Detritus
poema de Ricardo Prieto

- I -

se cansa el corazón de mirarme
le da hastío mi voz
mi vieja mano
que ensucia lo que ama

- III -

y el mar
el viejo y turbio mar sin dones
que jamás nos persigue con deseo

- III -

voy tenebroso cielo
debajo de tus lámparas
atento al celo de amar
un cuerpo con mi horrible sangre

por este amor pedí perdón
cuando amaba la vida

- IV -

dejar un rastro
una fisura
un grito
poner el tenebroso aroma de la vida oscura
desahuciada y mortal
debajo de los árboles
para que un mago la redima

- V -

y a la copa del mar le clavé arena
para que los frutos
que un dios puso en el agua
se marchiten por mí

- VI -

aquí
con una vela encendida
hendiendo
el santo calvario de tu vientre
muerdo el blando altar
le ofrezco blanco incienso

- VII -

y ajada
la marea del amor se parece a los muertos
ya no le importa a nadie qué sueños tuvo el difunto
cuántas puertas abrió
qué acomodo encontró cuando en su cama llovía

- VIII -

y sin embargo creo
cuando a mi amante le engendro un hijo que no vivirá
y me dejo devorar como un carnero
por la indigencia de su intestino
o la amo simplemente al revés
creo
creo
como un bruto
como un microbio a la deriva
en la sangre que lo deja flotar

- IX -

no hay brujo santo
pero las puertas que abren la harina
el ajo y el incienso
muestran la ley que trama todo


la misteriosa sal
esconde diablos y sagrarios
y hay en el pan
- cuando el adobe cae de ciertas manos-
un poder
un dolor

- X -

oh amada amado
hoy vi morirse a góngora
entre el reseco estiércol de mi jardín con perros
que lamían sus labios descarnados
hoy vi caer sobre el oscuro mármol de la tarde
a la ajena hermosura inútil

- XI -

y hay ansias
tortuosos dedos de la carne queriendo hundirse
en el útero inmenso del crespón
del papel

- XII -

pero hay un mago
un viejo loco y puro
con los testículos al aire

se inclinan ante él
ciegos
larvas
y hostias

- XIII -

y la ciudad se vuelve blanca
sin túneles
sin parias y sin hostias
los parques se derraman como verde alcohol
y en las calles siempre sucias
una cópula hasta un ojo
pueden resarcirnos

corro entonces
clamo por todo me emborracho
persigo con lujuria a las mujeres gordas
a los mendigos
a los perros viejos y descangayados

entro a los bares de luz mortuoria
a los cines vacíos
a oscuros sótanos donde no hay nadie

después
trepado a la boya del alcohol
pido un mar blanco quieto
para morir

- XIV -

y hoy justo hoy
cuando se cae todo
y pido a no sé quién un lazo para atarme
violar un árbol
enredarme en los pelos de su sombra
vuelven las locas ganas de amar
y hasta el nacer me huele a fruto

- XV -

pero vamos padres madres hermanos
vamos a poner en las ollas todos los recuerdos
los viejos huesos enfermos
los asesinatos los calvarios
vamos a rociar con queroseno el caldo
para que no hieda
a hervir esa mescolanza
hasta el paroxismo
y si el amor
el viejo amor castrado deseado nunca visto
entra disimuladamente en la compota
para hervir también
abramos las brutas bocas
y dejémosla correr por el esófago
hasta el inodoro

- XVI -

pero ahora no importa la cosa en sí
no ahora
recordando a Elisa
las nueces que comimos
los zapatos que no vimos más


aquí llegó el invierno
y es por eso que el tiempo se abrevia
vienen lunes de lluvia trajines
orgasmos incompletos
pequeñas tazas de café funebrero
y el hedor de los muertos
cercano lejano
entre tú y yo


pero una cama
el martirio
la esperanza endeble
la noche
sí importan
quizá

- XVII -

y entonces
sólo entonces
cuando amábamos la bestialidad
y éramos capaces de cualquier ignominia
podíamos creer en el alto cielo
la parusía y las resurrecciones

el calvario era como agua mansa
quemando nuestra furia
y la búsqueda desahuciada genital
el incesto y el estupro
estigmas del señor
excusas para la misericordia

pero ahora
tan mansos
tan pudorosos y atildados
somos como microscópicos elefantes
que se asustaron de la selva
y buscaron en la beatitud de la pequeñez
resguardo para la lluvia cruel
que azota huesos y plumas

menos visibles que los microbios
nuestro pánico sigue intacto
y ya no podemos ver el cielo

- XVIII -

yo bendigo
las ranas
los tinteros
la macrocéfala cabeza del ajo impío
la perfidia del olor a espliego

bendigo el charco donde salto como un canguro
la hojalata la basura bendigo
todo lo que rezuma humedad
tenebroso olor
resquicios
el moho del olor
el intestino

yo bendigo

en el turbio barco del detritus
navegan la transfiguración
y el poder

- XIX - 

y sin embargo amo
quiero amar ciertos poemas
los santos lugares del martirio
y el agujero donde el dios impalpable pone huevos

quiero amar las arrugas del verano
los bares grises donde todo se turba
las cucarachas blancas de los sueños

amar la luz también
su verde ombligo
los invisibles sementales
donde atisban los ciegos
las bufandas dentro de los roperos
y tus muslos raquel
los senos rotos con que me amó Lucía

amar el silencioso infierno de montevideo en domingo
sus parques arrinconados contra el tiempo
la inabarcable costra de racimos de muertos
que
escondidos
están ahí


amar amar

amar todo menos al amor pavoroso
insurrecto
secreto

poema de Ricardo Prieto

Ag Ediciones - 2005

 

Ver, además:

 

            Ricardo Prieto en Letras Uruguay

 

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