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Prólogo de "Sonetos de las agonías y los éxtasis", de Carlos Sabat Ercasty

Arturo Sergio Visca

 
 

Cuando hace exactamente sesenta años apareció el primer libro de poemas de Carlos Sabat Ercasty, "Pantheos" (O.M.Bertani, Editor, Montevideo, 1917), una voz nueva, con plenitud de tonalidades originales y pujantes de vida hecha poesía y de poesía estremecida de vida, resonó en el ámbito de la lírica uruguaya. El libro, además, se constituyó en un hito fundamental en el proceso histórico de esa literatura, porque con él, el territorio lírico de la misma (donde aún eran perceptibles destellos agonizantes del modernismo, como, por ejemplo, los dos libros iniciales de Fernán Silva Valdés, "Ánforas de Barro, 1913, y "Humo de incienso, 1917) comenzó un sustancial vuelco en sus rumbos y, desentendiéndose definitivamente del ya periclitado modernismo, se abrió camino hacia nuevas maneras que se manifiestan esplendorosamente, y con muy diversas modulaciones, en el movimiento poético uruguayo de la década del veinte, pródiga de valores de primera fila. De este modo, pues, "Pantheos" tiene, en nuestras letras una doble significación: es el momento de apertura de un orbe poético que siguió creciendo impetuosamente y es el comienzo de un período en el cual la poesía uruguaya asume una fundamental actitud renovadora.

El título mismo del libro, "Pantheos", era ya una explícita declaración de los rumbos líricos por los que el poeta transitaba y por los cuales, con voz cada vez más ahondada, continuó transitando. Pan, el Todo, es Theos, la Divinidad o Dios. Y el Poeta, parte de ese Todo-Dios, es, por consiguiente, un endiosado que canta con la plenitud de voz que proviene de ese endiosamiento ( o lo que es lo mismo etimológicamente: entusiasmo) cuya raíz se halla en la vivencia de la panteísta comunión con todo lo existente. Ese endiosamiento o entusiasmo pone, asimismo, su aliento poderoso en el segundo volumen del poeta, "Poemas del hombre" (Talleres de la Escuela Industrial No.1, Montevideo, 1921), dividido en tres libros ( de la voluntad, del corazón, del tiempo) que revelan que el creador ha alcanzado ya el dominio pleno de su instrumento lírico, porque la amplitud del canto no inhibe la tensa concentración de la sustancia verbal. En estos poemas, además, es evidente que el entusiasmo panteísta ha encontrado un centro, el Hombre, de donde parten y a la vez confluyen todos los motivos de la inspiración. El Hombre es ahora el centro (¿o el vértice?) del Todo-Dios. En "Poemas del hombre" se hace bien ostensible, según creo, el núcleo generador de todo ese vasto mundo poético, donde resuena un acento humanamente profético, elaborado por Carlos Sabat Ercasty. Ese núcleo se halla en la inmersión en la conciencia de lo humano sentida como conciencia del mundo para construir, desde el misterio del mundo y los estremecimientos de angustia de lo humano, en un acto de endiosamiento o entusiasmo poético, una figuración visionaria afirmativa del mundo y su belleza y de la suprema dignidad de lo humano. Esa imagen visionaria, que se inicia en este libro, se despliega después a través de una obra --verso y prosa--muy vasta, aún sin tomar en cuenta los volúmenes inéditos que, por generosa donación del poeta, se custodian en el Departamento de Investigaciones de la Biblioteca Nacional. Agréguese para aquilatar la estupenda fecundidad de la vida intelectual de Carlos Sabat Ercasty su labor docente, fundamental en la historia de la enseñanza de Literatura en el país.

La Academia Nacional de Letras, de la que fue Presidente, se honra al publicar este libro como homenaje al poeta al cumplir sus noventa años.

Estos sonetos, escritos en el curso del pasado año, evidencian que el caudal poético de Carlos Sabat Ercasty mantiene indemne su pujanza. Como la mantiene el poeta mismo en su vida personal. A mediados de este año, en visita decidida en una sesión de la Corporación, un grupo de académicos lo entrevistó en su casa, donde mantuvieron una larga conversación con él y con su esposa, Violeta G. Tubino. El pequeño apartamento ( donde el escritor vive estos años de su ancianidad con una austeridad admirable, natural y sabiamente aceptada) es un pequeño museo, pero no de objetos que impresionen como vestigios muertos del pasado sino como presencias vivas reveladoras de una existencia ya incorporada definitivamente a los momentos estelares de la historia cultural del país. Libros, cuadros, dibujos realizados por el poeta mismo: todo es expresivo de una intimidad rica y profunda. En silencio respetuoso, hecho de afecto y de admiración, lo escuchamos. El escritor rememoró sucesos de su vida, recordó algunos de sus poemas y las circunstancias en que fueron creados, expuso ideas estéticas y filosóficas, se refirió a su visión de la vida y de la muerte, habló sobre las preocupaciones espirituales que actualmente lo absorben y ensimisman. Su palabra fluida y su voz sonora hicieron sentir cómo mantiene lúcidamente vivo el vigor de su inteligencia y de su sensibilidad. Inteligencia y sensibilidad que tienen sus raíces en una concepción ético-religiosa de la vida y que --y de ahí lo admirable de su personalidad -- no es una mera formulación verbal o teórica sino identidad profunda de vida, sensibilidad y pensamiento. Fueron sus palabras una ejemplar lección de interior frescura y juventud proveniente de un hombre que entra ahora en la décima década de su vida. Llegue a Carlos Sabat Ercasty, para cerrar estas palabras que sólo quieren ser cálido homenaje, la expresión no sólo de nuestra admiración sino también de nuestra gratitud por lo que su vida y su obra tienen de ejemplarmente aleccionante.

Arturo Sergio Visca
Sonetos de las agonías y los éxtasis
Academia Nacional de Letras
Montevideo 1977

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