Romance del Veinticinco de Agosto

"Irritos, nulos, disueltos", 
cantaba el viento en los talas, 
y acompasaban el canto 
los boyeros con sus flautas.

"Irritos, nulos, disueltos", 
repetían las calandrias 
mientras colgaban caireles 
de música entre las ramas.

Y el clarín de los horneros 
campo adentro repicaba, 
sembrando la buena nueva 
entre un júbilo de alas.

Y aunque era invierno en el tiempo, 
hasta grillos y chicharras 
desherrumbraban sus élitros 
para unirse a la cantata.

Estaba de fiesta el campo 
y el monte lo acompañaba 
porque era fecha de gloria 
para la tierra "orientala".


Y el mismo cielo, allá arriba, 
alternaba nubes blancas 
con su azul, como ofreciendo 
para la bandera franjas.

Cuentan que aquel veinticinco 
fue de punta a punta un alba, 
pues hasta la tardecita 
parecía una madrugada.

Todo en él era comienzo, 
todo en él era esperanza, 
y hasta el sol se detenía 
para ver nacer la Patria.

"Irritos, nulos, disueltos" 
los actos que subyugaban, 
el viejo afán artiguista
en fruto al fin se trocaba.

Y por eso "írritos, nulos,
disueltos", todos cantaban,
hombre y ave, insecto y árbol,
flor y espina, viento y agua.

por Serafín J. García
Almanaque del Banco de Seguros del Estado - año 1977

Ir a índice de poesía

Ir a índice de García, S.J.

Ir a página inicio

Ir a mapa del sitio