Los ochenta años de Julio Verdié

"Peñas” y Recuerdos.. Un libro de próxima aparición

por Eduardo Vernazza

Suplemento Dominical de El Día del 23 de marzo de 1980

Julio Verdié en 1921 ... 21 años

—En la sala de recibo del Colegio se colgaron varias pinturas a la acuarela y al pastel, que había realizado durante el año. (Julio de 1914).

—¿Pero en ese tiempo Ud. era considerado como joven poeta y escritor? y no pintor.

—Cuando abandoné el colegio era plena guerra. Mi familia había sufrido quebrantos... Comprar colores y pinceles era para mi imposible. La vena lírica fue más fácil de contemplar. Así comencé a ser un poeta y escritor público. A los 17 años fundo un periódico “Germinal”, del que fui propietario y editor. Allí desahogué mis penas amorosas en verso y en prosa y tuve polémicas... Publiqué varios libros de poesía y dos novelas... y también una obra que se estrenó en un Teatro del Pueblo de Buenos Aires, por 1936. Organicé el Primer Congreso de escritores uruguayos en ei Ateneo de Montevideo.

—¿A su vuelta al color?

—Nunca lo abandoné. Mis apariciones como pintor eran esporádicas. En los Salones de Primavera del Círculo de Bellas Artes por los años 1925 al 30. Asistí a ia gran exposición con que se inauguró la Casa del Arte y en otras que no recuerdo...

—Época de bohemia... peñas literarias, ¿Ud. formó parte de algunas?

—Sí. en la famosa “Peña” del Café Ateneo. Lugar maravilloso. Le voy a nombrar algunos que ocupaban esa mesa... Pantaleón Dura, predicador, naturalista, viajero y nihilista; el Dr. Aguirre Abramo; el poeta Juan C. Abella; el ensayista Arturo Silva y el gran pintor, cuyos cuadros hoy se venden a precios exorbitantes... el “pintor maldito”, Alfredo De Simone. Con él, Juan Sarthou, Pereira y yo inauguramos la primera exposición en un Café y para un público de billar y ajedrez.

—¿Después intervino en los Salones Nacionales?

—Fui admitido la primera vez que envié... rechazado la segunda, admitido de nuevo la tercera, premiado en dibujo la cuarta y ta quinte... Después, los altos premios que fueron consolidando mi personalidad de artista moderno.

—Recordamos que Ud. viajó mucho. Alguna vez, hasta sin esperarlo, la figura suya emergía en la cubierta de un transatlántico devolviéndolo al país... ¿no?

—Todo lo que no pude realizar en la adolescencia lo vine a concretar desde 1948... ¡Ciudades, museos, talleres de pintores famosos. Trabajé, pinté, expuse varias veces en París. En 1963 tuve taller en Bruselas, y buena crítica.

En 1950, el pintor francés Honore Berard realizó una exposición de sus pinturas en la sede de la Comisión Nal de Artes Plásticas. En tal ocasión se le ofreció un homenaje. En la presente foto aparecen; Ernesto Pinto, (poeta), José Pagani, (pintor), Brenda Lisardy, (pintora), Cantu Sierra, Subdirector del Museo Nacional de Bellas Artes, Arq. García Esteban. García Reino pintor, José Cuneo, pintor, Eva Schwarts, pintora, y Julio Verdié.

—¿Conoció artistas de renombre?

—Conocí algunos, no muchos.

—¿Un concepto... un consejo, para los jóvenes?

—“Para obviar la ignorancia elemental inherente a todo comienzo y práctica del dibujo en este caso es necesario usar la mente antes que el ojo y las manos, creando una conciencia de lo que se quiere crear, que resortes metafísicos animan al arte, que no la letra con sangre entra sino con amor”.

 

Un libro sobre Verdié

Cuando Verdié cumplió 80 años, el pasado 3 de enero, la prensa se ocupó de este singular artista. Nosotros también lo hicimos y adelantamos como primicia el libro próximo a aparecer; una Biografía novelada sobre la trayectoria de la vida y del artista.

Hemos visto los originales de este libro que lleva por título “Enero 3” y que ha escrito Walter Ernesto Laroche, el destacado historiador de Arte, a quién se deben tantas documentaciones logradas en ímprobos trabajos sobre la vida y obra de los artistas uruguayos. “No soy escritor, nos dice Laroche, tengo que aprender el oficio. Si esta conclusión es válida, también lo es decir que me dediqué totalmente a la realización de este ensayo biográfico que Verdié confió a mi inexperiencia. De esa entrega surgió el peregrino volumen de aventuras, que de alguna manera

En este libro, Laroche no actuó como crítico. Lo reitera con insistencia... “Es un relato dividido en capítulos: “Infancia”, “Adolescencia”, “Juventud” y “Madurez”.

Desfila cada una de las etapas más salientes de la vida de Verdié como ser humano y como artista. Sabrosas y entretenidas anécdotas documentan los capítulos. Se vive a través de ellas la bohemia de las viejas “peñas” montevideanas, del Sportman, del Ateneo, el Tupi viejo y la muy interesante llamada “El alto de los Bohemios”, a la que están unidos calificados hombres de nuestras letras, la política y la docencia..

Muchos artistas desfilan en esas páginas, juicios críticos contemporáneos sobre la obra de Verdié, son ubicados en la valoración de su pintura. Historia de las etapas europeas que nos permite asistir a importantes momentos de la evolución en la plástica universal.

El libro se cierra con la producción del artista en los días que corren. Es un original que ha creado interés en su edición y ultimados algunos detalles creemos pronto verá la luz.

—¿Cómo ve Verdié sus cuadros?

—“En mis cuadros no existe el personaje principal, figura o motivo sobresaliente". “Su trato es más que nada decorativo, boyante, feliz; tiene la superficie ganada para la alegría y un superior hedonismo, aún en mi madurez. El color es la dominante, el elemento que más importa; sin él sería para mi una obra incompleta, pero, cuadro sin color”...

Una de sus exitosas exposiciones en Galería Contemporánea, cuando ya es figura consagrada en las artes nacionales.

—Quiero decir que mi color es violento, franco pero romántico: encendidos vermellones, cálidos amarillos junto a vibrantes verdes (verones) y violetas (cobalto) sin ellos no habría cuadro.

—Sí... son colores arbitrarios y valen por si mismos. No le aplico leyes ópticas ni reglas de valores. Es el color sin plan preconcebido, sin teorías, la obtención de una armonía aceptable reposa en un sentí-' miento innato, del mismo modo que las cosas de la naturaleza lucen sin orden ni concierto su objetiva belleza.

—¿Por qué les llama “Eutrapelias”?

—Es que parecen anunciar algo que no quiso ser copiado ni reproducido.

Sin embargo el drama no falta. “Mi cuadro “Torero”, expuesto en 1974 en la Bienal de San Pablo, va más allá de la simple organización colorística.

El drama del ruedo se vislumbra en él y puede leerse el inmimente desarrollo de la muerte en la plaza. Existen valores emocionales fuertemente expresados; que no se resuelven visual mente a los problemas del alma a través de la figura humana, si no que son más bien espectros de una realidad desconocida”.

—¿Cómo enseñaría Julio Verdié?

—Propondría un problema de dibujo, resolviéndolo gráficamente con el trazado de una forma cerrada, simple, de línea continuada sin alzar el lápiz, recta, curva o combinada y sin entrecruzarse, que anuncie así misma una idea plástica representativa.

por Eduardo Vernazza
Suplemento Dominical de El Día del 23 de marzo de 1980

 

Ver, además:

Julio Verdié - Ritmo y libertad de un pintor - crítica de Eduardo Vernazza - Diario El Día (Montevideo, Uruguay) 4 de enero de 1978

 

Ver el blog

Catálogo pinturas y dibujos del artista de Uruguay Eduardo Vernazza por el cineasta Dennis Doty (Irlanda/Estados Unidos)

 

Ver Dennis David Doty en Letras Uruguay

 

Ver Eduardo Vernazza en Letras Uruguay

 

Editado por el editor de Letras Uruguay

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