Yo soy la Diosa de las azules, diáfanas calmas
de "La la otra Isla de los Cánticos"
poema de María Eugenia Vaz Ferreira

 

                                I
Yo soy la Diosa de las azules, diáfanas calmas;

yo soy la Diosa de las tremendas, pálidas iras:

lanzo a mi antojo rayos y sombras sobre las almas;

ráfagas de auras y de huracanes sobre las liras.
Yo soy la Diosa de la Esperanza. Yo dicto al bardo

idilios dulces, selvas ardientes, himnos risueños,

llenos de aromas de almendro y rosa, de malva y nardo

cuando florece la blanca estrella, de los ensueños.
Yo soy la Diosa de la Nostalgia. Yo soy neurótica.

Yo dicto al bardo versos que surgen como aquilones,

cuando la noche del desengaño, noche caótica,

cubre su frente de Dios proscrito, con sus crespones.

Yo, silenciosa, cuando de su alma se va el sosiego,

Toco sus labios, los enmudezco, los aletargo;

y esparzo en ellos soplos de orgía, llenos de fuego;

y los inflamo con sed divina de ajenjo amargo.


                               II
 

Oh bardo mío! Yo soy la Diosa, que amante puebla

de apariciones de blancas alas tu alma sombría,

cuando en los golfos de sus azules mares de niebla

el sacro ajenjo pasea en triunfo tu fantasía.
Orlan la espuma del sacro ajenjo los soles blondos

que entre las sombras crepusculares del cielo opaco,

surcan el ritmo de misteriosos compases hondos,

como bandadas de cisnes de oro, por el zodiaco.

En torno tugo, como un enjambre de ágiles garzas,

hace su espuma danzar al ritmo de alegres liras,

deslumbradoras, vertiginosas, raudas comparsas

de bayaderas, y de bacantes, y de hetairas.
Y tú embriagado llamas al Numen, cantas la copla

del coro inmenso, del himno eterno de los edenes.

Brotan estrellas dentro de tu alma. Desciende y sopla

un viento extraño de Apocalipsis sobre tus sienes!


                               III
 

Yo soy la musa del bardo excelso, de las inquietas

que como el cóndor bate y empuja los huracanes.
Yo enciendo arriba tas nebulosas y tos planetas: y

o enciendo abajo los corazones y tos volcanes.
Yo tiño de oro, de ópalo y nieve tas mariposas

de las riberas, de tas colinas y los oteros.
Yo abro y despliego, para los nimbos de las esposas,

los azahares de que se cuajan los limoneros.
Yo hago aurorales con la lejana trémula orquesta

de los olivos, de los laureles y de las palmas;

con el perfume de tos miosotis de la floresta,

con la miel rubia que el primer beso vierte en las almas.

María Eugenia Vaz Ferreira
"La la otra Isla de los Cánticos"

Montevideo 1959

 

Ver, además:
María Eugenia Vaz Ferreira en Letras Uruguay

 

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