Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre

Salvemos la casa de Vicente Aleixandre
Salvemos la Casa de la Poesía

Historia de nuestra lucha

 

En marzo de 1995 un grupo de amigos iniciamos una importante campaña de protesta -encabezada por el poeta y crítico José Luis Cano- para denunciar el lamentable e incomprensible abandono que padecía el histórico inmueble de Velintonia 3 desde la muerte del poeta y premio Nobel Vicente Aleixandre , en 1984. En dicha campaña se recogieron más de un centenar de firmas de prestigiosos poetas e intelectuales.

Diez años después de nuestra protesta y en vista de la persistente desidia institucional, decidimos convocar, el 28 de marzo de 2005, una concentración frente a la casa de Vicente Aleixandre (calle de Vicente Aleixandre, 3, en Madrid) a la que acudieron diversos personajes de la cultura de nuestro país.

Esta acción reivindicativa fue recogida en diversos medios de comunicación y, durante unas semanas, atrajo la atención del Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Cultura.

No obstante, en el pleno del Ayuntamiento, celebrado el 30 de marzo de 2005, se rechazó la idea que defendemos: adquirir el histórico inmueble para transformarlo en sede de la futura Fundación Vicente Aleixandre y en un centro de documentación y estudio de la poesía española del siglo xx, o lo que es lo mismo, en la Casa de la Poesía. La representante del Grupo Popular admitió que si la casa se compraba a partes iguales entre el Ayuntamiento (PP), la Comunidad (PP) y el Ministerio de Cultura (PSOE), ellos aceptarían. De esta forma se creó una comisión encargada de negociar la compra del inmueble con los respectivos herederos. Durante varios meses las negociaciones fueron inexistentes, por lo que desde la Asociación continuamos nuestras movilizaciones frente a la casa, al tiempo que seguíamos dando a conocer al mundo tan lamentable situación.

Entre los intelectuales que respondieron a nuestra llamada se encuentra el poeta y premio Nobel irlandés, Seamus Heaney, que nos envió una amable carta de adhesión que debería haber avergonzado a nuestros políticos.

 

Tras un par de reuniones informales de las tres administraciones con los herederos, estos decidieron poner en venta el chalet al comprobar la más que evidente falta de voluntad política para salvarlo.

Desde entonces, el cartel de SE VENDE cuelga de una de sus ventanas.

 

A pesar de ello, y aunque dichas administraciones públicas decidieran romper unas negociaciones que nunca existieron realmente, las concentraciones frente al Ministerio de Cultura, el Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad se han mantenido de manera puntual y se mantendrán en el tiempo, incluso si Velintonia se pierde para siempre.

 

Uno de los actos más relevantes y emotivos organizados por la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre tuvo lugar el 15 de diciembre de 2007. Por primera vez, después de veintitrés años de silencio y abandono, la casa volvió a abrirse a la poesía en un íntimo homenaje al poeta, con motivo del año conmemorativo del 30.º aniversario de la concesión del Premio Nobel, en el que numerosos amigos, intelectuales, poetas, escritores y cantantes leyeron poemas de Vicente.

 

El número XIX-XX de la revista El Ateneo de la primavera de 2008 dedicó un monográfico a la figura de Vicente Aleixandre donde se incluyeron textos y fotografías inéditos del poeta. El artículo "La soledad de Velintonia" relata la historia de nuestra lucha desde sus inicios.

 

En 2009 se conmemora el 25.º aniversario del fallecimiento del Nobel. Veinticinco años de olvido y silencio que se reflejan en el estado actual de su casa madrileña.

 

A día de hoy, Velintonia 3 sigue olvidada por las administraciones públicas... y nosotros seguimos luchando por salvarla.

 

Algunos textos sobre Velintonia

A lo largo de estos años muchos intelectuales han escrito sobre la importancia de Velintonia 3 en la historia cultural de nuestro país. Hemos escogido algunos de estos textos a modo de muestrario. La literatura sobre la casa de Vicente Aleixandre es mucho más amplia:

 

Pere Gimferrer
Discurso de ingreso en la RAE (1985)

 

«[...] para bien de todos, espero y deseo que la casa de Vicente se mantenga siempre, como en vida del poeta y como ahora mismo, a título de perpetuado monumento incólume a un gran escritor y a su generación, del mismo modo que el carmen granadino de Manuel de Falla, para instrucción, ejemplo y goce de las generaciones futuras. Hago, por si algún día llegase a ser necesario, público llamamiento desde aquí en tal sentido a todos los amigos de Vicente y de la literatura y a las instancias públicas y privadas pertinentes para que así sea: es una responsabilidad que hemos contraído, es algo que a nosotros mismos nos debemos.»

 

Javier Marías
«De hacer honor a hacer desdén»
El País Semanal
(2006)


«La atracción recíproca entre los políticos y los escritores siempre ha constituido para mí un misterio. Bueno, miento: que los primeros cortejen ocasionalmente a los segundos no resulta tan raro. A veces lo hacen para neutralizarlos (es difícil criticar a alguien que ha estado encantador con uno), otras para ponérselos como condecoraciones (si el autor goza de gran prestigio o le acaban de dar el Nobel, por ejemplo), otras para aparentar que son cultos y que tienen amigos civilizados (y puede darse que sea cierto, pero no a menudo). Lo que es un verdadero enigma es que tantos escritores acudan con presteza a las llamadas de los gobernantes y se crean sus bonitas y huecas palabras. Desde García Márquez y Saramago bailándole el agua a Fidel Castro, hasta el hoy manoseado Günter Grass arrimando el hombro, en su día, a la causa de Willy Brandt, la nómina presente y pasada es tan extensa que antes acabaríamos si mencionáramos sólo a quienes han procurado no mezclarse con dirigentes, ni para halagarlos ni para ser halagados por ellos. Por lo que yo he visto personalmente, en esas aproximaciones suelen primar dos elementos, la vanidad y la ingenuidad, y sólo en tercer lugar el provecho. Muchos escritores han creído con inocencia que podían influir en quienes mandan, sin darse cuenta de que lo que el intelectual le diga al poderoso, casi siempre le entra a éste por un oído y le sale por otro antes de que acabe la conversación entre ambos.

 

Uno de los autores que, sin ser grosero ni dado al desplante, jamás frecuentó esas altas esferas fue el poeta Vicente Aleixandre, a quien yo traté bastante entre 1971 y su muerte en 1984. Recuerdo que cuando le concedieron el Nobel, en 1977, le dio noventa patadas, si no las cien de la frase, que se presentaran corriendo en su casa algunos prebostes a felicitarlo y a hacerse unas fotos en su compañía insigne (entre ellos, si no me equivoco, el entonces Ministro de Cultura, Pío Cabanillas Gallas). Y quizá le dio muchas menos, pero alguna, la posterior presencia de los Reyes de España en su chaletito de la calle Velintonia. Don Juan Carlos le impuso en aquella visita la Cruz de la Orden de Carlos III, y declaró: “Es hora de hacer honor a nuestros poetas y a nuestros intelectuales”. En una entrevista con el galardonado que reprodujo este diario, Aleixandre, al hablar de su casa natal en Sevilla, dijo: “Al parecer, el General Franco pasó al principio de la Guerra por Sevilla, y se quedó en esa casa, propiedad de una señora sevillana. Y hace unos años el Ayuntamiento puso una placa para recordar no el nacimiento mío, sino las breves estancias del General. ‘Algún día desaparecerá esa lápida’, me dicen en broma mis amigos, ‘y pondrán una que te recuerde a ti’; yo no necesito lápidas, pero cuando paso por allí me fastidia, qué demonios … Después de todo, en esa casa nací yo”.

 

Ignoro si a día de hoy existirá en Sevilla esa placa que le vaticinaban sus bienintencionados amigos, o si seguirá la de Franco, o si convivirán las dos, malamente. Lo que sí sé es que la “hora de hacer honor”, según expresó el Rey, ya pasó en Madrid, y ha sido relevada por la de hacer desdén, o casi escarnio; porque la Asociación de Amigos del gran poeta lleva años suplicando que se rescate aquella casa de Velintonia por la que pasamos varias generaciones de escritores y en la que siempre encontramos palabras inteligentes y amables, y sobre todo enseñanzas. Entre 1995 y 2005 esa Asociación hizo más de una peregrinación institucional sin éxito, hasta que el año pasado convocó ante el chaletito una concentración de reivindicación y protesta, que obtuvo algo de eco durante unas semanas. Pero el Ayuntamiento de la capital rechazó en un pleno la iniciativa de adquirir la casa para convertirla en sede de una futura Fundación Vicente Aleixandre y en un centro de estudio de la poesía española del siglo XX. El Partido Popular (con mayoría en el Ayuntamiento) dijo que, si la compra se llevaba a efecto a partes iguales entre la Alcaldía , la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Cultura, se daría vía libre al proyecto. Año y medio después no ha habido noticias de Gallardón, de Esperanza Aguirre ni de Carmen Calvo, a cuyas respectivas instituciones les sale el dinero por las orejas para megabelenes navideños clónicos y demás chorradas. Hace una semana la Asociación planeaba otra concentración, confío en que esta vez sea escuchada.

 

Aleixandre no sólo fue un extraordinario poeta y nuestro penúltimo Premio Nobel, sino también un hombre discreto y recto, contra el que casi nadie tuvo nada y sí mucho a favor la mayoría. Los políticos de 1977 se volcaron en zalemas, y hasta le cambiaron el nombre a su calle, en contra de su voluntad, para llamarla con el suyo. El Ministro de Cultura y los Reyes se molestaron en visitarlo, porque entonces, sin duda, les reportaba beneficio hacerlo, aparte de que sus sentimientos de admiración y respeto fueran sinceros, es lo más probable. Pero Aleixandre lleva muerto veintidós años y, a diferencia de su amigo Lorca, no dejó parientes celosos de su memoria ni combativos.. Hoy ningún político tiene nada tangible que rascar en Velintonia, y así dejan que se pudra o se venda a particulares. Mientras esa inolvidable casa no se salve para la literatura, que el señor Gallardón y las señoras Aguirre y Calvo no se atrevan a pronunciar una palabra en favor de la cultura, porque será falsa, indefectiblemente, y no creída.»

 

Antonio Colinas
(1977)

 

«Pasará este día oscuro y húmedo que pesa sobre los chopos y los abetos del Parque Metropolitano; este día en el que las moles de Navacerrada -más allá Miraflores, el puerto de la Morcuera y el delicioso valle del Lozoya-, se borran y se confunden con la distancia y la lluvia. Pasará también este rumor nuestro de colmena, entre todos producido -el reconocimiento noticiable y, en consecuencia, perecedero- y la calle, y la casa con su jardín, volverán a hablarnos, con naturalidad, de lo que fueron, de lo que vieron.Se van las gentes, con la noticia hecha ya historia, y pasa el mediodía, y la tarde, y llega una noche despejada, fría y azul, sobre las luces y los pinares de la Moncloa. Y el recuerdo y las sombras del pasado desbordan el presente. Hay un dintel que vio pasar a Lorca y un espacio que supo de sus risas llenas de vida; un espacio que lo vio pasar, por última vez, un día de 1936, camino de la luz de Granada: una luz hermosa salpicada de sangre. Y había quedado la casa, tras su partida, turbada por una lectura de versos aún impublicados: los Sonetos del amor oscuro, un poemario amoroso de un tenso y desbordado contenido.»

 

Fernando Delgado
(2005)

 

«[...] Velintonia, gracias a la casa de Aleixandre, que fue una verdadera casa de la poesía y de los poetas, es el nombre de un lugar, de un espacio de la poesía en el que fueron acogidas varias generaciones de poetas, como muy bien ha recordado aquí Molina Foix. Allí se encontraron Lorca y Cernuda, en sus jardines saltaba como un chiquillo Miguel Hernández; ladraba Sirio, el perro del poeta (tuvo varios con el mismo nombre); con gran olfato para los versos, según Claudio Rodríguez, ladraba a los malos poetas. No a la buena gente de la poesía: José Hierro, Carlos Bousoño, Leopoldo de Luis o el incondicional José Luis Cano, siempre junto a Aleixandre. O Francisco Brines, Jaime Gil de Biedma, el ya citado Molina Foix, Luis Antonio de Villena, Antonio Colinas o Marcos Ricardo Barnatán, por poner sólo algunos nombres, entre los que no puede faltar el de su incondicional Dámaso Alonso.»

Marcos R. Barnatán

«Salvar Velintonia»
El Mundo (2005)

 

«Si hay una palabra que concentre el espíritu de aquella casa es la palabra cordialidad. El amigo nuevo o el amigo veterano sentían esa ola cordial. Y también se contagiaban del entusiasmo que Aleixandre ponía en todas las cosas que le importaban. Recuerdo que mis visitas acababan siempre con una sensación de reconfortante aliento, animado por su ejemplo de poeta grande.. Encima del sofá, había un paisaje de un pintor de su tiempo, Eduardo Vicente, y cerca de los ventanales que daban al jardín de atrás, donde merodeaba siempre un perro llamado Sirio, colgaba un alegre móvil de Calder. Mi mirada de incipiente crítico de arte no podía dejar pasar la presencia de un colorido dibujo de Miró, compañero ideal de Calder, del que Aleixandre se enorgullecía.»

 

Vicente Aleixandre
Declaraciones a El País
(1984)

 

«En esta casa, desde la que le hablo a Ud., vivo yo desde el año 1927. Siempre digo, como un recuerdo querido, que a esta casa vine siendo un poeta inédito. Después, en ella, he ido haciendo las cosas de mi vida a través de los sucesivos años.

Esta casa tiene un pequeño jardincito, donde yo por las mañanas, con un pequeño capote que tengo para esto, paseo por el jardín y leo un largo rato. Entonces aprovecho y cuido un cedro, no digamos pequeño, porque es muy grande hoy día. Pero yo lo planté hace ya 30 años, y este cedro es un arbolito que era de 30 centímetros cuando yo lo planté y hoy tiene una cantidad de metros inmensa. Lo tenemos que podar constantemente porque, si no, se come y derriba la casa.»

 

Pablo Neruda
«¡Ay! mi ciudad perdida"
Memorial de isla negra

 

«Me gustaba Madrid y ya no puedo / verlo, no más, ya nunca más, amarga / es la desesperada certidumbre / como de haberse muerto uno también al tiempo / que morían los míos, como si se me hubiera / ido a la tumba la mitad del alma, / y allí yaciere entre llanuras secas, / prisiones y presidios, / aquel tiempo anterior cuando aún no tenía / sangre la flor, coágulos la luna. / Me gustaba Madrid por arrabales, / por calles que caían a Castilla [...] / mientras enderezaba mi vaga dirección / hacia Cuatro Caminos, al número 3 / de la calle Wellingtonia / en donde me esperaba / bajo dos ojos con chispas azules / la sonrisa que nunca he vuelto a ver / en el rostro / -plenilunio rosado- / de Vicente Aleixandre / que dejé allí a vivir con sus ausentes.»

 

Sitio de la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre

                                                                                                    http://www. vicentealeixandre.es/

 

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