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La fractura del lenguaje de los lingüistas aplicada a la vida cotidiana |
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Le
dije que me gustaba, y quedé insatisfecha. La
verdad era que a veces no me gustaba nada, pero
no podía vivir sin ella. Le
dije que la quería, pero
también quiero a mi perro. Después
le dije que la amaba, pero
mi incomodidad fue mayor aún: no
tenía un cúmulo de buenos sentimientos, a
veces mis sentimientos eran muy malos, quería
secuestrarla, matarla de amor, reducirla
a la esclavitud, dominarla. A
veces, sólo quería su placer. La
complicidad que reclamé era
imposible: ¿qué complicidad se puede establecer con
alguien cuya sonrisa nos lleva al paraíso y
cuya indiferencia nos conduce al infierno? (William Blake) Decidí
prescindir del lenguaje, entonces
me acusó de no querer comunicarme. Desde
hace unos años, sólo existe el silencio. Encuentro,
en él, una rara ecuanimidad: la
de los placeres solitarios. |
Cristina
Peri Rossi
de: Inmovilidad de los barcos (1997)
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