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“Stéphanie” de Alfredo Zitarrosa 
Conciencia, compromiso y cambio social 
Patricia Tomsich

Resumen 

En el presente trabajo nos proponemos realizar una lectura del texto “Stéphanie” de Alfredo Zitarrosa (ver Anexo) que tenga en cuenta el planteo ideológico y la problemática social que subyace al texto. ¿El yo lírico-emisor intenta generar conciencia acerca de la explotación y de la alienación en un amplio sector social (mujeres/prostitutas) –a partir de la referencia (metonímica) al personaje mencionado desde el título?  Por otra parte, el texto permitiría una reflexión más general acerca de la explotación del hombre por el hombre, una dimensión que remite a la alienación –respecto al trabajo realizado- y que nos lleva a considerar la tesis XI de Marx sobre Feuerbach que sostiene “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

1- Las relaciones de poder

En primer lugar, respecto a la anécdota, encontramos dos personajes: quien emite el discurso y Sthephanie, relacionados en torno a temas tales como el amor, la soledad, el recuerdo y el dinero. No obstante, en una segunda lectura, apelando a la filosofía materialista, analizamos este escenario y en él podemos distinguir quien puede, quien no puede, y el medio para “poder”. Es necesario precisar que la concepción marxista no establece una jerarquía exterior a los individuos, no acepta como marco final la conciencia del individuo y el examen de esa conciencia aislada. Advierte realidades que escapan a tal examen: son éstas, realidades naturales (la naturaleza, el mundo exterior), prácticas (el trabajo, la acción), sociales e históricas (la estructura económica de la sociedad, las clases sociales).

La mujer es “poseedora” de su medio de trabajo –el cuerpo–, pero ya no es dueña de él, porque se sujeta al Otro, que la mercantiliza a su antojo porque tiene una posición, un poder del cual ella carece: el dinero. En el “Manifiesto Comunista”, Marx y Engels, refiriéndose a la situación de la mujer, escriben:

El burgués, que no ve en su mujer más que un simple instrumento de producción, al oírnos proclamar la necesidad de que los instrumentos de producción sean explotados colectivamente, no puede por menos de pensar que el régimen colectivo se hará extensivo igualmente a la mujer.

No advierte que de lo que se trata es precisamente de acabar con la situación de la mujer como mero instrumento de producción.

Nada más ridículo, por otra parte, que esos alardes de indignación, henchida de alta moral de nuestros burgueses, al hablar de la tan cacareada colectivización de las mujeres por el comunismo.  No; los comunistas no tienen que molestarse en implantar lo que ha existido siempre o casi siempre en la sociedad.

Nuestros burgueses, no bastándoles, por lo visto, con tener a su disposición a las mujeres y a los hijos de sus proletarios -¡y no hablemos de la prostitución oficial!-, sienten una grandísima fruición en seducirse unos a otros sus mujeres.

 

En realidad, el matrimonio burgués es ya la comunidad de las esposas.  A lo sumo, podría reprocharse a los comunistas el pretender sustituir este hipócrita y recatado régimen colectivo de hoy por una colectivización oficial, franca y abierta, de la mujer.  Por lo demás, fácil es comprender que, al abolirse el régimen actual de producción, desaparecerá con él el sistema de comunidad de la mujer que engendra, y que se refugia en la prostitución, en la oficial y en la encubierta. (Marx y Engels, 2008)

 

Stéphanie (tú lírico), es “caracterizada” como prostituta, sujeta a lo que los Otros han determinado para su rol y su clase social. Stéphanie no poseer el lenguaje “correcto” y adecuado para tener discurso en tanto sus palabras parecen restringirse a las que corresponden a su trabajo y su voz auténtica parece acallarse.  

... decias anoche ouve-me por favor bésame aquí..

…tus palabras de amor en portugués… 

¡Proletarios del mundo, uníos!

Los obreros arrancan algún triunfo que otro, pero transitorio siempre. El verdadero objetivo de estas luchas no es conseguir un resultado inmediato, sino ir extendiendo y consolidando la unión obrera.  Coadyuvan a ello los medios cada vez más fáciles de comunicación, creados por la gran industria y que sirven para poner en contacto a los obreros de las diversas regiones y localidades.  Gracias a este contacto, las múltiples acciones locales, que en todas partes presentan idéntico carácter, se convierten en un movimiento nacional, en una lucha de clases.  Y toda lucha de clases es una acción política.  Las ciudades de la Edad Media, con sus caminos vecinales, necesitaron siglos enteros para unirse con las demás; el proletariado moderno, gracias a los ferrocarriles, ha creado su unión en unos cuantos años. Marx y Engels sostienen:  

Al principio son obreros aislados; luego, los de una fábrica; luego, los de todas una rama de trabajo, los que se enfrentan, en una localidad, con el burgués que personalmente los explota.  Sus ataques no van sólo contra el régimen burgués de producción, van también contra los propios instrumentos de la producción; los obreros, sublevados, destruyen las mercancías ajenas que les hacen la competencia, destrozan las máquinas, pegan fuego a las fábricas, pugnan por volver a la situación, ya enterrada, del obrero medieval.

En esta primera etapa, los obreros forman una masa diseminada por todo el país y desunida por la concurrencia. Las concentraciones de masas de obreros no son todavía fruto de su propia unión, sino fruto de la unión de la burguesía, que para alcanzar sus fines políticos propios tiene que poner en movimiento -cosa que todavía logra- a todo el proletariado. En esta etapa, los proletarios no combaten contra sus enemigos, sino contra los enemigos de sus enemigos, contra los vestigios de la monarquía absoluta, los grandes señores de la tierra, los burgueses no industriales, los pequeños burgueses. La marcha de la historia está toda concentrada en manos de la burguesía, y cada triunfo así alcanzado es un triunfo de la clase burguesa.

Sin embargo, el desarrollo de la industria no sólo nutre las filas del proletariado, sino que las aprieta y concentra; sus fuerzas crecen, y crece también la conciencia de ellas.  Y al paso que la maquinaria va borrando las diferencias y categorías en el trabajo y reduciendo los salarios casi en todas partes a un nivel bajísimo y uniforme, van nivelándose también los intereses y las condiciones de vida dentro del proletariado.  La competencia, cada vez más aguda, desatada entre la burguesía, y las crisis comerciales que desencadena, hacen cada vez más inseguro el salario del obrero; los progresos incesantes y cada día más veloces del maquinismo aumentan gradualmente la inseguridad de su existencia; las colisiones entre obreros y burgueses aislados van tomando el carácter, cada vez más señalado, de colisiones entre dos clases.  Los obreros empiezan a coaligarse contra los burgueses, se asocian y unen para la defensa de sus salarios. Crean organizaciones permanentes para pertrecharse en previsión de posibles batallas. De vez en cuando estallan revueltas y sublevaciones. (Marx y Engels, Manifiesto Comunista).

2- Algunas relaciones entre explotación y alienación

Toda la realidad parece aseverar que en ella, toda relación social está mercantilizada, es decir, que todo se vende y todo se compra. Así  funciona el mundo capitalista[1]. Los géneros están diferenciados por su trabajo, por su clase social, por su rol, etc, todo ello está impuesto por quienes tienen el poder y por quienes a la vez acatan ciegamente esa imposición. Solo una conscientización de la realidad en cada sujeto, producirá acción, una acción que se revele a esa imposición.  Así parece decirlo el yo lírico en los versos:  

…debes vivir la soledad que sales a vender
más mujer Stéphanie… 

En otras palabras, el yo lírico parece poner en palabras toda una intención, mostrar al “tú lírico” el valor de sí misma, la existencia de su identidad y sobre todo, la explotación que el hombre hace de ella sin que sea contrariada, enfrentada, cuestionada, etc.

por el dinero parece haberse olvidado al obrero y al señor …

Walter Benjamín, en su obra “La Obra de Arte en la época de reproductividad técnica”, expone la idea de la “estetización” de la política, como si de alguna manera, la política usara de la mercantilización como fetiche, como pantalla o “máscara” para ocultar lo que realmente se esconde en sus manejos y disposiciones. En esta obra, Benjamín, también explica que el arte, (como en este caso sería la música), tiene un valor de singular aplicación sobre los sujetos involucrados en las relaciones sociales. El arte puede también encubrir lo real o poner de manifiesto lo oculto, este último sería el arte comprometido  que Sartre defendería como el más auténtico.

Consideramos la postura de Raymond Williams quien retoma la relación entre teoría y práctica como centro de la teoría marxista: Williams afirma que "la fuerza fundamental del marxismo se halla en la conexión existente entre teoría y práctica" (Williams: 1977, 230). El citado autor aborda esta relación cuando menciona la problemática de la alineación y el compromiso del escritor.

El concepto de alineación parte del reconocimiento de que los autores siempre son hombres específicos dentro de relaciones sociales específicas (relaciones de clase, en términos marxistas) con respecto a situaciones y experiencias específicas. Como contrapartida, el compromiso correspondería a una alineación consciente o un cambio de alineación consciente. Pero incluso las posibilidades de un compromiso están históricamente limitadas por las condiciones históricas reales. Por lo tanto, reconocer la alineación significa aprender las difíciles condiciones de un compromiso posible. Reconocer las condiciones en que desarrollamos nuestras prácticas sociales es, de hecho, una crítica, aunque en sí misma no garantiza el éxito de la práctica.

En “Doña Soledad” también  Alfredo Zitarrosaexplicita lo implícito, como arte comprometido con la realidad político–social, como búsqueda de combatir la ciega alienación al hombre que tiene el poder económico y que, por lo tanto, manipula al otro “menos favorecido”. En el primero de los textos citados afirma:  

…Mire doña Soledad,
póngase un rato a pensar,
doña Soledad,
cuántas personas habrá,
que la conozcan de verdad….

 

…La carne y la sangre son
de propiedad del patrón,
doña Soledad….

 

..y usted para conversar
hubiera querido estudiar.
Cierto que quiso querer,
pero no pudo poder,
doña Soledad,

porque antes de ser mujer
ya tuvo que ir a trabajar

 

…Mire doña Soledad,
póngase un poco a pensar,
doña Soledad,
qué es lo que quieren decir
con eso de la libertad.
Usted se puede morir,
eso es cuestión de salud,
pero no quiera saber
lo que le cuesta un ataúd….

..Doña Soledad,
hay que trabajar...
pero hay que pensar...

3-El poder y poder de silenciar discursos  

En tanto Foucault se refiere  a una red de relaciones históricas, considerando sus  ideas deberíamos tener en cuenta la conformación compleja de las relaciones a que hemos aludido. Los discursos se expresan y se constituyen en un “tejido de prácticas sociales”, y cada individuo se significa mediante las relaciones ante dichas así como de las relaciones de poder, económicas, etc. El discurso, la voz de un individuo, su identidad “en palabras” no debería valorarse en cuanto a las reglas de la lengua estándar escrita; habría que considerar otros aspectos. Cada persona es un ser social y relacional y si bien todos los sujetos tienen la “competencia lingüística” de poder hablar y expresarse, no todos tendrían la potestad del “poder decir” y ser dueños de su discurso.

 La apropiación del discurso, en las sociedades modernas, es “ordenada y controlada” por su silenciamiento cuando fuere necesario y por medio de una producción institucionalmente organizada y “vigilante”. Es decir, hay quienes tendrán el derecho de vedar lo conveniente y hay quienes, por otra parte,  serían ciegamente sometidos a acatar para “su beneficio”.

Entendemos que poder poner en palabras lo inconsciente, es el gran y primer paso para revelar y accionar al consciente de cada sujeto.

La libertad física parece ir precedida de una inevitable y necesaria libertad “intelectual”, “mental”. Para quienes poseen “el poder”, la verdad parece “el infierno tan temido” y quizá por ello necesariamente evitada, encubierta.

Sthepanie es de sí misma  (inconscientemente, parece no saberlo) y es de Otro,  propiedad de Otro. Esto sucedería, según Marx, porque ella, Stéphanie, aún no se ha “puesto a pensar”…empleando palabras de Zitarrosa.

Con respecto a este tema, Foucault  también refería a vínculos sociales que surgen a partir de las relaciones entre fuerza y verdad. Las “verdades” serían entonces impuestas por quien tiene la potestad de de establecerlas por sobre los demás. Las verdades serían legitimadas por las clases o grupos dominantes que tienen el monopolio sobre la emisión de discursos. Esta clase “elegida” indica y establece conceptos, significados y a la vez señala las interpretaciones.

El hecho sería, conocer, actuar, cambiar. El sujeto que operara sobre estos tres elementos, sería aquel que optara por “ver”,  que optara por la renuncia a la ciega alienación para quien el dinero le ha creado una identidad particular y “poderosa”. Aquel individuo que “se pone a pensar”, es aquel que se compromete, que por el dinero no olvida ni al obrero ni al señor.   

Referencias:

[1] El “capital” es el valor que se valoriza. La forma inicial del capital es una masa de dinero cuya utilización en el proceso productivo capitalista permite a su dueño obtener una cantidad mayor que la inicial. El dinero sirve para comprar maquinarias y materias primas por una parte, y fuerza de trabajo por la otra, vale decir capital constante y capital variable. Una vez que posee capital constante y variable, el capitalista puede organizar la producción de un determinado bien; el valor de una unidad de ese bien debe ser mayor que la suma de las partes de capital constante y variable que se han usado en su producción. De esta forma, cuando todo el capital constante y variable adquirido haya sido gastado, o sea cuando las máquinas estén tan desgastadas que no pueden seguir siendo utilizadas, cuando hayan sido consumidas las materias primas y cuando haya vencido el contrato de los trabajadores, el dinero obtenido por la venta de lo producido ha de ser mayor que el invertido originalmente. En este sentido sostiene el marxismo que el capital es un valor que se valoriza.  

 

Patricia Tomsich

Estudiante de 3er Año - enero de 2009

Lengua y Literatura

CERP DEL SUROESTE 

 

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