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Elegía crepuscular |
| Viento suave del crepúsculo, viento de las leves alas, azulmente silenciosas y azulmente solitarias, anónimo pasajero fugaz en todas las patrias, en las misteriosas selvas y en las grutas oceánicas, viento suave del crepúsculo, viento de las leves alas... Tu roce sobre mi frente tiene la misma eficacia de la luna entre las ruinas, de los óleos en las llagas y de las claves que aflojan el cordaje de las arpas... Tu fresco soplo serena la exaltación de mi alma fosca de llamar sin nombre y esperar sin esperanza por haber nacido póstuma dentro de su propia lápida... Viento suave del crepúsculo que cruzas sin decir nada el transitorio paréntesis suspenso en la sombra vaga, cuando enmudecen las cosas o todavía no cantan, cuando de los rojos soles palidecieron las flamas y las nocturnas estrellas están todavía pálidas... Si yo supiera estar triste yo me desharía en lágrimas para que así me bebieran las caricias de tus ráfagas ¡Qué lindo renunciamiento! ¡Qué liberación beata! Viento suave del crepúsculo si tus brisas me acabaran, azulmente silenciosas y azulmente solitarias, viento suave del crepúsculo, viento de las leves alas. |
María
Eugenia Vaz Ferreira
"La Isla de los Cánticos"
Biblioteca Artigas
Colección de Clásicos Uruguayos - Vol. 20
Ministerio de Cultura
Montevideo, 1956
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