Artistas y exposiciones

Torres García

por Eduardo Vernazza

Diario El Día (Montevideo)

Joaquín Torres García

Croquis Monumento Cósmico Museo Juan Manuel Blanes

Una exposición de Joaquín Torres García trae como consecuencia, la expresión de diversas formas plásticas El pintor fue durante el largo lapso de su vida un luchador incansable de sus teorías. Estas se manifestaron en un plano que variaba fundamentalmente desde la interpretación naturalista, hasta el constructivismo, que fue a la postre, donde el pintor radicó su más grande esfuerzo pictórico. Esta exposición extensa, que la Comisión Nacional de Bellas Artes ha organizado, con la probable consecuencia de que algunos cuadros son poco conocidos por pertenecer a galerías particulares, nos muestra a un Torres García en toda una producción conducida con certeza de convicción. Sus distintas concepciones, fijadas por obras en las que trasunta principalmente una idea determinada, y nunca la copia o la fácil interpretación, nos toma delante de pinturas que van desde el impresionismo —que aunque en gama baja enriquece con el vibrar del toque esa clara sensación naturalista que era sobre todas las cosas lo primordial de tal teoría— hasta la última faceta que se recuesta en lo frontal total, y que el grafismo de signos complementa en una estructura de muro.

No olvidemos sus obras, de composición casi clásica, en las cuales predomina una serena rítmica de color y geometría. En estos cuadros, estudiada la estructura por medio de la medida en diagonal, cobra una plasticidad pura, y el colorido entonado y armonioso en sencilla paleta, acude a enriquecer el total de virtudes que adornan aquí al artista. Pero existe en la exposición una serie de obras que creemos sean la que a nuestro entender configura la faz mas importante del pintor. Porque ella traduce la emotiva sensación de una arista original y propia. Es en esos cuadros en que no desvirtuando la naturaleza, sino que conduciendo los elementos con una entidad de ubicación justísima, Torres García aplica el color en una gama sobria, y en espacios extensos, domina con una serena visión total, que se amplía a la distancia, para vibrar por el toque de trazos y acentos maestramente tratados.

Es en esa conjunción interpretativa en donde prevalece el valor de una idea y un mensaje totalmente asimilable. Y es precisamente allí, donde la expresión se enriquece por medio de elementos y técnica de marcada unidad. Los espacios que se anticipan a la época, si acaso podrían tener contacto en el “silencio” de Marquet, pero aún más depurados, y simplistas, estos cuadros de Torres prevalecen como piezas de indudable permanencia.

Siempre el pintor actuó por teorías: nunca pintó fuera de ellas, por sencillez emotiva o sensible ante el modelo. Solo en los ligeros apuntes al lápiz, en esa intimista posesión, soltó amarras al espíritu romántico, y trazó con verdadera elocuencia figuras del 800, dejando impresas en ellas el carácter de la época. Existen por lo demás, obras en las que predomina una tendencia a exaltar el color, y entonces el calor de la pincelada nos mueve a pensar en Modigliani, pero ello dura poco en la inquieta personalidad de Torres, que ya comienza a estructurar planes que han de llevarle: primero a su concepción, que sin dejar el natural modifique las tres dimensiones y acentúe los perfiles de las cosas con una definición de carácter, y luego para entrar de llano a lo que él llamó el constructivismo, etapa en la cual el grafismo y la imagen de signos van compuestos en la totalidad frontal de espacios sostenidos, y que retrogradan su pintura hacia un primitivismo creado, al cual nunca pudimos identificarnos. Tal etapa, última del pintor, y contradictoria de sus otras teorías interpretativas que simultáneamente realizaba y enseñaba, varia también en la forma y en el color. Posee su época blanca, gris, y de colores vivos primarios y secundarios. En todas ellas como una obsesión, se mantienen los problemas repetidos en sus motivos y detalles, así como en los elementos simples y signos.

De esta etapa, en la cual va desintegrando gradualmente los objetos y cada vez más ausente el naturalismo, para mantener totalmente esta página abierta que es su constructivismo, hacia una mística que irá con el tiempo acentuando como un vitreaux los contornos de sus espacios compuestos, se hallan en la muestra buena cantidad de obras. Ellas ocupan el principal testero y sala de la Galería, y allí se puede confrontar el cambio a que hacemos referencia. Naturalmente que la pintura que ha ido desde entonces cayendo en una abstracción más neta aún, y sobre todo en el informalismo que anula toda estructura, tiene todavía en estas muestras de Torres García, una fórmula de vivencia firme en la composición. Pero es de preguntarse como un pintor de su talla pudo refrendar las teorías y técnicas y la expresión que hemos comentado anteriormente, para dejar el saldo de una pintura en la que se anulan precisamente todas aquellas virtudes que exaltamos por ser de justicia.

 

por Eduardo Vernazza
Diario El Día (Montevideo, Uruguay)
20 de diciembre de 1962

 

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Joaquín Torres García en Letras Uruguay

 

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Catálogo pinturas y dibujos del artista de Uruguay Eduardo Vernazza por el cineasta Dennis Doty (Irlanda/Estados Unidos)

 

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