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El huésped vacío |
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Autor: Ricardo Prieto |
| Escrita en Montevideo, en el año 1970. Estrenada el 17 de abril de 1971 en la sala Verdi de Montevideo, en versión de la Comedia Nacional Uruguaya, de acuerdo al siguiente reparto: Jorge: Alberto Mena Gloria: Nelly Antúnez Luis: Claudio Solari Fergodlivio: Jorge Triador Escenografía: Márquez-Mañana Dirección: Hugo Márquez 1971 - Nominada al Premio Florencio. Asociación de Críticos Teatrales del Uruguay. Montevideo. 1988 - Publicada por la editorial "Proyección". Montevideo. 1989 - Nominada al Premio Bartolomé Hidalgo. Cámara del Libro. Montevideo. Obtuvo el premio "Coup de Coeur". Drancy, Francia, 2004. Se estrenó en: 1977 - Buenos Aires, Teatro Eckos . Dirección: Rubens Correa. 1980 - Montevideo. Teatro de la Alianza Francesa .Dirección: Luis Cerminara.) 1983 - Buenos Aires, Argentina. Instituto de Educación Cooperativa IEC San Martín. Dirección: Elba Chorni. 1986 - Buenos Aires, Argentina. teatro EL VITRAL. Dirección: Mario Luciani. 1991 - Montevideo, Uruguay. Teatro El Tinglado. Dirección: Lucila Irazábal. 1998 - Santiago, Chile .Auditorio Bachillerato. Dirección :Mónica Carrasco y Axel Triviño. 1999 - Mendoza, Argentina .Teatro Luis Politti. Dirección :Laura Verzi. 2000 - Salto, Uruguay. Teatro Larrañaga. Dirección: Roberto Buschiazzo. 2000 - Montevideo, Uruguay .Casa De Los Siete Vientos. Dirección : Laura Aceredo. 2000 - París, Francia. Le Théatre de l'Empreinte de Mériel. Dirección: Alain Vauchelles. Traducción: Anne Marie Supervielle. 2002 - Montevideo, Uruguay .Teatro Circular de Montevideo. Dirección: Ricardo Prieto. 2002 - Besançon, Francia. Petit Théatre de la Bouloie. Dirección: Houari Bessadet. Traducción: Anne Marie Supervielle. 2003 - San José, Uruguay. Teatro Casa de la Cultura de Libertad. Dirección: Francisco Blanco. 2003 - Santiago, Chile. La Casona. Dirección: Ismael Millas. 2004 - Drancy, Francia. Théâtre Acidulé. Dirección: Jean Marc-Scasso y Christine Godet. Traducción: Anne Marie Supervielle. 2005 - Buenos Aires, Argentina. Hotel Bauen. Director: Eduardo Chiazzaro. Figura en la Antología del Teatro Uruguayo Contemporáneo (Fondo de Cultura Económica, Madrid,1992), y en la Antología Del Teatro Latinoamericano 1940-1990, que incluye un autor por país (Ediciones UNESCO, Francia, 1998. Traducción: Anne Marie Supervielle.) Fue transmitida por la emisora France- Culture de París, traducida por Anne Marie Supervielle con el título "L'argent fait le bonheur". En 1996, en el transcurso del Encuentro de Teatro Latinoamericano organizado por el Celcit en París, se realizó una lectura escenificada de la traducción de Supervielle con la participación de los actores Catherine Lhereux, Jean-Christophe Bretiniere, Laurent Clarel, Susana Lastreto y Serge Djen. Dirección:Mirtha Caputi Médeiros. |
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| El escenario representa el comedor de una vivienda. Los muebles son viejos. A un costado hay una mesa y cuatro sillas, aparador y vitrina del mismo estilo. En el otro costado hay uno o dos divanes solitarios, únicos sobrevivientes de un juego de sala. Varias porcelanas de mal gusto están diseminadas sobre el aparador. Al foro está la puerta de la cocina, seguida por otra que representa la entrada del baño. Al lado de éste se encuentra la escalera para subir al altillo. En cada escalón hay una maceta con plantas. El corredor que comunica con la calle está situado a la derecha del espectador. A la derecha puede verse el acceso a la zona de los dormitorios. Láminas figurativas de diverso tipo, encuadradas de manera llamativa, están colgadas en las paredes. Jorge está sentado estudiando. Tiene la televisión encendida a todo volumen. Entra Gloria, la madre. Trae una caldera llena de agua para regar las plantas. Gloria: (Baja el volumen del televisor.) ¿Pero qué es esto? ¿Vos sos sordo? ¿Cómo vas a estudiar con este ruido? Jorge: Yo estudio igual. Gloria: Mentime que me gusta. (Empieza a regar las plantas. Pausa. Jorge descubre que la caja de cigarrillos está vacía y se pone nervioso.) Jorge: Mamá: ¿podrías prestarme veinte pesos? Gloria: ¿Y cómo le explico a tu padre que me faltan veinte pesos? Jorge: Mentile. Gloria: Nunca lo hago. Jorge: Son para comprar cigarrillos. Gloria: No fumes. Jorge: Linda solución. Gloria: Tenemos solo doscientos hasta el martes. Jorge: Te los devuelvo mañana. Gloria: ¿Cómo? Jorge: Vendo un libro, qué sé yo. Gloria: No quiero líos. Jorge: (Con rabia.) Está bien. Gloria: (Con ternura, después de una pequeña pausa.) No puedo darte, comprendé. Jorge: No te preocupes. Yo siempre comprendo todo. Gloria: Puedo darte cinco. Jorge: (Áspero.) No alcanzan. Gloria: Bueno, dos más. Jorge: (Agresivo, levantando la voz.) ¡Te dije que no alcanza! Gloria: ¿Bueno, che! (Pausa breve.) A veces me pregunto qué podría hacer. La agencia ya no me llama y hace dos semanas que no hago una limpieza. ¡Necesitamos tanto una ayuda! Jorge: No empieces a hablar como él. Gloria: (Pausa. Mira su anillo, piensa un poco, se lo saca y se lo ofrece.) Tomá. Jorge: (Lo agarra.) ¿Para qué? Gloria: Vendelo, empeñalo, qué sé yo. Jorge: ¿No es el anillo de la abuela Cata? Gloria: Sí, pero no importa. Jorge: (Se lo devuelve.) No pretendo tanto. Gloria: Dale, bobo. Lo hago con todo gusto. Jorge: (Con ironía.) Él se va a dar cuenta. Gloria: Le diré que lo perdí. Jorge: (Siempre irónico.) No quiero que mientas. Gloria: ¿El anillo es mío, no? Jorge: Guardátelo. Gloria: No seas bruto. Jorge: Soy como quieren que sea. Gloria: Tomá. Jorge: (Tenso.) Dije que no. Gloria: (Agresiva.) Está bien. ¡Pero después no embromes con tus lujos! Jorge: ¿Lujo veinte pesos? Gloria: Sí cuando se necesitan para comer. Jorge: Le das demasiada importancia a la comida. Gloria: Como todo el mundo. Jorge: Yo puedo alimentarme sólo con pan. Gloria: Cuando tenés hambre no te conforma el pan y comés con mucho gusto lo que te sirvo. Jorge: ¿Y eso te molesta, no? Gloria: No. ¿Por qué va a molestarme? Jorge: (Con rencor.) Sí, te molesta. El "nene" tiene hambre y devora la comida que se compra con la jubilación de papá. ¿Y en qué se desperdicia tanta comida? En un vago que sólo quiere estudiar. Gloria: Nunca me molestó que estudiaras. Jorge: Eso es mentira. Vos sos igual que él. Gloria: Tu padre y yo queremos que llegues. Jorge: Sí: estudiando y trabajando. Gloria: Mucha gente estudia y trabaja al mismo tiempo. Jorge: Yo no me dejo explotar. Gloria: En cualquier trabajo hay que sacrificarse. Jorge: Una cosa es sacrificarse y otra es dejarse robar. Gloria: Con ese criterio no vas a llegar a ninguna parte. Jorge: Estás pensando como papá. Gloria: Por dejare explotar demasiado él tampoco llegó. Jorge: ¿Cómo que no llegó? Es jubilado y pertenece a esa casta de reyes destronados que viven llorando el paraíso perdido. Y aunque ahora tenga que aguantarse, como todos, conserva intacto su orgullo porque obtuvo su "derecho" de trabajador a morirse de hambre. Gloria: No le ataques así. Jorge: Vos pensás igual que yo. Gloria: Trato de ser comprensiva. Jorge: Por eso me das asco. Gloria: ¿Querés que lo torture? ¿Qué le haga las cosas más difíciles? Jorge: Quiero que no seas indiferente cuando él me ataca. Gloria: No puedo defenderte. Está muy nervioso. Si yo interviniera complicaría las cosas. Jorge: Yo también estoy nervioso. Gloria: Hace meses que no lo veo reír. Jorge: Yo tampoco puedo reírme demasiado de un tiempo a esta parte. Gloria: ¡Yo! ¡Siempre yo! ¿Cuándo empezarás a pensar en los demás? Jorge: Soy demasiado joven para eso. Gloria: Los jóvenes deberían ser un poco más generosos. Jorge: ¿Qué querrías que hiciera? Gloria: Querría que tuvieses más paciencia y supieras esperar. Jorge: Estoy harto de esperar. Gloria: Algún día cambiará todo. Jorge: (La remeda con burla.) Así te pasaste la vida. "Algún día cambiará todo", repetiste durante treinta años. Y mirate ahora. Gloria: Yo no tengo la culpa de que las cosas hayan sido tan difíciles en este país. Jorge Yo tampoco. Gloria: Si los hijos supieran cómo luchamos por ellos... Jorge: Lucharon porque quisieron. Gloria: Ya lo sé. Jorge: ¿Entonces por qué me hacés reproches? Yo no les pedí que me trajeran a este maldito mundo. Así que aguanten. Gloria: Algún día tendrás un hijo. Jorge: Jamás cometeré ese error. Gloria: ¿Quién puede saber lo que va a ocurrir? Jorge: Yo. Gloria: Si fueras menos vanidoso... Jorge: (Con rabia.) Voy a ser siempre vanidoso para no terminar como vos. Gloria: ¿Y cómo terminé yo? (Con tristeza.) A pesar de todo soy feliz. Jorge: (Con ironía.) Sí, papito es un hombre grandioso. Gloria: Es un buen hombre. Jorge: Mentime que me gusta. Gloria: No veo qué tenés que reprocharle. Ya sé que es rezongón y que... Jorge: (La interrumpe.) No soy yo quien debería hacerle reproches. Gloria: Yo tampoco. Jorge: Eso es lo que decís. Pero supongo que alguna vez te habrás preguntado si era esto lo que querías. Gloria: (Vacilante.) Te tengo a vos, y a él, y esta casa... Jorge: (Con crueldad.) No tenés nada. Gloria: Estás loco. Jorge: Almorzás con un plato de fideos y a veces ni siquiera podés cenar. Gloria: Hambre no paso. Jorge: ¿Cuándo te das un gusto? Ni siquiera salís a pasear. Gloria: No me gusta la calle. Jorge: Te gusta pero no querés reconocerlo. Gloria: Si me gustara saldría. Jorge: ¿Adónde? A veces no tenemos ni para el ómnibus. Gloria: Soy feliz aquí. Jorge: Nadie es feliz en una tumba. Gloria: (Herida pero tratando de convencerse a sí misma.) ¡Esta casa no es una tumba! Hay plantas, y flores, y el televisor está siempre encendido y... Jorge: (La interrumpe.) Y él nunca está. Gloria: No voy a pretender que pase todo el día conmigo. Jorge: (Burlón.) ¡Ni para eso sirve papito! Gloria: Aquí dentro se aburre. Jorge: Y te deja sola. Gloria: Yo no se lo reprocho. Además tiene sus changas. ¡Si no consiguiera esos trabajos transitorios no sé qué hubiera sido de nosotros! Jorge: No trates de justificarlo. Se va porque lo hartás. Gloria: ¡Eso es mentira! Jorge: ¿También hace changuitas los domingos? Gloria: Desde que se jubiló necesita distraerse. Jorge: Si te quisiera como Dios manda se distraería a tu lado. Gloria: Ustedes, los jóvenes, conocen tan poco de la vida. Jorge: Sí, yo no sé nada, soy joven y estúpido. Pero ustedes, los que saben, no son un ejemplo nada edificante. Alcanza con mirarles las caras para no querer vivir como vivieron. Sos una persona muy triste, mamá, y a pesar de ser joven parecés una vieja. Gloria: (Con angustia.) Yo no parezco ninguna vieja. ¡Y no entiendo por qué me hablás así! Jorge: (Desolado.) Yo tampoco, mamá. Te juro que yo tampoco. Luis: (Ha entrado a la casa y grita desde el zaguán.) ¡Vieja! ¡Jorge! Gloria: (Alarmada.) ¿Qué pasa? Luis: (Entra con euforia y deposita un paquete de masas sobre la mesa. Jorge lo abre y empieza a comer con voracidad.) ¡Ni te imaginás! ¡Nunca más nos faltará dinero! Jorge: No entiendo nada. Gloria: Yo tampoco. Luis: Dentro de un rato llegan. Gloria Gloria: ¿Quiénes? Luis: ¡Ellos! ¡Los salvadores! (Abraza a la mujer y la obliga a bailar. Ella ríe, nerviosa.) ¡Los salvadores! Jorge Jorge: (Como un médico que hace el diagnóstico.) Los primeros grados típicos de la psicosis. Luis: ¿Por qué se quedan así? ¡Los salvadores! Gloria Gloria: ¿Qué salvadores? Luis: A partir de hoy somos cinco a la mesa. Gloria Gloria: ¿Estás loco? ¡Apenas podemos comer nosotros! Luis: Es para bien. Gloria: ¿Para bien dos bocas más? Luis: Sí. Pagarán lo que coman y el agua que usarán y el cuarto que les alquilaremos. Gloria Gloria: (Reaccionando.) ¡Si seré boba! Jorge: Se acabó la tranquilidad. Luis: Querido: hay que elegir entre la tranquilidad y la miseria. La situación... Jorge: (Lo interrumpe.) No exageres. No nos estamos muriendo de hambre. Luis: No tenemos ni qué ponernos. Mirá mis pantalones agujereados. Y tu madre no puede comprarse un camisón. Y vos, que pasás todo el día en la calle, no tenés un saco decente. Gloria: ¿Pero qué clase de gente es? Luis: (Creando misterio.) Especiales. ¡Especialísimos! Gloria: ¿Quiénes son? ¿Cómo los conociste? Luis: No te apures, necesito respirar. (Se sienta.) Para empezar les diré que sólo hablé con él. Gloria: ¿Es un matrimonio? Luis: Sí, y muy unido. Gloria: ¿Pero de dónde salieron? Luis: Eso es lo más extraordinario, y no sé si vas a creerme. Gloria: ¡No me impacientes, por Dios! Luis: Está bien. (Se toma tiempo.) Voy caminando por la calle y veo venir un tipo con pinta de extranjero. Miro el traje que tiene...¡qué traje! ...y la piel cuidada y la expresión de estar muy satisfecho y pienso: "Este sí que debe pasarla bien". (Pausa muy breve.) ¿A qué no saben qué hizo cuando me crucé con él? Gloria: ¿Qué? Luis: Me detuvo. Gloria: ¡Virgen María! Luis: Sí, sí, me detuvo. Pero ahora viene lo más lindo. ¡Me detuvo y me pidió un cigarrillo! Gloria: ¡No! Jorge: Rasgo típico de avaricia. Luis: Nada de eso. Jorge: Sería un psicólogo, quería estudiar tu reacción y... Luis: (Lo interrumpe.) Mucho menos. Jorge: Entonces sería un mucamo vestido con la ropa del patrón. Luis: (Riendo) No, no. Jorge: Quizá... Gloria: (Interrumpe a Jorge.) ¿Por favor! ¡No trates de explicarte todo, como siempre! (A Luis.) ¿Y vos qué hiciste? Luis: Se lo di. ¿Podía negarle cigarrillos a un hombre como aquel? "Andá a saber quién diablos es", pensé. Entonces lo agarró y lo prendió con un encendedor de oro. Gloria: ¿De oro? Luis: ¡Sí, de oro! Pero eso no era nada. Sacó un paquete de cigarrillos americanos y me los regaló. (Extrae la caja del bolsillo y se la da a Jorge, quien la agarra alborozado y empieza a fumar con avidez.) Me quedé... Gloria: (Lo interrumpe.) Duro. Luis: Más que duro: con la boca abierta. Gloria: ¿Le agradeciste por lo menos? Luis: No me dio tiempo. Apenas agarré el paquete me invitó a tomar algo. Gloria: (Estupefacta.) ¿Qué? Luis: Sí, aunque no lo creas. Aquel tipo con pinta de rey me invitó a mí a tomar algo. Jorge: (Medita en voz alta.) Encendedor de oro, regala cigarrillos, invita sin motivo. Rasgos típicos de divismo. Gloria: (A Jorge, molesta.) ¡Che, no sigas! (A Luis.) ¿Y qué tomaste? Luis: Pensé que me convenía impresionarlo bien y sólo tomé un café. Gloria: Hiciste bien. Jorge: Reacción típica del demoníaco. Luis: Llamalo como quieras. La cosa es que tomé el café mientras el tipo me miraba con aquellos ojos de magnate y de pronto me preguntó: "¿No conoce a ninguna familia que quiera alquilar una pieza?" Yo me sorprendí y le pregunté para quién. Y él me contestó: "Para mí". Gloria: ¡Parece mentira! Luis: ¡Imaginate cómo quedé por el hecho de que aquel tipo que podía vivir en un hotel cinco estrellas quisiera alquilar una pieza en una casa de familia! Jorge: Eso es muy lógico tratándose de un excéntrico. Gloria: (A Jorge.) ¡Che! (A Luis.) ¿Y vos qué le dijiste? Luis: Le pregunté enseguida cuánto podía pagar. Gloria: ¡Qué pregunta! Jorge: Era una pregunta correcta. Las apariencias... Luis: (Lo interrumpe.) ¡Que iba a ser natural! El hombre me miró con cara de sobrador y contestó: "Cualquier precio." Gloria: ¡Qué bárbaro! Luis: Me quedé pasmado. Pero volví al ataque. Le pregunté si la pieza era para él solo y me contestó que era para él y la mujer. "Ah, el señor es casado", dije yo. Y él inclinó la cabeza sin sonreír. Jorge: Rasgo típico de quien odia a su mujer. Luis: Andá a saber. Lo cierto es que vendrá con ella. Gloria: ¿Pero a qué se dedican? Luis: Aquí viene lo mejor. ¿Saben qué me contestó cuando le pregunté si era profesor o bancario o jubilado? Gloria: No. Luis: (Remeda al futuro huésped.) "Yo no trabajé nunca." Gloria: ¡No puedo creerlo! Luis: Así como lo oís: "Yo no trabajo". "Ah, es un rentista", le dije. Y él dijo que sí. Gloria: (Deslumbrada.) ¡Un rentista! Luis: Eso mismo. Jorge: ¿No se dedicará al narcotráfico? Gloria: (A Jorge.) ¡No seas guarango! Luis: Entonces le dije: "Mi mujer y yo, fíjese qué casualidad, andamos con ganas de alquilar una pieza en nuestra casa a gente honesta, de buena familia". Gloria: ¿Cómo se te ocurrió? Luis: Yo qué sé. Uno anda preocupado por la falta de plata y la cabeza empieza a funcionarle. ¿Saben qué hizo? Gloria: No. Luis: Sacó una billetera con un fajo así de billetes, la abrió y me preguntó con aire de gran señor: "¿Cuánto?" Gloria: ¿Así nomás? ¿Sin hacer otras preguntas? Luis: Así nomás. Era como para morirse de susto. Gloria: ¿Y cuánto le pediste? Luis: (Después de una breve pausa, con cierto regodeo.) Como quieren pensión completa y teniendo en cuenta que nadan en plata les pedí veinte mil pesos mensuales. Jorge: Rasgo típico de la delincuencia provocada por la necesidad. Gloria: (Maravillada.) ¡Veinte mil pesos! Luis: No dijo ni ay. ¡Sacó veinte billetes de mil, me los dio y los metí enseguida en el bolsillo temiendo que se arrepintiera! (Tira el dinero hacia el techo. Los billetes se desperdigan por el piso. Gloria y Jorge corren gritando de alegría a recogerlos. Gritan, besan y huelen la plata, etc.) Jorge: ¡Esto es una maravilla! ¡Voy a comprar tres cartones de cigarrillos, dos pantalones vaqueros y un par de zapatos! Luis: (Le arrebata el dinero.) ¡No, señor! ¡Con esta plata vamos salvar nuestras vidas y tendremos que usarla con medida! (Le quita a gloria los billetes que ella retuvo.) Dame eso. Gloria: ¡Quiero algo ahora! Luis Luis: Tomá mil pesos para el Super. (A Jorge.) A vos te daré algo cuando cambie. Jorge: ¡Necesito plata ahora, papá! ¡No tengo un mango! Luis: Parala, che. Ya te daré. Gloria: (Oliendo el billete.) ¡Sos genial! ¡Genial! Luis: Con los tres mil quinientos de mi jubilación y las changas estamos pasando penurias pero más o menos vivimos. ¡Con veinte mil pesos más nos va a sobrar plata! (Grita.) ¡Seremos ricos! Jorge: ¡Voy a tener siempre cigarrillos! ¡Y voy a viajar, a conocer Francia, y España, y toda América Latina! Luis: (A Gloria, con ternura.) Y vos nunca más tendrás que hacer limpiezas, mi amor. Y podrás comprarte perfumes y ropa interior decente. Gloria: Se nos va ir una parte en alimentarlos. Andá a saber qué quieren comer. Luis: No cenan ni desayunan. Además son vegetarianos. Solo comen verduritas. Gloria: ¿Es increíble! Luis: ¡Si será! ¡No gastaremos ni setecientos pesos por mes en darles de comer! ¡Nos sobrarán diecinueve mil trescientos! Gloria: ¡El alquiler lo pagaremos con tu jubilación! Luis: ¡Y el teléfono y la luz! ¡El resto será para vestirnos como la gente, pagar deudas y comer bien! Gloria: ¡Dios mío! ¡Tanta felicidad no puede ser cierta! Luis: Es tan cierta que están por llegar. Gloria: Me había olvidado. Y yo con esta pinta. Luis: No te preocupes: saben que vienen a la casa de gente sencilla. Gloria: Hay que prepararles el cuarto. Luis: Lo antes posible. Gloria: ¿Pero cuál? Luis: ¿Cómo cuál? El de Jorge. Jorge: ¡Ah no! ¡Eso sí que no! ¡Mi cuarto no! Gloria: ¿Dónde duerme él? Luis: En el altillo. Jorge: Está lleno de cucarachas. Luis: Las matás. Jorge: No me cabrían los libros. Luis: Se venden. Jorge: ¿Estás loco? Luis: ¡Más loco estás vos poniéndote exigente justo ahora! Si no aprovechamos esta oportunidad estamos perdidos. Y vos no vas a pagar todo lo que debemos. Jorge: Ya empezó. Luis: Pero eso ahora es imposible. |
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- II - |
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Fergodlivio está sentado a la mesa meditando. Entra la madre. Viene de la calle y se quita el tapado y los zapatos. |
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- III - |
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La acción transcurre en el mismo lugar. Jorge y Ana, su novia, están estudiando. |
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- IV - |
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La acción transcurre en el mismo lugar. Luis está leyendo el diario. Jorge estudia sentado a la mesa. Entra la madre en puntas de pie y le entrega al Jorge una taza con café. Todos caminan descalzos. |
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- V - |
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Ha transcurrido una semana. Fergodlivio, Clara y Luis acaban de terminar el almuerzo. |
Ricardo Prieto
Montevideo, 1970
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