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Regreso |
| He de volver a ti, propicia tierra como una vez surgí de tus entrañas; con un sacro dolor de carne viva y la pasividad de las estatuas. He de volver a ti gloriosamente, triste de orgullos arduos e infecundos con la ofrenda vital inmaculada. No sé, cuando labraste el signo mío, el crisol armonioso de tus gestas dónde estaba... dónde la proporción de tus designios... Tú me brotaste fantásticamente con la quietud de la serena sombra y el trágico fulgor de las borrascas... Tú me brotaste caprichosamente alguna vez en que se confundieron tus potencias en una sola ráfaga...: Y no tengo camino; mis pasos van por la salvaje selva en un perpetuo afán contradictorio, la voluntad incierta se deshace para tornasolar la fantasía; con luz y sombra, con silencio y canto el miraje interior dora sus prismas; mientras que siento desgranarse afuera con llanto musical los surtidores, siento crujir los extendidos brazos que hacia el materno tronco se repliegan, temor, fatiga. solitaria angustia, y en un perpetuo afán contradictorio mis pasos van por la salvaje selva. Ah, si pudiera desatar un día la unidad integral que me aprisiona Tirar los ojos con los astros quietos de un lago azul en la nocturna onda... Tirar la boca muda entre los cálices cuyo ferviente aroma sin destino disipa el viento en sus alas flotantes Darle el último adiós al insondable enigma del deseo, cerrar el pensamiento atormentado y dejarlo dormir un largo sueño sin clave y sin fulgor de redenciones Alguna vez me llamarás de nuevo Y he de volver a ti, tierra propicia, con la ofrenda vital inmaculada, en su sayal mortuorio toda envuelta como en una bandera libertaria. |
María
Eugenia Vaz Ferreira
"La Isla de los Cánticos"
Biblioteca Artigas
Colección de Clásicos Uruguayos - Vol. 20
Ministerio de Cultura
Montevideo, 1956
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