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Parábola del viajero insaciable

Carlos Sabat Ercasty

En un transparente silencio del ocaso, dijo al amigo el más viajero de los hombres:

—Desde muy joven he recorrido todos los caminos de la Tierra, y ya no hay más caminos posibles frente a mis ojos. Y cada camino terminó en una fuente, y allí bebió mi sed, hasta saciarse.

Después de conocer todos los senderos del planeta, he navegado todos sus ríos, y cada río comienza en una fuente, y también mi sed, jamás satisfecha, bebió en la fuente de todos los ríos.

Y también en idénticas y aventureras naves, surqué los océanos, el alma sobre la proa, y en el centro de ellos mismos, bebí el agua marina, fuerte de sal y de energía, y es así como sé el sabor dulce y el sabor amargo.

He descansado al pie de todos los árboles, por la noche, de sombra a sombra, y por el día de luz a luz, y no hay fruta de savia dulce o acre, que no haya alimentado mis hambres, sin un desdén para ninguna.

He contemplado las nocturnas armonías astrales, he intuido los ocultos verbos de las tinieblas, sorbí con los ojos la delicada lumbre de la luna, y capté en el silencio de la noche el silencio musical de las estrellas, la melodía de los números celestes. Y las noches han terminado en mi con un silencio.

Me conocen todas las ciudades de los hombres, he ido como una vida que se dispersa entre los millones de los cuerpos y de las almas, y sé la multitud del mismo modo que sé al hombre solo.

Penetré en los templos de todos los dioses de la fe, y en los templos de todos los hombres de la sabiduría, y absorbí en sus recintos la fe de los que sólo creen y la verdad de los que sólo piensan. Hasta las dos fuentes bajé los labios del alma.

Todas las ideas y las pasiones que una vez fueron en la esfera de la Tierra, me trajeron el mensaje ideal del Universo y el fuego que enardece la sangre de los actos.

Nada de la vida ha dejado de ser mi vida. ¿Y por qué no estoy seguro ni saciado? ¿Por qué la sed clama desde mi sangre, si el Universo se ha entregado a mis sentidos y a mi pensamiento? ¿Resta aún alguna fuente donde ir a beber? Y ante estas últimas palabras, contestó el amigo:

—Te has olvidado de tu propio ser. Ninguna fuente te dará tanto como la más íntima, como la más oculta y reveladora, como la que tú desdeñaste por la sed del Universo. Invierte los viajes. Serás deslumbrado cuando llegues a la fuente inagotable de tu propio ser. Tú eres la Creación de la Creación. Cada hombre comienza en la intuitiva conciencia de su ser y en su auto posesión. Antes, es su propia ignorancia. Toda sabiduría realmente humana se inicia ante la vertiente de sí mismo y ante el ojo interior que la contempla. Vive otra vez, y comienza por donde fluyes, por donde emanas, por la fuente divina, esencial y eterna, por la surgente de las aguas profundas de tu verdad interior. Mientras no te apoderes de ti mismo, no serás más que el sueño de un hombre entre el sueño de las imágenes.

—¿Y qué he de hacer, manifestó el joven, ante todas las apariencias que he visto y las que aún he de ver?

Y el amigo respondió:

—Vuelve a ellas con tu propia seguridad, pues ahora tú eres el dueño del Universo. Quien llega a sí mismo, quien penetra en el ser infinito conquistando la diafanidad de su propio ser, ya ha traspasado todas las imágenes y ha creado el puente que va de la ilusión a la esencia. Y no hay más. Eres tu propia Eternidad. Abre los ojos y pon tu mirada sobre los velos visibles y tangibles. Contempla el juego de los sueños desde lo más alto de tu propia lumbre y perdona a los hombres que aún ignoran su espíritu increado. El sueño que sueñan es como una inocencia del sueño que viven. Es muy difícil no ser ciegos con sólo la luz de los soles. Pero tú serás desde ahora, oh viajero de ti mismo, el iniciado invisible entre la efímera danza de las imágenes.

Carlos Sabat Ercasty
21 de setiembre de 1956.
Biblioteca Artigas
Colección de Clásicos Uruguayos - Vol. 166
Ministerio de Educación y Cultura
Montevideo, 1982

Texto escaneado y editado por el editor de Letras-Uruguay, Carlos Echinope Arce - echinope@gmail.com

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