gran capital y el gusto que sentía por charlar con los amigos que aquí le admirábamos y queríamos. Gran conversador, no sólo personalmente sino a través de sus cartas, consideramos que entre los escritores americanos, pocos hay que hayan escrito tantas epístolas de toda clase, y es indudable que muchas de ellas formarán en el futuro un interesante breviario, ya que no empleaba la misiva por escribir, sino por comunicar ideas, proyectos, por saludar generosamente a los escritores noveles, recordar a los viejos amigos y mantener, desde Las nubes —su valiosa estancia en Salto—, una actividad no menos encomiable y huérfana, por decir así, ya que los que escriben cartas experimentan la orfandad de la no respuesta, dado que los escritores hispanoparlantes son sumamente perezosos y jamás contestan una carta.

En sus últimas obras, Corral abierto (1956) Los montaraces (1957) y La desembocadura (1958), Enrique Amorim retoma el pulso de su narrativa en ese punto en que ya la novela no es autobiografía, sino que pasa al estado de creación anímica, en que la realidad y la fabulación cumplen sus fines en forma libre, es decir como elementos que se mezclan, realidad y ficción, para producir la obra que no necesita de los estabilizadores biográficos.

Otro aspecto a señalar de esta personalidad uruguaya es su manera campechana, que siempre conservó. Traducido a muchos idiomas, halagado por sus connacionales, leído en Buenos Aires con la devoción con que se lee a Mallea, a Borges, que son un poco gente de su generación, jamás se almidonó ni de cuello ni de alma, y fue siempre el adolescente, el muchachón alegre, alto, de hermosa figura, con el pelo entrecano y la mano siempre presta a estrechar la del amigo o al servicio que se le demandaba. En Las nubes muchos escritores pasaron al lado suyo temporadas de paz, de alegría, de convivio literario. Todo esto, hay que recordarlo, en forma fragmentaria, ahora que ha dejado de latir su corazón. Tiempo habrá para releer su obra, aquilatar su valor, determinar sus proyecciones, pero desde ya podemos afirmar que Enrique Amorim tendrá un lugar destacado en la narrativa rioplatense, es decir de ambas orillas, de Uruguay y Argentina y, por, ende, en la novelística de América.

 

por Miguel Ángel Asturias
 

Publicado, originalmente, en: Ficción. Revista-Libro Bimestral Núm.  28 Noviembre-diciembre de 1960

Ficción se editó entre 1956 y 1971 - Lugar de edición: Ciudad de Buenos Aires

Link del texto: https://ahira.com.ar/ejemplares/ficcion-no-28/

Gentileza de Ahira. Archivo Histórico de Revistas Argentinas que es un proyecto que agrupa a investigadores de letras, historia y ciencias de la comunicación,

que estudia la historia de las revistas argentinas en el siglo veinte.

 

Ver, además:

 

                     Enrique Amorim en Letras Uruguay

 

                                                       Miguel Ángel Asturias en Letras Uruguay

 

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