Prólogo al libro “Final de un juego” de Sergio Stipanic

Un escritor arquetípico
Ricardo Prieto

Ya se sabe que la literatura es un universo dentro de este universo, y que sin ella el mundo bastante anodino en que pasamos la mayor parte del tiempo sería casi insoportable.

 

La actividad de escribir es más ardua que lúdica, más ingrata que exitosa, y, sobre todo, es poco comprendida y respetada. Por eso siempre nos asombra que haya gente capaz de identificarse con ella. Gente capaz de renunciar durante horas, meses y años a la  “vida” para dedicarse a   combinar palabras y darle forma a imágenes que pueden aportarnos datos sobre la otra Vida a la que no podríamos llegar a través de la razón y la percepción mecanizada.

 

Si existiera un arquetipo del escritor que sólo se manifestara a través de los gestos, la reflexión y el misterio, Sergio Stipanic lo representaría como pocos: es solemne, estático, parsimonioso, y su mente suele viajar sin prisa y sin pausa por inalcanzables laberintos en los que alienta aquello que no hemos alcanzado aún. También por lo que conocemos demasiado: esta condición humana que sobrevive milagrosamente a pesar de las catástrofes y el dolor.

 

Parco, concentrado, hipersensible, capaz de sumirse en insondables silencios por los que también debe navegar su ocasional interlocutor, Stipanic parece absorto en un profundo mundo interior que no excluye casi nada de los otros mundos y que oscila entre la pena y algo que se parece a la plenitud.

 

Por suerte para él, y también para nosotros, no se ha identificado nunca con el rol de “escritor” y vive su vocación con la espontaneidad con que  la asumiría alguien que no especula demasiado con éxitos, exégesis, reconocimiento y admiración.

 

Stipanic escribe por necesidad. En alguien que ha renunciado casi deliberadamente a la palabra oral, la escritura suele ser un exorcismo y una salvación. Nada más ajeno a lo superfluo, en suma.

 

Su libro habla quizá por sí mismo con más exactitud que cualquier introducción. Pero es conveniente que el lector sepa que “Final de un juego” es la obra de alguien que ama la literatura y que, por eso mismo, ha comprendido que nuestro desencantado pasaje por este mundo tiene en las palabras uno de los pocos sucedáneos de eso que la gente muy triste denomina felicidad.

 

Seguir a Stipanic en su huida es una forma de encontrarnos con nosotros mismos y con parte de lo que estamos buscando desde siempre.

Ricardo Prieto

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