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La llegada a Kliztronia |
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Se
estrenó el 14 de noviembre
de 1987 en el Teatro del Centro de Montevideo, en versión del Teatro
de la Rinconada y el Teatro de Sordos. Puesta en escena y
dirección general: Beatriz Massons. Elenco: Giselde Fabra, Eduardo
Barbieri, Sandra Pla, Clara Berthaus, Estela Fernández, Jorge Muñiz,
Gabriela Brescia, Mónica Suárez, Rocío Lima, Alfredo Varela, Raquel
Pereira, José Dobrzalovski, Miguel Weissman, Daniel Villalba, Fernando
Carballal, Esther Calero, Edith Salomón, Gabriela Pla, Nestor Dourado,
Laura Blanco, Ricardo Alba, María Dodera, Omar Pereira de Souza, Laila
Reyes, Marta Descalzi, Isabel Delprestito, Eduardo Roca. Coreografía:
Bruno Musitelli. Vestuario: Carlos Pirelli. Luces: Carmen Toledo. Editada en el volumen “Teatro de Ricardo Prieto”. Editorial Proyección. Montevideo, 1993. |
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I |
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Oscuridad.
Se anuncia la llegada de un tren que se detiene. La luz empieza a caer de
manera gradual sobre la estación de Kliztronia, donde se ven algunos
carteles con leyendas poco misericordiosas: “Purifiquemos el amor:
mueran los perros”, “Abajo los animales”, “El hombre antes que
nada” y “Las bestias a la cámara de gas”. Mapa,
Mepo y Mipa acaban de descender del tren. Traen bolsos y valijas y vienen
acompañados por una mona de dimensiones humanas. Al verla, los
kliztronenses huyen aterrorizados. Aunque
no excluyo la posibilidad de que una actriz se caracterice de mona,
preferiría que este animal, Mapa, Mepo y Mipa representaran a la
humanidad y que fuesen los residentes del pueblo quienes mostraran rasgos
animales: picos, pezuñas, rabos, hocicos, etc.
Mapa:
Ya empezaron. Mepo:
En todos lados pasa lo mismo. Mapa:
En esta ciudad se asustaron más que en otras. ¿No vieron cómo corrían? Mipa:
(Se sienta en un banco.) Lean esos carteles. Mepo:
(Lee en voz alta.) “Purifiquemos el amor: mueran los
perros”. Mapa:
Esto es ridículo. Mipa:
Más ridículo es viajar con un animal por todo el país. No sé cómo nos
permiten subir a los trenes. Mepo:
Las propinas mueven montañas. (La mona empieza a corretear. Está
feliz y emite sonidos.) Mapa:
¡Miren a Poca! Parece que su hubiera curado. (La llama.) Vení,
Poca. (Poca acude al llamado.) ¿Te sentís mejor? (Poca
recuesta su cabeza sobre el pecho de Mapa.) Pobrecita. Está
agitada, y con calor. Mipa:
Más calor siento yo. Pero nadie se preocupa. Mepo:
Voy a averiguar dónde hay un hotel. Mipa:
(Molesta.) ¿Hasta cuándo va a durar esto? Mepa:
Tenga paciencia, por favor. No nos ponga nerviosos. Mapa:
No empieces de nuevo, mamá. Mipa:
¡Estoy harta de este calvario! (Solloza.) Mapa:
Presiento que vamos a quedarnos en este pueblo. Es lindo y tranquilo y a
Poca le gusta. Está más animada. (Poca sigue jugueteando.) Mipa:
A mí, en cambio, este lugar me parece espantoso. Mapa:
No seas negativa, por favor. Tratá de calmarte. Mepo:
(Regresa.) Este pueblo es un desastre. Mapa:
¿Averiguaste algo? Mipa:
¿Qué pasa ahora? Mepo:
Hay un solo hotel. Mapa:
Vayamos entonces. Poca tiene sed y yo estoy cansada. Llamá un taxi. Mepo:
Vamos a tener que ir caminando. Mipa:
¿Por qué? Mepo:
Porque hay un solo coche y el taxista no quiere llevar a Poca. Mipa:
¿Vieron? Esto es una pesadilla. Mapa:
¿El hotel queda muy lejos? Mepo:
Está a quince cuadras. Pero no te ilusiones. Tampoco la dejarán entrar. Mapa:
¿Pero por qué? Mepo:
¿No leíste los carteles? Odian a los animales. Mipa:
Tengo las piernas hinchadas y no pienso caminar por culpa de esa bestia. Mepo:
Va a tener que hacerlo. Mipa:
¿Ah sí? ¿Y por qué no nos vamos Mapa y yo en un taxi y vos llevás al
bicho en el auto? Mepo:
Porque el chofer tampoco quiere llevarnos a nosotros. Mipa:
¡Esto es inconcebible! ¡Hay que irse enseguida de este pueblo! Mapa:
Calmate, mamá. Me ponés nerviosa. Mipa:
¡Hace tres meses que andamos de estación en estación con ese animal a
cuestas! Mepo:
Nadie le pidió que viniera. Mipa:
Estoy aquí porque quiero acompañar a mi hija. Mepo: Ella no se lo pidió. Mipa:
(A Mapa.) ¿Escuchaste? Mapa:
Terminala, mamá. Hay que conseguir alojamiento antes del anochecer. (A
Mepo.) Si Poca se queda con el encargado de la estación, nosotros
podríamos dormir en el hotel. Mepo:
Ya lo intenté, pero cuando le pedí permiso al hombre para que la cuidara
me miró con ganas de matarme. Mapa:
¿Le ofreciste dinero? Mepo:
Esta vez no funcionó. Mapa:
¿Y por qué no le preguntaste dónde está La Cartuja? Mepo:
Lo hice, pero no la conoce. Mapa:
¡Eso es mentira! ¡El guarda del tren dijo que es aquí! (Entra un
vendedor de helados.) Heladero:
Helados...crema...chocolate...frutilla. Mepo:
Voy a preguntarle a ese hombre. (Mepo lo llama y el heladero se acerca
con parsimonia.) Buenas tardes. (El hombre los mira sin simpatía.
Mapa le sonríe. Mepa adopta un aire desenvuelto y jovial.) Acabamos
de llegar a Kliztronia. (La severidad del heladero lo impulsa a improvisar.)
Y queremos comer un helado. Mapa:
Yo quiero uno de frutilla. Y uno de chocolate para Poca. (A Mipa.)
¿Y vos? Mipa:
Yo no quiero nada. (Pausa breve.) Mepo:
(Con cautela, al heladero.) Supongo que usted es klistronés. Heladero:
(Con parquedad.) Eso dicen. Mepo:
(Tratando de ser simpático.) Es la primera vez que venimos a
Kliztronia. Heladero:
Ya veo. Mepo:
Necesitamos información. Heladero:
¿Qué clase información? Mepo.
Queremos llegar a un establecimiento que se llama La Cartuja. Mapa:
Nos dijeron que está en uno de estos pueblitos. Heladero:
(Con aspereza.) Kliztronia no es un pueblito. Mepo:
Mi esposa quiso decir que Kliztronia es más chico que la ciudad de donde
venimos, Magasta. Helado:
(Muy contrariado.) ¿Así que son magastienses? Mepo:
(Con su mejor sonrisa.) ¿Tiene algo contra nosotros? Helado:
Nunca me gustaron. Mepo:
Lo lamento, pero a medida que nos vayamos conociendo quizá cambie de
idea. Heladero:
(Mirando con asco a Poca.) Eso es imposible. Mapa:
Quisiera que nos ayudara a encontrar ese lugar. Estamos muy cansados. Heladero:
¿Y para qué quieren ir ahí? Mepo:
Para internar a la mona. Está muy enferma. Heladero:
(Estupefacto.) ¿Así que quieren llevar ese animal a La Cartuja? Mapa:
Ayúdenos, por favor. Heladero:
Si entran a Kliztronia con esa bestia la gente se va a poner furiosa. Mepo:
Necesitamos encontrar La Cartuja. La vida de Poca depende de eso. Heladero:
(Terminante.) No conozco ninguna Cartuja, y si la conociera no se
los diría. Odio los animales y no quiero verlos aquí. (Se aleja
cantando de manera fúnebre.)
Helados...crema...chocolate...frutilla. (Un silencio.) Mapa:
¿Qué hacemos ahora? Mepo:
Vamos a quedarnos en Kliztronia. Mipa:
¿No oíste a ese hombre? ¡Nos amenazaba! Mepo: Por eso mismo no nos iremos. Todo el mundo conoce La Cartuja pero nadie quiere decir dónde está. Aquí hay gato encerrado. Mipa:
¡Quedarse es una locura! (A Mapa.) ¡Decíselo! Mapa:
(A Mepo.) ¿No será peligroso quedarse? ¿No nos atacarán? Mepo: Confiá en mí y no tengas miedo. Vamos. Ya descansamos bastante. (Toman las valijas y salen. Oscuridad.) |
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II |
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La
acción transcurre de noche, en la plaza de Kliztronia. Reca, la esposa
del farmacéutico, pasea con su hija. El vendedor de helados sigue
ofreciendo su mercadería. Los kliztronenses descansan o caminan
aletargados. Klistronesa 1: (A Reca, cacareando.) Hola, querida. ¡Qué noche tan preciosa! Reca: (Susurrando con complicidad.) No tan graciosa desde que un gorila se pasea por las calles de Kliztronia. Kliztronesa 1: (Con horror.) ¿Un gorila? (Se persigna.) ¡Es espantoso! Reco:
¿No lo sabés? Vení, voy a contártelo. (Salen muy agitadas,
murmurando.) Heladero:
Helados....crema...chocolate...frutilla. (Entran Ruco, el médico, y
Reco, el farmacéutico. Ambos transportan una mesita y tres sillas. Las
ubican y después se sientan.) Ruco:
(Solemne.) Es muy grave. (Enciende un habano.) Reco:
(Gesticula como una chismosa histérica. Puede rebuznar o ladrar. Quizá
convenga que todos los personajes rematen sus parlamentos con sonidos
onomatopéyicos.) Acaban de pedir informes sobre ellos a la policía
de Magasta. Ruco:
Ya le dije al alcalde que no necesitamos informes. Hay que expulsarlos de
inmediato de la ciudad. ¡No podemos permitir que se paseen impunemente
por Kliztronia con un gorila tomado de la mano. Reco: ¡Eso no es nada, doctor! ¡Yo mismo vi cuando la mujer besaba con sensualidad a ese inmundo animal! Ruco: (Con asco.) ¡Repugnante! Y si eso fuera todo... Reco: Bueno, hablemos de lo otro. Ruco: Lo otro es lo que más me preocupa. ¡Es aberrante que caminen por nuestra ciudad preguntando la dirección de La Cartuja! Reco:
Dicen que la mujer del empleado del correo cayó desmayada en plena calle
cuando le preguntaron a ella. Ruco: Lo sé bien: me llamaron a mí para atenderla. (Como si estuviera emitiendo una proclama.) ¿Con qué objeto vienen a Kliztronia y le preguntan a los ciudadanos decentes la dirección del prostíbulo? Reco: Eso mismo digo yo. (Breve silencio.) Hay algo que no entiendo, sin embargo. ¿Por qué el alcalde no los expulsa? Ruco:
Quizá nuestras leyes no lo permiten. Reca: (Irónico y paternal.) ¡Doctor! Usted y yo sabemos que las autoridades de Kliztronia no necesitan apoyarse en ninguna ley. Ruco: (Turbado.) No exagere. Reco: Sé que usted es muy amigo del alcalde, a quien respeto. Pero la verdad es la verdad. Ruco: El alcalde está encarando el asunto con cautela. Reco: La cautela no es adecuada en estas circunstancias. Esa gente es inmoral. Ruco: ¡Tiene razón! Kliztronia siempre fue un baluarte de la familia y la moral cristiana. (Entra cacareando Angustia Pizorno del Dorado, la matrona más encumbrada de Kliztronia. Se apoya en un bastón y tiene un rosario y un misal. La acompaña un sirviente negro que la abanica de manera continua.) Ahí viene la custodia de la moral kliztronesa: doña Angustia Pizorno del Dorado. ¿Se imagina a esos degenerados haciéndole preguntas obscenas? Reco:
Sería horrible. (Doña Angustia Pizorno del Dorado se dirige hasta la
mesa. Ruco y Reco se levantan, se inclinan y le besan la mano.) Ruco: ¿Nos haría el honor de sentarse un momento con nosotros, respetable señora? Reco: Nos sentiríamos muy honrados. Angustia: (Mayestática.) Sólo un momento. (Se sienta.) Voy a misa de siete. Que Dios me libre y guarde de llegar tarde. Ruco: Damas como usted son una bendición para nuestra comunidad. Angustia: Gracias. (Al negro, con crueldad.) Más suave, Pantaleón. Más suave. (El negro obedece. Pausa breve.) Me han dicho que cuatro forasteros llegaron a Kliztronia. Ruco:
(Con una sonrisa viperina.) Usted es demasiado condescendiente. No
olvide que la palabra forastero sólo se vincula a las personas. (Risita
de Reco.) Angustia: Comprendo. Debería haber dicho que tres forasteros y una bestia llegaron a Kliztronia. Ruco: (Con una sonrisa forzada.) Así es, distinguida señora. Angustia: Me gustaría saber por qué las autoridades no los expulsaron de la ciudad. (Al negro, fulminándole con la mirada.) ¡Más fuerte, Pantaleón. Más fuerte. Ruco: Sepa, honorable señora, que nos estamos ocupando de ese asunto. Angustia: ¿Quiere decir que usted se está ocupando? Ruco: Tanto yo como otros ciudadanos representativos, entre los cuales se encuentra el señor farmacéutico. (Inclinación de cabeza de la matrona.) Necesitamos el apoyo de personas con su prestigio, doña Angustia. Entre todos vamos a tratar de que las autoridades no sigan actuando con imperdonable negligencia. Angustia: Me inquieta el saber que en las calles de Kliztronia se proclame sin pudor el nombre de una casa indecente. Ruco: Ejem... Reca:
(Tose con nerviosismo.) Angustia: Y que gente brutal y pecaminosa se pavonee frente a nuestra sagrada iglesia. Y que los niños vean a la maldad misma deslizarse por la ciudad. Y que ese horrendo animal nos provoque. Y que cuatro paganos desafíen al Espíritu Santo. Es hora de poner fin a tanto salvajismo. (Al negro, con sensualidad.) Más suave, Pantaleón. Más suave. (Se inclina y se aleja con solemnidad. Furiosa.) ¿No oíste, negro estúpido? ¡Más fuerte! (Cacarea con furia.) Kliztronesa 2: (A klistronesa 3.) ¿Qué te parece? Klistronesa 3: ¡Era doña Angustia Pizorno del Dorado! Kliztronesa 2: ¡Y estaba sentada en un bar con dos caballeros! Kliztronesa 3: Los tiempos cambian. Kliztronesa 2: ¡Están ocurriendo cosas terribles! Oscuridad. |
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III |
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Un
reflector ilumina el rostro del señor Remafia. Sus rasgos ascéticos y
descarnados permiten el afloramiento de fuerzas más afines a la crueldad
y al fanatismo que a las certezas de la revelación. Puede ser un dogmático
guía espiritual, un político, un gángster o cualquier personaje
influyente de Kliztronia, y representa el cuerpo moral y las tendencias más
profundas de la comunidad klistronesa. El actor que lo encarna puede estar
caracterizado de animal, quizás de gorila, y relinchar y lucir zarpas,
cuernos o rabo. Remafia: ¡Kliztroneses! ¡Pongamos freno a la inmoralidad! ¡Combatamos con todo nuestro vigor mental y físico la corrupción apátrida que se disemina por las calles de la ciudad! ¡Enfrentemos con valentía el rostro simiesco del pecado! (Sonidos escatológicos que equivalen a comadreos, jadeos y gruñidos. Deben tener ciertas reminiscencias primitivas, como ya se ha dicho, y convendría que el espectador pudiese vincularlos al mundo animal, que es también la parte de sí mismo que podría manifestarse de manera obscena.) ¡Nuestra ciudad fue invadida por odiosos extranjeros que desafían con su conducta las reglas de pureza y sanidad espiritual que nos impusimos! ¡El bochornoso espectáculo al que está asistiendo la ciudad de Kliztronia atenta contra las leyes más antiguas de nuestra comunidad! (Gruñidos y bramidos ululantes y monocordes.) ¡Los emisarios de Satán se pavonean por nuestras calles transportando un animal horrendo, símbolo del oscuro designio de quien lo lanzó sobre nosotros! (Sonidos de nuevo. Ahora son más incoherentes y angustiados y poseen más volumen.) ¡Un animal digno de los zoológicos y de las selvas pisa nuestras calles, huele nuestras flores, ensucia nuestra hierba, contempla nuestro cielo, come nuestra comida! (Más sonidos. Son estridentes, furibundos.) ¡Con qué fin lo trajeron? ¿Cuál es el plan? ¿Qué encubre esta aparición diabólica? ¿Pretenden hacer tambalear nuestras instituciones, infiltrarse en la red social y contaminarnos con sus odiosas costumbres promiscuas? (Sonidos emitidos con fervor. Poderosa eclosión desgarrada y gutural. Lo ideal sería reconstruir la última exclamación –“sus odiosas costumbres promiscuas”- y distorsionarlas hasta el paroxismo pero sin que pierdan la relación inteligible que mantienen con el modelo.) ¡No vamos a tolerar que los animales se paseen con tranquilidad por Kliztronia! ¡No vamos a permitir que el nombre de un inmundo lupanar sea pronunciado en nuestras calles por culpa del espantoso gorila! (Sonidos impactantes, superpuestos a otros de calidad diferente que significan “no permitiremos”.) ¿Cómo es posible que las autoridades toleren este espectáculo inconcebible? ¿Por qué permiten que la bajeza y la lascivia nos humillen? ¿Hasta cuándo van a aceptar que extraños morbosos y perversos los mortifiquen? (Sonidos que parecen infernales.) ¡Los niños, los ancianos y las honorables familias kliztronesas deben ser protegidos! ¡No habrá más pecado en nuestras calles! ¡No van a circular por ellas los extranjeros! ¡No vamos a aceptar las odiosas costumbres diferentes! ¡No seremos mártires sumisos del laicismo y la bestialidad! (Sonidos que expresan furia.) ¡Klistroneses: que no nos importe matar o morir para defender nuestro estilo de vida! ¡La lasciva y la inmoralidad foráneas no van a prosperar! (Desmesurada eclosión de gemidos, bramidos y ladridos. Oscuridad.) |
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IV |
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La
plaza de Kliztronia. Mapa y Mipa están sentadas en un banco. Mepo dormita
recostado sobre el césped. Poca yace aletargada en el suelo. Está
amaneciendo. Mipa:
¿Hasta cuándo vamos a seguir esperando en esta plaza? Mapa:
Hasta que Mepo se despierte. Mipa:
¡Es la primera vez en mi vida que paso la noche en la calle! Mapa:
Nadie tiene la culpa de que no hayan querido alquilarnos una pieza en el
hotel. Mipa:
La culpa la tiene esa bestia. Mapa:
No hables con desprecio de ese animal. A veces me parecés tan fanática y
estúpida como los klistronenses. Mipa:
¡Más fanáticos son ustedes! ¿Dónde se ha visto tanta preocupación
por una mona de porquería? Mapa:
Eso es cosa nuestra. Mipa:
También es cosa mía. ¿O pretendés que pase otra noche en este lugar? Mapa:
Podés irte a Magasta cuando quieras. Mipa:
No pienso irme a Magasta. ¡No voy a quedarme sola en aquella casa! Mapa:
Entonces tendrás que aguantar. Mipa:
(Levantando la voz.) ¿Hasta cuándo? Mapa:
No grites, por favor. Mipa:
¿Hasta que me muera? Mepo:
(Se despierta.) ¿Qué pasa? Mapa:
Mamá está muy nerviosa. Mepo:
(Se levanta desperezándose.) Será mejor que se calme. Nos espera
un día agitado. Mipa:
No voy a calmarme. Estoy harta de este viaje. ¿Qué pretenden? ¿Qué
buscan en esa Cartuja? ¿El paraíso terrenal? Mapa:
Es el único lugar en donde podemos curar la enfermedad de Poca. Mipa:
Bah, bah. Ustedes quieren curarla y yo sólo deseo que se muera. Mapa:
No seas cruel, mamá. Mepo:
(A Mipa.) Usted es igual que toda esa gentuza y debería estar con
ellos. Mipa:
¿Por qué te molestan tanto? Mepo:
Son irracionales y fanáticos. Mipa:
Estás muy equivocado, querido. Son personas sanas, aman su ciudad y
quieren que esté limpia. Mepo:
¿Sanas? ¿Es sano el odiar? ¿Sano negar alimento, techo y agua a quienes
no comparten sus ideales? Mipa:
Nadie tiene la culpa de que ustedes sean obcecados. Mepo:
¿Nosotros obcecados? ¿No vio cómo nos trataron? Mipa:
Se lo merecen. Y también yo, por ser estúpida y acompañarlos en este
viaje de locos. Pero esto se va a acabar. Juro que se va a acabar. (Entran
el alcalde y su ayudante.) Alcalde:
Buenos días. Mepo:
Buenos días. (El alcalde se pasea observándoles con atención.) Alcalde:
Tengo entendido que hace unas cuantas horas que llegaron a Klistronia. Mepo:
Sí, señor. Alcalde:
¿Desde dónde? Mepo:
Magasta. Alcalde:
Ah, son capitalinos. (Al ayudante.) Apunte. (Refiriéndose a
Mapa y Mipa.) ¿Familiares? Mepo:
Mi mujer y mi suegra. Alcalde:
¿Vino alguien más con ustedes? Mepo:
(Con naturalidad.) Sí. Esa es Poca. (La señala.) Otra
integrante de la familia. Alcalde:
(Al ayudante.) No olvide anotar eso. Es muy grave. Más grave de lo
que suponía. Veo que las quejas tienen un fundamento. Mipa:
(A Mapa y Mepo.) ¡Yo les advertí! Mepo:
¿Alguien se quejó de nosotros? Alcalde:
¡Alguien? Todo el pueblo está clamando para que sean expulsados de la
ciudad. Kliztronia es una comunidad muy especial. Aquí molesta todo lo
que es anormal y está reñido con las buenas costumbres. (Risita
burlona.) Mepo:
Comprendo. Alcalde:
Lo que yo no comprendo, en cambio, es cómo ustedes se atreven a alterar
nuestros hábitos y a desafiar nuestra concepción de la moral. Mepo:
¿Hicimos algo malo? Alcalde:
¿Todavía lo pregunta? ¿Le parece que es bueno pasearse con un mono por
las calles de Kliztronia? Mepo:
A mí me parece muy normal. Mapa:
Y a mí. Alcalde:
(Al ayudante.) ¡No olvide eso! (A Mepo.) Insisto:
Kliztronia es una comunidad muy especial. No nos gustan los animales. Los
encontramos repugnantes. (Risita burlona. Con énfasis y
orgullo.) Aquí no se ve ni un solo perro. Fueron enviados a la cámara
de gas en 1905. En 1906 iniciamos la campaña contra los ratones y las
ratas. En 1907 matamos a todas las hormigas. Al año siguiente eliminamos
los cerdos, las gallinas, los caballos, los pájaros, los patos, las
cabras, las vacas, los canguros y los hipopótamos. A estos, quizá porque
son los animales más repugnantes, los quemamos vivos. Mepo:
Poca no va a quedarse en este pueblo. Alcalde:
Pero está aquí, y eso puede crearme graves problemas. El llegar a
alcalde me insumió años de lucha. ¿Sabe que logré el cargo porque fui
capaz de desterrar mi adoración por los animales? Porque yo, y esas son
las paradojas del poder, amo los perros, los gatos y las cabras, y me
enorgullezco de tener a los monos entre nuestros más ilustres
antepasados. Mepo:
(Con ironía.) Me alegra que sea sensible a otras especies más
evolucionadas que ciertos seres humanos. Alcalde:
(Al ayudante.) ¡Anote eso! Mepo:
Vinimos a esta ciudad por un asunto de vida o muerte. Alcalde:
¿Alguno de ustedes va a morirse? Les advierto que los kliztronenses somos
muy celosos de nuestros cementerios. Mepo:
No se preocupe: somos sanos. Pero la mona está enferma y vinimos para
curarla. Por eso queremos encontrar La Cartuja. Alcalde:
A eso iba. (Pausita.) Se comenta que buscan ese lugar abominable. Mepo:
(Con esperanza.)¿Lo conoce? Alcalde:
(Desconcertado.) ¿Está seguro de que no sabe lo que es? Mepo:
Se lo juro. Alcalde:
(Con desconfianza.) Sospechoso, muy sospechoso. Averiguaré si allí
los esperan. (Después de un breve silencio.) ¿Y qué le pasa al
animal? Mepo:
No quiere alimentarse. La directora de La Cartuja nos escribió diciéndonos
que ella puede curarla. Alcalde:
(Estupefacto.) ¿Así que La Cartuja es ahora una especie de casa
de salud? (Para sí.) ¡Esa vieja es un gángster! Mepo:
¿Cómo dijo? Alcalde:
Dije que esto es increíble. Recién me entero de que en Kliztronia hay un
sanatorio para animales. (Risa burlona.) Mapa:
La mujer nos informó de que para curar aplican técnicas avanzadas. Mepo:
Mencionó la parapsicología, y dijo que la usan con los animales. Mapa:
¿Entiende por qué estamos aquí? La enfermedad de Poca es muy extraña y
no tiene origen físico. Alcalde:
Mire señora: ese animal va a seguir enfermo hasta que lo curen en otro
lugar. (Terminante.) Tendrán que irse de la ciudad. Mepo:
No podemos irnos ahora. Mapa:
(Suplicante.) Ayúdenos a ponernos en contacto con ese sanatorio,
señor alcalde. Ella está muy enferma y sufrimos mucho al verla así. Alcalde:
Lo lamento mucho pero no voy a poder ayudarlos. A los kliztronenses les
horroriza la idea de que semejante monstruo se instale en la ciudad. Me
lapidarían si yo los pusiera en contacto con La Cartuja. Mepo:
No vamos a decirle a nadie que nos dio la dirección. Alcalde:
¿Por quién me toma? ¡Soy un honorable representante de la gente que me
llevó al poder! Jamás voy a defraudarla. Mepo:
¿Entonces no hay forma de llegar a esa casa? Alcalde:
(Con sinuosidad.) Siempre hay formas. Mepo:
(Que ha captado la intención.) Tengo dinero y puedo pagar. Alcalde:
(Después de un silencio.) Pensándolo bien, ustedes me resultan
simpáticos, y ojalá pudiera ayudarlos. Créame que lo haría con mucho
gusto. Me conmovió el ver cómo su señora acariciaba la cabecita de esa
pobre criatura de Dios. Mapa:
Usted es un hombre muy sensible, por lo que veo, y quizá se decida a
ayudarnos. (Mueca despectiva de Mipa.) Alcalde:
(Se inclina de manera ceremoniosa.) Ya les dije que amo los
animales. (Los kliztronenses salen de la iglesia y se diseminan por la
plaza. Hay profusión de tules y misales y un hálito de hierática
solemnidad. Se detienen a observar la escena que protagonizan los
forasteros y el alcalde. Éste, al saberse observado, cambia su lenguaje
gestual y empieza a fingir enojo y autoritarismo al mismo tiempo que
empieza a negociar el monto del soborno.) ¿Cuánto? Mepo:
Cien mil pesos. Alcalde:
(Simulando agresividad.) Es poco. ¡Y finja que está discutiendo
conmigo! Mepo:
Está bien. (Simula enojo.) Ciento veinte mil. Alcalde:
(Lo amenaza con ampulosidad.) No puedo arriesgarme por tan poco. Mepo:
Doscientos mil. Alcalde:
Quinientos mil. Mepo:
Está bien. Son suyos. Alcalde: Voy a ver lo que se puede hacer. (Simula que está muy enojado.) Iré a hablar con la mujer. Ahora aléjense de la plaza y esperen mis noticias. No conviene escandalizar a la gente. (Sale de manera arrogante. Algunos kliztronenses aplauden satisfechos. Otros amenazan a Poca, rebuznan, ladran y tiran piedras. Oscuridad.) |
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Repercusiones |
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Varios reflectores enfocan los rostros de
ratas o de murciélagos de algunas klistronenses que hablan por teléfono. Klistronesa 2: ¡Sí! ¡Los vi cuando salí de la iglesia! Sí, sí, creeme: era el alcalde. Klistronesa 3: ¡Es hora de que se termine este espectáculo! ¡Acaban de contarme que ayer vieron a la mujer joven comprarle un helado al gorila! Klistronesa 2: ¡Nunca oí algo tan asqueroso! Klistonesa 3: ¡Y se lo dio ella misma en la boca! Klistronesa 2: ¡Qué horror! Pero no te preocupes: hoy van a ser expulsados de la ciudad. Klistronesa 3: ¿Estás segura? Klistronesa 2: ¡Claro! ¡El alcalde estaba furioso! Klistronesa 3: ¡Ojalá los manden al paredón! Klistronesa 2: ¡Dios te oiga! ¿Podrás creerme que ella acariciaba al gorila en las narices de todo el mundo? Klistronesa 3: ¿Quiénes estaban? Klistronesa 2: ¡Todos! Angustia y el alcalde, Reco y Reco, Raco y Rica. ¡Toda la gente que vive en la ciudad estaba allí! Klistronesa 3: ¿Cómo es posible que esa mujer se atreva a tanto? ¿Y qué hizo el alcalde? Klistronesa 2: ¡Les pidió a gritos que se fueran de aquí! Klistronesa 3: ¡Se lo tienen merecido! Klistronesa
2: ¡A lo que puede descender el género humano! Bueno, te dejo. Te llamo
apenas tenga novedades. (Cuelga y su rostro desaparece. Un reflector
enfoca el rostro de cuervo de la klistronesa 4.) Klistronesa
4: ¿Hola? Klistronesa
3: ¡Acaban de expulsarlos! Klistronesa
4: ¿Quién te lo dijo? Klistronesa
3: Yo misma lo vi. El alcalde los amenazó con un arma. Klistronesa
4: ¡Era hora! Klistronesa
3: Por supuesto. Y parece que les ordenaron que se fueran enseguida de la
ciudad. Klistronesa
4: ¿Esta noche misma? Klistronesa
3: Claro. Se lo oí decir al alcalde mientras le daba un puñetazo al
marido. Klistronesa
4: ¿Y cómo es la mona esa? ¿La viste? Klistronesa
3: ¡Un horror che! ¡Un verdadero espanto! Parecía el diablo encarnado. Klistronesa
4: ¡Deberíamos ir a insultarlos mientras se alejan de la ciudad! Klistronesa
3: Sería un acto de desagravio. Klistronesa
4: ¡Por supuesto! ¡Ahora mismo llamo a todas mis amigas! Klistronesa
3: ¡Y yo a las mías! (Cuelgan y sus rostros desaparecen. La luz de un
reflector se proyecta sobre las caras de Remafia y el alcalde.) Alcalde:
(Hablando por un teléfono imaginario.) Acabo de hablar con ellos,
señor. Les di un día de plazo para que abandonen la ciudad. Remafia:
(También hablando por teléfono.) Un día es demasiado. Quiero que
se vayan ahora mismo. Alcalde:
A esta hora no hay trenes. Remafia:
Que salga uno. Alcalde:
Eso es imposible. |