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Hacia la noche |
| Oh noche, yo tendría una palma futura, desplegada sobre el gran desierto, si tú me das por una sola noche tu corazón de terciopelo negro, y yo, al compás de su morena sangre, canto con las ondas beatas el sacro silencio. Mi canto será vivo sólo por el deseo de serenar la cuotidiana angustia... Oh noche, yo te quiero sin el fulgor de luminosos astros, sin marinos clamores y sin la voz que finge en los cráneos sonoros el rumor de los vientos. Oh dulce noche mía, oh dulce noche! Aunque el glorioso pájaro del alba. rompa después mi lapidario ensueño, un polvo de inquietud arda en mis ojos, y me seas de nuevo sólo una palma antigua, replegada sobre el gran desierto. |
María
Eugenia Vaz Ferreira
"La Isla de los Cánticos"
Biblioteca Artigas
Colección de Clásicos Uruguayos - Vol. 20
Ministerio de Cultura
Montevideo, 1956
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