Un recuerdo para el gran escultor Nerses Ounanián

por Eduardo Vernazza

Diario El Día (Montevideo)

Nerses Ounanián fue un joven escultor nacido en la Isla de Samos, Grecia, el 1º de agosto de 1920. Falleció el 18 de diciembre de 1957, en Montevideo.

Nuevamente la edad fatídica, que parece contar con el privilegio de la muerte en muchos de los más grandes artistas, se ensañó sorpresivamente con ese espíritu innovador, que comprendió total y fehacientemente en donde radicaba la verdadera esencia del arte moderno.

Figura quo sugiere aspectos de volumen y luz dentro de las formas densas y profundas, depuradas por dinámicos contornos en curvas que cortan aristas definidas en el plano geométrico

Supo del equilibrio cuando todo giraba desbordado a su alrededor. Y cinceló las más injertadas fórmulas de profundo arraigo decorativo, con las densas formas que culminaron en el reconocimiento tácito de su depurado arte.

El mismo año de su desaparición ganó el primer premio en el Salón Nacional, con una escultura, y participó en la Bienal de San Pablo.

Parecería que la fruición asimilable de sus conceptos buscaron la traducción en un trabajo dinámico, arduo, sospechado del poco tiempo que la vida le deparaba para crear.

Una fuente de imágenes

Sus dibujos se caracterizan por una lluvia de tramos cortos que siguen la idea, envolviendo en curvas dinámicas la gracia de un tema que siempre posee en lo mitológico, una base para desarrollar luego la rica sustancia que la inventiva protagoniza con nuevos aportes gráficos.

La estilización del dibujo acuerda una fina vigencia a sus contornos. La desproporción que pueda suponer este hecho, concretado en tal tesitura, está ligado a un concepto moderno y creativo en función del motivo.

Nunca sujeto a un diseño cerrado, sino que la estilización abre las puertas hacia la fantasía. La frondosa imaginación de Ounanián prevalece sobre los perjuicios que pueda suponer tal hecho de depurar sus personajes, los que anima en composiciones de un ritmo que conjuga, debido a tal alargamiento, la verdadera iniciación armoniosa de todos los elementos que participan.

Cierto que en algunos trabajos alternan el estilizaste y las figuras dentro de su clásica proporción.

Decíamos hace años de su evolución hacia las formas modernas: “Es de los pocos escultores nacionales que toman una posición franca y evolutiva con la moderación que da la seguridad de estar en el camino de nuevas normas a recorrer; no con la superficial ligereza de algo que luego se dejará por una moda que cambiará, sino con la certeza de que se realiza labor definitiva, aunque sugiera esto ser ejemplo de una época o un período. Siempre que ello sucede así, la obra mantiene una sobria y seria riqueza plástica; una sincera hermandad con el material que utiliza y el vuelo necesario para elevarse a la altura en que la imaginación y fantasía del artista puedan con su esfuerzo técnico”.

El tiempo ha dado razón a sus condiciones, que atesoraban ya en aquel momento las virtudes plásticas accesibles a la nueva escultura que él entendió en sus facetas más sobrias y definidas.

Su cálida elocuencia, aún en la más fina estatuaria, vivifican en el modelado una búsqueda insaciable del plano amplio y rector.

Luego el detalle decorativo anima como floreciendo en un desierto, con distintas aportaciones da signos o festones de calidad en la zona neutra.

No renegó de la figura. Su abstracción se manifestó en el juego sutil de la depuración. De esta agotadora labor, que poco a poco va dejando sin representación a la naturaleza común, a la objetiva, y que va penetrando con nitidez en el punto clave de su perfección.

En su sensibilidad no había complejidades. Los más intrincados problemas sabía cómo resolverlos en la lícita solución escultórica. Siempre sus dibujes tuvieron conexión con el modelado.

Experimentó en la abstracción y en las formas naturales.

Supo ejecutar un desnudo y un modelarlo en su función de estudio objetivo. De allí que su evolución sea con conocimiento de causa, y no improvisada. Sus obras tienen, siempre, un porqué.

A veces, con aristas poéticas , otras, con sabor a cuentos y narrativas, también con seres que existen en m memoria, o los ve vivir a través de sus sueños

“Raíces en el tiempo”; "Oración al amigo distante”; “Memoria de los días”; “Transfiguraciones en el mar"; “Soledad en el llanto”; “La comunión de las olas”; “Compañera del coral y de los peces”; y “El amigo perdido”, compaginan una serie de compulsiva fuerza conmovedora.

Fue la suya una acción unida, armónica. Todo esto se ve ahora con más claridad.

Cuando ya el escultor deja para el recuerdo y la Historia la potente realidad de su hacer.

Una de las depuradas esculturas de Ounanián. Los planos severos al tiempo que luciendo el adorno de algunos detalles, florecen en la interpretación de este artista moderno.

por Eduardo Vernazza
Diario El Día (Montevideo, Uruguay)
5 de julio de 1976

 

Nota del editor de Letras Uruguay:

El texto, y las imágenes, fueron escaneados, del recorte en papel diario, de la edición del diario "El Día", de 5 de julio de 1976.

 

Ver, además:

  Después de un largo silencio .. Nerses Ounanian, ensayo de W. E. Laroche (Uruguay)

 

Ver el blog

Catálogo pinturas y dibujos del artista de Uruguay Eduardo Vernazza por el cineasta Dennis Doty (Irlanda/Estados Unidos)

 

Ver Dennis David Doty en Letras Uruguay

 

Ver Eduardo Vernazza en Letras Uruguay

 

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