La danza nupcial

poema de Raúl Gustavo Aguirre

Yo hacía las señales de vida. Tal era el oficio de mis antepasados.
Y aunque reducida a un arbitrario recinto, en la edad de la gran muralla universal, esa disidencia me era, entonces, posible.
No podía ocultarla por entero. Y así, me delataba mi pavor ante los cirujanos y mi rostro ambiguo ante otras gentes solícitos y ante otras gentes encadenadas.
Y así mi desvarío ante los grandes agujeros de la tierra a cuyo borde se me obligaba o hablar con corrección, y ante esas piedras vivientes cuyos extraños colores variaban, de las que debía dar, más tarde, testimonio ante jueces sin imaginación. (Y en mi lengua no había más que adjetivos desesperantes.)
Y yo seguía procurando ser fiel a los Textos, y los escrituras habían sido borrados.
Pero aquellos que hablaban del poema no me habían engañado

Ni aún aquéllos que fueron a Tanagra a aprender la mimesis del poema
Ni el alquimista diestro en las fosforescencias y en los miasmas
Ni el comensal que odiaba el fuego, el agua, el pan, la vida de los otros
Ni aquellos comediantes al servicio de las lenguas forenses
Ni los consignatarios de la gloria pedigüeños de gloria apestados de gloria me habían engañado
¡Los yacimientos eran fuertes, más abajo eran fuertes! ¡Oh laberinto mi mansión!


Heraldo de los dioses, tergiversando el habla de los dioses, desmintiendo a los dioses.
(Cristina abre los brazos y es la tristeza del infolio que cae.) ¡La fábula, la fábula! Debo volver a comenzar.


Busco a los hombres cuya cabezo haya rodado alguna vez por los espacios siderales.
Ellos se me unirán en la época de la interdicción divina.
Nuestra conversación será el único oasis en el interregno.
Como quien cambia de cabeza cambiaremos ideas absolutamente contrarías.


"Yo sé que las riberas del alba están siempre dispuestas a recibirnos Yo sé que los lenguajes progresarán
Y que en cualquier lugar del cielo y de la tierra de relámpago a hombre sigue la rebelión
Yo sé que el deshielo de la vida continuará
También la estirpe de los Silenciosos, los autores de grandes piedras talladas en desiertos considerables y en edades azoicas, también ella, y la de los grandes árboles y la de los grandes vientos, también ella continuará.
Yo festejo el incesante restablecimiento de los circuitos, la vuelta de los lluvias libres, el eterno retorno de los fastos. Festejo el buen humor del espíritu celeste, la adolescencia del incendio en extrañas galaxias, precursoras de la fraternidad.
Yo festejo y no traigo ninguna solución".

Así hablaba Caupolicán en la séptima luna de su danza con el madero implacable.

 

poema de Raúl Gustavo Aguirre
 

Publicado, originalmente, en: Poesía Buenos Aires Tomo I (1950-1955) Edición facsimilar Número 13-14. Primavera de 1953 - verano de 1954

Link del texto: https://www.bn.gov.ar/micrositios/admin_assets/issues/files/b4209ab22854a60118b62153fe2cad4d.pdf

Poesía Buenos Aires Edición facsimilar editada por Biblioteca Nacional Mariano Moreno de la República Argentina a la cual agradece Letras Uruguay

 

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                Raúl Gustavo Aguirre en Letras Uruguay

 

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