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Asunto terminado |
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Para Anne- Marie Supervielle |
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“Asunto
terminado” es una obra escrita en Nantes y París entre junio y
julio de 1994, cuando el autor fue invitado por la Maison des Écrivains
Étrangers de Théâtre, à Saint-Herblain, para que se radicara en
Francia y escribiera una obra de teatro que fue traducida al francés y
editada en 1995 por la Maison des Écrivains Etrangers et des Traducteurs,
Colección Libros de Teatro, con traducción de Cristhope Josse. Título:
“Affaire classée”. Los
actores Claire Rieussec y Philippe Mathé realizaron una lectura
teatralizada de esta obra en la Mediateca de Saint-Herblain, Nantes, el 6
de febrero de 1996. Estrenada
por el Grupo “Cuestionarte”. Dirección: Fernando Hernández. Casa de
la Cultura de Libertad, San José, Uruguay, 2003. Estrenada
por el grupo “Laberintos”. Dirección: Buki Rosa. Centro Cultural
Misiones, Argentina, 2003. Estrenada por el grupo “Complot Teatro”. Dirección: Manuel Espinel. Universidad Nacional de Colombia, Colombia, 2004. Estrenada
por la Compañía T.E. A.3. Dirección: Toni Pacheco. Barcelona, España
2004. Se
estrenó el 11 de junio de 2005 en el teatro Empire de Buenos Aires, con
dirección de Carlos Mathus, autor y director de “La
lección de anatomía”. |
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Personajes: IVÁN EL INSPECTOR La
acción de esta obra transcurre en Saint-Herblain (Nantes) en el siglo
XXI, año 2050. El vestuario es futurista pero sobrio, sin las
exageraciones características de la ficción científica. La
acción se desarrolla en un sótano aséptico. Hay una mesa, una especie
de cama y dos sillas. Los muebles tienen un estilo levemente diferente del
actual. Sobre la mesa hay una cafetera, una taza y un plato con trozos de
comida. A
un costado, se ven varios cadáveres metidos en bolsas blancas. Iván
está sentado a la mesa, cabizbajo. Es un hombre joven y se siente muy
angustiado. Tiene puesto un extraño guardapolvo blanco. Golpean.
Se levanta y abre. Entra
el inspector. Es un hombre mayor que Iván. Su rostro denota ambición y
fanatismo. Tiene puesto un
traje de cuero raído. INSPECTOR.-
(Camina con lentitud analizando
el lugar.)¿Así que este es el sitio? No parece tan feo. Hay
luz y baño y la cama parece cómoda. Además se come. IVÁN.- Habría mucho que
decir. INSPECTOR.-
Para eso vine: para que diga
lo que quiera. Nos gusta velar por la felicidad de nuestros subalternos. (Risita.)
¿Por qué no utiliza el radiador de la calefacción? IVÁN.- Está roto. INSPECTOR.- ¿Por qué no
pidió que se lo arreglaran? IVÁN: Lo hice varias veces
pero no me llevaron el apunte. INSPECTOR.- (Anota.)
Sistema de calefacción roto. (Pausa. Sigue caminando.) Veamos. ¿Cuánto
hace que trabaja aquí? IVÁN.- Cinco años. INSPECTOR.- ¿Usted eligió
el puesto? IVÁN.- ¿Por qué me
pregunta eso? INSPECTOR.- ¿Trabajaba en el
Ministerio de Vigilancia de Saint-Herblain, no? IVÁN.- Sí. INSPECTOR.- Esos son
privilegiados. Pasan a otra sección cuando lo piden o cuando
los premian. IVÁN.- Yo nunca pedí nada. INSPECTOR.- Entonces lo
ascendieron. IVÁN.- (Irónico) ¿Ascenso?
¿Aquí? INSPECTOR.- Gana más que
antes. (Silencio.) Y a pesar de todo se queja. IVÁN.-
Ya le dije que hay mucho que decir. INSPECTOR.- Dígalo entonces. IVÁN.-
En el departamento de Vigilancia fui muy eficaz: denuncié más de
doscientos casos. Y no sólo de Saint–Herblain; de toda Nantes. INSPECTOR.- (Burlón.)
Ahora no tiene que denunciar a nadie. IVÁN.- Lo que hago aquí es
peor que aquello. INSPECTOR.- ¿Peor? Veo que
tiene muy buen nivel de vida. IVÁN.- ¿En esta cueva? No
veo la luz del sol ni hablo con nadie, y la soledad me está enfermando. INSPECTOR.- Hay algo más que
lo está enfermando. IVÁN.- ¿Qué quiso decir? INSPECTOR. Nada. (Un
silencio.) ¿Por qué usa estas frazadas? IVÁN.- Hace frío. INSPECTOR.- Veo que es lerdo.
Ya sé que hace frío. Quiero saber por qué usa estas frazadas de mierda. IVÁN.- Son más baratas. INSPECTOR.- ¿Gana cincuenta
mil francos por mes y compra frazadas baratas? ¿Y come esta basura? IVÁN.- Tengo gastos,
familia... INSPECTOR.- (Con asombro.)
¿Familia una mujer? IVÁN.- ¿Usted tiene mujer? INSPECTOR.- No. Por suerte.
No podría mantenerla. IVÁN.- Entonces no sabe lo
que es la propia mujer. Casi siempre vale por cinco. INSPECTOR.- (Con burla.) Son
voraces. IVÁN.- Mejor no hablo. INSPECTOR.- De todos modos
usted gana cincuenta mil francos y yo sólo recibo quince mil. IVÁN: Yo no tengo la culpa. INSPECTOR.-
Tampoco la tienen los hombres que nos mandan. Me pagan menos a mí para
que usted gane más. Yo no estoy en desacuerdo con su sueldo. ¿Entendido?
Se lo merece. Este trabajo es muy delicado y sé valorarlo. Cuando lo
hacen bien... (Continúa caminando y examinando los objetos.) Ropa
vieja. Y sucia. IVÁN.- (Disculpándose.)
La lavadora se rompió. INSPECTOR.- ¿Otra cosa más
que se rompió? ¿Y por qué no pide que se la arreglen? IVÁN.- No quiero molestar. INSPECTOR.-
¿No quiere molestar o se está volviendo negligente? Quien empieza a
descuidar los pequeños detalles termina convirtiéndose en un inútil
incapaz de inspirar confianza. (Pausa. Sigue caminando. Se detiene
frente a las bolsas con cadáveres.) ¿Qué hacen aquí? IVÁN.- Llegaron hoy. INSPECTOR.- ¿A qué hora? IVÁN.- A las diez. INSPECTOR.- Son las tres. IVÁN.- Estoy cansado. (
Introduce una pastilla en su boca y la mastica.) INSPECTOR.-
¿No le dije? Está perdiendo eficiencia. IVÁN.- Cada día me resulta
más difícil transportarlos. INSPECTOR.- ¿Pesan tanto? (Prueba
él.) Sí. Pesan. IVÁN.- ¿Entiende ahora?
Esto es demasiado para mí. ¡No puedo más! INSPECTOR.-
Cuando a uno le pagan cincuenta mil francos por mes tiene que poder. Este
no es un lugar adecuado para dejar los «asuntos». IVÁN.- Aquí no entra nadie. INSPECTOR.- Apenas llegan
tienen que desaparecer. IVÁN.- ¿Por qué no ponen
el horno aquí cerca? INSPECTOR.- ¿Aquí, donde
duerme? IVÁN.- ¡No puedo
arrastrarlos hasta el sótano en un minuto! INSPECTOR.- Veo que no rinde
como debería. ¿Por qué? IVÁN.- ¡No puedo más! Ya
se lo dije. (Silencio.) Para realizar este trabajo hay que ser muy
fuerte. INSPECTOR.- Por eso está
bien pagado. IVÁN.- ¿Bien pagado con
cincuenta mil francos al mes? INSPECTOR.-
(Veladamente amenazador.) ¿Se queja? (Silencio.) ¿Cuestiona
los sueldos del Sistema? ¿Cuestiona al Sistema mismo? (Pausa
tensa. Sigue mirando las bolsas.) Sáquelos de aquí. Hay feo olor. (Iván
toma una de las bolsas y la arrastra afuera del escenario. Hará lo mismo
con las restantes. Mientras tanto el inspector se sienta, enciende un
cigarrillo y después se corta las uñas con un alicate. Pausa muy
extensa. Iván termina su trabajo y
se sienta. Está muy fatigado.) Empiece. IVÁN.- ¿A qué? INSPECTOR.- A quejarse. ¿No
fue para eso que pidió una entrevista? IVÁN.- No sé cómo empezar. INSPECTOR.-
Su carta era clara. «Estoy podrido y quiero protestar”, decía. Como se
imaginará, esos términos impresionaron mal. No se puede tener en un
cargo de esta responsabilidad a alguien que quiere protestar. IVÁN.- Reconozco que me puse
nervioso. INSPECTOR.- ¿Por eso se
extralimitó? IVÁN.- (Con esfuerzo.) Fue
hace algunos días. INSPECTOR.- (Corrigiéndole.)
Fue hace cinco días. IVÁN.-
Bueno, sí... Fue hace cinco días. Llegaron veintitrés «asuntos».
Parecían podridos. La sangre estaba fresca, no coagulada, como siempre.
Sentí repulsión. INSPECTOR.- (Burlón.)
Eran «asuntos» fresquitos. IVÁN.- ¿Quiénes eran? INSPECTOR.- No debe saberlo. IVÁN.- Había una mujer
gorda y vieja. ¿Quién era? INSPECTOR.- Simplemente un «asunto»
pesado. IVÁN.-
Me costó mucho arrastrarlos hasta el sótano. Apenas terminé estaban
golpeando de nuevo. Me trajeron otros diez. Era más de lo que yo podía
soportar. Por eso envié la nota. INSPECTOR.- ¿Por esa pavada? IVÁN.- (Estupefacto.)
¿Pavada veintitrés cadáveres? INSPECTOR.-
Sí. Pavada. (Pausa. Sin darle mucha importancia a la pregunta
anterior.) ¿Cuántos «asuntos» transportó ese día, además de los
veintitrés? IVÁN.- No lo recuerdo. INSPECTOR.- ¿No tiene
planilla? IVÁN.- Me prohíben que
anote nada. No quieren rastros. INSPECTOR.- Pero es asombroso
que no lo recuerde. IVÁN.- ¿Por qué se asombra
tanto? INSPECTOR.-
Porque otros que cumplían la misma función que usted eran capaces de
contestar enseguida cuántos «asuntos» quemaban en un año. Amaban su
trabajo y se sentían orgullosos de sus récords. Usted, en cambio, es
incapaz de recordar cuántos quemó en un solo día. IVÁN.- (Tratando de
recordar.) Fueron más de cincuenta. INSPECTOR.-
(Burlón.) ¡Cuánto trabajo! IVÁN.-
¿Le parece poco? Son cuerpos pesados. Algunos están llenos de agua e
hinchados y hay que llevarlos hasta la escalera. ¿Sabe cuántos escalones
hay? Veinte. ¿Por qué no me trasladan a un lugar donde no haya escalera? Y desde la escalera al horno hay doce
metros... y entre el piso y la boca del horno hay un metro. Vaya sumando. INSPECTOR.-
¿Qué quiere que sume? ¿El tiempo que pierde o lo que le pagan por hora?
¿Sabe cuánto tiempo se necesita para quemar cien «asuntos» por día?
Seis horas exactas. Las tengo bien contabilizadas. El resto del tiempo
puede dedicarlo al ocio. IVÁN.- Nadie se imagina lo
que significa estar aquí. INSPECTOR.-
Muchos quisieran estar aquí sin hacer nada. La mayoría de la gente
trabaja duramente diez horas por día para ganar nueve mil francos al mes.
Usted gana cincuenta mil por trabajar seis horas. ¿Qué más quiere? IVÁN.- Distraerme y olvidar
ciertas cosas. INSPECTOR.- ¿Qué cosas? IVÁN.- Usted sabe... INSPECTOR.- ¿Los «asuntos»,
verdad? IVÁN.- (Evasivo) Es
probable. INSPECTOR.-
Le molestan. IVÁN.- No es fácil estar
aquí. INSPECTOR.- ¿Se volvió
delicado? IVÁN.- Me agobia vivir en
este encierro. INSPECTOR.- ¿Por qué no
duerme más? IVÁN.- Duermo de noche, pero
no puedo pasarme durmiendo todo el día. INSPECTOR.-
Tiene televisión por circuito, música por circuito e informativos
permanentes. Si oprime un botón tiene todo el archivo histórico del Sistema
a su disposición. Y hasta puede traer a esa pantalla la imagen de los
seres queridos para mantener con ellos largas conversaciones. IVÁN.- Todo eso me pone
nervioso. INSPECTOR.- ¿Le molesta la
tecnología? IVÁN.- Me molesta el ruido.
Y odio todos esos aparatos sofisticados. No puedo manejarlos. Me superan. INSPECTOR.- ¿Y qué es lo
que no le molesta? IVÁN.- Me gusta leer. Pedí
libros, revistas, cualquier cosa. Pero no me los dieron. INSPECTOR.- ¿Para qué
quiere leer? IVÁN-. Es lo único que me
entretiene. ¿Por qué no me los dieron? INSPECTOR.- Porque acaban de
prohibirse los libros. IVÁN.- Me hubiera conformado
con revistas viejas. INSPECTOR.-
Ya no hay más revistas. No hay nada impreso. El Sistema erradicó
las imprentas y la letra impresa. Ya se empezaron a destruir todas las
bibliotecas. (Silencio.) ¿Por qué está ansioso? Contrólese.
Quiero ayudarlo. El Sistema es como un padre para sus
hombres y no quiere abandonarlos. Si alguien sufre o está disconforme hay
que averiguar por qué, escucharlo, curarle las heridas. Sobre todo si se
trata de alguien importante. IVÁN.- (Asombrado):
¿Yo importante? INSPECTOR.-
Todo lo que está relacionado con los «asuntos» es muy importante.
Nuestros enemigos darían lo que no tienen por saber que usted existe, dónde
está, qué función cumple. Usted es más importante que el ministro de
Defensa. IVÁN.- No lo sabía. INSPECTOR.-
Ahora lo sabe. Usted es un privilegiado. Y cuando los privilegiados también
empiezan a protestar algo está marchando mal. (Pausa.) ¿Sabe por
qué vine enseguida? IVÁN.- No. INSPECTOR.- Porque hace
tiempo que sabemos que usted no se siente bien. IVÁN.- (Conmovido) Es
cierto: no me siento bien. ¿Pero cómo se dieron cuenta? INSPECTOR.-
Por ciertos síntomas, por algunas actitudes. (Breve silencio.) ¿Por
qué estuvo a punto de descubrirle el rostro al empleado de afuera? IVÁN.- No lo hice. ¡Se lo
juro! INSPECTOR.- Ya sé que no lo
hizo. Pero la idea pasó por su mente. IVÁN.- (Asombrado) ¿Cómo
lo sabe? INSPECTOR.- Somos sabuesos. (Un
silencio.) ¿Por qué? IVÁN.- (Patético)
Quería ver una cara expresando algo. INSPECTOR.- (Burlón) Todos
los «asuntos» son muy expresivos. ¿Necesita ver más expresividad aún? IVÁN.- Necesitaba una cara
viva. ¿Entiende? Dos ojos que me miraran, alguien que me sonriera. INSPECTOR.- Usted ve muchas
caras «vivas» una vez al mes. IVÁN.- No es suficiente. INSPECTOR.-
¿No me diga? ¿Necesita ver caras «vivas» con más frecuencia? Sin
embargo no enciende el televisor. Es contradictorio. IVÁN.- Odio el televisor.
Muestra sólo imágenes. Y yo necesito presencias, gente que esté a mi
lado. INSPECTOR.- Creo que vamos a
tener problemas. Al Sistema no le agrada que alguien sienta tanta
necesidad de «vida» presente. IVÁN.- A cualquiera le pasaría
lo mismo. INSPECTOR.-
Alguien que gana cincuenta mil al mes no debe sentir lo mismo que
cualquiera. Usted tiene que limitarse a ser eficaz cuando se ocupa de los
«asuntos terminados». IVÁN.-
(Protesta) ¡Siempre lo hice bien! ¡Jamás me suspendieron o me
iniciaron un sumario! Además, antes de aceptarme me sometieron a pruebas,
análisis de todo tipo, interrogatorios. (Con cierto orgullo.) Me
eligieron entre miles. INSPECTOR.- Antes era antes. IVÁN.- ¡Pregúntele a los
sicólogos sobre mí! INSPECTOR.-
Los sicólogos se equivocan. Pero el Sistema debe subsanar esos
errores. (Después de un breve silencio.) Usted está alterado. IVÁN.- (Fuera de sí)
¡Miente! INSPECTOR.-
(Implacable.) Confiese que quiere irse de aquí. Hasta sería capaz
de cambiar este empleo de cincuenta mil francos por otro de quince mil. IVÁN.- No podría hacer eso.
Me moriría de hambre. INSPECTOR.-
¿De hambre? (Ríe.) Quince mil gano yo y no paso hambre ni como
bazofias. (Pausa. Ahora habla con dulzura.) ¿Por qué está tan
nervioso? (Pausa. Enciende un cigarrillo y lo fuma serenamente.) Ya
sé que tiene miedo de sincerarse. Pero no tema. Soy su amigo. Hable. (Pausa.) IVÁN.-
(Con esfuerzo.) Todo empezó hace un año. Fue de pronto, nunca me
había pasado... (Un silencio.) El olor de los «asuntos» empezó
a marearme. Era demasiado nauseabundo. A veces, ciertas caras me daban
miedo. Estaban llenas de odio. INSPECTOR.- Eran «asuntos»
violentos que terminaron violentamente. IVÁN.- (Evocando
angustiado.) Cierta vez trajeron un niño de seis años. INSPECTOR.- Algo habría
hecho. IVÁN.- (Con horror.)
¿Qué cosa mala puede hacer un niño como para que lo maten? INSPECTOR.- (Estupefacto.)
¿Dijo maten? IVÁN.- ¡Oh Dios! Sí... Lo
dije. (Solloza arrepentido, con
miedo. Pausa. Consume otra pastilla.) INSPECTOR.-
Usted está muy enfermo. Y su enfermedad es más grave de lo que yo creía. IVÁN.- Dije maten... INSPECTOR.-
Olvídelo. Yo también trataré de olvidarlo. Sabe bien qué hacen los de
arriba con los que usan esa palabra. IVÁN.- Le suplico que no lo
cuente. ¡Por favor! INSPECTOR.-
Veremos si sabe ganarse ese silencio y si a mí me conviene prometerle que
no hablaré. (Después de una pausa.) ¿Cómo era ese niño? IVÁN.- Rubio, muy blanco...
No logré ver el color de los ojos porque los tenía cerrados. INSPECTOR.- ¿Por qué lo
impresionó tanto ese «asunto»? IVÁN.- ¡Era un niño! ¿No
lo comprende? INSPECTOR.-
(Implacable.) Era un «asunto terminado» y eso nunca es niño, ni
mujer, ni hombre, ni feo, ni lindo, ni conmovedor. IVÁN.- Ese es un pensamiento
infame. INSPECTOR.- Usted lo compartió
durante cinco años. IVÁN.- Ahora no puedo. ¡Se
lo juro! (Pausa.) INSPECTOR.- ¿Fue a partir de
ese «asunto» que empezó a sentirse mal? IVÁN.-
Sí. Odiaba el olor. Después empecé a tener pesadillas. Me despertaba de
noche, transpirando aterrorizado... Alrededor de mi cama estaban todos los
«asuntos» erguidos y acusándome. «¡Basura, carroña de mierda! ¡Te
perseguiremos hasta el infierno para que pagues todo el dolor que
causaste!» Eso gritaban. Aquel odio era horrible. Yo corría, huyendo de
ellos. Pero continuaban persiguiéndome. Se reían y gritaban como
demonios. Entonces se acercaban amenazándome y yo tenía que suplicarles
de rodillas que no me asesinaran... Sin embargo, y usted lo sabe bien, yo
no les hice nada. INSPECTOR.- Los metió en la
hoguera. IVÁN.- ¡Porque ustedes me
mandaron! INSPECTOR.-
¿Eso fue lo que les dijo en el sueño, verdad? ¿Nos acusó a nosotros
para quedar eximido de culpa? (Breve silencio.) ¿O me equivoco? IVÁN.- Sí. Se equivoca. INSPECTOR.- Miente. Sé que
lo hizo. (Otro silencio breve.) ¿Cómo se atrevió? IVÁN.- (Exasperado)
¡Fueron ustedes quienes los «terminaron»! INSPECTOR.-
(Violentamente) ¡Por culpa de ellos! ¡Atentaron contra el Sistema,
que sólo piensa en la felicidad de los hombres! ¡Son basura «terminada»
que terminaríamos nuevamente si volvieran a nacer! Fue por culpa de esa
clase de resentidos que durante el siglo pasado no prosperó el bloque
socialista, cayeron China, Rusia y Cuba y se apoderó de la tierra un
absurdo liberalismo. Si cualquiera de los antiguos dictadores se hubiera
convertido en el dueño del mundo no habría habido tanto caos. Ni las
guerras religiosas. Ni la hecatombe nuclear que destruyó a medio planeta.
Ni los espantosos virus que nos asolaron. Ni los gángsters que
especularon con la comida, el agua y la vivienda. Pero ahora, por suerte,
gobernamos nosotros. (Pausa. Se arrepiente de haber sido violento.) Disculpe.
Me alteré. Pero quiero ayudarlo. A pesar de que no me agrada que alguien
que gana cincuenta mil francos por mes esté disconforme. (Breve pausa.)
Continúe. IVÁN.-
No quiero hablar más. INSPECTOR.- ¿Por qué envió
la nota entonces? IVÁN.- No debí hacerlo.
Discúlpeme. ( Traga otra
pastilla) INSPECTOR.-
¿Disculparlo? ¿Quién se cree que soy? ¿Alguien del gobierno? Aquí
nadie puede disculpar a nadie. Aquí se trata de cumplir. IVÁN.-
Cuando envié la nota estaba muy nervioso. Pero ahora estoy bien, se lo
juro; estoy tranquilo, bendigo al Sistema y hasta me dejaría destruir por
él. INSPECTOR.- Miente. IVÁN.- ¿Por qué no me
cree? INSPECTOR.- Porque está
reventado y eso no me gusta. IVÁN.- (Más nervioso.) ¡Le
dije que estoy bien! INSPECTOR.- Está pálido,
ansioso, y devora como un demonio las pastillas aceleradoras. Sus manos
tiemblan y hasta huele mal. IVÁN.- Aquí uno se
abandona. INSPECTOR.- ¿Así cuida
nuestros intereses? IVÁN.- Me abandono yo, no el
trabajo. INSPECTOR.- Usted debe ser
su trabajo. ¿Todavía no lo comprendió? IVÁN.- Sí. Lo comprendí.
Pero estoy un poco descontrolado. Póngase en mi lugar. INSPECTOR.- ¿No dijo recién
que estaba tranquilo? IVÁN.- No. (Se retracta) Sí,
sí. Lo dije. |