No llores vanamente tu fortuna

No llores vanamente fortuna*.
Las escaleras turbias
suben a la esperanza del amor.
descienden a raudales de soledad.
miseria, a esa sombra
en la que viejo, te gustará sentarte,
graduándola:
          entreabrir un postigo,
apagar o encender una vela,
         otra vela,
para alumbrar la seda de una frente,
el cigarrillo consumido a medias,
epílogos, epílogos.
No entiendes
esas grandes cosas inmóviles, egipcias,
y prefieres vivir sobre un burdel,
cerca la iglesia, el hospital.
También tu voz bajó por escaleras,
llegó a la sombra, al cáncer,
durante el largo viaje tuyo a Itaca,
a nosotros, el milagro sencillo:
          eres
el derrotado, el triste, el solo
—no importa de qué tribu—
que trueca el duelo en canto.

Ida Vitale
Sueños de la constancia
El País Cultural Nº 209
5 de noviembre de 1993

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