Henry Trujillo

El talento de un narrador de verdad

LAS DOS NOVELAS que hasta ahora ha publicado Henry Trujillo pueden ser tildadas de siniestras, pero nunca de deprimentes. El autor se mete con las cosas sucias del mundo: asesinatos, delación, egoísmo, arribismo, traición, explotación. Todo ello en un Uruguay precisamente descrito, reconocible en una naturalidad extrema.

En Torquator se pintaba el ambiente de las fábricas y de los apartamentos de pasillo. En El vigilante se retratan los serenos, los trabajadores nocturnos, las pensiones. Trujillo se mueve en el costumbrismo y en el realismo sin el menor complejo de culpa. Numerosos escritores uruguayos en los últimos tiempos han trabajado lo fantástico, la experimentación, el género histórico. El parece desmarcarse de las tendencias reinantes y caminar por la literatura con un ejemplar de Crimen y castigo de Dostoievsky bajo el brazo.

La historia sabiamente contada, aquella que es llevada adelante por un narrador en tercera persona, con la información perfectamente dosificada para absorber al lector hasta extremos obsesionantes, es el gran gancho de sus novelas. En Torquator la historia es tremenda. En El vigilante, sencillamente espeluznante. El autor defiende sus inteligentes historias y no las enreda con palabras innecesarias. No hace falta. El lenguaje resulta entonces una apoyatura misteriosa y a la vez sólida. El autor no desea aplicar teoa literaria. Quiere otra cosa.

En ambas novelas hay diálogo, bastante diálogo. Los personajes parecen estar ejerciendo la tensión de un juego de ping-pong: dentro de las reglas se despliega una gran violencia, rapidez, habilidad. De pronto, el golpe sorprendente.  

Torquator (1993), fue la primera de las dos novelas editadas; pero su ejecución es posterior a El vigilante. No es fácil decidir cuál de las dos es más dura. Sin duda, la primera en ser escrita, El vigilante, se acerca más a una clásica historia de suspenso. El sereno nocturno de una fábrica clausurada hace un macabro hallazgo: pronto se convierte en un extorsionador. En Torquator, la menuda muchacha que trabaja desde el alba en una fábrica para mantener a su madre cuadrapléjica, es de pronto acosada por un misterioso individuo que la espía, le envía mensajes, la ama; puede ser un violador o un Mesías, puede ser un psicópata o un filósofo. El final es una declaratoria de la libertad.

Trujillo trabaja las zonas negras de la literatura, pero nunca las grises. Sus protagonistas no son mediocres. Describe miseria humana, pero no mental. En situaciones de extrema alienación, sus jóvenes personajes conservan la brillantez, la maldad, la entereza. Se entienden endemoniadamente entre ellos. Tanto el perseguidor como la asesina de El vigilante, tanto el acosador como la acosada de Torquator, pertenecen a una raza especial de marginales: están embromados, pero no derrotados, son pobres, pero no mendigos.

El feo Uruguay aparece por allí, sin poesía. No es una traducción rioplatense del llamado "realismo sucio", es sucio de verdad. "El invierno de 1985 fue muy duro" —comienza el capítulo II de Torquator"El viento helado levantaba las olas sobre la escollera y barría las calles arrastrando los papeles tirados y las almas de algunos linyeras que ese año no tuvieron más problemas. Ese año, los niños que andan tirando de los carritos de basura orinaron más sangre que en otros años y en los manicomios los locos aullaron de dolor".

Pero la lectura de sórdidas realidades identificables no deja en el lector una opresiva pesadumbre. Muy por el contrario, la lectura de estas dos novelas es divertida, excitante, aunque no haya chistes por ningún lado. En la deprimida atmósfera en que se mueven, estos asesinos y traidores tienen una energía casi sobrenatural: están casi locos. En El vigilante pueden perder, en Torquator pueden ganar. Pero sumergidos y todo, tienen una fuerza arrolladora para desmarcarse, para flotar:

"Toda esa gente que se amontona acá" —dice la encargada de una pensión— "no tiene otro destino que sobrevivir, y eso es lo que les hace continuar. Todas son buenas personas. Todas serían capaces de cuidarla a una si una se enferma. De dar lo poco que tienen, si es necesario, por una (...). Pero deles una sola posibilidad de salir de esto, y venderían a su madre".

Henry Trujillo nació en Mercedes, en 1965. Es obrero, sociólogo y docente universitario. La aparición de su narrativa y su talento ha introducido un extraño soplo en la joven literatura uruguaya.

EL VIGILANTE, de Henry Trujillo. Ediciones de la Banda Oriental. Montevideo 1996. 76 páginas.

Andrea Blanqué
El País Cultural Nº 388
11 de abril de 1997

Ir a índice de narrativa

Ir a índice de Trujillo, Henry

Ir a página inicio

Ir a mapa del sitio