Contrastes de Punta del Este

Cambios de tiempo, tipos y vestidos

por Eduardo Vernazza (Texto e ilustración)

Diario El Día (Montevideo)

Edición Punta del Este 20 de enero de 1970

Bikinis, Paraguas, Maxi-faldas, lentes inmensos, que tapan casi todo el rostro; Hippies, con grandes bigotes y barbas.

Estos son los contrastes de la Punta, mostrando la total libertad que se toman loS turistas en la Península

Muchos son ¡os contrastes que la propia libertad que se toman los turistas de la Punta, crea en esta benemérita Península.

Porque el tiempo, que juega malas pasadas, suele variar cuatro veces en 24 horas. Puede amanecer todavía con las estrellas brillando en un cielo que como espuma va deslizando las nubes, asomando retazos celestes. Puede ser un mediodía de sol ardiente. Y también, entre estas dos puntas de la hora, tener un diez de la mañana frío, así como a las dos de la tarde, cuando la bañista va a la Brava, ser lo suficiente fiel como para dejarle usar el bikini, tendida a los rayos quemantes y a un calor de 30 y pico.

Los tipos que abundan en las calles, especialmente por Gorlero, que es adonde todos se citan sin saber para qué, llevan los más raros como contradictorios atuendos. Es posible ver, paseando por la avenida, a una dama con una liviana camisola o buzo blanco, y con las piernas doradas al aire. No es extraño que la acompañe al mismo tiempo, otra con grandes gafas de color, tan grandes que le toman la cara, vestida con un sacón marinero de invierno y pantalones gruesos y anchos al pie. O ese señor entrado en años, con un sombrero de paja a la antigua, buzo rojo, pantalón bermuda largo kaki, y medias negras con sandalias marrones...

O la señora ya anciana, pero aún con buen paso, que desfila muy ancha con su sombrerito de cortas alas cerradas, un “talleur” de pollera larga, y sus lentes finos y pequeños... También la que ya en la temprana hora lleva la salida de baño floreada y con una cartera enorme va de compras.

Es una numerosa y contrastada humanidad que vive como lo desea y como le viene en ganas. Que viste como bien le cabe a su idea de la hora o del tiempo.

Que la moda se sigue cuando su esclava es esa hermosa dama que lleva un turbante y vestido rojos, cortado en dos desde la cintura, y pasea como una llamarada que el viento agita y se encarga de ceñir sus encantos. O cuando esa otra con mini-falda en blancos voladitos, hace que al caminar, dé tiempo a los mirones a contar los lunares blancos de su transparente seda azul.

En los hombres existe el eco de la extravagancia. Creemos que en esta temporada, más marcada que en las mujeres. Hemos visto paseando como si nada, a varios jóvenes, no ya con sus largas melenas y barbas o bigotes colgantes, sino con la rara y estrafalaria combinación de bermudas ceñidas y floreadas, buzo y sombrero de “cowboy”. ..

Pero entre los dos extremos, no deja de llamar la atención, la chica de duras trencitas con moñas anchas, lentes negros; y una gorrita naval con visera, lo que en realidad contempla dos aspectos que pueden tener su contraste visual y de tiempo...

por Eduardo Vernazza (Texto e ilustraciones)

Diario El Día (Montevideo)

Edición Punta del Este 20 de enero de 1970

 

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Catálogo pinturas y dibujos del artista de Uruguay Eduardo Vernazza por el cineasta Dennis Doty (Irlanda/Estados Unidos)

 

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