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Me moriría si te fueras |
Editada en el
1988 por la editorial Proyección de Montevideo.
Estrenada el 20
de junio de 1999 en el Ateneo de Montevideo en el Ciclo
de Teatro Abierto organizado
por SUA (Sociedad Uruguaya de Actores). Elenco: Graciela Irazábal, Verónica
Horta y Pilar Gastulemendi. Escenografía: Mali Guzmán. Música: Pablo
Martinez. Dirección: María Pollak.
Estrenada el 27
de agosto de 2001 en versión del grupo “Catrasca”
en el Centro Gallego de
Montevideo. Elenco: Romina Esmoris y Ana Acuña. Dirección: Rocío
Villamil.
Estrenada el 10
de octubre de 2003 en el Teatro
Calibán de Buenos Aires. Elenco: Vanesa Motto y Umbra Colombo.
Dirección: Motto-Colombo con asesoramiento de Norman Briski. Asistente:
Emilio Díaz. Luces y sonido: Sergio Baratucci.
Estrenada
el 31 de agosto de 2004 en el Teatro Anita Villalaz, en la ciudad de Panamá.
Escenografía: José Lee y Yazmín Gonzalez. Maquillaje: Grismel Rangel.
Iluminación: José Lee. Sonido: José Lee y Yazmín Gonzalez. Asesoría
Mgter.: Alex Mariscal. Dirección y puesta en escena: Yazmín Gonzalez. Publicada
en CELCIT. DRAMÁTICA LATINOAMERICANA Nº 189. Buenos Aires, Argentina.
Personajes:
Raquel René
Suena
el llamador. La señorita Raquel sale de su habitación. Es una mujer
gorda y vivaz, de aspecto infantil. Su piel es extremadamente blanca.
Camina con lentitud, renqueando del pie derecho. Raquel:
(Después de abrir la puerta.)
¿Qué desea? René:
(Aparece una mujer muy
delgada, pálida, de aspecto enfermizo. Tiene puesto un vestido
extravagante y está muy maquillada. Podría ser un travesti.)
Vengo de parte de Adriana Morti. Raquel:
Mire: si viene de parte de esa mujer puede irse ahora mismo. Usted
no me interesa. René:
Dijo que es muy amiga suya. Raquel:¡Qué coraje! Sabe bien que la detesto. René:
¿Usted no tiene una habitación para alquilar? Raquel:Tenía
una. René:
¿Ya está ocupada? Raquel: Eso a usted no debería importarle. (Intenta cerrar.) René:¡No
cierre, por favor! Raquel:
¿Qué quiere ahora? René:Déjeme pasar, estoy muy cansada. TamRaquel:
YRaquel: Yo también estoy cansada de seguir parada aquí. Buenas
noches. (Intenta
cerrar de nuevo.) René:¡Si
cierra va a arrepentirse! Raquel:
(No cierra la puerta del todo.)
¿Ah sí? ¿Y por qué? René:Porque
yo soy la inquilina que necesita. Raquel:
Raquel: (Con ironía.) Es
la primera vez que yo necesito algo que me manda la señora Morti. Hasta
ahora sólo me trajo desgracias. René:
Olvídese de esa bruja. Raquel:(Complacida.)
Veo que no es su amiga. René:
La conocí casualmente, y no es la clase de mujer que me gusta. Raquel:
Raquel:¡Me lo va a decir a mí! Envenenó mis tres perros y
destrozó casi todas mis plantas. René:
René:
¿Y
cómo hizo? Raquel
Raquel:¿Olvidó
que vive en el piso de arriba? Además, este patio es descubierto. Suele
tirar cualquier porquería desde allí: ácido, mierda, veneno. René:
René:
Yo
que usted... Raquel: Raquel: (La interrumpe.) Hice todo lo posible para impedir que continuara agrediéndome. Pero el odio es como Dios: no hay quien pueda con él. ¿Sabe
una c René: ¿Sabe una cosa? Cuando empezó a hablarme mal de usted
comprendí que me mentía. Raquel:
Raquel: Gracias. René:
René: Porque dijo....bueno, de todo. Raquel:
Raquel: (Mirando hacia el
piso de arriba.) ¡Basura! René:Pero
yo no me dejo engatusar así nomás. Vamos a conocer a esa santa mujer, me
dije. ¿Sabe? A mí me gustaría mucho vivir en una casa de familia. Raquel:
Raquel: (Conmovida.)
Pase, hace mucho frío. Siéntese. ¡Pero si está temblando! René:Hace
diez horas que ando en la calle. Raquel:
Raquel: ¿Quiere tomar una taza de café? René:
Con mucho gusto. Raquel:
Raquel: (Dirigiéndose a la
cocina.) ¿Dónde conoció a esa arpía? René:
René:
(Mintiendo.) En la
iglesia. Raquel:
Ah, usted es creyente. René:
René:
Sí, gracias a Dios. Soy muy devota. Raquel:
Raquel:Ella,
en cambio, solo va a la iglesia por obligación. René:
René:
Claro:
es quien la limpia. Raquel:
Raquel:Los
curas deberían echarla. Esa mujer contamina todo. René:
René:
(Con intención.) Es difícil
ver el alma de una persona. Raquel:
Raquel:Yo
conozco a la gente enseguida. René:
René:
(Con velada burla.) Se
ve. Raquel:
Raquel:Usted,
por ejemplo, me agrada mucho, y estoy segura de que es una buena mujer. René:
René:
(Fingiendo conmoción.)
Gracias. No sabe lo feliz que me hace oírla decir
eso. (Simula que lagrimea.) Raquel:
¿Qué le pasa? René:
René:Perdone,
a veces me pongo así. Últimamente estoy muy sensible. Y hoy me siento
muy cansada: salí de mañana temprano a buscar una pieza para alquilar y
no encontré ninguna. Me pone muy nerviosa no tener donde vivir. Soy una
mujer sola. Todo es más difícil para mí. Raquel:
Raquel:(Con
lástima.) Tome el café y trate de calmarse. (René
bebe lentamente mientras Raquel la contempla con piedad.
Pausa.) Yo también vivo sola. Papá y mamá murieron hace muchos años
y no tengo hermanos. René:
René:
¿Tampoco parientes? Raquel:
Raquel:Tampoco. René:
René:
¿Pero la casa es suya, verdad? Raquel:
Raquel:
¿Cómo
lo sabe? René:
René:
Lo imaginé. (Pausa.) Raquel:
Raquel:¿Por
qué se va de la casa en donde vive? René:
René:
No soporto más a mi marido: vivimos peleando. Además me saca el
dinero que gano yo. Por eso me escapé. No quiero verlo más. Raquel:
Raquel:
¿Tiene
ingresos que le permitan pagar el alquiler? René:
René:
Soy modista. Raquel:
Raquel:Me
gusta la gente respetuosa, por eso vivo sola. Hace dos años alquilé la
habitación y el inquilino me hizo pasar las de Caín. Soy enferma del
corazón y me afectan mucho los disgustos. René:
René:
Conmigo no va a tener ningún problema. Raquel:
Raquel:Todavía
no le dije que voy a alquilarle. René:
René:
(Suplicante.) Hágalo,
por favor. Raquel:
Raquel:
¿Por qué tiene tanto interés en vivir en esta casa? René:
René:
Usted me gusta: es una mujer buena, cariñosa, sensible. Y se ve
que tiene buenas costumbres. Me asusta la gente sórdida. Raquel:
Raquel:
¿Cuánto
podría pagar? René:
René:
(Con sumisión.) Lo que
usted pida. Raquel:
Raquel:
Para
poder solucionar los problemas económicos que tengo necesito dos mil
pesos mensuales. René:
René:
Yo puedo dárselos. (Un
silencio.) ¿Qué opina? ¿Vengo esta noche? Raquel:
Raquel:¿Hoy
mismo? René:
René:
Sí, hoy. Necesito mudarme lo antes posible. ¿Qué le parece a las
ocho? Raquel:
Raquel:
A
esa hora siempre estoy en la cama. Me acuesto muy temprano. René:.
René:
¿Y a las seis? Raquel:
Raquel:
Me
parece bien. Venga, voy a mostrarle la habitación. (Salen.) René.
René:
(Desde adentro.) Qué
olor. Raquel:
Raquel:
Tendrá
que limpiarla. Está cerrada desde hace mucho tiempo y el inquilino que
tuve era muy sucio. Tenía la cama llena de chinches. René:
René:
( Capciosa. Mientras salen.)
Pensé que por dos mil pesos iba a entregármela limpia. Raquel:
Raquel:
Bastante
buena voluntad tengo de alquilársela. No olvide que apenas la conozco.
Eso sí: no quiero que el barrio tenga motivos para chismear. No permitiré
que reciba hombres ni que converse en la puerta de la casa con
desconocidos. Tampoco quiero que se relacione con la gentuza que vive en
los alrededores. René:
René:
Yo no me tomo confianza ni la doy. Raquel:
Raquel:
Cuando me pague le daré una llave. Y cómprese un candado para
ponerlo en la puerta de su habitación. René:
René:
No es necesario. ¿Quién podría robarme? Raquel:
Raquel:
Póngalo
igual. Por las dudas. No me gusta que me reclamen lo que yo sería incapaz
de tocar. René:
René:
Si usted quiere. Raquel:
Raquel:
La esperaré a las seis. ¿Traerá muchas cosas? René:
René:
No. Sólo un baúl. Y la ropa, por supuesto. Raquel:
Raquel:
Tendrá que mostrarme los recibos de compra del baúl y de la ropa. René:
René:
No tengo. Son cosas compradas hace mucho tiempo, los recibos los
perdí. Raquel:
Raquel:
¿Cómo puedo saber que todo lo que traerá es suyo? René:
René:
Por supuesto que no es sólo mío. El baúl es de los dos. Raquel:
Raquel:
¿Por qué se lo trae entonces? No quiero problemas con su marido
ni con la policía.
René:
René:
Quiero vengarme. Ya sé que él compró los muebles, pero yo lo
aguanté quince años. Mire esta cicatriz: me la hizo con una botella. Raquel:
Raquel:
¡Qué animal! René:
René:
Una verdadera bestia: vivía pegándome. Raquel:
Raquel:(Conmovida.)
Pobre mujer. René:
René:
(Con odio.) Muchas veces
estuve a punto de matarlo. Por eso voy a abandonarlo, créame, para evitar
una desgracia. Y tendría que haberme traído todos los muebles para que
él me pague todas las que me hizo. Pero sólo traje el baúl.¿Algo tenía
que hacer en nombre de las mujeres, no? Raquel:
Raquel:
De acuerdo. Venga, le mostraré la cocina. (La
conduce hasta la cocina.) René:
René:
Está un poco abandonada. Raquel:
Raquel:
Me gusta vivir cómoda. René:
René:
A mí también, pero odio la mugre. Raquel:
Raquel:
(Ofendida.) Mi casa no
está mugrienta. René:
René:
No quise decir eso. Se ve que el mes pasado la barrió un poco, por
lo menos. Bueno, me voy. Tengo que ir hasta el Centro. Raquel:
Raquel:
(La acompaña hasta la
puerta.) Si viene después de las seis no la dejaré entrar. René:
René:
No se preocupe. Raquel:
Raquel:
Y si alguien le pregunta quién es y qué viene a hacer a la casa,
no dé explicaciones. René:
René:
(Sinuosa.) No se
preocupe: soy especialista en ocultar lo que conviene. Oscuridad. El mismo
decorado. En el escenario hay un gran baúl.
Se ve además una valija y ropa amontonada por doquier. René:
Ya está todo aquí. Raquel:
Ese baúl es muy extraño. René:Ayúdeme
a ponerlo en mi cuarto. René:
Yo no puedo hacer fuerza. René:
¿Quiere que lo cargue yo sola? Raquel:¿Por
qué no le pidió a los changadores que los pusieran en la habitación? René:
¿No vio lo que luché para que me rebajaran cien pesos? Por cargar
este baúl unos metros más me los habrían cobrado igual. Raquel:
Ya le dije que sufro del corazón. No puedo hacer esfuerzos
grandes. René:
(Empieza a empujar el baúl.)
El corazón aguantará. Es solo una vez. (Raquel
intenta ayudarla.) Empuje un poco más...No es necesario que lo
levante. Así, así. Raquel:
Así hago mucha fuerza. René:
Un poco más. Raquel:
(Exhausta.) No puedo. René:
(Autoritaria) ¡Con más
fuerza! No se va a morir por esto. Raquel:
¡Ay! ¡Cómo cuesta! René:
Ya está. Por lo menos llegamos a la puerta. Ahora levantaremos de
nuevo. Raquel:
No puedo hacerlo otra vez. René:
Inténtelo. Raquel:
El doctor no quiere que haga esto. René:(Agresiva.)
Está bien, no lo haga. Pero después no me pida favores. Raquel:
¿Cómo quiere que se lo diga? No puedo seguir más. René:
Pruebe otra vez. No le pasará nada. Raquel:¿Quiere
que me dé un infarto? René:
No diga pavadas y agáchese. (Raquel
obedece y logran ingresar a la habitación con el baúl. El espectador
debe
sentir que ella ha hecho un esfuerzo sobrehumano.) Raquel:¡Ay,
Dios mío! René:
¿Vio que fácil era? Ya está. Raquel:
Me siento mal. René:Beba
un vaso de agua. Raquel:
No puedo moverme. (Se
sienta.) Vaya a buscarlo usted, por favor. René:(Sin
ganas.) Está bien. (Va a buscar
el agua.) Tome. Raquel:
Gracias. René:
No puede pasarse la vida creyendo que va a morirse por cualquier
cosa. Raquel:El
médico me dijo que tengo que cuidarme. René:Los
médicos son como los abogados: brutos negociantes. Cuando el cliente se
impresiona mucho, ellos lo impresionan más para sacarle plata. Por culpa
de su médico tiene la casa en este estado. Raquel:
Ya le dije que estoy muy conforme con mi casa. René:
(Empieza a ordenar su ropa.)
Se ve. (Pausa.) Raquel:
me siento mejor. Eran palpitaciones. Pero por suerte desaparecen cuando me
quedo quieta. (Un silencio.)
¿Quiere que la ayude a colgar la ropa? René:
No, mejor tráigame fósforos para prender un cigarrillo. (Raquel
obedece. René canta.) Yo de mi barrio era la piba más bonita/ y en
un colegio de monjas me crié...(Raquel
le entrega los fósforos. Después contempla extasiada los vestidos.) Raquel:
(Toma uno.) Qué lindo es
éste. ¿Es de seda? René:
(Con orgullo.) Sí, es de
seda natural. ¿Vio que hermoso estampado? Tengo otro parecido. Raquel:
Me gusta la gente que usa ropa linda. Raquel:
¿Y usted por qué no se viste mejor? Raquel:
No me alcanza el dinero. René:
¿Con esta casa? Ojalá yo la tuviera. Raquel:
Ahora que le alquilé la pieza podré vivir un poco mejor. René:
Usted nunca va a vivir mejor: es demasiado roñosa. Raquel:
(Ofendida.) No sé por qué
dice eso. Apenas me conoce. René:
Conozco a la gente enseguida. (Despliega
un vestido blanco.) Es el de
mi boda. Raquel:(Lo
palpa deslumbrada.) ¡Qué bonito! René:
(Con furia.) ¡No lo
toque! Raquel:
(Asombrada.) ¿Qué le
pasa? René:
(Pausa tensa. René se
controla.) No se preocupe. Soy así. A veces me enfurezco por nada. Raquel:(Sin
advertir el peligro.) No me gustan las bromas. René:(Retándola.)
¿Recién llegué y ya me está amenazando? Raquel:
Estoy en mi casa. René:
Y yo en la mía. (Extrae dinero de la cartera.) Tome: dos mil pesos. Le pago
adelantado para que vea quién soy. (Raquel
intenta tomar el dinero con codicia. Raquel no lo permite.) Un
momento, querida. Antes entrégueme un recibo. Raquel:
No tengo recibos. René:Eso
es lo de menos: hágalo en un papel cualquiera. Raquel:
No puedo. René:
No voy a darle dos mil pesos si no me entrega una constancia
firmada que pruebe que los recibió. (Silencio.)
¿Qué espera? Raquel:
(Con profunda vergüenza.)
Yo...no sé escribir. René:
(Con burla.) ¿Así que
esas teníamos? Raquel:
(Con angustia.) No se
burle. René:
Si no me entrega un recibo no le pagaré. Raquel:
Si no me paga tendrá que irse. René:
¿A esta hora? ¡Lo único que faltaba! (Arrastra
la cómoda hacia la habitación.) Además, ya tengo mis cosas adentro. Raquel:
Entonces págueme. René:
Deme el recibo. Raquel:
¡Le dije que no sé escribir! René:Está
bien: no se preocupe. Cuando aprenda a escribir le pagaré. Raquel:
Llamaré a la policía. René:
Y yo le diré a la policía que hace un año que vivo aquí, y que
como usted no sabe escribir yo no tengo recibos para probar que es cierto. Raquel:¡Recurriré
a los vecinos! René:
Ellos no saben lo que ocurre en esta casa. Raquel:
Saben que vivo sola. René:
Diré que estuve muy enferma todo el año, postrada, por ejemplo, y
que nunca salí a la calle. ¿O prefiere que le pida a la señora Morti
que testifique por mí? Raquel:¡No!
A ella no. (Suplicante.) Por favor. René:
Veo que es una persona muy inteligente. Y me doy cuenta de que
pronto aprenderá a escribir. Raquel:(Apelando
al último recurso) Haga el recibo usted y yo lo firmaré con el dedo. René:
(Con burla y morbosidad.)
No, querida: o la mano entera o nada. El dedo no me alcanza. Raquel:
(Elevando la voz.) ¿Quiere
enfermarme? René:Quiero
que se cumpla la ley. Raquel:¿Qué
ley, si no quiere pagarme? René:Pagaré
cuando me dé el recibo. Cualquier abogado me apoyaría. Raquel:No
voy a cobrarle dos veces, no soy ladrona. René:Eso
no lo sé. Raquel:(Se
toca el pecho.) ¡Ay Dios! ¡Va a enfermarme otra vez! René:No
haga más teatro. A mí no me embauca ninguna actriz. (Sigue ordenando la ropa.) Es igual que mi marido:
finge que sufre y se hace la enferma. ¿Por qué no se mueren de
una vez por todas? Podrían matarse, por ejemplo. Raquel:
Me siento mal. René:
Acuéstese y se le pasará. Raquel:¡No
debería haberla dejado entrar a mi casa! René:
Tuvo suerte. Peor hubiera sido que le alquilara la pieza a alguien
que no puede pagar. Yo tengo el dinero. Raquel:
¿De qué me sirve? René:
De qué le serviría si se lo diera, digo yo. Vive como una
miserable. Raquel:
¡Aquí no va a vivir gratis! ¡Esta es mi casa! René:
Y la mía. Raquel:
Suya cuando la compre. René:
¿No me alquiló una habitación? Raquel:Todavía
no la pagó. René:
Por culpa suya, así que tengo mis derechos. ¿Cree que porque es
la dueña de casa puede poner condiciones y no cumplir con su parte? Yo
tendré obligación de no hablar con los vecinos y de no recibir hombres,
vamos a suponer que es así. Pero usted tiene otras obligaciones, y la
primera de ellas es darme un comprobante de que le pagué. Raquel:
Quiere embarullarme con palabras para no pagarme. Es una
aprovechadora. René:
Si usted lo dice así será. Y no tengo ganas de discutir más. Voy
a hacerme la cena. Raquel:
(Le obstruye con furia la
entrada a la cocina.) ¿No entrará hasta que me pague! René:(Burlona.)
¿Ah sí? Raquel:
Sí, yo soy la dueña de eta casa. René:
(La abofetea.) ¡Qué
dice ahora la dueña? Raquel:
¿Quién es usted para pegarme? René:
¿No acaba de decir que soy una aprovechadora? Es cierto. Pero soy
mucho más que eso. Y le pegué para que entienda que conmigo no va a
jugar. Raquel:
(Gritando.) ¡Porquería!
¡Porquería! ¡Porquería! René:
¿Qué dijiste? Raquel:
(Desafiándola.) Lo que
oyó. René:
(Avanza mientras Raquel
retrocede.) ¿Así que soy una porquería? Mirá que vos no sos mi
marido. A vos voy a romperte la cabeza. Raquel:
(Con pánico.) ¡No me
pegue! ¡No! ¡Por favor! René:
Está bien. Pero nunca más digas que no puedo entrar a la cocina. (Breve
silencio.) ¿Y? ¿Cocino o no cocino? (Pausita.)
¿Eh? Raquel:
(Con esfuerzo.) Cocine. René:Veo
que estás entendiendo. (Raquel
intenta huir. René la detiene.) ¿Adónde vas? Raquel:
¡No le importa! René:
(Le retuerce la muñeca.)
Vamos, decime la verdad. Raquel:
Necesito salir. René:
(Burlona.) No, señorita,
usted no saldrá más de esta casa. Ahora se pondrá el mugriento salto de
cama y se acostará a dormir. Raquel:
¿Quién es usted para darme órdenes? René: |