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Mística laica
por Soledad Platero
soledadplaterop@gmail.com

 
 
 

Fue firmado ayer por el presidente Mujica el decreto mediante el cual el Estado expropia los padrones del departamento de Paysandú en los que, según indican las investigaciones, se habrían levantado el cuartel general de Artigas y la Villa de Purificación.

 

En el acto de firma del decreto, realizado este miércoles en el Palacio Legislativo, el Presidente dijo que "'el país va a tener su iglesia laica, a la que habrá que acudir cada vez que los desencuentros tiendan a atomizarnos demasiado" y completó la idea agregando que "obviamente las naciones tienen que homenajear la mística de su existencia'.

 

Es claro que no tiene nada de particular que el Estado expropie terrenos que tienen algún valor histórico (o patrimonial, o estratégico, o turístico, o lo que sea) para asegurar que serán propiedad de todos sus ciudadanos. Lo llamativo es que para explicar la decisión se apele a la necesidad de instalar una "iglesia laica".

 

Pero el discurso no se limitó a la exaltación de los beneficios de pensar en la nación como en una comunidad religiosa, sino que insistió en los mismos conceptos que ya habían sido soporte de los argumentos a favor del Bicentenario -y que no son muy distintos de los que manejaba Tabaré Vázquez cuando proponía instaurar como gran fecha nacional el 19 de junio, natalicio del prócer.

 

En esta oportunidad, el Presidente de la República se refirió a Artigas como al fundador de la nación, militar "excelso", y además "el mejor de todos nosotros", y aseguró que en el homenaje incluye también al "paisanaje que acompañó la gesta artiguista, evento que en la actualidad es difícil de imaginar".

 

En realidad (esto ya lo he dicho antes) no es tan difícil de imaginar. El mismo argumento acerca de la nobleza y la grandeza moral de los paisanos que acompañaron el Éxodo (o la Redota, como queremos que vuelva a llamarse) fue parte de los discursos a propósito del Bicentenario. En aquel momento el Presidente se preguntaba si ahora seríamos capaces de un sacrificio semejante, dando por sentado que no, que no lo haríamos. Y es claro que lo haríamos. En circunstancias de guerra, enfrentados a la posibilidad de ser pasados a degüello, o esclavizados, o mandados al crematorio, seguramente lo haríamos. En circunstancias de guerra se hacen muchas cosas. Y muy pocas son dignas de ser tomadas como ejemplo.

 

Por otra parte, y aún entendiendo que en el discurso del Presidente hay mucho de mera retórica política y de demagogia patriótica, esa idea de que Artigas era "el mejor de nosotros" me parece menos ingenua y más peligrosa de lo que parece.

 

Digamos, para aclarar la cosa, que todo el concepto de veneración (el verbo "venerar" también fue usado por el Presidente en este mismo acto, según la web oficial)� me resulta menos ingenuo y más peligroso de lo que parece: una interpelación a lo menos racional y más camisetero de nosotros. Un llamado a lo que nos une, en nada diferente a las interpelaciones masivas que nos alinean tras la celeste o la reivindicación del dulce de leche. Algo que podría ser apenas superficial, pero que personalmente encuentro inquietante: la convicción de que hay uno que es "el mejor de nosotros" y de que "nosotros" somos los mejores, porque somos nosotros.

 

La idea contenida en el eficaz oxímoron "iglesia laica" no se diferencia en nada de la más simple (aunque más brutal) contenida en la mera palabra "iglesia": una comunidad de fe, un rebaño, una masa que espera la conducción de un líder al que atribuye una superioridad (una sabiduría, una nobleza, un temple) que lo coloca por encima de cualquier circunstancia. El hecho de que, para el caso, ese líder sea un "militar excelso" no debe sorprendernos. Para conducir aproblemáticamente a un rebaño de fieles hay que ser militar o santo. Y si la iglesia es laica, el militar termina resultando más adecuado.

 

En estos últimos días dos intervenciones políticas en la prensa (una, de Marenales, en Últimas Noticias; la otra, de Esteban Valenti, aquí mismo en Uypress) ofrecieron distintas concepciones de lo que el Frente Amplio es o debe ser. Una columna de opinión de Marcelo Pereira en La Diaria de este jueves ('Flor nueva de debates viejos', pág. 2, 22/12,2011) reflexiona a propósito de ambas y concluye que la exposición de esas dos posturas puede abrir "un debate sobre el futuro, acerca del modo en que podría ser posible procesar profundos cambios sociales".

 

Tal vez no estaría de más empezar también un debate acerca del tipo de sociedad que queremos ser, antes de mirarnos anonadados sin entender cómo fue que volvimos alegremente a la Edad Media.

 

Soledad Platero
soledadplaterop@gmail.com

 

Publicado, originalmente, en uy.press el 22 de diciembre de 2011


uy.press - http://www.uypress.net/index_1.html

Link de la nota: http://www.uypress.net/uc_23325_1.html

Autorizado por la autora - En Letras-Uruguay desde el 13 de abril del 2012

 

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