El Country Club y sus alrededores

por Eduardo Vernazza (Texto e ilustraciones)

Diario El Día (Montevideo)

Edición Punta del Este 19 de febrero de 1969

El Country Club dibujo de Eduardo Vernazza El Dia Ed Punta del Este 19 de febrero de 1969

La Avenida Rcosevelí es una lengua gris que llega hasta el mar. Se bifurcan como brazos rojos y ocres cantidad de caminos que llevan a los bosques.

Uno de ellos, más amplio, con un cantero enjardinado y rodeado de "íboungalows”, conduce a ese centro de todos los grandes acontecimientos de Punta del Este. Centro social y deportivo, lugar de esparcimiento en el que se desarrollaron los grandes festivales que hicieron historia en esta incomparable península. Cerrando el camino, se levanta majestuoso el edificio de techos de teja roja. Bordeado de árboles y flores.

Es el eje por el que se evaden, como ramales, cantidad de calles en las cuales la característica que impera es el verde de la forestación natural, aquella que trajo la arena de los médanos movientes, y la que creó el hombre, como jardines, en las bellas casonas, chalets y mansiones que como en una ciudad de cine, rodean el lugar vital: el Country Club.

La mañana es todavía fresca y nace recién con el rocío que levanta un sol atenuado y filtrado por las arboledas.

Todo parece dormir aún. El silencio del hombre despierta a los pájaros, que cantan y dan a este magnífico paisaje, ese hálito que concentra el espíritu y conmueve la sensibilidad, aflorando el encuentro de la creación de la naturaleza plena, que como un gran maestro da la orquestación a esa música que siempre se escucha con unción.

Una suave brisa hamaca los árboles como un vaivén que se recorta en el quieto cielo azul. Parece ser la única sensación de movimiento.

Chalets y jardines dibujo de Eduardo Vernazza

El Dia Ed Punta del Este 19 de febrero de 1969

Lujosos chalet como un castillo moderno dibujo de Eduardo Vernazza

El Dia Ed Punta del Este 19 de febrero de 1969

Un poco más tarde las ventanas de los “boungalows” comienzan a abrirse perezosamente. Un jardinero rasga el césped con una larga escobilla. Se diría «na guitarra. Las notas sordas y repetidas encuentran eco en el golpe seco que desde las canchas de tenis dan los “reveses” de los jugadores madrugadores.

Una bicicleta con una joven de blusa roja atraviesa el camino, y sus fuertes piernas quemadas de sol se enredan en el pedaleo feliz del despertar. Los carromatos de los repartidores hacen sonar las grietas del camino. El turista inicia el día cuando el sol cae casi vertical. Se le ve apostado en un cómodo sillón, adormilado todavía, y estirando un sueño que la naturaleza continúa. Otro toma el sol cerca de la piscina de su mansión y lee un libro.

Una tercera persona se recuesta en la hamaca del jardín, mientras loa colores floreados son un complemento que termina la armonía que le rodea.

Los alrededores del Country son de una gran belleza.

Estilos modernos, y otros con características normandas en sus techos, surgen de la maraña de árboles como castillos enraizados en la altura.

Mansión enclavada en lo alto de un camino, dibujo de Eduardo Vernazza

El Dia Ed Punta del Este 19 de febrero de 1969
 

De entre los pinos emergen los techos rojos, dibujo de Eduardo Vernazza El Dia

Ed Punta del Este 19 de febrero de 1969

Otros se pegan como hermanos siameses con ladrillos blancos a la vista y chimeneas en descanso que cortan la arquitectura frontal. Residencia de caprichosas formas a las que se encaraman enredaderas que las integran a la vegetación. También empinadas en la cumbre de un camino estrecho lleno de malvones rojos y de cactus espinosos, de pequeños arbustos o de espesos follajes. La mañana es todavía descanso. Silencio, música de los pájaros y rumores de brisa. Cuando al inicio de la tarde las puertas se abren y descubren los colores más vivos, ha llegado la hora del baño. Luego el copetín en el Country; luego, las distracciones y los juegos en el Club, que absorbe la algarabía de los niños, y el atuendo sport o lujoso de bellas damas. Por su puerta entran los caballeros, las niñas, los jóvenes. Así se convierte el Country en el hogar de un turismo especial.

La caída de la tarde embellece el paisaje de los alrededores del Country. Toda esa naturaleza cambia de tonos, y el rosa pálido se mezcla al dorado del sol que muere. Las sombras traerán la blanca luz de luna, y todos los techos rojos brillarán como mantas que cubren las casas. El silencio vuelve al paisaje. En el Country comienza la noche de luz.

por Eduardo Vernazza (Texto e ilustración)

Diario El Día (Montevideo)

Edición Punta del Este 9 de enero de 1969

 

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