Un recuerdo para Chagall

El pintor que ubicó la figura en el espacio

por Eduardo Vernazza

Diario El Día (Montevideo)

“Yo y la aldea” Marc Chagall Óleo sobre tela, 1911

La muerte de Chagall dejó al mundo vacío de la fuerte poesía que aun a avanzada edad, seguía con intensa vitalidad. Fue uno de los últimos grandes que quedan representando una época única.

Porque pasó un momento del universo en que las artes plásticas sufrieron la inesperada como evolutiva búsqueda en movimientos y ligazones de uno a otro sector así como reacciones referentes a las propias concepciones.

Chagall, aunque pintó algunas primeras “cosas” que ya forjaban su personalidad, justificó totalmente ésta, cuando entró a discernir entre el expresionismo y el surrealismo simbólico.

Es indudablemente dentro de tal tendencia que creemos ubicarle a través de una copiosa como invariable constancia hacia ella.

Pintó, a una edad ya avanzada, nada menos que la cúpula del Teatro de la Opera de París. Esta sería una de sus grandiosas obras póstumas. Por lo que tiene de contacto con el alma grande del artista. Con el dinamismo constante hacia su sensible realización y la no menos rica vivencia cromática que volcaba en sus lienzos una casi ingenua poesía que en parte él aprovechó sustancialmente la riqueza imaginativa que el surrealismo le dotara.

Fue Chagall uno de los elegidos de la era moderna en cuanto a ofrecer al mundo una pintura inédita. Sin que pudiera siquiera ser imitada. Quienes optaron por ello no salieron —por más oficio que tuvieran— liberados...

Su caudal de fantasía traspasaba la lógica. Como todo ser que se remonta dentro de tal tesitura, el espíritu podía más que todo en cuanto a seguir una ruta marcada, o mejor, haciendo caso de proclamas como lo exigía Bretón y sus compañeros.

Chagall fue él. únicamente él quien lograra lo insólito de representar la figuración en el espacio. No quedaba en el ridículo... En aquel tiempo de auge de teorías, de modismos, Chagall salió con el suyo. Pero ello no era algo pasajero. Sino una pintura enteramente concreta. Su estilo, su permanente juego del color vivo, audaz, temerario, surgió como una romántica serenata plástica.

El gallo, 1928 Marc Chagall Óleo sobre lienzo. 81 x 65,5 cm Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid

Los novios de la Torre Eiffel, Marc Chagall (1910)

“Los Novios”, un tema por demás llevado a la tela por artistas como Picasso, antes, desde luego, Wateau y tantos más filtraron en los jardines coloridos las dos figuras amantes vestidas de blanco o llenas de la decorativa función de la moda de entonces.

Chagall se despojó de todo ello. Los novios que pintó (se dice que soñaba con él y su novia), giró siempre bajo una misma relación de color. Alteró las imágenes que aparecían raramente respetadas a su creativa fuerza, que no cejaba y que, por el contrario, firmaba cada cuadro con alguna obsesiva creación.

El misterio acompañó todavía tal demostración de su genio.    '

El “duende” como le llamamos, o el "pactos", como le llaman otros sostienen siempre esas aladas figuras, que aunque no tengan delicadezas de ángeles las poseen en el abrazo casi humano, pero estirado al ritmo, como si corrieran tras una nube... Ensoñados en esa fusión, que se enrola junto a la atmósfera rizada por la brisa de una pincelada sensible.

A pesar de ello, para ser un pintor moderno y veraz de un propio estilo, Chagall tenia que ser severo, demostrativo de cualidades nada comunes, original a todo y en todo. No es fácil, por ser sensible, ser un artista de calidad. La fuerza de un dibujo o de una pintura no se basa solamente en sus trazas gruesas y en su grotesco color. Chagall, con su fineza de concepto y su temática motivada, logró ser. Y SER con mayúscula, dentro del ámbito siempre escudado de las nuevas visiones plásticas.

No viene al caso estudiar sus pinturas. Por demás conocidas por otra parte. Sino que este recuerdo, llevado hacia su fantasía pictórica, tiene por objeto reflejar las virtudes que, sin afectación, surgían como un manantial de su espíritu y de su paleta.

Porque Chagall era un pintor nato.

El instinto le daba la nota como un maestro invisible se" la ofrece a un músico. Y si la pintura es música, en ninguna se justifica este concepto como en la de Chagall.

Datos biográficos

Marc Chagall falleció a los 97 años de edad. Nació el 7 de julio de 1887 en Vitebsk, Rusia. A la edad de 20 años estudió pintura en San Petersburgo, instalándose en París en 1910.

Formó grupo con Modigliani, Soutine, Leger y Archipenco. Redactó su autobiografía ("Mi Vida"), siguiendo en Francia hasta 1941. Invitado por EE.UU., residió en Nueva York con su esposa. Su hija había fallecido en 1944.

Realiza una retrospectiva en el Museo de Arte Moderno.

En 1952 se casa con Valentina Brodsky. Esta animó a emprender a los 67 años, la célebre serie 17 grandes telas, así como dibujos, gouaches y numerosas aguafuertes, consagrados al mensaje bíblico. Obra consagratoria, le valió la creación de un Museo Nacional especialmente constituido, para conservarla, inaugurado en 1973. La música era tan esencial para Chagall, (dicen sus datos biográficos) que el antedicho Museo Bíblico creó un Auditorium, para el que Chagall trabajó los vitrales. "La creación del mundo’'. Pintaba durante toda la mañana y también por las noches. André Malreaux, que fuera ministro de Cultura de Francia y quien le encargara los decorados de la Opera, fue uno de los asiduos visitantes al taller del artista.

Sobrevolando la ciudad Marc Chagall (1910) Museo: Galería Tretyakov, Moscú (Rusia) Técnica: Óleo (141 x 198 cm.)

Su pregunta: ¿es que he trabajado lo bastante? Su vivir... "Todo estaba penetrado de amor en la casa pero de un amor en silencio, no de un amor en palabras” (explicaba el artista refiriéndose a los tiempos en que aún vivía su madre. A los 75 años le pesaban las escaleras. Ello lo llevó a encomendar al Arq. Andre Svetchin, la casa "Les Gardettes” en medio de un bosque en las cercanías de Saint Paul de Vence. Se instaló allí en 1966. Celebró también en dicha casa sus 81 años y luego su 90 aniversario.

Cosas ocultas

“He sido estremecido, aireado por la luz”, decía Chagall cuando recordaba su llegada a París en 1910. De la luz mediterránea, afirmaba que penetró en mi "como si una nueva miel, recogida muy fresca se deslizara en el fondo de mi mismo”.

Cuando el frenesí del trabajo le dejaba algún tiempo libre, recurría a la música, para que le ayudara en su búsqueda de las “cosas ocultas". Nacieron en su célebre “violinista de Vitebsk”... "La escala de Jacob” recorrida por ángeles y que comunica la tierra con el cielo...

 

por Eduardo Vernazza
Publicado, originalmente, en: Suplemento Dominical del diario El Día

Año LIII -N° 2706 Montevideo, 29 de setiembre de 1985

Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)

Link del texto: https://anaforas.fic.edu.uy/jspui/handle/123456789/54455

 

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Catálogo pinturas y dibujos del artista de Uruguay Eduardo Vernazza por el cineasta Dennis Doty (Irlanda/Estados Unidos)

 

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