Me moriría si te fueras  
Drama en I acto  
Ricardo Prieto

Editada en el 1988 por la editorial Proyección de Montevideo.

 

Estrenada el 20 de junio de 1999 en el Ateneo de Montevideo en el Ciclo de Teatro Abierto organizado por SUA (Sociedad Uruguaya de Actores). Elenco: Graciela Irazábal, Verónica Horta y Pilar Gastulemendi. Escenografía: Mali Guzmán. Música: Pablo Martinez. Dirección: María Pollak.

 

Estrenada el 27 de agosto de 2001 en versión del grupo “Catrasca” en el Centro Gallego de Montevideo. Elenco: Romina Esmoris y Ana Acuña. Dirección: Rocío Villamil.

 

Estrenada el 10 de octubre de 2003 en el Teatro Calibán de Buenos Aires. Elenco: Vanesa Motto y Umbra Colombo. Dirección: Motto-Colombo con asesoramiento de Norman Briski. Asistente: Emilio Díaz. Luces y sonido: Sergio Baratucci.

 

Estrenada el 31 de agosto de 2004 en el Teatro Anita Villalaz, en la ciudad de Panamá. Escenografía: José Lee y Yazmín Gonzalez. Maquillaje: Grismel Rangel. Iluminación: José Lee. Sonido: José Lee y Yazmín Gonzalez. Asesoría Mgter.: Alex Mariscal. Dirección y puesta en escena: Yazmín Gonzalez.

 

Publicada en CELCIT. DRAMÁTICA LATINOAMERICANA Nº 189. Buenos Aires, Argentina.

                           

Personajes: Raquel

                    René                 

 

La acción transcurre en el patio de una casa antigua y deteriorada que se cae a pedazos. Las paredes están sucias y húmedas. Hay varias macetas con plantas mal cuidadas o secas. Prefiero que la escenografía sea abstracta y que la representación se desarrolle en el escenario desnudo, donde sólo debería haber una gran puerta antigua. Los diferentes ambientes de la casa podrían ser demarcados por René con una tiza a medida que se apodera de la vivienda.

Suena el llamador. La señorita Raquel sale de su habitación. Es una mujer gorda y vivaz, de aspecto infantil. Su piel es extremadamente blanca. Camina con lentitud, renqueando del pie derecho.

 

 

Raquel: (Después de abrir la puerta.) ¿Qué desea?

René:           (Aparece una mujer muy delgada, pálida, de aspecto enfermizo. Tiene puesto un vestido extravagante y está muy maquillada. Podría ser un travesti.) Vengo de parte de Adriana Morti.

Raquel:         Mire: si viene de parte de esa mujer puede irse ahora mismo. Usted no me   interesa.

René: Dijo que es muy amiga suya.

Raquel:¡Qué coraje! Sabe bien que la detesto. 

René: ¿Usted no tiene una habitación para alquilar?

Raquel:Tenía una.

René: ¿Ya está ocupada?

Raquel: Eso a usted no debería importarle. (Intenta cerrar.)

René:¡No cierre, por favor!

Raquel: ¿Qué quiere ahora?

René:Déjeme pasar, estoy muy cansada.

TamRaquel: YRaquel: Yo también estoy cansada de seguir parada aquí. Buenas noches. (Intenta cerrar de nuevo.)

René:¡Si cierra va a arrepentirse!

Raquel: (No cierra la puerta del todo.) ¿Ah sí? ¿Y por qué?

René:Porque yo soy la inquilina que necesita.

Raquel:         Raquel: (Con ironía.) Es la primera vez que yo necesito algo que me manda la señora Morti. Hasta ahora sólo me trajo desgracias.

René: Olvídese de esa bruja.

Raquel:(Complacida.) Veo que no es su amiga.

René: La conocí casualmente, y no es la clase de mujer que me  gusta.

Raquel:         Raquel:¡Me lo va a decir a mí! Envenenó mis tres perros y destrozó casi todas mis plantas.

René:           René: ¿Y cómo hizo?

Raquel          Raquel:¿Olvidó que vive en el piso de arriba? Además, este patio es descubierto. Suele tirar cualquier porquería desde allí: ácido, mierda, veneno.

René:           René: Yo que usted...

Raquel:         Raquel: (La interrumpe.) Hice todo lo posible para impedir que continuara agrediéndome. Pero el odio es como Dios: no hay quien pueda con él.

 ¿Sabe una c René: ¿Sabe una cosa? Cuando empezó a hablarme mal de usted comprendí que me mentía.

Raquel:         Raquel: Gracias.

René:           René: Porque dijo....bueno, de todo.

Raquel:         Raquel: (Mirando hacia el piso de arriba.) ¡Basura!

René:Pero yo no me dejo engatusar así nomás. Vamos a conocer a esa santa mujer, me dije. ¿Sabe? A mí me gustaría mucho vivir en una casa de familia.

Raquel:         Raquel: (Conmovida.) Pase, hace mucho frío. Siéntese. ¡Pero si está temblando!

René:Hace diez horas que ando en la calle.

Raquel:         Raquel: ¿Quiere tomar una taza de café?

René: Con mucho gusto.

Raquel:         Raquel: (Dirigiéndose a la cocina.) ¿Dónde conoció a esa arpía?

René:           René: (Mintiendo.) En la iglesia.

Raquel: Ah, usted es creyente.

René:           René: Sí, gracias a Dios. Soy muy devota.

Raquel:         Raquel:Ella, en cambio, solo va a la iglesia por obligación.

René:           René: Claro: es quien la limpia.

Raquel:         Raquel:Los curas deberían echarla. Esa mujer contamina todo.

René:           René: (Con intención.) Es difícil ver el alma de una persona.

Raquel:         Raquel:Yo conozco a la gente enseguida.

René:           René: (Con velada burla.) Se ve.

Raquel:         Raquel:Usted, por ejemplo, me agrada mucho, y estoy segura de que es una buena mujer.

René:           René: (Fingiendo conmoción.) Gracias. No sabe lo feliz que me hace oírla decir eso. (Simula que lagrimea.)

Raquel: ¿Qué le pasa?

René:           René:Perdone, a veces me pongo así. Últimamente estoy muy sensible. Y hoy me siento muy cansada: salí de mañana temprano a buscar una pieza para alquilar y no encontré ninguna. Me pone muy nerviosa no tener donde vivir. Soy una mujer sola. Todo es más difícil para mí.

Raquel:         Raquel:(Con lástima.) Tome el café y trate de calmarse. (René bebe lentamente mientras Raquel la contempla con piedad. Pausa.) Yo también vivo sola. Papá y mamá murieron hace muchos años y no tengo hermanos.

René:           René: ¿Tampoco parientes?

Raquel:         Raquel:Tampoco.

René:           René: ¿Pero la casa es suya, verdad?

Raquel:         Raquel: ¿Cómo lo sabe?

René:           René: Lo imaginé. (Pausa.)

Raquel:         Raquel:¿Por qué se va de la casa en donde vive?

René:           René: No soporto más a mi marido: vivimos peleando. Además me saca el dinero que gano yo. Por eso me escapé. No quiero verlo más.

Raquel:         Raquel: ¿Tiene ingresos que le permitan pagar el alquiler?

René:           René: Soy modista.

Raquel:         Raquel:Me gusta la gente respetuosa, por eso vivo sola. Hace dos años alquilé la habitación y el inquilino me hizo pasar las de Caín. Soy enferma del corazón y me afectan mucho los disgustos.

René:           René: Conmigo no va a tener ningún problema.

Raquel:         Raquel:Todavía no le dije que voy a alquilarle.

René:           René: (Suplicante.) Hágalo, por favor.

Raquel:         Raquel: ¿Por qué tiene tanto interés en vivir en esta casa?

René:           René: Usted me gusta: es una mujer buena, cariñosa, sensible. Y se ve que tiene buenas costumbres. Me asusta la gente sórdida.

Raquel:         Raquel: ¿Cuánto podría pagar?

René:           René: (Con sumisión.) Lo que usted pida.

Raquel:         Raquel: Para poder solucionar los problemas económicos que tengo necesito dos mil pesos mensuales.

René:           René: Yo puedo dárselos. (Un silencio.) ¿Qué opina? ¿Vengo esta noche?

Raquel:         Raquel:¿Hoy mismo?

René:           René: Sí, hoy. Necesito mudarme lo antes posible. ¿Qué le parece a las ocho?

Raquel:         Raquel: A esa hora siempre estoy en la cama. Me acuesto muy temprano.

René:.          René: ¿Y a las seis?

Raquel:         Raquel: Me parece bien. Venga, voy a mostrarle la habitación. (Salen.)

René.           René: (Desde adentro.) Qué olor.

Raquel:         Raquel: Tendrá que limpiarla. Está cerrada desde hace mucho tiempo y el inquilino que tuve era muy sucio. Tenía la cama llena de chinches.

René:           René: ( Capciosa. Mientras salen.) Pensé que por dos mil pesos iba a entregármela limpia.

Raquel:         Raquel: Bastante buena voluntad tengo de alquilársela. No olvide que apenas la conozco. Eso sí: no quiero que el barrio tenga motivos para chismear. No permitiré que reciba hombres ni que converse en la puerta de la casa con desconocidos. Tampoco quiero que se relacione con la gentuza que vive en los alrededores.

René:           René: Yo no me tomo confianza ni la doy.

Raquel:         Raquel: Cuando me pague le daré una llave. Y cómprese un candado para ponerlo en la puerta de su habitación.

René:           René: No es necesario. ¿Quién podría robarme?

Raquel:         Raquel: Póngalo igual. Por las dudas. No me gusta que me reclamen lo que yo sería incapaz de tocar.

René:           René: Si usted quiere.

Raquel:         Raquel: La esperaré a las seis. ¿Traerá muchas cosas?

René:           René: No. Sólo un baúl. Y la ropa, por supuesto.

Raquel:         Raquel: Tendrá que mostrarme los recibos de compra del baúl y de la ropa.

René:           René: No tengo. Son cosas compradas hace mucho tiempo, los recibos los perdí.

Raquel:         Raquel: ¿Cómo puedo saber que todo lo que traerá es suyo?

René:           René: Por supuesto que no es sólo mío. El baúl es de los dos.

Raquel:         Raquel: ¿Por qué se lo trae entonces? No quiero problemas con su marido ni con la policía.

    René:       René: Quiero vengarme. Ya sé que él compró los muebles, pero yo lo aguanté quince años. Mire esta cicatriz: me la hizo con una botella.

Raquel:         Raquel: ¡Qué animal!

René:           René: Una verdadera bestia: vivía pegándome.

Raquel:         Raquel:(Conmovida.) Pobre mujer.

René:           René: (Con odio.) Muchas veces estuve a punto de matarlo. Por eso voy a abandonarlo, créame, para evitar una desgracia. Y tendría que haberme traído todos los muebles para que él me pague todas las que me hizo. Pero sólo traje el baúl.¿Algo tenía que hacer en nombre de las mujeres, no?

Raquel:         Raquel: De acuerdo. Venga, le mostraré la cocina. (La conduce hasta la cocina.)

René:           René: Está un poco abandonada.

Raquel:         Raquel: Me gusta vivir cómoda.

René:           René: A mí también, pero odio la mugre.

Raquel:         Raquel: (Ofendida.) Mi casa no está mugrienta.

René:           René: No quise decir eso. Se ve que el mes pasado la barrió un poco, por lo menos. Bueno, me voy. Tengo que ir hasta el Centro.

Raquel:         Raquel: (La acompaña hasta la puerta.) Si viene después de las seis no la dejaré entrar.

René:           René: No se preocupe.

Raquel:         Raquel: Y si alguien le pregunta quién es y qué viene a hacer a la casa, no dé explicaciones.

René:           René: (Sinuosa.) No se preocupe: soy especialista en ocultar lo que conviene.

Oscuridad.

 

El mismo decorado. En el escenario hay un gran baúl.  Se ve además una valija y ropa amontonada por doquier.

 

René: Ya está todo aquí.

Raquel: Ese baúl es muy extraño.

René:Ayúdeme a ponerlo en mi cuarto.

René: Yo no puedo hacer fuerza.

René: ¿Quiere que lo cargue yo sola?

Raquel:¿Por qué no le pidió a los changadores que los pusieran en la habitación?

René: ¿No vio lo que luché para que me rebajaran cien pesos? Por cargar este baúl unos metros más me los habrían cobrado igual.

Raquel: Ya le dije que sufro del corazón. No puedo hacer esfuerzos grandes.

René: (Empieza a empujar el baúl.) El corazón aguantará. Es solo una vez. (Raquel intenta ayudarla.) Empuje un poco más...No es necesario que lo levante. Así, así.

Raquel: Así hago mucha fuerza.

René: Un poco más.

Raquel: (Exhausta.) No puedo.

René: (Autoritaria) ¡Con más fuerza! No se va a morir por esto.

Raquel:  ¡Ay! ¡Cómo cuesta!

René: Ya está. Por lo menos llegamos a la puerta. Ahora levantaremos de nuevo.

Raquel:  No puedo hacerlo otra vez.

René: Inténtelo.

Raquel: El doctor no quiere que haga esto.

René:(Agresiva.) Está bien, no lo haga. Pero después no me pida favores.

Raquel: ¿Cómo quiere que se lo diga? No puedo seguir más.

René: Pruebe otra vez. No le pasará nada.

Raquel:¿Quiere que me dé un infarto?

René: No diga pavadas y agáchese. (Raquel obedece y logran ingresar a la habitación con el baúl. El espectador debe sentir que ella ha hecho un esfuerzo sobrehumano.)

Raquel:¡Ay, Dios mío!

René: ¿Vio que fácil era? Ya está.

Raquel: Me siento mal.

René:Beba un vaso de agua.

Raquel: No puedo moverme. (Se sienta.) Vaya a buscarlo usted, por favor.

René:(Sin ganas.) Está bien. (Va a buscar el agua.) Tome.

Raquel: Gracias.

René: No puede pasarse la vida creyendo que va a morirse por cualquier cosa.

Raquel:El médico me dijo que tengo que cuidarme.

René:Los médicos son como los abogados: brutos negociantes. Cuando el cliente se impresiona mucho, ellos lo impresionan más para sacarle plata. Por culpa de su médico tiene la casa en este estado.

Raquel: Ya le dije que estoy muy conforme con mi casa.

René: (Empieza a ordenar su ropa.) Se ve. (Pausa.)

Raquel:  me siento mejor. Eran palpitaciones. Pero por suerte desaparecen cuando me quedo quieta. (Un silencio.) ¿Quiere que la ayude a colgar la ropa?

René: No, mejor tráigame fósforos para prender un cigarrillo. (Raquel obedece. René canta.) Yo de mi barrio era la piba más bonita/ y en un colegio de monjas me crié...(Raquel le entrega los fósforos. Después contempla extasiada los vestidos.)

Raquel: (Toma uno.) Qué lindo es éste. ¿Es de seda?

René: (Con orgullo.) Sí, es de seda natural. ¿Vio que hermoso estampado? Tengo otro parecido.

Raquel: Me gusta la gente que usa ropa linda.

Raquel: ¿Y usted por qué no se viste mejor?

Raquel: No me alcanza el dinero.

René: ¿Con esta casa? Ojalá yo la tuviera.

Raquel: Ahora que le alquilé la pieza podré vivir un poco mejor.

René: Usted nunca va a vivir mejor: es demasiado roñosa.

Raquel: (Ofendida.) No sé por qué dice eso. Apenas me conoce.

René: Conozco a la gente enseguida. (Despliega un vestido blanco.) Es el de mi boda.

Raquel:(Lo palpa deslumbrada.) ¡Qué bonito!

René:  (Con furia.) ¡No lo toque!

Raquel: (Asombrada.) ¿Qué le pasa?

René: (Pausa tensa. René se controla.) No se preocupe. Soy así. A veces me enfurezco por nada.

Raquel:(Sin advertir el peligro.) No me gustan las bromas.

René:(Retándola.) ¿Recién llegué y ya me está amenazando?

Raquel: Estoy en mi casa.

René:  Y yo en la mía. (Extrae dinero de la cartera.) Tome: dos mil pesos. Le pago adelantado para que vea quién soy. (Raquel intenta tomar el dinero con codicia. Raquel no lo permite.) Un momento, querida. Antes entrégueme un recibo.

Raquel: No tengo recibos.

René:Eso es lo de menos: hágalo en un papel cualquiera.

Raquel: No puedo.

René: No voy a darle dos mil pesos si no me entrega una constancia firmada que pruebe que los recibió. (Silencio.) ¿Qué espera?

Raquel: (Con profunda vergüenza.) Yo...no sé escribir.

René:  (Con burla.) ¿Así que esas teníamos?

Raquel: (Con angustia.) No se burle.

René:  Si no me entrega un recibo no le pagaré.

Raquel: Si no me paga tendrá que irse.

René: ¿A esta hora? ¡Lo único que faltaba! (Arrastra la cómoda hacia la habitación.) Además, ya tengo mis cosas adentro.

Raquel: Entonces págueme.

René: Deme el recibo.

Raquel: ¡Le dije que no sé escribir!

René:Está bien: no se preocupe. Cuando aprenda a escribir le pagaré.

Raquel: Llamaré a la policía.

René: Y yo le diré a la policía que hace un año que vivo aquí, y que como usted no sabe escribir yo no tengo recibos para probar que es cierto.

Raquel:¡Recurriré a los vecinos!

René: Ellos no saben lo que ocurre en esta casa.

Raquel: Saben que vivo sola.

René: Diré que estuve muy enferma todo el año, postrada, por ejemplo, y que nunca salí a la calle. ¿O prefiere que le pida a la señora Morti que testifique por mí?

Raquel:¡No! A ella no. (Suplicante.) Por favor.

René: Veo que es una persona muy inteligente. Y me doy cuenta de que pronto aprenderá a escribir.

Raquel:(Apelando al último recurso) Haga el recibo usted y yo lo firmaré con el dedo.

René: (Con burla y morbosidad.) No, querida: o la mano entera o nada. El dedo no me alcanza.

Raquel: (Elevando la voz.) ¿Quiere enfermarme?

René:Quiero que se cumpla la ley.

Raquel:¿Qué ley, si no quiere pagarme?

René:Pagaré cuando me dé el recibo. Cualquier abogado me apoyaría.

Raquel:No voy a cobrarle dos veces, no soy ladrona.

René:Eso no lo sé.

Raquel:(Se toca el pecho.) ¡Ay Dios! ¡Va a enfermarme otra vez!

René:No haga más teatro. A mí no me embauca ninguna actriz. (Sigue ordenando la ropa.) Es igual que mi marido: finge que sufre y se hace la enferma. ¿Por qué no se mueren de una vez por todas? Podrían matarse, por ejemplo.

Raquel: Me siento mal.

René: Acuéstese y se le pasará.

Raquel:¡No debería haberla dejado entrar a mi casa!

René: Tuvo suerte. Peor hubiera sido que le alquilara la pieza a alguien que no puede pagar. Yo tengo el dinero.

Raquel: ¿De qué me sirve?

René: De qué le serviría si se lo diera, digo yo. Vive como una miserable.

Raquel: ¡Aquí no va a vivir gratis! ¡Esta es mi casa!

René: Y la mía.

Raquel: Suya cuando la compre.

René: ¿No me alquiló una habitación?

Raquel:Todavía no la pagó.

René: Por culpa suya, así que tengo mis derechos. ¿Cree que porque es la dueña de casa puede poner condiciones y no cumplir con su parte? Yo tendré obligación de no hablar con los vecinos y de no recibir hombres, vamos a suponer que es así. Pero usted tiene otras obligaciones, y la primera de ellas es darme un comprobante de que le pagué.

Raquel: Quiere embarullarme con palabras para no pagarme. Es una aprovechadora.

René: Si usted lo dice así será. Y no tengo ganas de discutir más. Voy a hacerme la cena.

Raquel: (Le obstruye con furia la entrada a la cocina.) ¿No entrará hasta que me pague!

René:(Burlona.) ¿Ah sí?

Raquel: Sí, yo soy la dueña de eta casa.

René: (La abofetea.) ¡Qué dice ahora la dueña?

Raquel: ¿Quién es usted para pegarme?

René: ¿No acaba de decir que soy una aprovechadora? Es cierto. Pero soy mucho más que eso. Y le pegué para que entienda que conmigo no va a jugar.

Raquel: (Gritando.) ¡Porquería! ¡Porquería! ¡Porquería!

René: ¿Qué dijiste?

Raquel: (Desafiándola.) Lo que oyó.

René: (Avanza mientras Raquel retrocede.) ¿Así que soy una porquería? Mirá que vos no sos mi marido. A vos voy a romperte la cabeza.

Raquel: (Con pánico.) ¡No me pegue! ¡No! ¡Por favor!

René: Está bien. Pero nunca más digas que no puedo entrar a la cocina. (Breve silencio.) ¿Y? ¿Cocino o no cocino? (Pausita.) ¿Eh?

Raquel: (Con esfuerzo.) Cocine.

René:Veo que estás entendiendo. (Raquel intenta huir. René la detiene.) ¿Adónde vas?

Raquel: ¡No le importa!

René: (Le retuerce la muñeca.) Vamos, decime la verdad.

Raquel: Necesito salir.

René: (Burlona.) No, señorita, usted no saldrá más de esta casa. Ahora se pondrá el mugriento salto de cama y se acostará a dormir.

Raquel: ¿Quién es usted para darme órdenes?

René: (Le muestra el puño cerrado.) Yo soy esto. Y ahora voy a comer, así que dame papas, aceite, sal y carne.

Raquel:Yo nunca ceno.

René:Vas a colaborar igual. (Un silencio. Raquel no se mueve.) ¿Oíste?

Raquel: ¡No tengo obligación de darle nada!

René: (Se acerca a ella de manera amenazadora.) ¿Me vas a dar o no? (Después de una tensa pausa Raquel se dirige a la cocina y regresa con lo que le pidieron.) Aquí tiene.

Raquel: Gracias. Y no es necesario que me llames de usted. De ahora en adelante viviremos como si nos conociéramos de toda la vida. ¿No?

                                                                        Oscuridad.

 

 

La acción transcurre en el mismo lugar. René está golpeando a Raquel con una escoba.

 

René:           René:  ¡Te voy a dar, renga de mierda! ¡Qué yo te vuelva a ver ensuciando la pileta! ¿O creés que soy tu sirvienta? ¡Hace dos meses que vivo aquí y todavía no pude enseñarte a ser limpia! ¡Caramba, che! ¡No sos una criatura!

Raquel:         Raquel: Soy como soy.

René:           René:  (La abofetea.) ¡No me contestes! ¿O pensás que porque te creés la dueña de la casa me vas a pisar?

Raquel:         Raquel: (Con odio.) La próxima vez que me pegue...

René:           René:  (La interrumpe.) No amenaces más y andá a bañarte. ¿Qué hombre querría montarte con el olor a podrido que tenés?

Raquel:         Raquel: ¡Yo no necesito hombres!

René:           René:  ¿Cuentos a mí? Vamos, nena, está bien que seas renga y mugrienta, pero que te gustaría te gustaría...

Raquel:         Raquel: Usted es una inmundicia.

René:           René: ¡Quién habla! Y ahora servime café. Yo voy a terminar de arreglar este vestido porque dentro de una hora vendrán a buscarlo.

Raquel:         Raquel: (Obedeciendo.) No sé para qué le compran esas porquerías.

René:           René:  Eso lo decís por envidia. Estás rabiosa porque yo hago negocios con cualquier cosa. (Despliega el vestido.) Fijate: estaba sucio y viejo, lo cosí y lo lavé y ahora lo venderé en doscientos pesos. Yo trabajo y me esfuerzo. Yo no dependo de casas y jubilaciones que me dejó el viejo al estirar la pata. No soy una solterona bien criada.

Raquel:         Raquel: Lo que tengo es bien mío.

René:           René:  Se acabaron los tiempos en que lo de uno era de uno. Los pobres se pasaron la vida mirando a los ricos desde afuera, pero ahora vamos a vivir con ellos dentro de sus casas. ¡Si hubiera muchas como yo!

Raquel:         Raquel: (Sirviéndole el café.) El mundo sería horrible. Usted no se da cuenta del daño que hace. Pero ya verá. No se saldrá con la suya.

René:           René:  No me amenaces.

Raquel:         Raquel: Ya le dije que estoy en mi casa.

René:           René: Estás en tu casa porque yo quiero. Y todavía no sé si no te voy a dar una patada y te voy a mandar a la calle.

Raquel:         Raquel: (Amenazadora.) Inténtelo.

René:           René: No te preocupes. Por ahora te dejaré vivir aquí. En el fondo me inspirás lástima.

Raquel:         Raquel: No necesito la lástima de nadie.

René:           René: Fijate si hay jabón en el baño.

Raquel:         Raquel: Sabe muy bien que no hay más jabón.

René:           René: Entonces dame el que tenés escondido en tu cuarto.

Raquel:         Raquel: Ese es mío. Así que vaya y compre. Si conserva el dinero de los dos meses de alquiler que me debe tiene bastante plata.

René:           René: Te debo dos meses de alquiler porque todavía no aprendiste a escribir. ¿Te preocupás por mejorarte, acaso? No, la señorita vive de arriba y se deja estar entre la mugre como un perfecto cerdo rengo.

Raquel:         Raquel: (Con furia contenida.) No siga jugando. Usted no me conoce. El inquilino anterior no pudo conmigo. Era agresivo y drogadicto pero tuvo que irse.

René:           René: No me asustás. (Imperativa.) ¡Vamos! Andá a buscar tu jabón perfumado y preparame el baño.

Raquel:         Raquel: Quiero descansar un poco.

René:           René: (La empuja.) ¡Andá a preparar el baño, dije! (Raquel corre apresuradamente hacia la puerta con intención de escapar.) ¿Adónde vas?

Raquel:         Raquel: (Con pánico.) A ningún lado.

René:           René: (Le pega.) ¿Así que a ningún lado?

Raquel:         Raquel:¡Lo juro!

René:           René: (Continúa pegándole.) ¡Que sea la última vez que intentás escapar!

Raquel:         Raquel: (Grita con angustia.) ¡Se abusa porque no puedo correr!

René:           René: No podés correr porque sos una haragana, y mamá y papá te enseñaron a ser blanda y a tener las carnes fofas y a  ser servida. Mientras a vos te daban comida de sobra, yo me ganaba los mendrugos abriéndome de piernas en los quilombos.

Raquel:         Raquel: Yo no tengo la culpa.

René:           René: Sí que la tenés, como todos, y ya es hora de que empieces a entenderlo. La próxima vez que intentes escaparte voy a clavarte ese palo de escoba. Ya verás qué fácil es sentirse culpable cuando una está ensartada gritando. (Con ferocidad.) Dale, prepará el baño.

Raquel:         Raquel: (Va a su habitación, toma la barra de jabón y camina lentamente hacia el baño.) Hay un límite para todo, hay cosas que no pueden aguantarse. (Desde el baño.) Maldita la hora en que la dejé entrar.

René:           René: (Con burla.) Estoy aquí porque fui hábil. Si hubiera sido por vos todavía estaría buscando una pieza. ¿Terminaste? Ahora ponete este vestido.

Raquel:         Raquel: ¿Para qué?

René:           René: Ponételo, sucia, vamos. Sacate los harapos que tenés y probátelo. Vos tenés el mismo cuerpo de vaca que mi cliente.

Raquel:         Raquel: No voy a desnudarme aquí.

René:.          René: ¿Quién va a mirarte? (La desviste. Raquel queda casi desnuda.) Mirá qué carnes. Das asco. Como se ve que nunca te clavaron los dientes. ¿Qué pasó? ¿Algún tipo te asustó demasiado?

Raquel:         Raquel: Esas son cosas mías.

René:           René: De ahora en adelante lo tuyo es mío y lo mío es tuyo. Prendete aquí. (Un silencio. Continúa arreglándole el vestido.) ¡Parece mentira! Tenés cuarenta y cinco años y un cuerpo que nunca usaron. Vos sos de las que no abrieron las piernas por miedo o por avaricia. ¿Querías gozar vos sola, eh? ¿Gozás mucho sola?

Raquel:         Raquel: No sea ordinaria.

René:           René: (Temible.) No me insultes porque te agarro de los pelos y te tiro a la calle. Vos no me conocés a mí.

Raquel:         Raquel: (Grita con angustia.) ¡Nunca hará eso!

René:           René: (Ríe con sadismo) Me gusta que te vayas conmoviendo. Es hora de que entiendas que la vida no es una fiesta. ¿Estás deprimida? Sí. Me alegro. A lo mejor ahora te convertís en una persona decente. Quedate quieta. Falta una puntada.

Raquel:         Raquel: (En voz baja, con rencor y odio.) Ojalá se muera.

René:           René: ¿Qué dijiste?

Raquel:         Raquel:(Alzando la voz.) ¡Que ojalá se muera!

René:           René: (La toma de los brazos con furia, la hace caer y la arrastra por el escenario.) ¡Te pedí que no me insultes! ¡No me insultes! ¡No me insultes! ¡No me insultes! (Pausa extensa Raquel está en el piso, encogida en una posición agónica, y solloza quedamente.) ¿Ves lo que lográs? Nunca incites a la fiera que llevo dentro porque vas a pagar por todas las que me hicieron. (Un silencio.) Reconozco que no tenés familia, sos renga y bastante idiota. Y yo puedo tratarte bien y hasta ser tu amiga, siempre que me obedezcas y me respetes.

Raquel:         Raquel: (Quejumbrosamente.) ¿Y a mí? ¿Quién me respeta a mí?

René:           René: (La ayuda a levantarse.) Vamos, levantate, sentate ahí y descansá. Mirá cómo pusiste la ropa.

Raquel:         Raquel: ¿Quién me tiró al suelo?

René:           René: Sentate ahí, dije, y terminá de quejarte. (Raquel se sienta.) Ya te advertí que tuvieras cuidado conmigo. Cualquier día de estos puedo darte un mal golpe.

Raquel:         Raquel: Si no está cómoda puede irse cuando quiera.

René:           René: Si seguís actuando de este modo sos vos la que se va a ir.

Raquel:         Raquel: ¿Hasta cuándo va a seguir esto? ¡No puedo aguantarlo más! (Se levanta con ira y camina hacia su habitación.)

René:           René: ¿Adónde vas?

Raquel:         Raquel: A buscar un pañuelo.

René:           René: Mirá que estoy vigilándote. (Pausa.) ¿Qué estas haciendo? ¿Por qué demorás tanto? (Un silencio.) ¡Che, contestá! (Otro silencio. René se levanta y se dirige a la habitación de Raquel. Cuando entra, Raquel sale apresuradamente e intenta cerrar la puerta con llave. Hay una lucha entre ambas. René forcejea desde adentro y Raquel trata de encerrarla. Es René quien vence, sin embargo, pues su fuerza física es mayor. Al verla salir de la habitación con expresión triunfante Raquel retrocede. Su semblante expresa pánico. Con ira.) ¿Querés hacerme la vida imposible? ¿Intentás enfurecerme?

Raquel:         Raquel:¡Es usted la que me está enfureciendo a mí! ¡Es usted la que me está martirizando y destruyendo!

René:           René: ¡No me grites!

Raquel:         Raquel: (Desafiándola) ¡Grito todo lo que quiero! ¡Estoy en mi casa! ¡Tengo derecho a gritar, a patalear y a echarla de una vez por todas!

René:           René: (Avanza amenazadora.) Yo tengo más derechos que vos porque puedo pegarte. (Raquel corre.) No vayas hacia la puerta, querida. (La alcanza y empieza a patearla.) Yo te quiero mucho.(Con burla.) Me moriría si te fueras.

Raquel:         Raquel: (Con angustia) ¡Por favor! ¡Se lo suplico! ¡Se lo ruego! ¡No me haga más daño, por Dios!

René:           René: Está bien: por esta vez te perdono. Pero de ahora en adelante van a cambiar muchas cosas.

                  Oscuridad.

 

La acción transcurre en el mismo lugar. Raquel está atada con una cadena a la pared, como si fuera un perro. Ha cambiado mucho: se advierte en ella un gran deterioro físico y exaltación compulsiva. Ha perdido humanidad y parece salvaje y desesperada. Hay un plato con comida en el piso. René canturrea mientras se arregla las uñas. Tiene puesto un camisón.

 

 

Raquel:         Raquel: (Con odio.) ¡Víbora, basura, reventada, ladrona, hija  de puta! ¡Quiero comer!

René:           René: Comerás cuando dejes de insultarme.

Raquel:         Raquel: ¡Suélteme o empezaré a gritar! (Se queja o se lamenta, pero no con un sollozo; lo que se oye es como el gruñido de un animal acosado, mortalmente herido.)

René:           René: Te advertí que cambiarían muchas cosas. Te brindé la posibilidad de que fueras gente pero la desaprovechaste. Ahora aguantá las consecuencias.

Raquel:         Raquel: ¡Reventaré esta cadena y la mataré!

René:           René: No me asustás. Y por haber dicho eso no verás comida hasta mañana. (Aleja más el plato.) Y no llores. Nunca olvides que yo no soy tu mamá.

Raquel:         Raquel: (Con angustia.) ¡No puedo más! ¡No aguanto más!

                   (Grita.) ¡Socorro! (René sube el volumen de la radio.) ¡Socorro! (La música se superpone a la voz de  Cuando esta se calma René sube el volumen.)

René:           René: ¿Viste? Nadie te oyó. ¿De qué sirvió gritar de ese modo? Ya sé que no te gustan las cadenas, pero yo las llevé antes que vos. Yo fui violada y maltratada y saqueada por la maldita basura que camina por este mundo. Nadie tuvo piedad de mí cuando sentí hambre y cuando quise una cama para dormir y cuando deseé ser aceptada como una persona más en este podrido país lleno de burgueses moralistas, estirados, rapaces, conformistas y ladrones. Y nunca grité, por suerte para todos, porque si hubiera gritado mis gritos hubieran destruido todo lo que existe. Pero no creas que no podría gritar aún. Tengo los gritos vivos en la garganta y en el vientre y en estas manos que quisieron matar mil veces a la basura como vos. ¿Quiénes creen que son ustedes? ¿Jueces, elegidos, privilegiados, puros, sabios, hermosos? Son mierda, pura mierda del camino, y en las cárceles en las que pasé gran parte de mi vida desde que mi papito y mi mamita me largaron a trotar por el mundo, los delincuentes más feroces son señores al lado de ustedes. Pero se terminó la prosperidad.  Al fin se terminaron la paz y los tiempos de bonanza para tu ralea. Millones de desgraciados muertos de hambre saldrán a las calles a matar para poder comer. Y entrarán a las casas a reclamar su parte del festín, como lo hice yo. De ahora en adelante ningún millonario, ningún poderoso, ningún corrupto, ningún juez, ningún gendarme tendrán seguridad en esta tierra puta. Se terminó la impunidad.

Raquel:         Raquel: No tengo la culpa de sus sufrimientos. Yo también tuve los míos.

René:           René: Cuando yo sufría vos descansabas en medio de la mugre. Pero la mugre era tuya, estabas en tu casa.

Raquel:         Raquel: Si alguna vez hubiera tenido algo no le daría tanta importancia a lo poco que tengo yo. Y se daría cuenta de todo lo que me falta. ¿Cree que mi vida es una fiesta? No, no lo es. Soy una mujer sola, tengo una jubilación mínima  y además soy enferma. No soy feliz ni millonaria. ¿Por qué me tortura?

René:           René: (Burlona.)¿Qué le falta a mi pichona? ¡Un macho? ¿Querría tener más casas y más plata? ¿Querría ser más linda?

Raquel:         Raquel: Todo lo reduce a eso. Solo piensa en lo material.

René:           René: Sí, vos no le das importancia a lo material. Todavía no te diste cuenta de que solo necesitamos alimentar el estómago y la entrepierna. Claro: la cerda tiene un techo y come todos los días. Y todavía cree que es pobre y que no es feliz. Pero yo te voy a convertir en un ser humano que sabe valorar lo que tiene y desea compartirlo con los demás.

Raquel:         Raquel: ¡Quién habla de ser humano! Me tiene atada como a un perro, me patea y me hace sentir hambre. (Grita.) ¡Tengo hambre!

René:           René: (Le acerca el plato con el pie.) Tomá. (Raquel come con asombrosa voracidad.) Parecés un animal. Papá y mamá no deben haberte enseñado modales. (Con extraña compasión.) ¡Pobre bicho! ¿De qué te sirve lo que tenés? (Un silencio. La observa mientras come.) ¿Terminaste? Muy bien. Ahora ponete a dormir como una vaca. (Lleva el plato a la cocina.) Cumplí con tu destino.

Raquel:         Raquel: ¡No voy a dormir!

René:           René: ¿Ah no? ¿Y qué vas a hacer? ¿A irte?

Raquel:         Raquel:¿Quiero dormir en mi cama!

René:           René: Vas a dormir en tu cucha.

Raquel:.        Raquel: Gritaré toda la noche.

René:           René: Está bien: vas a dormir en tu cama. Pero te advierto una cosa: si intentás escapar te ato y te desvirgo con un palo. Y cuando te saque el palo por la garganta vas a empezar a obedecerme. (Raquel solloza sin fuerza pero con suprema angustia. Parece un animal inerte y desvalido. El suyo es un sollozo sobre todo interno y se proyecta con temblores, casi sin sonidos.)Y no llores. Todos tus llantos no alcanzarían para pagar los míos. (Burlona.) ¿Qué diría tu tierna mamá si te viera?

Raquel:         Raquel: (Con odio.) ¡La mataría! Mi madre era fuerte, y me amaba. No hubiera permitido esto. Sí: la mataría.

René:           René: ¿Otra más? Mirá que bastante azote me dio mi mamita, y después me tiró a la calle.

Raquel:         Raquel: Se lo merecería.

René:           René: ¿A los doce años me lo merecía? (Amenazadora.) Ya te voy a enseñar a sentir compasión por la gente.

Raquel:         Raquel: ¡Y también se merece que su marido la haya echado y la haya castigado!

René:           René:(Ríe a carcajadas.) ¡Mi marido!

Raquel:         Raquel: ¿De qué se ríe?

René:           René: Nunca tuve marido.

Raquel:         Raquel: Mintió entonces. ¡Basura!

René:           René: Yo vivo mintiendo. Para sobrevivir ¿sabés? Para defenderme de la gente arrogante y necia, para protegerme de las lacras sociales como vos.

Raquel:         Raquel: ¡Lacra social es usted! ¡Estoy segura de que nació en un basural lleno de ratas! ¡Yira basura!

René:           René: (Se acerca, Su actitud es amenazadora.) ¿Así que yira basura, no? ¿Ese fue el lenguaje que te enseñó tu mamita?

Raquel:         Raquel: (Con pánico.) No se acerque...

René:           René: ¿Qué diría tu mamita si me viera acercarme y decirte que sos linda? (La acaricia con libidinosidad.)

Raquel:         Raquel: (Como si la hubiesen partido en dos.) ¡No me toque!

René:           René: ¿Qué diría si me viera besarte?

Raquel:         Raquel: (Con angustia, asco y pánico.) ¡Suélteme!

René:           René: (Le besa el cuello.) No me digas que te excita...

Raquel:         Raquel: (Desesperada, tratando de liberarse.) ¡Déjeme, por favor! (Grita) ¡Socorro!

René:           René: (Le tapa la boca, la obliga a extenderse en el piso y después la monta.) Me gusta que empieces a sufrir... (Raquel emite un espantoso gemido monocorde y agónico.)Me gusta.(La oprime y la palpa.)

Raquel:         Raquel: (Perdiendo sus fuerzas.) Déjeme ir...Déjeme morir.

René:           René: (La suelta y se yergue con impresionante lentitud. Está resplandeciente y serena.) Ahora estás sufriendo. Ahora están empezando a comprender. Dentro de poco estaré vengada.

                       Oscuridad final.

                   Ricardo Prieto
Escrita en Montevideo, en el año 1967 
   
                                               

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