Romance del labrador sin canciones
Serafín J. García

Monumento al Sembrador, obra del escultor Edmundo Prati, sanducero por nacimiento, salteño por opción personal.

Prati donó la obra a su ciudad natal

 

Hala que hala la yunta,

corta que corta la reja,

brilla que brilla la escarcha

sobre la negra paniega.

 

Va el ancho tajo del surco

despanzurrando la tierra,

que paga en buenos olores

al hierro que la penetra.

 

Las palomas y los tordos

—bruma y sombra, noche y niebla—

desanillan las lombrices

enroscadas en la gleba.

 

Hala que hala la yunta

sobre la tierra morena.
Brilla que brilla el azúcar

de la escarcha mañanera.

 

Y el labrador —ceño adusto,

manos rudas, tez cobreña—

crispa que crispa los puños

sobre la tosca mancera.

 

Va sin palabras ni cantos

—silencio de hierro y piedra—,

curvado el enjuto cuerpo,

cansina y gacha la testa.

 

En tanto la aurora exprime

la pulpa de sus cerezas

y el hornerito alfarero

su laborar recomienza.

 

En tanto los herbazales

trascienden a primavera

y el aire limpio se endulza

con el olor de las yemas.

 

Se irán las blancas heladas;

se irá la negra tristeza;

ya está setiembre aniñando

de brotes las arboledas.

 

Ya se ha encendido la brasa

del churrinche en la pradera,

y anda cardando vellones

de nubes una cigüeña.

 

Ya el sol acuesta brazadas

de luz jugosa en la hierba,

y el día surte su alforja

con zumos de espliego y menta.

 

Hala que hala la yunta

sobre la negra paniega,

mientras setiembre reparte

su carga de vida nueva.

 

¿Nada le trae al labriego

que está binando la tierra?
¿Ni el verde de una esperanza?

¿Ni el rosa de una promesa?

 

¡Ay!, labrador sin canciones

—silencio de hierro y piedra—

empozada en tus pupilas

se quedará la tristeza.

 

Labrador de callos duros

como raíces resecas,

como terrones sin lluvia,

como carozos sin tierra.

 

Oro de espigas candeales

dará otra vez la paniega,

mas no irán a tu granero

los granos de la cosecha.

 

Parvas de rubias gavillas

perfumarán esa tierra.
Con sus rimeros de trigo

se marcharán las carretas.

 

Y tú a limpiar los rastrojos

y a rejar para otra siembra,

que ofrecerá nuevos granos

para las nuevas moliendas.

 

Hala que hala la yunta.
Ya está setiembre en las yemas

y en el verdor del herbajo

que trasciende a primavera.

 

¡Ay!, labrador sin canciones

que labras la tierra ajena:

tanto trigo que has sembrado

¡y ni un pan blanco en tu mesa!

Serafín J. García
Del libro "Todos los Romances"
Corporación Gráfica
Montevideo 1978

Editado por el editor de Letras Uruguay 

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