Prólogo a "El odioso animal de la dicha"

 

Esta no es una novela sino un relato que intenta rescatar los últimos momentos de una vida que se apagó hace dos años. Traté de reflejar los días previos al suicidio, alteré apenas las circunstancias y no respeté el tiempo que medió entre un acontecimiento y otro.

Daniel y Roba existieron; él con otro nombre, ella con otro apodo. Nadine también, aunque nunca la traté y fueron infructuosos mis deseos de localizarla en esta inmensa ciudad de Buenos Aires que me la retaceó siempre. Es cierto que vivió en Flores. Me lo dijo Daniel, a quien conocí y ayudé, a pesar de que mi ayuda precaria, como diría él, fue suficientemente inútil como para no servir en el momento decisivo.

De Mabel soy amigo aún y solemos desgranar a veces, entre café y café, los tristes e insoportables recuerdos que la amistad de Daniel nos deparó.

Los poemas fueron escritos por él; uno al comienzo de su encuentro con Nadine, el otro pocos días antes de morir intoxicado en un hospital. Me he permitido retocarlos, conferirles mayor ritmo y contención.

La esquela firmada por Daniel me la mostró Mabel, y la que ella le envió la encontré en su apartamento, entre pocas y deterioradas pertenencias. También hallé dos cartas escritas a Nadine que ésta, según creo, no debe de haber leído. Las incluyo porque revelan qué intenso poeta podría haber sido Daniel si hubiese canalizado su talento.

También encontré una foto extraña y enigmática de Nadine; una foto que no quiero utilizar porque Nadine debe estar viva y no deseo involucrarla en esta historia.

La muerte de Daniel no forma parte del relato porque no importa a los efectos narrativos, aunque quizá interese saber que se suicidó un 27 de setiembre, dos días antes de su cumpleaños.

Debo decir que el verdadero Germán no coincide exactamente con el que aparece en el relato. Este congrega las características de varias personas que Daniel trató y algo de mí también, pues cuando la angustia lo acosaba Daniel solía buscarme. En muchos de esos encuentros me preguntó cómo hacía yo para aceptar y amar la vida.

La breve obra teatral que también forma parte del libro fue inspirada en una situación vivida por Daniel de la que fui, casualmente, testigo asombrado.

No quise elaborar un relato demasiado extenso o cargado de connotaciones discursivas. Sólo aspiré a reconstruir, basándome en algunos datos, mis percepciones, los recuerdos y los documentos que tengo en mi poder, instantes de la vida de alguien que hubiera podido, con un poco más de esperanza, voluntad y fe, inundar el "almacén extraño" de poesía y de luz.

Respecto de Nadine, deseo fervientemente que no descubra este libro. Si alguna vez lo lee y se topa con Daniel y los tres dibujos que ella hizo y que me permití incluir, espero que me perdone y que me comprenda. Ojalá acepte con benignidad participar en este postrer homenaje a alguien que siempre quiso preservar su pureza, su ternura, su horrible y maravillosa inocencia.

Buenos Aires, 1978

Ricardo Prieto
El odioso animal de la dicha
Ediciones de la Banda Oriental - 1982

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