Un ángel y suerte Aliseris

Especial para EL DIA por Eduardo Vernazza (textos) y A. Caruso (fotos)

Huecograbado Diario El Día, Montevideo,

domingo 3 de junio de 1973 pág. 16

Carlos Aliseris foto de Antonio Caruso

La imaginación se ayuda con la realidad ...

De allí que el surrealismo de Carlos Aliseris se vea rodeado en su apartamento y en su estudio, de todas las gamas disponibles para montar una obra que necesita de la fantasía, pero que se inspira en las cosas más raras y antiguas, más modernas y comunes que rodean ai hombre.

Vagar por ese laberinto de piezas con objetos de todos los países que ha surcado este viajero del arte, es internarse en los siglos, y ampararse en la controvertida historia que posee cada rincón de las amplias o pequeñas habitaciones.

Hace pocos días hubo un acontecimiento desusado en Montevideo.

Junto con una exposición, el pintor hilvanó un toldo de vivos colores, y rodeó de sus objetos el escenario de la Alianza Francesa.

Había que ambientar una interrogante para tantas indescifrables riquezas misteriosas, como las que le sirven de contacto para crear el surrealista encuentro de su pintura. Se le preguntó y contestó. Pero no fue esto precisamente lo que nos llamó a escribir, fue la recreación que desde la escena pregonaban. en el idioma mudo de las estatuas, de los cuadros, de las pieles de tigres y leopardos, y de las legendarias piezas del moblaje bajo esa carpa viva, el misterio vago que nace en las entresombras expresionistas de la luz. Era el mismo estudio del artista trasladado al escenario, Para ofrecer la respuesta a la interrogante de ese mundo ensoñado que las obras del pintor esparcían en la sala del Teatro sobre la roja alfombra.

Carlos Aliseris Exposición foto de Antonio Caruso

La Suerte del hallazgo no es para cualquiera

De dónde, cuándo y cómo encontró el pintor todo ese conglomerado de antiguas comprobaciones del arte. Desde la más pequeña figura religiosa, al sahumador chino auténtico, con apliques de cobre. La paloma Sasanida-Persa, decorada en oro y plata, con una increíble línea moderna.

“El hallazgo se le acerca a aquel que está 50 años trabajando, de pronto y como un premio a sus fatigas. Juegan muchos factore: La suerte, la observación constante, la ignorancia de los demás..., y el ansia y 1a vocación de un verdadero arqueólogo de superficie ... Aliseris necesita rodearse de toda esta vertiente retrospectiva que activa el proceso de su fantástica tarea de componer, de aunar, de sumar plásticamente y bajo la armonía que llamaríamos asimétrica todo eso que funciona alrededor de la idea”.

Una hoja de árbol, una exótica flor, un insecto, se transforman en tema y motivo para desarrollar en derredor un fantástico clima.

Fue en el Parque Rivera. Aliseris estaba dibujando. Un alguacil giraba en su tomo, estallando de luz plateada... El pintor lo observó. Lo vio rojo, y apunto en el movimiento sus características. ¡Será ía “vedette” de un cuadro!

Pesan en abigarramiento barroco las cerámicas y platos, la estatuas; un piano de 1780, en el cual mientras nos explica su procedencia, arranca arpegios que suenan grises en la tarde... Gobelinos con escenas de príncipes, candelabros, sillones chinos, de madera de alcanfor (1700), espejo barroco vienés (1750), lámpara votiva de una sinagoga holandesa antigua...

Un caballo de la Escuela de Piazzaner

Sobre el piano de medio concierto está la talla antigua policromada; un caballo de la Escuela Pizzaner ¿Quién no recuerda aquella película que describía la Escuela de Equitación Española en Austria?

La escultura representa uno de esos caballos elegidos. Los que nacen negros y de adultos se convierten en inmaculados de pelo blanco. Los mismos que son dirigidos en maravillosas figuras de alta escuela. Trabajar en un salón con arañas de cristal labradas en oro. Y allí está, con su cabeza pequeña de corte árabe y la estilizada gracia de sus finas manos.

Retratos enmarcados en oro, como arrancados de las figuras de Piero della Francesca; cacharros de cobre, muñecos articulados, un santuario prendido desde lo alto de una pared, descarnado por los siglos, escama sus aureolas de incienso en la tenue gama de la media luz de un rincón favorito.

De contradicciones está hecho el arte surrealista de Aliseris. Un jardín con rejas antiguas de un viejo balcón sirviéndoles de portada segura; con muebles de madera, plantas de muchas especies conviviendo en el verde cambiante espejado en la pared y las baldosas; un cuadro al lado de una estatua colgante patinada de años. Está dibujando el pintor. Sólo una hoja de contornos fascinantes y de colores sugestivos.

Es el centro y motivo de la jungla que desarrollará un cuadro. Todo girará a su alrededor. Aliseris necesita de ese ambiente. Se ha movido por la pasión y atracción del objeto. "En infinidad de ocasiones he comprado cosas que yo no sabía qué eran, pero que me apasionaban”. Es la tónica inspiradora. A tal punto que un paño de seda, terciopelo o arpillera vieja, provocan el trampolín para saltar a “otra cosa”.

Existe el surrealismo para Aliseris desde que en 1928 pintara en un cartón, un cuadro inspirado en la novela “Sombras sobre la tierra”. Y seguirá en sus telas, y en ese tucano de pico anaranjado, que ubicará entre la frondosa flora de la selva del Iguazú.

por Eduardo Vernazza
Huecograbado Diario El Día, Montevideo,

domingo 3 de junio de 1973 pág. 16
 

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Catálogo pinturas y dibujos del artista de Uruguay Eduardo Vernazza por el cineasta Dennis Doty (Irlanda/Estados Unidos)

 

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