Horacio Torres: La forma y la luz por el color

por Eduardo Vernazza

Suplemento Huecograbado del diario "El Día"

Montevideo, 14 de julio de 1968

Horacio Torres «Puerto constructivo» Óleo sobre tela

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ES curioso que en la presente época, un pintor trabaje con la concentración y la fuerza constante con que lo hace Horacio Torres.

Pero habría que agregar que, aún a ello, débese su arte a la pintura que podríase llamar con la costumbre de hoy, figurativa.

Horacio Torres, si bien nacido en Italia, desarrolla toda su carrera de aprendizaje en el taller de su padre, el Maestro Torres García. En el momento en que llegó a Montevideo procedente del extranjero a radicar en su patria, Joaquín Torres García traía no sólo el bagaje de sus primeros años de pintor naturalista, sino todo el empuje que culminaba en la violencia polémica de sus experiencias constructivas, las que por otra parte, inculcaba a sus discípulos con una dosis casi mística, mientras que el oficio y la concreción interpretativa de la naturaleza, era asimilada en estudios y paisajes, así como figuras que el mismo maestro enseñaba en una dualidad que en su tiempo se criticó acerbamente.

Horacio Torres «Novia» Óleo sobre tela 88 x 70 cm.
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Pero sus enseñanzas quedaron en muchos de los pintores aún maduros que tomaron contacto con él, y sirvió para desarraigar de nuestro medio la visión y el color puramente naturalista, así como la interpretación imitativa del objeto. Cambió fundamentalmente el concepto del tono y el color, y aún hoy sostienen su Escuela una pléyade de pintores, incluidos del Interior.

El constructivismo, que era la faceta primordial de Torres García, quedó en sus cuadros, en muchos con una representación de este ideal de subidos valores. En ese ambiente estudió Horacio Torres. Así fue que aprendió de su padre y maestro, las más encontradas vivencias del arte pictórico. Logró asimilar un formidable oficio que hoy le sirve para expresarse con libertad, sin dejar por ello de mantenerse fiel a lo que él cree que domina más o siente mucho; la figuración.

No quiere decir esto que no haya aprendido las bases del constructivismo, ni dejado pasar por alto su significado discutido o no, pero importante en la misión de la pintura moderna.

Horacio Torres, cuando fue poco a poco llegando a madurar su talento, se despojó de esa dualidad en que se trataban oponentes fórmulas de pintar. No es ello un criterio incompatible, ya que un pintor de extensa escala puede a nuestro juicio, tratar el tema según la técnica y concepto que mejor le exprese. Importa que aquella dualidad no se convirtiera en eliminatoria de una parte de la expresión en el Taller de Torres García. Pero lo cierto es que Horacio Torres logra sus más grandes anhelos cuando comienza a pintar grandes cuadros de composición figurativa.

Su aliento y la amplitud del espacio en que planta sus figuras, estaba reservado sorpresivamente para el ambienta en que se movía la pintura nacional, recostada como siempre a los ecos de la modernidad europea y especialmente de París.

La madurez ha calmado en cierta medida la inquietud de Horacio Torres en lo concerniente a su dedicación a experimentar. Y hoy le vemos un avezado pintor, un artista que ya busca, sin remover la dimensión de la figura en su cetro de dibujo compuesto, la luz. Lleva el color en una sucesión de matices en los cuáles cambia en parte, no sólo e¡ trazo habitual, sino la forma de ubicarlo en el tono. Hace esto a su pintura más entera; más fuerte, quizás mucho más libre de detalles y más corpórea y táctil en su faceta de modelado con el color.

Porque si el constructivismo es una pintura de planos de sencilla división del color y de imágenes y signos primitivos, ésta contrapone totalmente su poder, en la rotación de las formas, que parecen volver con este pintor a predominar.

Si bien el modelado de las formas, repetimos, es tributo de este nuevo aporte de la pintura de Torres, también es cierto que el problema que se plantea es el de la luz por el color.

Para ello, sin variar mucho la paleta, utiliza desde el blanco al negro, pasando por el amarillo-ocre, el rojo-inglés o puzuoli, la tierra de sombra, y en parte el azul de Prusia con los que agrisa los paños y fondos, acerando el tono en un frío muy en contraste con los calientes tonos que se desarrollan en los rojizos y dorados ocres.

El blanco sitúa la plena luz, y la ágil maniobra del artista en su aplicación espontánea deja lugar a la mancha, que modela unas veces con unto y amase de la materia y otros con la hábil rapidez de «©que frese», en el cual logra esa maestría ya conocida en él.

En general, su obra expuesta en la Galería Moretti, es decir su última Obra enseñada al público, denota la calidez tonal que llega sabiamente por medio del conocimiento y graduación cromática al logro dé la luz.

Precisamente siempre fue esto lo más inquietante para un pintor. Sí Rembrandt llegó casi a la magia en el claroscuro o en la sensación de la luz, si su pintura en tal sentido, fue y es aún hoy en que tantos medios se emplean para conocer la técnica, un secreto, si ni siquiera Fabritius su gran discípulo y pintor de importancia, pudo llegar en su imitación, a pintarla como aquel genio, es lógico pensar que Horacio Torres esté en una lucha, tratando de concretar su concepto en ensayos y obras en las que trasmita su poderosa visión pictórica de las cosas, dentro de aquella tradición de la figura y el desnudo, o sea el camino difícil, o el llamado por los inescrupulosos de hoy, “trillado”.

Como todo pintor que está en la búsqueda con deseos de superación y movido por el afán evolutivo sentido por la madurez de un oficio bien aprendido, Horacio Torres, seriamente comprometido en la pintura de concepto figurativo, moderniza su idea y técnica, sin pecar de abuso avancista, sino con la humildad del que viene desarrollando paulatinamente una acción de conquista en sí mismo.

Su admirable “Retrato de C B. de T.” modelado con calidad y diferenciación tonal en los negros, es una fuerte representación de su vigor de pintor. Si agregamos a ello su réplica en la nueva versión pictórica.

Con el “Retrato de L. B.”, veremos el resultado palpable de aquel gran aprendizaje logrado, no en la saturación, sino en la interpretación pintura del modelo, comprobando que la soltura y agilidad demostradas en espontánea riqueza del estilo, no se logran con fácil superficialidad de mano, sino con íntima y gradual profundidad de la psicología enfrentada a la representación pictórica.

Horacio Torres Construcción, 1963. Óleo sobre tabla, 69,50 x 51,50 cm.

Museo Nacional de Artes Visuales, Montevideo, Uruguay.

Género difícil, mucho más en la era moderna, el retrato constituye en Torres uno de sus géneros más importantes. Hacer retrato como pintura es la conquista de esta muestra en una de sus escalas. Lograrla, es el reconocimiento a muchos años de experiencias y  luchas, que siempre prosiguen y continuarán en un pintor del carácter de Horacio Torres.

Nació en Italia en 1924, y en 1939 comienza sus estudios. Ha participado en todas las exposiciones colectivas del Taller. Entre ellas se señalan las realizadas en los Surindependents de París, la Unión Panamericana de Washington, el Stedelij Museo de Amsterdam, en Buenos Aires, La Paz y Santiago de Chile. Ha ejecutado importantes decoraciones murales. Sus obras se hallan en los Museos Nacional de Bellas Artes y Municipal de Montevideo; el Museo de Arte Moderno de Nueva York; la Administración de Museos de Francia, etc.

En 1966 obtuvo el Premio “Juan M. Blanes", acordado por la Comisión Nacional de Bellas Artes.

 

por Eduardo Vernazza Especial para El Día
Suplemento Huecograbado del diario "El Día",

Montevideo, 4 de julio de 1968
 

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Catálogo pinturas y dibujos del artista de Uruguay Eduardo Vernazza por el cineasta Dennis Doty (Irlanda/Estados Unidos)

 

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