Auto de fe
Víctor H. Silveira

Comenzó con un juego
tan sencillo y fácil.
Era sólo interpolar
dos o tres palabras.
Hacerlas trizas
y mezclarlas en un crisol.
El aprendiz de poeta
sacó de ahí un poema
balbuceante
y desgarbado
pero bello como todo
hijo.
Luego
ya no hubo retorno
posible.
Ahora sé muy bien
que los verbos
atan y desatan:
lazos de seda
y acero.
Los vocablos
metamorfosean rayos
y saetas las conjugaciones.

Esa alquimia manejamos
los hombres vulgares.
En las combinaciones
-tal como en la Física-
se dan algunas claves
que lo incendian todo
hasta a uno mismo.
(Será que para tratar
de dar luz
hay que quemarse en la llama).
Será.
Pero hablé.
Con lo callado que soy
y hoy hablé.
Sin embargo no me arrepiento.
de este "auto de fe".

Víctor H. Silveira
"El Cochero de Arjona"
Salto, nov. 1994

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