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Bartolomé Hidalgo Obras completas Prólogo de Antonio Praderio |
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Cuando
de un autor, en la entreverada historia de un país naciente, se poseen
tan pocas certificaciones de obra original, propia, como sucede con la
poesía de Bartolomé Hidalgo, surgen numerosas tentaciones
interpretativas. No es la menor de ellas la atribución caprichosa, por más
fundada estilísticamente que ésta se halle, de afirmarle autor de todo
aquello que pueda relacionarse con su persona o con su circunstancia.
Crear, en fin, una figura espectral. Esto es caer en encantamiento,
tentación grave si las hay, aunque ello pueda servir para la creación de
un personaje literario, anónimo, capaz de constituir un "doble"
válido, para otros fines, de la figura evocada. Así como sucede con
aquel niño de Rudyard Kipling que se defendía de una práctica de magia
poniéndose a recitar, mentalmente, una tabla aritmética, nada puede
exorcizar mejor el ensalmo de la fantasía que recurrir, de inmediato, a
la relación de lo que Stendhal llamaba "detalles exactos". Pero no son, por cierto,
numerosas las noticias exactas que se poseen al presente acerca de la
vida, persona y escritos de Bartolomé Hidalgo. Cotejadas y rectificadas,
unas con otras, las aportaciones que, desde una buena nota redactada por
Andrés Lamas en 1842 para una Colección de poetas del Río de la
Plata, que no llegó a publicarse, van enriqueciéndose a lo largo de
los trabajos de Ángel Justiniano Carranza, Estanislao S. Zeballos,
Ricardo Rojas, Martiniano Leguizamón, Mario Falcao Espalter, Lauro
Ayestarán y otros, poco más nos queda entre las manos que los hechos
comprobados de su nacimiento, matrimonio y muerte, la nómina —ya
menos segura— de los diversos cargos públicos que ejerció y varias hipótesis
de desigual valor atinentes a los restantes aspectos de su existencia: carácter
físico y moral, vida privada, opiniones políticas y tantas cosas más
que constituyen el conjunto de la vida de un hombre. Su profesión, en primer
lugar, barbero según una antiquísima tradición que Carranza corrobora,
parece haber encandilado a la crítica, como dice Jorge Luis Borges,
Lugones lo hace "rapabarbas", Rojas "rapista". Este
también lo describe como gaucho y payador, lo que Borges desaprueba, y
soldado, lo cual, aunque considerado como "harto más memorable"
por el propio Borges, no deja de ser inexacto. En realidad, Bartolomé
Hidalgo fue durante toda su vida un oficinista, primero de los españoles,
luego de los porteños, más tarde de los patriotas y, finalmente, de los
portugueses. Por último, en Buenos Aires ya, nuevamente, de los porteños. Otra circunstancia, que ha
movido recientemente la atención de sus biógrafos, es la de su color.
Ayestarán, cita, previniendo que el detalle debe ser manejado con sumo
cuidado, una correspondencia inédita de Joaquín de la Sagra y Periz en
la cual se le llama "mulatillo" y recuerda a propósito que el
Padre Castañeda, en una violenta diatriba de la que hablaremos luego le
llama "oscuro montevideano", agregando "que es un tentado
de eso que llaman igualdad para lo cual hay algunos impedimentos físicos".
No hay duda de que algo poco claro existió en los orígenes de Hidalgo,
pues él mismo habla, en el folleto con el cual contestó al mencionado
artículo de Castañeda, con estas palabras: "en cuanto al agravio
que ha querido hacérseme hablando particularmente de mi individuo sólo
diré que se conserva en mi casa una información judicial con más de 40
años de producida, y que haré conducir inmediatamente para satisfacción
de cuantos gusten verlo". Por otra parte, el epíteto
"mulato" y "mulatillo" era muy común en la época
al referirse a los patriotas. Valga como prueba que la calificación de
"mulato" se da a Juan Francisco Vázquez, comandante de San José,
en la "Gazeta de Montevideo" del 24 de Agosto de 1811. En
lo que se refiere a su obra, algunas de sus composiciones son publicadas
desde la primera antología rioplatense, La lira argentina, pasando
por el Parnaso Oriental y La América Poética, así como
las posteriores. En 1917 se comienza, por Martiniano Leguizamón, a
recolectar sus poesías en un volumen, siguiéndolo Falcao Espalter en
1918, Nicolás Fusco Sansone en 1944, Lázaro Flury en 1950 y Horacio
Jorge Becco en 1963, debiéndose notar que solamente la recopilación de
Nicolás Fusco Sansone es representativa del doble modo culto y gauchesco
que practicó nuestro poeta. Intentaremos ahora poner en orden los diversos datos biográficos que se ha podido reunir sobre el autor, siguiendo en general la obra de Falcao Espalter que es, sin duda, aun con las carencias que advertiremos llegado el caso, la más completa de las biografías de Hidalgo entre las publicadas hasta el presente. Bartolomé José Hidalgo nació en la ciudad de Montevideo, intramuros, el día 24 de agosto de 1788, hijo legítimo de Juan José Hidalgo y de Catalina Ximénez. Fue bautizado días después en la Matriz Vieja por el Cura y Vicario Pbro. Juan José Ortiz, actuando como testigo el sacristán mayor Agustín Doncel y siendo padrino Antonio de Castro, a quien se le hizo la cognación, debida al cargo cristiano que tomaba sobre sí, según consta en la correspondiente partida de bautismo que Martiniano Leguizamón fue el primero en publicar[1].
Sus padres, aunque en la mencionada partida se dice que no dieron razón del lugar de donde eran naturales como asimismo los abuelos de Hidalgo, se declararon vecinos de Montevideo. Falcao Espalter opina que eran naturales de Buenos Aires, donde se casaron, trasladándose luego a Montevideo, donde tuvieron casi todos sus hijos. Estos, según parece, eran cinco: Cándida Ramona, nacida el 30 de agosto de 1781, fallecida a los tres años; Francisca Tomasa, que falleció el 6 de enero del mismo año, a los cuatro días de nacer; Catalina, casada con Fernando Chavarría y fallecida el 13 de enero de 1812 en Montevideo, nacida en Buenos Aires; María Antonia, cuya fecha y lugar de nacimiento se ignoran, y Bartolomé. En cuanto a la parentela de esta familia Hidalgo con otras del mismo nombre, residentes en Montevideo o Buenos Aires, nada se puede afirmar, excepto hipótesis que bien pueden resultar aventuradas. Falcao Espalter buscó largamente en los Libros de nacimientos y defunciones de la Catedral montevideana sin haber podido llegar a ninguna conclusión. Lo que puede conjeturarse sin esfuerzo es la extrema pobreza de la familia de Hidalgo, atendiendo al hecho de que las dos hermanas mayores fueron bautizadas de limosna, y la declaración del propio poeta que en 1819, muchos años después, expresa, en un billete familiar que Ángel Justiniano Carranza tuvo a la vista en 1876: "Ya he dicho que soy de una familia muy pobre, pero honrada, que soy hombre de bien y que éste es todo mi patrimonio..."[2] .
Poco se sabe de sus primeros años, excepto que a los doce años de edad parecería ya haber perdido a su padre. Su educación, dada la pobreza de la familia, seguramente proviene de la escuela de primeras letras instalada en el Convento de San Francisco y quizá completada por la enseñanza de algún sacerdote y la que hubiera podido adquirir solo y con libros prestados, cosa muy común, por otra parte, en la época. Aparece en 1803 como empleado en la casa de comercio de Martín José Artigas, padre del futuro caudillo. Allí, indudablemente, se convirtió en persona de confianza y en familiar de sus patrones. Así redacta en calidad de escribiente dos representaciones de la señora Francisca Artigas para ante la Junta de Monte Pío Real; sirve de testigo, en agosto 13 de 1805 en la licencia otorgada para el matrimonio de sus hijos José Gervasio Artigas y Rosalía Villagrán, por Martín José Artigas y Francisca Artigas; el día 14 del mismo mes actúa como testigo de la escritura mediante la cual Martín José Artigas deposita la cantidad de 3.000,00 pesos como dote de José Gervasio, y el 4 de noviembre de 1805 en la escritura por la cual se deposita la dote que entregó Rosalía Villagrán[3]. Quizás fuera también por esta época que Hidalgo cultivara, además el oficio de barbero que tradicionalmente se le atribuye desde la breve noticia de Andrés Lamas a que nos hemos referido, y que fue corroborada luego por Ángel Justiniano Carranza[4].
Del comercio de Martín José Artigas pasa Hidalgo a las oficinas de Real Hacienda en calidad de meritorio. Aparece en 1806 firmando como testigo, junto con Ventura Vázquez, la certificación que expide el diputado de Comercio de la Plaza de Montevideo Francisco Antonio Maciel en favor de Nicolás Herrera, designado en junta pública de comerciantes diputado ante el Rey de España. El año siguiente, con la finalidad de repeler la segunda invasión inglesa, el Ministro de la Real Hacienda, Francisco Antonio Maciel, recluta a todo su personal en el "Batallón de Partidarios de Montevideo"; integrando una de las compañías, figura Hidalgo como "Aventurero". Asiste al combate del Cardal el 20 de enero de 1807 y resulta ileso, según Falcao[5]. Hacia 1808, ya retirados los ingleses, Hidalgo continúa en Montevideo. El "Padrón de la calle de San José... etc." que también cita Falcao, lo hace sospechar, así como el hecho de un poder general que le fue otorgado por José de Sosa.
En 1811, atraído por la causa de la emancipación se incorpora a las fuerzas que sitian a Montevideo, según lo dice él mismo[6]. Ignoramos cómo y cuándo se produce dicha incorporación, porque no tenemos documentos fehacientes sobre ello. Lo único que hasta el momento sabemos, es que el 24 de agosto de 1811, con motivo de ciertas cartas dirigidas desde San José por su Comandante Militar a Rondeau y Artigas el día 6 de agosto, la "Gazeta de Montevideo" dice:"Las cartas escritas por el pedante cultiparlo Bartolomé Hidalgo, llevan en su contenido el desprecio y hacen conocer la futilidad del chucumeco que las ha escrito..."[7]. Parece ser que por entonces Hidalgo actuaba como secretario de Juan Francisco Vázquez.
Falcao Espalter se pregunta si Hidalgo puede ser autor de cierta Proclama que circuló en Mercedes al llegar el General Manuel Belgrano a esa Villa en Agosto de 1811, firmada por Mariano Vega. Hemos visto que hasta el 6 del citado mes, Hidalgo estaba, seguramente, en San José. Por lo tanto, no parece muy probable el hecho, a pesar de que el 7 de setiembre, encontrándose en la Capilla de Mercedes redacta, según Ángel Justiniano Carranza, la Proclama que comienza: "Hijos de la Patria, mañana veréis entrar en esta gloriosa Capilla..." anunciando la llegada de tropas al mando del capitán José Ambrosio Carranza, y firmada por Mariano Vega. Carranza, que fuera enviado por José Rondeau, para prevenir un ataque de los portugueses contra Mercedes, encuentra allí a Hidalgo quien se pone a sus órdenes. Un oficio dirigido a la Junta Provisoria Gubernativa de Buenos Aires (cuyos borradores están escritos con letra de Hidalgo), datado el 17 de setiembre, donde historia su campaña, solicita para Hidalgo el cargo de Secretario que ya provisoriamente desempeñaba[8]. El Triunvirato que sustituyó a la Junta responde el 5 de octubre en estos términos: "Y contestando a lo demás que en oficio separado de la misma fecha le representa, manifestando la necesidad que tiene de un sujeto de pulso y madurez que lo dirija y aconseje en el tiempo que dure el desempeño de su expedición, ha resuelto este Gobierno que el que propone para Secretario y en quien expresa concurren las buenas circunstancias de patriotismo y demás apreciables cualidades, continúe suministrándole sus luces, en la inteligencia que uno de los principales deberes de este Gobierno es demostrar a los beneméritos con pruebas reales, el aprecio a que se han hecho acreedores en sus servicios consagrados a la justa causa".
Más tarde, a raíz de la reconquista de Paysandú, que había sido
tomada por los portugueses el 30 de agosto, Carranza comunica al
Triunvirato el feliz acontecimiento el 8 de octubre y agrega:
"Suplico se digne hacer librar el competente nombramiento de
Comisario de la expedición de mi mando, con el sueldo que V. E. halle por
conveniente al patriota D. Bartolomé Hidalgo, a quien ya se lo he
propuesto a V. E. en la representación hecha por conducto de D. Manuel
Haedo, pues es sujeto en quien están refundidas las circunstancias
recomendables,
capaces de causar la dirección y consejo de
mi individuo, para conseguir el éxito de
mis empresas, habiendo voluntariamente
seguido a mi lado hasta este pueblo
reconquistado encargado de diferentes ramos
de mi dicha expedición". Igualmente en el parte de la misma
acción remitido a Rondeau el 9 de octubre,
dice: "... me ha acompañado
voluntariamente D. Bartolomé Hidalgo, quien
desde que pisé la Capilla no se ha separado
de mi lado, llevando la dirección de mis
consejos y trabajando en obsequio de la
Patria, todo cuanto le era posible en el
cargo que provisoriamente le di de Comisario
y Director por sus conocimientos, capaces de
encargarse de cualquier otra
Comisión". Los borradores de ambos
documentos están, según Ángel Justiniano
Carranza, escritos de puño y letra de
Hidalgo y se conservan entre los papeles de
la familia. Setembrino Pereda, por su parte,
anota la fina ironía y el sentido
bromístico que campea en la comunicación a
la Junta, como obra de Hidalgo[9]. El
Triunvirato, que acababa de reemplazar a la
Junta Gubernativa, respondió el 18 de
octubre manifestando que "Mereciendo a
este Gobierno la mayor consideración el
arreglo y disciplina militar, como debido a
los santos fines de la defensa de nuestros
derechos, también deben hacerse extensivas
sus providencias al nombramiento de
comisarios del ejército, hasta cuyo caso de
que ya está tratando, ha creído
indispensable reservarlo y para el cual
tendrá presente al benemérito patriota D.
Bartolomé Hidalgo que V. recomienda en su
citado oficio"[10]. Dueño de Paysandú,
Carranza dedicó sus esfuerzos ayudado por
Hidalgo a reparar los daños que los
portugueses y españoles habían realizado
en el pueblo y, pocos días después, se
traslada al Cuartel La nueva del armisticio circuló oficialmente por todos los pueblos de la Banda Oriental y el sitio mismo comenzó a levantarse sin esperar su aprobación por el Triunvirato de Buenos Aires. Rondeau envió una circular, el 11 de octubre, ordenando la suspensión de hostilidades y Carranza tornó a su puesto dejando a Hidalgo en el Cuartel General, encargado de múltiples diligencias. Ya en Paysandú se encuentra Carranza con que los realistas se movían para atacar nuevamente la población. Da parte de ello a Rondeau, y termina: "... Estimaré me despache a toda prisa a mi director D. Bartolomé Hidalgo, que sin él no puedo moverme"[12]. Mientras tanto, Carranza recibe seguridades de que no será atacado, por notas del 29 de octubre, e Hidalgo, ya desde Mercedes, le escribe el 31 de octubre: "Compañero: a los cinco días volví del ejército y remití una carretilla para municiones que juzgo tendrá hoi mismo". "Estoy enterado del ataque que V. iba a dar a Chain -crea V. que si yo me hubiera encontrado en él, no se queda riendo— y cuando nos veamos que será pronto le diré el modo de atacarlo y quedar a cubierto". Carta en que retoza, como en todas las suyas, el espíritu chacotón del poeta. Al mismo tiempo, ya ratificado por ambas partes el armisticio, el 24 de octubre Artigas emprende con sus fuerzas y el pueblo oriental la marcha hacia el Norte. Le escribe a Carranza desde Arroyo Grande el 30 de octubre, desde El Perdido el 2 de noviembre, y desde Colólo el 3 de noviembre[13] tratando de atraerle a su causa y conociendo, sin duda, la influencia que los consejos de Hidalgo tenían sobre Carranza, escribe también a aquél una carta particular cuyo contenido no se conoce y le adjunta un oficio para Carranza en el mismo sentido. Hidalgo le escribe a Carranza desde Mercedes el 31 de octubre[14] adjuntándole una proclama para que sea publicada. Le hace saber a Artigas los resultados de su gestión, en una carta cuyo contenido se desconoce y que es, posiblemente, la que menciona Artigas en su contestación que citan Pereda y Falcao Espalter y que parece ser de los primeros días de noviembre.[15] Carranza, al parecer, primero quedó conforme con las sugestiones de Artigas, a juzgar por la carta que el mismo 31 de octubre escribió al Sargento Mayor José Ignacio Aguirre incitándolo a unirse a ellos, citada por Ariosto Fernández[16]. Sin embargo, Ángel Justiniano Carranza, afirma que su antecesor desechó las proposiciones de Artigas y, en cumplimiento del armisticio, marchó hacia Buenos Aires, por la Bajada, ciudad de Paraná. Según Setembrino E. Pereda, Bartolomé Hidalgo regresó, sin tropas, en dirección a Montevideo con el propósito de incorporarse a las milicias orientales. Fueron inútiles, dice Carranza, los esfuerzos de Artigas para atraer a su amigo Hidalgo[17]. Este queda, pues, con la idea de unirse al caudillo. No es posible precisar la fecha en que realmente lo hizo —si lo hizo— aunque todos sus biógrafos están de acuerdo en que formó parte del Éxodo. También por esa fecha, aproximadamente los primeros días de noviembre, en el trayecto de Paysandú a Salto compone —según la mayor parte de sus críticos,— las Octavas Orientales o Marcha Nacional Oriental, o la versión primitiva de la misma. Luego veremos lo que hay de cierto al respecto[18]. El hecho es que no obstante no decirlo él mismo, ni figura en el Padrón de Familias que acompañaban a Artigas, cosa explicable si se considera que Hidalgo era soltero, o que podría por su condición de Secretario estar asimilado al personal militar, que no figura en el Padrón, y que —cosa aún más extraña— no figura ni una sola vez entre los escribientes o secretarios de Artigas, cuando no era de despreciar —dada la época— su indudable talento ni su bellísima letra. Hidalgo, según parece, estuvo en el Éxodo[19]. Allí recibe el nombramiento de Comisario Interino de Guerra del Ejército Patriota en el Uruguay, fechado el 22 de febrero de 1812[20]. En junio del mismo año Manuel de Sarratea, Jefe del Ejército del Norte se traslada al Ayuí. Allí, "a su influencia y promesas se debe la causa que determinó la actitud asumida por algunos jefes y distinguidos ciudadanos orientales, quienes abandonan las filas de Artigas para engrosar el contingente militar de aquél, entre los cuales figuran Ventura Vázquez Feijóo, Joaquín Suárez, etc. y Bartolomé Hidalgo", expresa Ariosto Fernández [21]. La exactitud de este dato se ve corroborada cuando sabemos que el 1º de agosto del mismo año Hidalgo es designado Administrador de Correos y Postas del Ejército en la Banda Oriental por el mismo Sarratea, según Galván Moreno[22]. Desempeña el cargo durante todo el Segundo sitio de Montevideo, en el cual, como dice él mismo, "dígase si fuera del más exacto cumplimiento por mis deberes, se me conoció alguna vez mezclado en partidos, reuniones, ni juntas"[23]. Puede aseverarse que Hidalgo no militó en el círculo de civiles y militares, que en el campamento de Sarratea situado en la Villa del Arroyo de la China se mostraron desafectos a Artigas, cuyo alejamiento de la Banda Oriental el caudillo exigió el 8 de enero de 1813, como condición previa para incorporarse al sitio de Montevideo hecho que se produjo el 26 de febrero. Bartolomé Hidalgo firma el acta de ratificación de la elección de Diputados por Montevideo a la Asamblea Constituyente el 15 de julio de 1813 y a la entrada de los porteños en dicha ciudad se hace cargo, en forma interina, por orden de Alvear, de la Administración de Correos de Montevideo, el 9 de julio de 1814, y también en forma interina, por disposición del Delegado Extraordinario Nicolás Rodríguez Peña, se envía oficio al Cabildo nombrándole Secretario Interino el 19 de julio de 1814. Jura el día 21 y firma las correspondientes actas hasta el 4 de agosto pues el día 6 se le comunica que cesa en su cargo de Secretario del Cabildo a efectos de que se dedicara enteramente a la Administración de Correos. Desde esta Administración Hidalgo remite el día 13
un extenso informe a Gervasio Antonio de Posadas, a la sazón Director
Supremo, sobre la situación del Correo, y luego de una enconada lucha de
influencias entre Hidalgo, apoyado al parecer por Alvear, y Francisco
Antonio Luaces para proveer en propiedad el puesto, fue nombrado el Capitán
del Regimiento de Dragones de la Patria Antonio Luso, el 3 de octubre.
Hidalgo escribe una patética carta que comienza "Mi venerado Jefe y
Señor...", el día 18, al Director Posadas[24], quien ya le había
asignado el cargo de Oficial 2º de la Tesorería de Hacienda de
Montevideo[25]. Al retiro de las tropas argentinas de Montevideo y a la entrada como Gobernador Intendente de la Plaza el Coronel Fernando Otorgués, el 26 de febrero de 1815, Hidalgo, que había quedado en la ciudad ejerciendo, presumiblemente, el mismo cargo, ocupa, según Falcao Espalter interinamente el Ministerio de Hacienda, posiblemente a causa de la enfermedad de Jacinto Acuña de Figueroa, quien lo sustituye el 9 de marzo. El 18 de abril Otorgués aprueba las designaciones hechas por Acuña de Figueroa para su Oficina, designando a Hidalgo como Oficial Mayor "substituto de Vd. en sus ocupaciones y enfermedades con 800 pesos anuales". Hidalgo alterna pues con Acuña de Figueroa en el desempeño del Ministerio de Hacienda. El 10 de mayo se le entrega el manejo de la Tesorería "por ser sujeto muy acreedor a esta confianza por su delicadeza, inteligencia y conocimientos", dice Acuña de Figueroa. De esta manera fue designado Hidalgo Ministro interino de Hacienda. Hidalgo maneja puntualmente los asuntos del Ministerio, contrata con Guillermo Stewart un importante empréstito el 29 de julio, mientras el día 10 se trataba en el Cabildo si se removería a Hidalgo del cargo que desempeñaba eficientemente[26]. El asunto queda en suspenso hasta el día 14 en que se quedó en proponer a Pedro Elisondo, Ministro de la Caja de la Provincia. El 1º de agosto de 1815 Artigas oficia al Cabildo haber recibido del Ministro Interino de Hacienda, D. Bartolomé Hidalgo, una representación y varios documentos "yo —dice— le he respuesto que recabe de V. E. los documentos precisos de su comportamiento para continuar en dicho ministerio... no ignora V. E. la delicadeza del asunto, y ella debe empeñarse a resolver con madurez para no llevar en adelante las consecuencias"[27]. Se ve claramente que Artigas no veía con demasiado entusiasmo que el cargo en propiedad pasase a Hidalgo. Tan es así, que el 12 de agosto, por su orden expresa se designó a Pedro Elisondo. Acuña de Figueroa se hace, no obstante, cargo de la Administración de la Caja de la Provincia, bajo inventario "con una demostración de la entrada y salida de caudales correspondiente al tiempo del actual Ministro D. Bartolomé Hidalgo". La nota del Cabildo, comunicándole a Hidalgo dicha resolución, dice así: "Sin agraviar el honor de Vd. y sin tener por objeto este gobierno desaprobar su comportación en el tiempo que ha desempeñado ese Ministerio..." Pedro Elisondo no aceptó el destino conferido y el Cabildo hubo de recurrir nuevamente a Acuña de Figueroa, quien, no obstante su enfermedad —con la colaboración de Hidalgo— ya repuesto en el cargo de Oficial 1º reasumió las funciones del Ministerio. A comienzos del año 1816, el 30 de enero, un grupo de aficionados resolvió realizar una función teatral en la Casa de Comedias (Coliseo). Ellos realizaron por sí mismos todo, incluso las invitaciones en verso: "Al Bello Sexo. Gratitud/ Es obsequiaros un deber tan justo,/ Que los Patriotas quieren/ Al Teatro concurráis, si es vuestro gusto,/ (Que esto a todo prefieren)/ Función teatral intentan atrevidos/ Dar el 30 de Enero, / Y un baile que os presentan comedidos/ Con afecto sincero"[28]. que no sería aventurado adjudicar a Hidalgo. Después de cantar la canción patriótica, representaron una pieza militar titulada "El amor filial", luego se declamó el unipersonal "Sentimiento de un patricio" [29] obra de Hidalgo, y finalizó la función con el saínete "La Burla del posadero". Más tarde hubo un baile general que duró hasta las primeras horas del día siguiente. El Cabildo montevideano ofrece por entonces a Hidalgo la dirección del Coliseo, con un sueldo de 40 pesos mensuales, según Falcao Espalter. Agrega el mismo que existen recibos firmados por él, en esa calidad, hasta el 30 de mayo del año 1817[30]. El padrón urbano, levantado por León Ellauri y Pinto Gómez, a 29 de febrero, dice que vivía en la calle San Miguel (hoy Piedras) en la casa señalada con el número 72. Al sobrevenir las fiestas mayas, Hidalgo colabora escribiendo las cuatro inscripciones colocadas en los frentes de la pirámide erigida en la plaza de la ciudad. Por otra parte, en el Coliseo de su dirección, en consonancia con el nuevo gusto de la época, se representa la tragedia moderna americana titulada: El Seripo, cacique de los Timbúes, en la noche del 24 de mayo y Roma Libre o el Bruto, tragedia en cinco actos, en la noche del día 25[31]. En agosto de 1816, al ser amenazada la Provincia por la invasión portuguesa, Hidalgo se ocupa en diversos puntos de recolectar tropas para repeler la agresión. Desde San Carlos, escribe a Fructuoso Rivera una muy pintoresca carta contándole sus gestiones para conseguir tropas y dinero: "...Ayer reuní al vecindario en nombre de V. les hablé con la eloqúencia de Cicerón, en fin 288 pesos cayeron..." expresa el 25 de agosto, y a Julián Munis los días 25 y 30 de agosto[32]. Escribe por entonces la Marcha Nacional Oriental. Más tarde, en el mes de noviembre, cuando ya la situación de la Provincia se hacía angustiosa por el avance portugués, Hidalgo forma parte conjuntamente con Francisco Bauzá en la segunda de las embajadas dirigidas por el Cabildo a Buenos Aires, en procura de auxilio. La primera diputación había sido la de Victorio García de Zúñiga. Tanto la primera como la segunda misión, según Falcao Espalter,[33] no disponían de plenos poderes para tratar sino más bien el carácter de gestiones oficiosas. Los cabildantes Juan José Duran y Juan Francisco Giró que integraron la tercera misión a Buenos Aires el 6 de diciembre, llevaban, en cambio, plenos poderes para pactar con Juan Martín de Pueyrredón. Se concluyó el Tratado ya conocido. Hidalgo en ese tiempo viajó repetidamente a Buenos Aires llevando y trayendo pliegos y según parece conquistó la simpatía del Director Supremo quien escribe a Barreiro el 8 de diciembre "... Regresa el caballero Hidalgo con la noticia que hemos querido anticipar a V. y a ese digno Pueblo de quedar firmada la Unión de esa y esta Banda; ... El Sor. de Hidalgo ha mostrado su noble empeño por la salvación del País. Distíngalo V." y el 9 de diciembre Duran escribe a Barreiro: "... el conductor de ésta como igualmente de los pliegos lo será Don Bartolomé Hidalgo que regresa"[34]. Consumada la ocupación de Montevideo por las tropas portuguesas al mando de Lecor, Hidalgo que no había seguido al Cabildo en minoría que se retiró hacia Canelones, continúa en Montevideo dirigiendo el Coliseo y haciendo, según Falcao Espalter[35] una vida sumamente retirada. Un arbitrio destinado a procurar fondos para el Coliseo fracasa en el Cabildo e Hidalgo, que a lo que parece por una carta de Joaquín de la Sagra y Périz[36] estaba de corrector en el mismo teatro en mayo de 1817, sigue su vida retirada. Mantiene un pleito con su cuñado Fernando Echeverría por una suma de 204 patacones que le prestara en 1816, el cual pleito empieza en diciembre de 1817 y termina en abril de 1818. Para esa fecha, según Falcao Espalter, Hidalgo, que había realizado frecuentes viajes a Buenos Aires en enero y febrero, se había radicado con su madre y su hermana María Antonia en la vecina ciudad en marzo de 1818. No existen huellas del proceso, dice el mismo autor, que hubiera podido hacérsele con el fin de extrañarle del país, ni es verosímil tal hipótesis. Hidalgo se fue porque tal fue su voluntad, para no ver la humillación de su país ante el extranjero y quizá con el propósito de contribuir a su liberación[37]. La época bonaerense de nuestro poeta no es pródiga en datos biográficos. El mismo expresa en 1820 que "después de mi arribo a esta ciudad (Buenos Aires) fui solicitado para ocupar un destino en la Secretaría de Gobierno... agradecí esta distinción a la persona que me la quería dispensar y le contesté que todo el mundo sabe que dije entonces y después: que yo no había venido a emplearme sino a trabajar honradamente como estaba acostumbrado a hacerlo desde antes de la revolución para mantener una madre infeliz cuya subsistencia dependía y depende del sudor de mi rostro"[38]. Falcao Espalter afirma que rehusó todo empleo público aunque —dice— no ha podido averiguar qué género de labor libre pudo emprender[39]. En cambio, sin mayores precisiones se dice en el "Diccionario Histórico
Argentino" que Bartolomé Hidalgo "más tarde obtenía un empleo
en la Administración pública bonaerense que a mediados de 1822 abandonó
con licencia por enfermedad"[40]. También Zeballos habla de un empleo
de Oficial 2° en la Tesorería de la Aduana de Buenos Aires, lo
cual constituye un evidente error: por la fecha que da (7 de octubre de
1814) se trata del cargo que vimos que recibió en la Tesorería de
Hacienda de Montevideo[41]. Leguizamón habla de un
puesto en la Tesorería de la Aduana[42] que comenzó a desempeñar en 1818,
dato que repite Oyuela[43]. El caso es que no ha sido posible lograr
documentación fehaciente de ello. Lo que es indudable es que durante su
estancia en Buenos Aires comienza seguramente su producción gauchesca,
conjuntamente con la manera culta a que ya de tiempo atrás se dedicaba.
Así sabemos que el 13 de mayo de 1818 estaba a la venta el Cielito
compuesto por un gaucho para cantar la acción de Maypú[44], y, una
semana más tarde El Triunfo[45]. El año siguiente, hacia julio, fue
el sospechado autor de cierta tonadilla que debió cantarse el día 10 y
en la que se ofendía a los militares argentinos. Hidalgo se apresuró a
negar su paternidad en un extenso comunicado del 13 de julio diciendo que
"quien por diferentes ocasiones ha hecho de los defensores de la
patria el justo elogio que merecen, era preciso que tuviera desorganizadas
las potencias para borrar con una mano lo que escribió con la otra"[46]. Hacia fines de 1819 o principios de 1820, ante el anuncio de una
expedición española de 24.000 veteranos que se alistaban en Cádiz para
venir en socorro de los ejércitos y armadas del Rey, batidas en el Río
de la Plata, a las órdenes del General Conde de la Bisbal, de cuya
existencia da la "Gaceta de Buenos Aires" el 10 de noviembre,
noticias detalladas, Hidalgo publica el Cielito a la Venida de la
Expedición, en una hoja suelta, sin fecha ni firma, impreso por la
Imprenta de Alvarez[47]. En 1820, el
26 de marzo se casa con Juana Cortina,
natural de Buenos Aires, hija del finado
Pedro Cortina y de Manuela Gómez, ante el
Notario Mayor Eclesiástico P. Silverio
Alonso Martínez que había sido uno de los
primeros en proclamar la Banda Oriental
libre de la dominación española. Poco
tiempo después se casaba su hermana María
Antonia con Bruno Gutiérrez que fueron
padres de Juan Francisco Gutiérrez, padre a
su vez de José María Eduardo, el novelista
popular, autor de Juan Moreira, y Ricardo
Gutiérrez el poeta, los que resultaron
sobrinos nietos de Bartolomé Hidalgo. Por
otro lado, María Antonia Cortina, hermana
de la esposa de Hidalgo, casó con Miguel
Antonio Sáenz, tuvieron una hija
-Mariquita- que a su vez casó con Juan
Francisco Gutiérrez, y tuvieron los hijos
ya nombrados. De modo que el parentesco de
Hidalgo con los Gutiérrez es doble[48]. El mismo
año de 1820, hacia agosto, según expresa
Leguizamón aparece Un gaucho de la
Guardia de Monte contesta el Manifiesto de
Fernando VII y saluda al Conde de
Casa Flores con el siguiente cielito escrito
en su idioma, una hoja suelta, también
sin firma, editada por la Imprenta de los
Niños Expósitos. Se refiere a una
publicación aparecida en agosto de 1820: el
manifiesto y su contestación, por la
Imprenta de los Niños Expósitos, y el
segundo por la de la Independencia, según
Zinny[49]. En cuanto a su contenido, Carranza
da una cumplida explicación: "Ese
Manifiesto o proclama de Fernando VII era
dirigido a los habitantes de ultramar, y se
distribuyó en Buenos Aires por manos
incógnitas a varios empleados y personas
respetables, acompañado con oficios del
Conde de Casa Flores, residente en la Corte
de Río de Janeiro. Llevados dichos pliegos
a conocimiento del Gobierno (septiembre de
1820) fueron pasados al Fiscal de Estado,
interesando su celo a efecto de que se
persiguiera al editor, pues era reimpreso en
esta ciudad por lo que al principio se le
creyó apócrifo llamándosele hecho
clandestino. Salió una Ympugnación por
vía de respuesta que lo desbarataba"[50].
Al año siguiente, publica el Cielito
Patriótico del gaucho Román Contreras,
compuesto en honor del ejército libertador
del Alto Perú, en hoja suelta, sin
fecha ni firma, por la Imprenta de Alvarez[51]. Zinny[52] lo da como publicado en
el mes de diciembre de 1820, pero con mayor
acierto Leguizamón lo sitúa en el año
1821, pues —dice— las noticias debieron
demorar más de un mes en llegar a Buenos
Aires[53]. Del mismo año data el Diálogo
patriótico interesante[54]. Dicho Diálogo,
que aparece sin firma ni pie de imprenta,
debió ser publicado en el mes de enero de
1821, pues inmediatamente sale, sin fecha
también, en la "Matrona Comentadora de
las Cuatro Periodistas" un violento
artículo que lo ataca y al que contesta
Hidalgo el 6 de febrero con el folleto El
autor del diálogo entre Jacinto Chaño y
Ramón Contreras contesta a los cargos que
se le hacen por la Comentadora, firmado
B. H., de 8 páginas e impreso por la
Imprenta de Alvarez. Ignoramos qué motivos
pudieron existir para originar un ataque tan
descomedido al Diálogo en sí. Pudiera ser
que el ataque estuviera dirigido a Manuel
Cavia, de quien la enemistad con el Padre
Castañeda era notoria. Hidalgo, en el
folleto, se defiende hábilmente evitando
—eso sí— citar sus amistades
artiguistas y los cargos de que disfrutó en
el período en que Artigas tuvo el máximo
poder en la Provincia Oriental[55]. Entre febrero y junio de 1821, según
Leguizamón aparece el Nuevo diálogo
patriótico entre Ramón Contreras, gaucho
de la Guardia del Monte y Jacinto Chano,
capataz de una estancia en las Islas del
Tordillo, también publicado en Buenos
Aires, por la imprenta de Alvarez, sin fecha
ni firma[56]. Parecería que el autor, ya prevenido por
la violencia del ataque que recibió su
anterior Diálogo, habría resuelto no tocar
temas actuales y sí evocaciones de las
luchas pasadas, en su mayor parte. A
mediados del año 1821, Esteban de Luca le
dirige un romance, Al poeta Bartolomé
Hidalgo, incitándole a cantar la
restauración de Lima, llamándole con
el nombre arcádico de Dalia, según
la moda de la época. Hidalgo atiende el
pedido y escribe, ya sumamente atacado de la
enfermedad que habría de llevarle a la
tumba, el último de sus cielitos: Al
triunfo de Lima y el Callao. Cielito
patriótico que compuso el gaucho Ramón
Contreras, publicado en una hoja suelta
por la Imprenta de Alvarez sin firma ni
fecha, aunque posiblemente date de fines de
setiembre de 1821, según Leguizamón[57].
Finalmente da a las prensas en el año 1822
su último diálogo, la Relación que
hace el gaucho Ramón Contreras a Jacinto
Chano de todo lo que vio en las fiestas
Mayas de Buenos Ayres en el año 1822, seguramente
publicado en folleto, aunque éste no ha
llegado hasta nosotros. El estado de su
salud desmejoraba día a día, y su pobreza
había llegado a ser tan grande que se veía
obligado, para mantener su hogar, a vender
sus composiciones en la calle[58]. La
enfermedad que lo aquejaba le obliga a
buscar refugio en el pobre caserío de
Morón, donde fallece el 27 ó 28 de
noviembre de 1822, siendo sepultado Oficio
mayor cantado, vigilia cuatro posas y misa,
después de haber recibido todos los
sacramentos, como reza la partida
descubierta por Martiniano Leguizamón. |
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- II - |
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La compilación y el estudio de las producciones de Bartolomé Hidalgo proponen, en primer término, la grave y dificultosa tarea de averiguar cuáles de las piezas que por lo general se reputan como de su pertenencia, le pueden ser atribuidas con algún viso medianamente razonable de verosimilitud. Siguiendo un hábito muy difundido en su época, el poeta no acostumbraba firmar sus composiciones que daba a publicidad. Al menos las que han llegado hasta nosotros en sus primeras ediciones, presentan esa característica. Si a esa circunstancia se agrega la particularidad de que no reunió sus poesías en volumen, sino que éstas fueron publicadas en hojas sueltas o folletos, generalmente sin fecha, así como el hecho de que hasta el presente no ha sido posible obtener, salvo en un caso, los correspondientes manuscritos autógrafos, no parece demasiado extraño que en más de una oportunidad la atribución que le haya sido hecha de una u otra pieza revista el carácter de antojadiza. Cabe advertir que no parece prometer resultados válidos algún método de identificación de sus composiciones que pudiera emplearse. Dos particularidades de la obra de Hidalgo constituyen un obstáculo para ello: la primera, lo escaso del material compilado hasta la fecha; la segunda, que deriva de sus mismas características estilísticas: sus poesías cultas responden a una corriente literaria —el neoclasicismo— que no se distingue, precisamente, por la personalidad que permite expresar al autor, máxime cuando, como en el caso de nuestro poeta, no se trata más que de un mero repetidor de ideas y de expresiones que circulaban, libremente y sin dueño conocido, por la poesía de la época tanto española como rioplatense. Menos propicio parece el campo que ofrecen sus composiciones gauchescas, si se considera de qué modo es posible confundir en esta índole de poesía —principalmente en sus orígenes— aquello que constituye expresión particular y característica de un autor, con aquello que no pasa de una expresión consagrada por el uso habitual y que se trasmite de un autor a otro. Creemos pues menos aventurado intentar la averiguación de cuáles pueden ser las producciones que deben considerarse —con mayor o menor seguridad— como pertenecientes a Hidalgo, empleando un método dual en cierto modo. En primer término, examinaremos el hecho de cada composición: circunstancia histórica, valor de las diversas adjudicaciones, crédito que merece cada uno de los autores que le han atribuido una pieza, y otros factores. En segundo lugar, emplearemos con cierta cautela la aproximación de los textos. Quizás de la interacción de ambos criterios podamos lograr una más amplia certidumbre sobre la obra que se ha de reputar como de Bartolomé Hidalgo. Considerando las composiciones de carácter culto hemos de expresar que presumimos que el autor no está representado en su totalidad por las piezas publicadas en las fuentes citadas. Nueve composiciones —aún con las reservas en cuanto a paternidad que veremos— son realmente muy pocas para justificar la fama del autor en su época, máxime si se considera que ninguna de ellas es de excepcional valor y que —por otra parte— varias de ellas, meramente circunstanciales, no debieron haber sido impresas. A este respecto cabe recordar que en un artículo, bastante malhumorado por cierto, que insertó en las columnas de "El Tiempo" en 1828, acerca de las poesías que se publicaron por esos días con motivo de la paz con el Brasil, su autor, muy probablemente Juan Cruz Varela, expresa que: "... deben mantenerse en lista separada los nombres de López, Rodríguez, Luca, Rojas, Lafinur, Hidalgo y otros que han honrado tantas veces el Parnaso Argentino". La procedencia y la oportunidad de la mención permite sospechar que el articulista se refiere a obras de género académico. Asimismo Esteban de Luca, hacia 1821, dirigió a Hidalgo una composición en verso en la cual dice: "Y lo escuché mil veces/ y envidié: lo confieso/ ya tu canción de amores/ ya tu sonoro metro"[59]. Se deduce del mismo poema que Hidalgo debió haber escrito un elogio a de Luca que tampoco es conocido. En suma, aparece como muy probable que existan muchas más poesías de Hidalgo que las que han llegado hasta nosotros, las cuales, en caso de aparecer, pueden determinar un más exacto juicio acerca de su verdadera ubicación entre los autores que cantaron la Independencia del Río de la Plata. Conviene pues delimitar con la mayor claridad posible cuales son las obras que pueden atribuirse a Hidalgo con cierto carácter de seguridad. Limitándonos, por el momento, a las composiciones de carácter culto, debemos señalar que parte de ellas son consideradas suyas por figurar, bajo su nombre, en El Parnaso Oriental o Guirnalda Poética de la República Uruguaya, (Buenos Aires-Montevideo, 1835-1837, 3 v.). El mulato Luciano Lira fue el autor y editor de esta compilación que recoge un nutrido conjunto de las poesías de autores uruguayos o de extranjeros que se refieren a acontecimientos históricos de la República, que le fue dado obtener. Las fuentes presumibles fueron las publicaciones periódicas de la época, los folletos, hojas sueltas, algunos manuscritos que exhumó y, muy posiblemente, una publicación semejante que se había efectuado años antes en Buenos Aires: La Lira Argentina o Colección de las piezas poéticas dadas a luz en Buenos-Ayres durante la guerra de su Independencia (Buenos Aires, 1824), aunque fue impresa en París, bajo el cuidado de D. Francisco Almeida y D. Miguel Rivera y enviada a su colector Ramón Díaz, según la mayoría de los autores[60]. En el tomo primero del mencionado "Parnaso Oriental... etc."', es la que con el título Octavas Orientales[61] se publicó, en forma anónima, en un folleto de 4 p., sin fecha ni pie de imprenta, aunque seguramente proviene de la Imprenta de Montevideo en 1816. Esta marcha, que se da por lo general como escrita a fines de noviembre de 1811, y ésa es la fecha que le atribuye el Parnaso, no figura empero en los periódicos argentinos de la fecha, no consta en ningún documento que se haya ejecutado, ni se conserva la partitura. Por otra parte, un examen sumario del texto puede hacer dudar de la contemporaneidad de la Marcha con los hechos a que se refiere. Expresiones tales como "su deseo es salvar el sistema" y un aire general de anacronismo, permiten sospechar que las Octavas Orientales fueron escritas justamente o reformadas el año en que son impresas, es decir 1816, con la finalidad de recordar un hecho que ya había adquirido categoría histórica para los habitantes de la Provincia: La "emigración" de 1811, después del éxodo del pueblo oriental[62]. El otro himno atribuido a Hidalgo por el compilador del Parnaso es el Himno Oriental (Antiguo), que en la Lira Argentina aparece con el título Marcha Nacional Oriental (p. 130-132), sin expresión de autor, y que había sido publicado en el periódico bonaerense "La Prensa Argentina" nº 57 del 15 de octubre de 1816, donde figura en las páginas 3-5. No consta que haya sido impreso separadamente, aunque es probable que hubiera aparecido por la Imprenta de la Ciudad de Montevideo. También atribuida a Hidalgo en el Parnaso, es la producción publicada bajo el título Las inscripciones siguientes estaban colocadas en el pedestal de una hermosa pirámide artificial, formada en celebridad del aniversario del 25 de Mayo de 1816, en la plaza de la ciudad de Montevideo. Seguramente no aparecieron más que en el folleto Descripción de las fiestas cívicas celebradas en la Capital de ¡os Pueblos Orientales el veinte y cinco de Mayo de 1816. (Montevideo, en el mismo año, p. 6-7), y de allí las tomó Lira para incluirlas en su recopilación, con alguna variante. Réstanos finalmente el unipersonal titulado Sentimientos de un patriota. Ya hemos visto que esta pieza es de Hidalgo por haber aparecido el folleto en que se imprimió originalmente bajo el título Sentimientos de un patricio —curioso avalar etimológico de esta palabra— "compuesto por el ciudadano B.H." Hemos documentado las tres composiciones poéticas cuya atribución a Hidalgo corre de la exclusiva competencia del compilador del Parnaso Oriental. Queda por averiguar qué crédito puede merecer la información que poseyó Luciano Lira y quiénes compartieron su tarea —alguien ha sugerido el nombre de Francisco Acuña de Figueroa— para identificar los autores de composiciones cuya paternidad no aparecía clara. En varias oportunidades se declara en el Parnaso Oriental que una u otra poesía es "de incierto autor", de lo cual se desprende que el compilador, en caso de ignorar a quien pertenecía una pieza publicada por él, no se privaba de decirlo y que, por el contrario, en los casos en que afirmaba que una composición procedía de determinado escritor, era porque creía estar lo suficientemente seguro para hacerlo. Por otra parte, la fecha de publicación del Parnaso —veinticuatro años después del momento en que fueron escritas las poesías de Hidalgo que registra— permite suponer que su recolector haya podido disponer de informaciones directas de personas que estuvieron en condiciones de saber quiénes eran los autores de piezas poéticas que circulaban en 1811 ó 1816. Puédese señalar, además, como lo consigna Falcao Espalter, 'la veracidad no contestada nunca de las atribuciones en nombres y fechas de dicha colección uruguaya, su larga existencia... en cuyo curso nunca se alzó, ni entonces ni ahora, una sola voz para impugnar el contenido de sus páginas..." [63]. Fuera de las poesías cuya atribución descansa en el Parnaso, corren otras que los autores declaran pertenecer a Hidalgo, por muy diversos razonamientos. Así una composición titulada Oda, publicada en el periódico "El Censor" de Buenos Aires, nº 140, p. 5-6, del 23 de mayo de 1818. Está precedida por un "Remitido" que entre otras cosas dice que fue compuesta por un admirador de la singular destreza con que una señorita de esta capital (Buenos Aires) toca la vihuela, y que el poeta ya ha cantado el Triunfo de Maipo con mucho brío y muchas sales. Leguizamón y Oyuela adjudican la composición a Hidalgo y agregan que la señorita en cuestión era María Sánchez Velazco, añadiendo el primero, que la pieza que se refiere al Triunfo de Maipo no podía ser otra que el Cielito de Maipú en cuya búsqueda andaba. No. Lo exacto de la atribución descansa en que Hidalgo es el autor del unipersonal El Triunfo, como lo veremos a continuación. El unipersonal El Triunfo, cuya edición original se ha hallado, no está firmado ni tampoco en su reproducción en la Lira Argentina se encuentra mención de autor (p. 216-217). No obstante ello, Falcao Espalter se dedica a un minucioso razonamiento para probar la paternidad de Hidalgo sobre esta pieza (p. 93-96). Sin embargo, la seguridad de que el unipersonal pertenece a Hidalgo surge de la consulta de una colección de poesías posterior a la Lira en dos años. Trátase de la Colección de poesías patrióticas que puede ser una compilación ordenada por el Gobierno "de todas las producciones poéticas compuestas en esta capital (Buenos Aires) y en todas las provincias de la unión, desde el 25 de mayo de 1810, hasta el presente" según reza el decreto correspondiente firmado el 16 de julio de 1822 por Martín Rodríguez y Bernardino Rivadavia[64]. Se confió la tarea a la Sociedad Literaria y ésta designó a tres de sus miembros: Vicente López y Planes, Esteban de Luca y Cosme Argerich para cumplir el encargo. La Sociedad Literaria se disolvió a mediados de 1824 sin haber realizado la obra. En tanto, aparece en 1825 la Lira Argentina. Según Arríela[65], la ceñida selección de la Colección de poesías no parece compadecerse con la intención del decreto y obedece precisamente a la aparición de aquélla. No creo que se trate de la compilación ordenada por el Gobierno, sino de una selección organizada por Juan Cruz y Florencio Varela (pág. 209). Antonio Zinny[66], por su parte, afirma que el "trabajo fue encomendado al distinguido poeta don Juan Cruz Varela, quien, con el título de Colección de poesías patrióticas, publicó un libro de 353 páginas en los últimos días de la presidencia de Rivadavia y de consiguiente, muy posterior a la batalla de Ayacucho, puesto que registra varios cantos referentes a ésta que como se sabe tuvo lugar el 9 de diciembre de 1824". Este libro no se puso a la venta, porque después de confeccionado no agradó a sus compiladores: por consiguiente es sumamente raro. La Colección de poesías patrióticas carece de carátula y de índice, y fue hecha en Buenos Aires en 1827 y según el píe por la imprenta de "El Tiempo". Sea pues la Colección de poesías patrióticas obra de De Luca, Vicente López y Planes y Cosme Argerich o de Juan Cruz Varela y, posiblemente, Florencio Varela, lo cierto es que El Triunfo figura allí firmado B. Hidalgo y que cualquiera de ellos —recordemos que la amistad de Hidalgo con Esteban de Luca era notoria- sabría a qué atenerse cuando puso la firma al unipersonal. Resta la atribución a Hidalgo de una tercera obra —no puede llamarse unipersonal puesto que en ella intervienen dos personas— llamada La Libertad Civil, cuyo título completo es: Pieza nueva en un acto titulada La Libertad Civil, año 1816. No conocemos constancia de una impresión anterior a la de la Lira Argentina ni tenemos noticia de cuándo exactamente fue representada. En la Lira figura como anónima. Como anónima también la publica, en 1924, Ricardo Rojas[67], atribuyéndola dubitativamente a Esteban de Luca. Martiniano Leguizamón se la atribuye a Hidalgo por la identidad de los versos: "La sonorosa trompa de la Fama/ Del Sud publique los plausibles hechos, etc.[68] que más tarde se han de publicar como principio de El Triunfo. Falcao Espalter da como segura la paternidad de Hidalgo para la pieza, fundándose en la semejanza general de ideas entre Sentimientos de un patricio, El Triunfo y La Libertad Civil y en el hecho de que los versos que terminan La Libertad Civil son los mismos que inician El Triunfo[69]. Evidentemente, el último parlamento de Adolfo (La Libertad Civil) que comienza: "La sonorosa trompa de la Fama", tiene los catorce primeros versos exactamente iguales a los que inician El Triunfo, luego, los versos de diecisiete a treinta y seis, son también exactamente iguales. Más tarde los versos Gloria, laurel y palma al Magistrado (treinta y siete y treinta y ocho), que en El Triunfo están más adelante, y los que comienzan: y vosotros campeones nacionales (cuarenta y cinco y siguientes de La Libertad Civil) son exactamente iguales a los que terminan El Triunfo. ¿Qué pensar de esto? Evidentemente Hidalgo pudo escribir La Libertad Civil a poco de Los sentimientos de un patricio y representarla en Montevideo, o más posiblemente en Buenos Aires, donde hizo diversas amistades. Por otra parte, es raro que la pieza no figure en otro lado que en La Lira Argentina, no habiendo sido recogida en El Parnaso como la otra obra de Hidalgo de la misma fecha, lo que hace conjeturar un origen y un ámbito de acción puramente argentino al melólogo. Ahora bien, si La Libertad Civil no pertenece a Hidalgo, queda el problema ya expresado antes, de los versos iguales en ambas piezas. Hidalgo, puesto que su composición de El Triunfo es posterior, se habría apropiado de los versos de Esteban de Luca o de otro autor. Además, los versos que anteceden los ya famosos La sonorosa trompa de la fama, son de una calidad evidentemente inferior a la poesía general de Hidalgo. Precisamente en aquéllos se da una fuerza expresiva que hace que Juan María Gutiérrez los elija como muestra de la poesía culta de Hidalgo, en su América Poética[70]. Otro unipersonal que se atribuye a Hidalgo por Falcao Espalter es Idomeneo, Falcao dice haber encontrado en el catálogo de comedias y sainetes de que disponía el Coliseo de Montevideo una composición llamada Unipersonal Idomeneo. Advierte que bien podría tratarse de una traducción o adaptación de Crébillon o de Lemierre pero especula con una obra de Hidalgo de la cual no se han hallado los originales y —como lo dice él mismo— no hay constancia de que sea fruto literario del poeta. En realidad, el Idomeneo, de que habla Falcao debió ser el de Francisco Comella o de Eugenio de Tapia, uno de 1792 y otro de 1799, resultando la atribución a Hidalgo puramente gratuita[71]. Restan dos composiciones poéticas cuya pertenencia a Hidalgo es de exclusiva responsabilidad de Juan María Gutiérrez. Una de ellas, un soneto, fue publicada en la "Revista del Río de la Plata" en 1872, como inédita hasta entonces. Se titula: Contra el autor de la crítica a la Oda de la Secretaría de la Asamblea, cantando tos triunfos de la patria por la acción de Maipo. El soneto se refiere, seguramente, a la Oda. Las oficiales de la Secretaría del Soberano Congreso a la Patria, en la victoria de Maipo, que corre de la página 175 a la 180 de la Lira Argentina como anónima pero que en la Colección de poesías patrióticas está firmada por Vicente López y que comienza: ¡Oh! si hoy mi poderío /La espera de mis votos igualase ... se ignora quién fuera el autor de la crítica y si se publicó ésta. Según parece, Gutiérrez pensaba incorporarla a la segunda edición de su América Poética, pues figura en páginas manuscritas agregadas a la edición de Valparaíso que le perteneció. La otra es la Décima a un elogio del decreto de creación del Cementerio del Norte, que creemos inédita hasta ahora. Su fecha es, probablemente, 1823, puesto que fue ese año, el 3 de setiembre, que se firmó el correspondiente decreto. Respecto a composiciones recientemente agregadas al catálogo de las obras de Hidalgo, puédese anotar que las dos que presuntamente le adjudica Eduardo de Salterain y Herrera[72], una sin título, y otra titulada Amorosas quejas que da la Vanda Occidental a la Oriental, no parecen ser suyas. Creemos que el distinguido profesor se equivoca pues las poesías no tienen semejanza con las de Hidalgo que fueron escritas por esa fecha. Por otra parte, hemos examinado los manuscritos de las composiciones y, evidentemente, no son de letra de nuestro poeta. Corresponde finalmente mencionar una poesía de Hidalgo, firmada el 7 de enero de 1818, titulada A d. Francisco S. de Antuña en su feliz unión. El original de ésta se custodia en el Museo Histórico Nacional, y fue descubierta y publicada por Falcao Espalter[73]. No tiene otra importancia que la de ser la única pieza que se conserva autógrafa y firmada por el autor; vale decir la única que, indudablemente, es de Bartolomé Hidalgo. |
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- III - |
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Entraremos
ahora a la consideración de los poemas
populares o gauchescos que se atribuyen a
Bartolomé Hidalgo. Las dificultades son
mayores que en lo que se refiere a las
poesías cultas, pues en ningún caso
aquellas piezas están registradas con su
nombre en las compilaciones de la época
tales como La Lira Argentina, la Colección
de poesías patrióticas o el Parmaso
Oriental.
Es sin embargo indudable que el Diálogo
patriótico interesante entre Francisco
Chano, capataz de una estancia en la isla
del Tordillo, y el gaucho de la Guardia del
Monte, publicado sin fecha, firma o pie
de imprenta, en un folleto de 16 páginas,
pertenece a las obras que deben reputarse
seguramente de Hidalgo. Este Diálogo debió
aparecer hacia enero de 1821, pues por la
misma fecha aparece el artículo que lo
ataca en "La Matrona Comentadora de
las Cuatro Periodistas" a que ya
nos hemos referido, y la contestación de
Hidalgo a ese ataque está fechada Buenos
Aires, febrero 6 de 1821. Por otra parte, lo
registran como suyo los más antiguos
antologistas, por ejemplo Juan María
Gutiérrez en su América poética. Valparaíso,
1846 y Andrés Lamas en la Antología
poética[74]. Por lo tanto, lo hemos de
reconocer como pieza auténtica y a él
volveremos, sea a sus detalles formales, sea
a sus particularidades de lenguaje, cuando
sea preciso afirmar la paternidad de Hidalgo
sobre otras composiciones. Así el Nuevo
diálogo patriótico entre Ramón Contreras,
gaucho de la Guardia del Monte y Jacinto
Chano, capataz de una estancia en las islas
del Tordillo, también publicado en
Buenos Aires por la Imprenta de Alvarez, sin
fecha, en un folleto de 16 páginas, parece
indiscutiblemente obra de Hidalgo. La
calificación de Nuevo hace suponer
otro anterior, que es precisamente el Diálogo
patriótico a que nos hemos referido
precedentemente. La estructura del Nuevo
diálogo es muy semejante a la del Diálogo
patriótico interesante: llegada de
Contreras a casa de Chano, principio del
diálogo hablando de caballos, etc.,
mientras que en el Diálogo patriótico Chano
llega a casa de Contreras y lleva la voz
cantante en él, en el Nuevo diálogo es
Contreras quien tiene parte mayor en el
desarrollo de la conversación. Esto, unido
a una semejanza en el lenguaje empleado en
los dos Diálogos, nos lleva a
concluir que el Nuevo diálogo
patriótico es también obra de
Bartolomé Hidalgo. Por otra parte, este Diálogo
figura como de Hidalgo en Carranza, en
Zeballos y en todos los antologistas
posteriores. Nos resta el tercer diálogo, o sea la Relación
que hace el gaucho Ramón Contreras a
Jacinto Chano, de todo lo que vio en las
Fiestas Mayas en Buenos Ayres, en el ano
1822. Este diálogo fue seguramente
publicado en folleto, que no ha llegado
hasta nosotros, debiendo por lo tanto
atenernos a la versión más antigua que es
la que incluye la Lira Argentina como
anónima. También está -ya atribuida a
Hidalgo- en la Antología Poética de
Lamas, en la América poética de
Gutiérrez y en todos los autores
posteriores. En realidad esta nueva
producción presenta algunos rasgos en
cierto modo nuevos que la hacen diferir de
los Diálogos anteriores. En primer término, el título que ya no
es Diálogo sino Relación, y
por otra parte su tema, que ya no es una
conversación seria, sino una visión
ligeramente humorística, que se irá
agravando en diálogos posteriores, —ya no
de Hidalgo, por supuesto—que se decían en
los sucesivos aniversarios de Mayo en Buenos
Aires, según Un Inglés y de los
cuales hemos visto uno, protagonizado por
Chano y Contreras. Estas diferencias, sin
embargo, no alcanzan a ocultarnos las
similitudes de esta Relación con los
Diálogos ya mencionados, tanto en la
estructura formal, (conversación sobre
caballos al principio, una voz principal en
el diálogo, en este caso Contreras que
viene a visitar a Chano), como el tono
general de amistad y el lenguaje. Creemos,
pues, que dada la antigüedad y el
presumible conocimiento de causa de Lamas y
Gutiérrez en la atribución a Hidalgo de
esta relación, ella es casi segura. Analizaremos ahora la atribución a
Hidalgo de los famosos "cielitos".
En primer lugar consideraremos el último de
ellos, que es Al triunfo de Lima y el
Callao. Cielito patriótico que compuso el
gaucho Ramón Contreras. Esta pieza fue
publicada en Buenos Aires, por la Imprenta
de Alvarez, en una hoja suelta y sin fecha.
Su data probable es agosto de 1821, y parece
ser la respuesta que Hidalgo dio a la
invitación que le hizo Esteban de Luca en
el poema anteriormente mencionado. Ignorado
por las compilaciones más antiguas, aparece
por primera vez en la Epopeya Americana de
Carranza, ya atribuido a Hidalgo, y de ahí
pasa a las antologías y obras posteriores
como las de Zeballos, Leguizamón y Falcao
Espalter. Las circunstancias de que este
"cielito" sea obra del gaucho
Ramón Contreras -seudónimo ya usado por
Hidalgo en los Diálogos patrióticos— y
en el Cielito patriótico del gaucho
Ramón Contreras, etc., de los primeros
días del año 1821, donde dice, "Hasta
que entremos en cima/ el tiple vuelvo á
colgar/ Y desde hoy iré pensando/ Lo que
les he de cantar/ Cielito digo que si,/ iré
haciendo mis borrones/ Para cantarles un
cielo/ En letras como botones", como
también en los Diálogos patrióticos, por
ejemplo en el primero, donde dice Contreras:
"Que aunque yo compongo cielos/ Y soy
medio payador/, amén de un verso del
"cielito" de que tratamos:
"Apartando una torada/ Me encontraba en
mis haciendas", muestren el recurso de
ubicar al personaje gauchesco en sus tareas
habituales, determinan que debamos
considerar esta composición como obra de
Hidalgo. Viene luego el Cielito patriótico del
gaucho Ramón Contreras compuesto en honor
del ejército libertador del alto Perú. También
se editó sin firma, en hoja suelta, en
Buenos Aires, por la Imprenta de Alvarez.
(La publicación carece de fecha, pero
Leguizamón piensa que debió aparecer en
los primeros días de 1821). Parécenos que
es obra de Hidalgo, por la circunstancia de
emplear el seudónimo que casi
inmediatamente utilizaría en los Diálogos.
Además sé titula "Cielito
patriótico" como el que hemos visto
precedentemente. Por otra parte, el ejemplar
consultado en la Biblioteca Nacional de
Buenos Aires trae una firma —no de letra
de Hidalgo, posiblemente, pero sí de época—
que estampa el nombre de Bartolomé Hidalgo
al fin de la composición. Este
"cielito" figura como de Hidalgo
en Carranza y Leguizamón. La composición titulada Un gaucho de
la Guardia del Monte contesta al manifiesto
de Fernando VII y saluda al Conde de Casa
Flores con el siguiente cielito, escrito en
su idioma, apareció sin firma, editado
por la Imprenta de los Expósitos. Carece
también de fecha, y Leguizamón expresa que
debió publicarse en Agosto de 1820. El
"cielito" no aparece como obra de
Ramón Contreras pero sí de "Un gaucho
de la Guardia del Monte". Si recordamos que el gaucho de la Guardia
de! Monte es precisamente Ramón Contreras,
de acuerdo al Diálogo patriótico
interesante y al Nuevo diálogo
patriótico, llegamos a la conclusión
de que el cielito es, como los ya vistos,
obra de Ramón Contreras, es decir de
Hidalgo. Por otra parte, en el Cielito
patriótico del gaucho Ramón Contreras,
compuesto en honor del ejército libertador
del alto Perú, se dice: "Ya en
otro cielo le dije/ Nuestra amarga
resistencia/ Por lograr la
independencia", versos que Leguizamón
interpreta como una alusión al Cielito
de la Independencia. No creemos acertada
—por razones que veremos luego— tal
inferencia y sí, más bien, que los versos
antedichos se refieran a este cielito
justamente, que presenta la característica
de "crear" el ambiente gauchesco:
"Ya que encerré la tropilla/ y que
recogí al rodeo/ Voy a templar la guitarra/
Para explicar mi deseo". Además, si
esta pieza figura como anónima en la Lira
Argentina ya aparece como obra de
Hidalgo en la Antología Poética de Lamas,
en la América poética de
Gutiérrez, en Carranza y todos los autores
posteriores. El cielito A la venida de la
expedición al Río de la Plata, fue
publicado en Buenos Aires por la Imprenta de
Alvarez. No figura en la Lira Argentina ni
en la Colección de poesías
patrióticas, ni en Lamas, ni en
Gutiérrez, pero sí en Carranza (p.
148-149), anónimo, atribuido a Hidalgo sin
prueba alguna. Creemos que su primera
publicación, luego de la original, sea la
reproducción facsimilar que hizo la
"Ilustración Histórica
Argentina"[75]. Más tarde, lo reproduce
facsimilarmente Leguizamón, quien lo
atribuye a Hidalgo, también sin probanza
alguna excepto rasgos muy generales de
semejanza con el Cielito de Maipú, cuya
autoría es también dudosa. Del mismo modo
Falcao Espalter lo compara con Un gaucho
de la Guardia del Monte etc., para
señalar alguna significativa coincidencia.
De todos modos este cielito que se refiere a
una expedición de 24.000 veteranos que se
alistaba en Cádiz en 1819 para venir en
socorro de los ejércitos y armadas del Rey
batidas en el Río de la Plata, a las
órdenes del General Conde de la Bisbal,
según Zeballos, y cuya fecha posible es de
fines de 1819 o principios de 1820, pues en
la "Gaceta de Buenos Aires" del 10
de noviembre y del 29 de diciembre se
registran noticias referentes a la
proyectada expedición, si bien no presenta
las características que nos movían a
aceptar como segura la paternidad de Hidalgo
para los otros cielitos que hemos examinado:
ser obra de un gaucho llamado Ramón
Contreras, presentar casi todos ellos al
personaje cantando después de haber
terminado una tarea "gauchesca"
(con la finalidad de "crear" un
ambiente apropiado), ofrece cierta semejanza
de tono general y de vocabulario con ellos,
que nos lleva a declararlo como muy
posiblemente obra de Bartolomé Hidalgo. Estudiaremos a continuación el llamado Cielito
patriótico que compuso un gaucho para
cantar la acción de Maypú. Con este
cielito se planteó un problema ya,
felizmente, solucionado. Juan María
Gutiérrez, en un artículo titulado La
Literatura de Mayo, citaba una cuarteta
del Cielito de Maypú sin decir, por
cierto, que ésta fuese de Hidalgo.
Leguizamón se dedicó a buscar este cielito
mas no tuvo la fortuna de hallarlo. Ricardo
Rojas, en cambio, lo encuentra más tarde en
el Museo Mitre, pero el cielito encontrado
no contenía la cuarteta mencionada por Gutiérrez[76]. En realidad, lo que ocurre es
que hay dos cielitos, por lo menos, de
Maipú. Uno, titulado Cielito de Maypo que
contiene la cuarteta mencionada por
Gutiérrez: "El cielo de las
victorias/ Vamos al cielo paisano/ Porque
cantando el cielito/ Somos más
americanos", que se encuentra en la
Biblioteca del Congreso de la Nación en
Buenos Aires, y otro, que es del que
tratamos aquí, titulado Cielito
patriótico que compuso un gaucho para
cantar la acción de Maypú, obra de la
que sabemos que el 13 de mayo de 1818 ya
estaba en venta en Buenos Aires sin
indicación de imprenta, fecha o firma. Este
cielito no figura ni en la Lira Argentina
ni en ninguna de las compilaciones
posteriores hasta la obra de Leguizamón
quien lo publica por gentileza de Ricardo
Rojas. Aquél da como afirmada su paternidad
por creer que era a él a quien se refería
el autor del cielito ya mencionado que
decía "el poeta ya ha cantado El
Triunfo de Maypo, con mucho brío y muchas
sales...". Mario Falcao Espalter, en cambio, con
algunas dudas lo atribuye a Hidalgo. Cita
varias sentencias criollas que revelan el
lenguaje gauchesco del cielito y agrega que
el cielito A la venida de la expedición
etc., comienza: "El que en la
acción de Maypú/ Supo el cielito cantar/
Ahora que viene la armada/ El tiple viene a
tomar". En realidad, la factura de
ambas composiciones presenta semejanzas que
hacen muy verosímil el hecho de que
provengan de la misma mano. Los versos
citados por Falcao no hacen sino confirmar
esta opinión. Pero que sea Hidalgo su autor
debe quedar como dudoso por más que, como
ya consignamos anteriormente, el cielito A
la venida de la expedición etc., y, por
ende, el Cielito patriótico que compuso
un gaucho para cantar la acción de Maypú, presenta
cierta identidad de tono y de vocabulario
con los demás cielitos ya estudiados y
declarados como de paternidad segura de
Hidalgo. De los dos cielitos que conocemos
sobre la batalla de Maipú, el titulado Cielito
de Maypo no entraría en esa categoría
pues su forma conceptista de expresión y la
ausencia de todo carácter gauchesco lo
alejan del estilo general que hemos visto en
los cielitos, sin firma, de Hidalgo. En cuanto al Cielito oriental, que
fue seguramente publicado en Montevideo ante
el anuncio de invasión portuguesa de 1816,
pero del que no ha llegado hasta nosotros
ningún ejemplar, la versión más antigua
que conocemos es la publicada por "La
Prensa Argentina" [77], periódico que
tenía una sección destinada a recoger las
novedades orientales, en el que apareció
sin firma, pasó de ahí a la Lira
Argentina y más tarde fue recogido,
también como anónimo, por Carranza en su
compilación. Leguizamón lo adjudica a
Hidalgo sin mayor duda. Falcao Espalter, por
el contrario, afirma que "es el único
cielito de cuya paternidad no se tiene duda
alguna" pues en el tomo I del Parnaso
Oriental está incluida como de Hidalgo
esta composición, añadiendo asimismo que
"el Cielito Oriental de Hidalgo es,
indisputablemente, el único que puede
ostentarse con verdadera justicia al lado de
sus Diálogos". Agrega: "su
autenticidad está abonada por el hecho de
figurar entre los incluidos por Lira en la Guirnalda
Poética de 1834, como de tal
autor". En verdad, el distinguido
crítico ha sufrido aquí una inexplicable
distracción. Ni en el tomo I ni en ninguno
de los tres que componen el Parnaso
Oriental figura el Cielito Oriental, ni
atribuido a Hidalgo ni anónimo. El único
cielito que figura es otro Cielito
Oriental firmado por Francisco Acuña de
Figueroa. Posiblemente, la confusión viene
de la paridad de títulos. De modo, pues, que el Cielito Oriental
puede ser de Hidalgo como no serlo.
Evidentemente el poeta estaba en Montevideo,
lugar de publicación del cielito, y éste
contiene muchas de las ironías que luego se
verán en otros cielitos de paternidad más
cierta y asimismo un pensamiento ya
expresado en la Marcha Nacional Oriental,
ésta sí adjudicada a Hidalgo por el
editor del Parnaso Oriental. En
contra estaría el carácter no gauchesco
del cielito, que mezcla palabras españolas
con muchas en portugués fonético, aunque
la edición de Falcao Espalter se empeñe en
convertirlas en portugués correcto. Se
trata, en fin, de un cielito que se parece
—verdaderamente— muy poco a los que ya
hemos visto. Considerando, por otra parte,
que éste sería de los primeros del género
escritos por el poeta, acaso cabría la
suposición que aquél luego hubiera
cambiado de estilo, agauchándose y buscando
un personaje para sus cielitos. En suma,
debemos juzgar este Cielito Oriental como
dudoso, aunque cierta secreta convicción
nos mueva a declararlo de Hidalgo. Igualmente, el llamado Cielito de la
Independencia, que originalmente fue
publicado anónimo en el folleto Día de
Buenos Ayres[78], que relataba los
festejos que desde el 13 al 15 de setiembre
tuvieron lugar en Buenos Aires con motivo de
la Declaratoria de la Independencia hecha
por el Congreso de Tucumán, fue recogido
por Carranza y por Zeballos como anónimo.
Leguizamón a su vez lo publica como de
Hidalgo, porque, dice, "está
íntimamente ligado al de Maipú".
Falcao Espalter, con más tino, lo desecha
de entre las producciones del poeta
diciendo: "Hidalgo estaba en Montevideo
cuando tal Congreso se realizó, y que
Artigas, el Cabildo y demás entidades
orientales no reconocieron en modo alguno
aquella famosa Junta....". "El
tono y el sentido de dicho cielito están
diciendo a voces que no fue un oriental
quien lo hizo, sino un porteño'". Y
concluye, con razón a nuestro juicio, que
"se trata de un cielito demasiado culto
e ingenioso, con imágenes pobres y rasgos
de conceptismo fácil que jamás manejó
nuestro cantor". Llegamos finalmente a dos cielitos
titulados el uno Cielito que con
acompañamiento de guitarras cantaban los
patriotas al frente de las murallas de
Montevideo, y el otro Cielito
a la aparición de la escuadra patriótica
en el puerto de Montevideo. Dichas
piezas figuran anónimas en Carranza y en
Zeballos quien los reproduce en 1905
indicando en nota que el primero, entre
varios anónimos, "por el estilo parece
indicar que esta humorada pertenece al
talentoso fraile político que
conocemos". Leguizamón, en 1917 dice,
refiriéndose también al Cielito
Oriental y al de La Independencia, entre
otras cosas lo siguiente: "Pensamos que
los cuatro pertenecen a Hidalgo, no sólo
por la forma métrica que le era usual, sino
por la exaltación contra los enemigos de su
patria, ya fueran godos o lusitanos, que fue
el tema monocorde de todos sus cantos.
Además se emplean en ellos conceptos y
expresiones características que se
encuentran después en otras composiciones
del autor, como La libertad civil, la
Marcha Nacional oriental y el Cielito
con motivo de la venida de la armada
española en 1819". Falcao Espalter,
comentando el primero, llamado por él Cielito
Oriental contra los españoles (1811)
dice "en suma, si no hay inconveniente
en adjudicarle (a Hidalgo) este cielito es
porque del único poeta de quien se
mencionan cielitos es de él",
agregando: "los versos y estrofas son
correspondientes a varios criollismos
usuales en |