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Voz del retorno |
| Nada le queda al náufrago; ya nada: ni siquiera la dulce remembranza de un viejo sueño vano, ni la marchita y frágil ala de una quimera que al estrecharse deja su polvo entre la mano. La media noche es tarde y el alba fue temprano, y el orgulloso día le dijo al sol: “Espera”; quien sin besarla aspira la flor de Primavera, pasa como una sombra por el jardín humano. Violetas de los prados en el solar fragante, rosas de los pensiles rojas y perfumadas que al pasajero abrieron su misterioso broche; el náufrago retorna como una sombra errante, sin una sola estrella de flámulas doradas con que alumbrar el fondo de su infinita noche. |
María Eugenia Vaz
Ferreira
"La Isla de los Cánticos"
Biblioteca Artigas
Colección de Clásicos Uruguayos - Vol. 20
Ministerio de Cultura
Montevideo, 1956
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