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Heroica |
| Yo quiero un vencedor de toda cosa, invulnerable, universal, sapiente, inaccesible y único. En cuya grácil mano se quebrante el acero, el oro se diluya y el bronce en que se funden las corazas, el sólido granito de los muros, las rocas y las piedras los troncos y los mármoles como la arcilla modelables sean, A cuyo pie sin valla y sin obstáculo las murallas amengüen, se nivelen los pozos, las columnas se trunquen y se abran de par en par los pórticos. Que posea la copa de sus labios el licor de la vida, el virus de la muerte, la miel de la esperanza, las beatas obleas del olvido, y del divino amor las hostias sacras. Que al erótico influjo de sus ojos se empañen los cristales, la nieve se calcine, se combustione el seno virginal de las selvas y se empenache con ardientes ascuas el corazón de la rebelde fémina. Que al rayar de su testa iluminada resbalen de las frentes las más bellas coronas, los lábaros se borren, repliegue sus insignias la faz del estandarte y vacilen los símbolos ilustres sobre sus pedestales. Yo quiero un vencedor de toda cosa, domador de serpientes, encendedor de astros transponedor de abismos... Y que rompa una cósmica fonía como el derrumbe de una inmensa torre con sus cien mil almenas de cristales quebrados en la bóveda infinita, cuando el gran vencedor doble y deponga cabe mi planta sus rodillas ínclitas. |
María
Eugenia Vaz Ferreira
"La Isla de los Cánticos"
Biblioteca Artigas
Colección de Clásicos Uruguayos - Vol. 20
Ministerio de Cultura
Montevideo, 1956
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