A las horas pares ,canta...
Franklin Rodríguez

("Carlos Gardel se dedicó a fabricar mitos para esconder tras ellos su vida, dejando a la historia menor de los sucesos rioplatenses la liviana tarea de aventarlos. Su lugar de nacimiento, su formación juvenil, sus amores y otros pequeños misterios laterales eran sabiamente aderezados con sonrisas, evasivas o silencios para crear en derredor suyo un aura de incertidumbre que sentaba bien a su fama de príncipe de los cantores".)

Daniel Vidart.

Allí estaba parado, frente al busto que sonreía.

Gardel estaba frío, condescendiente con esta ciudad que le vió parir sus éxitos.

Werner Hoeg, hijo de inmigrantes tomaba yogurt frente al monumento homenaje del mago. De vez en cuando ojeaba a una negra de pantorrillas rosadas y se preguntaba si lo de las pantorrillas de las negras tenían que ver con el rendimiento sexual.

Como el Mudo no contestaba, y nadie estaba a su lado se quedó con la respuesta y la vista perdida en la negra entrando a uno de los largos conventillos de la calle Gardel.

Luego apagó su grabador sin una sola observación más que las acostumbradas. 

Sabía que para escribir sobre Gardel debería caer en lugares comunes que otros, más avezados y mejor informados sobre el tema, ya le habían hincado el diente.

El en cambio estaba perdido, tratando de inventar una historia de un Gardel bailarín de Foix Trox, enamorado de Le Pera o discutiendo con Razzano a piña limpia sobre los derechos de autor, algo por el estilo.

Lamentó haberse perdido otras épocas, más dadas en epopeyas donde el tango marcaba el compás de vida de los hombres y mujeres. Se sentía lejano, con la historia adversa, o contada al revés, depende el interés de cada país o cada estudioso del tema.

Una vez más seguramente, la historia del algún mito había sido transformada para bien o para mal. 

Volvió a mirar el folletín donde se llamaba a concurso sobre una novela dedicada a Gardel y presintió cansinamente que no lo iba a hacer. Que como tantas veces se iba a contentar con el nefasto momento de encontrarse frente a la máquina solo con el título.

La negra volvió a pasar.

Esta vez le sonrió mostrándole esos dientes blancos y prolijos como doctores recién recibidos.

Werner también sonrió. Ella fue hasta la esquina y antes de doblar le hizo un imperceptible movimiento de cabeza.

El no se dejó abatatar y confiadamente rumbeó hacia la esquina. Al doblar, la negra estaba en la entrada de una casa derruída.

-¿Querés salir?

Werner dudó un instante antes de estudiar esos labios carnosos y sobre todo las pantorrillas. Estaba a punto de develar una respuesta que hasta ahora le había sido esquiva.

¿Las negras gozan más que las blancas? Era su momento de comprobarlo, así que revisó sus bolsillos y sacó dinero.

La negra lo tomó de la mano y lo introdujo en el corredor semi derruído.

A oscuras, tanteando el sexo y la boca de la negra, Werner se dejó seducir por el aroma extraño, libidinoso que significaba hacer el amor a las doce del mediodía en pleno barrio sur, en una casa en ruinas.

La negra resultó ser una buena hembra, pero de las pantorrillas que cambiaban de color conforme iban pasando los orgasmos de ella, nada. Nada pudo observar Werner porque estaban a oscuras y le sonaba mal decirle a la mujer que le mostrara las pantorrillas.

Asi que salió a la rambla diez minutos después sin mucho para contar, salvo la sensación de que ahora sabía más sobre las negras y menos sobre el Mago.

***********

Werner estaba en la estación de ómnibus interdepartamentales a punto de salir hacia Las Piedras donde residía desde que nació.

Odiaba la lejanía de la gran ciudad pero sabía dormirse a tiempo cuando el paisaje se repetía.

Se compró un helado y pensaba languidamente, cuando Ferruccio se le acercó sin que él se percatara de su presencia.

-Hola Werner...

-Andáte Ferruccio, vos estás mal conmigo...

-¿Porqué ? Ah, ya sé...seguís embroncado, ¿no?

-Me vendiste.Te dí una noticia y saliste a ventilarla con la cana...

-Y de algo hay que vivir...

-Era mi noticia.

-Era una noticia,nada más. Además no te chupés, ¿cuántas veces me soplastes historias que eran mías?

-Nunca

Ferruccio pensó.

-Es cierto, pero ya lo vas a hacer. ¿Puedo viajar contigo en el ómnibus?

-No, prefiero ir solo.

-Mirá que el viaje es largo.

-Andáte Ferruccio, no te aguanto.

-Lástima che- dijo mientras se levantaba- Ayer vi a Margarita.

Werner detuvo el cucurucho a la altura de su boca. Levantó la mirada sobre Ferruccio.

-Ah, mirá vos.

-Estaba en un boliche con un amigo.

-Sansone

-Sansone -corroboró Ferruccio- Pero los vi muy aburridos.

-¿Como sabés que estaban aburridos?

- Ella tomaba una coca con pajita, y él miraba a unos botijas jugar al fútbol en una esquina.No tenían pintas de estar muy contentos.

-A lo mejor meditaban.

-No, te lo digo yo, estaban aburridos. Muy aburridos. Tipo pareja de sesenta.

- Mis padres tienen sesenta y nunca se aburrieron.

-Porque no tenían tiempo de aburrirse, laburaban todo el dia...

-Tenés razón..

-¿Ahora me dejás viajar contigo hasta Las Piedras?

Werner lo miró, esta vez sonriendo.

***********

Hermenegildo y Antonia daban los últimos toques a la habitación destinada a "corte y quebrada" como le llamaban a las clases de tango.

Algo entrado en años y en desiluciones, los dos guardaban cierta pulcritud tanguera en el vestir. El, a la usanza de los malevos de los que hablaba Vacarezza en sus sainetes: la gomina bien distribuida en su cabeza, mientras la golilla planchada de tela color leche le tapaba parte del cuello. El saco apretadito que hacia conjunto con el pantalón impecable. Los zapatos negros, acordonados, apretados dos números menos para caminar como un conocedor del canchengue del bajo.

Ella de vestido con el corte perfecto para acompañar al pelandrún en sus cortadas. Tacos altos y el pelo negro bien sujeto por ondulines.

Los dos poseían las arrugas correspondientes al tiempo pasado. Los dos sostenían que el tango era la música viviente y que, como decía Borges, "es un sentimiento que se baila".

Hermenegildo abrió las ventanas del segundo piso y el aire frío de la mañana se coló con permiso. Protegió su gacho en la cabeza por miedo a que se volara. Miró desde el balcón y con indulgencia repasó las hojas tiradas del tímido otoño. Prendió un pucho al que acompañó con severos movimientos escénicos. Luego vio a Antonia colocar un cassette en el grabador y ensayar un corte y quebrada, sola frente al espejo.

La canción era "Arrabal Amargo" de Le Pera y Gardel.

"Arrabal amargo
metido en mi vida 
como la condena
de una maldición"

Miró la hora y deslindó atención a su mujer. Junto a una silla de paja pensó en jubilarse, en pasar a retiro sus zapatos, sus discos de pasta y su fonola vieja.

Actualizarse, comprarse botines nuevos y brillantes, camisa de colores y un vaquero. Tratar de hacerse un liftingh en la cara, borrar esa cicatriz que le había dejado un perverso busca lios. Una mujer que no perdonó y la venganza traicionera de un tipo con copas encima.

Antonia seguía frente al espejo. A pesar de haber enfundado su piernas en medias, se notaba la caida dolorosa de la carne vieja y cansada.

Ella continuaba el camino asignado cuando tenía dieciseis años y los peringundines de la época la descubrieron como una bailarina fenomenal, de condiciones únicas que la destacaron en los fandangos nocturnos de la era del dos por cuatro.

Y ellos solos intentando abrir una escuela de tango en un Montevideo que bailaba al compás de la marcha y un rock embustero y mal hablado.

Apagó el cigarro, se elevó el humo de la última pitada por su cabeza y se metió las manos en el bolsillo.

Empezaban los cursos. Esperaban alumnos nuevos, pocos, para empezar.

Cada año sufrían la escasez del dinero, el poco trabajo y la crisis que obligaba a la pérdida de interés por bailar el tango.

A las diez sonó el primer timbre y se sintieron llegar los primeros dos pies que subían a la clase.

Ante ellos una chica flaca, de pómulos incrustados en una sonrisa sin vida se paró en el marco de la puerta.

Al rato un gordo exageradamente asmático había subido con sumo esfuerzo las escaleras. Al primer paso caería ahogado. 

Después, y último, llegó una rubia linda, algo terca en sus movimientos pero bonita, cuyos rulos caían provocativamente sobre el borde exhausto de sus labios.

Hermenegildo contó los alumnos de ese año y se dijo, una vez más, que el negocio no marchaba definitivamente y que debería jubilarse, pero fueron quizás las ganas, el empeño con que su mujer tomó las riendas del trabajo lo que le obligó a desestimar el hecho de hacerlo y cerrar para siempre la academia.

-Me llamo Julie- escuchó Hermenegildo en la presentación inicial de uno de los alumnos.

***********

Werner llegó a Las Piedras y caminó las tres cuadras que le separaban de su casa. LLevaba el gusto dulce del helado y la noticia amarga de que Margarita estaba de nuevo con Sansone, como novio oficial.

En el cassette tenía ideas de como empezar la novela sobre Gardel y un montón de palabras parecidas a "no sé que poner", "no sé como empezar".

Entró en la casa a dos aguas construidas hace cincuenta años por su padre, trabajador rural primero y laburador del puerto en donde había dejado sus huesos eternos y heredado su enfermedad.

El viejo tomaba mate junto al parral repleto de uvas no maduras. Su madre trajinaba desde el gallinero hasta la cocina.

De fondo se oía una canción de Gardel, lenta, lánguida, como la vida misma.

Todo el patio olía a jazmines y nada se movía de su lugar. El tiempo detenido en las zapatillas de fieltro de su padre y en el mantel bordado a mano por su abuela. La música provenía de una radio grande, torpe y resistente.

Werner se sentó en una silla de tela y aceptó en silencio un mate del viejo.

-Me fue mal- dijo Werner sin que nadie le preguntáse.

-Gardel está muerto- dijo el viejo

Werner se quedó con esa afirmación.

Y aún antes de acostarse a dormir, lavándose los dientes, quedó pensando en las palabras de su viejo.

Está muerto podría significar ya fue, no lo jodan, basta de recuerdos, basta de obligaciones para con él. Lo recuerdan todos los días, a toda hora los sobrevivientes de aquel mundo de ensueño.

Si era uruguayo, argentino o francés daba lo mismo.

Solo los idiotas patrioteros reclaman sobre el papiro de su cuerpo. Nadie puede exigir una propiedad intelectual sobre el Zorzal.

Se enjuagó los dientes y se acostó.

Estuvo un rato pensando en su amada Margarita y Sansone.

Margarita, profesora de taquigrafía, novia aburrida, engañada por él. Margarita buena madre, abortando un hijo tempranero.

Margarita ahora en brazos de Sansone ,el escribano de Las Piedras.

Sansone riéndose de su fracaso, orgulloso de haber sido consecuente con la muchacha. Esperando un mal paso para entrar a escena.

-Nene-

La voz le sacó de sus cavilaciones. El viejo entró al cuarto.

-Estaba pensando...-se sentó en el borde de la cama de hierro, vieja y antigua como la tos- Si el mago viviera, ¿que estaría haciendo en este momento?

Werner sonrió y besó en la frente a su padre quien salió de la habitación con una sonrisa.

Una sonrisa copiada de alguna foto de Gardel.

***********

¡AL QUE NO LE GUSTE GARDEL, PEOR PARA EL !

Hermenegildo repitió exactamente las mismas palabras que Goyeneche había dicho 

una vez .

Excitado, enojado con sus alumnos por una interrupción del curso para sugerirle algo, no hizo sino alterarle los nervios.

-No es para enojarse don Hermenegildo, sugerimos algo distinto, nada más....

-¡No, ustedes no tienen derecho a sugerir nada. Acá el que manda soy yo...!

-Calmáte viejo... - dijo Antonia

-¡Nada! Yo doy las clases...

-Solo queríamos aportar..-dijo el gordo asmático

-¿Aportar? No sea atrevido montón de grasa...Para aportar hay que saber.

-Mire, a mí me gusta bailar tango moderno, no esto...así que me voy...porque si es incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos...

-¡Nuevos tiempos! Sepa jovencito que nuevos y viejos tiempos para el tango no existen. ¡Son los mismos! No se miden con la vara de las horas.

Los tres alumnos que tenían salieron hacia la calle como llevados por el demonio.

Hermenegildo quedó dando vueltas por el piso de parquet. Luego se sacó malhumorado los zapatos que le apretaban y la golilla blanca.

Antonia trajo el mate y los bizcochitos caseros.

Hermenegildo se calmó en el cuarto mate y el tercer pan con grasa.

-Suerte negra, carajo...estamos echando mala...

-No te abatates viejo, la mala racha no dura siempre..

-Pero la buena tampoco- dijo mientras sorbía un mate lánguidamente, sin apuro. 
Mientras tanto su cabeza parecía bailar un tango interminable de desesperación y recuerdos.

Recordó a su padre bajando del barco en 1920 en aquel puerto de Montevideo, sucio y ajetreado escenario de inmigrantes.Recordó el largo deambular hacia la pensión de la calle Cerrito. Y las tardes de domingos cuando su padre sacaba el acordeón de la valija y entonaba viejos compases de su tierra natal. Luego él,curioso niño de largos mocos, metería sus dedos torpes en los botones del acordeón para aprender a desgranar música con él.

Su padre murió, él se hizo de la herencia del acordeón, y de la música que baila, del tango, felina sombra que hizo danzar a medio mundo.

Allí conoció a Antonia de quien no se separó hasta hoy, y como venía la mano, con la ascendencia que tenía Antonia sobre él, no lo haría nunca más.

Antonia sabía qué bizcochos le gustaban y qué cosas le aburrían. Por eso, esa mañana cerró el ventanal de las clases de baile y se puso a limpiar la casa.

No atendió el teléfono y se dedicó la tarde a controlar la cara de su esposo que ésta vez le regaló una sonrisa.

-Negra, es hora de cambiar todo, hasta los sueños.

***********

El reloj no había corrido demasiado cuando se levantó. Preparó el mate y se puso a mirar ejemplares sobre Gardel, apuntes que había sacado de la Biblioteca Nacional y grabaciones de long play como "Che Bartolo", grabación donde aparece la risa del mago. Por primera vez y única, registrada en una canción que supuestamente le causó gracia al Mago y así quedó grabada para la posteridad.

Atendió el teléfono.

-Si-

-Hola Malevo de 2000

-Ferrucio como jodés.

-No te enojes. Mirá, para reconciliarme contigo te conseguí material para tu novela.

-¿Quién te contó que estoy escribiendo una novela?

-Toda la ciudad lo sabe, además tu viejo me mostró algunos escritos...

-Me cago en diez.

-No putees que es mala suerte. Escuchá: "Hay quizás dos Gardeles que nunca pudimos encontrar. Uno es el conocido, el que le canta a la grela que le abandonó, el que llora en las tardes de mi Buenos Aires querido, el Gardel esencial de las traiciones y desdichas de amores suburbanos. El del tango de faroles, de barro y cuchilladas, de corte y quebrada a la vida. El Gardel del amor en Montevideo y de un envidiable montón de mujeres en cada puerto. El que estoico se bancaba las cargadas de la mishiadura y el hambre ronroneando en la puerta de su pensión. Pienso que no, que Gardel es otro, con otra cara, más sufrido pero no por las mujeres sino por el reconocimiento, el que no le dejaba en paz por nada del mundo. El Gardel oscuro que escribía poesias y se emborrachaba con vino. El que negó Hollywood en el mismo momento en que lo llevó a la fama. El que tuvo la inteligencia suficiente como para negar su destino y su pasado. Ambos circunstancialmente unidos."

Hubo un silencio. Atónito Werner se quedó con las palabras en su oido.

El gordo Pichuco se hacía oír en la cocina. Bailaban los platos y lloraban los repasadores y él aún seguía prendido al teléfono.

-¿Quién te dió eso?

-Tu padre. Le dije que vos me habías mandado a buscarlo y me dejó pasar. Lo encontré y me lo fotocopié.

-La puta, que metido que sos..

-Pará, no te chupés. No seas gil. Hablemos...yo te quiero ayudar.

-Te la vas ligar Ferruccio.

-Siempre me la ligo. Eso no es novedad. Te quiero proponer algo.

-No.

-Algo serio, trabajo entre dos...

-No.

-Si no me aceptás le entrego ésto a Sansone y vas a a ver...

Werner apretó los dientes. Se imaginaba ridiculamente en poder de Sansone y las caras de vergüenza de Margarita.

-Devolvéme ese material.

-Si trabajamos juntos, sí.

-Vos y yo no tenemos nada en común

-Sí, porque yo sé cosas que vos no sabés...

-¿Qué cosas?

-Donde está la verdad sobre Gardel.

-¿Así? No me digas. Mil tipos se pasaron la vida estudiando sobre él y resulta que vos sabés la verdad...¡no me jodas!

-Bueno, me voy a lo de Sansone..

-¡Esperá! Vení para casa..

-No, te espero en el bar del centro. En los Casin...

-Bueno...

Werner fue hacia su cuarto y se quedó pensativo.Luego se vistió y salió hacia el boliche.

Ferrucio estaba sentado en una mesa, al lado de la ventana. Tomaba una caña. Miraba desconsolado una partida de casin a varias rayas.

Werner se sentó a su lado. Ferrucio pidió otra caña.

-Bueno,¿qué querés?

-¡Uh! ¡Pará! Recién llegás y ya me hablás así. Por lo menos dame un beso.

-¿Dónde querés la piña? ¿Mejilla izquierda o derecha?

-Agresivo. Te propongo salir del tacho de miseria en que estás y me recibís así?

-No tengo tiempo que perder.¿Que querés? Dame las fotocopias de mis apuntes y hablamos...

-No señor. Primero hablamos y después las fotocopias.

Werner sonrió. Tomó su caña y miró para afuera. Las Piedras estaba fea ultimamente. La gente se aburría de no hacer nada más que trabajar.

-¿Conocés el tren de las doce?

-Sí ¿Y?

-El tren de las doce del mediodía trae mercancía para los pueblos de 25 de Agosto, previo parada en Las Piedras y antes en estación Yatay.

-Eso ya lo sé.¿Qué, es un tour turístico?

-Dejame terminar. Me batieron que en la estación Yatay suben la "merca" que distribuyen en el interior.

-Estás loco. Mirá si va a ser tan fácil...

-Oíme, hay controles muy jodidos en la carretera...¿qué mejor que llevarla por donde nadie la espera?

-¿Quién te dió ese dato?

-Secreto de estado. Vos sabés como es ésto...te baten algo y te tenés que morir con el dato.

-Bueno, ¿y yo que tengo que hacer con todo ésto?

-Fácil. Yo soy buen fotógrafo, oportunista, preciso pero no sé que carajo poner como nota previa a las fotos.Vos sí. Vos vas a ser mi mano armada. El que va escribir el relato de lo que descubramos.

-¿Vas a denunciarlo a los milicos?

-¡No! Que esperanza. Yo tomo las fotos, recabamos datos precisos sobre el peso de la "merca" y después seguimos rumbo al diario.Publicamos esto y que la cana haga lo suyo.

-¿Y si nos descubren?

-¡Nos hacemos la guita!

-¿Y si nos descubren?-insistió Werner

-Unas buenas vacaciones en Bariloche...

-Nos limpian.

Ferruccio bajó la vista. Limpió con el pulgar el vaso de caña y también miró para afuera.

-Riesgos.

-¿Cuánto?- preguntó Werner.

-Esto puede valer mil dólares...no es mucho, pero...

-¿Cuándo?

-Mañana..a las doce en estación Yatay.

-Tás loco...

-¿Vas?

-Voy.

***********

Hermenegildo entró al bar de los casin con la timidez del que no frecuenta hace muchos las barras de los mostradores. Estuvo observando el lugar, posando su mirada en los parroquianos acodados a largas esperanzas.

Sobre la estantería abarrotada de botellas de todo tipo, el Zorzal criollo, atado a su guitarra parecía cuidar la escena.

Hermenegildo se acodó en la barra,ordenó una caña y su pie izquierdo cruzó al derecho para quedar en punta.

Algunos reos de las mesas le miraban. Las moscas revoloteaban el mostrador y se empecinaban en descansar en la mano temblorosa de un borracho semidormido sobre una ventana.

Con el vasito de caña y una picada de fiambre y queso Hermenegildo empezó a chiflar.

No fueron pocos los que se pusieron a mirarlo, incluso Werner que discutía con Ferruccio los pormenores de la incursión en la estación Yatay.

"Araca corazón
callate un poco
y escuchá por favor
este chamuyo."

El dueño del bar se le acercó, haciendo tintinear dos vasos entre si, lo quedó observando. A lo mejor el tipo estaba delirando,o había sido golpeado y perdió la memoria,dijo alguien. Pero Hermenegildo, viejo zorro de asfalto, no los dejó pensar.

-Los chantapufi, verseros roñosos que merodean las davis de los demás no merecen ninguna clemencia.
Hay que sacarle punta a la muerte, aunque vengan degollando
Atenti que no soy otario, ni me lastro la imagen de chitrulo.
Soy tan solo hueso duro difícil de roer.

-Oiga- interrumpió la clara alegoría el dueño- Oiga, si se siente mal llamamos a la ambulancia...

-Dejálo que se exprese- se metió la Sonia, puta del bajo.

-No, acá malas palabras no-

-¿Y quién te dijo a vos,che pebete,que éstas son malas palabras? -preguntó Hermenegildo

-Usted las dijo.

-¡Mirá, piantá de mi vista, porque voy a cometer un asesinato que va a salir comentado en todos los diarios!

-A mi no me amenace. Ya tengo suficiente con los impuestos.

-Bueno...-dijo Hermenegildo y peló un semejante cuchillo que merecería llamarse sable.

El recule de la barra fue majestuoso, como en las películas de vaqueros. Solo quedaron Hermenegildo y el dueño del bar que dejó caer un vaso al suelo. 

Después el otro.

Con los ojos desorbitados buscó ayuda.

-¿Puedo ayudarlo, don?-dijo una voz desde el lugar de los cassines.

-Puede ser- contestó Hermenegildo

-Seguro que al que busca es a mí- dijo el hombre saliendo de las sombras donde estaba semiescondido.

Al dejar la zona oscura se pudo apreciar que el desconocido era de mediana estatura, chapado a la antigua, con una cicatriz que iba desde la pera hasta la zona nasal. Usaba un traje cruzado gris, corbata negra y camisa blanca impecable. Zapatos brillantes y un pucho apagado en la mano izquierda.

Hermenegildo se apartó de la barra.

Al mismo tiempo el desconocido sacó un cuchillo que no envidiaba a ningún carnicero de la cuadra.

Se midieron ambos contendientes, ante el asombro de los espectadores que hacía años no presenciaban algo así.

Incluso hubo apuestas. Ferruccio recibía desafíos mientras sacaba dinero de todos lados.

-¿Porqué?- preguntó el dueño del bar guardando las botellas de escocés.

-Una deuda- dijo el desconocido

-Mi mujer- acotó Hermenegildo.

A la vez lanzó una ensartada perfecta hacia el pecho del desconocido quien en un rápido amague se lo sacó de encima.

Ahora estaban cruzados en posición y fue el desconocido impávido, frío, calculador, quien intentó sorprender a Hermenegildo en la cara.

Los ¡OH! del público estremecieron al gato que huyó despavorido.

Hermenegildo vio el hueco en el flanco derecho del desconocido e hizo amague hacia el izquierdo para que el tipo se cubriera alli. El tipo se cubrió en ese mismo lugar y Hermenegildo le introdujo el arma cortante en pleno lado derecho.

Sin palabra el desconocido trepó a una silla, sosteniéndose para no caer. Hermenegildo se mantuvo firme, observando arma en mano lo que podía hacer su enemigo.

El tipo dio un paso al frente y cayó pesadamente sobre una mano de truco recién armada.

Volaron mesas, sillas y algún poroto que se usaba para apuntar los tantos.

-La cana- dijo alguien.

Y todos salieron por la puerta. Afuera eran sorprendidos por patrulleros avisados por el dueño del bar.

Otros escapaban por la ventana, pero como también daba a la calle,quedaban a merced de la policía.

Werner tuvo un rapto de bondad hacia Hermenegildo y tomándolo del brazo lo sacudió para que éste reacionara.

Treparon por la ventana del bar rompiéndola y saltando hacia un oscuro pasillo, donde se amontonaban ratas y desperdicios.

Sin palabras, Ferruccio les indicó el camino.

Durante largo rato deambularon por unos corredores sucios y húmedos hasta dar a una salida de rejas a la calle.

Treparon por ella y salieron a la calle principal de Las Piedras.

Desde donde estaban se podían ver los patrulleros y la ambulancia con sus potentes luces y su bocina estridente..

***********

Werner estaba sentado en uno de los bancos de la estación Yatay.

Ferruccio fumaba con su mirada perdida en los edificos muertos de la fundida fábrica de frazadas.

Cansado de esperar Werner se le acercó.

-¿Y? No puedo pasarme todo el día...

-Tené paciencia. Ya va a venir.

A las siete y media se vió acercar la trompa del tren. Como con asma se fue deteniendo para dejar subir a la gente que viajaría en él. Werner y Ferruccio se tomaron del pasamanos y treparon al gigante del humo.

En los corredores la gente se reía a carcajadas.Werner sorprendido trató de intimar a Ferruccio pero éste estaba tan sorprendido como él.

Lo que se presentaba a la vista eran dos tipos, uno flaco y peludo y otro gordito y pelado haciendo un show dentro del mismo tren.

La gente, alrededor de sesenta, contemplaban extasiadas el deambular de gestos y frases ingeniosas dicha por los actores.

Porque de eso se trataba. Era una obra de teatro en un tren.

Cuando acabaron de comprender esto, ya era tarde para bajar. Les habian cobrado la entrada e iban camino a 25 de agosto, destino último del tren.

Ofuscado a más no poder, Werner se sentó lejos de los demás y pensativo recordó a Margarita.

Luego la imaginó en brazos de Sansone.Tuvo un acceso de tos. 

Ferruccio le abordó.

-Acá hay gato encerrado.

-No sigas Ferruccio; ésto es una obra de teatro y nada más...

-¡Esto es joda! A mí no me engañan. Acá tapan algo.

-¡Sí, tapan que el teatro se fue a la mierda y que hay que subirse a los trenes para poder vivir.!

-Negativo. Esto es una joda y te lo voy a demostrar...vení conmigo...

-No.

-Vení Werner o empiezo a gritar que sos un cornudo.

Werner conocía a Ferruccio así que lo siguió. Este lo condujo a la parte trasera del tren.

Al llegar a una de las puertas que unía ambos compartimentos lo detuvo.

-Escuchá y mirá- le dijo Ferruccio.

Werner incrédulo ojeó por la hendidura de la puerta mal entornada y pudo ver a tres hombres alrededor de una mesa repleta de bolsas blancas. Luego a una mujer contando un dinero. Y a un urso grandote que miraba disimuladamente las piernas de la mujer.

-Si ésto no es joda, ¿la joda dónde está?

-Ferruccio por primera vez tengo que decirte que tenés razón...¿y ahora ? 

-Ahora le saco unas fotos, vos recordás bien cada posición de los tipos, sus caras, sus gestos, alguna palabra. Te vas a tu casa e inventás toda la historia...y mañana aparece en la revista..

-Muy fácil la veo.

- Dale..- dijo Ferrucio apretando el disparador de la máquina de fotos.

Werner sacó una libreta y delineó varias frases inconexas. Ferruccio siguió sacando fotos.

Pero fue en ese momento que el tren se detuvo y él se vino hacia atrás con toda su fuerza. 

La cámara rodó entonces hacia el pasillo oscuro.

La puerta del camerino que estaba entornada,sufrió una modificación con la frenada brusca.Se abrió del todo y ante los atónitos ojos de los tipos apareció la imágen confusa de un hombre encima del otro.

Werner reaccionó empujando a Ferrucccio hacia el otro vagón.

A sus espaldas alguien gritó que los agarraran y el gigante que le miraba las piernas a la mujer del dinero empezo a correrlos.

Werner entró en el vagón donde estaba la pequeña obra de teatro y empujando a la gente intentó pasar hacia el otro lado.

Ferruccio corría detrás de Werner con una prontitud impresionante.

La gente, sin embargo, aplaudía pensando que la corrida era parte de la puesta en escena de la obra. Hasta hubo "bravos" cuando Werner esquivó una trompada del urso.

Mientras tanto, Ferruccio había recuperado la cámara en la confusión de la caída y corría con ella en sus manos. Werner en cambio cayó en la cuenta de que iban hacia un callejón sin salida, porque la trompa del tren estaba allí, a dos pasos. ¿Y después qué?

Werner miró hacia fuera, hacia un pastizal verde, donde alguna vaca lejana parecía romper la monotonía del paisaje.

Ferruccio dijo:

-Ni lo sueñes-

-¿De que color querés las rosas para tu funeral?

Ferruccio cerró los ojos y saltó hacia afuera como si fuera a una piscina.

Werner vio aproximarse al grandote con un revólver en la cintura. Miró hacia afuera y dijo que si se salvaba iba a creer mucho más en Dios. Saltó.

***********

La noche había caído sobre el campo. Alguna lechuza perdida y el olor áspero de la bosta rodeaban a Werner y Ferruccio .

Hacía frío y ninguna casa en derredor prometía la tranquilidad de una noche protegidos del frío.

Werner cojeaba por el salto. Había caído doblando su pierna derecha.

Ferruccio traía un pucho sobre su boca y entornaba los ojos pensando en lo que diría al otro día en la redacción de la revista.

-Menos mal que no se animó a tirarse el grandote...

-Estaríamos hasta ahora corriendo -dijo Werner.

-¿Asì que usan la historia del teatro para pasar la "merca" sin controles aduaneros ni camineras molestas?

-La cultura iba a terminar en ésto,estaba visto.

-De algo hay que vivir.

Luego de esas cavilaciones durmieron a la orilla de un arroyo bastante tormentoso.

Amanecieron duros de frío, y con las manos congeladas golpearon en el porche de una casa bastante en mal estado.

Una mujer gorda, entrada en años les atendió. Le sirvió leche casera y bien gorda, manteca en abundancia y pan hecho al horno.

Satisfechos siguieron su recorrida hasta llegar a un pueblo llamado Abasto.

Pueblo era un nombre un poco pretensioso ya que las casas estaban diseminadas por todo el terreno, sin avisorar ni un alma.

Como todo pueblo del interior habia una plaza con un busto recordatorio a un tal Don José Amauta, coronel retirado .

Werner no recordó conocer a ningún Amauta que fuera obligado a ser estudiado en las clases de historia del liceo.

Había un telégrafo, una oficina de encomiendas, varios almacenes, un bar piojoso, un hotel una estrella, una escuela rural y una comisaría de pueblo.

Algún que otro viejo en la plaza tomando mate y un tachero recostado al árbol masticando una pajita.

La pinta de Werner y de Ferruccio no era de lo más presentable pero igual se animaron a entrar al único bar.

Allí, entre las botellas estaba la foto del Mago, esta vez sonriendo a mares. Muchas cañas con guinda y una marca de vinos desconocida.

Una o dos mesas mugrientas con moscas jubiladas y un mozo que parecía sacado de las películas cómicas de antes.

Pidieron dos cañas y se metieron al baño a refrescarse.

Cuando regresaron, estaba un policía con una chapa pegada a su camisa. Usaba lentes imitación Ray Ban y un escarbadientes.

-No nos gustan los forasteros-dijo.

Werner revivió las películas de carreteras americanas.


-Somos de Montevideo-aclaró Ferruccio

-Menos. 

-Mire, ya nos vamos. Solo queremos saber a qué hora sale el próximo ómnibus a la ciudad.

-Sale cada dos dias.

-¡Dos días! Pero si debemos estar a dos horas de Montevideo!

-No sé..

-Esto es... ¿Abasto? -preguntó Werner

-Abasto, ciudad industrial -acotó el policía.

-¿Qué exportan?

-Calaguala- dijo el policía. 

-¿Calaguala? -preguntó tontamente Werner

-¿Y cuándo sale el próximo ómnibus?

-Mañana a las tres de la tarde.

-¡Mañana!¿ Pero no hay una forma de conseguir comunicarme con la ciudad.?

-Telégrafo. En la otra cuadra.Si necesitan algo más, me buscan. Pero no se metan en líos... amenazó el representante de la ley.

El policía salió. Werner miró a Ferruccio que no salía de su asombro.

-¿Dónde carajo queda este pueblo? Abasto...en mi vida oí hablar de él.

-Voy a buscar un hotel...quiero bañarme.

-Bueno, andá nomás. Yo voy a buscar ese telégrafo para mandar las fotos y las notas.

***********

Werner estaba debajo de la ducha y trató de pensar como haría para salir de este lío.

Se secó el cuerpo con las toallas algo viejas del hotel y recuperó su buen humor al contemplar en una ventana próxima a la suya, una morocha algo fea pero de cuerpo exhuberante que se dejaba llevar por una música cadenciosa y sensual que salía del radio.

Werner apartó la cortina de voila y la espió.

Ella seguía moviendo el trasero de una manera como solo las brasileras lo hacían.

Una mano peluda, grande y ancha la tomó de la cintura. Werner trató de ocultarse pero fue demasiado lento y el mismo policía del bar apareció en el marco de la ventana, descubriendo el espionaje.

Con un rictus algo enojado cerró las cortinas lentamente mientras Werner se dejaba caer sobre la cama de dos plazas.

Se quedó dormido como una hora.

El sol estaba cayendo sobre Abasto y le pareció oportuno buscar a Ferruccio para saber si había mandado el telegrama a Montevideo.

Salió del hotel ya de noche; la ciudad comenzaba su letargo y algunos tipos se dirigían al único bar de la cuadra.

Ferruccio venía hacia él. Se le veía algo cansado.

-Este pueblo no tiene teléfonos.

-¿Cómo que no tiene teléfonos?

-Lo que oíste. Ni un aparato de teléfono. Apenas un telégrafo y para colmo el encargado acaba de perder a su suegra. Cerró por duelo.

-Es ridículo. Es el único tipo que cierra cuando su suegra muere.

-Andá a saber... ¿tenés un pucho?

Werner echó mano a su caja de cigarros y le encendió uno. Ferruccio aspiró profundamente dejando que el humo se adueñara de su interior.

-Lo mejor va a ser dormir...

-Dejáme a mí...-dijo Werner dirigiéndose a un hombre que pedaleaba una bicicleta con un parlante en la espalda.

" Crucificamos la eternidad...

santos de por vida...

Velas de colores...

Agua purificada...

Ventolín con doscientas inhalaciones...":

 

Werner detuvo al del parlante y estuvieron un largo rato discutiendo hasta que lo despidió y volviendo a Ferruccio:

-Dice el tipo que lo mejor de este pueblo son los quilombos.

-¿Cuál es el mejor?

-Mishiadura. Queda a un kilómetro de acá...vamos?

Werner no se hizo rogar. Acompañó en silencio, bajo la noche muerta, a un Ferruccio pensativo.

-¿Que cavilás?

-Lo que hicimos.

-Si nos vieron bien, marchamos.

-¿Marchar quiere decir que nos pescan?

-Más o menos.

-Por si entonces, vamos a divertirnos.¿Tenés guita?

-Acá- señaló Ferruccio en su chaqueta.

Mishiadura aparentaba haber sido antiguamente una vieja caballeriza remodelada por fuera. En la entrada un gaucho de corbata y zapatillas controlaba celosamente quienes concurrían al local.

Werner encendió un cigarro y se rescostó a la pared pintada de rosada. Ferruccio no podía evitar silvar apenas veía una trozo de pierna, sea de la calidad que fuera. Ferruccio entró enseguida practicamente a una habitación amueblada de una manera bastante indeseada, reñida con cualquier clase de interpretación de fino estilo.

Werner se sentó en una silla de jardín, herrumbrada por las lluvias de la vida, y mientras esperaba su turno, se puso a pensar en cómo debería actuar con Margarita y Sansone.

Deseaba una blanca casita, vestido de novia, un rinconcito arrabalero, lleno de madreselvas y niños que corrieran escandalosos por entre los tranvías, por entre las calles de 18, allá por el treinta...

Se percató entonces que estaba soñando, que tenía el mal de Gardel, el que sueña lo imposible,el que está viejo, anclado en la púa de 78, en los discos de pasta, en los conciertos en vivo.

¿Por que él, un joven de treinta años, seguía guardando la imágen de Gardel omnipotente?¿Por qué querer hacer lo mismo, el Chan Chan de la historia? Lo que todos contaban.

¿Por qué igualar a Carlos, querer ser como él? Cuando él, el Mago, ni siquiera fue como quiso.

El tipo de la entrada se le acercó:

-Usted disculpe mocito, pero si entra acá tiene que consumir.

-¿Cómo?-interrogó Werner sorprendido.

-Sí.Que acá las mujeres están para ser usadas.Si quiere descansar busque un banco en la plaza.

Werner se levantó y rumbeó decidido para una de las piezas.En la primera una mujer gorda vestía una camisa rosada, zapatillas en forma de animal canino y colgaba un cartel que rezaba: Mary.

La segunda, enfrente de la pieza de la gorda, se le presentó desnuda y Werner juró que en ese momento deseó verla vestida.

Lastimado en su más hondo placer estético, no pudo menos que sorprenderse cuando una rubia cerraba sus ojos frente a un espejo gastado.

La mujer, con piadosas manos, se acariciaba uno de sus pechos, y la boca, parecía un río loco y profundo que prometía cualquier tipo de alegrías antes de morir. Por eso no pudo evitar sonreír y entrar un paso en la habitación.

De torpe casi se choca con una palangana roja, que se corrió quejosa.

Un primus en medio de la habitación, trabajaba infructuosamente para calentar el lugar.

Volvió a mirar a esa mujer, a esa especie de yegua despedida del infierno por malas costumbres,y la sorpresa fue mayúscula esta vez, como un tango mal cantado, como una promesa de una mujer .

La rubia se dio vuelta, Werner se sintió engañado tontamente engrupido encogido de vergüenza como un "Logi" de cuarta..

La mujer giró hacia él y sus biceps bien formados y su mentón cuadrado, y sus pechos tan peludos como un oso le recibieron alegres.

Werner salió presuroso, seguido de su fé cristiana.

En ese momento un ruido bastante penoso, parecido a un grito, a una exclamación de asombro, a no se sabe qué, salió de una habitación contigua.

Se estremeció con el grito y acto seguido vio venir hacia él a una mujer enojada, embistiendo contra todo lo que encontraba...

Y de la habitación también salió un hombre no muy bajo, encorvado por los años, con su pelo raso, blanco como nieve, con vieja frente arrugada.

El tipo llevaba los zapatos impecablenmte lustrados, la camisa almidonada como antes, un pañuelo blanco y perfecto colgaba del saco mal colocado, en un solo brazo, como el que sale apresurado de un lugar.

Werner solo recuerda el pedido implorante del hombre. Recuerda los ojos inyectados en lagos de sangre, no de cansado sino de viejo. Esas arrugas, como maleta de apurado, todo estrujado, imposible de descifrar el comienzo de una arruga y el comienzo de otra.

-Ayúdeme -volvió a repetir el veterano.

-¿Yo...? -interrogó indeciso Werner.

El hombre no le dio posibildad. Lo empujó fuera de la habitación y finalmente del quilombo, arrastrándolo con el.

-¡Oiga! Qué hace?

-¡Ayúdeme! ¡Se lo pido...!

-¡Alto ahí!- gritó el tipo de la puerta, viniendo hacia ellos con la vehemencia de quien tiene la seguridad de un revólver en la cintura.

El primer golpe lo recibió Werner en la espalda. Sin embargo tuvo el tiempo exacto para girar y descubrir detrás suyo, al maricón vestido de mujer que lo había engañado. Luego cayó como un saco de papas al suelo.

***********

El milico de turno, un flaco de bigotes orejudo,se le cuadró ante sus ojos aún mareados por el porrazo.

-¡Agente de segunda Parravicini! -se presentó el miliquito con énfasis en el taconeo.

-¿Dónde estoy? -inquirió Werner mientras paseaba escrutando sus ojos por la comisaría.

No cabía duda que eso era una dependencia policial debido al retrato de Artigas y de ese tipo que habían visto de monumento en la plaza.

Luego un mostrador barnizado, una planta de guaco, un oficial escribiendo con un solo dedo en una Remington vieja.

Entonces vio a su lado, con cierta sorpresa, al tipo que le había metido en el lío. El hombre dormía plácidamente la mona junto al rincón de la pared. También estaba Ferruccio rechiflado, mirándolo con ojos de fierrero de Maroñas.

-¿Y vos que hacés acá ?

-¿Estás contento, me imagino?

-¿Contento de qué? -interrogó Werner.

-Del lío en que me metiste -acusó Ferruccio

-¿Qué lío?

-Con el tipo este...

Parecía cosa de magia pero el aludido se volvió un ser humano y pronto se puso en dos patas.

-Buenas -fue lo único que dijo.

-¡Cállese! -mandó el ordenanza de turno mientras con una goma borraba un error de la máquina Remigton.

El miliquito de guardia lo obligó a pararse y concurrir ante el oficial.

-¡Profesión!-

-Modelo de televisión-dijo el veterano

-¡Dos días de arresto por faltar a la autoridad! -sentenció el ordenanza.

El viejito movió la cabeza como si no pudiera creerlo.

El ordenanza volvió al ataque:

-¡Dirección!-

-Talcahuano 345

-¡Nombre!-

-Carlos Gardel.

Werner había trabajado en muchas notas basadas únicamente en demencias de la gente. Había indagado sobre muchas conjeturas y oído a más de un centenar de tipos decir que su verdadera identidad iba desde Artigas, Rivera hasta San Francisco de Asís. Dios aparecía dos por tres.Y ni que hablar de Don Batlle Berres. Pero esto no estaba en sus planes. Hasta para los locos Gardel era intocable, demasiado grande parta meterse con su figura.

No pudo menos que sonreír, evitando ser detectado por el miliquito que los vigilaba.

Este estaba demasiado ocupado en recuperase de la sorpesa de lo oído, así que no hacía más que abrir su boca y observar la reacción de su superior.

El superior, dejó de teclear la máquina y lo miró largamente.

-¿Está de vivo?

-¿Por qué? - preguntó con cierta inocencia el viejito.

-Yo le pregunté su nombre.

-Y bueno, yo se lo dije.

-¿Gardel?- preguntó jactansioso el ordenanza -¿No se llamará usted Leguizamo, también?

-Mire, soy muy amigo de Leguizamo, sería incapaz de asumir una personalidad que no fuera la mía.

-¡Basta de guarangadas que no puedo perder tiempo! Déme su nombre!

-Carlos Gardel- insistió el viejito.

El ordenanza esta vez no tecleó más y salió de su lugar. Frente a frente a los ojos del viejito, se lo quedó observando profundamente, y lo traspasó con su mirada.

-Una más y lo meto preso tres días. Por última vez dígame su nombre.

-Carlos Gardel -insistió el viejito

-¡Adentro!- ordenó el milico molesto -¡Incomunicado!

El que nos cuidaba lo levantó en vilo al pobre tipo y lo llevó para adentro. El tipo antes de desaparecer por una salida giró hacia Werner y le gritó:

-¡Che! Decíle a Le Pera que voy a llegar tarde!!!-

El silencio se instaló en la comisaría de Abasto.

El ordenanza llamó a Ferruccio y a Werner.

-¿Ustedes de dónde son?

-De Montevideo. 

Werner estuvo seguro que él no había hablado y Ferruccio estaba demasiado nervioso para decir algo. En el marco de la puerta, con esa figura bastante inquietante, estaba el señor comisario, el mismo que cerrara la ventana en las narices a Werner cuando éste espiaba a su mujer. 

-Montevideanos rompebolas....haciéndose los vivos y no queriendo pagar en el quilombo, ¿eh?

Esta última agresión le hizo constatar a Werner que las cosas no iban a funcionar con este hombre.

-Les avisé que no nos gustaban los forasteros...ustedes solo vienen por nuestras mujeres...

-¿Mujeres? -protestó Werner- Se sorprendería si usted descubriera algunas cosas que pasan en ese quilombo...

-¿Como cuáles?

-Allí no hay solo mujeres. Hay también un travesti peludo que da verdadero asco.

-Es mi hermano José-.

La frase fue tan dura y sorprendente que Werner deseó morir y Ferruccio lo consoló con una sonrisa más que sarcástica.

-Dos días a la sombra y se le retienen las pertenencias...

Fueron despojados de cualquier tipo de documentos y luego empujados dentro de una celda oscura y húmeda.

El piso olía a orín y apenas por un tragaluz enrejado se dejaba ver un poco de luz.

-Lindo lío...y yo que no pude terminar con la mina..-se quejó Ferruccio.

No habían reparado que desde un rincón, unos ojos cansados trataban de escudriñar la imagen de esos dos hombres discutiendo como niños.

-Y para colmo ese tipo decía que era Gardel.. Hay cada loco.

-Soy Gardel. 

Ese día era de sorpresas para Werner así que volvió a girar y descubrir al tipo que un rato antes había desafiado la autoridad del ordenanza.

-¿Perdón?-dijo Ferruccio

-Que yo soy Gardel. No veo por qué se sorprenden.

-No, si no nos sorprendemos...lo que pasa es que acabamos de estar con Marilyn Monroe y la mina nos dijo que no salía con nosotros porque no entendía el castellano...-se burló Ferruccio.

-Calláte Ferruccio.Señor..estee...¿como se llama?

-Carlos Gardel, el "Zorzal criollo" ,"El morocho del abasto","El cantor de las dos orillas", "El Mago"...

-Se fundió -cortó Ferruccio

-¿Cómo dijo?- se sorprendió el tipo.

-Que El Mago se fundió.También Angenscheidt,...el cine Splendid...

-¡No me refería a eso caballero! -inquirió indignado el viejito- Que me decían El Mago....

-Es hora de dormirnos...-volvió a interrumpir Ferruccio.

Werner también se acostó sobre el cojín sucio que estaba en una cama de material.

La noche cayó pesada sobre la ciudad. La luna apenas temerosa se animó a colarse por una rejilla.

Werner estaba por conciliar el sueño cuando le pareció sentir que alguien lloraba. Curioso le pareció que Ferruccio hiciera eso, ya que apenas se dormía nadie lograba despertarlo facilmente.

Cuando descubrió que el tipo que se hacía llamar Gardel estaba acurrucado como una manta vieja, llorando, decidió acercarse.

-¿Se siente bien?

-No.

La respuesta le pareció cansada. Como si proviniera de algún lugar alejado o de alguien aburrido, hastiado de asumir personalidades que no le gustaban.

-¿Puedo ayudarlo?

-No creo. Aunque aprecio su buena voluntad.

Entonces se irguió. Parecía un envoltorio que en la noche se confundía con una sombra de boliche, sombra perdida, ignorante del futuro de sus arrugas.

¿Qué edad podría tener?, se preguntó Werner. ¿Ochenta, noventa, o tal vez cien?

-Tengo muchos años -fue su respuesta casuística.

Werner se soprendió ante la respuesta.

-Adivino.

-No. A esta altura me sé todas las preguntas del mundo.Yo también me las he hecho alguna vez...y créame que me cuesta aceptar mi edad. No es pituquería sino vergüenza...

-¿No hablaba en serio cuando le dijo al milico que se llamaba Gardel, no?

-Muy en serio.

-Coincidencia.

-Usted quiere saber si soy Carlos Gardel, el Mago,el cantor de tangos, el que murió en Medellín o soy un chanta que se aprovecha de la circunstancia...

-Digamos que sí.

-Soy un chanta.

-Me deja más tranquilo.

-Si lo deja más tranquilo...

-¿Pero es o no es...?

-¿Si soy qué?

-Gardel, el mago..!

-Soy.

-Me va a enloquecer....

Werner se separó del hombre y fue a su litera.Pero luego se incorporó nervioso y volvió hacia él.

-¡Dígame en serio!

-¿Qué? ¿Si soy Gardel? Ya le dije: Soy.

-¡Es increíble! -se lamentó Werner. Hace unos días estaba desesperado para escribir una novela que me permitiera ganar un concurso y ahora...

-¿Qué tiene que ver eso conmigo? -interrogó el viejo

-¡Que el tema es sobre usted! ¡Gardel!

El tipo se detuvo en un gesto, luego giró sobre sí mismo y se acostó a dormir, de espaldas al muchacho.

-¿Por qué...?

-Déjeme dormir -protestó el viejito

-Oiga...¿dije algo malo?

Por mas respuesta el tipo siguió durmiendo, o haciendo como qué. Incluso llegó a roncar con un sesgo muy teatral.

El muchacho se quedó dudando y estuvo a punto de desistir pero se vió arrastrado por una fuerza y una determinación muy ajena a su temperamento y sacudió el hombro de tipo.

-¡Ah no! ¡Esto así no queda!

-¡Déjeme tranquilo! Quiero dormir!

-¡Antes me va a escuchar! 

-¡No! No quiero!!!

-¡Sí, va a querer!!!

-¡Eh! ¡Dejen dormir ! -gritó Ferruccio.

-¡Si usted es Gardel como es que aún no se murió!!

-¡Qué pregunta más infantil!

-¡Responda! ¿Es Gardel?

-No.

-¡No le creo!

-Pero che, si te digo SI no me crees, si te digo NO tampoco me crees! ¿Qué carajo querés.

-La verdad.

***********

Dos días después los dejaron salir con el consabido sermón de que "ésta es su casa", "vuelvan cuando quieran". El comisario los dejó en libertad con la condición de que se marcharan ya mismo de Abasto, ciudad industrial.

El viejito les invitó a tomar algo en su casa. Luego de que Ferruccio comprara los pasajes para el coche que salía esa misma tarde para Montevideo. La casa quedaba a cinco quilómetros saliendo del pueblo.

Esta vez no estaba tan gracioso o, al menos, tan irónico como hacía dos días.

Evidentemente las noches frías de la cárcel y la mala comida habían hecho un considerable desgaste sobre su físico.

Al llegar, descubrieron una casa de material con una entrada muy peculiar: parecía un disco.

La forma casi redonda, perfecta, dejaba el lugar necesario para entrar por lo que sería el agujero donde se colocaban los discos en los pasadiscos.

Dentro, una estufa a leña atiborrada de sobres de discos y cassettes. Una reposera al estilo antiguo, con ribetes de trabajo fino francés y una mesa de igual calidad con copas de vino diseminadas .

Varias fotos de Gardel y Leguizamo, de Gardel y Le Pera, del Gardel Razzano y Werner se dijo que definitivamente este tipo estaba chiflado. Pero como debían esperar el ómnibus de las cinco se conformó con su compañía .

-Sigue sin creerme. 

La frase dicha por el viejito que ahora parecía recobrar parte de su integridad algo achuchada.

-Bueno...no sé -dijo Werner 

-Si van a empezar de nuevo con la historia esa me voy...-amenazó furibundo Ferruccio.

El viejito sin decir palabra entró a lo que parecía su cuarto, y regresó acto seguido con una bolsita con un documento arrugado.

Se lo extendió a Werner que luego de dudar se puso a examinarlo.

Werner no pudo menos que contemplar azorado aquella reliquia de documento en el que decía:

"PASAPORTE Nº02421. NIZA FRANCIA
FECHA 13 DE DICIEMBRE
APELLIDO Y NOMBRE: CARLOS GARDEL
NACIONALIDAD ARGENTINA.
NACIDO EN TACUAREMBO, URUGUAY."

Werner vió la foto algo chamuscada del rostro de Gardel y luego observó al viejito que lo miraba impertérrito, aguardando una opinión sobre su extraña confesión.

Ferruccio dudoso e impaciente arrancó de las manos de Werner el pasaporte y lo ojeó. Le pasó lo mismo que a su amigo y cuando levantó la vista dijo:

- ¡Esto vale un platal! Si lo vendemos a un coleccionista nos forramos de oro!

-Ferruccio...-corrigió avergonzado Werner.

El viejito sonrió cómplice y luego fue hacia una botella de whisky escondida entre tanto disco de pasta.

-Parece increíble..pero es cierto -afirmó mientras servía tres vasos.

-Ya nos vamos entendiendo, ¿ve?...-observó Ferruccio tomando uno de ellos.

-Usted no entiende...

-¿Cómo que no? -se interpuso el vehemente amigo- Usted quiere hacer negocio con este documento...Ahora, ¿de dónde lo sacò? Porque esto es muy difícil de encontrar...-

-No lo saqué mi caro amigo, es mío.

Ferruccio se encontró riendo de la situación ya que le pareció un chiste.

Werner en cambio estaba cumpliendo con el rito de observar las paredes, la ropa, el olor a todo lo que había allí.

Sus ojos no dejaban de sorprenderse de la cantidad de discos, cintas de grabaciones,micrófonos antiquísimos y sobre todo fotos. Fotos auténticas, con el ribete amarillento que le da cierto valor clásico.

Un gacho, una golilla, y una frasco de gomina EXIT sobre una mesita con una pata rota.

Todo era demasiado perfecto para ser verdad, o en todo caso estaban siendo víctimas de un engaño visual del que se sentían incapaces de salir.

-¿Sigue pensando que le miento? -inquirió el viejito sacándole de sus cavilaciones.

-Algo de eso hay. Pero si por un momento considerara la posibilidad de que eso pasara...sería en relación tiempo y espacio algo inusual, fuera de esta realidad...

-Mire. Yo soy quien dice ser. Y no es una locura.

-Usted se murió...

-Yo hice que me muriera..

-No entiendo...

-Antes de que sigan con este disparate, ¿podría servirme un poco más de whisky? -dijo Ferruccio

-Claro - dijo él -. Le repito que todo fue una mentira bien organizada.

-¿Pero que edad tiene usted?

-Llega una época en que uno deja de contar los años,o los años ya no se dejan contar, que es lo mismo. Sea como fuere yo sé que piso los noventa, que en relación al mundo son segundos. Digamos que tengo segundos de vida.

-No me confunda. Usted parece la cháchara de los tangos...

-¡Y claro! Conviví años haciendo lo mismo, grabé miles de cosas, canté miles de veces...¿cómo evitar ser como profesaba en mis canciones?

-¿Dónde queda Abasto?

-Usted está en Abasto -Pero en el mapa no figura...

-Por eso vivo aquí...

Werner se dirigió a la botella. Tomó en silencio y giró hacia el viejito.

-Supongamos que es...Gardel...solo supongamos...¿cómo hizo para salvarse de la tragedia de Medellín?

-Muy fácil.Yo no viajaba allí...

-Están sus documentos...

-Cierto. Pero yo no viajaba. El día que debíamos partir tuve una pelea con Isabelita del Valle...

-Su "Eterna novia"-acotó Werner.

-Eso decía ella. Lo cierto es que una hora antes de estar en el aeropuerto mi departamento fue revisado de pe a pa, dado vuelta y cuando me encontré con los maleantes descubrí que eran los hermanos de Isabelita, mis cuñados dispuestos a darme un susto.

-¿Y se lo dieron?

-Soy Gardel no Houdini. ¡Claro que me lo dieron! 

-¿Porqué hacían eso?

-Decían que yo estaba abusando de la gentileza de los del Valle y que sólo veía a Isabelita para...en fin...que ellos deseaban reparación inmediata y que exigían que me casara con ella.

Discusión va discusión viene, se iba mi avión a Medellín. Así que le dije a mis compañeros que ellos se fueran, que yo partiría dos días después de arreglar el entripado con la familia del Valle.

-Sin embargo se encontraron sus documentos...

-En la locura no caí en la cuenta de que mi pasaporte junto a otros documentos habían quedado en manos de mi representante en aquel momento...

Werner tomó un respiro. Jugueteó con el cubito de hielo en el vaso mientras pensaba.

-¿Qué pasó cuando usted se enteró de que el avión había sufrido un accidente?

-Lo lamenté primero, y luego tuve un primer impulso de correr al aeropuerto en busca de información...pero antes de que eso sucediera tuve ganas de no existir...comprendí que hacía años que venía cansado. Un poco harto de tanto mimo porteño, de tanta zandez de Hollywood, de tanta propaganda de varón del tango, de apelativos que hacían mal a la sociedad. Y me rajé. Como si hubiera muerto de verdad estuve escondido varias semanas en un bulín que yo tenía en el gran Buenos Aires y desde allí , a través de la radio me enteraba de las congojas de la gente.También me percaté de cuanto necesitaban quererme.

-¡Epa! Me falta algo en la historia...-interrumpió Ferruccio, contento de haberlo agarrado en algo - Usted dijo que cuando lo del accidente en Medellín estaba con Isabelita y sus hermanos...¿cómo arregló eso? ¿O me va a decir que Isabelita vive y sabe todo?

El viejito se tomó su tiempo para responder. El silencio fue más largo que de costumbre. Luego contestó:

-Tiene razón. Falta algo. Cuando estaba con Isabelita sucedía el accidente. Los hermanos se habían ido y solos,ella y yo, hicimos el amor. Cuando me levanté y salí a la calle descubrí la fatal noticia...Así que decidí irme. Ya se lo dije. Naturalmente Isabelita aseguró ante las autoridades que yo habia estado con ella. Nadie le creyó ya que el pasaporte fue encontrado junto a mis pertenecias en el lugar del accidente.

Como salí casi en secreto nadie en el aeropuerto me había visto. Por supuesto, una vez muerto, todo el mundo dijo que me "vió" por última vez: Sonriendo, que le dí plata a un canillita, que le sonreía a una mujer, que me jugé unos morlacos a la cabeza de Leguizamo y un montón de sandeces más...

-Entonces desapareció. Así nomás.

-Exacto.

-Ah, ¿y vivió años y años sin que nadie le preguntara nada en este pueblo? No le creo.

-En este pueblo nada es más alejado que la conversación. La gente no se comunica y ni siquiera escuchan mucho la radio. Gardel para ellos suena a "Montevideo" y como tal huele. Huele a ciudad, a gente complicada...

La versión sonaba a verdad, pero Werner había conocido cientos de historias que involucraban a este hombre. El Morocho se ganó la simpatía de la gente, el amor de todos y resultaba de rigor soportar la cantidad enorme de investigadores que hoy siguen hurgando en el pasado de Gardel.

-Catorce años tenía Isabelita cuando la conocí...fíjese, era una fiera esa morocha! Daba pena cuando me tenía que ir a algún lugar para actuar y la dejaba allí, con la ilusión de ser mi esposa algún día, y sabiendo que todos la señalaban como la eterna novia de Gardel...

-¿Estaba buena? -preguntó Ferruccio.

-Sabrosa -respondió picaramente el viejito.

-Me queda algo en el tintero -dijo Werner- Su nacionalidad.

-Soy cantor.

-Si, ¿pero de dónde?

-De ninguna y todas las partes .Un artista nunca debe ser de un país,atarse a un territorio,sino unirse afectuosamente con todos los que sienten el tango como lo siento yo.

-Mire amigo, aún no me convence. Somos capaces de meternos con cualquier historia, desde la más corrupta hasta la más increíble que nos puedan contar y luego venderla. Pero ésta es un suicidio.Imagínese que voy por ahí diciendo que conocí a Gardel, que vive en un pueblo llamado Abasto y que el tipo me está contando al historia de su vida....El Etchepare tendría una nueva víctima para sus electro shocks.

-Me alegra que no puedan contar esta historia.

Esas últimas palabras les llamó poderosamente la atención.

-¿Porqué?

-No me gustaría que nadie contara mi historia por ahí. Sencillo, quiero vivir en paz...

Estaba claro, pensó Werner, que aquí la cosa era creer o no creer. Y el tipo tenía la ventaja de la seguridad en sus palabras, tenía una versión muy acertada de las cosas que habían sucedido. Werner tuvo la certeza de estar metiéndose en una historia muy extraña pero de ribetes intransferiblemente sórdidos. Quizás todo lo dicho sobre el mito Gardel hubiese sido una historia más de mentira oficial...Así como la historia de algunos presidentes, de algunas calles con nombres célebres. Todos son culpables de algo, todos hicieron algo detestable y por eso están en los carteles indicadores de las calles.

Pero Gardel era distinto: era la historia muerta de Argentina, Uruguay y Francia. Era el galán disputado por ambas márgenes del plata. Francia lejos, no creía que fuera necesario reclamar nada, pero Argentina debía colocar a Gardel junto a Borges y Maradona. Su futuro,el orgullo de nación estaba allí. Y Uruguay saber que poseía dos titulos mundiales de fútbol y a Gardel. No era un plato para despreciar. Como a los Uruguayos les encanta alardear de que los Argentinos siempre nos roban todo, ésta es una oportunidad más de reconocer que Gardel es "Yorugua", aunque los Argentinos aseguran su nacionalidad con papeles auténticos según dicen.

Una caja de Pandora así sería realmente una sorpesa y una nota de tapa vendida en muy alto precio a todo el mundo. Pensó Werner también en la novela. En la credibilidad de llamarse "La verdadera historia de Carlos", y ganar el concurso.

El supuesto Gardel se excusó para retirarse a una ventana en donde una vieja radio Catedral, de las que tenían una preparación de diez minutos antes de calentarse, emitía un tango en la tarde bastante fría.

Werner había entrado en contradición consigo mismo y buscó la compañía del atontado Ferruccio.

-¿Qué me contás?

-Que estoy al borde de perder identidad. Que soy un pobre barquito en medio de una terrible tormenta..

-Dejáte de metáforas. Decí que opinás de todo ésto.

-No abro opinión.Yo creo que está loco.

-Si, pero un loco muy convencido de lo que dice.

-También Hitler era así...y Perón, y Bordaberry...

-No digas malas palabras. ¿Que hacemos?

-No nos queda otra que esperar a mañana que sale el próximo ómnibus a Montevideo...y del viejito, perdón, del Mago, mejor no decimos nada.

Le pareció acertado lo que decía Ferruccio. Así que Werner se le acercó al viejito y le quedó mirando mientras éste, concentrado con las arrugas de la cara en tensión, escuchaba un radioteatro.

-"Estoy descolado de tanto abrazo, perdido entre mujeres hundidas en el fragor del champain y el éter de las marquesinas..."

-¿A quién escucha?-interrumpió Werter

El viejito por más respuesta le hizo un chistido y siguió escuchando. Tuvo que esperar Werner que la voz de Derly Martinez autorizara la pausa para hablar.

-"Si habrá bronca,crisis y hambre
que el que compre diez de fiambre
hoy se morfa hasta el piolín..."

-"En Clarín canta Carlos Gardel..."

Ahí el viejito se sintió incómodo.

-¿Qué escucha? -repitió insistente Werner.

-Estoy a punto de escuchar un radioteatro de Mario Rivero. ¿Lo conoce? "Hijo'e tigre bicho overo".

Werner había oído alguna vez al tal Mario Rivero pero desconocía el atractivo que podía ejercer para este hombre escuchar un radioteatro. Por lo viejo, por la falta de imágen y sobre todo por el temario, compuesto de cosas gauchescas y saineteras.

El tango desgranaba la última estrofa de "TOMO Y OBLIGO". Gardel con todo su esplendor dejaba una estela de dolor en la vieja radio.

El viejito ni se inmutaba y seguía prendido de la perilla.

-¡Ah..canté como un asno! Esa no es mi voz normal, estaba resfriado ese día...Me había ido de copas con los muchachos y amanecí con una ronquera capaz de competir con un león, de esos del África...

Ferruccio meneó la cabeza pero antes sonrió cómplice. La situación de estar con un supuesto Gardel que comentaba sus canciones le hacía sentirse algo idiota, pero a la vez enternecido por alguien capaz de imaginarse reencarnado en el Zorzal criollo.

-La otra vez en Canal 5 ví una película suya...-comentó Werner quizás para minimizar el gesto incrédulo de Ferruccio.

-Ni me hable de esas películas! Son el homenaje al mamarracho. ¿Ustedes vieron la cara de gil que pone Tito Lusiardo cuando yo canto? ¡Por Dios! Es la cara más naba que ví en mi vida! ¡Y miren que ví caras...pero como éste nunca.!

-Mi Buenos Aires querido..

-¿Qué?

-Esa es la que ví.

-Ah, si. Bueno, quizás fue una de las lindas de hacer. Lo que pasa es que toda esa historia de la mujer que me espera mientras yo me embarco con pretendidas francesitas amorosas que me muestran el oropel falso de la vida, es una mísera manera de decir qué feliz puede ser uno con solo vivir en el barrio, hundido de hambre y casado con una lavandera que gana dos riales por mes.

-En eso lo apoyo. Me pareció un poco cuadrada de más. Pero para la época..

-Pibe, ¿qué época? En esa época teníamos más línea política que la que tenés vos ahora y ese amigo tuyo. En ese entonces sabíamos diferenciar un buen tipo de un mal tipo.

-¿Ve? Esa historia muchos de los que escriben sobre usted no la saben.

-Ninguno de los que escribe sobre mí sabe nada de mí. Son historiadores, hacen la historia como más le conviene. Recopilan un dato aquí, otro allá...y después juntan todo, lo corroboran en alguna biblioteca y hacen un libro, una biografía....Y dicen: La biografía NO autorizada de TAL! Je...!

-Y bueno, es la única manera de saber algo...

-No. Inventála, creá, sé vos alguna vez. Hagan del mito algo distinto. ¿No se dan cuenta que al inmortalizar a Artigas en un mausoleo vigilado por el ejército lo alejan de la gente? ¿Quién entra a ver el nicho con los supuestos restos del héroe de tu patria? Nadie. Solo los presidentes, porque en el silencio de esos granitos pueden pensar mejor en como corromperse. Ningún niño en su sano juicio puede tener inclinaciones patrióticas con ese tufo a muerte. Los mitos, caro amigo, corren el riesgo de desaparecer con el pasar de los años si no se los actualiza. Si no se les dá un sentido mucho mas alegre a sus fiestas. El hecho de que año a año me lloren en todo el Río de la Plata, de que me canten tangos en cualquierr esquina y de que los diarios se llenen de páginas gloriosas y algún historiador que diga: "Yo conocí a Gardel", allí no se debe admitir la menor duda de que se está falseando con mi figura.

-¡Oigan! -interrumpió Ferruccio con una alegría descomunal.

Lo miraron convencidos de que algo les iba a revelar.

-¿Saben que día es hoy? 24 de junio....

El comisario estaba usando el telégrafo en su despacho.

Hablaba pausado, jugueteando con el escarbadiente de la boca. Este deambulaba con maniobras únicas por todo el contorno de sus labios. A veces se detenía para hacer una observación acertada a su interlocutor.

Entre las palabras que solían salir de su boca se escuchaban:

-Sos dos tipos de la capital..están con el viejito de los tangos. Ajá..

Luego se interrumpía y continuaba observando las llaves en la mesa. Hasta que volvía a ser requerido y hablaba.

-Sí, ajá. Revisé las cosas de los tipos estos. En el hotel encontré documentos de denuncia destinados a un diario de Montevideo.

Se detenía. Revolvía entre los papeles robados en el hotel y comentaba.

-Dicen "que un cargamento de marihuana y cocaína se trasladaba en un tren usado como vagón teatral y que sus actores ,lejos de sospechar el propósito de esta representación , realizaban su actuación, mientras en el fondo se realizaba la transa de estas drogas"

El comisario se detuvo. Volvió a decir AJA y cortó.

***********

Werner estaba con el viejito sentado en la mesa de los casines. Ferruccio había ido a buscar el telégrafo para mandar sus notas.

Tomaban algo mientras contemplaban el total reposo de la ciudad de Abasto. La gente caminaba con una parsimonía distinta a la del resto del mundo. Como que no iban a ningún lado. La única plaza estaba habitada por viejos y lo más curioso es que no había niños.

Werner observó como le miraban los naturales del lugar, con clara alusión de que no era bienvenido.

El viejito estaba silencioso, mirando por la ventana.

-La fama es puro cuento.

-¿Cómo dijo? -preguntó desconcertado Werner.

-La fama es puro cuento. Eso dije, porque me imagino que usted debe estar preguntándose porque me alejé de todo eso, porque me "morí" de casualidad y desaparecí teniendo todo el mundo a mis pies. Por eso. Por la fama. Por el cansancio que significa tener siempre la cara alegre y la gomina perfecta, y porque en el fondo no era feliz. La infelicidad es la gran causante de todas las cosas.

-Yo no sé nada. Desde hace unos días me metí en un lío de contrabando y ahora estoy anclado en un pueblo desconocido y hablando con Gardel. ¿Como quiere que me sienta?

-Es lógico. Pero no se alarme. Lo primero es conseguir que ustedes vuelvan a Montevideo.

El viejito o Gardel, o el Mago, o el Morocho, como quieran, se llamó a silencio y señaló la ventana.

Por ella venía corriendo Ferruccio desesperado como alma que lo lleva el diablo. Entró al bar asustando al propietario, parroquianos y alguna que otra mosca despistada.

-¡No sabés lo que me pasó!

-No -dijo Werner- Pero viniendo de vos todo es posible.

-No hagas chistes.Me revisaron las cosas del hotel y me sacaron todos los documentos que encontramos....

-Quién?

-¡Y yo que sé! Este pueblo está lleno de fantasmas -se dio cuenta de que estaba el viejito- Perdón, no quise decir eso...

-Diga lo que quiera. Yo no soy fantasma, yo estoy vivo todavía...

-El comisario -dijo Werner.

-¿El comisario? Porqué desconfiás de él?

-Siempre en los pueblos el peor es el comisario.¿Por qué este pueblo va a ser la excepción?

-¿Y qué hacemos?

-Y si le entregó a alguien el dato de lo que estamos investigando es porque él tiene conexiones con esa gente. Esa gente no va a tardar en estar aquí.

-Loco, que rapidez de deducción.

-Son años viendo películas americanas. Si uno no aprende de ellas no vas a aprender de las películas francesas, con esos tiempos que son para volverte chino...

-Rajemos entonces...

-Oigan, ¿a dónde van?

-Mire -empezó Ferruccio- Nos tenemos que rajar porque sino de ésta no nos salva ni Gardel....

El viejito clavó su mirada en los ojos desorbitados de Ferruccio, que luego los bajó.

-¿Quién dijo que yo no los puedo ayudar? 

-¿Cómo?-preguntó Werner

-Hay un amigo mío, Taranco, que tiene un viejo camión Dodge que seguramente ustedes puedan usar...eso sí, está un poco ruinoso.

-Mire, con tal de que nos saque de aquí prometo pagárselo con la primera guita que cobre...

Salieron del boliche ante la mirada enojosa del dueño y los parroquianos. Tomaron por la calle principal a un paso bastante ligero. Fue Werner el primero en divisar el Toyota Corolla viniendo calle arriba, hacia ellos. Y fue quizás la lentitud del auto y la cabeza nerviosa y curiosa de los hombres que le llamaron la atención.

-Mucho auto pá este pueblo.

El comentario le pareció acertado y así se los hizo saber a sus compañeros de desgracia.

Corriendo, llevando al viejito entre sus brazos, cruzaron la pequeña avenida y se internaron en un especie de gallinero en donde pisando maíz, caca de gallina y restos de plumas fueron a dar al fondo de una granja, casi en las afueras del pueblo.

Del auto ni noticias.

El viejito sugirió primero ir a su casa y luego a lo de su amigo Taranco.

En camino hacia la casa del hombre descubrieron al Toyota estacionado.

Entonces decidieron esconderse entre los arbustos mientras trataban de llegar a la casa de Taranco, el tipo del Dodge viejo.

Luego de caminar casi media hora descubrieron la cabaña. Este, sentado tomando mate, leía una revista de chistes y se mataba a carcajadas casi quedándose sin aire.

Entre abrazos recibió al viejito a quien le decía:

-Carrrlitos...!

Después le presentó a Werner y a Ferruccio que no dejaba de mirar para atrás temeroso de la irrupción del Toyota.

Taranco les indicó que lo siguieran, abriendo paso entre las gallinas y un cerdo remolón. El Dodge parecía sacado de un película de Chaplin. Destartalado en ambas puertas tenía el motor atado con un alambre tan podrido como el caño de escape. La dirección estaba partida por la mitad por lo que parecía una manivela de avión.

Las llantas estaban en peor estado y una de ellas tan reacia a moverse que solo empujando los cuatro lograron sacarla del agujero que habia empollado en años de abandono.

-Es una reliquia.

El comentario provino de Taranco quien orgulloso mostraba su auto. Los demás estudiaban la posilidad de que ese cacharro pudiera seguir adelante por lo menos dos horas.

Dando mil abrazos Taranco les despidió. Salieron a la carretera dirigidos por Werner que trataba de hacer los tres cambios que tenía el camión de la manera más delicada posible. El caño de escape refunfuñaba y el volante parecía que se fuera a salir.

En la carretera el viejito pidió para bajar y volver a su casa. Estaba en esa despedida cuando un policía apareció entre los arbustos.

-¡Quietos!

La órden provenía de un petiso desaliñado con pinta de borracho.Tenía lentes Ray Ban y un escarbadiente en su boca. Apuntó al viejito y les hizo salir a todos del auto. Luego ordenó ponerse de espaldas. Fue en ese momento que el viejito fingió un dolor en un costado. Ante la duda, el policía no pudo menos que sorprenderse cuando una patada de Ferruccio le cayó en pleno estómago obligándole a doblarse sobre sí mismo.

-¿Dónde aprendiste eso?

-Soy hincha de Basañez, barra brava, no te olvides -aclaró Ferruccio ayudando a atarlo.

Estaban a punto de subir al camión cuando Ferruccio bajó.

-No me voy sin saber que está pasando aquí....

Así que sosteniendo al policía por las solapas de su camisa le dijo:

-¿Quién te mandó? ¿Qué querés? ¿Qué buscan?¿ A dónde nos esperan?¿Cuánto cobrás por mes para espiar a ciudadanos correctos?

-¿No son muchas preguntas a la vez? -interrumpió Werner.

-No voy a hablar -dijo el policía.

Ferruccio sonrió saliendo al camino. De pronto pegó un salto y se agachó incomprensiblemente a recoger algo. Tenía un brillo especial en los ojos.

Retiró de su camisa un bombón, se lo metió en la boca, luego se lo sacó y se lo desparramó en un brazo al policía. Después dejó ver lo que tenía en su mano cerrada. Un montón de hormigas coloradas que focalizó alrededor del brazo del tipo.

Sin atinar a nada Werner comprobó cómo las hormigas se volvían locas alrededor del chocolate masticado. Y empezaban a pinchar sobre la piel velluda del policía.

-Dale, hablá... ¿quién te mandó?

-No! -decía el tipo sufriendo por las picaduras de las diez o doce hormigas que se disputaban el botín

-¿Ah no? -Ferruccio salió rumbo al camión y volvió con una lata de aceite. Luego recogió varias cantidades de hormigas y regresó con una sonrisa que parecía la de Bela Lugosi en una de sus películas de terror.

-Vas a ver ahora...-luego echó todas las hormigas a una distancia nada prudencial del brazo chocolatado. Eran cientos de hormigas despistadas que tomaban el mismo camino: hacia el brazo del policía.

Este miraba incrédulo la escena. Luego mordía su bigote. Luego sus labios y emitía ayes de dolor.

Werner creyó que su amigo estaba desvariando. Y el viejito se puso a entonar un tango de Cadícamo para tapar los gritos del policía.

Al final el policía empezó a hablar. Justo cuando el malón de hormigas coloradas estaba trepándose al pantalón.

Ferruccio empezó a matarlas con el zapato y con la mano.

-No te hagas el vivo porque tengo dos bombones más y hay un hormiguero aquí a la vuelta. Así que hablá...

Y el tipo empezó a hablar. 

Parecía una historia de increíbles ribetes policíacos. En este momento estaban buscándolos a Ferruccio y a Werner por la fotos y documentos hurtados en el tren. Los del Toyota,alertados por el comisario, recorrían el pueblo para limpiarlos. A la vez venían unos hombres desde Tacuarembó en busca de ellos y del viejito.

-¿A mí?-, preguntó el viejito sin entender porqué estaba metido en esta historia. Y el tipo contó que los que venían de Paysandú también buscaban algo de ellos tres. Que eran tremendos y que ellos, los del pueblo, tenían la orden de no dejarlos escapar.

Cuando terminó Ferruccio le dio un beso en la cabeza pelada del policía y se trepó al Dodge.También Werner y el viejito se dirigieron hacia la ruta 1, camino a la ciudad.

Atrás el policía, en plena carretera, trataba de defenderse de una veintena de hormigas que se habían salvado del zapato certero de Ferruccio.

***********

Cuatro horas después, dos más de lo que normalmente se demora en llegar a Montevideo desde allí, llegaron a las accesos de la ciudad. Temerosos, sin hablar, los tres en la cabina del viejo Dodge trataban de entender lo que estaba pasando.

Werner no entendía porqué esos tipos que venían directamente de Tacuarembó trataban de ubicarlos. Aunque sí podía comprender a los del tren y sus conexiones con la policía local de Abasto.

Lo de Tacuarembó le sonaba extraño. Lo era, porque el hecho de que dos grupos diferentes le buscaran le soprendía. Entonces manejó dos pobilidades: El tipo verdaderamente era Gardel o en todo caso, segunda posibilidad, sabía ALGO muy comprometedor.

-Ferruccio... ¿Cómo nos ubicaron esos tipos?- preguntó Werner

Ferruccio concentrado en el camino sonrió.

-Te lo dijo el policía. Revisaron mi habitación en el hotel

-Sí, pero eso de Tacuarembó...¿cómo lo supieron?

Hubo un silencio en el cual dos camiones pasaron a toda marcha por entre el pobre Dodge. Ferruccio respondió.

-Yo llegé a mandar un telegrama a Montevideo sobre lo que encontramos.

-¿Mandaste un telegrama sobre el tráfico de drogas?

-No, sobre Gardel.

Werner necesitó de segundos para captar todo. En el hotel habían descubierto toda la información que tenía Ferruccio de las drogas. Pero suponían que tenía más. A su vez Ferruccio decidió mandar un telegrama anunciando que había descubierto el paradero del desaparecido Gardel.

Entonces ese telegrama fue interceptado por otros. Pero, ¿quienes eran los otros?

-No me cierra. Si mandaste un telegrama sobre este señor...

-Gardel -aportó el callado viejito

-Gardel...-aceptó Werner- ¿A quién le puede interesar en Tacuarembó?

-¿Y a mi qué me decís? Yo mandé la noticia...

-Me la garroneaste...

-Pensaba compartir el mérito contigo, en serio...

-¡No seas mentiroso.! Estamos metidos en un lío con dos bandas o grupos u organizaciones o como se llame y vos me decís que lo hiciste para ganar méritos!

-Bueno. ¿A eso vinimos no?

-¡Carajo! Yo vine a ganarme unos mangos y recoger una historia que me sirviera para entrar al concurso!!!

-¿Y ésto qué es? ¡Esta es la historia! -señaló enojado Ferruccio al viejito.

-¿De qué historia hablan?-preguntó él.

-Decísela...

-No- negó rotundo Werner

-Dále, animáte...-incitó Ferruccio

-¿De qué hablan, che?

-De que mi amigo Werner quería escribir sobre usted y no sabía como empezar...

El viejito miró de costado a Werner quien estaba con la vista fija en el camino. Luego salivó hacia afuera. Se cruzó de brazos.

-Eso no te da derecho a lo que hiciste -retomó Werner

-¿Qué hice? ¿Vender la historia de un supuesto Gardel...?

-Tenías que haberme consultado.

-¿Porqué?

-Porque si esa historia aparece en un maturtino yo me pierdo la primicia de escribirla...!

-¡Egoísta!

-¿Yo?¿Y vos que sos? ¡Un angurriento! ¡Mal amigo!

-No te pego porque tengo que soltar el volante...!

-¡Soltálo y bajamos a ver quién aguanta más!

-¡Sos un idiota!

-¡Mirá quien habla, el mal amigo, vendepatria!

El Dodge se detuvo todo lo brusco que le permitía su frágil carrocería. Ferruccio bajó y se remangó los puños de la camisa. Lo mismo hizo Werner y comenzaron a golpearse duramente, con reproches de toda índole. Una vez agotados cayeron al suelo y se golpeaban ya sin fuerzas, mezclando las lágrimas de bronca con sudor de lucha, con tierra roja de camino, con impotencia.

El viejito seguía mirando el horizonte, lejos de la historia de los amigos.

Luego de una ardua disputa, más titánica que técnica, los dos contendientes se quedaron boca arriba, respirando entrecortadamente.

El viejito entonces habló.

-Yo sé porque me buscan los de Tacuarembó...

Se hizo un largo silencio. Tan largo que permitió escucharse la chicharra que hacía crujir sus patas para lograr el largo sonido. Luego una serenata de ruidos de la carretera; hasta que el viejito, tomando un pastito y llevándoselo a la boca dijo:

-Son los Escayola.

Primero empezó a reírse de a poquito Werner, así como estaba panza al cielo. Después se le unió Ferruccio y cuando los dos se reían tanto que no pudieron estar boca arriba y tuvieron que girar para no ahogarse, fue que se unió el viejito a la fiesta de la risa.

Quince minutos después aún quedaban carcajadas sueltas en el aire, tentaciones a medias y comentarios de no creer.

-Hablando en serio, don...-dijo Ferruccio

-Es en serio -concluyó el viejito.

***********

La calle principal no dejaba de asombrar al viejito quien, según decía, habia visitado por última vez en 1924 o 25, cuando ofreció su recital en el desaparecido teatro Artigas.

Ferruccio le preguntó si era verdad que en aquella oportunidad él permitió la entrada a todos los canillitas del lugar.

El viejito dijo que no. Que en aquella época como en ésta existían representantes y que Defino, el suyo, era un águila mal parida.

Además es cierto que si dejaba entrar a un lustrabotas toda la ciudad se iba a querer colar.

Que desde que él tenía memoria se tejió esa historia de los lustrabotas.

-Alguna vez ha contabilizado la gente que alguna vez me saludó?

-Eso es cierto. Siempre hay alguno que le conoció.

-Y cenó conmigo...y salimos de parranda y copetín...¡Por favor! Hay tantos gardelianos mentirosos que da asco!

Yo también tenía mis enemigos. ¿Qué se creen? ¿Que era fácil competir en aquella época? ¿Había cada leones que mama mía!

Siguieron recorriendo 18 de Julio, mientras Ferruccio convidaba al viejito con garrapiñada.

-Es increíble que aún exista esto...

-Eso no es nada.

-Che,batíme la justa: ¿Cómo está la gente del diario EL DIA?

-Fundidos, como todo en este país...

-¿Cómo? Cerró entonces?

La pregunta quedó flotando en el aire. Ferruccio sugirió antes de irse cada uno a sus casas, de tomarse una en el Mincho bar.

Acodados en la historia, de espaldas a la civilización de la otra calle, se tomaron varias grapas de la mano del cuento, de la tradición, de los recuerdos.

Endebles y mentirosos, traicioneros, tramposos con lágrimas.

El viejito se presentó al dueño del Mincho y se despidió de la misma manera:

-Che pibe...si un día vas por Buenos Aires, buscáme y te dejo entradas...

-¿Entradas para qué? ¿Dónde trabaja éste? -preguntó el tipo- ¿En un asilo de ancianos?

Werner se llevó al viejito, que roncaba en un asiento, hacia Las Piedras.

Ferruccio había ido a darse un baño y descansar.

Werner sentado al lado de ese enigmático hombre no podía dejar de pensar en los últimos acontecimientos.

Estaba confundido, perdido en un mar de conjeturas dificiles de resolver.

En la radio del destartalado ómnibus se dejó escuchar:

-"Mentira mentira...
Los días que pasan 
ya no vuelven más..."

***********

Ferruccio estaba en la ducha tratando de dejar caer el agua sobre sus hombros. La tensión le pareció aterradora y la llegada a Montevideo fue como un sueño. Como una pesadilla al despertar.

Estaba sucio, cansado. Deseaba dormir todo el día y después sí dedicarse a localizar dónde fueron a parar sus telegramas. A manos de quién.

Dejó correr el agua. Fue ahí cuando escuchó un ruido en la sala de al lado.

Sin pensarlo y con los nervios aún en acción, salió de la ducha sin cerrar la canilla.

Se vistió rápido, casi sin secarse. Apenas perceptiblemente trancó con llave la puerta del baño y se refugió en el pequeño roperito de la ropa sucia.

Estuvo esperando un largo tiempo hasta que le pareció percibir el movimiento en el pomo de la puerta.

Estudió sus posibilidades. Descubrió el ventanal que daba al jardín y sin dudarlo trepó al water y luego saltó fuera.

En ese preciso momento derribaban de tres tiros la puerta del baño.

Corrió cuanto pudo, esquivando tachos de basura y un perro sarnoso que le ladró.

Sentía que detrás había gritos, ordenes de todo tipo. Así que rapidamente salió a Avenida Italia y se trepó a un interdepartamental que lo llevaba hacia la ciudad.

Sentado en el asiento último trató de observar por la ventanilla pero lo único que pudo descubrir fue al perro sarnoso, tirado, muerto.

Las gotas le corrían por la ropa mojada.

***********

Werner descendió en la calle César Mayo Gutierrez y comenzó a caminar ayudando a su amigo.

Veía a lo lejos la esquina antes de entrar a su casa. Estaba tan cansado que apenas sentía los pies.

De pronto se detuvo. No le pareció correcto que en la puerta de la casa de sus padres las gallinas no anduvieran con sus pollitos picoteando por la vereda.

Era una costumbre casi tradicional que los animales a esa hora fueran liberados de su gallinero y dejados en libertad.

Werner dejó al viejito sobre un árbol caído en la vereda y ocultándose trató de llegar a la casa por el costado, lejos de la vista de la ventana.

Entonces acertó sus dudas cuando comprobó que el Toyota que les había seguido estaba escondido en el improvisado garage que su padre tenía armado para el tractor.

Werner regresó con el viejito y juntos llegaron a la parada de nuevo. Treparon a un nuevo ómnibus y el hombre otra vez se echó a dormir.

Werner trataba de pensar rápidamente en todo lo que estaba pasando.

Bajó antes de llegar a Montevideo y llegó al hall de la casa de su ex novia Margarita, precisamente a la misma hora en que un flamante Corsa, último modelo, se estacionaba. Sansone, impecable con su traje cruzado. Se lo quedó mirando.

Werner que comprendió la situación al ver al viejito colgado practicamente de su cuello, llamó a la puerta de la casa.

-Lo que faltaba. Ahora te dedicás a los hombres..-dijo Sansone avanzando jactansioso.

De la puerta emergió la linda figura de Margarita. Una morocha con facciones determinadas que hacían el deleite de Werner cada vez que la veía.

Quedó tan sorprendida como Sansone. Pero reaccionó más solidaria.

-Pasen... ¿qué sucedió?

Werner no podía explicar qué pasaba mientras estuviera Sansone. Solo recostó al viejito en un sillón; éste seguía impávido durmiendo la mona .

Sansone reapareció de la cocina con un vaso de whisky. Haciendo sonar los cubitos con suaves golpes, dijo:

-Otra vez en problemas... ¿porqué no dejás a tu "ex" tranquila?

-Walter -pidió ella-

-No, dejálo. Tiene razón. Estoy en un lío que ni se sabe...

-¿Robaste? Sabía que ibas a terminar así...-indicó Sansone.

- No, no robé.

-¿Y este hombre quien es?

-Si te lo cuento me vas a decir que es mentira...

-Intentálo -invitó ella

Werner tragó saliva. Sabía que se iba a arrepentir.

-Gardel.

Sansone estuvo en silencio y de pronto estalló en una risa muy sardónica, volcando el whisky obligándolo a recurrir a la cocina a limpiarse el traje cruzado. 

Ella lo miraba incrédula.

-¿Me estás tomando el pelo...?

-No. Te lo juro.

-Eso no significa nada. Ya juraste otras veces y de nada sirvió.

-No hablemos del pasado...

-Me parece bien... ¿qué querés?

-Mirá, en realidad no sé. Me subí a un tren por una noticia, me encontré a éste hombre en la huída...ahora me escapo de dos bandas distintas que nos quieren limpiar...

-Vos vés mucho cine.

-Odio el cine.

-Entonces leés mucha novela.

Sansone volvió sonriente. Había otra vez llenado el vaso de whisky. Señal de que tenía absoluta libertad para moverse en la casa.

-Se lo acabo de contar a mi suegro..no lo puede creer...

-¿Tu suegro?-

-Ah... ¿No le contaste vos, no Marga?

-¿Contarme qué? -preguntó ansioso Werner

-Nos casamos -dijo Sansone

Werner se rió. Luego salió a la puerta con el viejito a cuestas.

-Esperá ..no te vayas...-dijo ella

-Se me hace tarde -dijo Werner que ni se dignó mirarla.

Margarita miró a las rosas de su cuidado patio y le parecieron marchitas. Pero luego miró el cero quilómetro Corsa de Sansone y comprendió que el futuro era promisorio .

***********

Werner se encontró tomando una en el bar de La Piedras.

El viejito había recobrado su dignidad y ahora escuchaba los lamentos del muchacho que hablaba sobre Margarita.

-No es una declaración de amor, pero ella es un mujer a la que no puedo perdonarle sus ojos.

-En fin. ¿Que podría decirte yo? Ya me olvidé como era el cuerpo de una mujer. Tengo más recuerdo de la forma de una escoba... No lo tomés a mal. Pensá en lo positivo.

-¿Así? ¿Y qué hay de positivo?

-No pensés en las mujeres que te dejaron, pensá en las que te van a dejar...y el mundo será de chocolate.

-Usted esta loco.

-Gracias.

Tomaron otra grapa, esta vez lentamente para no apurar las penas.

-¿Alguna vez te preguntaste por que Adolfo Hitler se suicidó al otro día de su matrimonio? Ahí está la respuesta de todo.

Werner llamó por teléfono a su casa. La voz nerviosa de su padre le atendió.

-¿Todo bien?

-Sí- dijo escuetamente el padre.

-Sé que están ahí esperando...pero yo me voy a Buenos Aires, así que no le hagan nada a mis viejos porque no me van a agarrar...!

Ahora es la madre de Werner quien se interpone en el teléfono:

-¡Werner! ¿Dónde estás?

-Tranquila mamá. Estoy bien...

-¿Te metiste en la secta Moon? ¿Porqué no me lo dijiste?

-¿En la secta Moon? Pero qué estás diciendo?

-¿Ah no? ¿Y porqué hay dos chinos acá..? Y si no son de Moon, ¿de dónde son?

Werner confuso le hizo un gesto al viejito para que se callara porque estaba entonando el tango "La Puñalada."

-Me voy mamá, no te van a hacer nada...

Alguien tomó el teléfono y dijo:

-Oíme, si no venís con el viejo la van a pasar mal...

-No sean idiotas...ellos no saben nada...

-¿Desde cuándo estás en una secta?-gritó la madre.

Werner cortó. Estuvo mirando por la ventana, perdido entre los pies de los ciudadanos. uso las manos en sus bolsillos y recogió la tarjeta de Hermenegildo y Antonia.

El viejito entonaba tomándose la del estribo.

-"Decí, por dios, que me has dado
que estoy tan cambiado
no sé más quien soy!"

***********

24 de Junio.

Ferruccio había acertado en la fecha, y por eso toda la ciudad hervía de gente. Sobre todo la calle principal donde se amontonaban en las bandas laterales de la calle. La mayoría de los hombres estaban vestidos de traje oscuro, con golilla a lo malevo, o con camisa blanca y corbata. Entallados en un época, no descuidaban la gomina clásica, esparcida como una lengüeteada.

La cabeza brillosa y muchas sonrisas fingidas y ex profeso inundaban el ánimo cotidiano. A todo esto se le sumaban los parlantes que a lo largo de la avenida dejaban oir constantemente la voz de Gardel.

Cuando Werner llegó allí comprendió que para el viejito iba a ser una tarde mortal. El hombre empezó a lagrimear y fue triste para el joven comprobar como las gotitas sentimentales caían sobre el papiro arrugado de su cara. Se encallaban tenazmente en las pronunciadas canaletas y después iban a caer masamente, sin ninguna rebelión, sobre la ropa vieja.

Werner consoló al hombre varias veces y le dijo que no se pusiera así, que después de todo éste era un sentido homenaje.

-No, si yo no me enojo...lo que pasa es que no puedo creer que me sigan llorando de esa manera...y traten de vestirse a la moda de entonces...

Pero más grande fue su sorpresa cuando en una de las esquinas un puestero vendía desde camisetas, gorros y bufandas con la cara del Mago, hasta la venta inverosímil de calcetines con la cara del Zorzal criollo, cuya propaganda exitosa decía:

-¡"Tenga al Mago a sus pies! ¡Calcetines "Por una cabeza" !!!"

El viejito indignado pasó de su estado sentimental a una bronca indescriptible. Parecía que rezaba o maldecía por lo bajo.

-Inconcebible -decía mientras esquivaba a la gente en la calle.

-No se enoje -trató de calmar los ánimos Werner - Eso le pasa a todos los que están en el negocio del espectáculo...Usted, Hendrix, Janis Joplin, Lennon.. hasta Artigas