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Parábola del astrónomo y el poeta

Carlos Sabat Ercasty

Perdido en su mundo interior y sin establecer ningún lazo de firme armonía con el mundo que lo rodeaba, sintiendo absurdo su destino, descoloridos sus días y sus noches, inconexos todos sus actos, el astrónomo de mi relato se consideró a sí mismo, ante su amigo el poeta, como un desterrado del cosmos, pese a sus estudios, pese a su poderoso telescopio, pese a sus inmensas exploraciones.

Algo hay en mí, confesaba, que puede más que toda mi voluntad, y todos mis deseos y pensamientos. La noche entera me atrae cuando con mis ojos penetro en ella, y percibo la palpitación de los astros. Se diría que viven... Pero mi modo de saber es fragmentando todo lo que estudio y como enfriando el fluir de los abismos. Veo una sola estrella entre las estrellas, como sólo me veo a mí mismo entre los hombres. Rompo, muelo, pulverizo la realidad, y

acabo, ante el Universo, por percibirme como un átomo de vida extraviado en sus mil soledades. Ansió anudarme, estrecharme, y destrozo de inmediato el vínculo que podía unirme e infundirme en la creación. Y esa es mi más auténtica y triste fatalidad.

Así todo se empequeñece, añadió el astrónomo. Comprendo en su majestad la gravitación de los mundos, la familia del Sol con sus planetas, la hermandad de las constelaciones, la sinfonía de la noche astralizada descendiendo hasta mis internos oídos, pero cuando el torrente musical me penetra, se destroza en mis propios nervios. Igual me ocurre con todo lo que forma el vario y prodigioso paisaje de la tierra. Lo presiento, pero no llego en acorde emocional hasta él. Ni veo la ciudad en el dinámico conjunto de sus hombres y en la fusión de todas sus voluntades. Para mi la realidad está hecha de islas y de cumbres solitarias que no son más que las imágenes de sus propias soledades.

Sí, soy un simple y desolado fragmento, un guijarro perdido en el torrente desarticulado del devenir. Y no obstante, sospecho el esplendor de la Unidad, los ritmos y las geometrías de las grandes leyes, la mutua compenetración de cada ser en el ser infinito, la solidaridad de todas las vidas y de todos los mundos.

Junto al astrónomo estaba el poeta que escuchó sus confesiones y sus quejas. Ya cerrada la última frase del sabio y corridos unos instantes, el poeta dijo:

Hay muchos modos de saber, como existen muchos modos de ser hombre. Jamás competiría contigo en tu ciencia de las estrellas, pero contémplame como a un enamorado de la vida, y como a un intuitivo sentidor de la inifinita Unidad. La vida debe ser todo en un todo para quien a su vez es una vida en la infinidad del Universo.

La vida es superior al sueño, a la esperanza, a la verdad, al éxtasis, y al arte mismo que la canta en su lírica exaltación. Y si no, ¿cómo podríamos sentirlos y crearlos?

La vida es superior a la luz, al sonido, al sol, a los astros y a la misma Tierra en su mineral y misterioso silencio. Y si no, ¿cómo podríamos sentirlos y crearlos?

La vida es superior a las letras y a las palabras en sus mágicos símbolos, a los números, a las líneas del cosmos en sus errantes geometrías. Y si no, ¿cómo podríamos sentirlos y crearlos?

La vida es superior a todas las leyes que aspiran a regirla, a todas las escalas y los planos del Ser, a las potencias del océano, a las mismas tinieblas del abismo nocturno, a las fuentes del sumo origen de las cosas. Y si no, ¿cómo podríamos sentirlos y crearlos?

La vida es sólo igual a sí misma, y en mí y en ti es la misma potencia, la misma revelación, el mismo genio de la sed universal. Y es por eso que yo tendí mis manos hacia las otras vidas, oh hermanos en el prodigio, oh hermanos hombres. Y abracé entera mi ciudad, y en ella, a todas las ciudades de la Tierra.

Y dije, desde la intuición de mis entrañas —Hundíos más en vuestros propios seres para penetrar más en el Ser universal. ¡Sentid! Algo fraternal y amoroso baja al alma del hombre desde todos los mundos.

¡La Vida! Penetrad más a fondo aún. Rozad la Unidad fluyendo el torrente de las imágenes, el oleaje de la pasión cósmica, el tacto vehemente de la totalidad.

Es preciso perderse de sí mismo, dar las más altas horas a la fusión, evadirnos de este breve fragmento que somos y expandirnos en la vida total.

Que dance la selva infinita en la frente entregada, y toda la Creación gravite en el pensamiento, y la misma sangre se irradie por todas las fuentes vitales de los mundos.

Jamás he sido más yo mismo, dijo aún el poeta, que en esos instantes en que me fundí, por identidad y suma entrega, a todos los seres que emergen de la vida en su expansión ilimitada.

Y la vida misma no es más que la Unidad en el crecimiento de la multiplicidad, el Uno generando todas las cifras de la vitalidad astral. ¡Oh, nupcial penetración, todo en mi yo, y mi yo compenetrado por el Yo cósmico sobre el haz de los abismos!

Heroico, sufrido, astrónomo, hermano mío, vuelve a tu centro y haz ahora mismo la meditación de tus bienes sublimes. Considera mis palabras, hazlas tuyas. Ahora sabes y sientes que todo es uno y has llegado así al supremo nacimiento. Bebe sin fin en la fuente de la vida, y aprende que toda la Creación es la fuente de la vida.

Terminadas las palabras del poeta, el astrónomo se irguió en un saludable impulso, se aproximó a su telescopio, colocó sus ojos ante la lente y recorrió la noche entera poseído por el éxtasis. Luego se aproximó al poeta, y vibrando en nervio y alma, exclamó:

¡Gracias, hermano mío! Sólo por ti he penetrado en la más profunda astronomía! Ahora lo sé, la noche vive, los astros viven, hasta las mismas tinieblas viven. ¿Dónde está ahora el triste fragmento, el perdido guijarro que era en mi espantosa soledad? Penetro más y más en la Unidad. La vida del hombre no admite dimensiones. El que la bebe hasta el fin, se reintegra al infinito amor.

Carlos Sabat Ercasty
21 de setiembre de 1956.
Biblioteca Artigas
Colección de Clásicos Uruguayos - Vol. 166
Ministerio de Educación y Cultura
Montevideo, 1982

Texto escaneado y editado por el editor de Letras-Uruguay, Carlos Echinope Arce - echinope@gmail.com

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