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Horacio Quiroga Cincuentenario del suicida genial (1937 - 1987) Rubinstein MOREIRA |
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Un
libro primigenio
Los arrecifes de coral consta de veinte composiciones en verso y treinta y
cuatro en prosa. Estas últimas, a menudo, son pantallazos; leves
pulsaciones de la intuición, que bien pueden estar representadas por la
que titula con un nombre de mujer, que años después habría de
pronunciarlo muchas veces " María Elena tocaba siempre...... ".
Su estilo es marcadamente periodístico.
La agilidad de la frase la ha venido practicando a través de sus escritos
en los periódicos " La Reforma ", " La Revista Social
", " Gil Blás " y la propia " Revista de Salto "
que funda y dirige hacia 1899 y que interrumpe al comenzar el siglo con
motivo de su viaje a París.
La poesía es género que lo llama también poderosamente y escribe
algunas decenas de poemas que publica en forma incidental y que reúne,
asimismo, en este primer volumen que comentamos. Incursiona en el soneto
(endecasílabo y alejandrino), en el romance octosilábico, en el heptasílabo
y en el verso libre. Su lira es fina y sensible, pero el gran narrador que
hay en Quiroga ahoga al poeta, lo aniquila por el deseo de contar, lo
destroza con la fuerza del personaje.
"El crimen del otro " es un cuento formalmente flojo y temáticamente
poco novedoso; no obstante se deslindan en él algunos aspectos estilísticos
que habrían de ser constantes lineales en la narrativa quiroguiana. Es un
cuento extenso y a menudo discursivo en demasía. Los períodos de la
frase se alternan, y la presentación de la pieza - en sí - constituye un
llamado al " yo " directo, conversacional, psicológico.
La narración, escrita en esta primera persona punzante y entusiasta a la
vez, combina perfectamente un estilo dramático intenso con la frase
breve, instigadora, nerviosa. Un doble juego de ficción y realidad se
apodera del narrador pero éste no deja de ser objetivo y la objetividad
ha de ser una de las coordenadas literarias de su obra, en general.
A medida que el protagonista cae en el desatino y en la locura, el ojo del
narrador lo desenmascara y lo apunta. Y para ello se sirve del lector
atento, agudizándole los sentidos y haciéndole partícipe de la
peripecia del personaje. Quiroga en este cuento no maneja un lenguaje
rico, variado, pero sí eficaz. Y esto es lo que importa en este tipo de
composición. Con frecuencia las impresiones sensoriales se entremezclan
en grupos sintácticos vehementes y la frase adquiere un ritmo ágil y
ardoroso.
El cuento crece a medida que se aproxima su desenlace: las situaciones
dramáticas entran en un juego casi cósmico donde la muerte y las sombras
reinan. El escritor está aprendiendo lo que muy luego había de
sintetizarlo en la octava premisa del " decálogo del perfecto
cuentista ": " toma a tus personajes de la mano y llévalos
hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te
distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No
abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten eso por
una verdad absoluta aunque no lo sea ".
Al finalizar el cuento pues, Quiroga resume estos aspectos que aun son
para él una suerte de aprendizaje.
Cuando en 1917 Quiroga publica un nuevo volumen de cuentos, ya había
incursionado en la novela con un título de escaso aliento, en 1908,
" Historia de un amor turbio " y años después " Pasando
amor ". " Pero el género en que descuella Quiroga, por haber
sido su forma favorita de expresión y por lo directo y vivo hasta la
violencia de su manera de decir las cosas, es la narración breve ".
El cuentista también llega a ahogar al novelista; el creador de mundos
que debe ser un novelista en el caso de Quiroga se reduce a un genial
creador de situaciones.
Con estos " Cuentos de amor, de locura y de muerte " el autor
llega a la cima de su talento y de la síntesis narrativa. Quiroga se ha
convertido en un enorme maestro del género; ha hecho de él el vehículo
directo de comunicación. Quienes fueron a su vez sus maestros: Poe,
Maupassant. Dostoievsky, Chejov, Kipling, Conrad, Wells, son ahora sus
competidores, pero en la más leal de las competencias: la que se da por
medio del talento y la genialidad.
John Crow (el fino quiroguiano de la Universidad de California), en su ya
clásica clasificación de los cuentos del autor encuentra que pueden ser
agrupados en tres unidades perfectamente perceptibles: a ) cuentos psicológicos;
b ) cuentos de animales; c ) cuentos misioneros.
Y en este libro se presentan claramente definidas, todas y cada una de
estas tendencias. Predominan los cuentos misioneros con piezas
universalmente válidas como " Los Mensú ", " La insolación
", " Yaguaí ", " A la deriva ", " El
alambre de púa " y hasta por momentos se entrecruzan el mundo
animal, psíquico. Ejemplos elocuentes son " La gallina degollada
", " Los pescadores de vigas ", " El almohadón de
plumas ", para citar solo una trilogía esencial. Son Quince cuentos;
cada uno una pieza monolítica de saber estilístico, de hondura sensible
donde todas las manifestaciones humanas se desencadenan con un medio
expresivo fatalista, misterioso, violento, exótico. Sus personajes son
marcadamente trágicos, de vidas y desalentadoras, hipersensibles y
esquizofrénicas.
A menudo Quiroga presenta como cinematográficamente cuadros de horror y
de crueldad junto a un realismo patético y preciso, con una "
penetración honda y trágica del destino humano ". Esto, por
ejemplo, se presenta claramente en sus cuentos " La gallina degollada
" o " A la deriva ", cuyas sumas de elementos estéticos se
dan a través de un tremendo fatalismo.
El clima de sus cuentos es a menudo mórbido y apasionado, pero no
obstante el horror es manejado con una difícil y equilibrada sobriedad,
porque en sus personajes, estos están ya condenados y él asiste a sus
peripecias y padecimientos. Aunque en algunos de sus cuentos, como "
El almohadón de Plumas " ( incluido en su libro de 1917 pero
publicado diez años antes por vez primera en las páginas de la revista
" Caras y Caretas ", queda latente en el lector la posibilidad
de verismo que existe entre los límites de lo ficticio o irreal y la
realidad diaria y cotidiana, como apunta el crítico Alfredo Veiravé, en
un interesante artículo aparecido en el suplemento de " La Prensa
" de Buenos Aires, el 18 de setiembre de 1966. El destacado crítico
argentino reproduce la siguiente nota periodística, que le llega - a su
vez - por el poeta chaqueño Alfredo Luis Meloni, aparecida en el diario
" La Prensa " en su edición del 7 de noviembre de 1880 ( dos años
después del nacimiento de Horacio Quiroga ), con el título " Un
caso raro " y que bien pudo haber sido fuente de referencia, más
tarde, para el escritor ya que coincide asombrosamente con el cuento:
" Es una niña de seis años, perteneciente a una familia conocida en
esta ciudad, se ha palpado antes de ayer un caso raro.
Hacía algunos meses que a la niña se la veía siempre pálida y cada día
más delgada, no obstante sentir buen apetito y alimentarse
convenientemente.
En la creencia de que tuviese alguna enfermedad desconocida, fueron
llamados varios médicos para que la reconocieran, pero todos opinaron de
acuerdo en el sentido de que la niña no padecía de ningún mal; sin
embargo, aconsejaron a los padres que la llevases al campo.
Así lo hicieron.
A los pocos días de estar la niña en el campo, empezó a engrosar y una
vez restablecida fue traída a la ciudad nuevamente.
Después de una corta permanencia aquí, comenzó otra vez a adelgazarse,
con el asombro de toda la familia, y de los mismos médicos.
La palidez cadavérico volvió a su rostro, y su espíritu se sumergía en
una tristeza inexplicable.
Por la mañana, la mucama se ocupaba de acomodarle la cama, cuando notó
entre el forro de la almohada un movimiento como si un cuerpo se deslizara
interiormente.
Sorprendida por este suceso, llamó a la señora, quien con una tijera
cortó el forro de la almohada resueltamente para descifrar el misterio, y
retrocedieron aterrorizadas en presencia de su hallazgo, que consistía en
un bicho, cuyo nombre ignoramos, color negro y de grandes dimensiones, de
forma redonda y con varias y largas patas.
El bicho fue muerto en el acto y del examen que se hizo de él, resultó
comprobado que era éste el que absorbía la sangre del cuerpo de la niña
".
El propio Alfredo Veiravé extrae algunas conclusiones, que compartimos,
en el sentido que deben descartarse las coincidencias inmediatas, pero
abren otros caminos que hacen al estudio de su técnica narrativa, ya que
podemos suponer con evidencias que el tema no responde sólo a la
imaginación de su creador sino que de alguna manera está en el terreno más
cierto de lo acontecido. Por estas razones la nota periodística no puede
tenerse en cuenta como un antecedente directo del cuento, pero permite
adentrarnos aun más en la estructura de aquel y separar lo ficticio de lo
real. Yendo todavía más lejos y suponiendo que ese hecho (un ser humano
cuya sangre es consumida por un bicho que lo succiona lentamente, noche a
noche, desde su atenta ubicación en un almohadón de plumas) u otro
similar, llegó a conocimiento de Quiroga como hace suponer la observación
final del cuento, veremos que las modificaciones sustanciales de los
protagonistas se mueven, como es lógico, en ámbitos diferentes.
" Más allá " (1935, su decimocuarto y último libro), es también
un libro premonitorio. Y volvemos entonces al tema de la premonición que
advertíamos al principio. En estos cuentos predominan la muerte, el
misterio, el clima ideal del protagonista. Asimismo, en uno de los cuentos
más perfectos escritos en lengua española, que es de este libro, y se
titula " El hijo ", Quiroga trasciende lo trágico por medio del
amor; de un amor paternal ejemplar y puro; dramático y desgarrador.
El autor juega con los tiempos cronológicos y psíquicos, pero siempre
los reconstruye por el doloroso camino del afecto. Este cuento - en
definitiva - es una pieza de antología trascendente y constituye, sin
duda, un punto de partida esencial para el " Realismo mágico "
que, a partir de la década del 40, invade magistralmente la literaria
iberoamericana. |
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