|
Las quimeras |
| Sangre bullente de las bocas rojas, sangre que brilla y en recónditos vasos se retrae cuando fervientes labios se avecinan... Paladar calcinado, lengua de fuego que lleva el peregrino bajo el sol meridiano del desierto y cuya sed no aplacan el límpido raudal de los oasis y el dulce jugo de los cocoteros... Collares desatados, lacias guirnaldas de los brazos quietos, ceñidores de amor nunca prendidos para estrechar los cuellos ofrendarios y los torsos solícitos... Cuencas de las pupilas curiosas de figuras, ebrias de perspectivas deslumbrantes, conturbadas por blondos espejismos adonde fácilmente se borran los mirajes como en el mar la curva de las olas y la fugaz estela de las naves... Placa de oro para el son propicia, fibras de acústica sonora por donde ruedan todas las palabras sin imprimir sus líricas rapsodias... Campanas mudas de los corazones, cosas rebeldes, también como a vosotros más de una vez las manos me tendieron más de una vez riéronme los labios y se deshizo en cálidos aromas la brasa de sus rojos incensarios..... También como a vosotros miráronme gozosas las pupilas, que rayaron en tórridos incendios con brillo de fulgentes pedrerías... Mas seguí torvamente y tristemente porque también me ungieron en mal hora con sedes y ambiciones sobrehumanas, con deseos profundos e imposibles, y voy como vosotros también inaccesible e impotente, cargando con la cruz de la quimera, ajustada a la sien ardua corona, sin poder claudicar y sin tocar la carne de la vida jamás, jamás, jamás. |
María
Eugenia Vaz Ferreira
"La Isla de los Cánticos"
Biblioteca Artigas
Colección de Clásicos Uruguayos - Vol. 20
Ministerio de Cultura
Montevideo, 1956
|
Ir a índice de poesía |
Ir a índice de Vaz Ferreira, María Eugenia |
Ir a página inicio |
Ir a mapa del sitio |