Un inédito Torres García

por Eduardo Vernazza

Suplemento Huecograbado del diario "El Día" - Montevideo s/f

Joaquín Torres García - Mujer Lavando

Imagen escaneada, como el texto, del Suplemento del diario El Día

Los apuntes y notas directas, esas que realiza el artista lejos de la preocupación de las teorías o conceptos más profundos que tienen que ver con la importancia de la plástica como problema a resolver son portadores de sorprendentes dotes de expresividad.

Existen en los museos del mundo colecciones admirables de dibujos y bocetos realizados como antecedentes de las obras definitivas. Estos dibujos o manchas, poseen un calor y espontaneidad maravillosas.

La sensibilidad del pintor se manifiesta plena e íntima ante la naturaleza, y ofrece el espectáculo de la riqueza colorista de primera intención. Un cromatismo ligero y rápido, ágil, ansioso por captar la vida sorprendida. Es allí, en esos pequeños cuadritos que se expresa toda la sapiencia y el espíritu de un artista. Cuando en las obras de más jerarquía el pintor razona, se logran otras valiosas y perennes virtudes. otras variantes y positivas riquezas plásticas y también, cuando sucede el acierto, la efectiva condición de una teoría o Escuela, y más que todo ello todavía, un estilo.

Se recuerdan los dibujos de Ingres, sus notables bocetos que son verdaderas joyas de la época y de siempre. Los amplios diseños y proyectos de Delacroix, en donde el color calienta con su viva imprimación; aquellas notables escenas que sin terminar dejara Rembrandt, aun en la “grisaille” dorada, con potentes planos de luz, misteriosas zonas de sombras, y portentoso claroscuro. Todos los grandes pintores de todas las épocas tuvieron tales ensayos, de los que se sacan lecciones privilegiadas en la Historia del Arte.

Los paisajes de Corot al carbón en apuntes numerados para saber el tono que debía darles, están vibrantes de espontaneidad; las manchas de Lorrain con bruscos negros y blancos definen otra de las personalidades del paisaje.

*

En el caso que nos ocupa estamos ante una obra inédita de Joaquín Torres García. Una personalidad variable en sus conceptos y teorías. Una personalidad que conmovió al Montevideo sereno de los años 30, cuando ya al pisar tierra uruguaya, después de tiempo de lucha europea, volvía a la patria. En seguida se entabló la polémica. El constructivismo apareció en nuestro país como bandera de una nueva avanzada. Pero el maestro enseñaba y pintaba también admirablemente lo naturalista, dejando notables discípulos. De esta obra muchos cuadros se conocieron a tiempo, y recordamos que con un paisaje de “Mentou” ganó el Gran Premio del Salón Nacional.

Su pintura ensayaba nuevas formas dentro del primitivismo, y buscaba afanosamente imponer sus teorías en escritos, polémicas, conferencias y libros. Pero aun cuando su obra exponía fielmente sus modernas concepciones, y su figura con el tiempo lograba la estabilización de su valor pictórico, quedaba rezagado un aporte importante de sus primeras armas de pintor. Aquellas figuras y paisajes qué en las calles o en el hogar, en los paseos y en los rincones de la vieja Europa, llenaron sus días.

Son una serie de manchas directamente tomadas del natural, que se exhibieron en Galerías Moretti.

Si bien en algunas obras se advierte ya la inquietud vibrante de buscar otros caminos, los mismos pequeños cuadros vislumbran la mancha espontánea que sirve a una teoría por nacer, pero que se manifiesta por sorpresa e inventiva directa. Mejor diríamos interpretación. Existe un abismo entre la copia del natural y la interpretación naturalista. Es aquí que el pintor, como en este caso Torres García, ve “con sus ojos” los objetos y las cosas del mundo que le rodea. La concreción por la simplicidad de expresión pictórica, adquiere esa amplitud a pesar del tamaño que da en llamarse pintar en grande. Esto lo poseen los artistas de recursos y condiciones innatas, que ven la naturaleza bajo un signo distinto al de lo común.

oaquín Torres García - Bodegón con flores y reloj

Joaquín Torres García - Lavanderas campestres

Ya Torres García era partidario del tono. Este le llamó a combinar los colores que mejor nacían a su paleta, fundándose en los grises depurados.

La armonía que lograba en los ocres y blancos, la composición del color que nacía de sus conocimientos y de la visión formal del modelo, hacían que una mancha se convirtiera en un rico material del cual se verificaban la sensible captación visual, y la intención pictórica antes que el objeto en sí.

De tal teoría nació la después interpretación del naturalismo, en la cual Joaquín Torres García ejerció en el Uruguay un profesorado que cambió fundamentalmente, aún en artistas consagrados entonces, el concepto del color por el tono. Toda la estridencia que podía solventar entonces la pintura uruguaya fue paulatinamente dejándole paso a la teoría del tono, de la solución pintura ante el modelo, de concretar y simplificar dejando detalles al servicio del total de la composición y estructura.

Desde luego que en pocos de estos cuadros se advierte la estructura que llevó al maestro a definir su carrera sobre dos lados que contradecían su posición. La pintura naturalista y la constrictiva.

Pero llegado a la madurez, e intentando, pleno de recursos, las experiencias más avanzadas de la vida pictórica moderna, Torres García sabía tratar un cuadro naturalista como el mejor. Tenía los antecedentes de estudio y trabajo que hoy se exponen, como complemento y principio de una obra avasallante y contradictoria en parte, pero llena de búsquedas y de afanosas coincidencias, que bullían en su espíritu como el retorno puro del primitivismo.

Naturalmente que estas pequeñas telas son un documento importante en la vida de la obra del pintor. Son un ejemplo tácito de que no se improvisa ni aun la más discutida de las posiciones modernas. Sólo la base y el conocimiento de los secretos que puede deparar la naturaleza, fueron puente hacia sus experimentaciones en las que el signo o el elemento humano sirvió de nexo a la idea abstracta.

Ver:

El “Constructivismo” de Torres García  y su derrotero Uruguayo - Diario "El Día" - Montevideo, domingo 7 de diciembre de 1969

Pinturas inéditas de Torres García - crítica de Eduardo Vernazza - Diario El Día (Montevideo, Uruguay) año 1969

 

por Eduardo Vernazza (Especial para EL DIA)
Suplemento Huecograbado del diario "El Día" - Montevideo s/f

 

Ver, además:

Joaquín Torres García en Letras Uruguay

 

Ver el blog

Catálogo pinturas y dibujos del artista de Uruguay Eduardo Vernazza por el cineasta Dennis Doty (Irlanda/Estados Unidos)

 

Ver Dennis David Doty en Letras Uruguay

 

Ver Eduardo Vernazza en Letras Uruguay

 

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